Nota: Todos los personajes de Saint Seiya le pertenecen a Masami Kurumada, excepto las adiciones que son de Toei.

Es hora de hacer planes.

Los santos de bronce parecían divertidos con la situación actual de Shiryu, que era blanco de las bromas de Hyoga e Ikki. Por mucho que Shun tratara de detenerlos, y ante la mirada impávida de Seiya que entendía a medias las bromas pero igual reía para no hacer pública su falta de discernimiento.

Por su parte los demás santos dorados, trataban de ayudar a su camarada Leo, porque era un compañero, parte del equipo, un hermano del alma y sobre todo porque no aguantaban las ganas de entrometerse en los asuntos del león.

En casa de Tauro:

—Ya sabes el plan Aldebaran —Máscara de la Muerte dibujaba en una pizarra —. Invitas a Marin por unos tragos, la embriagas hasta la médula, entonces le preguntas quien le gusta de los caballeros dorados.

Aldebaran asentía con la cabeza al momento que decía.

—No entendí.

—Esta es la décima vez que te explico, a ver dime ¿qué parte del plan no entendiste?

Aldebaran miró al techo para evitar responder, no era que Tauro fuera lento de entendimiento, es que en realidad no creía que el plan fuera a funcionar, sin embargo siendo un caballero amable no quería herir los sentimientos del Cangrejo.

—¿Cómo sabes que Marin me dirá si le gusta Aioria estando ebria como una cuba?

—Los borrachos son como los niños, nunca mienten —respondió Mascara Mortal.

—No hables tan mal de los niños que me simpatizan mucho —Aldebaran se molestó por el comentario —. Además no sé cómo voy a invitar a Marin por unos tragos.

—De la misma manera que invitas a otra chica a salir.

—No he invitado a nadie en años —confesó Tauro —. Estando aquí en Grecia es difícil. Primero que no hay muchas chicas cerca, tampoco hay muchos lugares a donde ir, y me la paso el día entrenando y cuidando mi casa. ¿Por qué no la invitas tú? Es tu plan al final de cuentas.

—¡No, yo no! —Como pocas veces Cáncer pareció entrar en pánico

Es que del dicho al hecho hay mucho trecho, pensaba Aldebaran sacudiendo su cabeza, por momentos pensó que aquel debía ser el punto débil de su compañero de Cáncer.

Al parecer no eran los únicos con ganas de ayudar a un compañero, teníamos varios en ese proceso de querer ganar los campos Elíseos aun sin la intervención de Zeus.

—La mejor manera de saber de quien está enamorada Marin es que vayas con ella y le digas que quieres que sea tu novia —Saga le daba instrucciones a Kanon que con mala cara le observaba, pero no decía nada en espera del mejor momento para echar por tierra los planes de su hermano —. Ella, por supuesto te va a rechazar.

—¿Por qué estás tan seguro de que me va a rechazar? —preguntó Kanon en un tono que mostraba molestia

Saga miró a su hermano y dudo un poco antes de hablar.

—Digamos que no eres un buen candidato —trató de sonar diplomático

—Eso lo dices tú Saga —respondió enojado Kanon —, es muy probable que yo le guste a alguien y ese alguien puede ser Marin.

—Pero a ti no te gusta ella —le explicó Saga

—Pero eso no impediría que yo le guste después de todo —barajó esa posibilidad Kanon.

—Eso es poco probable —Saga en ese momento comenzó con una larga discusión de la que no se sabe cuando comenzó y cuándo terminará —. En todo caso me hubiera escogido a mí.

—Lo dudo hermanito —se burló Kanon —, todos saben que yo soy el cuerdo de la familia.

—Todos saben que eres la oveja negra de la familia —le reprendió Saga.

Este tipo de conducta no nos llevaría por buen camino, era mejor visitar a los más sabios del Santuario de Atena.

En casa de Shaka.

—Dime Shaka, tú que eres la tricentésima quincuagésima tercera reencarnación de Buda, puedes decirme ¿de quién está enamorada Marin?

—Y yo ¿cómo voy a saber, Dokho?

—Eres buda, sabes todo acerca del universo y sus criaturas.

—Es verdad, soy Buda, por lo mismo eso no significa que tenga conocimiento de asuntos tan mundanos como enamoramiento y esas cosas.

Shaka se quedó estático en su eterna posición de flor de loto. Dokho se le quedó mirando, parpadeando de cuando en cuando como si esperara que algo suceda.

—¿Se te ocurre algún plan para ayudar a Aioria? —preguntó Libra —. En mis tiempos teníamos que pedir permiso a los padres, pero creo que ninguno tiene padres en el Santuario.

