Capítulo 5
Ryoma se encontró frente a un rascacielos de color celeste, similar a un hospital, sin embargo el letrero que resaltaba decía claramente que se trataba de un hogar de niños. La castaña permanecía a su lado, sonriendo orgullosa por haberlo convencido. Suspiró, había pensado rechazar su oferta aquella mañana, pero cuando sus ojos se encontraron con los suyos no pudo negarse a participar.
Cruzaron el umbral del majestuoso edificio para entrar a su interior, por un momento dudó de si se trataba realmente de un hogar de niños en situación vulnerable como había señalado Sakuno, ya que el edificio se encontraba en buen estado y la infraestructura en sí no parecía haber sido creada para personas con ese estilo de vida. No obstante, su percepción cambió en cuestión de minutos cuando se encontró en el salón principal, entonces comprendió que el edificio no era lo mismo que aparentaba ser. "Aguarda un minuto" Le había dicho la castaña, mientras se dirigía a la recepción a pedir credenciales para ingresar a cuidados intensivos.
Aunque debía sentarse a esperar, sentía que no podía hacerlo ni mucho menos ignorar lo que había a su alrededor. Los pasillos blancos estaban manchados con restos de sangre, manchas superficiales, pero que él siento un externo podía notar. En la sala de espera se encontraban mujeres con niños en brazos en estado crítico, habían camillas por los alrededores resguardando a pequeños con pies enyesados, quemaduras graves y algunos sin sus extremidades.
Como solía asistir a una clínica privada, nunca había sido testigo de una situación así, muchas familias miraban por la ventana de modo ausente, niños vendados de pies a cabeza con heridas que se hacían visibles tras sus mascarillas.
—Ya está, ten. —Regresó la castaña, provocando que el ambarino se estremeciera como si le hubieran tirado un balde de agua fría. — ¿Estás bien?
—S-Sí, no es nada. —Ignoró su mirada de preocupación y se colocó la credencial, no podía estar un minuto más allí.
—Bien, sígueme. —Le enseñó el camino, se veía tan asustado, se preguntaba en qué estaba pensando.
Lo condujo por las escaleras para dirigirse al pasillo de Rehabilitación, situado en el piso 4. Ryoma ya no sabía que esperar, de seguro ese lugar estaba en peores condiciones que en el primero y también sería un lugar deprimente. Se detuvieron frente a un pabellón de colores pasteles, decorado con dibujos de niños que se dedicó a analizar a la distancia, muchos de ellos salían jugando con sus mascotas o soñando con salir del hospital para cumplir sus sueños. En el preciso instante en qué se preguntaba donde estarían, escuchó a lo lejos unas risas y enseguida visualizó un show de títeres en el centro de la habitación, donde alrededor de diez niños disfrutaban del espectáculo.
Sakuno en su deseo de no irrumpir sus actividades, se acercó sigilosamente a saludar a los que se encontraban acostados en sus camillas, ya sea leyendo libros o coloreando algunos dibujos. La siguió en silencio, observando la reacción que tenían al notar la presencia de la castaña. Lucían tan felices, era increíble que una simple visita los hiciera recuperarse de su estado de embotamiento en unos escasos minutos.
—Mira te quiero presentar a alguien. —Le susurró Sakuno a una niña pequeña con cáncer.
— ¿Es tu novio? —Preguntó curiosa.
—No, es mi compañero de trabajo. —Rió sonrojada.
— ¿En serio? Eso quiere decir… ¿También hace películas?
—Así es, su nombre es Ryoma-kun. —Sonrió. —Ryoma, ella es Mei-Chan.
—Un gusto conocerte, Onii-San.
—Un gusto también. —La saludó a la distancia en lugar de acercarse, se sentía inusualmente tímido.
Antes de poder agregar algo más, un niño gritó emocionado al notar la presencia de la castaña y corrió a sus brazos. Cuando ella lo estrechó contra sí, todos los demás que se encontraban viendo el espectáculo de títeres, se acercaron a ella dando brincos. Nunca había visto nada parecido.
