Hola, lectores. Fue un capítulo más largo de lo usual asi que el tiempo de espera refleja eso. Advertencia: capítulo con mucha violencia explícita. Si no creen soportar algo así pueden saltarse el capítulo.
Son varios días los que pasan en el bunker mientras esperan a que el tobillo de Peter mejore. Todos los días son iguales; Holanda se despierta mucho antes que los otros dos y sale por provisiones, mientras Dinamarca se queda con Peter jugando para pasar el tiempo. Usan hojas arrancadas del cuaderno para improvisar una baraja y Dinamarca le enseña como jugar Black Jack y rummy. En teoría es una idea genial, pero en realidad no funciona porque se pueden ver los números escritos por atrás de la hoja. Pero lo intentan y luego de varios días, Dinamarca admite forzosamente que Peter lo ha superado y ofrece enseñarle mas groserías como premio. Peter decide postergar el regalo, para no tener que enfrentarse al trabalenguas que es el bizarro idioma de Dinamarca.
"Es muy difícil." Se queja. "Enséñame a decir groserías en un idioma que si pueda pronunciar."
Gastan la siguiente hora intercambiando palabras en antiguos lenguajes nórdicos cuando Peter se da cuenta que Dinamarca se esta burlando de él. Luego de atacarlo con una pelota de papel a la cabeza, Peter pide que le explique qué significa de verdad 'perkele' . Dinamarca insiste que es 'Yo amo Suecia' en Finés y que debería usarlo con frecuencia cuando todos se reunieran de nuevo.
Todo ocurre sin incidentes. Holanda vuelve alrededor de la misma hora todos los días, sin nada que mostrar por sus esfuerzos, y les describe lo que vio ese día; un nuevo árbol caído, huellas sobre la ceniza. No habla mucho cuando están en grupo, pero Peter ha cachado pedazos de conversaciones entre él y Dinamarca a altas horas de la noche, cunado piensan que está dormido, hablando sobre los horrores que han visto y lo que saben del resto del mundo. Asi, acechando en la oscuridad, se ha enterado que Suiza ha caído en la anarquía y que los pocos sobrevivientes se han vuelto violentos y carniceros; son gente que se ataca entre si por comida y refugio, sin importar de donde venga, y que empiezan a moverse hacia Austria y el sur de Alemania.
"No está lejos de donde empezamos." Le cuenta Dinamarca a Holanda una noche. "Los traemos justo atrás, literalmente."
Sealand intenta no escuchar lo que dicen, pero la curiosidad siempre ha sido su más grande debilidad; sin importar cuanto lo intente hay una parte de él que lo trae quieto, con la oreja parada, oyendo las horribles noticias que cuentan los dos hombres. De los cadáveres henchidos de agua fétida en Croacia y los grupos de caníbales que invadieron Hungría. Eslovenia está cubierta de lo que parecen ser interminables pozos que se abrieron un día, en el suelo.
Y sobre Bélgica, nada en absoluto.
Peter intenta cubrirse las orejas con almohadas la tercera noche, después de una historia particularmente cruda sobre un bunker lleno de cuerpos putrefactos en Nápoles. Le trae recuerdos de la mujer, aquella mujer que lo cuidó en sus primeros días, luego de que despertara. No quiere saber nada del olor o de como Dinamarca se tomó el tiempo de enterrar a cada uno; es demasiado desagradable, demasiado real, y más de con lo que Peter puede lidiar en este momento. Se acomoda volteando hacia la pared, cubriéndose los oídos una vez más cuando una palabra de su conversación llega a él y tira de su atención.
Francia.
"Me encontré con Francia hace un par de meses." Es el turno de Holanda, hablando entre tragos de café. "Iba en camino a un refugio en Leipzig, con otros."
Las patas de la silla donde se sienta Dinamarca repiquetean contra el suelo cuando se lanza, intentando atrapar su café. "¿Qué? ¿Francia? ¿Está bien?"
Holanda se encoge de hombros. "Está vivo."
Dinamarca limpia el café derramado de su abrigo. "¿Cómo está? ¿Pudiste hablar con él?"
"Eh, ya no tiene brazos. Tiene la mayor parte del izquierdo. Perdió el derecho desde el hombro." Toma de su bebida. "Iba con Alemania e Inglaterra. Y con un montón de civiles también."
