Sealand deja que Dinamarca lo cargue por un poco más de un kilómetro, hasta que el búnker ya no está a la vista, cuando se desliza fuera de sus brazos e insiste en caminar a su lado, su orgullo haciendo que no tolerara que lo acarrearan, pero con los nervios suficientemente alterados como para no soltar la mano de Dinamarca, sus dedos entrelazados fuertemente con los del hombre al tiempo que se hacían camino entre el destrozado terreno.

Cuando Dinamarca le había dicho que todo se había quemado, no lo había dudado un segundo. Basándose en las memorias que tenía de las primeras llamaradas, nunca dudó que la mayoría de las cosas estarían achicharradas y cubiertas de ceniza, pero ahora, viéndolo todo en persona por primera vez, le causa un dolor que nunca ha sentido antes. No es solo un baldío yermo y apelmazado como había estado esperando. Había imaginado que las montañas se habrían aplanado y que los bosques habrían desaparecido, que todo se habría ido, simplemente devorado por La Calamidad y sus furiosas temperaturas, abandonado en un estado de vana soledad rodeada de un mar negro. Nunca esperó encontrar nada.

Pero todas las cosas siguen ahí.

Hay árboles en pie, raquíticos y ennegrecidos, que emergen del duro suelo como palillos usados, con sus ramas enflaquecidas extendiéndose enroscadas hacia el cielo gris, plagado de nubes negras y densas que llueven cenizas sobre ellos sin pausa, las secas ascuas ahogando los sonidos, recordándole a Peter del invierno, cuando la nieve solía silenciar al mundo. Le lleva unos segundos darse cuenta de que las nubes están hechas de humo, y no son nubes en lo absoluto, que dejan caer cenizas porque el mundo sigue quemándose, y que, si mira con atención hacia el horizonte, puede ver el brillo anaranjado de una pila de cosas que están incendiándose.

"Probablemente era un estacionamiento," Dice Dinamarca cuando le pregunta algo al respecto.

Los autos también siguen ahí. Se alinean en las orillas del camino, la mayor parte de ellos torcidos y deformados, volteados boca arriba o de lado y con tanto polvo encima que Sealand ya no puede distinguir el color de la pintura. Todas sus ventanas están rotas y el pavimento está decorado con trozos de cristal y pedacitos de tapicería. Al pasar a un lado de los carros, Dinamarca pone ambas manos sobre los hombros de Peter, y lo mueve hasta que está caminando frente a él, guiándolo a través del cementerio automovilístico.

"Nunca te acerques a los autos, si puedes evitarlo," Señala el parabrisas roto de un camión repartidor volcado a medio camino. "Todos ya han sido vaciados de cosas útiles, pero algunas veces hay gente escondida dentro, especialmente en los más grandes." Su mirada se torna en dirección a Peter, cuando este avanza un poco más hacia él, nerviosos, y Mathias le da un apretón a su hombro. "Solo tenemos que avanzar un poco más y podremos salirnos del camino principal. No te preocupes."

Pero Peter no puede evitar preocuparse. Todo esta tan callado, en su pequeño mundo gris, que cada vez que sus botas pisan cristales, o la mira del rifle de Den choca contra un extremo de la bolsa, casi muere del susto, esperando con miedo a que alguien salga de las sombras oscurecidas de los autos. Solo ha visto gente dentro de los refugios y ninguno de ellos se veía muy bien, y las imágenes que conjura su cabeza sobre bandidos, asaltantes, y la gente del exterior son de pesadilla. En su mente aparecen como criaturas con los ojos hundidos, la piel floja y grasienta, con huesos y cabellos humanos atados a sus cinturones, y trofeos de ropa de sus víctimas; tal vez incluso con mutaciones extrañas como los personajes de aquel videojuego que Suecia nunca dejaba que jugara…

"Hey," La voz de Dinamarca lo saca de sus intranquilos pensamientos y Peter lo voltea a ver mientras él los dirige fuera de la derretida y ondulada carretera, y hacia el polvoroso camino más cercano a la salida de la autopista. "Vámonos por este camino por ahora. Es una calle más local, así que no habrá tantos autos."

Cada vez que deja caer su pie, la suela de su zapato se hunde en la ceniza, levantando pequeñas nubes de polvo gris. "¿A dónde vamos?"

"Quiero intentar llegar a las afueras de la ciudad si podemos. Tal vez al área de Lochhausen. Se cubre los ojos con una mano y ve hacia el desolado cielo. "Salimos con suficiente tiempo para llegar antes de que oscurezca, si nos apuramos."

Peter le da un vistazo a la pierna derecha de Dinamarca, observando sus pasos impedidos con cierta inquietud. Está caminando a un ritmo continuo, pero no es lo que Sealand llamaría apurarse. No es como si el mismo fuera muy rápido. Sus pulmones aun punzan dolorosamente y no puede caminar por más de unos minutos sin que su respiración salga de control, teniendo que aferrarse al abrigo de Mathias para poder seguir su determinado avance.

