Nota: Los personajes son propiedad de Masami Kurumada y algunos otros de Toei, un agradecimiento a todos los que leen y siguen esta historia.
¿Celoso yo?
Ajenos a estos acontecimientos, Aioria cuidaba a Kiki, como parte del trato que había hecho con Mu.
—Aioria tengo hambre —Kiki se frotaba la barriga con una mano y con la otra le alcanzaba al caballero de Leo un plato vacío.
—Prepárate algo de la nevera —Le dijo sin dirigirle la mirada.
—Bueno, si tú lo dices —Kiki miró de reojo al caballero dorado —. Aunque mi maestro nunca me deja acercarme a la cocina, cree que podría ser peligroso.
—Creo que ya estás suficientemente grande como para encender una hornilla.
—Eso es lo que le dije a mi maestro Mu, pero él insiste desde el día que casi se quema su casa cuando preparé el almuerzo.
Estás palabras hicieron que Aioria dejara de hacer lo que estaba haciendo, que era tratar de ingresar a la página de Afrodita. Es que el caballero de Leo era como otras tantas personas que pueden sumergirse en otro mundo frente a un teclado y un monitor.
—Si Mu se lo prohibió debe ser por algo —Aioria despertó de su letargo —. Kiki, espera un momento, yo te daré algo de comer.
Aioria fue a la cocina a buscar algo para el aprendiz. Buscando en el refrigerador notó que todas las provisiones se limitaban a medio cartón de leche y las migas de una caja de cereal.
—Puedes comer un platón de cereal con leche.
—¿A esta hora de la tarde? —Kiki arrugó la nariz —Generalmente no desayuno después del almuerzo.
—¿Tienes una mejor idea? —Espetó Leo.
—Podemos ir a casa de mi maestro, siempre tiene comida decente —explicó Kiki calmando el mal humor del león.
—¿No crees que se molestará? —preguntó porque conocía bien a Mu,
—No, lo que ignora no puede dañarlo —dijo Kiki encogiéndose de hombros
Aioria de Leo y Kiki se fueron hasta la casa de Mu para asaltar su refrigerador, porque aunque Aioria es el santo de Leo, no significa que puede vivir a base de leche como algunos felinos caseros.
Una vez en la casa de Aries, luego de la merienda que ambos prepararon, ocasionando un gran desorden como consecuencia, Aioria miraba por la puerta pensativo.
—Es extraño que ahora que vivimos en paz, me trate de una forma diferente.
—Estás hablando de Marin, ¿verdad?
—¿Tú como sabes? —Aioria se vio traicionado —Ese Mu es un chismoso.
—Se te nota a leguas —Dijo Kiki como forma de defender a su maestro —. Si te gusta tanto ¿por qué no vas y le hablas?
—¿Estás loco? ¡No puedo hacer eso!
Aioria puso sus manos sobre los hombros del aprendiz sonrojándose
—Sólo tienes que hablarle —dijo Kiki intentando tranquilizar al caballero dorado —, no proponerle matrimonio.
—Tal vez tengas razón —Aioria soltó al Apendix más tranquilo —. ¿Kiki, puedes quedarte aquí solo por un momento?
—Mi maestro Mu no quiere que esté solo, dice que tiene que haber alguien vigilándome cada cinco minutos —Kiki imitó la voz de Mu —. Kiki no puedo dejarte ni cinco minutos, cada que te pierdo de vista armas un lío enorme.
—Volveré antes de que termines tu comida.
—Si no regresas pronto me comeré la tuya.
Kiki dijo como si bromeara pero hablaba en serio. No le importó a Aioria que salió con dirección a las cabañas de las amazonas.
Mientras tanto Shiryu corría por su vida maleta en mano, sin darse cuenta siquiera que se dirigía justo hasta donde estaban ubicadas las viviendas de las guerreras y que estaba muy cerca del peligro que sabemos bien sólo existía en su mente, gracias a sus así llamados mejores amigos.
—No sé Shunrey —Marin se observaba en un espejo grande —, este vestido largo de seda color lavanda no me convence del todo, ¿estás segura que dará resultado?
—Tampoco estoy muy convencida —Shaina parecía incómoda luciendo un vaporoso vestido color esmeralda con volados en el ruedo de la falda —. No podré patear a mis rivales por que se me rasgaría la seda.
—La idea es que ya no peleen más —Shunrey les explicó todo lo que conlleva ser femenina, lo que implicaba principalmente dejar de golpear sujetos —. Vamos a dar una vuelta por el pueblo y sus nuevos atuendos para que veamos como un vestido hace la diferencia en el trato. Y por favor June, deja el látigo, no va con ese vestido rosa.
Como Shunrey era la encargada del nuevo look de las guerreras, le hicieron caso. Cada una con unos vestidos largos como los que usaba Atena. A decir verdad se veían bien, pero seguían con las máscaras por si tropezaban con alguna otra persona del santuario.
