Hoy se cumplen tres años desde que publiqué esta historia en Fanfiction. Hoy se cumplen tres años desde que decidí compartir con el mundo esta loca idea que se me había ocurrido. Hoy se cumplen tres años desde que mi vida cambió para siempre. Nunca antes había escrito un proyecto que me apasionase tanto, que me tuviera agarrándome la cabeza durante meses para tratar de encontrar las palabras para compartir las escenas que tenía en mi mente.
Esta historia ha sido mi bebé. Durante los largos meses de problemas en los que no pude escribir, esta historia estaba siempre en el fondo de mi mente, como una tarea a cumplir que la vida me obligaba a posponer. Pero siempre estuvo presente en mi corazón, y hoy llega el momento de darle un cierre.
Muchos creen que esta historia es sobrevalorada. Muchos creen que esta historia es una mierda. Muchos creen que es buena. Les voy a ser honestos, a veces me gustaría volver a esas épocas pre-Loud House donde tenía otra cuenta y mis historias sólo tenían 2 reviews. Extrañó la simpleza de solamente tener que superar mis varas autoimpuestas. Escuchar sus cientos de palabras de aliento, de apoyo y sus fabulosos cumplidos ha sido muy motivador, pero también me ha hecho sentir que hay una vara demasiado alta de calidad esperada a la que nunca me sentí preparado para alcanzar.
Este final no gustará a todos. Creo que a estas alturas, es imposible complacer a todos. Seguramente muchos me odien tras leer esto, y piensen "Wuau, tres años para esto?" Pues me disculpo sinceramente si es que les fallo, pero con excepción de un personaje que agregué por lo mucho que amo y que puse en reemplazo de un personaje original que iba a crear para que tuviera este mismo rol en la historia, este es el final que imaginé desde antes de empezar a escribir el fanfic. ¿Hay pequeños detalles que desconocía?¿Hay algunos personajes que aparecen ahora y que no estaban cuando comencé? Sí, claro, pues, que la vida pasa y uno va modificando detalles. Pero en lo que hace a la esencia y la idea madre, este final es lo que hizo germinar la semilla de la historia.
No voy a poner notas de autor al final, así que permítanme usar este preámbulo también para decirles que pueden seguirme en Twitter para estar al tanto de dibujos y esas cosas, que me pueden preguntar lo que quieran allí, que me encanta interactuar con otros fans de The Loud House y otros fandoms, y también hablar un poquito del futuro. Tengo muchas ideas para historias venideras, pero mi gran proyecto va a ser lo que denomino el Heroverse. Básicamente, hacer lo que Marvel ha hecho en el cine, pero con los personajes de The Loud House en un Universo Alternativo donde son superhéroes. Pueden encontrar el concept art en mi cuenta de Twitter, ¡y estén atentos, porque en cualquier momento puede venirse la primera entrega!
Sin nada más que decir, les agradezco su infinita paciencia, su amabilidad siempre, y los dejo con el final de este largo viaje de tres años. Los amo.
Ah, y este capítulo va con especial dedicatoria a zardX, quien cumplió años tres días atrás :D
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Capítulo 26:
Una sonrisa al crepúsculo de la vida.
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El plácido sueño de Lincoln finalizó abruptamente cuando recibió un golpe en medio del rostro.
Estaba recostado sobre su derecha, con su mejilla presionada contra la almohada, recibiendo toda la saliva que escapaba de su boca abierta, señal de un sueño profundo y rejuvenecedor. El golpe lo sorprendió, poniendo todo su cuerpo en alerta mientras su cerebro comenzaba a recalibrarse y comprender sus alrededores. Trató de abrir los ojos, pero todavía los sentía pegajosos por el sueño. Confundido, giró un poco, y mientras trataba de llevar sus manos hacia su rostro para frotar sus ojos y despertarse un poco más, un nuevo golpe impactó contra su nariz.
— ¡Ouch! —Se quejó, cubriéndose con la frazada para tratar de protegerse del inesperado asalto a su integridad física.
Sintió un peso sobre su rostro y una fuerte y puntual presión sobre sus costillas, la cual inmediatamente identificó como un talón o una rodilla tratando de usar su cuerpo como una base para sentarse sobre su pecho.
— ¡Incon!
La pequeña voz fue el último empujón que los engranajes de su mente necesitaban para comenzar a hacer sentido de lo que estaba ocurriendo. Con una imagen mental un poco más clara, fue capaz de imaginarse el pequeño cuerpo de Lily, usando sus manos para tratar de destapar el rostro de su hermano. Con un cansado suspiro escapando de la tímida sonrisa que asomaba en su rostro, Lincoln removió la frazada que lo cubría, abriendo finalmente los ojos para ver a su hermana bebé.
Lily seguramente llevaba poco tiempo despierta, pues aún vestía su enterito color lila y las pantuflas que sus padres usualmente le ponían durante las mañanas. La bebé por lo general aguantaba una o dos horas antes de hacer todo lo posible para quitarse la ropa y quedar sólo en sus pañales. Él no la culpaba. Si leer cómics le había enseñado algo además de lecciones morales y verdades sobre la naturaleza del hombre, era que estar sólo en ropa interior era mucho más cómodo que estar vestido.
— ¿Cómo estás, Lily? —La saludó, usando sus codos como soporte para levantarse lentamente.
La infante rió y balbuceó una serie de sonidos alegres, llevando sus manos al rostro de Lincoln, refregándolo casi dolorosamente, con sus pequeñas y afiladas uñas clavándose en sus mejillas. Él rió también, contagiado por ella, y comenzó a darle pequeños y rápidos besos en sus manitos, haciéndola reír aún más.
— ¿La bebé quiere jugar con su hermano? ¿Eh? ¿Quieres jugar, bebé? —Le dijo, con su voz de "estoy hablando con un bebé", recostándose una vez más en su espalda y tomando a su hermana por las axilas, levantándola en el aire horizontalmente — ¡Un avión, Lily es un avión!
La bebé rió mientras él la movía ligeramente por el aire, soplando para hacer ruidos de turbinas y de viento. Mientras la entretenía, Lincoln se preguntó en qué clase de persona se convertiría ella. Apenas tenía quince meses, era imposible de adivinarlo. Si tuviera que basarse en el presente, quizás se convertiría en una artista (le encantaba tomar pinturas y manchar toda la casa), o quizás en una amante de zorros humanoides que cantan melodías del demonio. Esperaba con todo corazón que no fuese esto último.
Se preguntó también si quizás algún día se interesaría en cosas como cómics, o videojuegos, o ajedrez. Quizás encontraría las viejas pertenencias de su hermano mayor, y seguiría sus pasos. O quizás viviría toda su vida sin saber nada de Lincoln. Quizás nunca le interesaría aprender sobre él. Viviría una feliz vida de ignorancia, sin saber qué se había perdido.
Las quejas de la bebé lo trajeron de nuevo a la realidad, dándose cuenta que ya no la estaba moviendo en el aire, perdido en sus pensamientos. Ella movía sus brazos, tratando de motivarlo a que continuase jugando. Lincoln suspiró y se sentó, acercándola contra su pecho y abrazándola, moviendo su mejilla contra la cabeza de la pequeña. Lily trató de separarse, riendo sin embargo ante los cariños que su hermano le daba.
—Voy a encargarme de que todos te hagan saber lo mucho que te quise —le aseguró, aún sabiendo que ella no lo entendía y que no recordaría sus palabras.
Cuando finalmente logró liberarse de su agarre, Lily se paró sobre el regazo de Lincoln y estiró sus manos para aferrarse a los castaños y despeinados mechones de su hermano, tirando de él.
— ¡Ouch, ouch, ouch, con cuidado! —Se quejó él, con una sonrisa en su rostro.
Continuó permitiéndole que lo hiriera durante un minuto, hasta que Lucy bajó por las escaleras, susurrando el nombre de Lily mientras la buscaba con la mirada. Cuando sus ojos se cruzaron con los de Lincoln (negros mechones de flequillo en el medio), ella jadeó, acercándose rápidamente hacia el chico y la bebé. Él observó a su hermana, con su vestido negro sacudiéndose con el movimiento, y sus largas medias rayadas y zapatos negros tratando de no pisar el suelo plagado de colchones.
Parpadeó confundido y desvió la mirada hacia la ventana. Las persianas de la sala estaban bajas, pero la luz del sol se filtraba por entre las rendijas, dejando ver lo que parecía ser un día relativamente soleado, al menos comparado con el día anterior. No era esa la mayor preocupación de Lincoln, sin embargo, quien estaba ahora comenzando a darse cuenta de que había algo extraño en el entorno.
—Suspiro. Lo siento, Lincoln —se disculpó Lucy, arrodillándose a su derecha, sus manos descansando sobre sus rodillas—. Debía cuidarla y asegurarme de que no te despierte. Me distraje un segundo y ya no estaba… suspiro.
—Heh, no pasa nada, Luce —le aseguró—. ¿Qué hora es?
—Las diez y cuarto. Más o menos.
Él silbó. Con razón no había nadie más durmiendo alrededor suyo.
— ¿Y dónde están todas?
Lucy lo observó con su rostro imperturbable, tomándose unos sospechosos segundos antes de responder.
—La mayoría salieron. Lily y yo estamos aquí, evidentemente. Leni está en la ducha. Lynn está con papá en la cocina.
— ¿A dónde salieron?
—Ni idea —dijo, demasiado pronto esta vez.
— ¿No te dijeron?
—No pregunté. Estaba ocupada cuidando a Lily.
— ¿Y dónde está mamá?
—Salió con Lana y Lola.
Notó algo extraño en su hermana. No llegaba a identificar exactamente de qué se trataba, pero su sexto sentido le decía que un velo de tensión cubría la conversación, en lo que debería haber sido una muy relajada charla entre hermanos al inicio de la mañana. O a mitad de la mañana en el caso de Lucy. Decidió no presionarla. A estas alturas de su vida, no tenía sentido preocuparse por pequeñeces.
Su estómago gruñendo sí parecía cobrar importancia, sin embargo, por lo que con cuidado bajó a Lily de su regazo, destapándose finalmente de la frazada y poniéndose de pie. Se estiró, y los huesos de su columna tronaron.
— ¿Cómo dormiste? —Le preguntó a su hermanita.
—Fue… tranquilo, para variar. Dormí toda la noche.
—Me alegro. Yo también la pasé muy bien. Sus ronquidos no fueron tan terribles como esperaba —bromeó.
—Ha. Ha. Ha. Muy gracioso —dijo Lucy, su risa sonando extremadamente similar a cómo la pronunciaría el traductor de Google.
Lincoln amaba oírla reír tan sinceramente.
—Pues no sé tú, pero yo tengo hambre. ¿Ya desayunaste?
—Sí —dijo ella, poniéndose de pie y alzando en brazos a Lily, aparentemente inmutable a la forma en la que la bebé tiraba de su cabello, riéndose con el movimiento de los mechones negros —. Lynn volvió a preparar el desayuno. No fue lo mejor… pero recordó cómo me gustan los huevos.
Él sonrió, y rodeó los hombros de su hermana con su brazo, acercándola en un pequeño abrazo de costado. Algún tiempo atrás, ella se habría resistido, fingiendo que no le gustaba, incluso si por dentro su pequeño corazón palpitase más rápido. En esta ocasión, no fingió en absoluto. Sus labios se curvaron en la inconfundible forma de una sonrisa, e incluso se pegó más contra él, aceptando el abrazo. De no haber estado cargando a Lily, probablemente habría correspondido el gesto.
Era raro verla tan abierta con sus emociones… pero era un cambio más que bienvenido.
Avanzando entre colchones, los dos llegaron rápidamente a la cocina, donde su padre se hallaba dándoles la espalda, agachado para organizar el interior de la heladera. Junto a él, Lynn Jr estaba sentada sobre la mesada, aun vistiendo sus pijamas, con sus piernas balanceándose en el aire como pequeños péndulos, mientras ella repasaba lo que parecía ser su calendario deportivo por el resto de la temporada. Su cabeza estaba ligeramente inclinada hacia la derecha, y sus brillantes ojos avellana miraban al techo. Una de sus manos estaba desinteresadamente acariciando su cabello suelto, y Lincoln se detuvo, no queriendo interrumpir el momento.
—…Margo, pero estoy segura de que ella y Paula pueden encargarse del equipo por un tiempo. Ya saben que no voy a estar yendo a las prácticas, y dicen que van a hacer que todos entrenen el doble para compensar mi ausencia —se encontraba explicando en voz baja—. Las chicas de lacrosse también saben que no voy a ir, pero no estuvimos hablando mucho en estos días. También tengo que ir a hablar con Polly y las chicas de roller derby, pero no está en mi lista de prio...—
Sus ojos detectaron la presencia de Lincoln, Lucy y Lily, y se detuvo en medio de su explicación. Su rostro se puso colorado, e inmediatamente retiró su mano de su cabello, haciéndolo temblar en el aire.
— ¡Buen día, Stinkoln! —Lo saludó, bajando de un salto de la mesada, todavía sonrojada— Sí que dormiste, ¿eh?
—Sí, a decir verdad —dijo él, acercándose.
Su padre volteó y le sonrió a su hijo, acercándose a besar su frente y recibirlo con un abrazo.
—Pues, ¿cuál es el apuro por despertar si no hay nada que hacer? ¿Cómo estás, campeón?
—Hambriento.
— ¡Eso se soluciona rápido! LJ preparó hoy el desayuno de toda la familia.
—Y a nadie le gustó —dijo ella, cruzando sus brazos ofendida.
—La práctica hace a la perfección —retrucó Lincoln—. Estoy seguro que sea lo que sea que hayas hecho, será delicioso. Además, con el hambre que tengo, podría comer un periódico.
Charles apareció corriendo, entusiasmado por comer hojas de periódico junto a alguien más. Lincoln se separó de Lucy y Lily para agacharse a acariciar a su fiel amigo, quien no perdió tiempo en lamer sus manos y rostro. Desde la ventana, un celoso Walt lanzó miradas filosas hacia Lincoln antes de volar hacia el patio trasero.
—Bueno, pues… gracias —dijo Lynn, sonriendo contenta—. Es un poco estresante tener que preparar un tipo de huevos distinto para cada uno, pero también es divertido. Es como un juego.
— ¡Cocinar es genial! —Intervino su padre, sonado extasiado— ¡No puedo creer que finalmente una de mis hijas quiere aprender a cocinar! ¡Estuve esperando este momento por diecisiete años! ¡Y quién diría que Júnior sería la primera! Ya puedo imaginarnos a los dos como cocineros principales del nuevo restaurante. Podríamos llamarlo…. ¡"La mesa de Lynn"!
Los cuatro niños y el perro intercambiaron nerviosas miradas.
—O sea… hay tiempo para elegir un buen nombre, no hay que precipitarnos —dijo, con una nerviosa sonrisa, Lincoln, mientras el resto de sus hermanas y Charles asentían enérgicamente—. Estoy seguro de que encontraremos un nombre genial para tu restaurante, pa.
—Tienes razón, habrá que hacer un estudio de mercado. Kotaro se especializa en eso, estoy seguro que me ayudaría a cambio de un par de Lynnsagnas —comentó con ilusión, antes de sacudir la cabeza—. Lo siento, estoy divagando. ¡En seguida te caliento uno de los desayunos de Lynn!
Mientras su padre comenzaba a preparar la cocina, Lincoln volteó a ver a su hermana mayor.
—Oye, ¿tienes idea de a dónde fueron todas? Lucy dice que tuvieron que salir.
Las compañeras de cuarto se miraron, y mantuvieron una silenciosa conversación con una mirada que ni siquiera Lincoln, en su infinita sabiduría y conocimiento, pudo comprender.
—Bueeeeno, ya sabes cómo es… Lori iba a verse con Bobby, porque hace mucho que no se ven, Luna tomó sus amplificadores y se fue quién sabe a dónde… quizás con Sam… Luan, uh, ella, bueno, tú sabes… E-Es decir, ya sabes cómo es Luan, nunca nos dice realmente a dónde va —explicó la atleta, riendo con nerviosismo—. Uh, Lana y Lola se fueron con mamá a algún lugar… Y no tengo idea de a dónde fue Lisa. Me estaba duchando cuando ella se fue.
— ¿Te duchaste y te volviste a poner tu pijama?
—Oye, esta vez no hice ejercicio a la mañana. La ropa no estaba sudada.
Parte de él quería presionarla. Lynn no era la mejor de las mentirosas, al menos no con él. Creía conocerla lo suficiente como para poder insistir hasta sacarle la verdad. Pero Lucy estaba feliz, su padre parecía estar entusiasmado por prepararle el desayuno, Lynn se veía amigable y tranquila… Quizás las chicas sólo necesitaban tomarse una mañana para sí mismas, y tras verlo dormir, decidieron dejarlo allí con su padre y algunas de sus hermanas. Lynn tenía razón, por ejemplo, al mencionar la falta de contacto que Lori había tenido con Bobby. Quizás habían estado hablando por teléfono, pero Lincoln no recordaba que, desde que comenzaron a salir como novios, hubieran pasado una semana sin verse como ahora. Quizás… todas merecían un pequeño descanso de él. Un poco de tranquilidad, una vuelta a la normalidad de sus vidas.
Forzando una pequeña sonrisa, invitó a sus hermanas a sentarse junto a él en la mesa de los niños, allí mismo en la cocina, hablando y jugando con Charles (y Cliff, el celoso gato que se acercó en busca de amor) hasta que el desayuno llegó, y su estómago quedó complacido.
Media hora después, ya con el estómago lleno, se excusó de la mesa para ir a su habitación a vestirse.
—Sí, yo también voy a cambiarme. Voy a salir más tarde —dijo Lynn, acompañándolo hacia el piso de arriba.
En el camino, Lincoln cruzó por delante de la vitrina de trofeos, aún cubierta con una sábana.
— ¿Te regañaron feo cuando les dijiste que rompiste el vidrio? —Preguntó Lincoln mientras doblaban para subir por la escalera.
— ¿Qué vidrio?
—El de la vitrina.
—Ooooooh. Uh, no realmente. No les gustó, pero… Bueno, tampoco hicieron un escándalo.
—Hmmm… ya veo.
Una vez que llegaron a la planta alta, cada uno fue a su propia habitación. En cuanto la puerta se cerró detrás de él, el tenue sonido de la distante conversación en la cocina se apagó, y Lincoln quedó aislado del mundo exterior. En la soledad de su cuarto, acaso el único santuario de privacidad que le quedaba, suspiró. Sin su colchón ni sus sábanas, su recámara parecía más que nunca el viejo armario de limpieza que solía ser antes de que se quedasen sin lugar en la casa, y la necesidad de una nueva habitación se hiciera imperante. Debajo de la estructura de madera que sostenía su cama, Lincoln pudo ver su viejo baúl, donde guardaba, entre otras cosas, pelucas y disfraces de sus hermanas, para utilizar si es que la situación algún día lo requería.
Sonrió, recordando aquel día en el que había tenido que cubrirlas a todas. Había sido un verdadero caos. Pero su sonrisa no duró, pues pronto sus ojos se posaron en el calendario que había armado para sus últimos días, y el que había guardado debajo de su cama tras las constantes interrupciones de sus hermanas a su privacidad, y desde que Lucy había entrado por un descuido suyo.
Se agachó para recogerlo y echar una mirada a él. Ya era jueves. Esta casilla, la del viernes, la del sábado y la del domingo eran las últimas que quedaban en color blanco. A partir de allí, las dos semanas acabarían. El resto de los días estaban marcados en rojo.
Cuatro días. Cuatro días que ni siquiera estaban asegurados. Era posible que hubiera probado su último desayuno. En verdad ponía las cosas en perspectiva. Se sintió un poco mal por haber tratado de engañar a Lynn para sacarle información. ¿Qué le importaba si sus hermanas habían decidido tomarse una mañana para ellas? Se lo merecían, claramente. Por once días, no había hecho más que preocuparlas. Debería haber estado feliz por ellas. Lucy se mostraba más afectiva, Lynn había aceptado su look más femenino y su pasión secreta por la cocina. Tenía que aprovechar los pequeños momentos y no preocuparse tanto por estar en control de todo. Dejarse llevar. Que las cosas fueran espontáneas.
Tomó un marcador y tachó el jueves.
—Un nuevo día, un nuevo regalo. Una nueva oportunidad —repitió para sí mismo, como un mantra, antes de vestirse con sus ropas de siempre, más el detalle del viejo reloj mecánico que Adrien le había obsequiado como un recordatorio de que cada segundo contaba.
Con ese pensamiento de que había que hacer valer cada minuto, Lincoln tomó también la ahora oculta lista de objetivos de su Operación Despedida. Pese a todo, había logrado cumplir una importante cantidad de objetivos. Regalar sus cómics a Clyde, enseñarle movimientos en sus juegos de lucha, plantar un árbol, pasar una tarde con su padre, decirle la verdad acerca de quién había roto su trofeo de disco… Había también muchos pequeños objetivos centrados en sus hermanas que había logrado tachar. Como cantar con Luna, o tener una tarde compartida con Lynn, o leerle un poema a Lucy.
