Capitulo 4

La lluvia repentina se apoderó de los cielos, Sakuno caminaba bajo ella sin pensar en las consecuencias de ello, no había llevado su paraguas, dado que no esperaba que el clima cambiara tan radicalmente, pero en esos momentos eso era lo menos que le importaba, había algo más...tenía que ver con él. No podía hacer caso omiso a lo que había sucedido en clases de tango, Ryoma estaba tan cerca de ella que su corazón latía como si fuese a sufrir un infarto, además había sentido su aliento a menta y su perfume cerca de ella, despertando sentimientos que creía que no tenía por nadie. Adicionalmente a ello, si no los hubieran interrumpido, ellos se habrían besado.

No sabía qué sentir si felicidad e ilusión o debía sentirse asustada por el modo en qué había ocurrido todo. Él le había dicho una vez en el ascensor que no debía siquiera pensar en que él se podría enamorar de ella. Suspiró, tampoco esperaba eso de sí misma, no se sentiría atraída por él jamás. Iba a cruzar la calle, cuando de pronto un automóvil negro lujoso con ventanas polarizadas se detuvo junto a ella, todos sus pensamientos fueron desviados por un temor aún mayor, su abuela no tenía ese modelo y no tenía conocidos que condujeran uno de ese tipo. Quizás sólo estaba esperando a alguien más y ella estaba teniendo paranoias, pero entonces sintió el sonido del vidrio descendiendo y su corazón latió aún más. Antes de ver de quien se trataba, decidió avanzar a toda velocidad por la calle, la lluvia no impediría que huyera de un vehículo desconocido, no obstante el automóvil la siguió por el parque y se manifestó con su bocina. Cansada de dicha situación, se atrevió a amenazar a sea quien fuese de que llamaría a la policía si se acercaba un minuto más, incluso tenía el teléfono en su mano preparada para marcar a cualquier persona para advertir que podría ser secuestra. Sin embargo, el sujeto que se encontraba en su interior, decidió salir de su lujoso auto para caminar a ella, teniéndola rodeada.

—No se acerque más...pervertido. —Susurró nerviosa retrocediendo, distinguiendo la figura de un hombre alto que llevaba una capucha.

— ¿Pervertido? —Habló una voz masculina con incredulidad. —Sí quisiera hacerte algo, ya lo habría hecho.

— ¿Eh? ¿De qué hablas? —Miró confusa y se percató el gran error qué había cometido. —No puedo creerlo...R-Ryoma-Kun ¿Y ese auto?

—Es mío, suelo dejarlo en el estudio de grabación porque prefiero caminar, pero dadas las circunstancias, decidí tomarlo hoy. —Suspiró.

—No creí que fueras tú, fue tan repentino. Me asustaste.

—Lo noté cuando comenzaste a correr, aunque es ridículo porque la velocidad de un automóvil supera la de una persona más con la intensidad de la lluvia. Deberías haber pensado en eso. —Se encogió de hombros para dirigirse a la puerta. —Sube, no quiero pescar otro resfriado por tu causa. —Le abrió la puerta. —Seguiremos nuestra charla en el auto.

—Está bien. —Susurró avergonzada.

Una vez que ambos tuvieron sus cinturones puestos, Ryoma retomó su lugar como conductor para manejar rumbo al departamento. Estaba más empapada de lo que había imaginado, pero al menos estaba a gusto estando ahí en un ambiente más acogedor, aunque eso implicara estar alado de la persona que casi había besado. Dejó a un lado sus pensamientos para concentrarse en oír la música que se reproducía en la radio, la conocía bien y le sorprendía que ese tipo de ritmo le gustara al ambarino...era precisamente Wind of Change de Scorpions. Conocía ese tipo de música gracias a su padre, quien solía tocar en una banda cuando era joven.

Ryoma le sugiere que utilice la toalla que hay en su bolso para secarse, ella acepta avergonzada, no quería admitir que lo necesitaba, pero estaba tan empapada que debía hacerlo. Se secó el cabello en silencio, mientras la canción de Scorpion sonaba entre ellos. Cuando llegaron a casa, él se dirigió al estacionamiento subterráneo que jamás solían ocupar debido a que no tenían grandes vehículos y Sakuno lo conoció asombrada por su magnitud, podía apostar que si hubiera un evento de elite alcanzarían alrededor de cien personas.