Pero ni bien salieron vieron que Shiryu se aproximaba a toda marcha como alma que lleva el diablo o el Hades para que sea más apropiado.
—¿No es ese Shiryu que viene corriendo? —June divisó al caballero Dragón a toda marcha —. Shunrey no nos conviene que te vea, hará demasiadas preguntas. Métete en la casa. Nosotras lo detendremos.
—¡Alto Shiryu, no puedes pasar! —Marin se pasó delante del aturdido Dragón.
—Ustedes no entienden —El caballero de bronce detuvo su súplica —. ¿Por qué están vestidas así?
—No nos cambies el tema Shiryu —Shaina se paró delante del joven —. Ya conoces las reglas, los hombres no vienen aquí.
—Sólo quiero pasar —dijo en tono suplicante —, ni notarán que una vez vine.
—De ninguna manera, antes tendrás que derrotarnos —June se puso en posición de ataque.
—Dado que es una emergencia no me queda más remedio —Shiryu adoptó su posición de pelea también y elevó su cosmo.
Este evento no pasó desapercibido para algunos caballeros en las cercanías. Un poco más lejos desde un punto donde no podían ser vistos, Argol y otros caballeros miraban el incidente.
—Esto es pelea segura, vamos a avisarle a Milo —Argol tomaba notas en una libreta.
—¡Sí! —Aracne sacó un catalejo para ver mejor.
Los caballeros de plata podían resultar muy curiosos, observaban ávidos esta escena y hubieran dado todo por poder leer los labios para tener una idea mejor de lo sucedido. Sólo pudieron observar como en medio de lo que se presagiaba como pelea intervino una muchacha extraña en el santuario.
—¡No Shiryu! —Shunrey salió de la cabaña —¡No les hagas daño!
—Un momentito —Shaina saltó ofendida —. Shiryu no puede hacernos daño a las tres juntas aunque quisiera.
—Shunrey ¿qué haces aquí? ¿Por qué estás vestida de blan…? —El Dragón pudo terminar su pregunta porque era un ser perspicaz. Supo entonces, aunque solamente era idea suya, que ese vestido largo y blanco debía ser el vestido de novia, y las amazonas, ellas serían sus damas. Ahora todo cuadraba a la perfección, tal y como Camus le había dicho a Hyoga, o al menos eso era lo que habían supuesto
Esta información era demasiado para el caballero de bronce, quien al no ver otra salida decidió dar media vuelta y correr lo más lejos posible, olvidando incluso aquella maleta que Ikki tan amablemente le ayudó a empacar.
—¡Regresa Shiryu! —gritaba la muchacha de Rozan —¿Por qué corres?
—Seguro quiere ir a contarle el chisme a los otros caballeros —Shaina se mostró frustrada —. Debimos acabarlo aquí mismo.
—Nada de eso —Shunrey volvió al antiguo plan —. Ya hablamos sobre eso de estar golpeando a los caballeros.
—Ya sabemos, no más peleas con los hombres —dijeron en coro las tres amazonas
—Es importante que tu futuro novio no te vea como una especie de amenaza —Shunrey hizo énfasis en estas palabras —. No más cosas como "te mataré por ver mi rostro" o "te mataré yo para que no te maten."
Las amazonas estaban realmente confundidas, no veían otra forma de relación con aquellos guerreros. Era algo impensable, por eso no se dieron cuenta que desde hace rato un par de santos dorados las observaban entretenidos.
—Que interesante esta charla —Máscara de la Muerte no podía quitar ese tono burlón —. ¿Van a algún baile?
—Eso no te incumbe —Shaina le hablo con un tono de amenaza.
—No te enojes Shaina —Dijo Aldebaran con su tono calmado —. Verás, aquí mi amigo Máscara de la Muerte, ha estado pensando que sería buena idea invitar a Marin a tomar un café o una copa de vino.
—¿Yo he estado pensando? —dijo cáncer todavía desconcertado.
—¡Sí! —Aldebaran por poco y no miraba con ojitos estrellados —Veo que ustedes, chicas hermosas, están listas para alguna salida, se ven despampanantes.
Si no hubieran estado usando máscaras, probablemente los caballeros hubieran notado como se sonrojaban las chicas por los halagos de Tauro. Mientras Máscara de la Muerte miraba avergonzado al caballero de Tauro, y no se dio cuenta que más atrás estaba Aioria con una mirada asesina quería fulminar al cangrejo dorado.
—Me encantaría ir contigo Mascarita —Dijo Marin coqueta cuando notó la presencia de Aioria y cómo le faltaba poco para echar humo por las orejas —, pero hoy no puedo, tengo que lavarme el cabello.
Aldebaran y Máscara notaron el horrible cosmo de ira del santo de Leo que los amenazaba, por eso consideraron una pronta huída.
—Otro día será entonces —Tauro agarró a Cáncer de la mano y comenzó a caminar hacia atrás.