Había, sin embargo, muchas cosas aún por hacer, y algunos objetivos que sabía que no llegaría a terminar, pero que quería avanzar todo lo posible. Escribir un libro con su madre era uno de ellos, y el otro era su proyecto secreto con el que Luan tan gentilmente lo ayudaba.
Hmm. Se sentía inspirado como para seguir con ello.
Salió de su habitación, y la fortuna le sonrió, permitiéndole encontrarse con Lynn, quien también salía, ya vestida con su ropa cotidiana.
—Oye, Lynn, ¿puedo pedirte un favor? —Le preguntó, y su hermana se acercó con un gran salto, cayendo frente a él y acomodando su cabello suelto para que no le golpease el rostro.
— ¡Por supuesto! ¿Qué es?
—Necesito un rato a solas en la habitación de Luan. ¿Podrías decirle a Leni y los demás que no me interrumpan?
Ella ladeó la cabeza y alzó una ceja.
— ¿Para qué necesitas estar a solas en la habitación de Luan y Luna?
Lincoln aclaró su garganta, de pronto nervioso.
—Es… un secreto. Lo siento —se disculpó, ofreciéndole una mirada culpable y consternada—. ¿Pero podrías hacerme ese favor?
Estaba esperando que insistiera más, o que se mostrase desconfiada de sus intenciones. Pero en cambio, el rostro de Lynn se relajó, y asintió lentamente.
—Claro, hermano. Me aseguraré que nadie te moleste.
Suspiró aliviado, sumamente agradecido.
—Gracias, Lynn. Eres la mejor.
Comenzó a dirigirse rumbo a la habitación al final del pasillo, pero apenas pasó por delante de ella, una mano se cerró sobre su muñeca.
—Oye, Lincoln…
— ¿Sí? —Preguntó, deteniéndose.
Ella miraba al suelo, y sus labios estaban ligeramente apretados, pero en seguida levantó la mirada para verlo directamente a los ojos.
—Sólo… quería recordarte que te... quiero mucho —admitió, sus mejillas sonrojándose.
Lincoln sintió una cálida sensación expandiéndose por su pecho, y una tonta sonrisa creció en su rostro.
—Yo también te amo, Lynn —le respondió, abriendo sus brazos, invitándola a un abrazo que ella rápidamente aceptó. Duró más de lo que estaba acostumbrado a compartir junto a Lynn, pero aún así pareció terminar demasiado rápido cuando ella se separó, asegurándole que nadie iba a molestarlo, y retirándose hacia la cocina.
Lincoln la observó ir con una sonrisa en su rostro, antes de dirigirse hacia la habitación de su hermana mayor. Una vez dentro, fue directamente hacia el armario donde Luan guardaba su equipo. Ya acostumbrado al procedimiento, fue rápido en preparar la silla contra el improvisado escenario en el que Luan y Luna practicaban sus rutinas. Colocó también el trípode, la cámara y los micrófonos, asegurándose de que todo estuviera en lugar.
Se tomó unos minutos para pensar un poco sus palabras, aunque no demasiado, pues le gustaba ser espontáneo con estas cosas. Se preparó mentalmente, se aseguró de estar peinado, y dio inicio a la grabación, sentándose en la silla que había preparado y sobre la cual ya se había sentado por horas y horas durante la última semana.
—Hola, Luan —saludó a la cámara, haciendo su mejor esfuerzo para sonreír y mostrarse tan positivo y alegre como le fuera posible—. ¿Cómo estás? Espero que bien. No sé cuánto tiempo habrá pasado desde la última vez que hablamos, o que hayas mirado esta grabación, pero me encantaría escucharte y ver cómo has estado. No sé si seas todavía esa bonita chica de catorce años que recuerdo, o si ya seas más grande. ¡Quizás seas una adulta! Espero que esté yéndote muy bien en lo que sea que estés haciendo. Pero si estás viendo esta grabación, es porque no te sientes muy bien. No sé si es que estés triste, o confundida, o si necesitas alguna palabra de aliento. Tampoco sé cómo es tu situación ahora mismo. Pero sí sé una cosa: la Luan que yo conozco no se rinde ante nada, y es lo suficientemente inteligente como para encontrar una solución a lo que sea que te ocurra. Las cosas quizás no estén de la mejor manera ahora mismo, ¡pero yo sé que tú encontrarás la manera de resolverlo!
Ya entrado en ritmo, y con la experiencia de haber grabado ya muchísimos de estos videos motivacionales, saludos de cumpleaños, y mensajes de apoyo, no tuvo problema en seguir hablando por diez largos minutos, continuando ofreciendo apoyo moral para la versión futura de su hermana, esperando poder estar allí, de alguna forma, cuando ella lo necesitase.
Cuando cualquiera de ellas lo necesitasen.
Cuando salió al pasillo, habiendo guardado los archivos de video, nombrándolos y dejándolos listos para que Luan los guardase en la nube y los pasara a una copia física, Lincoln se sintió motivado. Las sesiones de grabación usualmente lo dejaban cansado y drenado, pero por algún motivo (la costumbre, quizás) ahora se sentía preparado para continuar con un día súper productivo. Tenía muchas cosas por hacer. Muchas hermanas con las que jugar y hablar, pasar un poco de tiempo con sus padres, quizás llamar a Ronnie Anne, pero sobre todo, arreglar las cosas con Clyde y el resto de los chicos.
Lo había pensado mucho. Tenía un plan preparado, como siempre. Iría a la casa de Clyde, sin aviso, y le pediría disculpas a él primero. Se disculparía por todo lo que había hecho, y le haría saber que pocas personas lo habían apoyado tanto como él durante esta gran crisis. Mucha gente consideraba a Clyde como un debilucho, pero la entereza moral y emocional que había demostrado para estar allí para Lincoln, ayudándolo a no sentirse solo ni abandonado era absolutamente respetable. Dudaba que ninguna otra persona podría haber cumplido su papel de mejor amigo mejor que él. Le debía demasiado.
Luego de arreglar las cosas con su mejor amigo, se encargaría de llamar a Rusty, Liam y el resto de sus amigos. Les debía una disculpa a todos. Y también haría un esfuerzo para tratar de visitar a Cristina y ofrecerle disculpas en persona. Él la había tratado especialmente mal, y de ninguna forma había sido culpa de ella. Si sus padres o sus hermanas supieran que le había gritado a una chica hasta hacerla llorar… él mismo tenía dificultades para perdonarse. No había excusas para su comportamiento. Había sido un idiota, y merecía ser castigado por ello.
Tenía toda su tarde planeada al detalle, pero como solía pasar en su casa, sus planes fueron inmediatamente olvidados y destrozados por la intervención de sus hermanas. Y en esta ocasión, fue la hermana que menos esperaba.
— ¡Hola, Linky! —Saludó Leni, saliendo de su habitación, caminando con sus brazos alzados como un pequeño T-Rex.
—Hola Leni. Buen día. ¿Cómo estás? —Preguntó, deteniéndose para saludar a su hermana.
— ¡Muy bien! No vas a creer lo que pasó. Estaba buscando mis zapatos y cuando revisé mi cartera, ¡me encontré con esta bolsita que tenía dinero dentro! —Dijo, mostrándole la billetera que sus padres le habían regalado hace poco.
—Oh… vaya, eso es, uh, ¡genial! Me alegro por ti —la felicitó Lincoln, forzando una sonrisa y levantando sus pulgares, contento.
— ¡Gracias! Y ya sé qué hacer con este dinero: ¡comprar ropa nueva!
La alegría que irradiaba el feliz rostro de Leni era contagiosa, y fue imposible para él resistir una sonrisa. Incluso con un guardarropa literalmente más grande que la habitación donde él dormía, su hermana encontraba inmensa felicidad en poder ir de compras al centro comercial y hacerse con nuevas prendas. Probar nuevas combinaciones, crear nuevos looks, jugar con los colores para generar sensaciones positivas. La moda era su gran pasión, y le producía una gran felicidad que Lincoln disfrutaba de ver.
—Eso suena genial, Leni. ¡No puedo esperar a ver qué cosas nuevas te compres!
— ¡Yo tampoco! Así que, ¿estás listo?
Él ladeó la cabeza.
— ¿Para qué?
— ¡Pues para ir de compras, tontito! —Respondió ella, como si fuera evidente— Vamos a buscarte un nuevo look.
—Espera, ¿qué? —dijo Lincoln, descolocado por la proposición— ¿Quieres comprarme nuevas ropas a mí?
— ¡Claro!
—Pero… Leni, yo no necesito más ropa, la que tengo me va muy bien —explicó, mientras para sus adentros agregaba "y no hace falta comprar ropa que no pueda usar por más de una semana".
—Es que, o sea, como que tu ropa se ve bonita y todo —le dijo, poniendo sus dedos en escuadra y sacando su lengua por un segundo, como un director tratando de visualizar una toma—, pero combinaba más cuando tenías tu cabello blanco. Ahora que estás castaño, creo que podrías usar un pequeño cambio de look para resaltar tus ojos y el nuevo color.
—Ok… no voy a discutir eso porque no sé mucho, pero en verdad yo tenía otros planes… ¿No sería mejor que te compres nueva ropa? ¡Es tu dinero después de todo!
Parte de él se sentía un poco mal por negarle un viaje al centro comercial a su hermana, pero en su mente, le estaba haciendo un favor. Las prendas le servirían mucho más a ella de lo que le servirían a él. Teniendo en cuenta la cantidad de camisas de polo, jeans y ropa interior que tenía en su guardarropa, probablemente ni siquiera haría falta que lavara nada…
Esa pequeña parte, presa de la culpa, terminó por consumirlo y volverse un insoportable dolor en el pecho cuando la sonrisa de su hermana se esfumó, su labio inferior salió delante en forma de puchero, y sus ojitos de cachorro comenzaron a brillar bajo la luz del pasillo. Maldijo a los cielos. Quizás allí era de dónde Lynn y las gemelas habían aprendido el truco. Y por más viejo y usado que este truco estuviera, era aún tan efectivo como siempre, corroyendo sus férreas defensas y dejándolo a la merced de la voluntad de sus hermanas.
— ¿Por favorcito? —Pidió ella, llevando sus manos hacia sus mejillas, haciéndolas ver aún más adorables e irresistibles.
Suspiró y cerró sus ojos. A veces resultaba hasta peligroso lo fácil que sus hermanas podían manipularlo. Incluso si no lo hacían con maquiavélicas intenciones. No es que no quisiera pasar una tarde con Leni… seguramente se lo debía, pues no habían pasado mucho tiempo juntos últimamente. Sólo no estaba entusiasmado por tener que re-planificar su tarde y sus planes para disculparse con todos sus amigos. Quizás debería no ir a la casa de Cristina personalmente, quizás bastaba con una llamada.
Sea como fuere, se preocuparía por eso más adelante. Ahora debía ponerle la mejor de las caras y de los ánimos a esta inesperada salida al centro comercial, y disfrutarla como correspondía, junto a su adorable hermana mayor.
—Ok, de acuerdo. Déjame ponerme un abrigo antes de salir —le dijo con una sonrisa, y el rostro de su hermana se iluminó una vez más.
— ¡Yay! ¡Vamos a dejarte súper bonito! —Dijo, volteando en dirección hacia su habitación, antes de detenerse y voltear una vez más hacia él— Aunque, o sea, eso no significa que no seas súper bonito ahora. ¡Lo eres!
Rió un poco, aunque no pudo evitar sonrojarse ante aquellas palabras.
Se dirigió hacia su habitación, echando una rápida mirada a través de la ventana circular que allí tenía. Veía muchas nubes blancas, pero también algo de luz. Descartó ponerse guantes y bufanda, pero aún así tomó su chaqueta roja que solía usar en días de nieve o de mucho frío. Chequeó su reloj. Eran un poco pasadas las once, por lo cual prácticamente había perdido toda la mañana. Sacudió la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos intrusivos y concentrarse en pasar una excelente tarde junto a su hermana.
Movió algunos papeles de su escritorio buscando su teléfono, hasta que recordó que no lo tenía en su poder, habiéndoselo olvidado en la casa de sus amigos. Una mezcla de suspiro y gemido irritado escapó de su garganta, antes de que forzara nueva sonrisa para salir al pasillo.
Leni lo estaba esperando junto a la escalera, vistiendo sus ropas de siempre, sin nada que la abrigase más que una bufanda rosa enroscada alrededor de su cuello.
— ¿Estás listo, Linky?
—Yo sí lo estoy, pero ¿no deberías ponerte algo para protegerte del frío?
—No está tan frío. Estuvimos afuera con las chicas a la mañana y no estaba tan mal, no te preocupes —le aseguró, comenzando a bajar las escaleras.
Encogiéndose de hombros y decidiendo que no valía la pena discutir, la siguió escaleras abajo. Lucy y Lynn estaban en la sala, haciendo jugar a Lily con unos bloques, poniendo caras bobas y haciendo ridículos sonidos para que la bebé riera. Le sorprendió ver a Lucy sacando la lengua. No era nada extraordinario, pero denotaba cierta intención de la pequeña gótica de mostrar emociones, lo cual era un interesante desarrollo.
Por un momento, Lincoln se preocupó al imaginar sus reacciones cuando les dijera que iba a ir al centro comercial junto a Leni. Seguramente insistirían en unírseles e ir con ellos, lo cual haría de la visita una mucho más larga de lo que él realmente quería. Y cuando el resto de sus hermanas volvieran de… donde sea que se encontraban, no tenía duda alguna de que se pondrían celosas porque él no había pasado tiempo con ellas.
Sus preocupaciones fueron demostradas inválidas cuando Leni les avisó que irían al centro comercial, y ellas apenas voltearon a verlos, desearles suerte, y volver a posar su atención sobre la bebé. Huh. Quizás estaban disfrutando y divirtiéndose con este momento fraternal que las dos estaban compartiendo junto con Lily. No iba a quejarse si ese era el caso.
Lincoln y Leni salieron de la casa y comenzaron a caminar por la acera. El día estaba ciertamente lejos de ser uno de verano, pero comparado con el día anterior, era el paraíso. Lo primero que notó fue que su hermana tenía razón al decir que quizás su abrigo estaba de más. No era una temperatura cálida ni mucho menos, pero estaba ciertamente tolerable. El césped estaba lleno de lodo, y algunos charcos de agua se mantenían aún junto a los cordones de la calle, no habiendo drenado del todo. Esponjosas y blancas nubes cubrían casi la totalidad del cielo, mucho más amenas y agradables a la vista que los peligrosos nubarrones del día anterior, pero presentaban cada tanto pequeños huecos y porosidades a través de las cuales la luz del Sol lograba filtrarse, bañando la ciudad con un amarillento tono que inspiraba tranquilidad y serenidad. O al menos así es como Lincoln lo percibía, entrenado ahora en el arte de disfrutar los pequeños momentos de la vida.
—Es un lindo día, ¿no? —Preguntó Leni, como si estuviera leyendo sus pensamientos.
—Sí… lo es, de hecho.
—Me gusta salir a caminar después de que llueve. Las plantas brillan un poquito más con las gotas de agua en los pétalos y las flores —admitió, señalando con el dedo a las flores que el Señor Quejón tenía en su jardín. Ahora que ella lo decía… sí, la suave luz del sol brillaba un poco más en los pétalos. Nunca lo había notado.
—Tienes razón. Se ve mucho más bonito —reconoció, impresionado—. No sabía que te gustasen los días de lluvia.
—Bueno, no es como que me encanten, porque cuando llueve tengo que quedarme en casa o esperar a que Lori me lleve a algún lado, pero los días de lluvia son buenos para los demás.
— ¿Para quiénes?
— ¡Para todos los demás! —Dijo, extendiendo sus brazos a ambos lados, como si quisiera abrazar al mundo— Los animalitos necesitan la lluvia para bañarse y beber de los charcos, y las plantas esperan a que llueva para crecer sanas y fuertes.
—Oh… vaya, eso es muy cierto, de hecho. Nunca… nunca lo había visto de esa manera —admitió él, llevando una mano a acariciar su mentón mientras procesaba esta nueva información, este nuevo ángulo y cambio de perspectiva que nunca había considerado—. Normalmente me quejo de los días de lluvia, pero supongo que sí es importante tenerlos de vez en cuando. Es una linda forma de ver las cosas.
—Además, si nunca lloviera, no necesitaríamos paraguas, y nunca podría usar mi Doppler rosa que me compré en el otoño pasado. ¡¿Te imaginas tener un paraguas tan bonito y no poder usarlo nunca?!
Él rió en voz alta.
—Sí, supongo que eso sería una desgracia —dijo con una gran sonrisa en su rostro, poniendo sus manos dentro de los bolsillos de su chaqueta mientras caminaba junto a su querida y tan particular hermana.
El Centro Comercial de Royal Woods guardaba un lugar muy especial en el corazón de Lincoln. Para un niño como él, en una ciudad relativamente pequeña como lo era Royal Woods, el inmenso edificio era una especie de fortaleza de la diversión y el entretenimiento. El arcade de Gus tendría siempre un lugar en su corazón, pero el centro comercial era sencillamente lo mejor que la ciudad tenía para ofrecerle a su población joven en búsqueda de algo interesante.
En esta ocasión, sin embargo, él y Leni iban con el objetivo de compartir una tarde, algunos momentos como hermanos, y Lincoln estaba convencido de que la pasarían bien.
— ¿A dónde quieres ir primero? —Preguntó Leni, deteniéndose junto a la fuente en medio del gran hall del edificio.
Y pensar que en esa fuente, tan sólo unos días atrás, él había besado a Ronnie Anne…
— ¿Hola? Tierra a Lincoln, ¿estás ahí? —Dijo ella, pasando una mano por delante de las orejas de Lincoln— ¿Te quedaste dormido de pie y con los ojos abiertos?
—No, lo siento, sólo estaba pensando… Uh, pues, no sé, ¿qué crees que necesito? —Dijo, abriéndose de brazos y piernas para que ella lo viera a cuerpo completo.
Leni entrecerró los ojos, mirándolo de arriba a abajo y caminando a su alrededor. Tras unas cinco vueltas, finalmente se detuvo frente a él.
—Ok, yo creo que los jeans están bien. Todo el mundo sabe que los jeans combinan con todo, y es la mezcla perfecta de estilo y casual. Tus zapatillas… pues, como que no desentonan. Además, eres un niño, no podemos esperar más de ti.
—Uh, ¿gracias, supongo?
— ¡De nada! Así que creo que en lo que tenemos que trabajar es en reemplazar tu camisa de polo. El naranja es muy chillón y distrae de tu cabello y tus ojos.
—Pero tú siempre dijiste que el naranja acentuaba mis ojos.
— ¡Eso era con tu cabello blanco, tontito! —Le dijo, apretando con un dedo la nariz de su hermano menor, sonriéndole cálidamente— Los colores sólo funcionan en contexto, Linky, el mismo color puede ser cálido o frío dependiendo de lo que tiene alrededor, y de la cantidad exacta de colores que intervienen y las proporciones de cada uno respecto del total.
Parpadeó un par de veces, alzando sus cejas, con sus ojos casi saliéndose de su cráneo.
—Wow, Leni, eso, uh, eso sonó casi a como Lisa lo explicaría —reconoció, absolutamente impresionado. Su hermana, sin embargo, se vio muy preocupada de repente.
— ¡Oh, no! ¿Estoy ceceando? ¡Mamá dijo que no era contagiosho! ¡Oh, no, ahí eshtá! ¡Oh, no, lo hishe de nuevo!
—No, no, no me refería a eso —le dijo, tratando de calmarla—, no te contagiaste de nada, estás igual que siempre.
— ¿Lo estoy?
—Sí, ¿ves? No ceceaste, estás bien.
Leni suspiró aliviada, dándole un fuerte abrazo.
— ¡Eres el mejor, Linky, curaste mi ceceo! —Le agradeció, aparentemente fascinada por sus mágicas habilidades curativas— ¡Siempre logras que todo salga bien!
—Si tú lo dices…
— ¡En serio! —Dijo Leni, separándose del abrazo, tomando su muñeca y arrastrándolo hacia la boutique del primer piso— Las chicas y yo siempre estamos impresionadas por cómo logras resolver las cosas. ¡Casi siempre hablamos de ti en nuestras reuniones de hermanas secretas a las que no te invitamos!
—Oh —dijo, frunciendo el ceño ante la nueva información—. No sabía que hacían eso.
—Por supuesto que no, son secretas, duh.
Subieron por las escaleras mecánicas, y tras girar a la derecha, Leni entró en su tienda favorita. Lincoln la había acompañado allí decenas de veces, y sabía que Leni podía tardarse horas en elegir una prenda. Se preparó para un proceso similar, tratando de sacar lo mejor de esta experiencia. Estaría haciendo feliz a Leni, se dijo, y eso era suficiente para él.