Sakuno abrazó a todos llamándolos por sus nombres, mientras ellos les enseñaban sus dibujos o le relataban alguna de sus anécdotas. Mientras Ryoma permanecía alado de Mei observando todo a la distancia, no sabía que decir realmente. "¿Te gusta Sakuno-Chan?" Le preguntó alguien a su lado, provocando que su corazón latiera a mil y se sonrojara, considerando que lo habían descubierto mirándola. Al mirar atrás, se encontró con una chica de tez morena de alrededor de doce años que llevaba el cabello negro amarrado a dos coletas y sonreía de oreja a oreja.
—Cómo la mirabas da mucho que pensar.
—No la estaba mirando. —Bufó.
—No tienes que engañarme, sé lo que vi. —Sonrió maliciosamente.
—No es así, niña.
—No me llames niña, mi nombre es Miyuki Chitose. —Se encogió de hombros. —¿Y tú? ¿Quién eres?
—Eso no te incumbe.
—Si me incumbe considerando que estás en un hospital de niños. —Observó su credencial. —Ya veo, tu nombre es Ryoma.
—Sí, Ryoma Echizen.
—mmm creo que se me hace similar ese nombre.
—De seguro me has visto en la televisión. —Se burló, al menos esa niña si sabía quién era.
—No lo sé. —Se tomó la barbilla para pensar.
—Soy actor.
— Ya lo recuerdo, eres el hermano menor de Ryoga Echizen ¿no?
—Sí ¿Lo conoces? —Suspiró, no quería ser recordado como el hermano de alguien.
—Por supuesto, es un gran tenista. Deseo jugar con él. —Sonrió. —También juego tenis.
—No creo que sea del tipo de personas que acepte jugar con una niña.
— ¿Por qué no?
—No juega con cualquier persona.
— ¿Ni siquiera contigo? —Se rió
—No he dicho que esté interesado en eso. —Gruñó. —Aunque fuera el caso, no jugaría con él.
—Deja adivina, de seguro eres el hermano perdedor y él es el triunfador ¿no? —Lo señaló riendo.
— ¡No es así!
Sakuno se apartó de los niños para ir a hablar con ellos, ambos se miraban disgustados, se alegraba que Ryoma estuviera hablando con alguien, pero no pensaba encontrarlo en esa situación. "Ya veo que se conocieran" Sonrió, fingiendo que no había notado lo mal que se llevaban, pero para su sorpresa Miyuki lo abrazó diciendo que le agradaba conocerlo, en cambio Ryoma desviaba su mirada.
—¿Quién es él? —Preguntaron dos niños pequeños confundidos.
—Es un compañero de Trabajo, su nombre es Ryoma-Kun.
— ¿Eres actor también? —Preguntó un niño alegre.
—Sí, lo soy.
—Siempre he querido hacer películas.
—Así es, Yoichi-Kun siempre ha deseado hacerlo. Estoy segura que algún día lo logrará. —Lo animó Sakuno.
— ¿Tú crees? —Sonrió avergonzado.
—Por supuesto ¿Verdad, Ryoma?
—mmm pues técnicamente aún te falta mucho. —Declaró con honestidad. No obstante al ver la desilusión del pequeño y la mirada asesina de Sakuno, se vio en la obligación de retractarse. —Me refiero porque aún eres muy pequeño, te falta mucho por aprender. Pero si tienes la disposición de hacerlo, lo lograrás.
—¿Realmente lo crees? Nii-san.
—Sí, es sólo cuestión de práctica.
— ¿Lo ves, Youchi-kun? —Le cerró un ojo Sakuno. —Podrás lograrlo.
—Por cierto, si Ryoma-Kun es actor. —Sonrió maliciosamente Miyuki. —Quizás él pueda enseñarnos a todos cómo ser mejor en actuación ¿no lo creen? —Todos aclamaron a su sugerencia, poniendo al ambarino en aprietos.