—Si sigues interrumpiendo no se me va ocurrir nada —dijo Shaka cruzando sus brazos

—Así cruzado de brazos y con cara de puchero no vas a poder meditar Shaka —hizo notar Dokho.

—¡Ya cállate Dokho! —Shaka se tapó los oídos con las manos.

En casa De Capricornio

—Se me acaba de ocurrir una idea que nos ayudará a resolver el misterio de mi hermanito —Aioros dijo en su acostumbrado tono alegre —. Está todo listo, vamos a decirle a Marin que mi hermano Aioria se murió.

—¿Por qué le vamos a contar esa mentira a Marin? —preguntó Shura sin entender.

—Porque si ella está enamorada de Aioria seguro se echará a llorar —fue la corta explicación de Aioros.

—No lo creo —dijo dubitativo Capricornio —, además si te enteras que ha muerto uno de los caballeros probablemente te sientas triste, eso no quiere decir que estés enamorado de uno.

—No seas aguafiestas Shura —dijo Sagitario con tono ofendido —, de seguro que Marin se echará a llorar como una viuda.

—Ya, pero luego cuando nos pregunte más cosas —Shura seguí cuestionando el plan —, como de qué se murió por ejemplo.

—Nos inventaremos algo.

Shura miró al caballero de Capricornio, no era uno de los más sabios, pero hubiera esperado una mejor idea de su amigo. Además este asunto de estar de metiche con asuntos románticos no le gustaba. Eso de hacer de Celestina le parecía tonto.

—No es que no te apoye en todo Aioros —Dijo Capricornio, sabiendo bien que todo era como forma de disculparse por la muerte de su amigo hace ya tiempo —, pero yo creo que Marin no será tan fácil de engañar. Seguro que cuando descubra la verdad nos golpeará.

—¿No me digas que le tienes miedo a una amazona? —dijo Sagitario mostrando molestia

—No, pero en mi casa me enseñaron que no se debe golpear a las mujeres ni con el pétalo de una rosa —explicó el santo de la décima casa.

—Pero no es una mujer —Aioros le aclaró a Shura.

—¡Ah no!

—Es una amazona, por eso usan máscaras, para ser igual a nosotros, los caballeros —Aioros uso un cierto tono paternal para explicarle al santo de la décima casa —. ¡Qué ideas tan machistas tienes a veces!

—¿Que yo tengo ideas machistas? ¿No acabas de insinuar que puedo golpearlas? —Shura se sintió ofendido —Admito que estoy confundido con todo esto.

—No me cambies el tema Shura y acompáñame a buscar a Marin —Aioros salió de su casa seguido de un dubitativo Shura.

—No creo que nada bueno salga de esto —dijo la cabra dorada sacudiendo su cabeza.

En casa de Acuario

—Así que al gato sobrealimentado de Aioria le gusta Marin —Comentaba Milo —, ¿Crees que Aioria ya vio el rostro de Marin, o le gusta solamente porqué sí?

—Eso no debe importarte a ti, como no importa a mí —Dijo Camus sentado, leyendo un pesado libro como de costumbre.

—Sabes Camus, he estado pensando.

—Qué raro Milo, seguro va a comenzar a nevar —Decía Acuario al momento que hizo caer unos cuantos copos sobre el caballero de Escorpión.

—Muy gracioso Camus. A propósito ¿ya te enteraste la última noticia del santuario?

—¿Otra vez estás de chismoso Milo? —dijo Camus sin quitarle la vista al libro —Si es alguna tontería mejor ni me digas.

—No creo que sea tontería eso de una boda en el santuario —dijo Milo haciendo el ademán de salir de la casa de Acuario.

—¿Boda en el santuario?

—Mejor no te digo, total que es un chisme y yo no soy chismoso —Milo supo que el pez había mordido el anzuelo.

—Ahora hablas artrópodo —Camus cerró su libro y fue hasta Milo al otro lado de la habitación.

—Ya sabía que te iba a interesar —dijo sonriente el escorpión dorado por su victoria sobre acuario

—Habla de una buena vez ¿quién se va a casar? —preguntó Camus —No me digas que es Aioria

—Estás frío —Dijo en tono de burla Milo pero al ver el semblante serio de Camus dejó a un lado las bromas —. No, no es la boda del león. A ese todavía no lo cazan. Me refiero a la del caballero Dragón, Shiryu.

—Shiryu —Musitó Camus —. ¿Tus informantes de dijeron con quien?

Milo sacó un pedazo de papel amarillento y arrugado y buscó el nombre.