Su hermana se detuvo en medio de la entrada, su cabeza moviéndose de lado a lado a grandes velocidades, como una suricata centinela, hasta que sus ojos encontraron lo que buscaba, y con una gran sonrisa de oreja a oreja, salió disparada hacia el mostrador, casi arrancándole un brazo al pobre Lincoln, quien hizo lo posible para seguirle el paso.
— ¡Holaaaaa! —Saludó, deteniéndose abruptamente y causando que Lincoln se estrellara contra su espalda.
Mientras recuperaba los sentidos, escuchó dos voces chillando alegremente.
— ¡Leni! ¡Qué alegría! No te vemos hace como dos semanas. ¡Qué bonita bufanda! —Dijo una voz femenina.
— ¿Cómo estás, querida? ¡Muak, muak! —Escuchó, esta vez proveniente de una voz masculina que parecía estar besando en la mejilla a su hermana.
— ¡Hola Miguel, hola Fiona! ¿Conocen a Lincoln? ¡Es mi hermanito menor! —Les dijo, demostrando los frutos de su entrenamiento con Kaio-sama al levantar a Lincoln en el aire y colocarlo justo delante de sus amigos.
Lincoln no recordaba haberlos visto anteriormente. Ambos trabajaban en la boutique, como las etiquetas con sus nombres indicaban, pero quizás habían comenzado a trabajar hace poco. Miguel era un joven latino, con cabello perfectamente peinado y engelado, vistiendo una simple y apretada remera blanca y unos jeans comunes. Fiona estaba un poco más producida, con su gran y voluminoso cabello atado en una de caballo, un pañuelo amarillo adornando su cuello, un sweater rayado en dos tonalidades rosas, y jeans azul claro. Lo estaban mirando de arriba a abajo, probablemente fijándose en su ropa, hasta que Miguel le sonrió y se agachó a su altura.
— ¡Buenos días! Es un honor finalmente conocer al gran Lincoln Loud —le dijo, extendiéndole una mano—. Leni nos ha hablado muchísimo de ti.
— ¿Ah sí? —Dijo, estrechándole la mano a Miguel y echándole una mirada a su hermana, quien asintió sonriente.
—Sí, siempre nos cuenta del fabuloso hermano que tiene. ¡Uno creería que eres un superhéroe por la forma en la que ella se refiere a ti!
—Oh… Yo, eh, no tenía ni idea —dijo, sintiendo sus mejillas sonrojándose.
—Oye, ¿no habías dicho que tenía cabello blanco? —Preguntó Fiona.
—Se lo teñimos el otro día, así que vine a buscarle un nuevo look que combine con el castaño —explicó Leni, acercándose a Lincoln y quitándole su abrigo rojo, dejándolo con su camisa de polo.
Los dos vendedores llevaron una mano a sus cinturas y la otra hacia sus mentones, dejando salir un prolongado "Ooooh".
—Sí, ya veo —dijo Miguel, escaneando al pequeño joven—. Naranja y azules son colores complementarios y están perfectamente proporcionados…
—...pero el cabello castaño lo desbalancea —añadió Fiona, y los tres adolescentes asintieron al unísono.
—Hay que encontrar el color perfecto para Lincoln. ¿Saben lo que eso significa?
Los tres se miraron entusiasmados y saltaron en el aire con sus brazos abiertos, como niños en Navidad, gritando:
— ¡Show de moda!
—Oh, no —dijo un aterrado Lincoln.
Aparentemente, no mucha gente estaba en búsqueda de ropa nueva en aquella tienda, pues nadie los molestó mientras preparaban tres sillas en frente de uno de los cambiadores, empujaban a Lincoln dentro, y le alcanzaban toda clase de prendas. Lincoln nunca había sido fan de desfilar para sus hermanas, y hacerlo frente a dos adolescentes que apenas conocía no lo hacía sentir mucho mejor. Tampoco estaba del todo feliz con la cantidad de remeras, camisas, buzos, sweaters y chaquetas que comenzaron a apilarse fuera del cambiador.
Esperando que no durase demasiado, comenzó con el primero de los ítems, una musculosa de baloncesto con el "99" en el pecho y la espalda. Se vio al espejo. Lynn seguramente le pondría un diez. Salió, sin embargo, y tras caminar por delante del jurado, los tres sacudieron sus cabezas, mostrándole pulgares hacia abajo. Suspiró, y volvió a entrar al cambiador, probando esta vez una camisa hawaiana turquesa con flores rosas. Al mirarse al espejo… huh, pues no estaba tan mal. Salió nuevamente, esta vez caminando un poco más entusiasmado. Fiona le dio el pulgar arriba, pero Leni y Miguel no aprobaron su look, lo cual le bajó un poco los ánimos, pues le gustaba esa camisa. Pero decidió probar suerte con la próxima prenda.
El proceso se repitió una y otra vez, y mientras más lo hacía, más divertido se volvía para Lincoln. Lo tomó casi como un juego, tratando de cambiarse a la máxima velocidad posible, y su actitud comenzó a verse reflejada en su forma de caminar, cada vez más divertida y más parecido a un verdadero desfile de moda. Miguel pareció notar su entusiasmo y colocó su teléfono en el suelo, haciendo sonar música electrónica con un ritmo súper enérgico y pegadizo, ocasionando que el pequeño chico de cabello castaño comenzara a desfilar al ritmo de la música, llegando incluso a levantar la barbilla y apretar sus nalgas como Lola le había enseñado.
Era un tanto frustrante el cambiarse tanto de ropa, pero terminó acostumbrándose, y pese a que ningún look parecía complacer al jurado, no perdió las esperanzas. Continuó con el juego, hasta que finalmente encontró una remera de la que se enamoró a primera vista, y fue allí donde se plantó firme.
—Linky, Fiona y yo bajamos el pulgar, eso significa que tienes que cambiarte —le explicó Leni.
— ¡Pero me gusta! —Dijo, dando una vuelta.
—A mí también me gusta, ¿qué tiene de malo? —Preguntó Miguel.
—Es un color muy saturado, distrae demasiado, sus ojos no destacan así —señaló Fiona.
—Ok, ya, pero evidentemente le gusta. ¿Qué sugieren para que pueda usar la remera sin que sea tan disruptiva?
Las dos chicas pensaron por unos instantes antes de intercambiar una mirada cómplice, y Fiona se levantó para ir a buscar una nueva prenda, volviendo un minuto más tarde y ofreciéndosela a Lincoln. Él la vio con interés, entrando al cambiador a probársela. Se la colocó rápidamente, y se miró al espejo.
Era una chaqueta de estilo universitaria, con mangas negras y torso y capucha naranjas, casi del mismo tono que su clásica camisa de polo. Se la probó cerrada, pero luego abrió el cierre, dejando que se viera la roja remera, con el logo de Ace Savvy en medio del pecho. Se vio desde distintos ángulos en el espejo, y le gustó lo que veía. Leni tenía razón: quedaba mejor con su nuevo color de cabello. Cuando salió y desfiló frente al jurado, los tres levantaron sus pulgares, sonriendo conformes con la elección.
—Me los llevo —dijo sonriendo y dirigiéndose nuevamente al cambiador.
—No te los quites, llévatelos puesto —le dijo Leni, levantándose y acercándose a hablarle mientras Miguel y Fiona recogían las decenas de prendas que le habían llevado.
— ¿No sería mejor volver a casa y cambiarme allí?
— ¡Cuando tienes un cambio de look, tienes que usarlo desde el primer momento! No puedes dejar que la gente del centro comercial te vea como tu viejo tú. ¿Por qué crees que siempre salimos peinados de las peluquerías?
—Eso… —estuvo a punto de explicarle la muy clara diferencia entre ambas situaciones, antes de decidir que no valía la pena. La ropa era bastante cómoda, de todas formas. —Tienes razón. Creo que así estoy bien.
— ¿Y qué van a hacer ahora? —Preguntó Fiona, mientras guardaba la camisa de polo y el abrigo rojo de Lincoln en una bolsa de regalo y se la daba a Leni mientras Miguel le cobraba.
— ¡Ir a otra tienda a buscar más ropa, duh! —Comentó alegremente.
La idea no le agradó del todo a Lincoln. Ya habían estado probándose ropa por más de una hora y media. ¿En serio iban a pasar por todo ese proceso de nuevo?
— ¿En serio crees que necesito más? —Preguntó— Dijiste que mis jeans y mis zapatillas estaban bien.
—Sí, pero no te compramos ropa interior.
— ¡N-No voy a probarme ropa interior!
—Oh… Bueno, entonces no hagamos eso —dijo Leni, pensativa— ¿Qué podemos hacer?
—Pues… no sé tú, pero yo ya tengo hambre —admitió, frotando su estómago.
— ¡Oh, ok! ¡Podemos ir a comer, entonces! ¡Nos vemos, chicos!
— ¡Adiós, Leni, nos vemos luego! —Saludó Fiona con una sonrisa.
— ¡Hasta luego! ¡Un gusto conocerte, Lincoln, espero volver a verte! —Le dijo Miguel.
Él los saludó a ambos, diciéndose a sí mismo que a él también le gustaría poder volver a verlos. Siguió a Leni mientras caminaban junto al gran vacío que balconeaba hacia el Hall de acceso del centro comercial.
— ¿Verdad que Miguel y Fiona son geniales? —Preguntó su hermana, con una sonrisa en el rostro —Son súper amables, y la otra vez me dijeron que querían que los acompañase a comer después de que terminarán su turno en la boutique.
—Sí, me cayeron bien —admitió—. Creo que ya sé porqué te gusta tanto esta tienda, ha.
— ¡Sí! Además, ellos ganan más por cada cosa que venden a su nombre. O sea que mientras más les compre, más los estoy ayudando. ¡Todos ganan! Excepto papá. ¡Pero si mis amigos son felices, yo soy feliz, y si yo soy feliz, papá es feliz! ¡Yay!
Era imposible no contagiarse de la inmensa alegría que Leni generaba. Ella era un faro de luz y felicidad, marcando el camino y guiando a las almas perdidas en el tormentoso mar de la vida. La simplicidad e inocencia de su forma de ser y miradas sobre el mundo eran refrescantes, y ayudaban a Lincoln a sentirse mejor. Mientras se acercaban al buffet de comidas, con todas las sucursales de franquicias de comida rápida, se detuvo a observar a su hermana. No sólo mirarla, sino prestar atención a lo que veía.
Su hermana era bonita. Hermosa, incluso, no temía decirlo. Su cabello se encontraba impecable, mucho más claro y cuidado que el de su madre o sus hermanas, Lola incluida. Su maquillaje, colocado con ayuda de Lori, ocultaba cualquier tipo de imperfección que su rostro podría llegar a tener. Su sonrisa magnética atraída todas las miradas, y era fácil quedarse con ello y pensar en lo muy feliz que se encontraba. Lincoln la conocía mejor que la mayoría de las personas, sin embargo, por lo que estaba convencido de que podría ver las pequeñas señales de tristeza y angustia que la atacaban. Los reflejos de tristeza en sus ojos, los músculos tensos de una sonrisa forzada, los suspiros cansados… Los detalles que podían cambiar la percepción de su estado de ánimo, y que él estaba convencido de poder descubrir.
Y sin embargo, sin importar qué tanto la estudiase… Leni simplemente se veía feliz. Honestamente feliz. Y él no sabía cómo sentirse al respecto.
— ¿Qué quieres comer? —Preguntó Leni, una vez hubieron llegado al buffet.
—No lo sé. Ya comí en Burpin Burger el otro día. ¿Qué tal si pedimos una pizza wantán de Giovanni Changs China Bistro Italiano?
— ¡Suena súper genial! ¡Vamos!
Se sentaron en una de las mesas fuera de la sucursal del particular restaurante de fusión, esperando a que algún mesero viniera a tomar sus órdenes.
—Hace mucho que no comía aquí —recordó Lincoln, mirando a su alrededor—. Creo que la última vez fue en el restaurante principal, cuando creímos que Bobby estaba engañando a Lori con sus compañeras de trabajo, vecina y profesor de danza. Heh. Qué loco que hayamos creído que en serio la estaba engañando, ¿no?
—Mmm… Para ser honesta, como que nunca aclaró lo del perro. Pero sí, Bobby es súper genial para Lori. Ella está mucho más feliz y relajada desde que está con él, y eso me pone contenta a mí también.
—Ok, puedo ver que esté más feliz, se nota mucho, ¿pero a qué te refieres con relajada?
— ¿Qué no te has dado cuenta? —Preguntó ella, luciendo honestamente sorprendida, como si Lincoln acabase de notar que el cielo era azul o que la palabra "desayuno" significa literalmente "romper (des) con el ayuno de la noche"— Antes de que se pusieran de novios, Lori era muy mandona y nos gritaba para que hiciéramos caso y no nos portásemos mal. Pero después de que comenzaron a salir, de a poquito fue relajándose, y ya no se estresa tanto por mandonearnos.
Lincoln trató de hacer memoria. Entendía perfectamente a qué se refería Leni con lo de una Lori mandona. Todavía recordaba aquella noche en la que la habían atado en su habitación, nombrándolo a él como persona a cargo, en una noche de libertinaje que debió ser rectificada por la autoridad de la hermana mayor. Pero aquella memoria parecía ya lejana. Trató de recordar algún ejemplo más cercano… alguna ocasión donde se hubiera comportado súper autoritaria, mandona o enfadada… pero ningún ejemplo reciente se le ocurría.
—Huh. ¿Sabes algo? Creo que tienes razón. Sí que se ha calmado desde que conoció a Bobby.
—Ella nunca lo mencionó, pero creo que, como que estar en una relación con otra persona le hizo entender que no puede estar siempre a cargo, que no todo depende solamente de ella, y que a veces tiene que confiar en que otras personas hagan las cosas por sí mismas —le dijo ella, revisando su teléfono celular y enviando un mensaje a quién sabe quién.
Lincoln no se sintió ofendido por el uso del teléfono frente a él. Estaba demasiado anonadado por la gran capacidad de percepción e introspección que Leni demostraba una vez más en tan poco tiempo.
Ella les había dicho en alguna ocasión que había más que aire en su cabeza, y él se encontraba preguntándose muchas veces exactamente qué es lo que había allí. Él sabía que su hermana era un poco más despistada que el resto de ellos. De pequeño, le había preguntado a su madre, quien le había asegurado que Leni no tenía ningún problema, pero que veía las cosas de otra manera. A veces había que tener cuidado con la forma en la que uno le hablaba, pues lo que para uno podía llegar a resultar obvio, ella podría interpretarlo de otra forma. Era fácil acostumbrarse a ello, pero aún a sus once años, Lincoln se encontraba a veces cuestionándose exactamente cuál era el potencial de su hermana. De vez en cuando parecía hasta necesitar de instrucciones para llegar a la cocina, y luego tenía momentos como el que acababan de compartir, donde le ofrecía un profundo análisis de la personalidad de su hermana, demostrando comprenderla mucho mejor de lo que incluso él lo hacía.
Era como si no fuese particularmente experta en materia de sentido común o conocimiento académico, pero sus capacidades de empatía y de leer a las personas era muy superior a la del resto de los mortales que caminaban la Tierra. Ella era capaz de entender a los otros. De comprender lo que les sucedía, lo que los aquejaba, lo que los motivaba, lo que les gustaba. Era la mejor de toda la familia en organizar fiestas de cumpleaños porque era la única que se tomaba el tiempo de hablar con todos y saber qué era lo que realmente querían. Toda la familia solía llevarse sorpresas al ver lo mucho que Leni sabía sobre ciertos temas, sin que nadie lo esperara.
Se preguntó, pues, qué tanto entendería de su situación. Había llorado en el hospital. Había llorado la noche anterior en su pijamada. Había llorado junto al resto de la familia el día anterior cuando Lori lo trajo a casa sano y salvo. Él suponía que ella estaba consciente de que su hermano menor tenía una enfermedad terminal, pero a veces era difícil saberlo. ¿Cuántas veces durante estas dos semanas le había hablado como si nada? Siempre con una honesta sonrisa. Y él sabía que era honesta, porque tenía suficiente experiencia con sonrisas forzadas como para reconocer una auténtica cuando la veía. Y Leni nunca forzaba sonrisas frente a él. Siempre lo trataba con delicadeza, con tranquilidad, como si las cosas no estuvieran mal. Como en este momento, mientras esperaban impacientemente a que algún mesero se les acercara, y ella miraba distraídamente a su derecha, como si no tuviera apuro por nada.
No le agradaba la idea de arruinar el momento… pero tenía que sacarse la duda.
—Oye… Lo siento si esto es muy repentino, pero, ¿sí estás consciente de que…? ¿Leni? ¿Leni, me oyes?
Su hermana estaba ciertamente distraída de la conversación, pero sólo porque su atención estaba centrada en algo más. Lincoln volteó para ver qué era lo que le preocupaba tanto a su hermana. Parecía estar fijando su atención en otra mesa, donde los dos comitentes miraban con desdén a una niña coreana que parecía ser de la edad de Lincoln, su cabeza apenas más alta que la mesa, parada derecha y serena. Vestía unas zapatillas comunes, shorts negros, y una blusa azul que dejaba expuestos sus hombros.
—Bienvenidos a Giovanni Changs —dijo, con una voz exageradamente grave y formal, sacando una libreta y un crayón—, ¿tienen decididas sus órdenes, caballeros y caballeras?
Los dos clientes intercambiaron una mirada.
—Uh, ¿tú trabajas aquí?
— ¡Absolutamente! Tengo como quince años de experiencia.
No parecían muy convencidos por su respuesta, y por suerte para ellos, un mesero vestido con el uniforme de trabajo del restaurante se acercó rápidamente.
— ¡Sid! ¿Qué te dije de molestar a los clientes? —Dijo, regañando a la pequeña.
— ¡Pero tío, no los estoy molestando! ¡Estoy tomando sus órdenes! ¿Ves? ¡Hasta traje una libreta para no olvidarme!
El tío de Sid sacudió la cabeza, antes de tomar la libreta de la chica y hacerle un gesto para que se retirara.
— ¡Pero hay mucha gente, necesitas que te ayude a tomar órdenes!
—Sid. Ve al arcade —dijo, sonando más resignado que enfadado.
La chica suspiró, derrotada, y se alejó, arrastrando los pies y luciendo sumamente triste. Su tío procedió a pedirle disculpas a los clientes y tomar sus órdenes. Lincoln observó el hecho con curiosidad. La chica parecía estar queriendo ayudar. Él no veía nada malo en ello.
Aparentemente, tampoco Leni, quien esperó a que la chica se acercara a ellos para levantar la mano y llamar su atención.
— ¡Hola! —La saludó, haciendo que la chica se detuviera en su lugar— Escuché que trabajas aquí. ¿Podrías tomar nuestra orden?
—Uuhh, Leni, creo que ella no…
Lincoln no terminó su frase, pues el semblante de la muchacha cambió por completo, con estrellas saliendo de sus ojos. Dejó escapar un chillido emocionado antes de colocarse junto a su mesa, tratando de lucir profesional y bajo control, incluso si la boba sonrisa de su rostro la traicionaba.
— ¡Por supuesto, su señoría! —Le dijo, tratando de sonar formal— ¿Ya tienen decidido qué comer?
—Sí, pero antes de eso… Oh… por… ¡Dios! ¡Qué bonita blusa!
La chica pareció sorprendida al principio, pero rápidamente se sonrojó, y su sonrisa creció un par de centímetros.
— ¡Aw, muchas gracias! ¡Tu bufanda también es hermosa! ¡Combina con tus aretes!
— ¡Gracias!
— ¡Y tu remera y campera combinan perfecto con tu cabello y tus ojos! —Le dijo a Lincoln, apoyándose en la mesa y acercándose a él, completamente olvidando las formas y la etiqueta de mesera.
— ¡¿Lo ves, Lincoln?! —Dijo Leni, súper feliz y aplaudiendo— ¡Sabía que este nuevo look era perfecto!
— ¡Totalmente, Lincoln! —Añadió la chica, antes de extender su mano derecha— Me llamo Sid, Sid Chang. Mi abuelo es Giovanni Chang, el dueño del restaurante y las franquicias.
—Lincoln Loud —le dijo, aceptando el saludo de esta extraña e hiperactiva chica.
—Y yo soy Leni.
— ¡Eres muy bonita, Leni!
— ¡Tú también, Sid!
Las dos chicas estaban demasiado ocupadas sonriéndose mutuamente, por lo que Lincoln, echando una rápida mirada para asegurarse de que el tío de Sid no los viera, decidió acelerar las cosas.
—Entonces, uh, ¿podemos pedirte la comida?
— ¡Oh, sí, claro! Pfft, qué tonta —dijo, dándose un suave golpe en la cabeza y cruzando sus ojos—, casi lo olvido. ¡Pidan lo que quieran!
—Yo quiero un jugo exprimido de frambuesa.
—Jugo exprimido de frambuesa, lo tengo —dijo Sid, cerrando los ojos y apretando con los dedos índices sus sienes, como si estuviera grabando a fuego la información en su mente—. ¿Qué más?
