Se detienen a acampar varias horas después de dejar el mercadillo, dentro de un tubo de concreto volcado. Un pesado recuerdo de las muchas fábricas en los alrededores, y lo encuentran por casualidad, como un bordecito gris asomándose a través de una masa de hierbajos y lodo, y aunque los dos pudieron haber seguido caminando por mucho más, Dinamarca decidió que sería un buen momento para parar, considerando que no encontrarían refugio tan fácilmente después. Inmediatamente se apura a esconder sus pertenencias por el centro del tubo, antes de que Sealand pueda opinar sobre el viejo y sucio rincón.
"Sigue siendo muy temprano," Dice Den luego de que ambos hubieron comido. "¿Quieres aprender como cargar el rifle?"
Incluso cansado, el prospecto de educación de batalla lo anima instantáneamente y asiente entusiastamente, sacándose sus gafas y la capucha mientras Dinamarca sale con el rifle en mano y se coloca frente a la entrada del tubo, donde un pequeño haz gotea luz entre la red de raíces. Le hace señas a Sealand para que se siente adelante y toma su cintura con la mano, el rifle acomodándose sobre el regazo del niño, y apunta al guardamanos*.
"Está bien, primero lo primero. Antes de que la puedas disparar, tiene que tener balas dentro."
"Duh."
"Cállese." Gira el arma de lado y apunta hacia un pequeño agarre en la cabeza del gatillo. "Esta tiene una recamara dentro, así que tienes que cargarla manualmente. Jala eso y la placa se va a zafar."
"Okey…" Peter sigue sus instrucciones y la bandeja se abre, los cartuchos cayendo sobre su mano. Dinamarca las toma y las sostiene mientras continua la instrucción.
"Después, tienes que vaciar la recamara." Dirige la mano de Peter a cerrarse alrededor del pestillo. "Abre el espacio jalando esa palanca hacia arriba y luego lo más atrás que puedas." Hace precisamente eso con sus manos. "Así."
Sealand asiente y Dinamarca lo deja intentarlo sólo, murmurando su aprobación cuando lo logra en su primer intento y expulsa el cartucho lleno. Dinamarca lo atrapa en su palma y lo deja en el suelo.
"Buen trabajo. Bueno, cargarla es muy fácil. Todo lo que tienes que hacer es empujarla dentro de la cámara. Esta es para cinco balas, pero solo tenemos tres, así que puedes ponerle todas." Hace una demostración. "Ves, es fácil. Ahora inténtalo tú."
"Finlandia me enseñó cómo hacer esto con un rifle nuevo," dice en voz baja mientras mete la segunda bala. "Entraba más suave."
"Si, bueno, es que esta es una mierda. Lo encontré dentro de una casa flotante*, no puedes esperar mucho." Está callado por un momento, observando a Sealand meter la última bala en la cámara y volviéndola a encajar en su lugar. "Pero déjame decirte, no conozco a nadie en el mundo que pueda cargar un rifle más rápido que Tino. Solíamos ir a practica de tiro juntos y nunca terminaba con mi orgullo intacto, siempre me superaba por mucho."
"Decía que apuntabas como si estuvieras meando."
"Te voy a lavar la boca" Gira el rifle de vuelta. "Pero es cierto. No me gustan las armas."
"¿Porque?"
"Sólo no son mi estilo." Dice con amargura. "Pase tanto tiempo peleando con espadas y hachas que cuando las pistolas se hicieron populares, solo me parecían extrañas. Todavía lo hacen. Bueno, lo siguiente es jalar el percutor lo más fuerte que puedas hacia atrás y lo dejas cerrarse. Eso separa una bala del cartucho y vas a poder disparar siempre y cuando la seguridad no esté puesta."
"¿Le vas a quitar la seguridad?"
"No, joder, tienes doce."
"¡No es cierto!"
