Lamento la tardanza. La vida, accidentes, la universidad y el trabajo me han mantenido ocupado. Finalmente les traigo el capítulo veintiuno. Debo destacar que si bien me atrevo a decir que esta tardanza me molestó más a mí que a ustedes (si fuera elección mía, actualizaría todas las semanas…), me dio tiempo para ver la historia en perspectiva y entender un poco mejor todo este tramo final, este tercer acto. No es que haya cambiado ideas o núcleos argumentativos que ya tenía previstos, pero estos meses me sirvieron para comprender un poco mejor cómo contarlos. Cómo presentarlos ante ustedes.

Quisiera también hacer público un pedido de disculpas a jva98. El capítulo pasado dejó su siempre bienvenida crítica y tuve un intercambio por mensajes privado con él. Si bien no le falté el respeto en ningún momento, siento que quizás fui demasiado efusivo en mostrar mi desacuerdo. No pasó a mayores, no nos peleamos ni nada, pero ahora que lo veo con distancia siento que debería haberme callado y guardado mis discrepancias para mí.

Gracias por la paciencia a los que la tuvieron, gracias por las críticas a los que las dieron, lamento no haber respondido a todos los comentarios que me dejaron, no tuve ese tiempo lamentablemente. Tomé la decisión, sin embargo, de que por más que sean una gran cantidad, a partir de esta actualización responderé por mensaje privado a aquellos usuarios que se toman la molestia de comentar y hacerme saber lo que les parece mi historia.

Con más de un año en actividad, este fic se ha ganado definitivamente un lugar en mi memoria, y aunque suene demagogo y probablemente no me crean, puedo asegurarles que cada comentario que me dejan aquí, en Tumblr, en Discord, en YouTube y en toda otra red social significa muchísimo para mí. Muchas gracias por el apoyo.

Los dejo con el cap. No es triste, es un cap bastante tierno y que va preparando el terreno para algunas cosas que van a pasar pronto. Laura sad va a llegar pronto, pero por ahora vamos a disfrutar de las cosas lindas.

Disclaimer: The Loud House no me pertenece. Si Nick está interesado en contratar un nuevo director/productor ejecutivo estoy abierto a ofertas, pero mientras tanto, el show es propiedad de Nickelodeon, Viacom, y sus respectivos dueños.


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Capítulo 21: Un premio al amor.

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Que la casa quedase sola bajo su cuidado no era algo nuevo para Ronnie Anne. Con un padre que trabajaba largos turnos en el hospital y un hermano con casi más empleos que años de edad, era habitual para la niña encontrarse sola en su hogar. Pretendía que no le molestaba. Ponía la radio para tener ruido de fondo, jugaba sus videojuegos, incluso revisaba la habitación de Bobby en busca de curiosidades que la entretuvieran o de algo con lo que chantajearlo a cambio de viajes al parque para practicar con su patineta. Cuando todo lo demás fallaba, el último recurso de Ronnie Anne para no aburrirse era hacer tareas del hogar. Ordenar, preparar las comidas, limpiar su habitación, incluso el baño si eso la ayudaba a pasar el tiempo hasta que alguien de su familia volviera a hacerle compañía.

Aquella mañana ella limpió todo el estar, la cocina y, por si acaso, su habitación. No porque estuviera aburrida, sino porque estaba por recibir visitas. Y no cualquier visita.

Algunos días habían pasado, pero aún le costaba asimilar la noticia de que Lincoln, una de las pocas personas con las que ella se sentía cercana fuera de su familia, estaba… enfermo. Muriendo, en verdad. Su garganta se cerraba y sus ojos le picaban cada vez que siquiera lo pensaba. ¿Cómo podía ser? ¿Por qué? ¿Por qué él? ¿Por qué ahora? Ella sabía que el mundo no era justo, lo sabía muy bien. Si así lo fuera, la foto familiar que tenía en su habitación podría ser mucho más reciente y aún así los mostraría a todos. Para ser una niña de once años, estaba muy familiarizada con la crueldad, la impasibilidad y la injusticia de la vida real. Entenderlo, sin embargo, no ayudaba para nada con el vacío en la boca del estómago.

Lincoln… Ella nunca había conocido a nadie como él. Cuando llegó a su nueva escuela, siempre se sintió sola. Su viejo grupo de amigas de la primaria había quedado atrás, y nadie parecía realmente interesado en hacerse amigos de la ruda chica mexicana que se vestía con ropa holgada y andaba en patineta. Ellos se lo pierden, se decía Ronnie Anne a ella misma. Sus primeras semanas habían sido bastate duras, debiendo enfrentarse a chicos que no eran precisamente del todo amables. Volverse cerrada y agresiva no había sido una decisión que ella tomó por voluntad propia. Fue la única forma que encontró para defenderse. Al volverse alguien con quien nadie quería meterse, se aseguró tardes tranquilas sin ser molestada. Quedar aún más sola no fue realmente un problema para ella. Ya había aprendido a convivir con ello de todas formas.

Todo cambió cuando Lincoln Loud la besó.

Antes de eso, ella lo había estado molestando durante bastante tiempo. ¡Era un blanco tan fácil! Un niño nerd que se juntaba con algunos de los mayores perdedores de la escuela. Era su deber como chica ruda tratar con chicos como él. Lo cierto, sin embargo, es que ella tenía también sus propios motivos para meterse con el muchacho.

Hacía tiempo que venía observándolo. Era bastante tonto, sí, pero… de alguna forma se las arreglaba para ser lindo. Le avergonzaba siquiera pensarlo en esos términos, pero sí, le gustaba Lincoln Loud. Por vergüenza y timidez, se mantuvo alejada de él todo lo que pudo. No fue sino hasta que divulgó aquel video confesando sus fantasías con Cristina que Ronnie Anne decidió comenzar a meterse con él de forma más efusiva. Quizás en un esfuerzo para poder estar más cerca de él. Un intento buscando que él, para bien para mal, comenzara a notarla.

Evidentemente funcionó, puesto que después de aquel primer beso y de la doble cita junto con sus hermanos, los dos se volvieron amigos muy cercanos. En secreto, para que nadie los molestara, pero sí, amigos muy cercanos sin ninguna duda. Él era definitivamente su mejor amigo, alguien en quien confiar, alguien a quien recurrir. Y sí, a estas alturas y tras las reflexiones que había tenido en el centro comercial la semana anterior previo a enterarse de la condición de Lincoln, ya podía decir con seguridad que él había despertado nuevos sentimientos en ella. Sentimientos más profundos y poderosos que la amistad.

Una vez que la sala de estar quedó lo suficientemente presentable como para recibir visitas, Ronnie Anne se dirigió a la cocina. Le había prometido a Lincoln un gran desayuno, y bajo ningún punto de vista iba a decepcionarlo. Todavía recordaba cuando él se había quedado en su casa a desayunar tras haberles conseguido una segunda oportunidad en la tarea del huevo. Había hablado con la Señorita Johnson para que Ronnie Anne no tuviera una mala calificación. Se había perdido la posibilidad de ganar un gran desayuno de waffles.

Pero está bien —le había dicho—, porque lo único que me importa ahora es unir a nuestra familia otra vez.

¿Cómo podía alguien ser tan tonto y tierno a la vez? ¿Por qué cada cosa que decía la hacía quererlo un poco más? Lo que más le encantaba de Lincoln era el hecho de que pese a ser un tonto y a meter la pata casi constantemente, él siempre encontraba la manera de solucionar las cosas. Siempre buscando remediar sus errores. Aquella frase, "unir a nuestra familia", había derretido el corazón de Ronnie Anne. Fue como si ellos de verdad se hubieran convertido en una pequeña familia por el resto del trabajo. Siguiendo el ejemplo de Clyde y Penélope, los dos pequeños pasaron aquella semana juntos, de casa en casa, cuidando al pequeño huevo de cualquier daño, y de paso hablando y llegando a conocerse un poco mejor. Ronnie Anne pocas veces se había sentido más feliz. Comenzaba a preguntarse si quizás, algún día, aquel juego de familia podría llegar a ser algo verdadero. Si algún día podrían estar juntos, finalmente.

Y ahora debía hacerse la idea de que eso nunca sería posible.

Hizo un esfuerzo gigante por concentrarse en la cocina. No quería pensar en nada más. No quería recordar lo que estaba sucediendo. Se distrajo en la receta de los waffles y en asegurarse de que se vieran tan deliciosos como fuera posible. Pensar en Lincoln siempre había sido una causa de alegría, pero ahora sólo le traía dolor.

Tal fue su concentración en los platos que estaba preparando que antes de darse cuenta, alguien estaba llamando a su puerta. Ronnie Anne se sintió nerviosa de repente. Corrió hacia el baño para verse en el espejo y asegurarse de que su cabello se veía bien, de que su cola de caballo no estaba muy ajustada ni muy suelta, de que los puños de su sudadera estaban limpios. Se quitó el delantal de cocina y volvió corriendo a la puerta.

Ya resignada a su acelerado ritmo cardíaco y a sus temblorosas rodillas, colocó la mano sobre la puerta, cerró los ojos para prepararse mentalmente, le pidió a Dios que no fuera el cartero nuevamente —había pasado la mayor vergüenza de su vida un rato antes, al salir sin ver y abrazar de repente a un extraño— y finalmente la abrió.

Ahí estaba.

—Hey, Lincoln —dijo ella, dedicándole una agradable sonrisa y apenas si pudiendo controlar el impulso por saltar a sus brazos.

—Buenos días —respondió el chico, mordiéndose el labio inferior y mirándola con timidez.

Por Dios, ¿por qué se veía tan lindo cuando estaba avergonzado? No entendía su timidez; últimamente, y en vista de las circunstancias, parecía haber perdido un poco sus reparos a mostrarse afectivo frente a ella. Imaginó que quizás tenía que ver con el hecho de que estaba vistiendo una gorra de béisbol ligeramente grande para su cabeza, cubriéndole todo el cabello. Lincoln definitivamente no era del tipo deportista, y aquella gorra se veía cómicamente fuera de lugar en él.

Normalmente lo habría atacado sin piedad al respecto, pero esta vez no lo hizo. Sus bromas solían ser pequeñas pantallas de humo para disimular el aprecio y cariño que sentía por él. Fachadas de unos sentimientos que no se atrevía a confesar abiertamente. Ahora sencillamente ya no necesitaba disimular nada.

— ¿Quieres pasar? —Lo invitó, haciéndose a un lado.

Él asintió rápidamente y entró a la casa de su amiga. Tras cerrar la puerta, Ronnie Anne se quedó de pie, entrelazando nerviosamente sus dedos y dirigiendo una intensa mirada a Lincoln. Él alzó una ceja.

— ¿Está todo bien? —Preguntó preocupado.