—Yo sólo quiero una soda común. Y una pizza wantán.
—Ooooh, hohoho, ¡esa es mi favorita!
— ¡También la mía! —Celebró Leni, y Sid la miró como si estuviera frente a una superestrella.
— ¡Ok! ¡Jugo exprimido, soda común, mi pizza favorita! ¡En seguida se los traigo! ¡No les fallaré! ¡Este es mi primer pedido! ¡¿Estoy perdiendo demasiado tiempo?! ¡Creo que estoy perdiendo demasiado tiempo! ¡Ya vuelvo!
La pequeña salió disparada, dando saltitos hacia el mostrador, y anotando las cosas rápidamente en un papel que pasó hacia la cocina. Se quedó allí esperando, y cuando notó que Lincoln la estaba mirando, lo saludó con la mano y con una sonrisa de oreja a oreja.
—Vaya. Sí que estaba emocionada —comentó él, saludándola de regreso.
— ¡Súper emocionada! —Añadió Leni, antes de inclinarse sobre la mesa y mirarlo intensamente— ¿Viste lo que dijo de tu ropa? ¡Sabía que habíamos encontrado la combinación perfecta!
Durante unos cinco minutos, los dos hablaron acerca del nuevo look de Lincoln, preguntándose qué opinarían sus hermanas, padres y amigos acerca de esta nueva apariencia. Los dos parecieron estar de acuerdo en que Lola seguramente estaría enfadada por no haber participado del show de moda, pero que incluso a ella le gustaría. Continuaron así hasta que Sid volvió, cargando una bandeja con la pizza y las dos bebidas.
— ¡Aquí está! —Dijo, casi cantando, haciendo notar su presencia— ¡Les dejo la pizza wantán! ¡Y la soda para ti! ¡Y el jugo exprimido de fresa! ¡Espero que lo disfruten!
Lincoln se quedó mirando al jugo de Leni, frunciendo el ceño.
—Uh, creo que…
— ¡Wow! ¡Esta pizza se ve deliciosa! —Lo interrumpió Leni, mirando con asombro la combinación de pizza y comida tradicional china. Tomó también su alargado vaso de cristal con sorbete y sombrillita, y bebió un largo trago— ¡Mmm! ¡Y el jugo está fenomenal! ¡Sid, esto es delicioso!
Los ojos de la chica se iluminaron, y sus manos temblaban de felicidad, sonriéndole a Leni y a Lincoln como si fueran lo mejor que le había pasado en la vida. Le fue imposible decirle que no a esa cara.
— ¡Espero que lo disfruten! ¡Bon appetit!
— ¡Oooh, bon appetit, comida griega! —Dijo Leni, entusiasmada.
— ¡Y avísenme si necesitan algo más! ¡Nos vemos, suerte! —Se despidió Sid, antes de dirigirse hacia el mostrador, la alegría escapando de sus poros.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos, Lincoln finalmente se sintió seguro como para hablar.
—Oye, podrías haberle dicho que pediste jugo de frambuesa. Es tu favorito. Seguramente te lo habrían cambiado rápidamente.
—Pero también me gusta el de fresa.
—Pero no es el que pediste.
—No, supongo que no… Pero, o sea, estoy segura que no lo hizo a propósito —dijo, dando un nuevo sorbo a su bebida—. Y sus papás o tíos la hubieran regañado si le decíamos que se había equivocado. Además, ¿no viste lo feliz que Sid estaba por tomar nuestra orden? No quería arruinar su momento. O sea, hubiera sido bonito tomar mi jugo favorito, pero creo que era más bonito verla contenta.
La filosofía de Leni acompañó a Lincoln durante todo el almuerzo, haciéndolo reflexionar acerca de qué es realmente ser una buena persona. A él le gustaba creer que en el fondo era un buen chico, pero las palabras de su hermana lo dejaron pensando. Quizás ser una buena persona iba mucho más allá de lo que él creía. Parecía tan sencillo, y sin embargo, tan difícil de implementar.
El delicioso sabor de la pizza, sus complicados pensamientos, y el hecho de que Leni no dejaba de escribir mensaje de textos hicieron de aquel almuerzo uno muy relajado y silencioso, con el tiempo pasando y las porciones de pizza desapareciendo una a una.
Varias horas habían transcurrido, y los dos Loud se hallaban todavía recorriendo el centro comercial, mirando vidrieras y hablando de todas las cosas que les gustaría comprarse si tuvieran dinero. Carteras para ella, cómics para él. Vestidos para ella, videojuegos para él. Botas para ella, modelos a escala para él. Recorrieron las tiendas de regalos, fijándose en todas las pequeñas, francamente inservibles cosas que de todas formas les encantaría comprar, acaso sólo por la curiosidad que sus excéntricas formas o utilidades generaban.
Lincoln la estaba pasando increíble, con toda honestidad. Hacía mucho tiempo que no pasaba momentos tan agradables junto a Leni. Ella, por lo general, solía preferir la compañía de Lori o Luan. Parecía mucho más cercanas a ellas que al resto de la familia. Sí, le encantaba cuidar a Lily tanto como al resto de ellos, e incluso Lola, en su infinita sabiduría de moda y belleza, pasaba tiempo con la modista para planificar vestidos y peinados. ¿Lincoln, en cambio? Pues no tenía mucho en común con Leni. Sus intereses no gravitaban cerca los unos de los otros, y por tanto, sus interacciones no escalaban más allá de la típica relación entre hermanos que viven bajo un mismo techo, y con uno de ellos requiriendo de la ayuda o consejo del otro de vez en cuando.
Esta experiencia de pasear por el centro comercial sin ninguna preocupación era relativamente extraña para él, pero la estaba pasando tan bien que no cayó en cuenta de cuánto tiempo había pasado hasta que ella lo mencionó.
—Ok, Linky, creo que, como que ya se está haciendo tarde —comentó, dando un delicado mordisco a la barra de cereal que se había comprado antes de sentarse en unos bancos del centro comercial.
Lincoln, por su parte, no tenía sutileza alguna, y se hallaba masticando la barra de chocolate que su hermana le había comprado, llenando sus labios y parte de sus mejillas con marrones manchas de la deliciosa golosina. Levantó la vista hacia ella, quien observaba intensamente la pantalla de su teléfono. Había estado usándolo todo el día. Era un poco rudo que estuviera tan pendiente de su celular, distrayéndose de pasar tiempo con él, pero no le molestó realmente.
Leni era muy popular, seguramente estaba hablando con sus amigas.
— ¿Mmquéh horamf ef?
—Eew, ¡no hables con la boca llena! Y son las uno seis dos dos.
Lincoln casi se atraganta con su bocado. La triste ironía del tiempo parecía ser que se arrastraba a paso lento por los malos momentos, y se fugaba dolorosamente rápido cuando uno la pasaba bien. Así como esta última semana se había hecho eterna —y aún así, mirando hacia atrás, era aterrador pensar en qué tan rápido sus últimos días se habían desvanecido para no volver—, las horas en el centro comercial junto a Leni habían transcurrido demasiado pronto. Su semblante se oscureció, y el peso de las consecuencias de sus acciones comenzaba a presionarlo sobre los hombros y su espalda, como una pesada mochila esperando ser cargada cuesta arriba hasta la cima de una montaña. Había pasado una fantástica tarde junto a su hermana, y al hacerlo, había perdido la oportunidad de disculparse con sus amigos y estar junto al resto de su familia.
Leni debió haber notado su preocupación, pues en seguida se puso de pie frente a él.
—Lo siento Linky, ¡es que la estábamos pasando tan bien juntos! —Celebró con una sonrisa, levantando una pierna del suelo, como las chicas solían hacer al besar a un chico, y con sus puños cerrados temblando excitados en el aire.
—Sí, lo sé, no te preocupes, no es nada malo —dijo, pensando para sus adentros que él mismo se había olvidado de revisar su propio reloj—. Fue genial, Leni, me divertí muchísimo.
— ¡Yo también! Bueno, ¿vamos? —Preguntó, ofreciéndole una mano para ayudarlo a levantarse.
Él aceptó la mano y se puso de pie, pero una vez que lo hizo, Leni no lo soltó, sino que siguió caminando hacia la salida, sosteniéndolo con delicadeza, guiándolo en el presunto camino de regreso a casa. Al principio, él se sintió ligeramente incómodo. Llevar de la mano a las gemelas o a Lucy era una cosa. Que Lynn lo tomara de la mano y no quisiera soltarlo tras su pequeña crisis emocional era también entendible. Dejarse llevar de la mano por su hermana mayor en un lugar tan público era totalmente distinto.
Durante los primeros minutos, sus ojos se movían ferozmente, fijándose en los rostros de todos los clientes que pasaban junto a ellos. Por suerte, nadie parecía interesado en poner atención a dos chicos yendo de la mano por el centro comercial. Todos tenían sus propios problemas, sus propias preocupaciones. A nadie le importaba si Lincoln tenía once años o si ya estaba muy grande para ir de la mano.
Se preguntó por cuántas otras tantas cosas sin importancia solía hacerse problemas.
Pronto lograron salir del centro comercial. La temperatura continuaba relativamente igual de amena que cuando habían salido de la casa horas atrás, pero la campera universitaria que Leni le había comprado no era tan cálida como su abrigo de invierno, por lo que la brisa parecía llegarle a los huesos. La parte buena era que, mirando hacia arriba, notó cómo el viento arrastraba las nubes hacia Hazeltucky, despejando la vista hacia el bello cielo azul.
Leni se detuvo al salir, y tomó su teléfono celular, marcando rápidamente un par de teclas antes de llevarlo a su oído. Unos segundos más tardes, contestaron la otra línea.
— ¡Hola, Lori! —Saludó con alegría— ¡Muy bien! Estoy en el centro comercial con Linky. ¿Puedes, o sea, venir a buscarnos? Ok. ¡Ok!
Le ofreció el teléfono a su hermano.
—Lori dice que quiere hablar contigo.
Intrigado, tomó el celular.
— ¿Lori?
—Lincoln, ¿cómo estás? —Preguntó con tranquilidad.
Podía escuchar ruidos de fondo, como de varias conversaciones y gente dando órdenes unos a otros. También le pareció oír algo de música, como una batería.
—Sí, estoy bien. Leni me trajo a comprarme ropa.
— ¿Ropa que te gusta?
—Sí, de hecho. Me gusta cómo me veo.
—Heh, no puedo esperar a verte —dijo, justo cuando unas voces a su alrededor comenzaban a chistar—. En fin, escucha, tuve que traer a Lynn a su club para que hable con su entrenador. ¿Por qué no vienes junto a Leni y después los llevo todos juntos a casa?
Había un importante trayecto entre el centro comercial y la sede del Club Atlético Royal Woods, pero era un poco menos que entre el centro comercial y su casa, así que parecía ser conveniente de todas formas.
—Sí, claro. Ya le digo y vamos para allí.
—Genial. Estamos en el SUM, ¿sabes cómo entrar?
Había ido un par de veces allí, cuando los equipos de Lynn hacían celebraciones por torneos y trofeos conquistados. Era una especie de gimnasio, con mucho espacio libre para poner mesas y sillas, y un pequeño escenario donde solían hacer las ceremonias de entregas a los deportistas, y donde los adultos cantaban karaoke una vez que el alcohol hubiera comenzado a surtir un poco de efecto en ellos.
— ¿Desde la cancha de fútbol? —Preguntó, recordando la última vez que Lynn había completado su FLIBBR.
—Sí, el portón azul. Los espero aquí.
Se saludaron y ella cortó la comunicación. Lincoln le devolvió su celular a Leni y le explicó lo que habían hablado.
— ¡Okis! ¡Vamos, entonces!
Comenzaron su éxodo hacia el centro deportivo de la ciudad, aún yendo de la mano. Leni iba hablando acerca de cómo pensaba en replicar uno de los vestidos que había visto en la vidriera de una tienda de moda. Hablaba sobre qué ropa vieja podía reutilizar para generar esos mismos cortes, y las distintas técnicas que debería poner en práctica para imitar los detalles florales que tanto le habían llamado la atención.
Lincoln no entendía nada de lo que ella le estaba diciendo, pero le encantaba escucharla hablar tan apasionadamente de lo que a ella le gustaba, por lo que no la interrumpió.
Acercándose desde el centro comercial, llegar al Salón de Usos Múltiples era más fácil si lo hacían a través de la cancha de fútbol al aire libre que dando toda la vuelta a la manzana para acceder por la puerta principal. El campo de juego estaba desierto, con la excepción de Phillip, el viejo empleado del club que caminaba lentamente con un balde de cal para remarcar las líneas de área del campo de juego. Los vio cuando pasaron junto a las gradas de madera, dirigiéndose hacia el edificio cuyo portón se abría hacia la cancha. Les levantó una mano a modo de saludo, y Lincoln lo devolvió. No eran amigos ni mucho menos, pero había ido a ver a Lynn lo suficiente como para conocerlo.
Más allá de Phillip y la cancha de fútbol se hallaba el estacionamiento del club, el cual estaba sorpresivamente lleno. ¿Qué haría tanta gente yendo un jueves a la tarde a entrenar? De tener la posibilidad, habría preferido quedarse en casa jugando videojuegos. Aunque, si era honesto consigo mismo, probablemente elegiría quedarse en casa jugando videojuegos incluso un domingo soleado por la tarde.
—Ya llegamos —dijo Leni, sonando entusiasmada.
En efecto, se encontraban ya llegando al final de las gradas, pasando por delante de los baños, y el portón azul del salón se acercaba cada vez más a ellos. Lincoln notó que todas las cortinas estaban cerradas.
— ¿Crees que estén ahí?
—Claro que sí, Lincoln.
—Quizás Lynn ya habló con su entrenador y debieron ir a algún otro lado.
— ¿Por qué no entramos primero a donde Lori nos dijo que fuéramos, y si no están ahí buscamos en otro lado?
La lógica de Leni era irrefutable. Él se encogió de hombros y continuó caminando hacia las puertas. Estuvo mucho más tranquilo también una vez que, al pasar junto a las ventanas tapadas por cortinas, escuchó el claro murmullo de movimiento y de muchas personas hablando entre ellas, incluso si parecía que lo hacían en voz baja. Si Lynn estaba hablando con su entrenador, seguramente era por lo que la había escuchado hablar junto a su padre en la mañana acerca de hablar con los equipos que restaban. Ya había hablado con ella al respecto, y su hermana había decidido que suspendería sus prácticas por… tiempo indeterminado. Quería pasar tanto tiempo junto a él como le fuera posible, sin distracciones, sin deportes que monopolizaran su tiempo. Mientras se acercaba a la puerta perdido en sus pensamientos, no notó que Leni soltaba su mano y reducía el paso, dejándolo solo. Estaba muy preocupado pensando en cómo se encontraría Lynn, si es que tenía que explicarle a uno de sus entrenadores y quizás a su equipo entero los motivos por los que iba a dejar de practicar. Estaba preocupado por ella, y la preocupación lo distrajo y se adueñó de sus sentidos mientras ponía la mano en una de las perillas de la puerta y la abría lentamente.
En cuanto la puerta se abrió lo suficiente como para mostrar su rostro, Lincoln recibió lo que tan sólo pudo describir como una explosión sónica, como si un jet hubiera roto la barrera del sonido frente a él, y de no ser porque la sorpresa y el susto lo habían dejado petrificado en su lugar, él seguramente habría caído de espalda al suelo. Su corazón retumbó dentro de su pecho, no sólo por el estruendoso maremoto de docenas de voces celebrando su llegada, sino por el sonido de una batería, bajo y guitarras que comenzó a reverberar a través de grandes amplificadores colocados a lo largo del salón. Los pisos de cerámica y muros de hormigón hacían rebotar la música, generando una acústica similar a la que se producía cuando Lincoln cantaba en la ducha.
Por supuesto, él estaba tan sólo intuyendo la ubicación de dichos amplificadores, pues todo lo que sus ojos podían ver era la multitud que se encontraba frente a él, aplaudiendo y vitoreando, con grandes sonrisas en sus rostros. Por un segundo, creyó que había entrado en el lugar equivocado y le había arruinado la fiesta de cumpleaños sorpresa a alguien, pero esos pensamientos se desvanecieron en cuanto pudo dejar atrás el susto inicial y reconocer, en la primera fila, a todos sus compañeros de clase, encabezados por su más cercano grupo de amigos, con Clyde, Ronnie Anne, Rusty, Zach, Liam, Stella y Jordan festejando y gritando más que nadie.
Parpadeó un par de veces para asegurarse de que era real, y luego hizo un escaneo rápido del resto del salón. No sólo sus compañeros de clase estaban allí. Detrás de ellos pudo ver a un montón de chicos de su escuela, algunos a los que conocía, otros a los que tan sólo había visto ocasionalmente en la cafetería. Y mezclados entre ellos, chicos de la escuela media y secundaria. Compañeros de deporte de Lynn, como Margo y Paula, miembros del Club de Enterradores de Lucy, como Haiku, amigas de Lori, amigas de Leni, los compañeros de trabajo de Lynn Sr, el doctor Feinstein, sus vecinos los Yates, el Señor Quejón, Flip, incluso las chicas contra las cuales Lola competía regularmente en los concursos de belleza. Todos reunidos allí, mirándolo con grandes sonrisas en el rostro, coreando su nombre. Globos naranjas inundaban las paredes, con tiras de serpentina colgando del techo. La multitud estaba amontonada frente a él, pero lentamente se abrieron como el Mar Rojo, dejando un claro camino para que él atravesara, desembocando nada más y nada menos que en su familia, todos aplaudiendo con grandes sonrisas y ojos emocionados, mirándolo tan intensamente que se sintió casi intimidado. Detrás de ellos, el escenario, sobre el cual una improvisada banda tocaba la música. Con Chunk en la batería, Tabby con una guitarra eléctrica, Sam en el bajo, y por supuesto, Luna rockeando una guitarra prestada mientras cantaba.
Too alarming now to talk about
Take your pictures down and shake it out
Truth or consequence, say it aloud
Use that evidence, race it around
Era como si una tormenta se estuviera gestando dentro de Lincoln. Podría sentir los fuertes vientos que revolvían su estómago, la congelada lluvia que hacía que escalofríos recorrieran toda su espina de arriba a abajo, y los fulminantes relámpagos y truenos que centelleaban con cada latido de su corazón. Era una sobreexposición sensorial a la que no estaba acostumbrado, y se sintió completamente apabullado por la gran cantidad de emociones que esto le generaba.
Por suerte, una mano se colocó sobre su hombro, anclándolo a la realidad.
—Vamos, Linky —le dijo Leni con suavidad, milagrosamente haciéndose oír por sobre la música y la explosión de gente—. Te están esperando.
Aplicándole un poco de presión, logró enviar el mensaje al impactado joven. Las piernas de Lincoln comenzaron a moverse hacia delante por inercia, todavía tratando de entender qué es lo que estaba ocurriendo.
There goes my hero
Watch him as he goes
There goes my hero
He's ordinary
Moviéndose lentamente, llegó primero junto a sus mejores amigos y compañeros de escuela. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de ellos, Clyde y Ronnie Anne lo abrazaron, uno de cada lado, envolviéndolo en un capullo de amor y amistad. Él los abrazó de regreso, y en seguida más brazos se sumaron. Todos tratando de abrazarlo, palmeándole la espalda, aferrándose a sus antebrazos, acariciando su cabello, tomándolo brevemente de la mano. Todas las voces a su alrededor le decían cuánto lo apreciaban, cuánto lo querían, lo genial que era.
— ¿Qué está pasando? —Le preguntó a Clyde, esperando que su mejor amigo le diera algunas respuestas a las muchas preguntas que tenía.
Clyde le sonrió. Le sonrió como si todavía fueran hermanos, como si Clincoln McLoud nunca hubiese tenido problema alguno, como si tan sólo el día anterior él no hubiera actuado como un imbécil, como si todo eso hubiera quedado atrás.
—Estamos celebrándote —respondió enigmáticamente, separándose para dejarle lugar a que siguiera caminando.
El resto de sus amigos hizo lo mismo, con excepción de Ronnie Anne, quien decidió tomarlo de la mano. Él la miró, un poco sorprendido, pero ella puso la sonrisa más bonita y sincera que jamás había visto.
—Que todo el mundo lo sepa —dijo sencillamente, apretando su mano. Él le sonrió, y viendo que sus amigos parecían querer escoltarlo mientras atravesaba el mar de gente, continuó su marcha hacia su familia.
Don't the best of them bleed it out
While the rest of them peter out
Truth or consequence, say it aloud
Use that evidence and race it around
En el camino, fue realmente consciente de cuánta gente estaba allí. Prácticamente todos sus amigos y conocidos, y decenas de personas cercanas a su familia. Ni siquiera en las fiestas de cumpleaños de Chandler había tanta gente. No entendía qué es lo que estaba pasando. Mientras avanzaba por el pasillo, todos los que quedaban a sus lados aplaudían, coreaban su nombre, movían sus manos para abrazarlo y acariciar su espalda, le gritaban palabras de aliento, le decían que era el mejor, que lo querían.