Gira sus ojos exasperado. "Bueno, está bien, te ves como si tuvieras doce. Ahora ven, ponte derecho." Lo empuja con sus manos hasta que está en la postura correcta y le indica que tome el agarre del rifle con su mano derecha. "Nunca pongas tu dedo en el gatillo hasta que estés listo para disparar ¿Okey?" Toma la parte delantera del agarre y la lleva hasta el hombro del chico. "Mantenla en esta postura, sobre tu hombro derecho, que este firme y seguro. Así." Den suelta la mano de Peter y lo deja acomodarla por sí mismo, hasta que se acostumbra al peso y la tiene en un agarre cómodo. "Si puedes, recuerda respirar cuando estas disparando. Te ayuda a mantener tu balance y es muchísimo más fácil atinar así que si estuvieras en pánico."
Peter hace un movimiento con la cabeza y practica la postura un par de veces. "Me gustaría poder practicar dispararla de verdad."
"A mí también. Pero esas tres balas son lo único que tenemos. Necesitamos guardarlas."
"¿No has podido encontrar más?"
"Nop. Por eso es tan importante no gastar las pocas que tenemos." Suspira y se recarga un poco. "Eran dos para emergencias y una para mí, pero ahora solo queda una para emergencias."
Peter se congela. "¿Qué quieres decir con "una para ti"?"
"Sabes a que me refiero. Solo por si acaso."
Peter traga con pesadez y le extiende el rifle de regreso, ambos gateando de regreso al centro del tubo, hacia su nido de mantas. "Y ahora solo tienes na para emergencias por que la otra es para…para-"
"Para ti"
Dinamarca deja el arma un lado de ellos y se recuesta. Luego de que Peter lo sigue, los envuelve con la mata y bosteza cuando el niño se acurruca a su lado y apoya su cabeza sobre su hombro, acomodándose lo mejor que puede en el reducido espacio. Cuando el último rayo de luz desaparece, Sealand se queda en silencio y comienza a golpear sus nudillos con sus dedos, su corazón palpitando ansiosamente.
"¿Oye, Den?" Pregunta, tan quedo que el sonido no rebota contra las paredes. "No creo que pudiera dispararme a mí mismo."
"Está bien."
"¿En serio?"
"Si."
"¿Por qué?"
"Porque si llega ese momento, lo haré por los dos."
Esto lo deja sin aliento. "¿T-tu harías eso? ¿Me matarías?"
Dinamarca asiente. "Si te salvara de algo peor."
Dinamarca suspira al notar el espanto en la cara de Sealand y alborota el cabello del niño con su mano. "No te lo tomes a mal. No es precisamente algo que quiera hacer, y las cosas tendrían que estar completamente insalvables para que tuviera que hacerlo. Hay muy, muy pocas situaciones que se me ocurren que podrían ponerme en esa posición."
"¿Cómo cuál?"
"Esa es una pregunta bastante mórbida, ¿no crees?"
"Ya, solo dime."
Dinamarca exhala lentamente, pensando. "Si estuviéramos a punto de ser atrapados por gente mala y no hubiera manera de escapar, lo haría."
"¿Porque la alternativa es peor?"
"Absolutamente"
Una pausa.
"¿Crees que algún día nos atrape gente mala?"
Esta vez, Dinamarca se queda callado. Después de un momento, se acuesta de costado y jala a Peter entre sus brazos, presionando su mejilla contra su cabeza.
"Si lo hacen, no dejaré que te alcancen a ti."
"Así que… ¿Piensas que lo harán?"
Dinamarca exhala de nuevo y abraza a Peter un poquito más fuerte.
"Duérmete, Peter."
…
Es hasta entrada la tarde en un día especialmente frio cuando ocurre el accidente.