Ahora que la puerta estaba cerrada, que nadie los vería, que ellos eran los únicos en aquella vacía casa, Ronnie Anne no tuvo motivos para contenerse. Sin darle tiempo a reaccionar, cerró la distancia que los separaba, rodeando el pecho de Lincoln con sus brazos, descansando su cabeza sobre su hombro derecho. Con cuidado de no lastimarlo, teniendo en cuenta lo frágil y enclenque que su amigo era, lo estrujo con toda la delicadeza que le era posible. Quería tenerlo cerca, sentir su calor, los latidos de su corazón contra su pecho.

Cuando él le devolvió el abrazo, Ronnie Anne se sintió extrañamente feliz. Era difícil explicarlo. Seguía triste, casi melancólica. Esas punzadas ligeramente a la izquierda de su pecho seguían allí, clavándose como agujas frías, pero aún así, por un momento nada más importó. Sólo la sensación de quererlo y sentirse querida.

Los brazos de Lincoln la tenían tomada incluso más fuerte de lo que ella lo abrazaba a él. Sintió sus manos cerrándose sobre su sudadera, casi posesivamente. No fue sino hasta que sintió que temblaba y lo escuchó suspirar que se separó, sus brazos aún rodeando el cuerpo del otro.

— ¿Qué ocurre?

Lincoln cerró los ojos y sacudió la cabeza, sonriéndole.

—Nada, lo siento, sólo… Olvídalo. ¿Cómo estás? —Dijo, usando uno de sus brazos para acariciarle la espalda.

Unos minutos más así y Ronnie Anne se derretiría en sus caricias.

—Bien. Te estaba esperando.

—Sí, lo siento, mis hermanas no querían dejarme ir.

—O-Oh… Claro...

—Sí… Pero ya quería verte.

La sonrisa de Lincoln salvó aquel incómodo momento. Ronnie Anne no pudo sino sonreírle de regreso. Teniéndolo tan cerca, era difícil para ella contenerse.

—No sabía que te gustaban los Yankees —dijo finalmente, señalando la gorra de béisbol.

—No es eso, es una referencia a Percy Jackson —respondió Lincoln con una gran sonrisa y una mirada traviesa, como si esperara que su amiga se riera de algo.

Ronnie Anne sólo alzó una ceja. Él puso los ojos en blanco.

—Si hubieras leído los libros lo entenderías.

—Tú eres el nerd, tonto, no yo.

—Creí que venía a desayunar, no a que me discrimines por mis gustos.

—Podemos hacer las dos.

Tras aquel breve intercambio de bromas comenzaron a reír. Hacía mucho tiempo que Ronnie Anne no se sentía tan bien, especialmente durante la última semana.

—En realidad… —comenzó a decir Lincoln, perdiendo rápidamente su sonrisa—, bueno, es una gorra de Lynn. Se la pedí prestada.

—Oh.

Los brazos de Ronnie soltaron a Lincoln, casi sin darse cuenta. Desvió la mirada en otra dirección.

No le gustaba pensar en Lynn. Todavía tenía un moratón en el pecho, y hasta hacía tan sólo un par de días la mandíbula aún le dolía por el derechazo que la chica le había propinado, pero eso no era lo más doloroso. Cada golpe recibido aquella tarde había sido bien merecido, se lo tenía ganado. Le había dado un golpe a Lincoln, sin dejarlo explicarse, sin darle tiempo para que le contara la verdad de su enfermedad, aquello que él había tratado de decirle en dos oportunidades, pero que ella había sido demasiado terca como para permitírselo. Ni siquiera estaba enfadada con Lynn por haberle dado una paliza; estaba haciendo lo que toda chica debería hacer por su hermano, protegerlo. Sabía que se lo había ganado, no le guardaba rencores. Los golpes sanarían, pero las últimas palabras que Lynn le dijo a Lincoln aquella tarde aún resonaban en su mente:

Ella no te merece.

Lo cierto es que Ronnie Anne había pasado varias noches pensando en ello tras aquel incidente. ¿Qué había hecho ella para merecer a alguien como Lincoln? Le costaba entenderlo. Mientras más lo pensaba, más sentía que ella le había traído más malos momentos que buenas experiencias. Sí, habían pasado increíbles tardes juntos en el arcade, viendo películas y simplemente hablando. Aún así, sentía que todas las bromas y malos momentos que le había hecho pasar opacaban por completo cualquier buen acto que hubiera tenido con él. Lo peor de todo es que si expresaba estos pensamientos en voz alta, Lincoln le diría que no era así, que él la quería tal y como era.

Y ese tipo de actitud sólo confirmaría que él era demasiado bueno para ella y que, tal y como Lynn había dicho, Ronnie Anne no lo merecía.

—Lynn no te odia. Lo sabes, ¿no? —Preguntó Lincoln de repente, haciendo alarde de sus habilidades psíquicas.

—Quizás debería —respondió con pesadumbre.

—Oh, vamos. Ella estaba… sensible —dijo él con prudencia—. Dale tiempo, estoy seguro que tarde o temprano te pedirá disculpas. Es testaruda, ruda y algo violenta, pero pongo las manos en el fuego por ella, y doy fe de que es una chica muy sensible y una buena persona. Como tú.

El tono divertido de Lincoln la hizo mirarlo a los ojos.

—Se lo dije a ella el otro día, creo que ustedes dos podrían ser muy buenas amigas si se dieran la oportunidad.

Creyó que estaría bromeando para tratar de hacerla sentir mejor, pero algo en su tono de voz le decía que estaba siendo completamente serio. ¿Lynn y ella? ¿Amigas?

Pfft.

—Pero escucha, tengo… bueno, tengo que mostrarte algo —dijo Lincoln tras la larga pausa entre ellos.

— ¿Qué cosa?

Lincoln la soltó y dio un par de pasos hacia atrás. Desvió la mirada al suelo, mordiéndose el labio inferior y secándose el sudor de las palmas de sus manos. La única vez que lo había visto así había sido cuando habían ido juntos a la alberca y lo había obligado a subirse junto con ella al trampolín más alto. Comenzó a sentirse nerviosa también.

—Es… bueno, no sé si te gustará, pero… ya no quiero esconderte más secretos.

Ahora estaba realmente asustada.

—Lincoln, ¿qué es? —Preguntó, temerosa.

Para su confusión, Lincoln llevó una mano a su gorra. Rápidamente se la quitó, y entonces Ronnie Anne comprendió.

—L-Lincoln… —dijo ella, observándolo con la boca abierta, tratando de buscar alguna excusa para lo que veía. La luz de la lámpara, un poco de lodo, quizás estaba demasiado cansada. Nada que la convenciera realmente de que lo que veía no era real.

El cabello de Lincoln ya no era blanco.

—Vaya, eso es… Te ves bien —dijo, todavía tratando de entender—. Pero, ¿qué pasó?

Él llevó una mano a su flamante cabello castaño y le dio unas sacudidas, acomodándolo luego de haber estado bajo la gorra. Era una imagen absolutamente bizarra. Como si fuera otra persona totalmente diferente.

—Es… bueno, es… complicado.

Cuando el impacto inicial por ver a Lincoln de esa forma pasó, Ronnie Anne volvió a ser consciente de lo nervioso que su amigo se veía. Ella tenía muchas, muchas preguntas. Algo como esto no podía ser pasado por alto, pero lo último que quería era hacer sentir mal a Lincoln o ponerlo incómodo. Se tragó todos los comentarios que tenía para hacer y puso su mejor sonrisa.

— ¿Qué tal si vamos a desayunar y más tarde me lo cuentas? Dejé los waffles en el horno para que no se enfríen.

Ante la mención de un delicioso desayuno, todo el nerviosismo de Lincoln lo abandonó, sonriendo ampliamente.

— ¡Suena a un plan! —Dijo, volteando y dirigiéndose hacia la cocina.

Ronnie Anne lo siguió, contenta por verlo tan entusiasmado.

No dejó de echar furtivas miradas a su cabello en todo el trayecto hasta la cocina.


— ¡Es la comida más deliciosa que he probado en mi vida! —Dijo Lincoln con la boca llena, habiéndose olvidado de todo tipo de modales o formas.

—Lo sé —dijo ella con simpleza y una orgullosa sonrisa, llevándose un nuevo bocado de su plato.

Lincoln tragó lo que tenía en su boca y bebió casi medio vaso de jugo para ayudar a que la comida bajara por su esófago.

—Sabes que no es necesario que los termines en cinco minutos, ¿no? —Preguntó Ronnie Anne.

—No puedo evitarlo, ¡son demasiado geniales!

—Creo que estás exagerando un poco.

—Tal vez. Pero en verdad son muy sabrosos.

—G-Gracias.

Tras su cumplido, Lincoln desvió la mirada de su comida por un instante para ver a Ronnie Anne. Ella tenía los ojos fijos en su plato, tratando de ocultar la sonrisa que había aparecido en su rostro y el pequeño tono rojizo que coloreó sus mejillas. Sonrió para sus adentros. No mentía al decir que el desayuno estaba delicioso, para nada. Pero sí, quizás estaba exagerando un poquito para hacerla sentir mejor. Ser exageradamente amable no había herido nunca a nadie, ¿verdad? No es como que estuviera mintiendo. Solo estaba siendo efusivamente optimista.

Los dos estaban sentados frente a frente en la mesa de la cocina. La ventana parcialmente abierta ventilaba el lugar, dándole una agradable brisa fresca para aliviar el calor del horno. No entraba tanta luz ya que las nubes cubrían el cielo, pero aún así la atmósfera era cálida, agradable, casi familiar. Si tan sólo hubiera tenido el valor, la audacia, la iniciativa para haber propuesto este tipo de encuentros mucho antes… Sacudió la cabeza para expulsar esa clase de pensamientos. De nada le servía comenzar a arrepentirse de lo que no había hecho. No quería pensar en ello. Sólo quería disfrutar del momento.

Aunque, para ser honesto, a Lincoln le hubiese agradado que Ronnie Anne no se quedara observando su nuevo cabello cada vez que él estaba ocupado comiendo, sólo para desviar inmediatamente la mirada cuando él volteaba a verla de nuevo. Eso era lo único que le molestaba realmente. Quiso creer que ella estaba esperando al momento oportuno para preguntar, para no incomodarlo. Pero, ¿y si no era eso? ¿Y si ella odiaba el cambio? ¿Y si le parecía estúpido? ¿Y si él le explicaba sus motivos y a ella no le gustaba?

¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? ¿Por qué no podía estar maravillada? ¿Por qué ni siquiera sus propias hermanas habían respondido como él esperaba? ¿Por qué solo Leni, Lynn y Lola se habían mostrado realmente entusiasmadas por su nuevo color de cabello? ¿Por qué el resto evitó hacer comentarios directos?

¿Es que nadie entendía lo jodidamente importante que esto era para él?

—Sabes, esta es la segunda vez que te preparo waffles, pero tú todavía no me has cocinado ni una vez —comentó Ronnie Anne, distrayéndolo de sus pensamientos.