Sentía que flotaba, que eran las personas con sus suaves empujones y cálidas palabras de aliento quienes lo llevaban, quienes lo acercaban cada vez más hacia su familia. Durante unos largos segundos, se preguntó si no estaría muriendo. Si todo esto no era más que una visión, la forma en la que su mente comprendía el paraíso. Quizás su familia era la luz al final del túnel, quizás ese era su cielo. No hubiese tenido problema en aceptarlo, pero la emoción en su corazón era demasiado real y latente.
There goes my hero
Watch him as he goes
There goes my hero
He's ordinary
Cuando finalmente llegó frente a su familia, una extraña emoción sacudió su corazón. No supo por qué. Todavía no entendía qué es lo que estaba pasando, pero encontrarse con sus seres queridos, con las personas a quien más amaba en el mundo, todas esperándolo con brazos abiertos y dolidas sonrisas en el rostro… Sintió sus ojos arder, y parpadeó, tratando de contenerse. Ronnie Anne soltó su mano, y esa fue toda la invitación que necesitó. Se acercó y abrazó a sus hermanas, a sus padres, a sus abuelos, a Bobby, incluso sintió el abrazo de Ronnie Anne de nuevo a sus espaldas. Sólo faltaba Luna, pero su voz rasposa y llena de emoción lo envolvió, logrando abrazarlo incluso a la distancia.
Kudos my hero leaving all the best
You know my hero, the one that's on
There goes my hero
Watch him as he goes
There goes my hero
He's ordinary
Todo el salón aplaudió el momento familiar, y Lincoln permaneció allí, disfrutando de tormenta en su interior. La canción continuó tocando, repitiendo el estribillo hasta desvanecerse lentamente en el fondo. Él tomó esa oportunidad para separarse lentamente y encontrarse de pie junto a todos sus seres queridos.
Le hubiese encantado poder decir palabras profundas e importantes, significativas, dignas de ser grabadas para la historia.
—Eh… ¿Qué es esto? —Fue todo lo que pudo atinar a decir, sin embargo.
Toda su familia intercambió miradas cómplices, y en lugar de responderle, Lynn Sr lo tomó en brazos y lo subió al escenario, muy a su pesar. Estaba ahora totalmente expuesto, elevado del nivel del suelo para que un salón lleno de prácticamente todas las personas que había conocido en su vida lo observase. Tantos rostros, tantas sonrisas, tantas personas… Era intimidante, en verdad. Volteó para ver a su hermana y su banda. Luna le sonreía, con una chispa de emoción en sus ojos. Sam estaba cerca de ella, y también le dedicó una amable sonrisa. Tabby le guiñó el ojo e hizo con su mano derecha los cuernitos de metal, mientras Chunk, el mastodóntico amigo de Luna capaz de cargar un piano, se limpiaba una lágrima con un pañuelo blanco y asentía lentamente en su dirección.
Toda la sala se silenció, y Lincoln volteó nuevamente hacia el frente. Su familia se alejó lentamente, y vio muchas personas en el público agachándose y buscando algo. La confusión lo distrajo, y no se dio cuenta de que Clyde se acercaba por la derecha. Le pareció ver algunos destellos dorados entre el público, pero tan sólo por una fracción de segundo antes de que las luces se apagaran, oscureciendo el salón entero con excepción del escenario y el gran foco de luz que apuntaba directamente a Lincoln.
Cubrió sus ojos con una mano. Estaba por preguntar qué estaba ocurriendo, pero Luna presionó uno de sus pedales y comenzó a tocar unas suaves notas que resonaban con eco en toda la sala. Era un sonido mágico, etéreo, lejano, súper tranquilo y relajante.
La mayor sorpresa, sin embargo, fue cuando notó que Clyde se acercaba a él, con un micrófono y unos papeles en su mano. Se lo notaba al borde de las lágrimas, pero lo más extraño era su forma de caminar, como si arrastrara algo detrás de él. Se detuvo a un metro de su mejor amigo, extrajo su inhalador, tomó un par de bocanadas de aire, y lo miró con total seriedad.
—Creo que no tengo que ser tu mejor amigo para darme cuenta que estás confundido —dijo al micrófono, y la sala entera rió un poco, lo cual notoriamente ayudó al chico a sentirse más relajado—. Lincoln. Lincoln Loud… mi amigo. Todos los que estamos aquí hemos asistido con nuestros corazones rotos, con un dolor que, sabemos, nos dejará una herida que nunca sanará.
El silencio sepulcral era tan sólo roto por las notas de Luna, a las cuales pronto se sumó el bajo y los angelicales coros de Sam para acompañarlos.
—Pero no es la tristeza o el dolor lo que nos une hoy —continuó Clyde, cambiando de tarjeta—. Lo que nos une hoy es un sentimiento mucho más fuerte y contagioso. Una emoción tan fuerte que mueve montañas y atraviesa mares. Estamos aquí reunidos por la fuerza del amor. Un amor que merece ser celebrado y demostrado. Un amor que nos unirá por siempre, a través de cualquier dificultad, a través de la distancia y el tiempo. Estamos aquí reunidos por ti, Lincoln.
La batería y la segunda guitarra se sumaron a la larga introducción del arpegio de Luna, y los graves vibraron en el pesado corazón de Lincoln, quien creyó que podría estar a punto de desmayarse de la emoción. Sí, bueno, había supuesto que todo esto estaba relacionado con él… pero incluso así, oírlo en primera persona desde las palabras de su mejor amigo era un regalo del cielo.
Clyde, mientras tanto, aclaraba su garganta y cambiaba una vez más de carta.
—En la vida hay muchos logros y recompensas. La gente que estudia y se gradúa recibe un título. Los deportistas reciben trofeos y medallas. Los próceres de la historia se recuerdan con monumentos y estatuas. Sin embargo, sin importar cuánto oro se utilice en su fabricación, el valor de estos trofeos no reside en la forma física en sí, sino en lo que representan. La medalla no es lo que importa, sino lo que significa. El haber ganado algo, el haber cumplido un objetivo, el haber realizado algo tan significativo que merece ser celebrado y recordado, por siempre atesorado en la memoria de todos. Y es por eso que estamos todos aquí reunidos, en la sala de premiación del club, para otorgar los máximos honores y premios a quien más se lo merece: tú, Lincoln Loud.
La sala erupcionó en aplausos y gritos. Lincoln trató de verlos, pero el contraste de luces no le dejaba ver con claridad más allá de las primeras filas. Volvió a ver algunos destellos dorados, pero su mente estaba tan ocupada tratando de procesar las palabras de su mejor amigo que no podía entender lo que sucedía a su alrededor. ¿Honores? ¿Premios? No entendía nada. Él nunca había ganado nada. Su vitrina estaba vacía con excepción del trofeo de mentiras que sus hermanas le habían regalado tiempo atrás. ¿De qué premios podrían estar hablando, si no había hecho nada de valor?
Clyde volvió a cambiar de carta, y no logró ocultar un mini-sollozo del micrófono.
—Lincoln, en tan sólo once años has logrado más cosas de las que la mayoría de nosotros podemos aspirar a lograr en vida. Eres un ejemplo de persona. Un héroe sin capa que siempre trata de hacer lo correcto. Un niño ejemplo que siempre ha contagiado a todos de alegría, energía y motivación. Siempre has tratado de inspirar a los demás, y de mostrarnos el camino para ser felices y cumplir nuestros sueños. Ni siquiera yo puedo decir que hayas sido perfecto, o que no hayas cometido errores, pero ser una buena persona no se trata de no cometer errores, sino de ver más allá de ellos y buscar siempre lo mejor. Saber perdonar, saber cuándo disculparse, cuándo admitir la derrota, cuándo dejar de lado nuestro egoísmo en pos del bien común. Y tú, Lincoln Loud, eres el ejemplo perfecto de esto, y es ello lo que hemos venido a demostrarte. Y yo voy a ser el primero, porque ya estoy aquí en el escenario —dijo, y todos en la sala volvieron a reír.
Rusty se acercó corriendo, trayendo consigo un soporte para el micrófono. Clyde le dio a su amigo las cartas, colocó el micrófono en su lugar, y dedicándole una gran sonrisa a Lincoln, tomó desde detrás de sí un gran trofeo dorado, alto desde el suelo hasta su pecho, y lo sostuvo para que él y el salón entero lo viera.
Lincoln lo reconoció de inmediato. Era el trofeo del decatlón académico que Clyde había ganado el año pasado. Era su más grande tesoro, y lo había tenido expuesto en su habitación desde entonces. La banda decidió que era un buen momento para pasar la introducción y Luna comenzara a cantar.
If today's the day I die
Lay me down under the lights
—Lincoln —dijo su amigo, mirándolo fijamente mientras hablaba al micrófono para que todos lo oyeran—, jamás en mi vida he conocido a alguien tan genial como tú. Desde que nos volvimos amigos desde pequeños, jamás me he sentido solo. Tú siempre has estado allí para mí en las buenas, pero más aún, has estado allí para mí en las malas. Me has ayudado a soltarme y tratar de dejar atrás mi timidez. Contigo a mi lado, nunca me he sentido un hijo único. Eres mi hermano de la vida, y por ello… P-Por ello te hago entrega del premio al Mejor Amigo Que La Vida Me Ha Dado
El salón entero estalló en aplausos mientras Clyde se acercaba cargando el trofeo hacia Lincoln. El premiado se encontraba estupefacto. ¿En serio iba a darle ese trofeo? ¡Era su mayor orgullo! Aún así, quizás por la sorpresa o la presión del momento, sus manos se estiraron para recibirlo cuando Clyde se lo ofreció. Lo contempló de arriba a abajo, tratando de comprender la situación. Fue entonces cuando sus ojos repararon en la placa plateada que solía decir el nombre de su amigo y el de la escuela. Pues bien, dicha placa había sido reemplazada por otra que leía claramente: "Lincoln Loud - El Mejor Amigo que la vida me ha dado". Las letras parecían perforadas a láser, e incluso sin ninguna otra pista, Lincoln reconoció de inmediato la mano de obra de Lisa.
—Clyde… —dijo, no pudiendo hallar las palabras— No tenías…
—No digas nada —lo interrumpió Clyde, dando un paso hacia delante, con sus ojos llenos de lágrimas—. No hay nadie en el mundo que se lo merezca más que tú.
Con la emoción amenazando con derrotarlo, dejó el trofeo detrás de sí y se lanzó a abrazar a su mejor amigo, a su hermano. Clyde lo abrazó tan fuerte como pudo, y la sala continuó aplaudiendo. Lincoln se sentía en las nubes. Nunca había recibido un premio, y si bien aún no había caído en cuenta de lo que esto significaba y no estaba seguro de que contase como un verdadero trofeo, sí que se sentía como uno. Se sintió como un héroe, un vencedor olímpico, como Luke Skywalker al final de La Guerra de las Galaxias, recibiendo una medalla frente a todos los rebeldes.
La abrumadora emoción no lo abandonó ni siquiera cuando Clyde se separó del abrazo, y con una sonrisa en su rostro surcado por ríos de lágrimas, levantó el puño para que hicieran su saludo especial, allí frente a todo el mundo. Una vez terminado, Clyde continuó su camino hacia el otro lado del escenario, y Lincoln estuvo a punto de seguirlo con la mirada, pero entonces notó que alguien más se acercaba desde la derecha.
Let me fall in love
Let me save a life
Se trataba de Ronnie Anne, cargando en sus manos una copa plateada, un trofeo de unos treinta centímetros de alto que Lincoln había visto anteriormente en su habitación, pero que nunca supo de qué se trataba. Su novia se acercó a paso lento y nervioso, mirando de reojo a la gran multitud que se había silenciado para poder escucharla. Tragó saliva nerviosamente, y Lincoln notó su temor. Pese a su acto de chica ruda, Ronnie Anne sufría de un poderoso miedo escénico.
—L-Lincoln… Tonto… —dijo, ganando unas risillas del público— Yo no tenía amigos en la escuela. Era sólo la chica ruda que alejaba a todo el mundo… una bravucona que… que… que estaba muy asustada para formar relaciones y hacer amigos. Y aún así, tú me demostraste que podía abrir mis sentimientos. Que no tenía por qué temer. Viste más allá de mi rudeza, y gracias a ti es que volví a descubrir el valor de la amistad… y-y el amor.
Un "aaaw" generalizado seguido de aplausos calló por unos momentos a la música, y las mejillas de Ronnie Anne se llenaron de un violento color escarlata.
—Es por eso que este trofeo es para ti —se apresuró a terminar, levantando la copa y acercándose a Lincoln.
Una nueva ronda de aplausos y vítores siguió, mientras el muchacho aceptaba el trofeo que su novia le ofrecía. Sus dedos se tocaron mientras él lo recibía, y una chispa de electricidad recorrió su brazo. Grabado donde solía encontrarse el significado original del trofeo, ahora se podía leer "Primer Lugar Al Tonto Que Conquistó Mi Corazón - Lincoln L. Loud". Dejando la copa junto al trofeo de Clyde, Lincoln abrió sus brazos para recibir a su novia, quien no perdió tiempo en enterrar su rostro en el hueco entre el cuello y el hombro izquierdo de Lincoln. Él la abrazó fuerte por la espalda, como si nunca la quisiera dejar ir. La habría abrazado por el resto de la eternidad, pero ella parecía estar más consciente que él al hecho de que había una fila de gente esperando su turno, por lo que se separó, sorprendiéndolo a él y a toda la audiencia al darle un rápido pero sentido beso en los labios antes de alejarse corriendo del escenario.
Gratamente estupefacto, tardó unos segundos en ver que Rusty se acercaba junto con su hermano Rocky quien, con ojos tristes y labios temblorosos, cargaba una medalla dorada con una cinta azul.
—M-Muchos de ustedes quizás y-ya lo sepan, p-pero yo he sido un pésimo amigo —dijo Rusty, haciendo su mejor esfuerzo por contener el llanto—. S-Solía burlarme de L-Lincoln, y muchas veces lo hice s-sentir mal, alejándolo o t-tratándolo de mala manera. Y s-s-sin embargo, él siempre me p-perdonó, una y otra vez. P-Por eso, los Spoke queremos premiar a Lincoln c-con la Medalla Al Corazón Sin Rencores, un p-premio que casi nadie puede decir que realmente lo merezca.
Dándole una pequeña palmadita a su hermano, lo invitó a que se acercara a Lincoln. Rocky avanzó a paso lento, levantando la medalla. Lincoln tuvo que inclinarse para que el pequeño la colocara a su cuello.
—Lo siento mucho, Lincoln —dijo Rocky—. Eres súper cool, y Lucy te quiere mucho.
Sintiendo un pinchazo en su corazón, Lincoln le agradeció, antes de ponerse de pie y abrazar a ambos pelirrojos.
And let me lose my voice
Singing all my favorite songs
Let me stare up at the stars
Cause it's where we all belong
Los siguientes minutos, en lo que se sintió como casi media hora, más y más gente se acercó al escenario, tomando el micrófono por unos minutos y haciéndole entrega de un premio, un trofeo, o una medalla, agradeciéndole por algo que hubiera hecho por ellos. Los primeros fueron sus compañeros de escuela, encabezado por sus mejores amigos.
Liam le otorgó una medalla de metal que leía, grabado a láser: "Por querer a sus amigos sin importar cuánto dinero tengan". El hijo de granjeros no era alguien conocido por emocionarse o llorar fácilmente, lo cual hizo que fuera incluso más impactante verlo reducido al llanto mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas. Zach, por su parte, sí logró mantener la compostura mientras daba un discurso sobre cómo todo el mundo siempre lo trató como el niño feo y raro de la escuela, hasta que cierto muchacho se acercó a él a la cafetería y le ofreció cambiar unos sándwiches caseros por un poco del atún que su mamá le empacaba, y cómo ese fue el primer paso para formar amigos. Aparentemente, era también lo suficientemente importante como para que fuera merecedor del trofeo a "La amistad sin prejuicios", similar en nombre a la medalla de Liam, pero esta vez en un anticuado trofeo que parecía tener una figura jugando al tenis en la cima. Stella subió al escenario después, sorprendiendo a todos al explicar lo nerviosa que estaba los primeros días, y cómo nadie parecía querer hablar con ella. Habló de lo mucho que le preocupaba el ser demasiado alta, o ser "la filipina nueva", hasta que Lincoln se acercó a hablar con ella en el autobús, y lo mucho que significó para ella poder hacer un amigo tan pronto. Con ojos llorosos pero una gran sonrisa, hizo entrega de una pequeña copa de aluminio con el símbolo de un compás y una escuadra, pero que tenía ahora una plaquita de metal dorado con la leyenda: "Lincoln Loud - Primer Lugar en ser mi nuevo amigo".
My heart like a firework in my chest
My only regret is having regrets
Traveled the world, I loved every step
And all I know is:
No one, no one lives forever
We will be remembered
For what we do right now
Tras Stella, Jordan niña, Mollie y Cristina se acercaron, cargando entre las tres un impresionante trofeo color bronce dentro del cual Lily tendría suficiente espacio para tomar una siesta.
—Este es un trofeo compartido por ser el mejor amigo varón que hemos tenido —explicó Jordan, con una sonrisa que parecía abrazarlo—. Por ser el mejor compañero y enemigo en quemados.
—Por ser el campeón invicto en torneos de bombas de cañón en piscinas reglamentarias —continuó Mollie, acercándose al micrófono.
—Y… por ser el primer chico que me hizo sentir linda —admitió con mucha timidez Cristina, haciendo que la gente aplaudiera mientras las tres entregaban el gran trofeo y procedían a abrazarlo.
Él estaba acostumbrado a abrazos grupales con chicas, por supuesto, pero era especial y un tanto vergonzoso hacerlo con sus compañeras de clases. Aún así, se rindió al abrazo en el que lo envolvían, tratando de hacerles saber lo mucho que él también las quería. Por supuesto, no estuvo preparado para cuando se separaron y Jordan y Mollie lo besaron al mismo tiempo en ambas mejillas, ni mucho menos para cuando Cristina le cubrió los labios con su mano y luego la besó. La gente aplaudió y gritó más fuerte que nunca, y él tan sólo deseó que Ronnie Anne no lo matara por ese beso indirecto.
And baby I'm living Louder
And dreaming longer, tonight
(We're living Louder, we're living Louder)
And baby I'm fighting harder
And loving stronger tonight
(We're loving stronger, we're loving stronger)
Luna y su banda repetían la canción una y otra vez, pero Lincoln no pudo prestar atención a lo que su hermana cantaba, pues al parecer, todos sus compañeros de clases habían llevado algo para obsequiarle. Medallas, trofeos, plaquetas, e incluso algunos de esos platos conmemorativos que a veces veía en los torneos de tenis. Algunos, muy pocos, parecían ser nuevos. La mayoría estaban algo gastados, o tenían figuras de deportes variados, pero todos tenían placas de metal talladas a láser con su nombre y distintas leyendas. "Medalla al mejor compañero de química", "Trofeo al mejor jugador de videojuegos de lucha", "Plaqueta por introducirme a Ace Savvy", "Reconocimiento por no decirle al director que yo rompí la ventana", y muchas, muchas más cosas. Algunos le entregaban algo en conjunto con otros, pero la mayoría pareció haberse tomado el trabajo de comprar o buscar algún trofeo para reconocerlo particularmente por algo.
Le sorprendió cómo no eran sólo sus mejores amigos, como Artie, Chad or Jordan chico, sino otros compañeros con los que apenas si hablaba, como Andrew o Lance. Y cuando todos sus compañeros de clase hubieron pasado, algunos otros chicos de la escuela se subieron también. Haiku lo sorprendió leyéndole un poema dedicado a él antes de entregarle un listón que, bordado a mano, reconocía al "No-Vampiro más simpático" de Royal Woods.
Y no todos subieron a darle un trofeo, pero los podía ver justo debajo del escenario, aplaudiendo y festejando con el resto de la multitud. Vio entre la gente a sus viejas citas del baile de Sadie Hawkins, Giggles y Polly, y tantos otros que conocía de vista pero no de nombre. Había algunos flashes de luz, y Lincoln giró hacia donde Dana, Chaz, Whitney y otras amigas de Leni lo filmaban y sacaban fotografías.
Le hubiera gustado sentirse avergonzado, pero lo cierto es que las emociones que circulaban por su sangre podían más que cualquier sentido de humildad o vergüenza. Se sentía como el rey del mundo, y era una sensación eufórica de un calibre que nunca antes había sentido.
'Cause we're all just kids
Who grew up way too fast
Yeah the good die young
But the great will always last
We're growing older
But we're all soldiers tonight
Pero las sorpresas de la noche no acabaron allí, no, tan sólo acababan de comenzar. Luego de que sus amigos pasaran, quien se acercó cargando una gran medalla dorada fue nada más y nada menos que su profesora, Agnes Johnson.