Dinamarca se ve aliviado, desmoronándose sobre el asiento. "Ah, eso son buenas noticias. ¿Sabes cómo siguen?"
"Alemania, le esta yendo bien, creo. Sigue siendo un estirado de mierda. Inglaterra no habla mucho; no lo esperaría luego del calor, pero aún asi…"
"¿De que estás hablando? ¿El calor…que?"
Holanda levanta la ceja. "Okey. ¿Sabes como va eso de 'si alguna vez caes al fuego, no respires'?"
"¿Ajá?"
"Lo mismo aplica en el fin del mundo."
"Oh."
Jan deja su taza vacía y se estira. "De todos modos no se quedaron por mucho tiempo. Demasiados enfermos como para perder el tiempo. Tenían por lo menos una docena de personas con ellos."
"Ah. Y no estaban buscando…" Dinamarca pausa, volteando a ver a Peter, quien aún pretende estar dormido. "¿No buscaban a nadie?"
"Estas hablando del niño, ¿no?"
"¿Sabes que tiene nombre?"
Holanda gira los ojos. "Estas hablando de Peter, ¿entonces?"
"Si."
Peter siente como los ojos de Holanda le pasan por encima. "Solo preguntaron por Prusia o España."
"¿Nadie más?"
"No."
La conversación continúa hasta muy tarde, los dos hombres completamente ignorantes de que en la cama Peter lloraba en silencio, con un conflicto hendiéndole el corazón.
La mañana del cuarto día, Dinamarca derrocha con repentina sensibilidad y nota por fin, lo callado que ha estado Peter. Deja de lado la tarea de remendar un rasguño en su chamarra y se sienta frente a él, tomando sus manos y mirándolo con preocupación; cuando Peter se rehúsa a verlo a los ojos su mirada se vuelve severa.
"¿Qué sucede?" Pregunta con suavidad. "Has estado actuando raro todo el día. ¿Te sigue doliendo el tobillo?"
"No." Intenta separar sus manos de las de Dinamarca, pero el danés agarra sus dedos firmemente contra los suyos. "Estoy bien."
"No lo creo."
"Te digo que estoy bien."
"No."
Peter frunce el ceño. "Suenas como un niñito."
"Porque estoy hablando con uno."
"¡No soy un niñito!"
Dinamarca bufa, exasperado. "Entonces deja de portarte como un niñito y dime que tienes. No puedo ayudarte si no me dices que tienes."
Peter se muerde el labio. "No necesito que me ayudes a sentirme mejor."
"Peter…"
"Oí lo que dijeron anoche, Holanda y tú, sobre Inglaterra y France," suelta abruptamente. Peter se aferra a las manos de Dinamarca, mirando al piso y su cara es una mezcla de emociones; demasiada ira para ser tristeza y algo más duradero que la vergüenza. "Es solo que…" Peter calor en las mejillas. "Creí que… Arthur ni siquiera me está buscando."
La expresión de Dinamarca se suaviza cuando Peter comienza, indignado, a sollozar. Se pasa la mano por la nuca, dejándola caer en un abrazo al primer signo de lágrimas. No dice nada; solo lo acomoda en su regazo y lo envuelve, paciente y cuidadoso mientras Sealand se deshace en su hombro. Sus manos se hunden en la camisa de Den y todo su cuerpo tiembla, dejando salir la emoción que ha escondido toda la mañana. Apenas es consciente de las manos en su cabeza, acariciando su cabello, pero no lo hacen sentir mejor por no evitar compararlas con las manos cortas de Inglaterra y el hecho de que él nunca haría algo así por él, porque nunca lo hizo cuando estaba triste. Peter nunca ha odiado a Inglaterra- solo lo resentía por nunca reconocerlo como un país. Nunca se quejó de la falta de conexión familiar porque nunca quiso que Arthur fuera su cuidador o algo parecido, no como un padre. Ni siquiera le importaba que Arthur nunca estuviera cerca porque al menos sabía que le importaba, en su propia manera, como para escribirle una carta ocasionalmente o darle un regalo de cumpleaños, o para visitar mientras se encontraba de viaje.
Pero esto era algo diferente.
"No le importa…" Dice, sollozando. "Podría estar muerto y al ni siquiera le importa."
Dinamarca presiona la cabeza de Peter contra su mejilla y le sisea. "Peter, sabes que eso no es verdad."
