Nota: Los personajes son creación de Masami Kurumada y Toei. Muchas gracias a la buena gente que lee
Cooperación.
Si hubiese palabras para describir toda la indignación, rabia, odio, ira y demás sensaciones por las que Shunrey atravesaba, de seguro las escribiría. Bastaba con decir que llegó vociferando a voz en cuello hasta la cabaña de Marin. Freya que andaba cerca decidió seguirla para encontrar alguna explicación a todo el alboroto.
—¿Qué te ocurre? —Preguntó Shaina con sincera preocupación.
Pero Shunrey solamente partía en llanto una y otra vez ante la reiterada pregunta. Finalmente, después de muchos mates de valeriana y otros tranquilizantes, la muchacha de Rozan pudo contarles la causa de sus preocupaciones, en su propia versión y todo bajo un solo punto de vista. Shiryu, el ingrato dragón, decidió casarse con otra que no era Shunrey. No conformes con ello, le ordenaron que fuese ella la que preparara el pastel de la fiesta de despedida de soltero. Esa verdad era muy horrible, y como cereza del pastel, añadió que ya tenían a Freya comprometida para el baile erótico de ese hato de pervertidos.
La hermana de Hilda, se sonrojó nada más de escuchar la noticia. Por su parte las amazonas no podían hacer otra cosa que tomar partido por sus invitadas. Marin particularmente, porque nada más de saber que el caballero de Leo participaría de lo que según su imaginativa mente sería una orgía, se moría de celos.
June tampoco estaba contenta. Su dulce e inocente Shun podría perder estas cualidades. En cambio Shaina pensó las cosas fríamente. Ellas tendrían que hacer algo para echar a perder esos planes.
—Shunrey —Comenzó a explicarles el plan que ya tenía pensado —, prepara el pastel como te indicaron. Vamos a darles una sorpresa a los caballeros. Especialmente a tu ex novio.
El ex novio tenía sus propios problemas. Shiryu, sin poder hacer otra cosa, se puso a reflexionar sobre los hechos. Aún amarrado en un rincón de la casa de Camus, pensaba tomar la situación con calma.
—Sabes Hyoga —comenzó —, creo que la idea del matrimonio no es tan mala.
Si tan sólo el cisne no estuviera demasiado ocupado tratando de quitarse de encima a los escorpiones de Milo.
—¡Quítamelos que se me suben por los pantalones!
—Después de todo sería lindo tener una familia como la que nunca tuve.
—¡Los siento en mis piernas! ¡Dios mío ayúdame!
Para suerte de Hyoga, Jesús parecía ser un dios más compasivo que otros, y la ayuda llegó en el momento preciso.
—¡Shiryu, Hyoga! —Shun entró como caído del cielo —¿Qué hacen aquí, quién los amarró, hay un nuevo enemigo?
Ikki batía la cabeza como señal de reprobación, su hermanito era tan inocente.
—No saques a Hyoga de ahí —Reprendió a Shun —. El pánico le sienta bien, por lo menos no puede ponerse más pálido.
Sin escuchar los reproches del Fénix, Andrómeda ayudó al cisne a ponerse de pie. El caballero de los hielos se sacudió como pudo y se marchó corriendo quien sabe a donde. Fue algo tan rápido que Shun creyó escuchar que gritaba algo como mamá, pero no pudo confirmarlo.
Para esos momentos Ikki se alegraba de no contar ya con algún maestro al que obedecer ciegamente. Pensó en Shiryu y su ceguera, más bien dicho, comenzó a escucharle y se dio cuenta de que parecía que al Dragón le habían lavado el cerebro.
—¿Qué crees que haces? —Preguntó al momento de detener a Shun —Si lo desamarras se va a escapar de nuevo.
—Pero hermano —Dijo Shun —, no quiero que obliguen a Shiryu a hacer algo que no quiere.
—Es una pena por él —Ikki volvió a ajustar las cuerdas —, pero no por eso, vamos a decepcionar a el resto.
Sin permitirle hablar al caballero Dragón Ikki tomó un pedazo de cinta adhesiva y volvió a pegarla en la boca del maniatado caballero.
—Así estás mejor —la decía Ikki dándole una palmadita en la cabeza —. No queremos interponernos en el camino del romance.
Shun miró molesto a su hermano. Por momentos parecía ser muy egoísta. Quiso protestar pero algo le detuvo.
—Bien hecho Ikki, sé que estás de acuerdo con nuestros objetivos —Dijo Camus que ya estaba de regreso en su casa.