Lincoln rápidamente levantó la vista, pero ella estaba ocupada comiendo. Casi dejó escapar un suspiro aliviado. Por un momento temió que ella hubiera visto su rostro mientras aquellas preguntas lo atormentaban por dentro. Volvió a colocar su sonrisa. A estas alturas ya le era bastante fácil fingirla.

—Cuando quieras. Pero te advierto, después de probar mis desayunos, quizás ya no estés tan orgullosa de los tuyos —la provocó.

—Estás colocando una vara muy alta —advirtió ella—. ¿Estarás a la altura?

— ¿Huelo un desafío?

—Sólo si te atreves.

Aquel pequeño intercambio sirvió para que su sonrisa se tornara sincera. Ronnie Anne era increíble. Era ruda, agresiva, competitiva y le costaba expresar sus sentimientos, pero Lincoln tenía una hermana mayor igual a ella, y sabía a la perfección que si uno hace el esfuerzo por ver más allá se encontraría con una persona que valía la pena conocer, alguien con quien uno podía pasar excelentes momentos.

Su mente entonces reparó en un pequeño detalle. Las palabras de Ronnie Anne le recordaron algo.

—Oye, ¿recuerdas a Toby?

— ¿Roshell?

—El huevo —dijo él, y los dos rieron.

— ¿Qué hay con él? —Ronnie Anne preguntó, y Lincoln notó que se veía ¿nerviosa?

—Oh, nada. Sólo recordé que aquella fue la primera vez que desayunamos juntos. Bueno, con Bobby también.

—Sí… es cierto.

Esa apatía era definitivamente la reacción contraria que él esperaba generar en ella. Su puño se cerró con fuerza alrededor del cuchillo. ¡Sólo quería que recordaran un bonito momento entre ambos! ¿Por qué reaccionaba así? Se suponía que ella sonreiría, ambos hablarían acerca de aquel proyecto y el momento se haría mucho más ameno. No esto. Ahora ella parecía concentrada en su plato, sin prestarle mucha atención.

¿Cómo era posible que últimamente ninguno de sus planes, ni siquiera el más estúpido y sencillo —como dirigir una conversación en cierta dirección— diera resultado?

—Oye —dijo ella con suavidad, apenas levantando la vista para cruzar la mirada con él—, ¿terminaste?

Lincoln miró su plato. Aún quedaba un cuarto de waffle.

—Sí, creo que ya estoy lleno —mintió.

—Ven, quiero mostrarte algo.

Ronnie Anne se levantó y comenzó a caminar hacia el pasillo. Lincoln la siguió, intrigado. Su interés creció cuando Ronnie Anne no giró en dirección a la sala de estar, sino a una de las cuatro puertas a la derecha. Un cartel de PELIGRO: NO PASAR adornaba la hoja de madera. Alzó sus cejas, sorprendido. ¿Acaso…?

Ella colocó una mano sobre uno de los picaportes, y antes de abrir, le dirigió una mirada asesina.

—Si haces un comentario chistoso te haré un calzón chino tan grande que el nombre que le bordaste a tu ropa interior quedará grabado en tu frente —comentó ella con frialdad.

— ¡No le pongo nombre a mi ropa interior! —Se defendió él, muy consciente de que sí lo hacía.

La sonrisa de su amiga decía a gritos que no le creía para nada. Fue entonces cuando finalmente abrió la puerta y entró. Lincoln la siguió, y una vez dentro, comenzó a revisar cada rincón de la habitación de Ronnie Anne.

Era… raro estar allí. Él había pasado más de la mitad de su vida dentro de alguna de las habitaciones de sus hermanas. Los aposentos de las mujeres no eran ningún secreto para él. Incluso había estado en la habitación de Tabby algunos días atrás. Tratándose de Ronnie Anne, sin embargo, con todo lo que ella significaba para él en su vida, no pudo sino sentirse diferente estando allí de pie. Sus ojos recorrieron cada centímetro cuadrado de la habitación. No era tan grande, parecía incluso más pequeña que las de sus hermanas, pero teniendo todo el espacio para ella, Ronnie Anne lo había llenado de objetos personales.

La alfombra era violeta, su color favorito. Tenía varias patinetas colgadas en las paredes, incluyendo una rota por la mitad. El resto de los muros contenía distintos pósteres de skaters famosos, uno de SMOOCH y uno de otra banda con cuernos de diablo y un rayo. Luna seguramente sabría de quién se trataba. La puerta del armario estaba cerrada, pero tenía allí colgadas algunas luces navideñas alrededor de fotografías de su familia. No las analizó con detalle, pero un rápido vistazo le mostró que Ronnie Anne parecía venir de una gran familia también. Su cama no tenía nada especial, sólo una pequeña mesa de luz con una lámpara y una fotografía familiar. Había también un escritorio con libros y cuadernos de la escuela, y finalmente una gran repisa llena de cosas, como más fotografías, sus auriculares, su colección de videojuegos, un pequeño canasto con Toby Roshell II dentro y lo que parecía ser una pequeña alcancía con forma de—

Un momento.

—Wow —dijo él, acercándose a la repisa—. ¿Es ese Toby?

No había dudas. Ese rostro dibujado a mano, esos dientes divertidos, era el mismo huevo que habían tenido que cuidar como a un hijo. Ronnie Anne tomó el canasto con cuidado y lo llevó hacia la cama. Se sentó allí y alzó a Toby, girándolo delicadamente entre sus dedos.

—Sé que suena muy tonto, pero cuando terminamos la tarea le pregunté a la señorita Johnson si podía conservarlo —admitió, no sin cierto pudor—. Es difícil de explicar pero… No lo sé, creo que me encariñé con él. O ella. O lo que sea que es.

Lincoln fue también hacia la cama, y se sentó junto a ella. Extendió su mano pidiendo permiso, y su amiga depositó allí a Toby.

—Vaya. No tenía ni idea —dijo simplemente, acariciando el pequeño huevo, antes de hablarle con la misma voz que usaba para tratar con Lily—. Lo siento mucho, Toby Roshell, debes odiar a tu papá por no estar contigo.

Ronnie Anne rió suavemente.

—Estoy seguro de que sabe que su papá lo quiere.

—Por supuesto. Quiero a toda mi familia.

Familia. Así se había referido a ellos tres en otra oportunidad. Era parte de una tarea, actuar como una verdadera familia. Era la consigna. Y sin embargo, incluso si ninguno de los dos lo sabía por aquel entonces, detrás de aquel juego se escondían algunas verdaderas intenciones. Detrás de aquella declaración existía un deseo. Una familia. Una relación.

Lincoln recostó al huevo dentro del canasto y su rostro giró para enfrentar a Ronnie Anne. Los dos estaban sentados uno junto a otro sobre la cama, separados por unos patéticos treinta centímetros. Muchas cosas pasaron por su mente en aquel instante. Un revuelto de emociones profundas y complejas que él apenas si estaba comenzando a descubrir. Emociones que había sentido antes, pero que ahora, como todo en su vida, habían cobrado un nuevo sentido. Ese cosquilleo en la boca del estómago cuando estaba con ella. Esos nervios que se manifestaban en manos sudorosas y pies que temblaban por sí mismos. Todo generado por la simple presencia de Ronnie Anne.

El silencio dilató el tiempo. Un instante convertido en eternidad, o quizás una eternidad contenida en un instante. Una mirada. Un sentimiento.

Le hubiese gustado tener un poco más de confianza en sí mismo, la suficiente como para quizás sonreírle, decir las palabras acertadas y reducir esa distancia hasta la nada. Deseó haber sabido cómo reaccionar, qué era lo correcto y que no. Trató de idear un rápido plan, de pensar qué debía hacer. ¿Cambiar de conversación? ¿Hablar con añoranza de aquella tarea con Toby? ¿Explicarle cómo descubrir aquel lado en ella había sido el último empujón que necesitó para darse cuenta de que definitivamente la quería más que como una amiga? ¿O simplemente obviar las palabras y besarla?

Su momento de duda fue aprovechado por ella, quien levantó una mano y la llevó hacia el rostro del confundido chico. La caricia en su mejilla apenas duró unos segundos hasta que los dedos de Ronnie Anne se dirigieron hacia el cabello castaño. Él sintió los dedos acariciando sus parietales, y vio los ojos de su amiga separándose de los suyos para poder ver el nuevo color con más detenimiento.

—Te conozco —dijo ella, su voz suave y gentil—. Estás nervioso.

—N-No es así —tartamudeó. Creyó que ella haría alguna broma al respecto, pero se la veía demasiado preocupada como para molestarlo.

— ¿Por qué hiciste esto? —Preguntó, y con delicadeza llevó su mano libre hasta colocarla encima de la de Lincoln.

Él suspiró. Por supuesto que sabía que tendría que decirle. Tenía la esperanza de que ella quizás lograra darse cuenta por sí misma, que atara los cabos sin necesidad de obligarlo a decirlo en voz alta. Evidentemente ese no había sido el caso, y no le quedó otra opción más que resignarse. Sin entrar en demasiados detalles, le explicó de la forma más clara posible el efecto que los tumores habían tenido sobre la pigmentación de su cabello. Mientras lo decía, su mirada concentrada se separó de Ronnie Anne, mirando hacia la nada, perdiéndose en sus propios pensamientos.

Le habló de todo lo que había pasado el día anterior. De cómo cada momento en su casa era una bendición y una tortura al mismo tiempo. Le habló del dolor de sus hermanas, de la incapacidad que tenía para hacerlas sentir mejor, de cómo todos sus intentos por ayudarlas parecían no estar sirviendo para nada, de la desesperación de por primera vez en su vida no saber qué hacer. Fue ligeramente consciente de la cara de tristeza de Ronnie Anne, pero no le dio demasiada importancia. Cuando llegó al punto en el que se encontró a sí mismo enfrentado a su reflejo en el espejo del baño, Lincoln estaba apretando sus puños con fuerza, tratando de contener lo que sentía.

—No lo soporté más —confesó—. Estuve a punto de cortarme todo el cabello, pero… no me atreví a hacerlo. Entonces le pedí a Leni que me ayudara a teñírmelo. Para no volver a verlo blanco.

Tenía muchas cosas para decir. Podría extenderse sobre lo enfadado que le ponía pensar en que toda su vida había sido una mentira, en que había sido una mala jugada del destino. Una gigantesca señal de que algo no estaba bien con él, y sin embargo nunca nadie lo había visto. Nadie supo detectarlo cuando todavía había tiempo. Le enfurecía tan sólo pensar en ello.

—Ya veo —dijo Ronnie Anne tras el silencio de Lincoln—. ¿Y cómo reaccionaron tus hermanas?