Cuando caminaron de regreso a su habitación, los zapatos de la castaña sonaban como el sonido de un leve tic tac al encontrarse con el piso flotante, más ahora que se encontraban húmedos parecía tardarse una eternidad en avanzar por el pasillo. Una vez que el ambarino introdujo la manilla para posteriormente abrir la puerta, cruzaron el umbral para cambiarse de ropa. Sakuno aprovechó la ocasión de dar una ducha caliente para saciarse del frío y llevar ropa más acorde con la situación. En cambio él no tenía ropa que cambiar, sólo lucía su cabello húmedo que en lugar de verse desordenado, su pelo formaba unas ondas traviesas que deseaba domar.

Al sentir el contacto con el agua caliente recorrer su cuerpo, fue inevitable dejar escapar un suspiro de placer, era de la creencia que no había un día más magnifico para relajarse como uno de tipo lluvioso. Su cabello que era sostenido por una larga trenza que solía llevar, cayó sobre sus hombros como una cascada, apoderándose de su silueta. Lo cepillo con cuidado, reflexionando sobre si debía cortarlo, hace tiempo que no lo hacía, precisamente desde qué se había olvidado de cierto sujeto. La luz del baño comenzó a parpadear producto de la lluvia, se preguntaba si se debía a alguna falla o algo parecido y entonces sin verlo venir, la luz se extinguió por completo. Llegó hasta la toalla gracias al contacto con sus largos dedos y se envolvió en ella, no había llevado su ropa ésta vez, por lo que esperaba que la ausencia de luz cegara por completo su vida y no notara su figura desnuda en el pasillo. Abrió la puerta sigilosamente, su corazón latía a mil, esperando no encontrarse con él. Decidida a dirigirse a su habitación, salió con cuidado de no pisar a Karupin en el pasillo y se dirigió por el oscuro pasillo de regreso a su pieza. El contacto frío con el suelo la hizo estremecerse, no obstante se apresuró a su destino.

Ryoma que se había dormido en el sofá, se sorprendió al distinguir la pequeña figura de Karupin junto a sus pies, el pequeño minino maullaba buscando su mirada. Lo tomó entre sus brazos para acariciarlo, creyendo que se encontraba en su habitación durmiendo bajo el manto de la noche, pero entonces recordó que permanecía en el salón. "¿Por qué la luz está apagada?" Pensó confuso, quizás ella la había desconectado, pero no era así. Se apresuró a buscar unas velas que tenían de emergencia junto a los platos y decidió encenderlas, quizás producto de la tormenta la luz se había cortado. Agradecía a su madre por haberle regalado esas velas, aunque le había mencionado en más de una ocasión que no eran necesarias, finalmente había tenido que acceder a llevarlas con él, en caso de emergencias. Y sin duda, en esos momentos la necesitaba. Encendió algunas velas en la cocina y otras las puso en el salón para iluminar el comedor. Sintió unos pasos acercarse con tanta velocidad que lo consideraba sospechoso. Por ello, caminó a zancadas la sombra, temiendo que se tratara de algún ladrón precisamente en esos instantes que ella se estaba bañando. Sus pies se deslizaron en el piso flotante como si estuviera en una cancha de hielo, resbaloso. Sí era así, sólo podría tratarse de Ryuzaki. Iba a llamarla para que tuviera cuidado, entonces de súbito identificó a la figura resbalarse de espaldas, por lo que se aproximó a ella ignorando lo húmedo que se encontraba el piso. Antes que cayese, Ryoma ya la había sostenido de la cintura, erizando su piel desnuda por el contacto de sus dedos. Además su cabello había sido liberado de la toalla que lo envolvía, aterrizando en el suelo.

— ¿Te encuentras bien?

—S-Sí...—Susurró nerviosa queriendo apartarse de él, pero su mirada penetraba la suya de la misma manera que lo había hecho la primera vez que lo vio. —Gracias por salvarme otra vez. —Dijo una vez pudo estabilizarse en sus dos pies.

—Por nada. Deberías tener más cuidado, podrías haber perdido la otra toalla. —Cogió la toalla que se encontraba en el suelo para entregársela.

—Lo sé. —Se sonrojó. —Me alegro que no haya sido así. Bueno iré a vestirme.

—Como quieras, estaré en la sala. —Suspiró, observando como la castaña cruzaba el pasillo para llevar a su habitación a salvo. —Qué lástima, esperaba ver más que tu cabello húmedo.

