Ay, me emocione cuando lei sus reviews y ya me apure para terminar este capitulo. Todos son un amor, me dan combustible para seguir. 3 El siguiente capitulo va a esatr listo mas o menos alrededor del fin de semana, para que anden pendientes. Si no esta para el lunes, me dan con la chancla :'D (Ya me silencio, para que puedan leer en paz)


A pesar del constante optimismo que emana de Dinamarca, les toma más de una semana llegar a un puesto de intercambio.

En los días previos a su descubrimiento, continúan haciendo poco más que avanzar su atrasado ritmo, deteniéndose constantemente por la necesidad de Peter de descansar sus piernas, hasta que la tolerancia de sus músculos aumenta después de cinco días, cuando es forzado a trepar por encima de las irregulares orillas de una puente quebrado. Dinamarca se ofrece a ayudarlo a cada oportunidad, se detiene a que recobre el equilibrio o lo sujeta para trepar, incluso sugiriendo varias veces que Peter debería trepar a su espalda. Y mientras el aprecia que la mano del danés siempre este para sujetarla mientras atraviesan las vacías y fantasmagóricas intersecciones o explanadas de edificios derrumbados, no acepta ninguna de las ofertas de ser cargado.

"¡No soy un niñito!" Es su indignada respuesta cada vez, y siempre es recibida con una sonrisa y asentimiento de Dinamarca.

En los primeros días de su viaje, la conversación fluía fácilmente, mantenida por el torrente de preguntas que Peter hacía sobre los lugares en que Dinamarca había estado y lo que había visto en lo que quedaba de esa tierra fracturada. La mayoría de sus preguntas eran acerca de las ciudades y la naturaleza, evitando oír sobre la gente en ellas y lo que había sido de esta, pero pronto su curiosidad gana y comienza a hacer preguntas sobre España e Italia y su búsquedas de rescate para encontrar humanos supervivientes entre los escombros. Dinamarca contesta todo con honestidad y cuando pregunta que pasó con Romano, nunca pausa.

"Sobrevivió las primeras llamaradas," Dinamarca responde mientras tira de la manija trasera de la cajuela de un camión volteado. "El problema es que todo seguía en llamas y el estaba demasiado herido para salir de Cosenza a tiempo. Oye, pásame la palanca que este dentro de mi bolsa ¿no?"

"¿Qué pasó en Cosenza?" Le pasa la palanca y se para detrás de él, viéndolo forzar las puertas con esta y saltar dentro.

"Se quemó. Seguía en llamas cuando llegue, pero no quedaba mucho." Arrastra fuera de la camioneta una caja de plástico llena de cajas más pequeñas y comienza a arrancar pedazos del cartón para abrirlas, su boca tornándose mueca cuando el olor de vegetales podridos llenó el camión. "España intentó encontrarlo, pero con esa pierna suya, no fue lo suficientemente rápido. Encontró a Feliciano por pura suerte, pero para cuando alcanzó a Romano no había algo que enterrar siquiera." Deja escapar un suspiro y lanza la última caja sobre su hombro.

"No hay nada que valga la pena llevarse."

Sus respuestas francas lo molestan al principio. Suecia le había contado historias de antes, cuando él, Dinamarca, y Noruega habían estado juntos, y había descrito a Dinamarca como alguien bastante insensible, un adjetivo que le queda perfectamente cuando su rostro no cambia ni un poco al contarle a Peter sobre los cuerpos achicharrados en Venecia y la barrera hecha con huesos en la frontera suiza. Incluso cuando habla de los otros, de como Italia parecía un esqueleto o de como España necesitaba un pedazo de metal para poder moverse, su voz permanece plana y sin emociones y eso molesta a Peter, hasta que un día decide preguntarle el porqué.

"No suenas muy preocupado, "Le dice cuando se detienen a descansar a un lado de un arroyuelo desecado. Se sienta a su lado y juega con la ceniza a sus pies con una rama alargada, sin un deseo particular de voltear a verlo cuando saca el mapa para marcar su progreso. "¿Cómo puedes ser así?"

"¿De qué hablas?"

"Me refiero a que, bueno, suenas como si no te importara en absoluto."

Dinamarca exhala y se recuesta contra la corteza de un árbol detrás de ellos. "Mira, Peter, esa no es la razón. No puedes ni imaginar cual es."