"¿E-entonces por qué no me está buscando? Preguntó por Prusia y España asi que por que no-" Lo interrumpe una tos inoportuna y no se molesta en completar la frase.
"No tengo idea de que estará pensando." Murmura Dinamarca entre su cabello. "Alguien pudo haberle dicho que estabas muerto, o quizás no quiere pensar en lo que pudo haber pasado, ya sabes lo necio que puede ser. Pero eso no significa que no le importes." Se incorpora lo suficiente para pasar una mano por la cara de Peter, limpiando los rastros de llanto. "Lo importante es que está bien y sabemos que está por Leipzig. Estamos de camino a Leipzig y nos detendremos en cada bunker que encontremos por ahí. Y le puedes preguntar tu mismo." Levantando el rostro de Peter por su barbilla, lo mira directo a los ojos. "Y si no está feliz de verte, prometo arrastrarlo todo el camino hasta que este cubierto de cenizas para que puedas destrozarlo." Sus ojos contemplan los suyos seriamente. "¿De acuerdo?"
Peter sorbe y se talla los ojos con el dorso de la mano. No confía en su voz en ese momento asi que le ofrece a Dinamarca un movimiento de su cabeza, lo suficiente como para que sonriera, apaciguado. Lo deja con una palmada en el hombro que lo sacude, sentándose sobre la cama.
"Bien. Ahora ven acá." Se levanta para rescatar la baraja de la mesa. "Puedes patearme el trasero en blackjack otra vez."
Holanda regresa al bunker mucho mas tarde de lo usual, saltándose todas las cordialidades de siempre. Arroja su abrigo a la mesa, casi tirando su juego, y se echa directo a la cama.
"Nos vamos mañana." Su voz es monótona, fría, y n siquiera los voltea a ver. "Tienen que empacar y estar listos al amanecer."
Dinamarca y Sealand intercambian una mirada aturdida; Dinamarca se para de su asiento para acompañarlo en el colchón. "¿Por qué la prisa?"
"Hay cada vez más gente en la cercanía. Tenemos que movernos. "Tira de la manta para cubrirse y se da la vuelta. "Es la última noche que podrán disfrutar de una cama. Aprovéchenla."
Holanda termina la conversación hundiendo su cabeza entre las sábanas y soltando un hondo suspiro, abandonando a Dinamarca y Peter con la confusión de que acababa de pasar. Dinamarca se encoge de hombros y toma la mochila de bajo la mesa.
"Supongo que nos iremos en la mañana." En la mochila guarda algunas latas de conservas, junto con la libreta de Peter y el mapa. "Si tu tobillo todavía no está a la tarea puedo cargarte."
"Creo que ya esta bien." Peter se desliza y queda parado, ilustrando su punto mientras recoge sus pertenencias del suelo. "¿Crees que el ya habrá empacado?"
"Probablemente. Es el tipo de persona que prefiere tener todo listo."
Peter asiente. "Lo conoces muy bien."
"Claro. Nos conocemos desde hace mucho tiempo." Dinamarca ría y le avienta a Peter la chamarra que remendó para él. "Hemos estado en batalla juntos y uno en contra del otro. Durante la Segunda Guerra, cuando ninguno de los dos tenía permitido hablar con nuestras familias, nos escribíamos, el y yo. Después empezamos a juntarnos mucho, mas que nada. Sonríe. "Es el único sujeto que conozco que ama las bicicletas tanto como yo."
"Noruega dice que ustedes acampaban mucho."
Den asiente. "Si. Solíamos montar nuestras bicicletas al bosque un par de veces al mes para relajarnos."
"Eso es código para fumar marihuana, ¿no?"
Dinamarca se da la vuelta como un torbellino, con una expresión absolutamente horrorizada cubriendo su rostro. "¿Quién te dijo eso?"
"Nadie. ¿Estoy en lo correcto, entonces?"
Dinamarca pone los ojos en blanco. "Ya que lo dices, si, ocasionalmente compartíamos una bolsa de droga recreativa." Le señala con el dedo. "Pero eso era muy raro. Usualmente eran solo cervezas y cigarrillos alrededor de una fogata. Las drogas son malas, ¿entiendes?"
Peter sonríe. "No creo poder encontrar ahora, aunque quisiera."
Dinamarca pondera la respuesta, aparentemente satisfecho, antes voltear a ver a Holanda, comprobando si es que seguía despierto con una bola de papel arrugada que tira en su dirección. Cuando rebota en sus hombros y cae sin provocar reacción, Dinamarca le hace señas a Peter para que se acerque.