Sin saberlo, ella colocó el dedo en la llaga. Lincoln no tenía pensado hablar sobre ello, pero ya que el tema estaba sobre la mesa…

—No lo sé. Leni estuvo más que dispuesta a ayudarme y parecía gustarle la idea, pero… pero ya no sé qué pensar de ella. No sé si entiende lo que me está pasando, no sé si da cuenta de lo grave de la situación. Y no quiero preguntarle porque lo cierto es que estamos pasando muy buenos momentos juntos. Jugamos, hablamos, me trata como… como si todavía fuera una persona.

—Lincoln…

—Y honestamente no tengo ni idea de qué piensa el resto —la interrumpió—. Ninguna me dijo en la cara que no les gusta, pero tampoco me dijeron que les gustaba. Sólo Lola y Lynn, pero Lynn diría cualquier cosa para hacerme sentir bien. Yo las conozco. Son mis hermanas, sé cuando tratan de ocultarme algo, y ayer durante la cena… Todas me miraban cuando creían que estaba distraído. Pero las vi. Vi cómo me miraban. Justo igual que tú.

No quiso sonar tan agresivo. No quiso que sus palabras fueran tan venenosas. No había sido su intención que Ronnie Anne jadeara y lo mirara sorprendida y algo tocada por su comentario. No era lo que él quería, pero a medida que hablaba, las palabras comenzaban a salir por sí mismas, y le era imposible controlar sus emociones.

—Escucha, yo no…

—No trates de ocultarlo —volvió a interrumpirla, volteando la cabeza en otra dirección, ceño fruncido todo el tiempo—. Desde que llegué no has parado de verme como si fuera un monstruo.

— ¿Monstruo? ¡Claro que no!

— ¿Y por qué me miras de esa forma? ¿Por qué no me dices lo que de verdad piensas?

—Lincoln, cálmate, no es así —le suplicó, su voz llena de dolor.

A él no le importó. No quería compasión o falsas sonrisas. ¡Esto era importante para él! Lo mínimo que se merecía era un poco de honestidad.

— ¿Y qué es entonces? —Dijo, poniéndose de pie frente a ella, mirándola desde arriba con rabia en sus ojos, y por primera vez desde que se conocían, fue él quien la intimidó a ella— ¿Por qué no me dices qué es lo que realmente piensas?

—Yo… bueno…

— ¡Este soy yo! ¡Así debería ser! —Gritó, aferrándose con rudeza a su cabello— ¡Este es el verdadero yo! ¡¿Por qué no pueden quererme así?!

— ¡Porque no entiendes nada!

No fueron ni el grito ni el súbito abrazo lo que devolvió a Lincoln a la realidad. No fueron aquellas cosas las que hicieron que despertara del trance de emoción intensa por el que atravesó. Fueron nada más y nada menos que las lágrimas de Ronnie Anne las que lo calmaron. Porque sin importar lo enfadado, aterrado, cansado o deprimido que se encontrase, el llanto de una chica despertaría siempre su instinto de hermano protector. Fue tan sólo entonces cuando reparó en lo agitado de su propia respiración, en cómo su corazón latía con fuerza como si hubiera acabado una carrera, y sólo entonces fue consciente de lo que acababa de hacer.

— ¡Estás equivocado! —Dijo Ronnie Anne, separando su rostro del pecho de Lincoln, dejando una mancha húmeda allí donde sus ojos se apoyaron— ¿En serio crees que eso te define? ¿Tu color de cabello? ¿Crees que… que… que vamos a quererte más o menos por ello?

—No se trata de eso —contestó, ligeramente sorprendido por la respuesta de su amiga—. Te lo dije; no soportaba verme al espejo y sentir que… Y pensar…

Comenzó a sentirla. Esa sensación de vacío en su pecho. Esa comezón en sus ojos. Esa misma sensación que lo envolvía cada vez que se quedaba solo en su casa, ese estado de depresión que trataba de evitar manteniéndose ocupado con cualquier cosa. Alejar aquel sentimiento requería de una concentración constante de su parte, un esfuerzo consciente para no detenerse a pensar y verse atrapado en una espiral de miseria.

No creyó que podría sentirse así cerca de otra persona. Las conversaciones deberían servir para distraerlo, para mantenerlo ocupado y contento, o triste, o enojado, cualquier cosa menos eso. Cerró los ojos con fuerza y trató de controlar su respiración. "No ahora, por favor" pensó.

—Todo este tiempo yo… Ese… Ese cabello blanco… ¡Fue todo una mentira! ¡Creí que me hacía especial! ¡Diferente! ¡Pero sólo… sólo era porque estoy enfermo! ¡Siempre estuve enfermo! ¿No lo entiendes? ¡Toda mi vida fue una mentira!

— ¡Eres un idiota! —Le gritó Ronnie Anne, cerrando sus puños en su camisa y acercándolo ligeramente hacia ella, como si quisiera golpearlo— ¿Una mentira? ¡¿Una mentira?!

— ¡Lo fue! —Respondió, tratando de sonar incluso más fuerte que ella.

De alguna forma, enfadarse y gritar lo ayudaba a distraerse. Era más fácil y más saludable para él estar enfadado que detenerse a pensar en lo que le sucedía. Cuando Ronnie Anne lo miró con la boca abierta y la mirada dolida, lo soltó y retrocedió un paso, sin embargo, permanecer furioso se volvió mucho más difícil de repente.

—Entonces —comenzó ella, tratando de mantenerse seria, hablando lentamente—, ¿lo nuestro también fue una mentira?

Un boxeador profesional podría haberlo golpeado en el rostro con toda su fuerza y difícilmente él habría acusado el golpe tan duro como acusó aquellas palabras. Lo positivo fue que de repente ya no estaba más preocupado por su depresión, su mortalidad o la cuenta regresiva hasta su prematuro final. Aquellas cuestiones dejaron de preocuparlo, eran ahora las palabras de Ronnie Anne las que lo atormentaban. Y era difícil elegir cuál era más dolorosa.

—Yo no… no… no dije eso —tartamudeó, sumamente confundido.

—Todo lo que pasamos juntos, las cosas que me dijiste, las cosas que yo te dije. Las risas. Las bromas. Los besos. ¿Estás diciendo que todo eso fue mentira?

— ¡C-Claro que no!

— ¿Qué hay de tus hermanas, y todas las cosas que pasaste con ellas? ¿Tampoco fue real?

— ¡No digas eso! —Respondió horrorizado— ¡No es eso! ¡No es…! ¡Yo no…! ¡Ugh!

No soportó verla a los ojos. Volteó y caminó hacia la primera pared que se encontró. Apoyó las manos contra ella como si sólo él pudiera evitar que colapsara, y dejó caer la cabeza entre sus brazos, mirando al suelo.

La mañana definitivamente no estaba yendo como Lincoln había planeado. A estas alturas ya no debería sorprenderle que sus planes fallaran, pues últimamente nada le salía bien. Él sólo quería reunirse con Ronnie Anne, hablar con ella, poder reír, quizás jugar a los videojuegos. Si tenía suerte, incluso podría tratar de cumplir uno de los objetivos de su lista. Lo que nunca entró en sus planes fue que acabarían discutiendo, casi peleando, o que ella se enfadaría con él. Nadie parecía querer enfadarse con él últimamente, no en la última semana al menos, una semana que se había hecho eterna. Fue casi una sorpresa volver a encontrarse con una discusión. No sabía cómo sentirse al respecto, si furioso… o agradecido.

—Lincoln —lo llamó la voz de Ronnie Anne, y ahora ya no sonaba enfadada ni sobrenaturalmente seria, sino preocupada—. No puedo imaginarme lo que sientes, o lo que pasa por tu cabeza. Te entiendo, te juro que te entiendo. Lo que estás pasando… N-Ni siquiera quiero decirlo…

Creyó que ella estaba por llorar, que por eso se había detenido. Estuvo a punto de voltear y volver a entrar en su faceta contenedora. Dejar atrás lo que él mismo sentía para dedicar todos sus esfuerzos a ayudarla, a hacerla sentir mejor. Esa era otra forma de distraerse, una estrategia que utilizaba todos los días con sus hermanas, y que hasta ahora le había dado resultados. Si se enfocaba en que todos los demás se sintieran bien, si ponía sus energías en asegurarse de que sus seres queridos no sufrieran tanto, entonces podía olvidarse de sus propios problemas, sus miedos, sus preocupaciones, su desesperación.

Estaba listo para voltearse y contenerla, pero ella fue más rápida. Lincoln sintió los brazos que desde atrás se cerraron alrededor de su pecho. Sintió el pecho de Ronnie Anne contra su espalda, y su cabeza apoyada contra la suya.

—Esto apesta, ¿de acuerdo? —Susurró en su oído— Es… terrible. Horrible. Me despierto todas las mañanas creyendo que fue una pesadilla, pero nunca lo es. Pero Lincoln… esto no significa que todo lo que viviste fue en vano. Tu familia va a amarte por siempre. Clyde recordará todo lo que vivió contigo por el resto de su vida. Y yo… yo también voy a recordarte. Siempre.

Sus propios brazos perdieron fuerza y cayeron inertes a su lado. Permaneció de pie, con Ronnie Anne abrazándolo desde atrás, mojando la alfombra de la habitación una lágrima a la vez. Estuvieron así por quién sabe cuánto tiempo, hasta que los brazos de Ronnie Anne lo hicieron pivotar en su lugar, girándolo hasta que estuvieron frente a frente. Los dos se veían terrible, con los ojos rojos y las mejillas empapadas. Él automáticamente levantó una mano y le limpió una lágrima. Ronnie Anne cerró los ojos un instante y acercó su rostro a la mano de Lincoln, prolongando el contacto. Cuando sus párpados se abrieron nuevamente, fue el turno de ella de levantar una mano hacia el flequillo de su amigo, jugando con un mechón.

—No me molesta que hayas cambiado tu cabello; de hecho creo que se ve lindo —le dijo finalmente—. Lo que me preocupa es que digas que este es el "verdadero Lincoln". Porque no es cierto. El verdadero Lincoln no está ahí…

Sus dedos soltaron el cabello castaño y se deslizaron por todo su rostro, acariciando suavemente su mejilla, su mentón, su cuello y descansando finalmente sobre su pecho.

—...sino aquí.

Esta vez fue él quién la trajo contra sí en un nuevo abrazo. Ambos cerraron sus brazos alrededor del otro, estrujando como si no quisieran separarse nunca más. Lincoln tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas para no entrar en un llanto desesperado, y apenas si lo consiguió. En algún momento ella lo llevó hasta sentarse en la cama, y allí quedaron, abrazados uno junto al otro, hasta que él logró recobrar el aliento.

—Lo siento —se disculpó separándose de ella lo suficiente como para secarse el rostro con su antebrazo—. Ronnie Anne, lo siento mucho. No quería…

—Está bien —le dijo ella, siguiendo su ejemplo y usando su sudadera para secar sus mejillas—. No tienes que disculparte.