"Entonces…. ¿Porque?"

"Soy viejo. Realmente viejo. He visto un montón de cosas horribles y así es como aprendí a lidiar con ello. Tengo que ser completamente honesto acerca de estas cosas, porque si intento endulzarlas y cambiar lo que son, hace mucho peor el momento en que la verdad viene a golpearte en la cara." Dobla el mapa y le arroja una botella de agua casi vacía. "¿Entiendes?"

"Eso creo."

Dinamarca lo mira curiosamente por un momento. "¿Eso crees?"

"Es solo que hace ver a todo bastante irremediable." Le da vueltas a la botella en sus manos, viendo la tierra negra. "No es muy motivador."

Den se acerca para apretar su hombro, girándolo un poco para mirarlo. "Hay una diferencia entre ser honesto y perder la esperanza." Dice con seriedad. "De cualquier forma, que las cosas estén desesperadas debería ser la mejor razón para seguir adelante. Seguimos aquí y mientras sigamos respirando, la esperanza es lo que hagamos de ella, ya sea liberando personas de las ruinas o caminando por quien sabe cuánto para encontrar a nuestra familia. Tan pronto y pierdes tu razón para vivir, ahí es cuando es irremediable." Hace señas hacia la botella en las manos de Peter. "Termínate eso. No has tomado nada hoy."

"Tampoco tú."

"Claro que sí."

"¿Cuándo?"

"Antes de que despertaras."

"Mentiroso."

"¿Ya tómatela, por favor?"

Sealand suspira y desenrosca la tapa. "Solo me tomaré la mitad. Tu puedes tener el resto." Sube la botella hacia sus labios, permitiendo que se mantuviera ahí mientras mira fijamente a Dinamarca. "¿Trato?"

"Si, sí." Espera a que Peter terminara su mitad antes de levantarse y tomar la botella de regreso. "Ganaste esta vez."

Tan pronto y vuelven al camino, intenta ignorar el momento en que Dinamarca guarda la botella, el agua sin tocar, de vuelta en la bolsa.

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Para el quinto día, sus roles se revierten, y Peter está ocupado respondiendo las preguntas de Dinamarca. No logra recordar mucho acerca de La Calamidad, y comienza a hacer preguntas en voz alta cuando están a la mitad de un campo de aviación abandonado.

"¿Qué crees que haya sucedido con los aviones que estaban en el aire?"

"Algunos chocaron," Responde Peter. "Hubo uno que se estrelló algo cerca de la casa de Inglaterra."

"¿Seguía intacto?"

"Más o menos. Todavía tenía alas y todo, pero estaba fundido completo."

"Maldición. ¿Supongo que no necesito preguntar si alguien salió vivo?"

"Lo dudo."

Silencio.

"¿Estabas afuera cuando pasó?"

"No," Suspira y se halla a si mismo contando sus pasos sobre la pista deformada, el duro plástico moldeado fuera de forma, pero aun de un brillante naranja bajo las cenizas. "Estuve en la casa de Inglaterra todo el tiempo. Cuando llegó la primera llamarada, Francia no podía ni siquiera mantenerse en pie y tuvimos que arrastrarlo debajo de una mesa para que no le cayeran cosas encima. Cuando llegó la segunda, el techo se cayó sobre nosotros."

"Bastante increíble que resistiera tanto tiempo."

Asiente. "Estábamos los dos bajo esa mesa, con Francis, pero en realidad no recuerdo mucho lo que pasó mientras estuvimos ahí. Solo recuerdo que estaba muy, muy caliente y olía realmente mal." Peter hace una pausa. "Inglaterra hablaba mucho. Tenía una radio e intentaba conseguir ayuda, pero también me hablaba a mí. Me despertaba muy seguido." Arruga la nariz y camina por encima de las aspas derretidas de un helicóptero que estaba soldado al pavimento, intentando no acercarse mucho al resto de la nave. "Era molesto."

Den se ríe y pasa por encima de las aspas también. "Pudo haber sido peor. Pudiste haber terminado con Alfred. Hubiera hablado hasta quedarse mudo."

"Si" Su ceño se frunce y, luego de un momento, voltea a ver a Dinamarca. "¿Tú crees que está bien?"

