Capítulo 8—Nuestro pasado juntos
Tras recoger sus maletas y haberse cerciorado que todo estaba en orden, caminaron rumbo al estacionamiento subterráneo, vistiendo de negro y llevando lentes de sol, deseando no ser descubiertos por alguna fan enloquecida. Para Ryoma no era nada nuevo vestir de esa manera, ya que estaba tan acostumbrado a ser seguido por sus fans lunáticas que ya llevaba incluso un par extra de lentes de sol en la cajuela del auto, en cambio Sakuno se sentía como la estrella de cine que su mejor amiga siempre mencionaba que se convertiría, el tipo de persona que no podía vivir en paz siendo perseguida por fanáticos. Suspiró una vez que se encontraron a bordo del coche, no era la situación que habría imaginado, porque en lugar de ser perseguidos deseando un autógrafo, ésta vez querían matarla.
Sakuno se sentó en el asiento del copiloto, llevando a Karupín envuelto en una sabana café, quien al igual que su dueño parecía calmado ante la situación que debería haber vivido en más de una ocasión.
—Aquí estaremos a salvo. —Anunció Ryoma abrochándose el cinturón.
—Sí. —Asintió, imitando su gesto. —E-Esto... ¿Cuánto tiempo estaremos en tu casa?
—Descuida, no será mucho tiempo. —Comenzó a dirigir el auto a la salida. —Cuando todo se calme, volveremos.
—Está bien.
—Ahora no pienses en eso. —Presionó sus manos en el volante. —Hay algo más importante de lo que debes preocuparte.
— ¿Qué es?
—Hay una gran multitud allá afuera.
— ¿Qué? ¿Y cómo lo haremos?
—Tendré que acelerar.
— Pero... ¿Y los policías? Vivimos junto a una estación, podríamos meternos en problemas.
—No pasará, están enterados del asunto, así que tenemos autorización de hacerlo.
—Pero...
— ¿Confías en mí?
— ¿Eh? ¿A qué viene esa pregunta? —Habló nerviosa, viendo como las puertas del estacionamiento comenzaban a abrirse automáticamente.
—Quiero oírlo.
—P-Por supuesto que lo hago. —Se sonrojó, su mirada conseguía intimidarla.
—Entonces cree en mis palabras, saldremos de ésta.
—Está bien, confiaré en ti.
— ¿Estás lista? —Ya podían divisar a la multitud de afuera.
—Eso creo.
—Afírmense. —Sentenció, encendiendo la radio estéreo para que no se concentrara en los gritos exteriores.
En cuestión de segundos, gracias a la contribución de los policías que mantenían a la gente resguardada tras las bandas de seguridad, Ryoma había sido capaz de salir a toda velocidad del lugar sin recibir daño alguno, salvo la castaña que temblaba en su asiento, escuchando su corazón latir a mil. "¿Estás bien?" Le preguntó el ambarino, notando como Karupin había huido de sus brazos para ubicarse en el asiento trasero maullando, de seguro lo había asfixiado durante la salida. "Estoy bien, sólo necesito tomar un poco de aire" Susurró, bajando el vidrio para que entrara aire fresco. Nunca se había subido a un auto de carreras, ni tampoco había experimentado una situación así.
Una vez que se encontraron lejos de la ciudad, Ryoma bajó la velocidad y Sakuno logró estabilizar su corazón. Al reconocer el camino de la carretera rural, sintió curiosidad hacia donde se dirigían, ya que ni siquiera se había presentado la oportunidad de consultárselo, habían salido tan abruptamente que había puesto toda su energía en empacar las maletas y salir del departamento antes que alguien sospechara su fuga. Observó a Ryoma de reojos, lucia tan concentrado en la carretera que no quería molestarlo. Sin embargo, comenzaba a inquietarle la idea de que estaban saliendo de la ciudad y ni siquiera le había notificado a su abuela de ello, cuando se enterara de lo que estaba ocurriendo, de seguro le exigiría una explicación.
—Te preguntas hacia dónde nos dirigimos ¿Verdad?
—Sí, olvidé preguntarte. —Rió nerviosa. — ¿Tu casa se encuentra fuera de la ciudad?
—Sí, se encuentra específicamente en la prefectura de Kagoshima.
— ¿Eh? Pero eso se encuentra a 15 hrs de Tokio.
—Me sorprende que estés al tanto de ello, creí que no sabías muchas cosas. —Se burló.
—Sé muchas cosas. —Refutó inflando los pómulos. —Y si estabas al tanto de ello ¿Cómo esperas que lleguemos pronto?