"¿Puedes guardar un secreto?"
Peter alza las cejas y asiente. "Okey."
Dinamarca se fija una vez más en Jan y saca de su bolsillo un contenedor de rollo para cámaras viejo. "Encontré esto como una semana antes de encontrarte a ti." Destapa el contenedor con el pulgar y sacude el contenido hacia su mano. "Lo estaba guardando por si acaso lo encontraba."
Sobre la palma de su mano descansa medio cigarrillo sin filtro, prístino."
"Se lo daré cuando salgamos de aquí. Es una sorpresa."
Peter se le queda viendo. "Ese es un regalo muy raro."
"Oh, calla." Cuidadosamente deja caer el cigarrillo dentro de su contenedor. "Un regalo es un regalo. Solo quiero que sepa que estoy feliz de que venga con nosotros."
"Creo que lo sabe." Peter ve como guarda el contenedor en su bolsillo. "Has estado pegado a él desde hace tiempo."
"Claro que no."
"Que sí."
"Dime una vez que haya pasado."
"Anoche. Estaban acurrucados en la cama."
La cara de Dinamarca se pinta de un rojo desafortunado para su complexión. Ejerce su fuerza superior y vengativa sobre Peter, tomándolo por la cintura y arrojándolo sobre la cama.
"Duérmete."
La mañana llega demasiado pronto.
Peter se despierta con Holanda sacudiéndolo por los hombros a él y Dinamarca, quitándoles las mantas de encima, mascullando con su palillo entre dientes, que se levanten. Dinamarca se enfurruña, murmurando amodorrado que ya estaba despierto. Jan no se lo traga y lo levanta por el collar de su camisa.
"Pónganse sus abrigos." Dice. "Nos vamos, ahora."
Dinamarca se levanta, tambaleándose, y bosteza. "Aguanta, hombre, carajo." Rascándose el cuero cabelludo, Den le da un empujoncito a Peter. "El desastre allá arriba estará ahí luego de cinco minutos. Vamos, niño, hora de levantarse."
Peter suelta un quejido entre sus brazos, pero obedece y se levanta, tambaleándose también. "¿Qué hora es?" Murmura.
Holanda no se voltea. "Poco antes de que amanezca."
"¿Por qué nos tenemos que ir tan temprano?"
"Porque sí."
Dinamarca le dirige una mirada calculadora, mientras ayuda a Peter a ponerse su abrigo. "Estás actuando extraño."
"Es temprano. Solo muero por un cigarrillo."
Dinamarca sube el cierre de Peter y sonríe con familiaridad. "En ese caso, antes de irnos tengo un regalo para ti."
Trata de sacar el contenedor de su bolsillo, pero Holanda lo detiene. "Después." Finalmente se da la vuelta. "¿Ya terminaron?"
La sonrisa de Dinamarca empieza a caer. "De acuerdo. Será después." Tose. "Si, estamos listos." Examinando a su compañero se da cuenta de que tiene las manos vacías. "¿No vas a llevar nada?"
"no."
"¿Ni siquiera comida?"
"No tengo una bolsa donde ponerla."
"Hombre, podemos hacerte una. Con unas de estas cajas-"
"Mathias." Holanda advierte a Dinamarca. "No voy a llevar nada."
Peter para de atar sus botas justo en el momento preciso para captar el silencio tenso que cuelga entre los otros dos, antes de que Jan regrese a mirar la escalera y escupa los restos del palillo.
"Apúrense."
Dinamarca sacude la cabeza, levantando la mochila de Peter. "Está llena de latas, así que la cargaré yo por ahora." Explica. Solo para estar seguro, se encarga de revisar que Peter tenga los lentes colgados alrededor del cuello y hace un conteo rápido de sus pertenencias, levantando un pulgar cuando termina. "Listo. ¿Tienes todo?"
Peter asiente. "No estás usando tu mascara"
"Me la pondré cuando estemos afuera."
"Okey."
Se paran junto a Holanda al pie de la escalera, y él comienza a subir. "Subo yo primero." Señala a Peter. "Tu después, para ayudarte a subir cuando todo sea seguro. ¿Entiendes?"
"Entendido."