Habiendo dejado el centro de truque unos días atrás, hallaron su camino hasta un pueblito que, comparado con las otras ciudades por las que han pasado, sigue en una condición relativamente buena. La mayoría de los edificios siguen en pie a pesar de sus fachadas carbonizadas y cubiertas de hollín, y el pavimento del camino principal sigue plano, incluso lo suficiente para poder caminar en línea recta. Después de atravesar tantas otras comunidades arruinadas y dilapidadas, encontrar una intacta se siente algo bizarro y Peter no puede evitar la sensación de nervios que burbujea en su interior cuando llegan al pueblo. Desde la punta de la colina no puede ver más allá del hecho de que todo está en pie, pero Dinamarca lo detiene y solo se queda observando a la distancia por un largo tiempo, hasta que aprieta la mano de Sealand con más fuerza y lo guía escaleras abajo.
"Mantente cerca," dice. "Con todo el pueblo en buena condición, da por seguro que hay gente viviendo aquí."
Peter asiente y mantiene su ojo alerta por cualquier signo de movimiento sobre la carretera principal. Las calles se asfixian con cenizas sin pisadas, intacta de no ser por su propio pies, pero hay una leve corriente de aire en flujo constante a su alrededor, pasando a través de las lámparas torcidas y las ventanas rotas, un breve aliento que agita el polvo y lo reacomoda cada ciertos minutos, pero cunado Dinamarca se voltea y ve como sus propias huellas ya están desapareciendo ya ninguno de los dos cree que el lugar este abandonado.
Se mantienen pegados a las paredes de los edificios mientras caminan, lenta y cuidadosamente, y Dinamarca siempre se detiene en las intersecciones para lanzar piedras al centro de la calle, rompiendo el tormentoso silencio y esperando a que algo rompa la quietud antes de continuar avanzando. Raramente cruzan las calles para evitar el campo abierto y revisan cada giro antes de tomarlo, pero no hay signos de vida que se presenten a ellos.
El pueblo parecía desprovisto de gente.
Desde algún punto en la distancia, pueden escuchar que algo se agitan en el viento, pero la ceniza es demasiado gruesa para ver tan lejos. O más allá de una cuadra, más bien. Nunca hubo una falta de visión como esta en ninguna de las otras ciudades y está seguro de que si soltara la mano de Dinamarca y se perdiera, no podría encontrarlo lo suficientemente rápido.
"¿Por qué será que la ceniza esta tan mal aquí?" Peter pregunta en voz baja cuando se detienen en otra intersección y Dinamarca se asoma a una ventana rota de una oficina de correos vieja. "No huele como si algo estuviera quemándose."
"Quien sabe...tal vez algo grande se está quemando en la siguiente ciudad. Un bosque o algo." Hace una pausa y se aleja del edificio. "No entiendo. Hay muchos lugares para esconderse aquí pero no hay nadie. No hay gente, ni animales, nada."
Continúan caminando por la calle.
"Tal vez se están escondiendo," Sugiere Peter. "Sigue habiendo un montón de edificios, ¿Entonces…?"
"No se… Solo siento que ya debiéramos haber visto a alguien en todo este tiempo. O los restos de alguien." Hace una inclinación hacia los desagües sin tapar en la calle. "Usualmente hay por lo menos cadáveres en las calles pero este lugar está completamente limpio. "
"¿Y si hay un búnker? ¿Uno, cómo…subterráneo?"
Hace un ruido de consideración. "Tal vez. Pero eso no explica lo de las calles. La mayoría de los refugios tienen una zanja afuera para quemar los cuerpos, pero tienen ninguna razón para venir a deshacerse de la gente en el pueblo. ¿Cuál es el punto si nadie está viviendo en la superficie?"
Sealand no tiene una respuesta para eso.
Se detienen en una intersección en el borde del pueblo y Dinamarca apunta a un edificio grande que está del otro lado de la calle. "Ese lugar era una industria de enlatados," Dice. "Deberíamos ir revisar si no queda nada dentro."