—Tengo todo fríamente calculado, Ryuzaki.
— ¿Qué piensas hacer?
—Nuestro primer movimiento consistirá llegar a la base aérea de mi familia, donde abordaremos mi jet privado.
— ¿Jet privado? —Enarcó una ceja. — ¿Tienes uno?
—Así es. —Le sonrió. — En un avión corriente tardaríamos aproximadamente 1 hora y 15 minutos. Pero en un jet privado sólo 30 minutos.
— ¿Treinta minutos? —Preguntó sorprendida. —No puedo creerlo.
—Ya lo verás.
Tras recorrer un prado solitario, se estacionaron frente a unos árboles y bajaron sus maletas para caminar entre la hierba fresca. Era un hermoso día, tratándose de la situación en la que se encontraban, cualquiera esperaría una ventisca o una tormenta eléctrica, pero no era el caso. Luego de esconder el automóvil bajo unas ramas, ya que vendrían a recogerlo más tarde, Ryoma la condujo hacia el centro de la pradera, donde presumía que se encontraba su base aérea, pero no más que un campo común. No obstante, tal como había mencionado un jet de color azul con las siglas F.E se encontraba estacionado en tierra, donde además un hombre con una boina negra los esperaba con una sonrisa.
—B-Buenas tardes. —Susurró Sakuno dudosa, viendo a un hombre mayor de unos cincuenta años ofreciéndose a llevar sus maletas.
—Buenas tardes. —Los saludó el conductor, acariciando a Karupín que llevaba en brazos la castaña. —Mi nombre es Shiba, un gusto conocerla. —Le sonrió a la castaña, sosteniendo sus maletas.
—El gusto es mío, mi nombre es Sakuno Ryuzaki. —Susurró sorprendida, viendo como se hacía cargo de todo ¿También tenía un chofer? — ¿Quiere que le ayude en algo?
—Descuide, puedo hacerme cargo de todo perfectamente. —Le sonrió, abriéndoles la puerta y ayudando a la castaña a subir en él. —Por cierto, Ryoma-Sama ¿Cuál será el destino de hoy? ¿Iremos donde siempre?
—No, ésta vez iremos a mi residencia.
—Está bien, como guste. —Le sonrió, ubicándose en su lugar. —Recuerden abrocharse sus cinturones, despegaremos en breves instantes.
Una vez que se encontraron en el cielo, las nubes se encontraron en su camino, Sakuno tuvo que contener la emoción de encontrarse más en contacto con ellas, nunca las había podido ver con tanta cercanía y sentía deseos de acariciarlas, ahora podía comprobar que eran ciertos los rumores sobre la semejanza que tenían con las bolitas de algodón de azúcar que vendían en los festivales o incluso podría compararlas aún más con la piel de las ovejas.
Ryoma no parecía ensimismado en el cielo como ella, más bien seguía concentrado en su celular, mientras acariciaba a Karupin en su regazo. Aún le costaba dimensionar la situación en la que se encontraba, huyendo de fans obsesionadas con sus vidas, volando en un jet privado a una ciudad practicamente desconocida…¿En qué momento su vida se había vuelto una película de acción? Además si se ponía a analizar la situación, Ryoma en esos momentos lucia como un mafioso con mucho dinero que en lugar de sentirse nervioso o preocupado ante lo que estaba sucediendo, se encontraba ensimismado en su agenda electrónica, mientras su gato dormía en su regazo con la misma tranquilidad que él. Aunque sonaba fantasioso dicho escenario, podía imaginarlo considerando que aún había cosas que no sabía del chico que se encontraba sentado a su lado. No obstante, otra parte de sí la hizo entrar en razón, luego de recordar el motivo por el que se encontraban volando sobre las nubes, huyendo de Tokio, nadie menos que ella era la causante de todo.
— ¿Te preocupa algo? Ryuzaki. —La sorprendió observándolo.
— ¿Eh? ¿Por qué? —Se sonrojó, mirando hacia otro lado.
—Hace unos minutos lucias como una niña en su primer vuelo, mirando hacia todos lados. En cambio ahora, luces como si vinieras de un funeral.
—No es así, sólo estaba pensando. —Susurró, no podía creer que se hubiera percatado de la emoción que tenía, aunque lo había disimulado bien, él la había descubierto nuevamente.
— ¿En qué? Si se puede saber.
— ¿Q-Qué significan las siglas F.E? —Preguntó, desviando el tema.
—Familia Echizen.
—Entonces... ¿No es tuyo?