—Para un maestro como yo, nuestros alumnos son más que alumnos —explicó al micrófono, mirándolo con una sonrisa que fallaba en ocultar la gran tristeza que se escondía detrás de su rostro—. Ellos crecen en nosotros hasta volver casi hijos. Y no somos nosotros quienes enseñamos lo que sabemos unilateralmente, sino que hay siempre un feedback en el que es el maestro quien aprende de sus alumnos. Hay muchas cosas que tú me has enseñado Lincoln, y es por eso que creo que te has ganado la "Medalla a la inspiración", porque es gracias a alumnos como tú que me levanto cada día sabiendo que mi trabajo vale la pena.
Conmovido por las palabras de la Señorita Johnson, dejó que ella agregara una medalla más a la gran colección que cargaba sobre su cuello, y la cual estaba comenzando a pesar mucho. No le importaba, sin embargo. Era un peso que no se cansaría jamás de cargar. Su profesora se arrodilló en el suelo para abrazarlo, y fue entonces cuando notó que ella llevaba su cabello recogido con el prendedor naranja que él le había regalado tiempo atrás para el día del maestro.
Tras ella, el Director Huggins subió al escenario, cargando una placa de madera sobre la cual una pequeña lámina dorada descansaba con las palabras "EXCELENCIA ACADÉMICA - HONORIS CAUSA - LINCOLN L LOUD" en ellas.
—El trabajo de una institución educativa no es el de generar máquinas que sepan leer libros y escribir ensayos —dijo, entrecortado por un incipiente llanto—. El trabajo de una escuela es la de formar ciudadanos y personas con valores y cualidades morales. ¡Es nuestro orgullo cuando podemos formar a una persona verdaderamente admirable! Y si hay algo que esta reunión nos demuestra, es que tú eres un maravilloso individuo capaz de mover multitudes por ti. ¡S-Si Ace Savvy fuera real, definitivamente estaría orgulloso de ti!
Y con esas palabras, tras las cuales Becky y Clyde gritaron emocionados, le hizo entrega de la plaqueta y un conmovedor abrazo.
If today's the day I go
Gonna drink with all my friends
Gonna laugh until we cry
As we talk and reminisce
Más adultos se acercaron a presentar sus ofrendas, sus trofeos, sus felicitaciones. El entrenador Pacowski le entregó un trofeo en forma de silbato de oro por ser parte de "Los mejores miembros del comité del anuario escolar". Toda la familia Yates se acercó cargando un trofeo que era literalmente más alto que Lincoln, y el señor Yates dio un muy elocuente pero sumamente auténtico discurso acerca de cómo Lincoln (y su familia) les habían enseñado el valor de la diversión. "Premio a la enseñanza de la vida", decía la plaqueta, y aunque Lincoln no podía tomar todo el crédito, decidió no discutir al respecto y aceptar el gigantesco premio y los abrazos de cada uno de los miembros de la familia. El Señor Quejón subió también al escenario, otorgándole un trofeo que parecía tener más años que Rita. Un premio al "encantador vecino", según él, que había logrado "Unir a un viejo con su familia". Un trofeo que lo conmovió, casi tanto como el que los ancianos del asilo, Scoots, Bernie y Seymour, le otorgaron con el lema "Por recordarnos que la juventud es una actitud", acompañados por una muy relajada y sonriente Sue.
And let me kiss a stranger
And rob the local bank
Let me become real rich
So I can give it all away
Lincoln, quien de no ser por el peso de las medallas que vestía estaría flotando por el techo de felicidad y emoción, creyó que ya nada podría sorprenderlo, pero ciertamente no estuvo preparado para cuando Carol Pingrey y Bobby subieron juntos al escenario a otorgarle un gran trofeo con forma de bola de golf, cuya placa de "Primer Premio Torneo Regional de Golf Amateur" había sido reemplazada por una nueva que leía "El hermano que nunca tuvimos". Mientras los dos se turnaban para compartir anécdotas acerca de por qué Lincoln era tan importante para ellos en sus vidas, Lincoln recordó lo que Carol le había dicho tan sólo la tarde anterior, en el auto durante la tormenta. ¿Había sabido ya de esto? ¿Por cuánto tiempo había sido este secreto guardado?
'Cause no one, no one lives forever
But we will be remembered
For what we do right now
Si bien la alegría, la sorpresa y la emoción lo habían mantenido lo suficientemente sereno como para no llorar, tuvo que admitir que el abrazo de Carol y Bobby estuvo peligrosamente cerca de vencer sus defensas. Sobre todo por el hecho de que ambos lo abrazaron como nunca lo habían hecho, y el sentimiento de familiaridad y fraternidad que sintió emanar de sus poros le hizo recordar a su familia, y entendió que sí, en efecto, Carol había sido en algún momento una especie de figura de hermana mayor, y Bobby también era, junto con Clyde, lo más cercano que jamás había tenido a un hermano.
And baby I'm living louder
And dreaming longer, tonight
(We're living louder, we're living louder)
And baby I'm fighting harder
And loving stronger tonight
(We're loving stronger, we're loving stronger)
Esta improvisada ceremonia se había convertido, sin lugar a dudas, en el singular momento más espectacular de su corta vida. Nunca antes se había sentido tan apreciado e importante. La luz de los reflectores iluminando el escenario se sentía como si el Sol le estuviera sonriendo, como si los cálidos rayos de luz lo abrazaran y elevaran en el aire. Se sintió como el bebé Simba siendo presentado ante toda África. Se sintió querido. Importante.
Sobre todo, se sintió orgulloso de sí mismo por poder mantener la compostura y no entrar en un llanto desconsolado con cada amigo o conocido que se subía al escenario a felicitarlo y hacerle sentir que había hecho algo bueno con su vida. Parecía estar sobrellevando la situación y, con excepción de alguna lagrimita aquí y allá, había logrado mantenerse sereno y sonriente. Por supuesto, la situación estaba próxima a cambiar, y todo comenzó cuando Albert se subió al escenario.
'Cause we're all just kids
Who grew up way too fast
Pop Pop se acercó lenta, muy lentamente, y su espeso bigote temblaba como si tuviera un teléfono oculto allí y alguien no dejara de llamarlo. Se acercó cargando dos cosas: en una mano, llevaba un pequeño librito, tan viejo y gastado que las páginas se veían amarillas, y la portada era irreconocible. En la otra mano, lo que Lincoln reconoció inmediatamente como la Medalla de Honor que le había sido otorgada a su abuelo tras regresar con vida de la guerra de Vietnam, por haberse arriesgado para salvar a sus compañeros de una emboscada. Era una de las tantas medallas que Albert tenía expuestas en su habitación del asilo, y era sin lugar a dudas el reconocimiento más grande que jamás había recibido.
Se acercó al micrófono y aclaró su garganta, tomando aire y dejándolo salir en un entrecortado y doloroso suspiro.
—Esto que tengo en mis manos es la Medalla de Honor de las Fuerzas Armadas —declaró, ganando un respetuoso aplauso de admiración por parte del público—. Cargué esta medalla con orgullo durante décadas. Se entrega a aquellos que realizan actos de valentía que van más allá del deber. Aquellos que hacen algo bueno no por obligación, sino porque es así como lo sienten. Y cuando pienso en eso, siempre recuerdo una frase de este libro que leía de pequeño, El Pajarito Blanco.
Con cuidado, se colocó los anteojos, y aclarando su garganta una vez más, abrió el libro en una página marcada y leyó en voz alta.
— ¿Podríamos hacer una nueva regla: intentar siempre ser más amables que lo necesario? —Leyó, antes de guardar el librito de bolsillo en su pantalón, y mirar a su nieto con admiración y una pizca de dolor— Más amable de lo necesario. Todos tenemos la opción de ser amables, pero muchas veces nos limitamos a sólo ser correctos o amables cuando hace falta. Cuando sentimos que tenemos la obligación de serlo. Soy un viejo que ha vivido muchas cosas, y he visto cómo la gente toma la amabilidad y los modales como una obligación. Pero también me he encontrado como gente como mi nieto, que no se conforma con ser amable, sino que va más allá y trata de asegurarse de que todos estén felices. Tan así, que es capaz de entrar a un asilo para convencer a un grupo de viejos de que todavía no es tarde para divertirse y pasarla bien. Mi nieto… mi pajarito blanco. Por tu amabilidad y valentía que va más allá del deber, te hago entrega de la Medalla de Honor.
El rugido de los aplausos apagó por completo la música de la banda. Lincoln, sintiendo sus ojos ardiendo ligeramente, se inclinó hacia delante para que su abuelo colocase la medalla por encima de todas las demás, pero esta pesaba más que ninguna otra. Su cuello comenzaba ya a doler por todo el metal que cargaba, pero no le importó. Como tampoco le importó que su abuelo lo alzara en brazos y estrujara contra su pecho, haciendo sonar los huesos de su columna y moviendo frenéticamente sus pies en el aire.
—Te amo, hijo —le dijo al oído, y ninguna vértebra tronando dolió más que su corazón al oír aquellas palabras.
—Yo también te amo, abuelito —le dijo, apoyando su rostro contra la camisa del veterano, dejando algunas pequeñas e invisibles marcas de lágrimas en ella.
Yeah the good die young
But the great will always last
Una vez que Pop-Pop lo soltó y se dirigió hacia un costado del escenario, la verdadera prueba para el temple de Lincoln comenzó. Las primeras en subir fueron Lisa y Lily. La genio arrastraba con una mano un carrito donde se hallaba un trofeo de aluminio impreso en 3D con el cuerpo de Lincoln sosteniendo el peso del mundo como si de Atlas se tratase. Con el detalle de que el mundo no estaba representado con un modelo de la Tierra, sino con un modelo de su casa. Con la otra mano conducía a la bebé, quien con un chupete en la boca, había decidido no quitarse la vestimenta, y caminaba a paso firme con sus pequeñas zapatillas, sus pantalones holgados violetas, y su remera lila con una flor amarilla.
La imagen era adorable, pero viendo el trofeo personalizado y a Lisa bajando el micrófono para que quedase a su altura, Lincoln no pudo evitar sentir que su temperatura corporal bajaba, y un frío líquido reemplazaba su sangre.
Lisa todavía no había dicho nada, pero él ya se sentía al borde del llanto.
—Nos hemos reunidos todos aquí para celebrar los logros de mi unidad familiar, mi hermano mayor Lincoln —anunció, repitiendo lo que todos ya sabían—. Lincoln, en un afán por adquirir validación y reconocimiento de sus pares, ha tratado innumerables veces de obtener lo que él consideraba un premio a su esfuerzo. Su desempeño académico por encima de la media, sin embargo, no pareció rendirle frutos. Se llegó entonces a una curiosa instancia del Efecto Pigmalión, donde su falta de fe en sí mismo causó que no lograse concretar muchos de los objetivos autoimpuestos en pos de su visión subjetiva del éxito y la conformidad.
Lincoln estaba tratando de seguirla, y con excepción del Director Huggins y algunos de sus colegas científicos, el resto de la sala parecía también confundido.
—Pero yo considero que hay muchas pequeñas victorias que conquistamos día a día, y que desafortunadamente carecen de validez certificada y homologada. Como él me ha enseñado, no todo en la vida se trata de nuestros éxitos académicos, o de nuestras investigaciones —continuó, mirándolo fijamente a los ojos—. Él me enseñó la importancia de querer a nuestros hermanos. A nuestros amigos. A nosotros mismos. Me enseñaste cosas que ni las mejores universidades del mundo están preparadas para enseñar… y es por eso que te hago entrega de este premio.
Se detuvo un segundo, parpadeando rápidamente y mordiendo su labio inferior. Lily se apegó más a ella, abrazando su cintura.
—Porque incluso teniendo que cargar muchas veces con la responsabilidad de cuidarnos u organizarnos a todas nosotras, nunca cediste, y has sido siempre un ejemplo de inspiración para todas. Para tus hermanas mayores… y también para nosotras, tus hermanas menores. Quienes siempre veremos en nuestro hermano a un ejemplo… y un héroe.
Dejando a un lado el micrófono antes de que el llanto la consumiera, acercó el carrito con el trofeo y a Lily hacia su hermano, quien se arrodilló al suelo para abrazarlas a ambas. Lily pidió que la alzara, y él lo hizo con su brazo derecho, cuidando de que las medallas no la golpearan, mientras Lisa se aferró contra su pecho, sin importarle que el metal chocara contra el marco de sus lentes. Viendo el trofeo más de cerca, vio que había también una pequeña placa.
"Premio al sostén de la familia. Mi héroe. Lincoln L. Loud."
Mientras los aplausos rugían y la misma canción continuaba repitiéndose en un bucle, él se separó para poder darle un beso en la frente a ambas hermanas. Lisa estaba llorando, pero lo miraba con una sonrisa. Él trató de secar sus propias pequeñas lágrimas con el dorso de su mano, pero Lily tomó su pulgar, llamando su atención. Para sorpresa y deleite de todos los presentes, la bebé se quitó su chupete y lo ofreció a su hermano, con una sonrisa.
— ¡Íncon! —Dijo alegremente, y mientras un "aaaw" generalizado inundaba la sala, Lincoln sintió su corazón rindiéndose ante su hermana bebé. Le dio un nuevo beso en la cabeza, aceptando el chupete, y dejando que Lisa la llevase junto a sus abuelos.
We're growing older
But we're all soldiers tonight
La siguiente en subir fue Lola, quien cargaba un gran trofeo color plata, con listones rosados colgando de cada manija. Era el trofeo regional que había ganado el año pasado, la competencia más importante a la que había asistido, y en la cual había arrasado a la competencia. Lincoln no podía creer que en verdad estuviera pensando en dárselo. Sin saber cómo reaccionar, llevó una mano a cubrirse la boca, frotando sus labios con nerviosismo, tratando de no quebrarse más de lo que ya estaba.
— ¡Mi hermano Lincoln es el mejor hermano de todo el mundo entero! —Anunció con determinación y seriedad la princesa, quien curiosamente no vestía su característica tiara— ¡Es el chico más amable, atento, cuidadoso, delicado y hermoso que existe, y no pueden convencerme de lo contrario!
Todos rieron, pero sabían muy bien que insinuar lo contrario significaría un viaje al hospital. Tras respirar profundamente un par de veces, sin embargo, el rostro de Lola se relajó, y su ceño fruncido dio paso a unas arqueadas cejas que luchaban por mantenerse serias.
—Y no sólo es el mejor y la persona más buena. Él también es mi mejor entrenador. Él es súper paciente, y s-súper atento, y m-me explica cómo mejorar mis rutinas… y me escucha cuando me quejo… y me tiene paciencia cuando me porto mal… y-y me enseñó a leer más rápido —admitió, jugando nerviosamente con sus dedos—. Y por eso… por eso se merece el premio al "Modelo #1". No sólo p-porque es lindo como un modelo… sino porque es mi modelo a seguir.
A estas alturas, Lincoln no podía entender cómo es que su corazón no estallaba en mil pedazos como una bomba de hidrógeno y él caía muerto en el escenario, con una sonrisa pegada en su rostro por el resto de la eternidad. Ni siquiera pudo esperar a que su hermanita se acercara a hacerle entrega del trofeo. Fue él quien se acercó y la abrazó frente a todos, sintiendo sus pequeños y delicados brazos aferrándose con fuerza alrededor de su cuello. Cuando se separaron, los dos vieron las luces reflejadas en los ojos del otro, y Lola tomó un segundo para peinar con sus manos el cabello de Lincoln, que con tantas medallas arrastrándose a través de él, se había despeinado.
When you've got your breath inside your head
Every day's a second chance
Tras Lola, fue Lana quien se acercó, cargando un trofeo mucho más pequeño y modesto que los que sus hermanas le habían dado hasta ahora, y eso parecía ponerla algo nerviosa. Se acercó con cuidado, y cuando tomó el micrófono y lo movió, hubo una pequeña interferencia, generando ese horrible y agónico pitido agudo que hizo que todos se taparan los oídos por un segundo. Lana se sonrojó, y sus pies se movían indecisos sobre el suelo del escenario.
—Uuuuuh… yo… Yo s-sólo… Lincoln es mi hermano, y… y lo quiero mucho. Y él es súper bueno… Y nos cuida mucho a todas…
Se veía pálida, y Lincoln se dio cuenta de que la pobre estaba demasiado nerviosa por toda la gente que la miraba. Para ayudarla, se movió ligeramente para que ella lo mire, y con un gesto le pidió que sólo se concentrara en él.
Eso pareció calmarla, y en seguida retomó su pequeño discurso, sus ojos fijos tan sólo en su hermano mayor.
—Y no sólo es el mejor chico del mundo, sino que también es muy bueno, y se preocupa por los animales. Cuando le expliqué por qué las ranas son tan importantes para mí, él hizo todo lo posible para salvar a un grupo entero de ser disecadas en su clase. Y… Y por eso, en nombre de mis amigas, le doy a Lincoln el trofeo de "Miembro Honorario de la Familia Anfibia", ¡por haber sido muy inteligente y muy valiente y muy considerado con las ranas del mundo!
Cuando la gente comenzó a aplaudir sus palabras, Lana pareció entrar en confianza, y se acercó corriendo y dando un salto para que su hermano la atrapase en el aire y la abrazara muy fuerte. La pequeña mecánica refregó sus mejillas contra la cabeza de Lincoln, como si de un cachorro se tratara, y él acarició su espalda.
Cuando se bajó y le acercó el trofeo, Lincoln fue sorprendido por Hops apareciendo desde debajo de su gorra roja, croando y estirando su lengua para darle un beso en la mejilla. Era ligeramente asqueroso, pero Hops era como un miembro más de la familia, y Lincoln rió junto con todos los presentes mientras colocaba el trofeo junto a los demás y Lana se unía a su gemela y el resto de la familia.
If I wake up with a beating heart
Will I stand or will I fall?
Lucy se acercó a paso lento, quizás temiendo que lo asustaría si se aparecía de repente como solía hacerlo. En sus manos llevaba una plaqueta, la cual Lincoln creyó reconocer de inmediato, y una hoja de papel. Se posicionó junto al micrófono, mirando a su hermano casi de costado, y para sorpresa de él y quienes la conocían, logró sonreírle por unos segundos, antes de que una fría cáscara de indiferencia se apoderase de su rostro. Carraspeó con suavidad, y con un tono lento y solemne, comenzó a recitar lo que de inmediato se presentó como un poema.
En esta tarde nos hemos aquí reunido
Para celebrar la vida de mi hermano adorado
Quien mis secretos fielmente ha guardado
Quien mi cariño sin dudas ha merecido
No es mi fuerte el mostrar emoción
Pero por ti he de intentarlo
Porque no tiene sentido negarlo
Ni ocultar mi devoción
Lincoln, eres mi soporte, mi ancla en esta Tierra
En los momentos difíciles tú me has acompañado
Cuando más frágil me sentí, tú me has cuidado
Es enfrentarme sola al destino una noción que me aterra
Pero tu infinita bondad me ha preparado
Me has transmitido tu sosiego
Y es por eso que te entrego
El premio a "Quien más me ha escuchado".
Lucy había escrito infinidad de poemas a lo largo de los años, y Lincoln había escuchado muchos que lo habían sorprendido y maravillado. Sin embargo, era difícil imaginar que este poema en particular no formase parte del selecto grupo de poemas favoritos que jamás había recibido. Su hermanita se había convertido en toda una poeta, y el orgullo que le generaba eso, sumado a las palabras que acababa de recitarle fueron suficiente como para que su vista se nublara mientras se acercaba a abrazar a su hermanita.
La pequeña gótica se aferró a él, y por la forma en la que su espalda se convulsionaba, parecía haber también roto en llanto.
—Cielos, Lucy… Eso fue hermoso —le susurró al oído, esperando que lo escuchase por sobre todo el ruido.
—Te lo mereces… más que nadie. Te amo, hermano.
—Yo también te amo.
Y haciéndole entrega de la plaqueta que había recibido por ser la participante más joven en la historia del teatro de Royal Woods, se despidió de él con un beso en la mejilla.
I'm living louder
Dreaming longer tonight
Luego de que su compañera de cuarto se retirara con el resto de la familia, Lynn subió el escenario a los saltos, cargando el trofeo más grande e impresionante que había podido encontrar en su repertorio de éxitos. Era el trofeo de primer lugar en la competencia interestatal de tenis, uno que le había costado muchísimo esfuerzo, sudor y sangre (literalmente) para poder conseguir. No era tan alto como el que los Yates habían conseguido, pero era sin duda alguna un trofeo digno de admiración.
Lo apoyó pesadamente entre ella y él, y tras una pausa en la que jugó nerviosamente con su cabello, suspiró profundamente y tomó el micrófono.
—Este trofeo significa mucho para mí —comenzó, acariciando la superficie dorada con cuidado, como si fuera una delicadeza, y sus ojos repasaron la estatuilla de arriba a abajo—. Desde que lo conseguí, siempre lo miro pensando en cuándo podré ganar algo más importante. Algo más grande. ¡El siguiente gran logro! ¡La siguiente gran conquista!