Peter traga nerviosamente. Aún no ha tenido que buscar provisiones en un edificio, y el largo edificio de dos pisos se ve más siniestro que lo que debería. Sigue a Dinamarca del otro lado de la calle y se aferra al rifle mientras el hombre revienta el cierre de la puerta trasera con la palanca, vigilando los alrededores mientras Dinamarca está de espaldas. La madera es vieja y se rompe con facilidad, el astillamiento resonando por el pueblo cuando las bisagras se revientan, dando paso a una oficina obscura y cubierta de polvo. Dinamarca guarda la palanca en su mochila y apoya el rifle en su hombro mientras entra a la habitación.
"Deberíamos subir," Dice luego de buscar dentro del escritorio y encontrar nada útil. "Probablemente es ahí donde hacían todo."
Sealand voltea arriba de una pila de revistas cenicientas en la mesita y levanta una de ellas en el aire. "¿Puedo llevarme una de estas?"
"Claro, lo que quieras. ¿Qué es?"
"No sé, una revista de naturaleza o algo así." Peter cuelga su mochila hacia delante y guarda la edición, a lado del, ya seco, cuaderno de dibujo que Dinamarca le había conseguido. Aún no ha dibujado nada, por no querer gastar la tinta del único bolígrafo de Dinamarca.
Se abren camino hasta el área de repartos principal, donde encuentran una muy alta escalera que sube hasta la zona de empacamiento. Hay menos polvo ahí pero la oscuridad no se hace menos amenazante conforme suben cuidadosamente, Peter siguiendo de cerca a Dinamarca y agarrando su mochila con fuerza para evitar que se separaran en ese estrecho espacio. La entrada se abre revelando un espacio amplio y pobremente alumbrado, donde un cinturón mecánico sigue conectado a una maquina envasadora llena de tarros de vidrio y láminas de hojalata, cajas tiradas justo bajo ellas en el grasiento suelo.
Apesta a fruta podrida.
"No hay nada fresco aquí," Dinamarca tose y se pone los googles en la frente. Hay suficientes capas de ceniza en su cara para que Peter pueda ver una impresión perfecta de las lentes alrededor de sus ojos. "Vamos a ver si podemos encontrar una bodega o algún lado donde pueda haber cosas ya enlatadas."
Dudosamente suelta la mano de Dinamarca y se detiene en el centro del cuarto. El piso rechina por el peso de sus botas cada vez que da un paso, el sonido amplificado por el apabullante silencio, pero no le pone atención. Tiene que concentrarse en la tarea en cuestión. El fantasmagórico edificio es demasiado inquietante y silencioso, y él no tiene intención alguna de quedarse más de lo necesario, especialmente cuando nota las pequeñas pisadas de ratas en el polvo. Recorre con sus ojos el suelo entero y no se sorprende cuando no encuentra más que huesos de fruta y etiquetas de latas desperdigadas cerca de las paredes, apiñadas en montañitas formadas por el viento que entra de la ventana rota, y abandonadas a podrirse entre los restos pegajosos de lo que Peter solo puede pensar fueron duraznos o nectarinas.
Una pila de cajas en la esquina de la habitación capta su interés. Como todo lo demás, están cubierta por una capa de mugre, pero incluso a través del polvo y la ceniza, puede ver etiquetas de envío pegadas a los lados, donde hay agujeros pequeños para cargarla más fácilmente. Peter se esfuerza para ver a pesar de la poca luz, y se para más cerca.
A través de los agujeros puede ver apenas el brillo reflejado del cristal.
Sonríe ampliamente y se apresura hacia las cajas. "Oye, encontré algunos-"
Es interrumpido por su pie, cuando desaparece a través del suelo.
Solo le da tiempo de gritar el nombre de Dinamarca antes de perderse entre el escandaloso crujir de la madera rompiéndose bajo sus pies, y no encuentra más que aire debajo. Lucha por aferrarse a algo, lo que sea, pero el suelo está podrido y resbaladizo, y se parte en pedazos más rápido que él puede moverse, arrojándolo hacia adelante, golpeándolo en los dientes contra el borde antes de caer.