Sakuno cerró la puerta con fuerza, tratando de disimular que no había oído lo que acababa de decir y sólo huía para no enfermarse. Pero no podía dejar de pensar en todo, su corazón latía tan fuerte que martillaba su pecho, aún le costaba mantener el aliento producto del recuerdo reciente de sus manos cálidas posándose en su espalda. En lugar de seguir pensando en eso, decidió secarse sus partes intimas para lucir su ropa interior y posteriormente buscar su pijama.

Ryoma se dejó caer sobre el sillón, figurando una sonrisa en su rostro. Quien imaginaría que tras esa actriz que aparentaba no tener futuro en el espectáculo, se encontraba una mujer con un cuerpo de modelo. Karupin se acomodó a su lado y lo acarició, después de lo que había dicho se preguntaba si saldría de su habitación, ya fuese para propinarle un golpe y gritarle, como en caso contrario podría evitarlo toda la noche. Observó su celular un momento, preguntándose si la luz llegaría o no tendría televisión hasta el nuevo día.

—¿Cuándo llegará la luz? —Escuchó su voz desde el pasillo.

—No lo sé. —Susurró, viendo como la castaña caminaba hacia él luciendo su pijama y llevando una taza de té en las manos. Se había ubicado a una gran distancia de él, lo que no le sorprendía. —Creí que no saldrías.

—Sin luz no hay mucho qué hacer. —Se encogió de hombros, ella tampoco sabía porque lo había hecho.

—Tienes razón. Tal vez éste es el momento indicado para hablar.

— ¿S-Sobre qué? —Preguntó nerviosa.

—Sobre lo que ha pasado los últimos días y precisamente hoy.

— ¿Te refieres a lo de las clases de tango? —Su corazón comenzó a latir.

—También tiene relación con eso. —Suspiró. —Creo que deberíamos...dejar de pelear. Me he encontrado con la Directora ésta tarde y se ha enterado de los últimos sucesos, debido a que algunas personas les han comentado todos los incidentes. —La miró a los ojos. —Es hora de actuar como adultos.

—Es verdad, todo este tiempo hemos estado actuando como niños. —Rió nerviosa pensando en todo lo que habían hecho el último tiempo y también estaba aliviada de que no le hablara del casi beso.

—Especialmente tú. —Se burló. — ¿En qué estabas pensando cuando volviste el apartamento un témpano?

— ¿Y tú, paralizando mi cabello? —Enarcó una ceja.

—Quería cambiar tu peinado. Sueles llevarlo de la misma forma, es aburrido.

—Tú deberías agradecerme, adapté el apartamento a tu temperatura. Así no te alteras, dicen que los animales del zoológico no vuelven a ser los mismos cuando los cambian. —Se burló.

—No soy un animal.

—Entonces ¿eres el hombre de las nieves?

—No, soy mejor que ello.

—Algunas veces lo pareces.

— Tú también aparentas cosas qué no eres.

— ¿Qué quieres decir?

— Nada. — Bufó.

— De todos modos, hay muchas cosas qué no sé de ti. Es posible que aquí actúes como el señor de las nieves y en otros lugares no lo seas.

—Quien sabe. — Apoyó su cabeza en el sofá. — ¿Y qué hay de ti, Ryuzaki? ¿Eres distinta aquí a otro lado?

— No, siempre soy la misma. Tanto con mi abuela cómo con mi mejor amiga.

— ¿Y qué hay del resto de tu familia? ¿O sólo vivías con tu abuela?

— Vivía con mi mejor amiga, pero mi familia sólo es mi abuela. —Rió nerviosa. —Porque mis padres...tuvieron un accidente aéreo hace unos años.

— ¿Y cómo están? — Tragó saliva, esperando que se hubieran recuperado.

— No soportaron la caída, ellos simplemente se rindieron. — Fingió una sonrisa. — Fallecieron al instante.

— Lo siento...No debí preguntar. — Ryoma quería retroceder el tiempo por un momento para evitar decir eso, pero el daño ya estaba hecho, podía sentir como reprimía no sentirse dolida.

— Descuida, ya han pasado años desde el accidente. Además no tienes la culpa de nada, no lo sabías. —Sonrió para tranquilizarlo. —Y sobre tu familia ¿Puedo preguntar?

— Sí, adelante. Aunque imagino que ya sabes sobre mi padre ¿no?