Sin embargo, el danés nunca deja que se rezague y lo tiene mantiene cerca todo el tiempo; ya sea entrelazando sus manos o presionando su palma firmemente sobre los hombros del muchacho, Dinamarca se asegura de que estén próximos y pacientemente se detiene cada vez que Peter necesita recuperar el aliento o descansar sus piernas. Después de tanto tiempo de inactividad en el refugio, sus piernas arden por el uso. Las capas de ceniza hacen ver al suelo más suave de lo que es, pero la verdad es que cada paso desgasta la suela de sus zapatos y cuando detienen para comer, Peter está seguro de que ya no podrá seguir.

Dinamarca lo sienta sobre un viejo neumático y le indica que levante su pie. "Tenemos que conseguirte nuevos zapatos." Murmura mientras examina las suelas de los zapatos deportivos. "Si pisas algo filoso, como clavos u otras cosas, te van a atravesar el pie." Deja ir el pie de Sealand y su bolsa también, dejándola en el suelo a su lado. Abre el cierre y saca una botella de agua y una barra de granola, y la parte a la mitad, dándole una de ellas a Peter. "Toma."

Sealand la recibe y jala la bandana abajo lo suficiente como para mordisquearla, observando a Dinamarca sacar el mapa de nuevo y apuntar con el dedo la ruta que están siguiendo. Su mitad de la barra está balanceándose sobre su rodilla y después de un momento él también se quita el improvisado cubrebocas de su cara y empieza a comer, arrastrándose más cerca de Peter para poner el mapa entre los dos.

"¿Sabes cómo leer un mapa?"

Peter asiente. "Arthur me enseñó cómo hacerlo hace mucho tiempo." Su dedo apunta a Polonia. "Vamos al Noreste, ¿no?"

"Bien," Dice Dinamarca, sonriendo con la barra aun entre sus dientes. "¿Y sabes cuál es el Norte sin una brújula?"

"Ajá. Finlandia me enseñó a utilizar una vara y el sol para hacerlo, pero también sé cómo hacerlo con un reloj." Toma el envoltorio de la barra y lo guarda hecho bola en su bolsillo. "Pero no tengo un reloj. ¿El sol alguna vez sale lo suficiente como para usar palos?"

"No." Den acaba con lo que queda de su barra y dobla el mapa. Luego, mete la mano a su bolsillo y saca una pequeña brújula de plástico que pone firmemente en las manos de Peter. "No es completamente exacta, pero es mejor que nada." Sonríe al niño. "¿Por qué no la llevas tú?"

La toma dudosamente y la examina en sus manos. La superficie está rota y algo manchada de ceniza pero la flechita roja aún está intacta y apunta al lugar correcto. "¿y si la pierdo?"

Dinamarca le da un golpecito en las rodillas y se yergue. "No la vas a perder." Rápidamente amarra su bandana a su cuello de nuevo, deteniéndose para limpiar sus gafas con la esquina. Una vez que la acomodó sobre su rostro, se agacha a recoger su mochila, y toma la de Peter también sin que el muchacho pueda protestar. "Te duelen los pies, ¿no? Yo puedo cargarla."

Sealand suelta un bufido inconforme y se empuja fuera de la llanta desinflada. "Mis pies están bien," Dice entre dientes. "Puedo cargar mi propia mochila." Extiende su brazo para tomarla, pero Dinamarca sacude su cabeza y solo agarra su mano para regresar al camino.

"Solo has estado fuera por un día. Tienes que acostumbrarte antes de esforzarte demasiado. Si lo haces podrías lastimarte." Le da un codazo amistoso. "Primera regla del fin del mundo: solo esfuérzate cuando es necesario. No vale la pena desgastarte por algo estúpido porque cuando llegue el momento vas a necesitar todas tus fuerzas."

Sealand baja cuidadosamente del borde roto del pavimento hacia la tierra seca. "¿Cómo se cuál es el momento?"

"Créeme, lo sabrás."

A pesar del optimismo de Dinamarca, no llegaron tan lejos como habían pensado, y cuando llega la noche, le informa a Peter que eso es todo por hoy y juntos trepan para acampar bajo un desnivel en la autopista. Entre sus frecuentes paradas para descansar y el evitar los caminos principales no han avanzado mucho, pero ya hay suficiente espacio entre ellos y el búnker que Peter siente una cierta finalidad cada vez que mira hacia atrás y ve solo el turbio ambiente grisáceo. No está seguro de si es un buen sentimiento o no, pero le revuelve el estómago pensar en todo el camino que les falta por recorrer.

Hace mucho más frío ahora que la noche llegó, y aunque su atención se centra en Den, mientras el saca las mantas y sabanas de la mochila, no puede evitar sentir el cortante frio atacando sus extremidades y haciendo que se sacudiera con escalofríos. Peter sube sus rodillas hasta su pecho e intenta que su incomodidad pase desapercibida, pero la acción no fue ignorada por el danés, quien tan pronto terminó de instalar su dormitorio itinerante, se quitó su enorme abrigo y lo envolvió sobre los hombros de Peter.