Se queda suspendido en el aire por una milésima de segundo.
Sus oídos registran el sonido de algo estrellándose antes de sentir un jalón que sacudió su cuerpo y lo dejó balanceándose sobre el vacío, Y se obliga a abrir los ojos justo a tiempo para ver un objeto verde volar por encima de su cabeza y estrellarse también; la mochila de Dinamarca. Por encima de él, Dinamarca está pegado de costado al suelo cerca del abismo y su mano está aferrando la mochila de Sealand, la otra apretada fuertemente alrededor de la pata de la maquina enlatadora, sus flacos brazos tensándose por el peso.
"¡Peter!" Gruñe, sus dientes rechinando. "¿Alcanzas el borde?"
Tiene que esforzarse para que su voz no delate su creciente pánico. "¡N-no...!" Puede escuchar a Dinamarca maldecir y suelta un chillido cuando el suelo cruje de forma amenazante. "¡Va-va a romperse otra vez!"
"¡Joder, ya lo sé, aguanta un poco!" Gira a pecho tierra. "Sostén mi mano, ¿okey? Voy a subirte. Cuando alcances el borde intenta subir tus pies por encima."
Las manos de Peter se apresuran a agarrar la muñeca huesuda de Dinamarca y deja de respirar cuando el hombre comienza a subirlo, poco a poco, gruñendo mientras lucha por retroceder, lejos del borde, hacia el cinturón de empacamiento. Durante todo ese proceso, el suelo sigue crujiendo y rechinando y Peter usa todo su autocontrol en evitar gritarle a Dinamarca que se apure, arreglándoselas para únicamente ver suplicante hacia su rostro tenso, ojos cerrados en una mueca de dolor. Sus ojos se abren de golpe cuando otro fuerte crac hace eco en el cuarto y da un último, enorme tirón, gritando entre dientes y jalando a Peter por encima del borde justo cuando el suelo cede de nuevo, tragándose las cajas, el estruendo del vidrio y las baldosas quebrándose resuena por toda la fábrica cuando aterrizan en el primer piso.
Se desploma sobre el pecho de Dinamarca y ambos caen de espaldas sobre lo que queda del suelo. Peter está temblando cuando se levanta y se voltea a mirar el enorme agujero en el suelo mientras el polvo se asienta y en la fábrica cae el silencio de nuevo. Se aferra a la chamarra de Dinamarca.
No llores…repite para sí mismo. No llores, no llores, no llores…
Un agudo sonido se escucha en la distancia.
Comienza lento y apenas discernible, como si estuviera muy lejos, pero el sonido crece hasta convertirse en un maullido estridente que ahoga todo lo demás. Es un sonido estático, como el de una vieja grabación pasada por un altavoz.
Una sirena.
Dinamarca se levanta como rayo. "Tenemos que irnos," Dice apresuradamente. "Tenemos que irnos ya."
Peter mira hacia su rostro apanicado, soltando un gritito cuando Dinamarca toma su brazo con una mano rígida y lo jala hacia las escaleras. "¿P-porque?" Se apresuran a bajar al primer piso y el se tropieza en el último escalón. "¿Qué pasó? ¿Hay algo malo?"
"Ahora no. Sigue moviéndote."
Cuando pasan por una pila de escombros en la planta baja, Peter tira de la parte de atrás del abrigo de Dinamarca para hacer que se detenga. "¿Y tú mochila?" Exclama. Señala frenéticamente a la mochila enterrada bajo el cascajo. "¡Todo lo que tenemos está en tu mochila!"
Dinamarca voltea, encarándolo y lo jala hacia delante. "¡Déjalo!" Grita. "¡Podemos remplazarlo luego!"