"Bien." Sube la escalera velozmente y pronto desaparece por la escotilla. "Okey, Peter sube." Llamándolo desde la superficie, continúa. "Ey, olvidé la linterna. ¿Puedes traerla cunado subas?"
"Sip, la tengo." Dinamarca revuelve entre las cosas para encontrarla, mientras Peter comienza a subir. Le toma algo de tiempo hallarla; no está en su lugar usual. La sujeta de su cinturón y comienza la escalada a la superficie. "¿Olvidaste otra cosa?"
Silencio.
"¿Jan?"
Frunce el ceño.
"¿Peter?"
Nada.
Dinamarca siente como si se hubiera tragado una pesa y sube la escalera tan rápido como puede con la pesada mochila en su espalda y el rifle claqueteando al costado. Algo está mal. Demasiado silencio. Sale por la escotilla.
Sus pies golpean el suelo, y tan pronto está ahí parado algo frio lo golpea del lado izquierdo de su cabeza, en su punto ciego.
"No te muevas."
Den está paralizado.
"¿Jan, que carajos haces?"
"Cállate."
Dinamarca gira lo suficiente para que su buen ojo alcance a ver al hombre. Jan tiene a Peter agarrado bajo el brazo por el cuello y le cubre la boca, sin siquiera notar su forcejeo aterrorizado; su pistola es lo que está presionado contra la sien de Dinamarca. Empuja a ambos al centro del patio en ruinas de la escuela, a un lado del carrusel, frente al bosque.
"Quietos y no digan una palabra." Masculla, su voz fría. "Si intentan cualquier cosa, los mato a los dos."
"Jan, que chingados-"
El culo de la pistola lo golpea tan fuerte que lo hace girar en la otra dirección; Holanda le da una patada en la espalda cuando intenta recobrar el equilibrio y lo tumba sobre la ceniza. Peter grita entre los dedos de Holanda, quien lo ignora, pateando a Dinamarca hasta que esta tendido boca arriba. Las marcas negras en su abrigo se notan sobre la suciedad de antes.
"Levántate. Y no hables."
Dinamarca solo tose. Cuando por fin logra levantarse, su mejilla está morada y corre un hilo de sangre desde su corona; Peter está temblando tanto que lo único que lo mantiene de pie es el agarre que Holanda tiene sobre él. Jan silba y el sonido es acompañado por ruidos entre las ramas y pisadas. Su expresión no cambia cuando emerge un pequeño grupo de personas del bosque; humanos, todos ellos cargando cuerdas gruesas y equipo de granja con un filo amenazador.
Una de las personas, un hombre de cuerpo cordado con un rostro agrio, se separa del resto y aplaude. "Creí que no lo harías."
"Cállate." Holanda realinea la pistola contra la cabeza de Dinamarca. "Déjame verla o me los quedaré para mí mismo."
El hombre sonríe maliciosamente. Aun a la distancia, Peter puede ver como los pocos dientes que le quedan están todos manchados de amarillo. Sin dejar de mirarlos, hace un gesto con la cabeza y dos hombres aparecen, arrastrando a una rubia forcejeante en un uniforme beige rasgado; sus manos y pies están amarrados con cuerdas como las que sostiene el resto, su boca tapada con cinta que se envuelve alrededor de su cabeza. Arrojan a la mujer, estomago al suelo y ella alza su rostro mancillado para ver a Jan a los ojos, implorante.
Dinamarca la observa con incredulidad.
"¿Bélgica?"
La pistola empuja contra su nuca con mayor insistencia. "¿Bel?" Holanda la llama, con un rayo de emoción colándose por primera vez en su voz. Holanda da un paso hacia delante. "¿Bel, estás bien?"
"Ella está bien." Responde el hombre. "Algo cansada, tal vez, pero no la lastimamos. Mucho." Sonríe con sus dientes asquerosos y Peter de repente tiene ganas de vomitar. "Ahora dánoslo."
Dinamarca mira todo, incrédulo. "Hijo de tu puta madre…" exclama, ahogándose con las palabras. "¿Nos vendiste?"
Holanda lo hace avanzar con un golpe. "Te dije que te callaras." Agarra a Peter por el cuello de su abrigo y lo avienta a los brazos del hombre de dientes amarillos. Al instante, lo toma por los mechones de su cabello y jala con fuerza, sonriendo justo en su cara mientras le pasa los ojos por encima, pasándolo a otro de los miembros de su partida.