Sus labios se curvaron en una sonrisa, pero sus ojos pasaron del frío metal a los cálidos ojos de su hermano, y sus orbes avellana se acristalaron.
—Pero ni el primer lugar en el mejor campeonato del mundo podría compararse con el orgullo que me da ser tu hermana —admitió, y sacudió ferozmente la cabeza de un lado a otro para deshacerse de las lágrimas—. Sé que normalmente yo soy la deportista y tú el que me alienta desde las gradas, pero… pero cuando no se trata de deportes… cuando se trata de la vida, y ser una buena persona… Pues, uh, pues yo soy tu fan, Lincoln.
Se encogió de hombros y levantó un dedo índice, con una irónica sonrisa en su rostro.
—Tu fan número uno, por supuesto.
La gente comenzó a reír, pero viendo cómo la risa se reemplazaba rápidamente por llanto en la niña, el silencio se apoderó rápidamente de la atmósfera una vez más.
—E-Eres el mejor chico que conozco, y… y… y eres mi hermanito… Y y-yo debería ser tu ejemplo a seguir, pero lo cierto… lo cierto es que tú eres el mío. Y p-p-por eso te ganaste el puesto de "Ídolo número uno de tu hermana mayor". T-Tú eres el verdadero trofeo andante.
Probablemente sabiendo que no iba a ser capaz de cargar semejante trofeo por sí mismo, ella obvió el dárselo, y optó en cambio por pasar directo al abrazo, el cual fue sorprendentemente tierno y sensible. Lincoln la correspondió, acariciando con una de sus manos libres el cabello de su hermana, tratando de tranquilizarla. Sus mejillas se acariciaban mutuamente, peca con peca.
Fue en ese momento que tomó conciencia de cuántos equipos distintos Lynn había invitado a que asistieran, pues casi un cuarto de la sala comenzó a levantar sus puños al aire al grito de "¡Loud! ¡Loud! ¡Loud! ¡Loud!", contagiando al resto hasta que el apellido resonó como un canto de guerra.
— ¿Es así como se siente siempre? —Le preguntó, separándose para verla a los ojos— ¿Que canten tu nombre?
Ella rió un poco mientras frotaba su antebrazo con rudeza contra sus ojos.
—Nunca deja de asombrar.
Una idea pareció cruzar su mente, y en un movimiento brusco y tan rápido que Lincoln no pudo reaccionar, ella lo tomó por una de sus muñecas y levantó su brazo alto en el aire, como si estuviera anunciando a un campeón de boxeo. La gente aplaudió más fuerte que nunca, y Lincoln se regocijó en el momento, disfrutando de la atención, sintiendo, por primera vez en su vida, que valía algo.
Baby I'm fighting harder
And loving stronger tonight
Luan se acercó con un cuadro de madera y cristal, protegiendo dentro lo que parecía ser un diploma casero. Los magníficos logros de la comediante rara vez se veían reflejados en trofeos materiales. Su canal de YouTube con más de cincuenta mil subscriptores no era suficiente para que recibiera el Premio de Plata, pero aún así era una hazaña de la que estar orgulloso. Y su compañía de Negocios Graciosos no le otorgaba premios, ¿pero quién podía negar que su empresa no era todo un éxito?
—Lincoln fue la primera persona que me enseñó a hacer reír —comenzó, dedicándole una sonrisa tan cálida como el sol de la mañana—. Gracias a él es que soy quien soy. Es y será mi mejor audiencia, y la razón por la que sonrío cuando más lo necesito. Su risa cambió mi vida para bien, y por eso se merece el diploma a "La sonrisa más contagiosa del mundo".
Sabiendo todo lo que sabía, y lo que había aprendido de ella aquella noche una semana atrás, Lincoln se sintió conmovido por lo que su hermana le decía. Por más molestas que sus bromas fueran de vez en cuando, y por más locos que los Días de los Inocentes se tornasen, Luan era en verdad la máxima representación de alegría y buen humor en la familia. Siempre con un chiste en mano, sobre todo y especialmente cuando otros más necesitaban una sonrisa.
Fue por eso mismo que quizás debió haberlo visto venir. Un discurso tan serio, una sonrisa tan serena… Era casi obvio, conociendo a Luan, que en el momento en que él se acercase para recibir su regalo, un chorro de agua saldría disparado desde la flor que ella llevaba en su pecho. Debió haberlo visto venir, pero no lo hizo, y el agua le dio de lleno en la cara. Todos rieron, e incluso él no pudo evitar reír antes de abrazarla. No podía encontrar en sí mismo fuerzas para estar enfadado.
Además, el agua disimulaba sus lágrimas.
And baby I'm living louder
And dreaming longer tonight
(We're living louder, we're living louder)
Habiendo notado el claro orden en el que sus hermanas subían al escenario, en lugar de esperar que alguien más subiera por su derecha, volteó hacia atrás, donde Luna se encontraba junto a su banda. Ella le sonrió, aparentemente feliz porque hubiera notado que era su turno. Hizo un gesto con la cabeza, y la canción pop que se encontraban tocando se detuvo de repente. Luna dejó su guitarra a un lado y, tras unos segundos de silencio durante los cuales se dirigió hacia la batería para tomar desde detrás su trofeo, una melodía ochentosa comenzó a sonar, mucho más tranquila y relajada.
Ya con el trofeo plateado con forma de nota musical que había obtenido por haber ganado la pasada edición de America's Next Hitmaker, Luna tomó el micrófono de la banda y se acercó a su hermano, sonriéndole y cantando al ritmo de la suave melodía.
I could runaway
But I'd rather stay
In the warmth of your smile lighting up my day
The one that makes me say
'Cause you're the best thing that ever happened
To me or my world
You're the best thing that ever happened...
Cantó con su corazón, y por un momento no sonó como un cover, sino como si ella misma hubiera escrito aquellas palabras pensando específicamente en él. Luna siempre había tenido esa facilidad, la de adueñarse de cualquier música y darle un giro propio, volverlas parte de sí misma, transformarlas en algo nuevo y hasta mejor. Amó poder ver que había recuperado la chispa que días atrás parecía haber perdido.
—Eres la música que suena dentro de mi cabeza, hermano, la razón por la que canto —le dijo ella, —. La musa que me inspira a tocar, la armonía de mi corazón, el acorde que me acompaña y que siempre me ha apoyado. Eres mi todo, Lincoln, y por eso tengo esto para ti.
Le ofreció el trofeo, y al recibirlo, Lincoln cayó en cuenta de que estaba dándole una de sus posesiones más preciadas. Aquel trofeo había sido su mayor orgullo, su primera y última participación en la televisión nacional, mostrando su música a millones de personas. Y aún así, había decidido cubrir la inscripción de "AMERICA'S NEXT HITMAKER" con una placa que leía "Trofeo por ser mi Wonderwall".
La balada ochentosa se detuvo mientras hermano y hermana se abrazaban, pero pronto retomaron el ritmo de la canción anterior, y Sam suplantó a la perfección a Luna hasta que la castaña regresó a tomar su lugar.
And baby I'm fighting harder
And loving stronger tonight
(We're loving stronger, we're loving stronger)
Mientras dejaba el trofeo de Luna junto a la docena de otros que había recibido, Lincoln vio cómo su hermana Leni se acercaba, con sus brazos flexionados como un tiranosaurio rex, y su sonrisa igual de cálida y radiante que siempre. Le llevaba un pequeño trofeo color cobre que parecía tener la inscripción directamente en el cuerpo de la copa.
Leni se paró frente al micrófono y saludó a la gente.
— ¡Hola! ¡Gracias por venir! —Les dijo con alegría, moviendo su mano en el aire con energía y decisión antes de voltear a ver a su hermano— Linky, tú eres mi hermano favorito, pero incluso si no fueras mi hermano, ¡aún así te querría como a uno! ¡Por eso te doy el premio a "Mi hermano favorito"!
Y sin más preámbulos, fue directo al grano y le ofreció el trofeo para que lo tome en manos. Él lo hizo, riendo para sus adentros. No cambiaría a su hermana por nada del mundo, y esperó que ella nunca cambiara. Que siguiera igual de inocente y gentil por siempre. Leni lo abrazó, acariciando su espalda y su cabello antes de separarse y sonreírle con ternura.
'Cause we're all just kids
Who grew up way too fast
Finalmente, y subiendo los escalones hacia el escenario con mucho nerviosismo, la mayor de las Loud se unió a su hermano. Se la notaba más nerviosa que Luna o Leni, pero no tan afectada como Lola, Lynn o las más pequeñas. Al igual que Carol, ella también estaba deshaciéndose de su mayor trofeo de golf para regalárselo a Lincoln. Y si bien a estas alturas ya debería haberse acostumbrado, no pudo evitar sentir un dejo de culpa. Una culpa que, sin embargo, no lograba eclipsar la absoluta felicidad que ello le generaba.
Si todas estaban regalándole sus trofeos más preciados, eso debía significar que lo querían incluso más que ello, ¿no? No estaba seguro, pero era un bonito pensamiento, y se aferró a él como pudo.
Cuando Lori se colocó frente al micrófono, decenas de flashes y luces comenzaron a destellar desde la base del escenario, donde todos los amigos de la primogénita se hallaban ahora filmando y sacando fotos del momento.
—Honestamente, no hay mucho que pueda agregar —se disculpó Lori, riendo con algo de nerviosismo en su voz—. Todos han ya dicho lo que pienso. Eres literalmente la mejor persona que conocí en mi vida. Y… bueno, a juzgar por todos lo que vinieron para mostrarte cuánto te queremos, se ve que no soy la única que piensa así. Todas las cosas buenas que has hecho estarán siempre en nuestros corazones, y tu memoria vivirá siempre en nuestros corazones. Lincoln, es por eso que este premio es para ti. Me toca a mí dártelo, pero en verdad es de parte de todos.
Y sin más, se lo acercó, para que pudiera leer con claridad la plaqueta en la base. "Primer Lugar Al Chico Que Literalmente Nunca Voy A Olvidar - ", decía.
Pues bien, esto definitivamente confirmaba que era algo con poco aviso. Él había compartido su miedo a ser olvidado la noche anterior. ¿En serio habían organizado todo esto en un día? ¿Cómo era posible?
Sea como fuere, con o sin tiempo de preparación, habían logrado hacerlo sentir especial. Y cuando ella se agachó para estar a su altura y le besó la frente con cariño cuasi-maternal, él la abrazó, tratando de agradecerle por todo. Por siempre estar allí para él. Por organizar esto. Por haber salido a buscarlo el día anterior. Por haberlo llevado de regreso a casa.
Yeah the good die young
But the great will always last
De haber sido por él, jamás se habría separado del abrazo de Lori. Le habría pedido al resto de sus hermanas que se sumaran. Probablemente también a Clyde y Ronnie Anne. Y podría haberse quedado allí con ellos, sin importarle que hubiera una multitud observándolos. ¿Cuánto tiempo le quedaba, de todas formas? ¿Una semana? ¿Una hora? Se habría quedado allí, con ellos, sin dudarlo ni arrepentirse. Fue por ello que cuando Lori se separó, estuvo a punto de pedirle que no lo hiciera. Al menos hasta que notó que alguien más subía por las escaleras, y su corazón se sintió como una bola de boliche.
Rita y Lynn Sr se acercaban, los dos dejando tras de sí un rastro de lágrimas sobre el escenario. Eran los primeros en subir al escenario sin cargar con un trofeo, pero Lincoln ciertamente no se preocupó por ello. Vio sus ojos, luchando por brillar con orgullo, y sus sonrisas, las cuales hacían su mejor esfuerzo para mostrarse auténticas y transmitir la felicidad que indiscutiblemente sentían en algún lugar de sus corazones, pero que parecía estar ahogada por la antinatural angustia y dolor de un padre que debe despedirse de su hijo.
Los dos se acercaron a abrazar a Lincoln, estrujarlo fuerte, revolver su cabello, desacomodar todas las medallas que cargaba, y contagiarle el llanto hasta dejarlo hecho un desastre. En frente de casi, ¿cuántas? ¿Sesenta personas? ¿Ochenta? ¿Cien? No pareció importarles, y con toda honestidad, tampoco le importó demasiado a Lincoln. Era tan sólo un pensamiento en el fondo de su mente, una vocecita molesta que le decía que algo así debería hacerlo sentir avergonzado, pero que en aquel momento no le importaba en absoluto.
Tras unos largos segundos junto a su esposa e hijo, Lynn Sr fue quien se separó, tomando el micrófono y aclarando su garganta para poder modular.
—Vaya… Estuve pensando qué decir durante todo este rato, pero ya estoy aquí, y todavía no encuentro las palabras —se rió, haciendo reír a algunos, y ganándose gritos de ánimo de otros—. Sólo… En nombre de mí y de mi familia… Sólo quiero agradecerles a todos los que vinieron. Esto es algo que nunca voy a poder pagarles, así que, sólo… gracias.
Rita y todas las hermanas de Lincoln asintieron desde el escenario, agradeciendo con la mirada a todos sus amigos y conocidos.
—Lincoln… Él es mi pequeño… Y… Y es realmente mi orgullo. Él y mis niñas lo son. Y no he sido perfecto como padre, he cometido muchos errores, errores que sigo cometiendo incluso después de once hijos. Pero incluso si no fui el ejemplo perfecto para él, mi muchacho Lincoln se convirtió en… en un ejemplo de persona. Incluso con once años es alguien que todos nosotros, mi esposa y yo incluídos, buscamos para que nos aconseje. Es el hijo perfecto que siempre soñé que tendría y… Y-Y… S-Significa mucho para nosotros que hayan venido a apoyarnos, y sobre todo a ayudarnos a que vea lo especial que es. Lo mucho que lo amamos. T-Todo lo que ha hecho por nosotros. Gracias. Muchas gracias a todos. Y v-voy a molestarlos por última vez para pedir un aplauso para Lincoln, porque creo que realmente se lo merece.
Cualquiera que estuviera caminando por fuera del salón habría creído que una bomba había estallado dentro. Una ovación como Lincoln jamás había visto se produjo, con todos los presentes aplaudiendo como si sus vidas dependieran de ello, vitoreando, silbando, gritando su nombre. Un tsunami de euforia y reconocimiento que lo golpeó de lleno.
Su madre acabó soltándolo para poder aplaudir también, dando unos pasos hacia atrás para unirse a su esposo y a sus hijas, quienes habían avanzado para rodear a Lincoln, formando un semicírculo con él en el centro del escenario, recibiendo la aclamación de todas las personas a las que había ayudado o quienes había compartido experiencias a lo largo de sus once años de vida. La luz de los reflectores rebotaba en la colección de medallas de todos los tamaños y colores que colgaban de su cuello, y en la pirámide de trofeos que se habían acumulado a su izquierda, y el resplandor de esta caricia al alma amagó con cegarlo.
La onírica situación lo tenía confundido. No sabía cómo reaccionar, ni cómo se suponía que debía sentirse. Era como si estuviese viendo una película, y alguien más estuviera ocupando el papel de Lincoln Loud. Decenas de personas congregadas para felicitarlo y celebrar su vida, agradeciéndole por todo lo hecho, por los momentos compartidos. Era difícil comprender que estaba realmente sucediendo, que le estaba ocurriendo a él.
Por primera vez en su vida se sintió un verdadero ganador. Un vencedor. Alguien importante. No le importó si sólo le estaban dando este reconocimiento por su enfermedad. No le importó si lo estaban viendo llorar. No le importó mostrarse débil frente a tantas personas. No le importó que el peso de las medallas le hiciera doler el cuello.
Mientras Luna y su banda se decidían por finalmente terminar con la canción, Lincoln se olvidó de todo, hasta de su enfermedad, y por unos gloriosos instantes, se permitió a sí mismo sentirse como el rey del mundo.
We're growing older
But we're all soldiers tonight
La ceremonia de premiación había sido maravillosa, pero casi más impresionante y gratificante fueron las horas que siguieron.
Al parecer, era muy difícil reunir a decenas de personas en un mismo lugar y esperar que se fueran de repente, de un momento a otro. Con tanta gente, tantos conocidos, todos reunidos allí en el salón del club, se formó una especie de fiesta. Flip trajo su puesto de comida, prometiendo rebajar los precios (aunque nadie notó ninguna rebaja), y entre él y lo que el buffet del club ofrecía, hubo suficiente comida para todos. Tratándose de un club de deportes, había muchas pelotas disponibles, y muchos de los más jóvenes aprovecharon para abrir una vez más los portones y practicar distintos deportes en la cancha cercana. Era realmente como una fiesta de cumpleaños, y así lo sintió Lincoln, particularmente.
Ni siquiera tuvo tiempo para agradecer a sus padres y hermanas por todo lo que habían hecho. En cuanto la ceremonia de premiación acabó, Katherine Mulligan, del noticiero local, se acercó a entrevistarlo, llevándolo a una ventana para que hubiera más luz natural, y con todos los trofeos y medallas expuestos detrás de sí, le hizo una entrevista de cinco minutos, preguntándole acerca de sus sensaciones por haber recibido una muestra de solidaridad tan amplia y espectacular por parte de la comunidad. Todavía estaba emocionado, y las palabras no salían con facilidad, pero sus lágrimas y su humildad al explicar que no se lo merecía fueron suficientes para que Katherine se emocionara también, abrazándolo frente a la cámara antes de ir a entrevistar a su familia.
En cuanto ella lo dejó, más gente se acercó a hablar con él. Todos los que habían asistido pero no le habían llevado nada para obsequiarle se aseguraron de acercarse a agradecerle por todo, a recordar anécdotas de cuando Lincoln los había ayudado con algo, o en el caso de que no lo conocieran directamente, de todas las cosas maravillosas que habían oído de él por parte de su familia. Así fue que se enteró de lo mucho que sus hermanas hablaban de él con sus amigos, y de cómo su padre alardeaba de su muy inteligente hijo en el trabajo. Sus compañeros de clase, chicos de la escuela, vecinos del barrio y adultos que lo conocían se acercaron, haciéndolo sentir una celebridad, queriendo sacarse fotos con él para subir en sus redes sociales o para guardar en la memoria. Algunas situaciones fueron tristes, y muchas lágrimas fueron derramadas en estas reuniones y rápidas felicitaciones, pero en su mayoría, no hicieron más que echar aire caliente al globo aéreo de felicidad y éxtasis en el que Lincoln se encontraba.
Tras más de una hora, sin embargo, Lincoln comenzó a extrañar a sus hermanas y amigos. Quería estar con sus seres queridos, y agradecerles por todo lo hecho. Una hermana en particular, sobre todo, alguien a quien quería agradecer primero, pues tenía una corazonada, y no quería olvidarse de ello. Mientras caminaba por el pasillo y la gente lo detenía para agradecerle, recordarle lo genial que era, y decirle lo bien que le quedaba su nuevo look, comenzó a buscar con la mirada, y poco a poco fue encontrando a sus seres más queridos entre la gente.
Al primero que vio fue a Clyde. Él y el resto de los compañeros de su clase estaban reunidos en una esquina, donde parecía estar contándoles una historia o una anécdota, pues todos lo miraban con atención. O quizás les estaba contando un chiste, porque luego de que pusiera una cara pensativa y llevase una mano a su mentón, todos comenzaron a reírse, contagiándolo finalmente. Liam, Rusty y Zach estaban a su lado, y Lincoln supo que no tenía de qué preocuparse. Su mejor amigo estaría bien acompañado.
Como también lo parecían estar las gemelas, a quienes Lincoln observó a través de una de las ventanas que daba hacia los juegos infantiles que se encontraban a un lado del salón. Casi todos los niños habían ocupado los columpios, por lo que sólo quedaba uno, que las gemelas y Lucy habían decidido ocupar. Pudo ver a Lola siendo columpiada por la niña gótica, mientras Lana la felicitaba desde el otro lado, esperándola con los brazos abiertos. Tras una cuenta regresiva de tres, Lola saltó desde el columpio en su punto máximo. Al igual que unos días atrás en el parque, su caída no fue perfecta. A diferencia de aquella vez, sin embargo, no cayó en el lodo, sino en los brazos de su hermana, quien no logró sostenerla del todo, pero sí amortiguó su caída lo suficiente como para que cuando las dos quedaron tiradas en el suelo, nadie se enfadara, y las dos rieran. O las tres, mejor dicho, pues Lucy también reía abiertamente con ellas, y cuando las gemelas insistieron en que ella se columpiara también, no hizo ningún esfuerzo por esconder su felicidad y diversión mientras sus hermanas menores se esforzaban en equipo para empujarla y darle un turno para que se divierta también.