— Cuando llegué a la agencia me hablaron sobre él, pero me gustaría saber más cosas desde ti.

— Está bien. Él es...un actor reconocido. — No sabía cómo describirlo, porque no se llevaba muy bien con su padre, pero los ojos de Sakuno brillaban tanto a la luz de las velas que no podía simplemente desviar el tema. — Ha trabajado en agencias desde que era un crío, comenzó cuando tenía alrededor de diez años, no pertenecía a una familia adinerada, más bien era pobre. Sin embargo, gracias a una fotografía que le tomó una periodista se hizo famoso y fue parte de comerciales, hasta finalmente participar en películas.

— Woo ha tenido una larga trayectoria. — Sonrió. — Y todo gracias a esa periodista. Ahora que lo pienso, mi abuela comenzó como periodista. Luego con los años, se volvió una famosa actriz, al menos en su época.

— ¿Cómo se llama tu abuela?

— ¿Eh? Sumire Ryuzaki — Dijo dudosa, mientras dejaba la taza vacía sobre la mesa— ¿Porqué?

— Entonces sus iniciales fueron S.R — Comentó pensativo.

— Sí ¿Porqué? ¿A qué quieres llegar?

— Me suena su nombre. Quizás sólo son ideas mías, pero me recuerda a una amiga de mi padre.

— ¿De verdad? Tal vez la estás confundiendo con otra persona.

—Es probable. —Se levantó para caminar a la cocina. —Iré a prepararme un café ¿Quieres más té?

—Prefiero café también, si no te molesta claro.

— Está bien, son 2 de azúcar ¿Verdad?

— Sí... ¿Lo has notado?

— Todo el tiempo. — Admitió Ryoma

Cuando Ryoma se marchó, Sakuno se quedó contemplando como las estrellas brillaban en la oscuridad, se veían más hermosas que en otras ocasiones desde el balcón de la habitación, pero no era eso lo que le generaba un cosquilleo en su interior, sino más bien el hecho de que él se hubiera dado cuenta de un detalle así. Quizás no era gran cosa, pero le sorprendía que aún siendo rivales y casi enemigos los últimos días, Ryoma hubiera dejado de analizar sus debilidades y comenzaba a fijarse en quien realmente era ella, más allá de una actriz sin futuro como la describía, le estaba dando la oportunidad de también ser su compañera y conocerla tal cual era.

— Aquí está. — Regresó Ryoma con dos tazas de café.

— Gracias. — Le sonrió, mientras él se acomodaba a su lado, cortando la distancia que antes tenían producto de sus inseguridades. — ¿Y qué hay del resto de tu familia, Ryoma-Kun? ¿También se dedican a la actuación?

— No todos, en el caso de mi madre, es diseñadora de modas. —Tomó un sorbo de café. —Si bien fue modelo cuando era joven, nunca estuvo dentro de sus planes ser actriz. Y mi hermano mayor...sólo ha participado en algunos comerciales de Deporte, porque es tenista profesional.

— Oh ya veo, tienes una familia fascinante. Deben estar orgullosos de ti, considerando que eres el hermano menor ¿no? — Lucia avergonzado por haber dado esos detalles de su vida, por lo que sólo asentía a sus palabras. — Tienes suerte de haber tenido hermanos, yo fui hija única. Me hubiera gustado saber lo que se sentía ser hermana mayor o menor.

— Yo habría preferido ser hijo único. — Bufó.

— Muchos dicen eso. — Rió, recordando lo que decía Tomoka todos los días. — Y yo en cambio, los envidio por ser afortunados. Sin embargo, mi mejor amiga es como si hubiera sido mi hermana, estamos juntas hace tiempo. Más ahora que vivíamos juntas.

— Ya veo. — Tomó otro sorbo de café. — Ya te he dicho todo sobre mí, es tu turno.

— mmm pues...¿Qué quieres saber? — Se sonrojó.

— Además de ser actriz en la agencia ¿Cuales son tus pasatiempos? — Se sentía extraño por preguntar eso, pero ahora que no llegaba la luz y debía darse el trabajo de conocerla, tenía que aprovechar el momento para hacerlo.

— Soy voluntaria en un Centro de Rehabilitación para niños con capacidades especiales. — Susurró, no había dicho eso en la agencia, pero solía ser una de sus ocupaciones favoritas. — Niños que han sido abandonados por sus padres u otros familiares por sus dificultades.