Salieron disparados a través de la puerta trasera e inmediatamente, Dinamarca aceleró. Seguía con la mano de Sealand apretada entre la suya, pero no se detiene cuando Peter tiene problemas en seguirle el paso, decidiendo llevarlo casi a rastras cada vez que se tropieza, arrastrándolo por las calles hacia los límites del pueblo, que comienza apenas a obscurecerse con el primer indicio del anochecer. No se detienen cerca de las intersecciones ni revisan las ventanas como la primera ocasión y cuando Peter se arriesga a mirar atrás, casi pierde su balance y se cae de cara.
Del lado opuesto de la avenida principal, un camión está espera, escupiendo humo negro en el aire, una sirena roja dando vueltas en el techo de la cabina. No puede ver más que sus faros entre la niebla ceniza, pero puede oír el sonido del motor y los gritos y alaridos que lanzan contra ellos.
Un algo caliente pasa silbando cerca de su mejilla y hace añicos la ventana de un automóvil estacionado en la acera.
"¡Sigue corriendo!" Dinamarca grita cuando el suelta un chillido.
Peter no va a detenerse a cuestionarlo ahora.
El motor del camión ruge y comienza a avanzar por la avenida cuando ellos están en las salidas a la carretera. Serpentean entre los cadáveres de algunos autos muertos antes de alcanzar el centro del cruce, y desde ahí saltan por encima de los raíles de seguridad hacia el bosque que limita con el camino, sus botas salpicando contra la tierra remojada y el follaje azotándolos en la cara. Corren entre la espesura hasta que ya no escuchan el camión, pero incluso entonces, Dinamarca no se detiene. Continúan corriendo en zigzag, sus pechos agitados, y los pulmones de Peter arden cuando Dinamarca lo arrastra bajo un barranco y aparecen del otro lado del bosque delante de otra carretera.
Dinamarca toma la puerta del primer carro que encuentra y la abre de un tirón, bruscamente arrojando dentro a Peter antes de saltar adentro el mismo, ocultando al niño con su cuerpo, una mano sujetando su cabeza y la otra sosteniendo el rifle detrás de ellos.
"No te muevas." Susurra severamente.
Se queda inmóvil como una piedra excepto por las sacudidas de su respiración, Peter aferrándose a él, y por varios minutos solo están a la expectativa, esperando escuchar pisadas o motores o disparos.
Pero nada aparece.
Solo es hasta que Peter se da cuenta de lo irregular que es la respiración de Dinamarca que se empuja a sí mismo a levantarse y encarar al hombre. El rostro del danés esta tan blanco como la tiza a pesar de haber corrido toda esa distancia y sus ojos están apretados bajo su cabello empapado, un resuello ahogado escapando de entre sus dientes cuando comienza a levantarse temblorosamente y sale a tropiezos del auto, Peter siguiéndolo de cerca, arrastrándose para sentarse en el borde del asiento mientras Dinamarca se apoya en el carro.
"¿Est-estas bien?" Le pregunta Peter, con el ceño fruncido de preocupación.
Dinamarca se agarra del frente de su abrigo y asiente, tembloroso. Intenta decir algo, con el fantasma de una sonrisa en sus labios, pero sus ojos se abren amplios antes de que pueda siquiera empezar y se desploma hacia adelante contra la puerta. Cae en sus rodillas, aferrando su pecho e inclinándose hacia delante, sus palmas plantadas en el suelo sosteniéndolo cuando una violenta tos sacude su cuerpo, tan fuerte que lo tira de frente, colapsando sobre sus codos. Peter suelta un grito ahogado y se apresura de pie, moviéndose en un instante para ayudarlo a levantarse, pero algo lo hace detenerse en pasmo, frente al tembloroso danés.
El suelo está salpicado de rojo.
Pff, por fin he actualizado la historia. Les dije que no iba a abandonar :D Y deberian celebrar por que el capitulo 7 ya esta en traduccion. Gracias si esperaron toooodo este tiempo para seguir leyendo la historia, prometo que actualizare mas seguido.
Mientras, seguire detras de la compu, traduciendo. B)