—No, sí tengo que hacerlo. Todo esto que me está pasando… no es una excusa para tratarte mal.

—Eres maravilloso, pero sigues siendo una persona, Lincoln. Tienes derecho a enfadarte.

No pudo evitar sonreírle un poco.

—Nunca te lo dije, pero en verdad estoy feliz de ser tu amigo.

—Yo también —le dijo ella, contagiándose de su sonrisa.

Todavía estaban a menos de un brazo de distancia, sosteniéndose mutuamente, disfrutando de cada centímetro de contacto. Lenta, muy lentamente, el ánimo de Lincoln comenzó a mejorar. El haber gritado, llorado y perdonado lo había calmado, por extraño que sonara. Todavía tenía una sensación de entumecimiento en su pecho, pero de alguna forma sentía que tenía un pequeño peso menos de encima. Las manos de Ronnie Anne lo soltaron y se deslizaron hasta colocarse sobre las suyas, entrelazando sus dedos, la mirada siempre fija en los ojos del otro.

—Ser tu amiga me pone muy feliz… —repitió— Hasta hace unos días, esto era todo lo que quería. Todo lo que estaba dispuesta a aceptar. Pero ahora… no sé si puedo conformarme sólo con eso.

Lincoln tragó saliva, la cual cayó por su garganta como un fragmento de meteoro. Incluso con su mente llena de problemas, todo el estrés que cargaba sobre sus hombros y el hecho de que no era realmente el chico más listo, fue capaz de entender a qué se refería ella.

—Ronnie Anne… Yo…

— ¿Qué es lo que sientes? —Lo interrumpió— Por mí.

Si hubiera tenido sus manos libres se habría rascado la cabeza, pero Ronnie Anne lo tenía bien tomado, y no parecía estar dispuesta a soltarlo. ¿Qué sentía por ella? Era una gran pregunta. No tanto por la complejidad de la respuesta, él lo tenía bastante claro a estas alturas, sino porque sentía que debía ser muy cuidadoso con lo que decía. Teniendo en cuenta toda la situación, decir lo que realmente sentía o pensaba no parecía ser la opción más sensata. Incluso si una parte de él le gritaba que aprovechara el momento y se declarara a todo pulmón, incluso si su corazón galopaba a toda velocidad, no podía hacerlo. No era justo.

—Te aprecio muchísimo —admitió, diciendo una parte de la verdad—. Eres la chica más increíble que conozco.

— ¿Sólo eso?

Por un demonio, ¡esos ojos! ¿Cómo podía mentirle a esos dos perfectos luceros, focos de luz en un universo que se había reducido a ellos y nada más? Todo su enfado, frustración, depresión y tormento desaparecieron, opacados por un único sentimiento que enviaba ondas de calor a todo su cuerpo al ritmo del latido en su pecho. ¿Desde cuándo era ella tan bonita? ¿Desde cuándo estar con ella se había vuelto tan intenso? ¿Qué era esa sensación de que su sangre había sido reemplazada con un líquido caliente que recorría todo su ser, alivianando las penas y eliminando las preocupaciones.

—No hagas esto —pidió, tratando de romper el contacto visual, de escapar de aquel hechizo para recuperar la consciencia y hacer no lo que quería, sino lo que era correcto.

Las manos de Ronnie Anne encontraron su rostro y lo obligaron a verla una vez más. La mirada era más intensa que nunca. Ella era conocida por intimidar hasta al más rudo de los chicos, pero aquellos ojos parecían capaces de derretir hasta al más apático corazón. Frunció los labios durante un segundo, preparando sus palabras, y cuando finalmente las pronunció, todo acabó para Lincoln.

—Te amo.

Dos palabras que él había escuchado un millar de veces. Toda su familia vivía repitiéndolo. Lori, Lynn y Lucy eran las más reacias a hablarle en esos términos, pero no aguantaban más de un par de días sin buscar alguna excusa para hacérselo saber. A estas alturas era algo casi automático para él, una frase tan utilizada que parecía haber perdido parte de su profundo significado.

Si ese era el caso, escucharlas de la boca de Ronnie Anne las revitalizó. Le hizo comprender el poder detrás de dos sencillas palabras. Cinco letras. Menos de un segundo para pronunciarlas. Capaces de generar un impacto inmenso.

Quedó anonadado. No sabía cómo responder, ni cómo reaccionar. Nunca, jamás habían sido tan… tan abiertos con sus sentimientos. Siempre trataban de ocultarlos, de disimularlos dentro de actitudes desinteresadas, provocativas, una pequeña rivalidad sin sustento que les permitía continuar fingiendo que en verdad no se querían. Contadas eran las ocasiones donde se habían sentido lo suficientemente cómodos como para dejar entrever algo más de lo que estaban dispuestos a mostrar en público.

Ni siquiera en sus más íntimos momentos, sin embargo, alguno de los dos se había atrevido a decir aquellas palabras. "Te amo." Decirlas era un atentado contra la farsa que habían montado. Era definitivamente sepultar la idea de que sólo eran amigos que disfrutaban de la compañía del otro. ¿Cómo podía responder a una declaración como esa?

—Ronnie Anne…

—Te amo, Lincoln —dijo, cada sílaba impregnada de sentimiento—. Nunca quise decírtelo porque… no sé, creo que ni siquiera yo estaba preparada para aceptarlo. Pero te amo, y ya no puedo guardármelo.

—Yo… Vaya… Es decir…

— ¿No sientes tú lo mismo? —Preguntó, interrumpiendo su intento por armar una oración coherente.

Quería escapar de aquel encierro. Quería darle una ingeniosa respuesta que le diera tiempo para recuperarse del impacto emocional que esta charla estaba teniendo en él. Quería poner paños fríos a la situación. Pero los ojos de Ronnie Anne lo miraban expectantes, esperando su respuesta, y no hubo forma de mentir.

—Sí. Yo… yo también te amo.

La inmensa sonrisa de Ronnie Anne fue casi tan placentera para él como la sensación de haberse quitado un gigantesco peso de encima. No sabía lo mucho que necesitaba confesarse para alivianar su conciencia. ¡Ni siquiera sabía que necesitaba decirlo! La sensación fue la misma que sintió cuando pudo finalmente confesarle a su madre lo que le había ocurrido a su novela. Poder dejar salir la verdad tras esconderla durante tanto tiempo era verdaderamente liberador.

Aún así, una parte de él seguía reticente a toda la situación.

—Ronnie Anne, realmente te quiero, pero no es… esto no es apropiado —dijo casi en un suspiro, su cabeza desviándose lejos de su mirada.

— ¿Por qué no?

—Porque no es justo.

La mano de Ronnie Anne lo tomó por el mentón y lo obligó a voltear para volver a mirarla a los ojos.

—Explícate —demandó.

Lincoln suspiró. Quizás ella se merecía saber lo que en verdad pasaba por su mente.

—Mira, yo… Hace tiempo que sé que te quiero de esta forma, ¿está bien? Mucho tiempo. Cuando casi te mudaste a la gran ciudad fue que me di cuenta de que te quiero diferente de como quiero a Clyde, o Liam, incluso que Paige o Cristina.

— ¿Paige? ¿Quién es Paige? —Preguntó Ronnie Anne, entrecerrando sus ojos.

—El punto es que te volviste alguien muy especial para mí —continuó Lincoln inmediatamente—, pero…

Suspiró con impaciencia. Cerró los ojos y sacudió la cabeza. Ciertamente no había creído posible tener esta charla, y su mente luchaba por encontrar las palabras adecuadas. No estaba preparado para esto. La impaciencia de su amiga poco ayudaba a su caso.

— ¿Pero qué?

—Es que nunca me atreví a pedirte que fueras mi novia, ¿está bien? —Admitió finalmente, abriendo los ojos y mirándola con enfado; era su culpa que estuviera diciendo estas cosas— Tenía miedo que me dijeras que sólo me querías como amigo, y no quería arruinar nuestra relación. ¡Y tú nunca me lo dijiste tampoco!

—Lo dices como si me lo reprocharas —se defendió Ronnie Anne, sus cejas en un gesto de enfado, antes de continuar en un tono bajo—. Tú sabes que me cuesta decir lo que siento… No soy la mejor expresándome. Y tampoco quería arruinar lo que teníamos, porque yo estaba muy feliz estando como estábamos.

—Ese es mi punto —remarcó Lincoln—, ninguno de los dos quería llevar esto a otro nivel. No queríamos dar el paso siguiente. ¿Y ahora sólo…? ¿Sólo porque estoy muriendo es que nos decimos que nos amamos? ¡Eso no puede estar bien! ¡No podemos volvernos una pareja sólo porque estoy enfermo! ¡Es tonto, es…!

De repente, Ronnie Anne acarició la mejilla derecha de Lincoln, y fue como un balde de agua fría. Los ojos del muchacho (que segundos atrás se habían desenfocado y miraban a la nada) se fijaron en el rostro de su amiga, y un sentimiento de vergüenza lo invadió. Había entrado en un nuevo trance de ira, descargándose frente a ella. Si ella no lo hubiera calmado con aquel sencillo, tierno y delicado acto, él habría comenzado a gritar sin razón.

Lincoln estaba preocupado. No podía seguir comportándose así. Era casi la tercera vez en la mañana en la que había perdido el control, enfadándose con Ronnie Anne. ¿Por qué estaba pasándole ahora? También le había pasado con las gemelas el día anterior, y no estaba para nada orgulloso de ello. Estaba comenzando a sentirse siempre al borde de explotar. Vivía nervioso, todo parecía estar a punto de desencadenar una reacción en él. Este no era Lincoln Loud, y eso lo asustaba enormemente.

Sobre todo porque lo último que quería era que los demás tuvieran que sufrir por su culpa. Cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente, tratando de calmarse. Sin darse cuenta, su mano derecha se elevó hasta colocarse sobre la mano que Ronnie Anne aún tenía en su mejilla. Sus dedos comenzaron a dibujar círculos en el dorso de la mano de ella, y lenta, muy lentamente, recobró su tranquilidad.

—Lo siento —volvió a decir, sin abrir los ojos.

—No te preocupes. Te entiendo.

Sus párpados se abrieron lentamente y pudo ver que el rostro de su amiga se notaba preocupado y comprensivo al mismo tiempo.

—Lincoln, estás sobre pensando las cosas —dijo ella con tranquilidad, sonriéndole tímidamente—. Estás tratando de buscarle la lógica a esto. Te preguntas si es justo que nos digamos esto ahora si no lo hicimos antes, si es apropiado que hagamos algo sabiendo lo que va a pasar, seguramente también te detiene el preguntarte si esto es lo mejor para mí.

Lincoln ahogó una risita, pero no pudo evitar sonreír.

—Culpable —admitió con torpeza, y los dos rieron un segundo.