—Si en esos objetivos se nos permite un asiento preferencial —el Fénix sonrió, pero luego al ver la mirada de Shun —. Te digo que es por tu bien, ya va siendo tiempo de que aprendas algunas cosas.
Shun solamente se sonrojó.
—¿Dónde está Hyoga? —Preguntó Milo que fue directo a la caja con escorpiones —Mira, se llevó a uno de mis escorpiones.
Revisando uno por uno el caballero de la octava casa puso sus manos en su cintura y habló.
—Se ha llevado a Antares, mi favorito.
—¿Cómo sabes cual te falta? —Preguntó Camus echando una mirada a la caja de cartón —Yo los veo a todos iguales.
—Es muy sencillo —Milo levantó uno de los escorpiones para enseñarle a su amigo la panza del invertebrado —. Tienen escrito el nombre al reverso ¿ves?
—¿Escribiste un nombre en cada escorpión? —Preguntaron al mismo tiempo Ikki y Shun.
—No fue sencillo —Explicaba el caballero dorado —, el pincel les hacía cosquillas y no paraban de reírse.
Incluso Camus, que conocía a Milo hace años no pudo evitar darle esa mirada extrañada. Ni siquiera caballeros más excéntricos como Máscara de la Muerte pudieron arrancarle un gesto semejante.
Hablando del caballero de Cáncer, en esos momentos no estaba en su casa. Como buen vecino que era, decidió visitar a Aldebaran para conversar un momento con el gran caballero de Tauro. El tema eran trivialidades como las ventajas y desventajas de tener una novia, ya sea que Cáncer solamente encontrara desventajas.
—De seguro Aioria no asistirá a la fiesta —se quejaba —, porque su noviecita, Marin, se lo ha de haber prohibido. Dentro de poco le va a prohibir que también salga con sus amigos.
—Pobre Aioria. —Era lo único que atinaba a decir Aldebaran, que no tenía ganas de entrar en discusiones absurdas, menos con Máscara Mortal.
Para cambiar de tema Aldebaran le comentó a Cáncer sobre el lugar y hora de la fiesta.
—¿En la casa del patriarca? —Preguntó incrédulo Máscara de la Muerte —¿Cómo fue que accedió?
—Fue el mismo Shion el que propuso el lugar —Le explicó Tauro —. Al parecer lo hizo porque Camus tiene grandes poderes de convencimiento.
—¡Bah! Que va a ser eso —Cáncer se mostró todavía más incrédulo —. Para lo único que tiene talento ese francés es para enfriar las cervezas, pero ni siquiera hace eso cuando se lo pides.
—Tal vez Camus no ha armado tanto jaleo como otros caballeros —Dijo Aldebaran, evitando ver a los ojos a Máscara —. Parece que años de buen comportamiento dan sus frutos.
—Puede ser —Musitó Máscara —, pero una vida de buenos modales parece un precio demasiado alto. ¿A dónde vas?
Aldebaran se detuvo, pensaba que Máscara Mortal iba a recomenzar su perorata de siempre.
—Iba a casa de Mu para que me lleve a los recintos del Patriarca. Siempre he dicho que es mejor bajar que subir.
—Te acompaño entonces —Dijo el caballero de la cuarta casa —. Me parece interesante esa filosofía tuya.
Por supuesto que lo era, porque llegaron pronto hasta la primera casa donde su cuidador no esperaba visitas. Aries se puso pálido al ver a sus compañeros arribar sin previo aviso. Nerviosamente preguntó por los motivos que los traía hasta su casa.
—Vinimos a verte —Dijo Máscara con poca cortesía —¿qué, no podemos?
—No es eso… —Mu repensaba una y otra vez lo que diría —Es solo que yo…
—Queríamos preguntarte si nos podías llevar hasta los recintos del patriarca —Aldebaran saludó a Mu con una palmada en la espalda —. Queremos llegar temprano a la fiesta.
—Por supuesto Aldebaran —Rió nerviosamente Mu —. Enseguida nos vamos.
—¿Qué es lo que te pasa? —Dijo desconfiado Cáncer —¿Por qué no nos estás sermoneando con que no eres un taxi y cosas como esa? ¿Estás ocultando algo?
—¿Yo? Nada, nada, no oculto nada —Dijo Mu más nervioso que antes —. Mejor nos vamos, no me gusta llegar tarde.