"¿Quién, Arthur?"

"Ajá."

"Absolutamente." Asiente con severidad. "Si alguno de nosotros puede contra toda esta situación basura, entonces tendría que ser Inglaterra." Una sonrisa ladeada y un codazo afectuosos fueron dirigidos a Peter. "Ese vejete es mucho más resistente de lo que parece. Francia también. Apuesto a que todos ustedes estaban en el mismo bote, pero los dejaron en diferentes refugios. Probablemente nos los vamos a encontrar si es que los trajeron a Alemania también. Hay bunker por todos lados, solo hay que encontrarlos."

Sealand permanece callado por un largo tiempo. Sostiene la mano de Dinamarca mientras caminan, mirando al piso, intentando tragarse sus emociones. En alguna parte de su cabeza, viene a su memoria un olor particular y, después de unos minutos, suspira pesadamente y aprieta la mano de Den. "Creo que Francia está muerto."

"¿Por qué?"

"Nunca dijo nada mientras estábamos bajo la mesa."

"Eso no significa que este muerto, Peter."

"Empezó a haber un olor después de unos días…"

"Probablemente solo era sulfuro."

"No lo era."

"¿Tu como sabes?"

"Nací en la Segunda Guerra Mundial, ¿Recuerdas?"

"Ah, sí."

De nuevo, el silencio se interpone entre ellos y solo después de haber dejado el campo de aviación es cuando Dinamarca continua preguntando.

"¿Tenias miedo?"

Peter se sorprende a si mismo cuando tiene que pararse a pensar en la respuesta. "No recuerdo."

Una pausa.

"¿Tienes miedo ahora?"

"¿Tu?"

"Yo pregunte primero."

"Si. ¿Tu?"

La mano de Dinamarca se estrecha alrededor de la suya y mira hacia arriba, hacia el miserable cielo.

"Más que nunca he estado en mi vida."

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Después de ocho días de caminar y acampar, por fin lo encuentran.

En la base de una gran colina, el valle se abre frente a ellos en una plana explanada llena de lonas azules y plástico claro, estiradas sobre un alambre anaranjado, formando una especie de ciudad-carpa sobre las enlodadas tuberías de una vieja fábrica. Lo huelen antes de verlo; el aire esta atosigado con un olor acre y químico, que resulta ser una pila de neumáticos ardiendo en el centro de la ciudad, remojados con fluido incendiario y prendidos minutos antes de su llegada. El campamento entero está rodeado de montes quemados y fabricas dilapidadas, bien escondido en el ambiente, acunado por un enorme agujero debajo de este.

Incluso desde su posición alzada en la colina, Peter puede ver que hay mucha gente.

Dinamarca se agacha y se asoma a través de un par de binoculares por un largo tiempo antes de dar una señal de "OK" y tomar la mano de Peter, su expresión seria cuando le advierte que no lo suelte, por mucho que suceda.

"Estos lugares son peligrosos," Explica cuando se hacen camino dentro del barranco. "Hay gente que viene solo para intercambiar, claro, pero si la oportunidad se les presenta no van a evitar robar. Eso incluye personas." Voltea hacia abajo para mirarlo. "Hay demasiadas personas con malas intenciones que solo están esperando a viajeros estúpidos. No bajes la guardia."

Con ojos abiertos como platos, asiente y camina más cerca de Dinamarca, extra cuidadoso de quedarse pegado al lado derecho de este cuando accedieron por fin al mercadillo y fueron bienvenidos por una multitud de gente gritando, que no les prestaron mucha atención más allá de un par de miradas avariciosas. El hedor de llanta quemada solo se vuelve peor al momento que dan un paso dentro de las carpas. Se mezcla con otros olores; moho y gente sudorosa siendo los más potentes entre el pestilente lodo en el que chapotean sus botas; mojado, pegajoso y gris por la ceniza, y apestando a cloaca mientras se pega a la pernera de su pantalón. Tan pronto están dentro, Peter aprieta su bandana contra su nariz. Hace poco por bloquear el olor, pero es mejor que nada.