—Pero escucha, deja de pensar tanto, ¿de acuerdo? No le busques un sentido a esto. No pienses en qué es lo mejor o qué es lo que tienes que hacer para ayudar a los demás. Creo que te debes a ti mismo hacer lo que sientes. Así que olvídate de todo. De tu… tu enfermedad, del futuro, de todo. No pienses, sólo dime, aquí y ahora, ¿qué sientes?

Todo. Lincoln sentía una mezcla infinita de emociones. Desesperación y rabia por saber que moriría pronto. Decepción por cómo se había comportado últimamente. Una enorme angustia por haber dejado pasar tantas oportunidades con Ronnie Anne como para llegar a este punto. Agradecimiento, porque ella era la única en esta última semana que lo había tratado con normalidad, que se le había plantado y lo había hecho entrar en razón.

Sobre todo, sin embargo, sentía amor. Tan sólo tenía once años, y estaba muy seguro de que todavía no tenía una idea muy clara de lo que era amar a alguien fuera de su familia. Era una experiencia muy nueva. Fuera o no amor lo que sentía por Ronnie Anne, lo cierto es que para él era muy real.

—Que te amo —respondió con total honestidad.

Mirando fijamente los ojos de Ronnie Anne, él pudo ver con claridad cómo éstos se volvían vidriosos, mientras ella parpadeaba rápidamente para intentar controlarse.

—Y dime, tonto, ¿te gustaría ser mi novio? —Preguntó ella con la más grande sonrisa que jamás le había visto.

Lincoln se quedó mirándola a los ojos. El hecho de que fuera ella quien le pidiera ser su novio le resultó ligeramente gracioso, aunque honestamente eso definía su relación bastante bien. Todo esto pasó a segundo plano en el momento donde comenzó a considerar las circunstancias, y estuvo a punto de hablar cuando ella lo detuvo.

—No pienses —le recordó—, sólo siente.

Era difícil seguir ese consejo. ¿De qué servía volverse novios si su relación no podría durar ni un mes? ¿Cuál era el propósito? Su parte racional le decía a gritos que era una mala idea, que era casi como echar sal en la herida. Su mente le decía que no era una buena idea, pero Lincoln decidió hacerle caso a Ronnie Anne y por una vez escuchar no a su cabeza, si no a su corazón. Y sólo con sentir los estruendosos latidos de su pecho supo la respuesta.

—Sí —dijo, al tiempo que una sonrisa atravesaba su rostro de lado a lado—. Eso sería genial.

Su ami- No, su novia rió ante su adorable estupidez y, con ojos nuevamente lagrimosos, lo abrazó una vez más, recostando su cabeza en el espacio entre el cuello de Lincoln y su hombro izquierdo. Él la abrazó también y tuvo que admitir que, pese a todo, seguir a su corazón se sentía bien. Muy bien.

La suerte estaba echada, ya había dado un paso del cual no podría retractarse. Para bien o para mal, la verdad había sido descubierta, sus sentimientos expuestos, recibidos y correspondidos. Si esta se trataba de la mejor decisión de su vida o de su peor error, él no lo sabía. Lo único que sabía es que no había nada de mentira en el hecho de que Ronnie Anne era muy especial para él y que, si bien no estaba seguro de si era amor o no, era un sentimiento definitivamente intenso del cual dudaba arrepentirse de haber aceptado.

Con ella en sus brazos, Lincoln dejó de sentirse frágil, miserable, dejó de sentir esa terrible presión en su pecho y la molesta voz en su cabeza recordándole que las agujas del reloj de su muñeca seguían girando, y lo que eso significaba para él. Todo lo que importaba era el aroma del shampoo en los suaves cabellos de su novia, la respiración de ella que acariciaba su nuca, y cómo dos de sus dedos se pusieron a jugar con un mechón de su cabello castaño. Fue sólo entonces cuando Lincoln entendió finalmente la metáfora de la media naranja, pues en aquel momento se sintió lisa y llanamente completo.

Casi se sintió mal cuando Ronnie Anne se movió, separándose apenas lo suficiente como para poder verlo a los ojos. Sintieron el contacto visual como una caricia, un cariño directo a sus almas. Y en cuanto los ojos de ella se desviaron apenas hacia abajo, hacia los labios de Lincoln, él supo qué hacer.

—Tenías razón el otro día, en el centro comercial —dijo, obligándola a levantar la vista nuevamente.

— ¿Con qué?

—Nunca antes te pregunté si podía besarte. ¿Debería corregir eso?

Ella rió y llevó su cabeza hacia delante, apoyando su frente contra la de él, las puntas de sus narices apenas rozándose en la punta. Era fantástico que incluso en estos momentos encontraran motivos para reír y disfrutar de provocar al otro.

—No lo sé, hasta ahora te ha funcionado —respondió—. Además, seamos honestos…

Giró su cabeza con cuidado y lenta, muy lentamente, buscó acomodarse en la posición correcta. Una de las manos de Lincoln subió todo el camino desde la cadera hasta el cuello de Ronnie Anne, colocándose detrás de su cabeza, listo para sostenerla allí hasta el fin de los tiempos de ser necesario. Ambos habían cerrado sus ojos y sencillamente esperaban, conteniendo la respiración. Lincoln sintió el milimétrico avance de su novia, hasta que sus labios estuvieron al límite de lo que podía considerarse separados.

Cuando ella habló, fue como si susurrara dentro de él.

—...ya sabes mi respuesta.

Avanzó el último centímetro y sus labios se unieron en su primer beso como novios.

Cada uno de los tres besos que la joven pareja había compartido hasta entonces había sido especial y maravilloso de alguna u otra forma, pero no tenían cómo competir contra este cuarto beso. Los dos estaban completamente inmersos en él, disfrutando del suave contacto del otro. Todos los sentidos de Lincoln apuntaban a percibir cada detalle de la boca de Ronnie Anne sobre la suya, sintiendo cómo sus labios se ajustaban perfectamente. Aquel calor que había sentido previamente había vuelto con la fuerza de un sol radiante, su unión como epicentro del universo.

Seguía descubriendo también nuevas sensaciones, cosas jamás vividas, como un hormigueo que hacían que todo su cuerpo temblara. Era como si todas sus células se hubieran cargado de energía. Sin saber qué hacer con su cuerpo, simplemente aumentó la suave presión de sus manos, una en el cuello y otra en la cintura de su flamante novia. La sintió exhalar, un suspiro atrapado en su beso, y eso sólo lo hizo amarla un poco más.

Tan pronto como comenzó acabó, y los dos niños debieron separarse para tomar aire y recuperarse. Al menos eso intentó hacer Lincoln, pero sus pulmones apenas habían renovado sus reservas cuando Ronnie Anne volvió a la carga, rodeando en cuello de Lincoln con sus brazos y sellando sus labios contra los de él. El castaño fue tomado por sorpresa una vez más. No estaba en sus planes un segundo beso tan pronto. ¿No necesitaban esperar entre beso y beso? Su inexperiencia no le permitió saber, pero tras un segundo de duda se rindió a la felicidad y el placer que le generaba sentirse tan cerca de ella. Si era lo que ella quería, él estaba más que dispuesto a complacer su deseo.

La calidez de su novia lo envolvía y sus besos endulzados con el caramelo de los waffles se convirtieron en una tentación que no supo resistir. Sin darse cuenta, toda su atención se centró en el labio inferior de ella, atrapándolo con los suyos propios y dándole todo el amor que le era posible. Sentir los dedos de Ronnie Anne cerrándose sobre su cabello pareció una señal de que estaba haciendo las cosas bien, y vaya que así se sentía.

Volvieron a quedarse sin aire, pero en esta ocasión apenas si se separaron, lo suficiente como para inhalar tanto como podían, y entonces volvieron a su apasionado ataque contra los labios del otro.

Lincoln llegó a notar tras unos minutos que su rostro se humedecía con las solitarias lágrimas de Ronnie Anne. No podía saber qué pasaba por su mente en aquel momento, pero imaginó que seguramente ella tenía tantos sentimientos encontrados como él. En lugar de separarse de ella, lo que hizo fue aumentar la intensidad de sus besos. Sus labios se apretaron más contra los de ella, y sus dos manos dejaron de estar tan estáticas para acercala más contra sí, aplicando una suave presión. La respuesta fue inmediata. Ronnie Anne redobló su ataque sobre sus sentidos, con una sed por su amor que en cualquier otra situación lo habría intimidado.

En aquel momento, sin embargo, mientras caía hacia atrás en la cama producto del asalto de su novia y sus labios continuaban llevándolo a lugares que nunca había imagino que podían existir, Lincoln decidió que estaba más que dispuesto a hacer lo necesario para demostrarle a Ronnie Anne lo mucho que la amaba.


—Muy bien —dijo Lincoln, frotando la gorra de Lynn varias veces contra su frente para quitarse el sudor—. ¿Estás lista?

Giró la cabeza para ver a Ronnie Anne. Su rostro estaba pálido, sus ojos perdidos en la nada, y su mano tenía tomado a Lincoln con tal fuerza que el chico creyó que en cualquier momento le rompería algún dedo.

—Por supuesto —dijo ella, tragando saliva y volteando a verlo—. ¿Y tú?

Él tan sólo atinó a reír, tratando de relajarse.

—Para nada —admitió.

— ¿Y qué hacemos, entonces?

—Nos resignamos a lo que vaya a suceder.

No parecía especialmente encantada con su respuesta, pero sabía que no había forma de evitarlo. Ambos tomaron aire, sacaron pecho y decidieron prepararse para uno de los momentos más aterradores de su vida. Con una última mirada hacia su compañera, Lincoln abrió finalmente la puerta de acceso de su casa, y ambos entraron a paso militar. Sabían a lo que se estaban exponiendo, entrando tomados de la mano, pero una de las tantas cosas que habían hablado durante la mañana era que no querían que su relación fuera un secreto. No más. Querían que todo el mundo supiera que estaban juntos, porque no había nada que ocultar. Esto traía un claro inconveniente, pero si tenían suerte, podrían llegar hasta su habitación sin ser descubiertos y una vez allí-

— ¡Lincoln!

El grito de Lana en cuanto ambos entraron por la puerta los hizo sobresaltar al mismo tiempo que acababa con cualquier esperanza de ganar algo de tiempo.

Lincoln volteó resignado hacia su izquierda, sólo para encontrarse con que todas sus hermanas excepto Lisa, Luna y Luan estaban en la sala de estar. Leni, Lori y Lynn estaban en el sofá, aparentemente mirando la televisión. Lola estaba sentada en el suelo contra el sofá, abrazando sus rodillas. Lucy se había acostado en el sillón individual, atravesándolo transversalmente, mirando el techo. Lily jugaba en el suelo con sus bloques, y Lana se acercaba corriendo hacia él a toda velocidad.