Sin darles más oportunidades Mu se llevó a sus compañeros hasta el recinto del gran Patriarca en lo alto del Santuario. Por otro lado, en lo más bajo se podía ver a los caballeros de plata que parecían sufrir una crisis.
—¿Averiguaste Algo Argol? —Preguntó Shiva con cierta desesperación en su voz.
—Nada —Dijo descorazonado —. ¿Ustedes?
—Tampoco —Agora sonaba igual —¿qué vamos a hacer? Ya llevamos cuatro horas de atraso. El maestro Shaka se molestará con nosotros.
—Milo no estará contento —Dijo Dante —. Él no es nuestro maestro pero igual nos castigará por no averiguar que se trae Mu entre manos.
—Dijo que no nos invitaría a la fiesta que organiza si no le informábamos sobre el tema —Sentenció Asterion.
—Es muy difícil ser caballero de plata —Suspiró Babel —. Nadie nos respeta. Hasta esos mocosos de bronce se creen mejor porque son los favoritos de Atena.
—Y como los de oro ni nos dan la hora —Se quejó Jamian —. Nunca nos aprecian. De no ser por nosotros, nunca se hubieran enterado de la boda y no habría fiesta esta noche.
Descorazonados, los caballeros de plata se sentaron en el suelo y suspiraban sus penas uno tras otro.
La escena era triste en verdad, pero no tanto como para ablandar el duro corazón de Shaina. Ella con las otras amazonas y Shunrey transportaban el pastel hacia el recinto del patriarca.
—Lo que faltaba, estos inútiles estorbando —Les gritó —. ¡Quítense si no quieren que los levante de una patada!
—No seas mala Shaina —Dijo Argol con los ojos vidriosos —. Ni siquiera las amazonas nos respetan.
—¿A estos que mosca les ha picado? —Marin tampoco tenía cara de buenos amigos. —Por lo menos háganse útiles y ayuden a llevar esto a la casa del patriarca.
—Hasta nos dan órdenes —Se quejó Dante —. ¿Qué van a hacer ustedes entonces?
—Tenemos mejores cosas que hacer —Gruñó Shaina —. Si sabes lo que te conviene, irás inmediatamente a la casa de Mu por unas velas.
—¿Por qué a la casa de Mu? —preguntó Babel.
—Porque es el pastel para la fiesta de cumpleaños de Kiki —explicó June, con mejor talante que las amazonas de plata.
Desconfiados como siempre, los caballeros de plata hicieron una pequeña reunión para ponderar el hacerles un favor a las amazonas.
—Que tontas son —Dijo entre risas Argol —. El cumpleaños de Kiki ya pasó.
—¡Tarado! —Le reprendió Aracne —El pastel es para la fiesta. Seguramente Camus les dijo que era para Kiki, porque de otro modo se hubieran negado.
—Por lo menos no somos los únicos a los que los caballeros dorados toman el pelo —Se justificó Babel.
Tan pronto como terminaron su reunión accedieron a llevar el pastel al recinto del patriarca.
—Está bien les ayudaremos, pero solamente como un favor que tendrán que retribuir en otra oportunidad —Dante trató de sonar formal.
—Agradece con que te dejamos ileso —Le reprendió Shaina —. No se olviden de las velas.
—¡Cierto, las velas! —Y al mismo tiempo todos los caballeros de plata se fueron en bola hasta la casa de Mu, para buscar unas velas de cumpleaños. Tirando las cosas que encontraban, sin importarles todo el trabajo que pasó Mascara de la Muerte.
—¿Ya revisaste en la alacena? —Preguntó Dante.
—Está cerrada con llave —Respondió Shiva.
—No importa —Agora encontró en una caja una cuantas velas —Con esto es suficiente. Además Mu se molestará con nosotros por revisar sus cosas sin permiso. Mejor nos vamos ya.
Los plateados se fueron hasta el lugar donde las amazonas dejaron el pastel. Ellas ya no estaban, simplemente se fueron dejando el obsequio que sería para Kiki.
—Será mejor que nos llevemos esto —Dijo Argol —, así tendremos una excusa para entrar en la fiesta. Una vez ahí, los caballeros dorados no podrán echarnos.
El caballero de plata trato de levantar el enorme pastel sin éxito.
—Eres un debilucho, ven que te ayudo —Le dijo Agora, pero tampoco lograban gran cosa.
Los caballeros de plata sabían que su único fuerte era el de trabajar en equipo, por eso todos cargaron la maza de crema y azúcar rumbo a la casa del Patriarca.