Hay gente de diferentes edades en todos los puestos. Algunos están sentados sobre toallas y cobertores, con pilas de cajas húmedas frente a ellos mientras otros se sentaron directamente sobre el lodazal, con las caras en blanco y miradas paranoicas mientras intentan promocionar sus bienes sacados de los restos. Peter estudia a algunos de ellos en lo que van atravesando el lugar. No logra encontrar una sola persona sin alguna herida, algunas peores que otras, pero todos ellos están emaciados y cetrinos, muchos con partes faltantes o enrojecidos por alguna cicatriz que aún no sana, aun estuviera sensible y endurecida en los bordes. Si alguno de ellos nota su interés, no intentan detenerlo y sus expresiones secas no cambian cuando alguno de ellos encuentra su mirada.

Aun así, hay una mujer, sentada detrás de una montaña de revistas y animales de peluche, que le gruñe, con sus labios húmedos y ampulosos formando una mueca que expone dientes negros, cuando lo atrapa mirándola. Eso es suficiente para hacerlo pagar un brinco y se aferra con más fervor al brazo de Dinamarca, urgiéndolo a apurarse lejos de su puesto, y con eso termina su estudio de la fauna local, concentrándose en los contenidos de las cajas en lugar de eso.

La mayoría de lo que tienen es pura basura. Periódicos mohosos y juguetes rotos parecen dominar el mercado de objetos, lo que le recuerda a una especie de venta de garaje retorcida.

Dinamarca se detiene frente a un viejo sentado sobre una toalla playera con rayas y se acuclilla para echar un vistazo a una de las cajas, sacando una desgastada chaqueta de invierno desde abajo de unas biblias carcomidas con moho. La inspecciona por un momento y la levanta a la altura de Peter. Es un poco grande para él, pero aun así asiente en aprobación y voltea de regreso hacia el hombre.

"Mis respetos, veterano; ¿Que quiere a cambio de esto?"

El hombre parpadea lentamente y le toma un momento a Peter reconocer el mismo color lechoso en el ojo izquierdo de Den en los de este hombre. "¿Qué dices?" Pregunta. Su voz es rugosa y rechinante, afanosa a pesar de su falta de movimiento, y se inclina hacia delante, su mano extendida para palpar la chaqueta.

Dinamarca se la extiende para que la sienta. "El abrigo. ¿Dispuesto a intercambiarlo?"

El hombre tararea y se vuelve a sentar. "Suenas como un tipo grandulón. No creo que te quede."

"No es para mí." Le hace señas a Peter y le indica que hable al hombre.

"Um…Yo la necesito." Sus pies se balancean con incomodidad mientras intenta no ver directamente sus ojos blancuzcos. "Creo que a mi si me queda."

"Ah, llevas a un niño contigo. ¿Es tu hijo?"

Los ojos de Dinamarca miran en su dirección. "Si."

"Que suertudo. Que los dos sobrevivieran." Se inclina bruscamente y se disuelve en in ataque de tos, su pecho agitándose y traqueteando como un ventilador roto, sin siquiera intentar ocultar el agravante sonido hueco, su cuerpo delgado y pálido en rigidez causada por sus sofocantes bocanadas. Después de un periodo de tiempo, escupe algo rojo al suelo y se limpia la boca con el dorso de la mano. "Solo llévenselo," Escupe entre toses. "Dale un bueno uso ¿eh?"

Dinamarca frunce el ceño y le da la chaqueta a Sealand, inclinando sus hombros para alcanzar algo en la maleta. "No me la puedo llevar así. No sería justo."

"El mío está muerto. Mejor que regrese a otro chico que lo necesite." Se inclina para sentir lo que hay en las cajas y saca de ellas un envase de leche plástico. "La mayoría solo toma cosas in preguntar. ¿Vienen de muy lejos?"

"Si. Venimos de Múnich."

"¿Son de ahí?"

"No." Duda. "De Dinamarca."

"Eso explica el acento, entonces." Continúa revolviendo las cajas. "Yo venía de Inglaterra. He estado en Alemania por una eternidad ahora. Viene en uno de esos botes."

"Nosotros también." Dice Sealand. "Ya llevamos un año aquí."

"Más o menos lo mismo que yo, entonces. ¿Intentan regresar a casa?"

"Ajá"

Suelta un bufido. "Si, ese era mi plan también. Iba bastante bien hasta ahora."