— ¿Enseñarles? —Preguntó incrédulo.
—Sí, pues cada semana nos enfocamos en una obra de teatro en la que participamos todos y demostramos nuestros talentos. —Se aclaró la voz Sakuno. —A eso se refiere Miyuki-Chan.
— ¿Qué tipo de obra van a hacer esta vez? —Enarcó una ceja Ryoma, no iba a actuar frente a un montón de niños.
—mmm déjame ver. —Se dirigió al tablero de actividades. —La bella durmiente.
—Oh si es así, Sakuno-Chan debería ser Hime-Sama y Ryoma-Kun el príncipe. —Sonrió de oreja a oreja Miyuki, volviendo a ser aclamada por los niños pequeños.
—Olvídalo. No participaré en ese tipo de obras. —Suspiró Ryoma, no iba a ser manipulado por una niña pequeña.
—Descuida, Ryoma-Kun. No te obligaremos a hacer algo que no desees. —Habló Sakuno, aclarándose la garganta. —Es tu decisión participar o no de la actividad, así que no te sientas presionado.
—Qué lástima que no participes, Ryoma-Kun. —Bufó Miyuki. —Juré haberte oído decir que eras un famoso actor capaz de todo, ahora veo lo contrario. Si no puedes interpretar el papel de una obra para niños.
—No he dicho que no sea capaz. —Gruñó. —Soy capaz de todo, es sólo que no me interesa ser parte de esto.
—Está bien, Ryoma. —Tomó aire la castaña. —Es hora de elegir a los personajes ¿Están listos?
— ¡Sí!
—Bien, aquí está la tómbola. A cada uno le saldrá un color, dependiendo de eso van a ser elegidos sus personajes ¿Quién quiere empezar?
— ¡Yo! —Gritó Mei.
Ryoma observó como la castaña comenzaba a animar a todos a girar la tómbola e iba escribiendo en una libreta el color que habían elegido, todos parecían muy felices con su papel, ella por supuesto sería la bella durmiente. El príncipe aún estaba por decidirse, pero de ninguna manera sería él. Faltaban niños según la castaña que se encontraban en la quimioterapia, por ello aún no podían decidir todos los personajes. Sin embargo, se divirtieron seleccionando los atuendos. Sakuno sonreía de oreja a oreja junto a ellos, parecía realmente feliz haciendo su trabajo en ese hospital, aunque ella no lo consideraba un trabajo por supuesto, lucía igual de encantadora que cuando actuaban en la agencia. Ella sin duda era una gran caja de sorpresas.
De pronto, el grito de un pequeño alertó que había llegado un nuevo visitante, pensaba que se trataba de algún familiar o algo parecido, no obstante se encontró con un chico de cabello rojo que vestía un disfraz de payaso. Al igual como sucedió con Sakuno, todos corrieron a recibirlo felices. Salvo ella que pareció desconcertada, ya que no lo veía hace un tiempo.
—Oh Sakuno-Chan, tanto tiempo. —Le sonrió Kintaro cortando la distancia entre ellos y ignorando la presencia del ambarino.
—Sí, ha pasado mucho tiempo. —Sonrió la castaña nerviosa. — ¿Cómo has estado? Creí que estabas recorriendo el mundo.
—Estuve haciéndolo por unos meses, pero ya era hora de regresar. Además no podía abandonarlos.
—Ya veo, me alegro que hayas regresado.
Kintaro se había unido al hospital de voluntario en la misma época que ella, en un principio siguiéndola para llevar a cabo su conquista, pero con el tiempo logró entender porque Sakuno amaba tanto ese lugar y comenzó a disfrutar la compañía de esos pequeños. Antes de agregar un comentario, se sintió observado por una persona que jamás en su vida había visto.
— ¿Quién es él? ¿Un nuevo enfermero? —Preguntó el pelirrojo confuso.