—Se llama Shunrey, parece que es la hija adoptiva de Dokho allá en los cinco picos. No está confirmado si Dokho sabe algo del asunto. Shiryu tampoco ha confesado nada de nada.

—Entonces ¿cómo sabes que es verdad?

—Es información de primera mano. Me lo dijo Argol, que lo escuchó de Asterión, al que le dijo Babel que lo oyó de Seiya.

—Ese tipo de información no llega ni a chisme mal contado —Camus se puso pensativo —. Aunque mencionas a Seiya, creo que es su amigo más cercano. Será mejor preguntarle a otro cercano al caballero Dragón. ¡Hyoga!

—Maestro todavía no sé que tiene que ver con mi cosmo el planchar —Hyoga llegó con un cesto de ropa en las manos —Tampoco sé si las medias de lana sin arrugas me harán más fuerte.

—Deja ese cesto Hyoga y acércate —Camus usó un tono inusualmente cálido con el Cisne —. He oído rumores acerca del caballero Dragón, tú lo conoces bien. Se dice por ahí que se va a contraer nupcias en un corto periodo de tiempo.

Hyoga abrió los ojos por la sorpresa y al escuchar las palabras de su maestro no le quedaron dudas.

—Entonces era cierto. Pensábamos que era un malentendido, pero creo en la veracidad de la noticia ahora —dijo Hyoga que pensaba que al decirle Camus las cosas eran ciertas, y es que él tenía fe ciega en su maestro.

—Tenías razón Milo —Acuario sonrió un poco —. Parece que tus informantes no te engañaron esta vez.

—¿A qué te refieres con esta vez? —Milo se rascaba la cabeza —¿Cuándo me engañaron?

—Veamos en este mes como veinte o treinta veces —Acuario se sonrió

—Yo pensé que eran treinta y cuatro —el cisne dio la cifra exacta.

—¿Qué llevas un registro o qué? —protestó Escorpión

—Mi maestro me obliga —dijo en su defensa el cisne

Camus y Milo comenzaron a discutir sobre los pro y los contra de contabilizar las veces que algún caballero metía la pata. Aprovechando este inusual momento de distracción Hyoga salió de la casa de su maestro para correr la voz de alarma entre sus camaradas caballeros, como él los llamaba.

—¡Rápido Shiryu trae tu pasaporte y sal en el primer avión que encuentres! —urgió el chico ruso a su amigo.

—¿Por qué? —Desconcertado Shiryu preguntaba —¿Qué pasa?

—Es verdad lo de la boda, mi maestro me lo confirmó.

—Caramba —Ikki se sorprendió también —, yo sólo jugaba. No pensé que las cosas fueran en serio.

—Si lo dijo Camus debe ser verdad —Shun sacudía su cabeza —. Tú sabes que a él no le gusta andar con chismes. Siempre regaña a Milo cuando le cuenta alguna noticia no confirmada.

Andrómeda recordaba como era cuando Milo venía con información de los caballeros de plata y como casi siempre la noticia estaba errada, sobre todo desde el día en que dijeron que Saori mandaría a poner un elevador en el santuario. Los pensamientos del caballero de bronce se interrumpieron por la voz de Shiryu.

—¿Qué voy hacer, qué voy hacer?

—Vete a Siberia como tenías planeado —El cisne trató de ayudar —. Te mandaré a la casa de Jacob, pero tendrás que cambiarte el nombre y comer grasa de ballena congelada durante tres meses.

Shiryu miraba a Hyoga con la expresión de querer decirle que el remedio parecía ser peor que la enfermedad.

—Cuéntale tus problemas a Saori —Dijo Shun —. Ella te aconsejará.

—Mejor lo llevamos directo al altar —Bufó Ikki —. Seguro lo convencerá con que es buena idea y todas esas cosas que suelen decir las mujeres. Mira Shiryu, si no quieres ser lagartija muerta, mejor toma tus cosas y vete.

El Fénix tomó las cosas que se encontraban en un closet, las colocó en una maleta y la lanzó por la ventana.

—Buen viaje y no olvides escribir —Ikki le estrechaba la mano al asustado caballero Dragón.

—Un momento esa ropa ni siquiera es mía —protestaba Shiryu

—Si te pones terco entonces yo mismo te llevaré ante el juez para que firmes tu sentencia —Le amenazó el Fénix, porque su ayuda no se rechaza tan fácilmente.

—Ya saben, nadie me ha visto en meses —Shiryu con pánico en sus ojos saltó por la ventana para recoger la maleta, dejando una estela de polvo mientras corría para salir del santuario.