— Entonces es otro trabajo ¿no?

— No es así, para mí no lo es, porque no me pagan por ello. — Tomó un sorbo de café para explicarle su pasión por ir a ese lugar todos los días. — Voy por mí misma, ya sea a cuidar de ellos, como apoyarlos en su formación y darles cariño. Las voluntarias somos llamadas hermanas mayores, por lo mismo los niños nos llaman así y los ayudamos en cualquier área que necesiten de nuestra atención.

— Se nota que es una gran labor, prestar servicios a quienes más lo necesitan. Yo no podría, no suelo llevarme bien con los niños.

— ¿Porqué lo dices? Los niños son adorables, deberías ir alguna vez. — Sonrió. — A propósito de conocer nuestros mundos ajenos, deberías aprovechar esta ocasión para ir conmigo al Centro de Rehabilitación.

— No lo sé. — Suspiró.

— Vamos, Ryoma-Kun. Te prometo que si te desagrada estar en ese lugar, buscaremos cualquier pretexto y nos marcharemos. — Le extendió el meñique para hacer una promesa como si fueran niños pequeños.

— Hablábamos de no actuar como niños. — La miró extrañado, pero ella parecía mantener su postura a toda costa. — Ryuzaki, hablo en serio.

— Yo también, Ryoma-Kun. —Extendió su dedo hacia él. —Prométeme que lo intentarás.

— Está bien, lo haré. Pero sin esta estúpida forma de hacer una promesa.

— ¿Por qué no?

— Porque somos adultos, te doy mi palabra que iré ¿Contenta?

— No hasta que me muestres tu meñique. — Se burló.

— Esto es demasiado, actúas como una niña. — Se cruzó de brazos, no lo haría. — No lo haré, iré de todas formas, pero no esperes que selle mi promesa de ese modo.

— Ni siquiera sabes dónde es.

— Encontraré la dirección.

— No te dejaré entrar.

— Eres demasiado infantil, Ryuzaki. — Bufó — Está bien, tú ganas. Hagamoslo de una vez.

— Bien.

Así fue como sus dedos meñiques se alzaron para encontrarse el uno con el otro y sellar la promesa que se habían hecho. Esa sonrisa que esbozaba la castaña de victoria se le hacía familiar, no sabía de dónde. No tenía que ver con cierto parecido que tenía con su madre, más bien le recordaba a una niña pequeña con la que solía jugar de pequeño. Tenía recuerdos borrosos de esa oportunidad, a veces creía que se trataba sólo de un sueño y esa niña no existía, pero cada vez que su voz aparecía en su cabeza y sonaba como eco en sus oídos, le daba la impresión de que no era así, qué sí lo había vivido. No obstante, eso no tenía sentido, no podía ser ella la misma que se encontraba frente a él. Entonces los recuerdos de ese día de campo volvieron a su memoria, viendo una chica de cabello castaño corto que solía llevar un sombrero de paja para protegerse el sol y sonreía llevando unos girasoles. Se vio así mismo llevando una jardinera azul con una blusa roja y su gorra tan característica blanca con una R en el centro. Solía mirarla a la distancia, parecía estar sola en el mundo, porque sin importar qué horas fueran, seguía merodeando por los alrededores sin dejar de sonreír. ¿Quién eres? Se preguntaba así mismo, tratando de recordar su nombre, pero sus recuerdos no daban con esa respuesta.

Sakuno observó como el chico de cabello negro se apoyaba en su hombro de sorpresa, intentó tocar sus mejillas para despertarlo y decirle que no intentara engañarla con que dormía, pero no consiguió hacerlo. Su corazón latía a mil, pero no podía dejarlo allí, así que se apresuró a coger una sabana cercana y lo cubrió con ella para que no pescara otro resfriado. Deseó aspirar su perfume, el aroma que desprendía de sus cabellos era tan delicioso que no quería alejarlo de ella jamás, incluso el hecho de tenerlo tan cerca la hacía feliz. Producto del viento que entraba por la ventana, gran parte de las velas se habían apagado y sólo quedaba una minúscula que se encontraba a su lado. Rendida de hablarle, apagó la última y se acomodó junto a él para cerrar los ojos. Quería apreciarlo por siempre dormido, pero sabía que no podía soportar más el sueño que la invadía. Así que después de que Karupin se uniera a ellos, Morfeo la envolvió en sus brazos para llevarla con él.

Continuará...