—Deberías preguntarlo directamente, en lugar de hacer cómo que no estoy.
—Tienes razón. —Sonrió. — ¿Quién eres?
—Mi nombre es Ryoma Echizen.
—Un gusto conocerte, soy Kintaro Toyama. —Le estrechó la mano, pero él no se la recibió. —¿Qué te trae por aquí? ¿Eres pariente de alguno de los pequeños o trabajas aquí?
—Es mi compañero en la agencia. —Intervino la castaña. —Nos dieron la tarea de conocer el mundo del otro, por lo mismo lo invité aquí a qué conociera a las personas importantes para mí.
—Oh ya veo, yo en un principio también vine aquí a conocer el mundo de Sakuno-Chan. —Rió nervioso, provocando que la castaña se sonrojara. —Sin embargo, después conocí a personas maravillosas y he decidido quedarme.
— ¿Qué relación tienen ustedes? —Ese comentario le había causado revuelo, sonaba como un acosador.
—Fuimos compañeros de Secundaria. —Sonrió y se dirigió a ella, notando que estaba terminando el horario de visitas. —Por cierto, Sakuno-Chan ¿Quieres que te lleve a casa? —Le preguntó, viendo como los niños volvían a jugar juntos.
— No te preocupes por ello, Kintaro-Kun. Puedo llegar a casa por mí misma. Además no estoy viviendo en el apartamento de Tomo-Chan por ahora.
—¿Te cambiaste? Creí que se llevaban bien.
—No es por ella, es por el trabajo…—Murmuró. —Es difícil de explicar.
—Bueno, sea donde sea. Puedo llevarte ahí, sabes qué no tengo problema. —Le dedicó una sonrisa.
—No es necesario, yo la llevaré. Hemos venido en auto hasta aquí. —Interrumpió Ryoma, le molestaba que hiciera caso omiso a su presencia.
— ¿La llevarás? ¿Sabes dónde se queda? —Preguntó incrédulo ¿Quién era ese tipo y qué asuntos tenía con ella?
—Por supuesto, de hecho nosotros
—Vivimos cerca. —Habló la castaña, sorprendida de que estuviera a punto de revelar que vivían juntos.
—Ah ya veo, por un momento pensé que vivían juntos. —Suspiró aliviado.
—Aunque fuera el caso, no habría problema.
— ¿Qué quieres decir? ¿Acaso ustedes están saliendo también?
—No, no es eso. —Sakuno intervino otra vez, no entendía que estaba pasando entre ellos.
—No lo estamos, pero podría pasar. —Respondió el ambarino sin preámbulos, provocando que el puño de Kintaro se cerrara y Sakuno se volviera roja como un tomate. —Digo, si nos vemos a menudo. Es una posibilidad.
—¿A qué se refiere con eso, Sakuno-Chan? ¿Ha pasado algo entre ustedes? —La interrogó Kintaro.
—N-No es lo que piensas, quizás Ryoma se refiere porque nos vemos seguido existiría una posibilidad pequeña de que sucediera. Pero no significa que esté pasando, no nos llevamos bien ¿Verdad, Ryoma-Kun? —Rió nerviosa. —Además yo no soy su tipo y él tampoco el mío, siempre nos lo decimos. —Bromeó. —Bueno, es hora de irnos. Me iré a despedir de los niños.
Sakuno se apartó de ambos para ir a despedirse de todos, sabía que no podía dejarlos solos en un momento así, pero estaba tan desconcertada con lo que estaba ocurriendo que necesitaba un respiro. Miyuki quien también fue testigo de la discusión, sonrió maliciosamente al pensar que estaban celosos el uno del otro. Eran como niños y se hacían llamar adultos. Si las cosas estaban así, todo tomaría un rumbo diferente e interesante.
Tras haberse despedido de Kintaro, Sakuno caminó a zancadas a la salida del hospital, siendo seguido por el ambarino que aún pensaba en el modo en cómo había actuado, no sabía por qué había dicho todas esas cosas. Tal vez por el hecho de que Toyama no le agradaba y le molestaba en particular el trato que le daba a la castaña.