Lincoln se sintió muy orgulloso por las tres, pero más orgulloso se sintió cuando notó que no era el único que mantenía un ojo sobre sus hermanitas. Cerca de la salida que daba a los juegos, Lynn se encontraba de pie, apoyada contra una de las paredes, manteniendo un ojo en sus hermanitas, cuidándolas en silencio y sin apresurarse por ir a jugar. Por supuesto, quizás no tenía apuro porque no se encontraba sola, sino que estaba rodeada por sus miembros del equipo de vóley, y mantenía un brazo alrededor de los hombros de Ronnie Anne, quien parecía estar respondiendo un sin fin de preguntas por parte de las demás niñas. A juzgar por los gestos que hacían, por las intervenciones de Lynn, y por la sonrisa confiada pero un tanto avergonzada de su novia, Lincoln creyó estar viendo la presentación de una nueva jugadora. Presentación que se vio interrumpida cuando un chico vestido con ropas celestes y una remera amarilla se acercó a la capitana del equipo, deteniéndose de pie junto a ella. Todas las demás chicas se excusaron, dejando a Lynn a solas con quien Lincoln decidió asumir se trataba de Francisco. No es que fuera un gran detective, pero cuando su hermana se ruborizó y acarició su cabello suelto, se permitió considerar que su hipótesis era correcta.
Volviendo la mirada al salón, se encontró con Lisa, sentada sola en una mesa, con varias notas, un bolígrafo y un extraño aparato científico en su mano. Su frente sudaba y parpadeaba rápido, con sus labios apretados casi dolorosamente. Parecía totalmente ajena a toda las charlas y diversión que ocurrían a su alrededor. Él estaba a punto de dejar de lado su búsqueda por un segundo para dirigirse a hablar con ella, pero una niña morena vistiendo una blusa sin mangas color cian con una flor rosada en el centro se acercó corriendo, plantándose junto a ella, tomándola de la mano, y aparentemente invitándola a jugar a algo. Lisa la miró confundida por algunos segundos, antes de suspirar, sonreír, tomarla de la mano y dejar que la niña la llevase a donde la diversión las llevara.
Se alejaron por otra de las salidas, ésta más cercana al gran portón de ingreso, y las dos pequeñas pasaron justo por delante de Luna y su grupo de amigos rockeros. Chunk, Tabby, Sam, otros chicos vestidos con ropa súper rockera y de heavy metal, pero también con Carol, quien estaba impresionando a todos al tomar una de las guitarras acústicas y tocar algunas notas. Su pose no era para nada de rock. Sostenía la guitarra y tocaba las cuerdas con la delicadeza de una violinista, pero todo el mundo aplaudía, y Sam y Luna se miraban entre ellas, alzando las cejas impresionadas y con un brillo especial en sus ojos que Lincoln no supo interpretar.
Se dirigió hacia el portón de salida, tratando de permanecer invisible, sin que nadie más lo interrumpiera. Pasó cerca de Luan, y casi se detiene a hablar con ella, pero un chico con cabello rizado castaño y una camisa de polo a rayas celestes y blancas estaba hablando con ella, colocando una mano sobre uno de sus brazos y sonando sumamente serio. Luan no reía, se veía ligeramente triste, pero incluso detrás de su tristeza había un dejo de rubor rosado en sus mejillas, y la intensidad de sus ojos brillaban como dos lámparas en la oscuridad, enfocadas solamente en este chico frente a ella.
Salió al exterior, observando a todos los chicos que jugaban en la cancha bajo el cielo teñido de franjas rojas y amarillas, pero pronto halló el gran grupo de adolescentes a quienes buscaba. Sentados a la sombra de un árbol, Dana, Becky, Whitney, Chaz y Joey charlaban entre ellos y con la inseparable pareja de Bobby y Lori, quienes se encontraban tomados de la mano, con ella recostada contra el cuerpo de su novio, su cabeza apoyada en el hombro de él. Bien, pues Lincoln no quería interrumpir el momento, pero no podía esperar a que se desocuparan.
Además, una parte de él se sentía como el protagonista de la tarde. No se imaginó que se negaran a dejarle hablar un momento con su hermana.
Así, se acercó, tratando de parecer confiado, pero fallando miserablemente mientras buscaba qué hacer con sus manos. ¿Llevarlas sueltas a un lado? ¿Llevarlas como puños cerrados? ¿Dentro de los bolsillos de su nueva chaqueta? Así fue como los adolescentes lo vieron, acercándose con sus manos en una posición completamente antinatural en el aire mientras trataba de decidir qué hacer con ellas.
— ¡Lincoln! —Lo llamó Becky, con algo de tristeza en su voz, pero tratando de sonreírle y saludarlo con la mano.
Por supuesto, todos voltearon a verlo, pero nadie tan rápido como Lori, quien pierde su cuello por culpa de la fuerza centrífuga que generó su rápido movimiento.
— ¿Todo bien, Lincoln? —Le preguntó, rápidamente poniéndose de pie y acercándose con una sonrisa hacia él, agachándose frente a él y acomodando con nerviosismo las mangas y el cuello de su chaqueta.
—Eh, sí, sí estoy bien —dijo, consciente de que toda esa gente súper genial y madura tenían sus ojos fijos en él.
— ¿Necesitas algo? ¿Cómo te sientes? ¿Quieres un poco de agua, o algo de comer, o…?
—No, no, estoy bien. Yo sólo…
Echó una fugaz mirada a los testigos.
—Sólo quería, uh… Pues, agradecerte por organizar esto. Cuando dije… lo que dije anoche, no me imaginé que te lo tomarías tan a pecho, y que organizarías esto tan rápido sólo para que me sienta mejor. Gracias —le dijo, antes de abrazarla.
Oyó claramente a Dana y Becky dejar salir unos muy tristes y estirados "aaaaw", y estaba dispuesto a apostar a que Chaz, Bobby y Whitney habían comenzado a lagrimear. Lori retornó el abrazo, apresándolo fuertemente, pero en seguida se separó, mirándolo con gentileza.
—Lincoln… no es a mí a quien tienes que agradecer —le explicó con ternura.
— ¿Eh? Pero… ¿Cómo…? ¿Y entonces quién…?
Su cara de desconcierto debió de ser muy graciosa, pues ella rió ligeramente.
—Esto no se organizó hoy. Estuvo preparándose por un par de días. ¿Por qué crees que la vitrina de casa ha estado tapada estos días? Era para poder sacar nuestros trofeos y llevarlos a que cambien las plaquetas, sin que tú te des cuenta.
La revelación golpeó a Lincoln como un guante de hule debajo de su almohada en Día de las Bromas.
—Oh —dijo, sintiéndose un tonto por no haber hecho la conexión antes—. Pero… ¿de quién fue la idea entonces?
Lori sonrió aún más, e hizo con sus ojos y cejas una seña para que él mirase a su derecha. Lo hizo, y lo que vio lo dejó atónito. Volteó nuevamente a mirar a su hermana mayor, quien simplemente asintió.
—Creo que deberías agradecerle. Estoy segura que se pondrá muy contenta si lo haces. Anda, ve.
Y tras despedirse de ella con una mirada cariñosa, Lincoln se alejó lentamente en dirección hacia la mente maestra del regalo de despedida más asombroso y encantador que jamás podría haber deseado.
Dicha mente maestra se encontraba de pie junto a las gradas que daban hacia la cancha donde los deportistas jugaban. Estaba con la cabeza apoyada sobre sus antebrazos, observando con detenimiento y admiración la belleza de una mariposa de alas azules tornasoladas que descansaba en los asientos de madera sobre los cuales tantas veces los Loud habían ido a alentar a Lynn.
Lincoln se acercó a ella, tratando de pensar en cómo referirse a este asunto. Al final, decidió que quizás lo mejor era ser directo. Así que, tomando aire, se acercó a ella.
— ¿Leni? —La llamó con suavidad, no queriendo ahuyentar a la mariposa.
Su hermana volteó a verlo, con una hermosa y sincera sonrisa reluciendo en su rostro inmaculado.
— ¡Hola, Linky! ¿Quieres venir a ver esta mariposa conmigo?
Él respondió acercándose lentamente a observar al insecto, poniéndose de pie junto a ella.
—Oye, uh… —Comenzó, tratando de hallar las palabras— Lori me dijo que tú…
— ¿Si?
—Que tú organizaste todo esto.
— ¡Ah, sí! ¡Esa fui yo!
— ¿Entonces es cierto? ¿Esto fue tu idea?
— ¡Sipi!
—Vaya… Y, ¿cómo se te ocurrió?
Leni desvió sus ojos de la inocente mariposa, volteando para dedicarle una sonrisa a su hermanito.
—El otro día, cuando estábamos por jugar al Monopoly con Ronnie Anne en mi habitación —explicó—. Bajé a buscarte porque estabas tardándote mucho, y te vi mirando muy triste la vitrina de trofeos de casa. Y me puse a pensar, ¿por qué estarías triste por nuestros trofeos? Lo primero que pensé fue que no querías que nosotras ganásemos cosas, pero me di cuenta que eso no podía ser cierto porque tú eres un niño muy bueno y siempre nos felicitas y abrazas cuando ganamos algo.
Cerró los ojos y suspiró sonriente, recordando quizás algún abrazo y felicitación que él le hubiera dado en alguna oportunidad.
—Y entonces se me ocurrió: quizás es como cuando voy al centro comercial a comprarme un vestido pero veo que alguien más se lleva el último. Y, o sea, no es que yo esté triste porque la otra persona lo tenga, pero me hace sentir mal que yo no lo pueda tener. Y me acordé que cuando su publicaste nuestros videos vergonzosos lo hiciste porque no te gustaba no tener ningún trofeo, y entonces pensé "Oh, ¡quizás el que le hicimos es muy chiquito y no brilla tanto!" Y me sentí muy mal, porque tú te mereces muchos trofeos grandes y relucientes, porque en verdad eres una personita muy buena y bonita. Así que mientras mamá te llevó a ver a Pop-Pop, le dije a las chicas que había que organizarte una fiesta sorpresa donde todo el mundo te diera trofeos por las cosas bonitas que haces por nosotros todos los días. O sea, sé que no hay competencias de gente buena, o premios a ser amable, pero yo creo que debería haberlos, porque a veces ser bueno con otra persona puede ser tan difícil como coser un vestido bonito o crear la mejor combinación de moda, ¿sabes? Y cuando las chicas dijeron que era una excelente idea, empecé a llamar a todos mis contactos y a los contactos de las chicas, preguntándoles si podían darte un trofeo por cosas buenas que hubieras hecho, ¡y todos me dijeron que sí! O sea, algunos me dijeron que no tenían trofeos, o que no tenían dinero para comprar uno, pero les dije que no hacía falta, porque lo más importante era hacerte saber que todos te queremos y que sí nos damos cuentas de las cosas bonitas que haces por nosotros. ¿Entiendes lo que digo? En verdad, lo único que quería era que supieras que aunque no tuvieras trofeos en tu vitrina, tú eres igual de valioso que nosotras. ¡Pero ahora tienes más trofeos que todas nosotras juntas, y los tuyos son más grandes y relucientes! ¡Yay!
Mientras más se estiraba la explicación de Leni, más le llegaban sus palabras al corazón de Lincoln, y en una tarde donde había escuchado mil y un cosas bonitas dichas acerca de su persona, la absoluta honestidad y contagiosa felicidad de su hermana la modista lograron darle un nuevo abrazo a su corazón, haciendo que pequeñas y saladas lágrimas se juntasen en sus ojos, cayendo con la suavidad de un pétalo de rosa en la brisa de la primavera.
—Leni, yo… Vaya… Gracias. N-No sé qué decir.
—No tienes que decir nada. Sólo quería verte sonreír.
—Y tú… Leni… Perdona que te lo pregunte, pero… Sí sabes lo que me va a pasar… ¿no?
La sonrisa de Leni se redujo considerablemente, y sus ojos se desviaron al suelo. La mariposa alzó vuelo, su azul perdiéndose en el firmamento infinito.
—Sí —dijo sencillamente, su voz apagada y débil—. Sí lo sé.
—Y… ¿por qué no has dicho nada? —Preguntó él, sintiéndose culpable por arruinar la felicidad de su hermana— Todos estos días, he estado tan confundido… A veces te ves triste, pero la mayor parte del tiempo es como… como… como si nada estuviese mal.
Ella levantó la mirada nuevamente, sus ojos verdes fijándose en los castaños de su hermano.
—Lincoln… Yo… Estoy muy, muy triste, ¿okay? A veces… casi todas las noches lloro con Lori —admitió, y una lágrima atravesó su mejilla izquierda—. Y a veces lloro en el baño. Y a veces lloro cuando estoy sola en mi habitación. Y lloré un par de veces en el garaje. Siempre me pregunto por qué tiene que pasarnos esto… Pero cada vez que estoy llorando, pienso en ti. Y sé que no te gusta vernos llorar. Y sé… Pues, yo sé que esto seguramente es muy feo para ti también, ¿okay? Y pues… No sé…
Más lágrimas siguieron a la primera, pero aún así encontró la fuerza de voluntad dentro de sí para poder sonreírle una vez más.
—O sea, no sé si esto tenga mucho sentido, pero… Sé que voy a tener toda mi vida para extrañarte y llorar. Pero el doctor feo con el bastón nos dijo que no teníamos mucho tiempo contigo. Y cuando recuerdo eso, es como que pienso… ¿Por qué llorar cuando estoy contigo, si en su lugar puedo hacer cosas para que sonriamos juntos? Si no tenemos mucho tiempo que nos quede, ¿por qué no aprovecharlo y asegurarnos de que sean los mejores momentos de nuestra vida?
Con la cantidad de tiempo que la ceremonia de premiación había tomado, y todo el rato que había ocurrido desde entonces, el Sol estaba comenzando ya su caída libre, corriendo y corriendo para esconderse detrás del horizonte. Lincoln había escuchado en alguna oportunidad de la "hora dorada" en fotografía, ese maravilloso momento antes de la puesta del Sol donde los tonos cálidos de la luz se refractan con mayor potencia, y que todos los fotógrafos buscaban siempre retratar en sus trabajos, de ser posible.
Pues bien, el Sol estaba escondiéndose a sus espaldas, y la luz dorada caía sobre su hermana, haciéndola ver más hermosa que nunca, y si bien sus lágrimas brillaban también con la intensidad del Sol, lo único en lo que pensó fue en lo feliz que ambos eran en aquel momento, teniéndose el uno para el otro.
Sin mediar palabras, se abrazaron, compartiendo el momento, disfrutando de la soledad aparente, entendiéndose en un nivel que Lincoln jamás esperó de su hermana. Se sintió un tonto por subestimarla, pero su corazón palpitó con más vitalidad que nunca.
Tan sólo se separaron cuando oyeron un sollozo detrás de ellos. Lincoln volteó, encontrándose con su mejor amigo, Clyde, llorando de alegría, mientras su novia Ronnie Anne trataba de consolar con una caricia en el brazo al chico de lentes.
—Lo siento, lo siento, no quería interrumpir el momento —se disculpó Clyde.
—No, está bien —dijo Lincoln, separándose de Leni y fregando sus ojos con la manga de su chaqueta—. Clyde, Ronnie Anne… Yo, uh…
—No digas nada, tonto —lo interrumpió su novia, acercándose a él para tomarlo de la mano—. No hay nada qué decir.
—Sí, bueno, pero yo sólo quiero disculparme por…
—Ella tiene razón —interrumpió, esta vez, Clyde—. Lincoln, no quiero escucharte decir nada. Por una vez, sólo… sólo cállate y acepta los cumplidos.
Los otros tres parpadearon, sorprendidos por las palabras del usualmente súper educado Clyde. Tras unos segundos, sin embargo, los cuatro estallaron en risas, y la risa fue una terapia para Lincoln, quitándose el estrés, los nervios, la tristeza, y la horrible sensación de que su pecho se hundía en aguas heladas. Rieron más de la cuenta, más de lo que era objetivamente esperable por un exabrupto tan ligero y para nada impresionante.
Adoraron cada segundo de risa.
—Por cierto, tengo esto para ti —dijo Clyde, acercándole a Lincoln el teléfono que se había olvidado en casa de Rusty.
El chico de cabello castaño lo tomó, examinándolo con cuidado.
—Voy a tener que disculparme con los chicos —comentó.
—Sí. Sí, vas a tener que hacerlo. Pero no ahora —le dijo Ronnie Anne, acercándose más a él para rodear su cintura con uno de sus brazos—. Ahora es sólo para relajarnos. ¿Qué quieres hacer?
Lo consideró por unos segundos. Le habría llevado menos tiempo, pero la luz del atardecer se reflejaba muy hermosa en los ojos de su novia, y en sus labios…
—Siempre quise… sólo sentarme a ver un atardecer —dijo, pensando en uno de los tantos objetivos que tenía escritos en su lista y que aún no había completado.
—Pues… hay unas gradas esperando a que nos sentemos —señaló Clyde, y en seguida los cuatro se dirigieron allí, subiendo a las gradas más altas.
Lincoln se sentó con su mejor amigo y su novia a cada lado, y Leni en el asiento detrás del suyo. Estaba acomodándose, cuando unas voces llamaron su nombre desde abajo. Él miró, y sonrió al ver al resto de sus hermanas y a sus padres acercándose, encabezados por las gemelas.
— ¡Abran paso! —Gritó Lana, acomodándose entre Clyde y Lincoln.
— ¡Ni lo sueñes, Ronnie Anne, él será tu novio pero es todavía mi príncipe! —Amenazó Lola, colocándose entre su hermano y su joven cuñada.
Toda la familia rió ante los celos de la pequeña, y tras preguntar qué es lo que estaban haciendo y volteando a ver el horizonte tras la explicación de Lincoln, todos tomaron sus lugares. Lynn se sentó junto a Ronnie Anne, con Lucy siguiéndola de cerca. Lisa se dirigió hacia la derecha de Clyde, dejando en el camino a Lily en el regazo de Lincoln. Luan, Lori y sus padres se sentaron junto a Leni, una fila detrás de Lincoln, y Luna buscó uno de los extremos para poder dejar la guitarra de Sam cómodamente a su lado, sin molestar a nadie.
Mientras todos se acomodaban y hablaban casualmente entre ellos, con Ronnie Anne ofreciéndole a Lola que se siente en su regazo para que ambas estuvieran a la misma distancia de Lincoln, Lisa explicándole a un muy interesado Clyde el fenómeno que producía los colores tan ricos del atardecer, y el resto de la familia simplemente admirando el paisaje, él volteó a ver a Luna.
—Oye, ¿hermana? —La llamó con una sonrisa.
— ¿Sí?
—Tócate una canción, ¿sí?
Ella le sonrió, tomando una púa y preparándose para tocar.
— ¡Claro! ¿Qué quieres?
—Cualquier cosa. Lo que sientas en este momento.
La chica asintió lentamente, con su cabeza rebotando y sus ojos desviándose a un costado mientras pensaba. Finalmente, sonrió, y sus dedos comenzaron a tocar una rápida y animada melodía a modo de introducción antes de pasar a un rasgueo más pausado y sentido, con las vocales acompañando a la perfección la melodía in crescendo.
You're my backbone, you're my cornerstone
You're my crutch when my legs stop moving
You're my headstart, you're my rugged heart
You're the pokes that I've always needed
Like a drum baby don't stop beating
Like a drum baby don't stop beating
Like a drum baby don't stop beating
Con la música sonando de fondo, Lincoln realizó una última mirada a su alrededor. Caras sonrientes, tranquilas, relajadas, todos disfrutando del silencio y de la belleza del atardecer. Agradecidos por tenerse los unos a los otros. Exprimiendo el momento, aprovechando un instante que todos deseaban que se estirara y durase para siempre. Al menos así lo sentía él, sosteniendo la respiración para sentir el frío aire del atardecer en sus pulmones, tratando de capturar este recuerdo para toda la eternidad. Su familia, sus amigos, sus monumentos.
Like a drum my heart never stops beating
For you, for you
Baby I'm not moving on
I love you long after you're gone
For you, for you
You would never sleep alone
I'll love you long after you're gone
And long after you're gone, gone, gone.
Con una gran sonrisa, se fijó en el horizonte, viendo el Sol descendiendo lentamente, desapareciendo sólo para regresar al día siguiente en el interminable ciclo de la vida y la naturaleza. Se concentró en cada uno de los colores que se reflejaban en las nubes y los edificios lejanos en la silueta de la ciudad. En los suaves movimientos de Lily en su regazo. En cómo Ronnie Anne lo tenía fuertemente tomado de la mano. En Lola y Lana apoyando sus cabezas a cada lado de su pecho. En las suaves notas de Luna, en la tímida risa de Leni y el familiar "¿Entiendes?" de Luan.
Lincoln Loud se detuvo un instante para apreciar su situación, su familia, su lugar en el mundo. Una poderosa sonrisa se apoderó de su rostro, mientras cerraba los ojos y suspiraba, disfrutando de la cálida luz que bañaba su rostro, su cuerpo, y el de todos los que lo rodeaban.
Quizás Lisa ignorase su consejo y encontrase una milagrosa cura para su enfermedad, pero siendo honestos, en aquel momento sintió que la inmortalidad estaba sobrevalorada.
¿Por qué preocuparse por el final del recorrido, cuando el viaje ofrecía tan bellas vistas?