Peter lo mira con curiosidad mientras el empieza a lanzar pedacitos de papel humedecido fuera de la caja. "¿Qué lo detuvo?"

El hombre se ríe, una risa corta y ronca, y detiene su expedición lo suficiente para golpearse las rodillas. "Lo mismo que detiene a todos. Es algo en esta ceniza, saben. Lo respiras por mucho tiempo y te vas apagando rápido." Se da un golpecito en la sien. "Empieza con los ojos y los oídos, y luego te llega a las piernas. No vas a ir a ningún lado sin ver o caminar, eh." Tose ruidosamente. "Al final se te trepa al pecho. Te pudre los pulmones." Se vuelve a reír y voltea la caja en su regazo, un tropel de bolsas desparramándose frente a él. "Sabrá Dios que sea, pero todos se están muriendo de eso."

La respiración de Peter se corta y gira inmediatamente hacia Den. Su boca se abre para reclamar, per el hombre lo interrumpe con un ataque de toses repentino. "Dime, ¿qué edad tienes?"

Peter mira a Dinamarca y vuelve abajar la mirada. "Doce." Dice luego de un momento.

"Lo mismo que el mío, entonces. Ah, aquí esta. Ve si estos te entran." Sostiene una bolsa de plástico inundada de agua y la extiende para que alguno de ellos la tome.

Sealand lo hace y con cuidado deshace el nudo, parpadeando sorprendido cuando saca un par de botas polvosas, pero más allá de eso, parecen estar nuevas. Dinamarca se ve igual de sorprendido y voltea a mirar al viejo hombre.

"No puedes solo dejárnoslas," Dice.

"A mí no me sirven de nada." Contesta, volteando hacia la dirección general donde esta Peter. "Anda, muévelas. Pruébatelas, ¿Te quedan?"

Se sacude su zapatilla incrustada de lodo y se pone una de las botas, dejando ir momentáneamente la mano de Dinamarca para atarse las agujetas. "Si," Dice. Mira a Dinamarca, sin saber si debería estar feliz o no. "Me quedan perfectas."

"Bien, bien. Entonces llévatelas."

Mientras Peter se pone la otra, Dinamarca rastrea algo dentro de su bolsa, extrayendo una lata de frijoles cocidos y una bufanda tejida llena de agujeros y manchada de ceniza. Se hace hacia delante y envuelve la bufanda alrededor del cuello del hombre, dejando la lata sobre sus manos. "Es una abre fácil, así que no necesita un abrelatas, "Menciona en voz baja. "Sé que no es mucho, pero…"

El hombre lo interrumpe con un manotazo al aire. "Pff, no quiero tu lástima. Me va bien." El hombre intenta regresar la lata a Dinamarca, pero falla y accidentalmente la tira al fango, maldiciendo cuando escucha su chapoteo.

Dinamarca suspira y la levanta, poniéndola de nuevo sobre su regazo. "Solo quédesela. No puedo dejar que solo nos regale algo como esto." Hace una pausa y le da un leve apretón al hombro del viejo. "Muchas gracias. En realidad necesitábamos estas cosas."

"Ni me lo agradezcan." Espera, escuchando atentamente a Dinamarca mientras el ayuda a Peter a ponerse el abrigo, abrochando el cierre y cubriendo su cabeza con la capucha. Cuando ha guardado el rompevientos de vuelta en la mochila y reacomodado su propio abrigo, toma de nuevo la mano de Peter y ambos continúan su camino por las filas de puestos. El hombre los despide con la mano. "Cuida a tu muchacho."

Dinamarca asiente. "Eso haré."

Nos e quedan mucho tiempo más en el campamento. Se detienen en otras dos cabinas y Dinamarca intercambia una pala jardinera pequeña por un par de calcetines de lana apolillados y un cuaderno algo húmedo, guardando a ambos dentro de la mochila de Peter. Inspeccionan las otras cajas, Sealand en completo silencio, pero no encuentran nada útil y pronto abandonan el mercadillo, dejando atrás las carpas malolientes dirigiéndose hacia las colinas que llevan de regreso al camino.

Al tiempo que comienzan su lenta escalada a las calles, le toma toda su voluntad ignorar el ojo velado de Dinamarca y su cojera de pasos bruscos e impares.