De camino al departamento, nadie menciono frase alguna, Sakuno se concentraba en su libreta con los personajes de la obra y Ryoma estaba ocupado en sus propios pensamientos que en prestarle atención a lo que ella pensara de él. Hasta que finalmente se instalaron en el salón y Sakuno liberó todo lo que invadía su cabeza.
— ¿Qué fue todo eso?
—No sé de qué hablas. —Suspiró, dejando las llaves del vehículo en la mesita principal.
—Creí que no querías decirle a nadie sobre nuestra convivencia.
—No quería, pero con él era necesario, sino insistiría en traerte. Deberías darme las gracias.
—No tengo nada que agradecerte, el día de hoy actuaste extraño desde el inicio del día. Al principio creí que era porque estabas en un lugar desconocido, pero después te escuché discutiendo con Miyuki, las palabras que le dijiste a Youichi-Kun y finalmente lo de Kintaro, me da pensar que no lo pasaste nada bien. —Dejó libre el aire exasperado. —Bueno, supongo que es mi culpa por haberte obligado, pero prometiste decirme si te sentías incomodo nos iríamos. —Se dejó caer en el sofá.
—Tienes razón, al principio me sentía extraño en ese lugar. Sin embargo, aunque no lo creas, no lo pasé mal. Quizás esa mocosa me hizo salir de mis casillas en algunas instancias, pero si me hubiera desagradado me habría marchado.
—Ya veo, es un alivio escuchar que no te haya desagradado. Pero descuida, no te obligaré a ir ahí otra vez. Era sólo ésta vez. Eres libre de tomar la decisión que quieras.
—Gracias. —Se sentó a su lado. —Ya lo tengo decidido.
—Respetaré tu opinión.
—Quiero actuar en la obra.
—¿Qué? Creí que no estabas interesado en eso. Me sorprende que cambiaras de opinión tan rápido.
—Quizás esa mocosa me hizo cambiar de opinión, debería demostrarle a todos de lo que soy capaz. Además ese niño…si quiere convertirse en actor, va a necesitar entrenamiento.
—Ryoma-Kun…serías de mucha ayuda, no sólo para ellos, también para los demás. Incluso te ayudaría cómo practica.
—Soy consciente de ello.
—Entonces… ¿Realmente lo harás?
—Sí, lo he decidido.
—Bien, te anotaré. —Murmuró leyendo la lista. — ¿Qué personaje deseas ser? Estos me quedan disponibles. —Los señaló.
—Haré el mismo que me habían asignado en un comienzo.
— ¿D-De Príncipe?
—Sí ¿Algún problema?
—No, ninguno. Es sólo que me sorprendió, eso es todo. —Se sonrojó y lo anotó. —Ya está.
—¿Cuándo serán los ensayos?
—De Martes a Viernes a las 20 hrs. Siendo la presentación el día Sábado en la tarde.
— ¿Frente a qué audiencia?
—Los niños del hospital y algunos padres.
—Está bien. —Se levantó para caminar al baño. —Iré a darme una ducha.
—Bueno, yo voy a practicar mis líneas para la película.
—Cuando salga, podemos practicar.
"¿Eh? Está bien. "Susurró confundida, sintiendo como sus mejillas se teñían de color carmín, estaba actuando extraño ¿Porqué había cambiado tanto de un momento a otro? No sabía a qué se debía, estaba actuando precisamente como un Príncipe cordial.
—Por cierto, Ryuzaki. —Habló desde el pasillo, haciendo erizar su piel porque creía que se encontraba sola. —No te tomes en serio todo lo que digo de ti, mi opinión puede variar.
— ¿Porqué lo mencionas? —Le preguntó confusa, pero él ya había entrado al baño y se escuchaba el agua correr desde el interior.
Continuará….