"Él era el único que queríamos con vida. Pero nos llevaremos al otro para el camino." De nuevo luce su maliciosa sonrisa. "Mátalo." Dice, apuntando a Dinamarca. "Y te regresamos a tu hermana."
"Eso no era parte del trato."
"Lo es ahora."
Rechinando los dientes, Holanda agarra a Dinamarca por el cuello y lo fuerza a ponerse de rodillas; la punta de la pistola descansa sobre su coronilla .
"¡Dinamarca!" Berrea Peter. "¡Déjalo! ¡Dinamarca!"
Dinamarca arrastra su mano sobre la tierra y arriesga un vistazo a Jan. "No hagas esto. ¿Sabes lo que haces?"
"Te dije que te callaras."
"¡No! Dinamarca brama. "¿Qué carajos estás haciendo?"
Holanda le da un empujón. "Deja de hablar, Den. No me digas que tu no harías lo mismo si fuera Noruega o el resto de ellos."
"Pudimos haberte ayudado a salvarla. Pudimos-"
El crac de la pistola contra su mejilla reverbera y Den se desploma en las cenizas. Peter se resiste contra los brazos de su carcelero, llamando por él una y otra vez; la bola de humanos despiadados se ríe de la humillación que sufre Dinamarca, mientras se esfuerza por ponerse de regreso sobre sus rodillas.
"Si realmente eres mi amigo, me dejarás hacer esto." Dice, enderezando a Dinamarca por el cuello de su abrigo. "Por ella. No por mí."
Dinamarca escupe sangre sobre la tierra. "¿Y que hay de él?" Señala con la cabeza a Peter. "¿Qué hay de mi familia?"
"No habría sobrevivido de cualquier manera y lo sabes. No si tú lo estabas cuidando." Estira sus labios en una mueca de desprecio. "Mírate. No puedes ver, no puedes correr… no puedes siquiera defenderte tu solo. ¿Cómo carajos creías que ibas a poder cuidar de un niño tu solo?"
"No es un niño."
Holanda gruñe. "Cállate ya."
Dinamarca logra respirar de nuevo y clava los dedos en el suelo. "¿Eso es todo, entonces? ¿Y ya? Después de todo lo que ha pasado, ¿Solo nos venderás a estas personas y ya?"
"La familia va primero, Dinamarca. Siempre ha sido asi."
Dinamarca escupe de nuevo. "¿Y tu eres tan grande cobarde que solo puedes dispararme por la espalda? Dice contorsionándose para poder ver a sus espaldas. "¿Ni siquiera me verás a los ojos como un hombre?"
"Que te calles."
"Cobarde"
"Guarda puto silencio, Den."
Dinamarca sopla desdeñosamente. Regresa su mirada al frente y termina cruzando miradas con Bélgica. "Bastardo inútil; ni siquiera puede cuidar de su propia hermana."
La bota de Holanda regresa con fuerza contra sus costillas, haciéndolo volar por tierra. Entre el polvo y la tos, Den se está riendo, rodando para quedar de frente a Holanda otra vez.
"No te preocupes, Peter." Llama cuando Peter comienza a gritar de nuevo. "Todo va a estar bien." Continúa rodando hasta erguirse de rodillas y clava sus ojos en los de Jan. "Este idiota no tiene las pelotas."
Holanda jala el martillo de la pistola.
Dinamarca no le da tiempo. Se abalanza sobre Holanda, quien sigue demasiado furioso para anticiparlo y le suelta un derechazo en la mandíbula, lanzándolo al suelo y cayendo sobre él. La pistola sale volando y aterriza bajo el carrusel; Dinamarca está parado y pateando a Jan en la cabeza antes de que el otro pueda recuperarse. Den recoge la pistola y la descarga contra los dos hombres que lo siguieron en la pelea, tan cerca que no hay forma que no acertaran, dejando únicamente tres hombres delante. Tirando la pistola al piso, la remplaza con el rifle en su costado, mientras se da la vuelta para enfrentar al hombre que tiene sujetado a Peter.
"¡Déjalo ir!" Amenaza. "¡Regrésenmelo y luego váyanse al carajo todos ustedes!"
Peter chilla frente a la mira del rifle y continúa su forcejeo con más fuerza, retorciéndose y jalando y tratando tan desesperadamente de liberarse. El rostro de Dinamarca está cubierto de sangre que gotea desde su coronilla. Lo único que pasa por la mente de Peter es la voz de Finlandia, siempre alegre.