La pequeña mecánica se detuvo en seco, sin embargo, al ver que Ronnie Anne entraba junto a él. El resto de las hermanas, al escuchar que su hermano había regresado, inmediatamente voltearon también a verlo, y todas parecieron tomadas por sorpresa por ver a los dos jóvenes tomados de la mano. Lincoln y Ronnie Anne tragaron saliva y se quedaron allí, esperando, mientras todas las chicas se ponían de pie y se acercaban lentamente, deteniéndose a unos tres metros de la joven pareja. Muchas parecían confundidas. Leni era la única que sonreía abiertamente. Lori intentó hacerlo también, pero sus ojos rojos fueron una clara señal para Lincoln de que no estaba particularmente preparada para sonreír. El chico de otrora cabello blanco sintió que Ronnie Anne desviaba la mirada y apretaba su mano un poco más fuerte, y rápidamente vio que Lynn estaba mirando a su novia de una forma para nada agradable.

Tras unos segundos de silencio, Luan apareció desde la cocina, vestida con un delantal con manchas de crema por doquier.

— ¿Alguien dijo Li…? —Comenzó, deteniéndose de repente al igual que sus hermanas al ver a su hermano menor tomado de la mano de Ronnie Anne.

El silencio regresó, y Lincoln comenzó a sentir los nervios creciendo dentro de él, crepitando como una fogata que amenazaba con incendiarlo todo. Sabía lo que estaba a punto de pasar, y lo aterraba. Era inevitable, sin embargo, y decidió que lo mejor era quitárselo de encima lo más pronto posible.

— ¿C-Chicas? —Comenzó, una gota de sudor cayendo por su frente— Les presento a R-Ronnie Anne…

—Lincoln, ya sabemos quién es —dijo Lola, todo el amor y tristeza de su mirada dejado de lado por un momento para hablarle como si fuera un idiota.

Lincoln amó volver a escucharla así.

—Sí, lo sé, pero… Ella, uh... —Ronnie Anne volvió a apretarle la mano, y al voltear, vio que ella ahora lo miraba a los ojos mientras asentía, dándole confianza— Bueno, ella ahora… es… mi novia.

Sabía que sucedería. Lo sabía. Lo temía. Todos sus nervios se debían a la certeza de lo que iba a suceder tras su confesión. Saber a lo que se exponía, sin embargo, no lo ayudó en absoluto cuando, tras un minuto de silencio sepulcral, las ocho chicas allí presentes comenzaron a gritar desaforadamente. Un chillido agudo como el de una bandada de águilas lanzándose en picada contra una pobre e indefensa liebre, pero mucho más largo, fuerte y perjudicial para los oídos.

Él y su novia se miraron resignados y con una tibia sonrisa mientras todas las chicas comenzaban a saltar, correr en círculos, levantar los brazos emocionadas y, básicamente, actuar como dementes. Incluso Lynn chillaba como si estuviera tratando de romper todos los cristales de la manzana, lo cual pareció tranquilizar a Ronnie Anne. La joven pareja estaba ruborizada hasta las orejas, pero de alguna forma era reconfortante saber que estaban así de emocionadas.

No fue sino hasta que se quedaron sin aire por segunda vez —la primera vez simplemente esperaron a recuperarse antes de seguir gritando— que fueron corriendo hacia la flamante pareja, los tomaron por los brazos y sin ningún tipo de aviso los arrastraron hacia el sofá, donde los sentaron contra su voluntad, acomodándose en el suelo frente a ellos con sonrisas de oreja a oreja y ojos extasiados.

—Oh por DIOS, ¡cuenten! —Les dijo Leni, apenas encontrando la calma suficiente como para hablar.

Lincoln y Ronnie Anne se sintieron atrapados. No había escapatoria. Estaban acorralados, como dos ratones mirando a los ojos de la serpiente. En ningún momento siquiera consideraron la posibilidad de soltarse las manos, un detalle que fue notado por las chicas.

— ¿Contar qué? —Preguntó Lincoln.

— ¡TODO! —Respondieron las gemelas al mismo tiempo, sus ojos brillando como una constelación de cuatro estrellas.

El chico rió incómodamente e intercambió una muy avergonzada mirada con su novia. Estaba dispuesto a contarles que habían decidido volverse una pareja, pero no estaba dispuesto a entrar en detalles acerca de cada beso como sabía que sus hermanas querían.

—Bueno, no podemos contarles TODO —se apresuró a decir, sintiendo el rubor volviéndose más intenso en su rostro.

— ¡Está avergonzado! —Señaló Lynn rápidamente, con una perversa sonrisa.

— ¡Eso significa que algo fuerte literalmente pasó! —Agregó Lori, temblando de emoción— ¡Ahora sí que queremos TODOS los detalles!

Tras un nuevo grito de emoción, todas comenzaron a hablar y a hacerles preguntas al mismo tiempo, ahogándolos en un mar de confusión y nerviosismo. Lincoln y Ronnie Anne volvieron a intercambiar una mirada, y en cuanto él alzó las cejas y puso los ojos en blanco, ambos comenzaron a reír. Lento al principio, subiendo luego el volumen.

— ¡Se ríen juntos! —Dijo Luan con aire soñador.

— ¡Son tan lindos! —chilló Leni.

—Ok, ok, ¡alto! —Ordenó Lori con una gran sonrisa, y todos se callaron— Lincoln, ve arriba y trae a Luna. No. Puede. Perderse. ¡Esto!

— ¿Por qué yo?

— ¡Porque queremos hablar con nuestra cuñada!

Todas asintieron, mostrando su conformidad con el plan de Lori. Ronnie Anne miró a Lincoln con desesperación, rogándole que se quedara con ella.

—De acuerdo —dijo él, sin embargo, poniéndose de pie.

— ¡¿De acuerdo?! —Le recriminó ella, mirándolo sin poder creer lo que acababa de oír.

—Los dos sabemos que no tenemos voz en este asunto —se excusó, todavía tomándola de una mano—. Mientras más pronto acabemos con esto, más tiempo vamos a tener para ir a mi habitación a…

— ¡¿Tu habitación? —Gritó Lynn, y ella y el resto de las hermanas mayores estallaron en risas pícaras.

— ¡...a leer cómics! ¡A leer! —Respondió él con el rostro rojo como el jersey de su hermana deportista. Con una última mirada de disculpa hacia Ronnie Anne, finalmente le soltó la mano y se alejó rumbo a las escaleras.

El silencio una vez que llegó al pasillo del primer piso le vino bien para calmar un poco sus pensamientos. Tomó la consciente decisión de caminar lento, a paso de caracol, tan solo para ganar algunos segundos de reflexión. Toda la situación era sumamente extraña. Todavía no era ni siquiera el mediodía, y sin embargo las cosas que habían pasado en las pocas horas que llevaba despierto eran tan grandes e importantes que parecía mucho más tiempo del que en verdad había sido. Aquel par de horas que pasó en la casa de Ronnie Anne habían sido algunas de las horas más felices de su vida. Había logrado olvidarse por completo del hecho de que estaba muriendo; durante ese rato, se sintió más vivo que nunca.

Y ahora, volviendo a su casa y reencontrándose con sus hermanas, aquel sentimiento de plenitud y felicidad se apagaba como la llama de una vela en una botella cerrada; luchando contra la falta de aire, tratando de resistir pero sintiéndose desvanecer con cada momento que pasaba. Los ojos rojos de Lori habían sido muy elocuentes. Su hermana mayor había estado llorando. Y estaba seguro de que no había sido la única. Todas estaban en la sala de estar, seguramente esperándolo a que regresara. Y la forma en la que todas se encontraban cuando él llegó también hablaba mucho de su situación emocional. ¿Lynn sentada en el sofá sin ninguna pelota cerca? ¿Lola de rodillas en la sucia alfombra sin maquillaje ni tazas de té? Él las conocía, y verlas así no era nada alentador.

Él tan sólo quería verlas felices. Sabía que pedía demasiado, lo sabía, no era tonto, pero no soportaba verlas así. Necesitaba que fueran fuertes por él, que lo ayudaran en toda esta situación, pero ninguna estaba preparada para aquella hercúlea tarea.

Su breve soliloquio llegó a su fin al hallarse cara a cara con la puerta de la habitación de Luna. Golpeó un par de veces, pero al no escuchar respuesta alguna, decidió entrar.

— ¿Luna? —La llamó, asomando la cabeza.

La vista fue esperanzadora y melancólica al mismo tiempo. Por un lado, Lincoln se encontró con que su hermana estaba sentada en su escritorio contra la ventana, el mismo que usaba para componer música, y llevaba puestos unos audífonos. Él no pudo evitar sentirse feliz por verla escuchando música otra vez. Desde aquella noche en la que estrelló su guitarra contra el suelo, Lincoln no había vuelto a escucharla tocando un instrumento o escuchando música. Era agradable volver a verla haciendo lo que más le gustaba, pero era una pena que estuviera encorvada, cubriéndose el rostro con una mano, con varios pañuelos a su alrededor.

Suspiró y aclaró su mente. No era momento para deprimirse, no podía permitirse ser débil si una de sus hermanas lo necesitaba. Él debía estar allí para ella.

Se acercó hasta colocarse justo a su lado. Ella no lo escuchó, y sus ojos cerrados no la dejaron verlo tampoco. El fuerte ruido de la música le llegaba a Lincoln incluso aunque ella llevara audífonos. Lo que escuchó no era particularmente agradable.

How can you just walk away from me (¿Cómo puedes simplemente alejarte de mí...)
when all I can do is watch you leave? (...cuando sólo puedo verte ir?)
Cuz we shared the laughter and the pain (Porque compartimos la risa y el dolor)
And even share the tears (E incluso compartimos las lágrimas)
You're the only one who really knew me at all (Eres el único que me conoció de verdad)

Sin soportarlo más, Lincoln colocó una mano sobre el hombro derecho de Luna. Su hermana se sobresaltó al sentir el contacto, y en cuanto vio de quién se trataba apagó la música de su teléfono y dejó sus auriculares a un lado.

—L-Lincoln, hey… —lo saludó, secándose las lágrimas del rostro tan rápido como le era posible; se escuchaba como si estuviera resfriada— No te… No te escuché entrar. ¿Hace mucho que volviste?

— ¿Cómo estás? —Preguntó él, ignorando las palabras de su hermana.

Ella volvió a cerrar los ojos por un segundo, negando suavemente. Cuando los volvió a abrir, todas las lágrimas que había secado estaban ahí de nuevo, y sus ojos vidriosos se detuvieron en el niño frente a ella. Sin decir nada, Lincoln abrazó a su hermana, quien rápidamente se encargó de hacerlo sentar sobre su regazo, apretándolo contra sí como si no quisiera dejar que se escape. Él no tenía pensado ir a ningún lado, no mientras ella estuviera así. Sus hermanas estarían más que felices de tener un rato a solas con Ronnie Anne, por lo que sabía que no tenía ningún apuro por bajar. Si debía quedarse una hora allí, pues que su novia lo perdonase, pero iba a hacerlo.