"Mañana deberíamos intentar encontrar un puesto de intercambio." Se deja caer en el suelo, a un lado de Peter, cruza sus piernas e inspecciona los objetos que contiene. "Seguramente podremos intercambiar algo de lo que tenemos por un abrigo y unas botas para ti."

"¿Puesto de Intercambio?"

"Mm. Muchas de las ciudades más grandes los tienen. No todos han perdido la cabeza y a veces encuentras montones de gente intercambiando cosas que escarban por ahí." Saca un par de binoculares y los gira en su mano, pero termina sacudiendo su cabeza y guardándolos de nuevo. "Son como, mercados de pulgas, creo. La mayoría solo son grupos de personas con un montón de cajas mojadas llenas de basura que sacaron de tiendas departamentales."

"¿Y por qué no vamos simplemente a una de esas tiendas?" Bosteza y se desliza un poco más cerca de Den. "¿No sería más seguro?"

"Si, pero para este punto, seguro no encontraríamos nada. Múnich tiene una población enorme y casi todos ellos ya saquearon las tiendas hasta vaciarlas. Tal vez cuando nos alejemos más podríamos inspeccionar otras tiendas, pero el esfuerzo sería en vano aquí dentro."

Sus ojos se entrecierran, y empieza a adormilarse a un lado de Dinamarca "Oh."

Den arroja su brazo sobre los hombros del niño y lo levanta con el otro, caminando cuidadosamente sobre el suelo desigual, hacia el sitio donde ha tendido el montoncito de sábanas. Baja a Peter ahí, cubriéndolo con la delgada cubierta de mantas apiñadas, asegurándose de que el largo abrigo que le prestó cubra sus pies, antes de levantarse a colgar sus mochilas en un puntiagudo cable que se asoma de los escombros.

"Pueds tomar tu abrigo de regreso…" Peter murmura al tiempo que Dinamarca se acuesta a su lado. "No tngo tant- frio*"

La risa silenciosa de Den es cálida, en su nuca. "Claro que sí. Aun estas temblando."

"No lo estoy"

"Si lo estas"

Sealand respira profundamente y renuncia la discusión, conformándose con girarse para ver de frente a Dinamarca, levantando una ceja curiosamente mientras sus ojos se acostumbran a la obscuridad. Den tiene el pedazo de tela amarrado sobre su nariz y boca. "¿Vas a dormir con eso puesto?" Peter se acomoda en una posición erguida. "No estamos entre la ceniza."

"Es hábito."

"¿Yo debería….?"

"No es una mala idea." Dice y alcanza otra bandana de su bolsillo, una que no está cubierta de mugre por caminar con ella todo el día. Tentando con suavidad, amarra la bandana alrededor de la cabeza de Peter, sobre sus orejas. "Si no puedes dormir con esa cosa puesta solo cúbrete con las mantas. Es casi lo mismo."

"¿Y por qué no haces tú eso?"

Den alza los hombros. "Soy demasiado alto. Pero tu si puedes."

Peter levanta sus brazos alrededor de su cabeza para ajustar el nudo. "Esto está bien." Hace una pausa en lo que Dinamarca se acomoda sobre su espalda, sintiendo la culpa en si vientre cuando lo siente tiritar a través de las sabanas que los cubren. Después de un momento, suspira enojado y se mueve, cubriéndolos a ambos con las cobijas.

"Estas rompiendo tus propias reglas, idiota," murmura. "Deja de ser idiota."

Ni siquiera tiene que estar viéndolo para sentir la sonrisa de suficiencia que cubre el rostro de Den cuando lo atrapa en sus manos cuando estaba volteándose, y le da una fuerte abrazo. "Suenas como Noruega." Su mirada se pierde por un momento, hundido en sus pensamientos. "En realidad, suenas como todos ellos," dice, riendo quedamente. "Me refiero a lo de llamarme idiota."

Peter frunce el ceño. "Es tu culpa por darles tantas razones de llamarte idiota."

"Lo sé."

Un silencio incomodo se extendió momentáneamente sobre los dos, hasta que Dinamarca estrecho su abrazo y bajo su cabeza lo suficiente para que la manta cubriera sus orejas.

"Los encontraremos," dice, la seriedad palpable en su voz. "Vamos a encontrarlos."

"Si…" Sealand se muerde el labio y aprieta con más fuerza la mano temblorosa de Dinamarca.

"Lo sé."


*Estos errores estan aproposito. En la original, se usan apostrofes para cortar palabras y dar efecto (Y´can/ M´not) No he enocntrado una manera de hacerlo asi en español :/ asi que decidi experimentar. Porfavor diganme si le da algun efecto a la lectura, o si se ni se dieron cuenta hasta que lo señale.

Si, no he abandonado la traduccion. Ni planeo hacerlo. Solo que he estado ocupada estudiando...¿Que para que son las vacaciones? No lo se, nunca he oido de ellas

7-7