"Tiene un pésimo tino."
El hombre de los dientes amarillos comienza a reí. "No lo creo." Extiende su mano por detrás y saca su propia pistola de una funda escondida. "Todos sabemos de tu 'asuntito' con la ceguera. No te atreverías. Demasiado riesgoso. Podrías darle al niño."
"Dije déjenlo ir. Ahora."
El hombre comienza a levantar su pistola. "No lo cre-"
El rifle se detona y Peter sale disparado hacia adelanta, su cara inesperadamente húmeda y caliente luego que el hombre que lo sostenía es asestado por la bala y se desploma en el suelo. Ni Peter ni el resto de los hombres tienen tiempo de reaccionar. Dinamarca aprovecha la confusión y corre hacia Peter, tomándolo por la cintura y sobre su hombro, huyendo desenfrenadamente hacia el bosque seguido por lo que queda del otro grupo. El hombre de dientes amarillos grita obscenidades y ordenes a sus persecutores. Dinamarca no mira atrás mientras corre.
Dinamarca lo baja tan pronto como llegan al bosque, pero Peter sigue conmocionado y sus piernas no conectan con su cerebro. Dinamarca comienza a jalarlo, haciéndolo tropezar como un torrente de zancadas, hasta que finalmente el instinto prevalece y comienza a correr, afianzado de la manga de Den. Ninguno se molesta en ocultar los ruidos de su huida. Palos y hojas crujen bajo sus pies, y las ramas de los árboles los azotan conforme se adentran más y más en la arboleda.
Peter no puede ver. Sus ojos están llenos de algo espeso que le aterra reconocer.
Dinamarca gira a la derecha y los tira a ambos hasta el fondo de una quebrada profunda, yendo a parar frente a los restos achicharrados de un árbol. Las raíces salen del suelo, retorcidas y nudosas, dejando un espacio debajo por donde es posible entrar dentro del hueco tronco. Dinamarca fuerza a Peter dentro y entra después de él; su espalda pegada a Peter y el rifle aferrado a sus manos, protegiéndolos de cualquier cosa que pudiera estar esperándolos fuera. Respira difícil, aspirando en intervalos cortos y atascados, sus hombros sacudiéndose tanto que el arma en sus manos golpetea contra la corteza.
Sin tener certeza de cuanto han corrido, saben que no están seguros aún. Pueden oír con claridad los dos disparos que suenan a la distancia: uno después de otro, apenas un momento entre ellos, dos chasquidos al aire.
Dos disparos.
Dos balas.
Holanda y Bélgica.
Esperan tan quietos y callados como pueden por los siguientes minutos, escuchando. Peter siente como algo líquido se le escurre por la nuca y tiene que cubrirse la boca con las manos para no gritar otra vez cuando su mente empieza a sospecha lo que podría ser; algo que definitivamente no le pertenece. Algo que es del hombre del claro. Se obliga a distraerse aferrándose al abrigo de Den. Apenas puede adivinar su rostro entre la tenue luz. Está sosteniendo su respiración, pero su pecho sigue teniendo espasmos, como si fuera hipo, y de su nariz y boca corren riachuelos de sangre, otro episodio provocado por el esfuerzo de la carrera. Puede oír como caen las gotas sobre la mochila, pequeños ruidos de plip plip que no deberían ser tan aparentes de no ser por el pleno y desierto silencio que los ha acorralado en ese bosque.
Nadie viene a buscarlos.
Dinamarca se encorva y vomita rojo en el suelo. Se las arregla para no salpicar a Peter, pero entre las raíces el resultado es evidente mientras se dobla desde la cintura, sosteniendo su abdomen con brazos temblorosos y tose hasta que salen solo jadeos húmedos de su pecho, mezclándose con el agudo tono de su respiración corriendo entre sus dientes. Peter observa todo. Está ahí mirándolo temblar y jadear y toser más y más, esperando a que se recupere lo suficiente. Necesita que se recupere porque tiene sangre de un extraño corriendo por su espalda y necesita ayuda para limpiarla. Necesita que Dinamarca se recupere porque Dinamarca siempre se recupera.
Es en le momento en que nota que el jadeo brota mas bien como el nombre de Jan que se da cuenta que Dinamarca está llorando.
Por alguna razón, eso lo aterra más que los trocitos de hueso adheridos a su abrigo.