Tras unos cortos dos minutos, sin embargo, Luna dejó de jadear y llenar de lágrimas el cabello de su hermano menor.

—Lo siento, hermano. Lo siento —se disculpó con un hilo de voz.

—Está bien… No te preocupes. Te entiendo.

—A-Aún así… Lo siento. Quise… Quise seguir tu consejo. Traté de volver a escuchar música, p-pero… Todo… Todo me recuerda a ti.

No sabía qué decirle. El problema de Luna, en principio, había sido que no estaba dispuesta a aceptar la tremenda tristeza que la consumía por dentro, distrayéndose y tomando decisiones cuestionables en su afán por distraerse. Lincoln había hecho todo lo posible para hacerle entender que a veces debía dejar que doliera. No podía decirle ahora que lo superara. ¿Qué podía decirle entonces?

Afortunadamente para Lincoln, y por desgracia, algo similar había ocurrido con Lucy el día anterior. Ambas parecían tener un problema similar, y fue así cómo él rápidamente encontró las palabras para decirle.

—Quizás puedas buscar canciones que te recuerden a mí —le dijo—, pero no en el mal sentido.

La larga pausa de su hermana le hizo saber que no había sido del todo claro.

—Luna… No nos engañemos, los dos sabemos que… que van a extrañarme.

—Cada día —dijo ella rápidamente, abrazándolo con más fuerza.

— ¡Pero no quiero que mi memoria sea triste para ti! —Se apresuró a decirle, enterrando su cabeza en el cuello de su hermana— Quiero que también recuerdes las cosas buenas. Los momentos felices. Nosotros… nosotros tuvimos muchas cosas bonitas. Como, eh… ¿Te acuerdas cuando me llevaste a mi primer concierto de SMOOCH?

Sintió una pequeña risita, y una de las manos de Luna comenzó a acariciarle el cabello.

—No podría olvidarlo. Te veías genial vestido de rockero, hermano.

— ¿Y recuerdas cuando conseguiste a SMOOCH para que toque en el garaje?

—Aprendí del maestro del convencimiento…

— ¡Pasamos muchos momentos juntos! —Dijo él, tratando de aparentar felicidad— ¡Muchísimos! Quizás… quizás puedas encontrar música que te haga recordarlos.

Lincoln continuó sintiendo las suaves caricias que ella le daba en su cabeza. Parecían más calmadas, si bien algo distraídas. Ya no estaba deprimida como cuando la encontró. Podría quedarse allí y tratar de continuar sus avances para hacerla sentir mejor, pero quizás lo que necesitaba ahora era distraerla.

—Luna, me encantaría quedarme aquí contigo toda la tarde, con gusto lo haría —le dijo, separándose para verla a los ojos—, pero Ronnie Anne está abajo esperándome con las chicas, y no… No quiero dejarlas solas con mi novia por mucho tiempo.

El rostro de Luna se iluminó de inmediato, y cualquier rastro de tristeza desapareció.

— ¡¿NOVIA?! —Gritó, antes de volver a estrujar a su hermanito menor como si fuera un muñeco de felpa— ¡Lincoln, eso es tan tierno! ¿Qué hacemos aquí? ¡Vamos!

Con el entusiasmo y la energía que siempre la habían caracterizado, Luna arrastró a Lincoln hacia la planta baja. Quizás sólo había pospuesto un problema, quizás lo cierto es que nunca podría terminar de resolverlo, pero en aquel momento poco le importó a Lincoln.


Tras un extenso interrogatorio que se extendió hasta que Lynn Sr volvió para almorzar junto a su familia, Lincoln y Ronnie Anne recibieron la bendición de todos los Loud. No es que temieran lo contrario, pues la actitud de sus hermanas había sido muy elocuente. Fue muy vergonzoso para los dos pequeños tener que revivir el relato de sus besos (no sólo los de aquel día, sino de todos los primeros) y tener que decir en voz alta lo mucho que se amaban. Fue incluso peor cuando Lori les pidió si estaban dispuestos a besarse una vez más, aunque a decir verdad no necesitaron demasiado convencimiento.

Sus padres también estuvieron encantados con la noticia. Rita y Lynn Sr le dieron la bienvenida oficial a la familia a Ronnie Anne invitándola a almorzar junto a ellos, y la niña estuvo más que dispuesta a acompañarlos. Por primera vez desde el accidente en el parque, la familia entera estuvo reunida en un ambiente de festividad.

Cuando terminó el almuerzo y Lynn Sr debió volver a su trabajo, Lincoln decidió que no podía permitir que la felicidad acabara.

—Oigan, ¿quién tiene ganas de jugar un juego de mesa familiar? —Sugirió cuando su madre terminó de llevar todos los platos a la cocina.

La respuesta positiva fue unánime. Todas, incluso Ronnie Anne, encontraron la propuesta sumamente atractiva.

— ¡Vayamos a mi habitación! —Dijo Lori.

—Iré a buscar almohadas y colchas para sentarnos —se ofreció Lynn.

— ¡Prepararé bocadillos! —Dijo Lola, quien desde que había aprendido a leer libros de cocina encontraba altamente satisfactorio el poder preparar sus propias galletas, y nada le detendría para poder impresionar a su cuñada.

—Lincoln, tú elije el juego mientras nosotras preparamos todo, ¿de acuerdo? Ronnie, ven conmigo.

Luan tomó a Ronnie Anne del brazo y se la llevó a la habitación de Lori. Todas las demás la siguieron, y Lincoln quedó solo en el comedor. Sonrió ante la idea de que su familia estuviera dispuesta a seguir felices, al menos por un rato más. Se dirigió a la repisa donde guardaban sus juegos de mesa, y en lugar de elegir uno, tomó cuatro cajas. ¿Para qué conformarse sólo con uno si podían asegurarse toda una tarde juntos?

Con las cajas en sus brazos, Lincoln comenzó a caminar hacia las escaleras, pero se detuvo al pasar por delante de la vitrina de trofeos de la familia.

No quiso detenerse, pero le fue imposible evitarlo. Quedó allí de pie, observando todos los estantes llenos de relucientes trofeos. Trofeos de Golf de Lori, primer lugar en concursos de modismo de Leni, recuerdos de batallas de bandas ganadas por Luna, concursos de comedia ganados por Luan, decenas de premios de todos los deportes cortesía de Lynn, concursos de poesía que Lucy dominó, todos los premios de concursos de belleza de Lola, los cursos de plomería aprobados por Lana, las publicaciones de Lisa y su Premio Nobel Jr, incluso los concursos de chuparse el dedo de Lily. Todos los miembros de la familia Loud eran exitosos en lo que hacían.

Todos excepto Lincoln, claro está.

Él era el único fracaso. El único que, en once años de vida, no había logrado nada destacable. Su único trofeo era un premio de consolación hecho por sus hermanas, no era algo que él había ganado realmente. Incluso lo hacía sentir peor, ahora que podía verlo en retrospectiva.

Su vida estaba por acabar, y él no había logrado nada. Absolutamente nada. No había nada de lo que pudiera estar orgulloso, nada en lo que hubiera destacado en su vida. Y ya era demasiado tarde como para cambiar eso. Ya no tenía tiempo para aprender alguna habilidad o ganar algún concurso. Sólo se llevaría a la tumba lo que había cosechado, y a decir verdad no parecía ser mucho.

Era muy triste pensar en que siempre había creído que llegaría el día en el que lograría algo importante. Que algún día él tendría la posibilidad de conseguir algo. Que podría igualar a sus hermanas, que era sólo cuestión de tiempo. Y por tanto esperar, dejó pasar oportunidades que nunca más volvería a tener. Ya era muy tarde para seguir el consejo de su madre y practicar deportes. Lynn se había ofrecido a entrenarlo millones de veces, y él siempre se había rehusado. Ya no podía aceptar la oferta de Luna de ser el guitarrista de su banda, pues nunca se había tomado en serio el practicar lo poco que ella le había enseñado. Ya no podría volverse el co-conductor del canal de YouTube de Luan, cosa que había rechazado múltiples veces por considerarlo tonto. Todas y cada una de esas oportunidades habían sido declinadas por vivir con la idea de que más adelante podría hacer algo que valiera la pena.

Y ahora le tocaba aceptar que ya no habría más oportunidades.

—Lincoln, ¿estás bien?

La voz de Leni a su izquierda lo sobresaltó. Volteó para encontrarse con que su hermana mayor lo miraba preocupada.

—Leni, uh, yo… ¿qué haces aquí? —Preguntó.

—Es que te estabas tardando y Lori me pidió que venga a ver si necesitabas algo.

¿Cuánto tiempo se había quedado de pie frente a aquella vitrina?

—Lo siento, yo, eh… Yo…

Leni se acercó a él y colocó una mano sobre su hombro.

—Hey, está bien. Sólo estábamos preocupados. Tu novia te está esperando —dijo, casi cantando esa última oración.

Lincoln sintió el rubor llegar hasta sus orejas.

— ¡Y-Ya, ya, lo siento! ¡Ahí voy! —Dijo, y dejando atrás las risas de Leni, se dirigió a las escaleras.

Lincoln ignoró por completo que en cuanto se alejó de ella, el rostro de Leni perdió todo rasgo de felicidad. No fue consciente de que Leni se quedó de pie y volteó lentamente hacia la vitrina. Cuando ella tardó diez minutos en regresar, él fue uno de los primeros en creerle cuando les dijo que se había olvidado donde estaba su habitación. Nunca se imaginó que ella en verdad permaneció de pie en el mismo lugar donde él había estado, observando la vitrina sin siquiera parpadear.

Lincoln no supo que Leni decidió regresar sólo después de que en sus ojos brillara la chispa de una idea.


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Ojalá que les haya gustado a los pocos lectores que siguen vivos desde la última vez que actualicé, jajajaja. En serio lamento eso, la vida no me da un respiro. Pero oigan, este fic sólo será cancelado si es que muero, y no está en mis planes hacerlo pronto. Ya queda poco, muy poco, y es hora de que nuevos actores entren en juego. El próximo capítulo será de alguien inédito, por ejemplo, y como pueden ver, ya va siendo hora de que Leni entre en juego.

Aunque tuviera alguna fecha estimada para actualizar, mi palabra queda demostrada que no sirve de nada. Todo depende de mis circunstancias, y no puedo prometer nada. Simplemente espero que a los pocos valientes que este capítulo les haya llamado la atención como para leer les haya gustado, y estaré más que encantado de escuchar sus opiniones. Como dije al principio, responderé todos y cada uno de los mensajes que reciba, como solía hacer cuando este fic no le gustaba a nadie y tenía pocos lectores.

¡Muchísimas gracias por soportar mis demoras! Su apoyo significa el mundo para mí, y espero que nos leamos pronto. ¡Saludos!