—Ya nos vamos —dijo Máscara de la Muerte mirando asustado a Aioria —. ¿Quieres venir conmigo al matadero a ver como sacrifican a las reses? ¿No? No te preocupes, me encargaré de eso por ti.
Ambos caballeros se marcharon tan rápido como pudieron, es decir a la velocidad de la luz, mientras Aioria los observaba con una mirada que fulminaría cualquiera que no fuera un santo dorado.
—¿Por qué no te apegaste al plan? Entendiste todo al revés —Le recriminaba El caballero de la cuarta casa a Tauro.
—Así resultó más fácil —Dijo Aldebaran desentendiéndose de todo —. Además creo que de no haber sido porque Aioria apareció allí Marin hubiera salido contigo.
—Pero yo no quiero salir con Marin —dijo Cáncer que corría a toda velocidad con Aldebaran.
—Eso tendrás que explicarle a Aioria, por lo pronto sigue corriendo que puede que nos alcance.
No pararon hasta llegar a la primera casa. Por otro lado en las cabañas donde se alojaban las guerreras.
—Aioria justo hablábamos de ti ¿qué se te ofrece? —June hizo como si no pasara nada.
—¿Quién? ¿Yo? —El león dorado dudó y suavizó su enojo —Estoy buscando a Mu, tengo a Kiki en mi casa y ustedes entienden.
Aioria tenía algunas dotes histriónicas, por eso le resultó fácil encontrar una excusa creíble para no mostrar sus sentimientos lastimados.
—No vino por aquí —Dijo secamente Shaina.
El caballero dorado ni miró a Marin.
—Seguiré buscando en otro lugar, adiós Shaina, June, Shunrey.
Sin decir nada más el león dorado se marchó rumiando en su cabeza miles de formas de acabar con Máscara de la Muerte y Aldebaran.
—¡Ni siquiera se despidió de mi! —Gritó Marin enojada —Se acordó hasta de tu nombre Shunrey, que no eres parte del Santuario.
—¿Fue solamente mi impresión o Aioria se moría de celos? —dijo June.
—Yo no sé, pero ahora ni siquiera me dirige la palabra —dijo frustrada Marin —, ya estoy peor que June y Shaina.
—No creas. Te hablará cuando los celos lo corroan —Shaina se frotaba las manos —. Hay que darle celos a Aioria.
—Eso estaría mal —Shunrey les interrumpió como si fuera la voz de su conciencia —. No puedes engañar a Aioria con otro caballero.
—Es por una buena causa —June intervino —. Además no sería una traición, se trataría sólo de prestarle un poco más de atención a otro.
—Yo sería incapaz de hacerle eso a Shiryu —dijo Shunrey —, sé que en el fondo debe haberle ocurrido algo para que huya de esa manera.
—¿Ah sí? —Shaina levantó la maleta que Shiryu dejó tirada en su rápida huída —Vamos a ver que estaba cargando tu dulce Dragón.
Al abrir la maleta encontraron la ropa que no era del tipo que usa el caballero de bronce en cuestión, más bien se trataba de enaguas, pantymedias, sujetadores y otras cosillas de uso personal de una mujer.
—¿Qué hacen estas cosas en la maleta de Shiryu? —Se preguntaba Shunrey como muchas otras personas que leen este fanfic.
La respuesta era muy simple. Habiendo hecho el equipaje del Dragón en uno de los predios del templo de Atena, era muy posible que se tratase de la ropa de la Diosa, algo que sin duda le traerá más de un dolor de cabeza a uno que otro caballero de bronce, pero es tela de otro fanfic, mientras sigamos con éste.
—Esa rata te traiciona —Fueron las palabras contundentes de Shaina, quien siempre tendía a pensar lo peor del género masculino —. Se escapó porque estaba llevando la ropa de una mujer, ¡la otra mujer!
—¡No mi Shiryu! ¡No es posible! —Shunrey comenzó a llorar.
—Seca esas lágrimas —Shaina trató de consolar a Shunrey —. Un hombre no vale la pena. Vamos a pagarle con la misma moneda.
—¿De qué estás hablando? —Marin se mostró intrigada.
—Vamos a darle celos a Shiryu para que vea lo que se siente —Shaina golpeó con su puño el piso abriendo un pequeño cráter —. Tú harás lo mismo con Aioria.
—Pero si Aioria no coquetea con otras mujeres —Marin no acababa de entender el plan de la cobra.
—Le darás celos para que ese cretino se muestre interesado en ti —dijo en esos términos duros la amazona —, pero necesitamos a alguien con experiencia en ese campo. Alguien que tenga dos pretendientes.
—Yo sé quien da con la talla —June estaba de acuerdo con el plan de Shaina —. Freya, la hermana de Hilda, a Hyoga no le es indiferente y sé que tiene otro pretendiente allá en Asgard.
—Vamos a llamarla inmediatamente —Shaina se llevó a las tres chicas todavía poco convencidas del nuevo plan.