—No completamente. —Sonrió un momento. —Me has descubierto. Pertenece a mi familia, de hecho Shiba es nuestro chofer hace algunos años, solía llevarme a Tokio en situaciones especiales.
—Eso quiere decir que Kagoshima es tu ciudad natal...—Murmuró dudosa, recordando que le habían mencionado que había vivido en América.
— Se podría decir que sí. —Se encogió de hombros.
— Había oído que viviste gran parte de tu infancia en América ¿Es eso verdad?
—Sí, nací en América. —Al ver su cara de sorpresa, prosiguió. — Si bien pensaban tenerme en Japón, como mi padre participaría en el Open US y estaría lejos en navidad, mi madre quiso sorprenderlo y viajó sin su consentimiento. Ninguno de los dos esperaba mi llegada en vísperas de navidad, así que fue una sorpresa. —Al ver su rostro de sorpresa, asintió a sus pensamientos. —Así es, nací un 24 de diciembre a media noche.
—Recuerdo ese día como si fuera ayer. —Intervino Shiba en su relato, recordando la situación. —Yo acompañé a la señora a América. Por un momento pensé que no lo lograríamos, ya que no estaba permitido que las mujeres viajaran embarazadas a otra nación, menos considerando que Rinko-Sama no tenía los permisos de su doctor. No obstante, logró ingeniárselas para ocultar su vientre con un gran disfraz y burlar a los guardias del aeropuerto. Ya sabe, nadie le puede decir que no a la Señora Rinko. —Rió viendo a Ryoma por el espejo.
—Ni mucho menos mi padre. —Bufó.
—Quizás tu madre presentía que ibas a nacer y quería estar junto a tu padre. —Susurró la castaña.
—Es posible, Rinko-Sama siempre ha acertado en sus premoniciones. —Le cerró un ojo.
—Quien sabe. —Suspiró el ambarino. —En fin, cinco años más tarde viajamos de regreso a Japón y regresamos a Kagoshima, donde crecí el resto de mis días. Salvo en algunas ocasiones que debía regresar a América.
—Por asuntos deportivos. —Le cerró un ojo Shiba.
—Ya veo. —Sonrió la castaña. —Ahora que recuerdo cuando era niña solía venir a Kagoshima con mis padres. Ya que mi abuela vivía ahí en esa época.
— ¿De verdad? ¿Cómo se llamaba su abuela? —Le preguntó interesado Shiba.
—Sumire Ryuzaki.
—Oh podrá ser que ella...—Susurró Shiba.
— ¿Eh? ¿La conoce?
—Pues verá, el Señor Nanjiro tenía una amiga que se apellidaba Ryuzaki. De hecho, gracias a ella logró ser reconocido en el mundo del espectáculo.
—Ryoma-kun me habló de ella, pero no sabía que se apellidaba Ryuzaki. —Murmuró sorprendida. —Creí que la estaba confundiendo con alguien más.
—Ahora que lo pienso, ella tenía una nieta de la edad de Ryoma. Estoy seguro que tenemos una fotografía de dicho encuentro en casa, si gusta se la puedo enseñar mañana.
—Está bien. —Sonrió. — ¿En qué piensas, Ryoma-kun?
—No es nada. —Bostezó.
Los recuerdos de su infancia brotaron otra vez, si bien Sakuno le recordaba a la castaña con la que jugaba de pequeño, creía que no era más que una mera coincidencia. Esa niña de cabello corto que conoció en el campo de girasoles de la mansión, siempre había creído que pertenecía a una familia similar a la suya o si era la hija de algún jardinero que había sido despedido, ya que jamás había vuelto a verla.
Tras haber abandonado el camino de nubes, Shiba anunció que habían llegado a su destino, esperando que el ambarino diera las órdenes de siempre, sin embargo al no escuchar una respuesta a sus palabras, volteo a ver qué sucedía. "Está dormido..." Susurró la castaña sonrojada, señalando como Ryoma dormía en su hombro profundamente. Para su extrañeza, Shiba se inmutó a sonreír señalando que el ambarino no solía dormirse en cualquier persona, por lo que debía confiar plenamente en ella. Esperando que despertara pronto, le mencionó que mientras bajaría a estirar las piernas y aprovecharía la oportunidad de trasladar el equipaje al automóvil que los esperaba.
—Esto...Ryoma-kun. —Intentó moverlo, sintiendo su aliento cerca de ella. —Hemos llegado a Kagoshima.
— ¿Kagoshima...? —Susurró aún con los ojos cerrados.
—Sí, a tu tierra natal. —Le sonrió, tratando de despertarlo.
—Ryuzaki...
— ¿Sí?
—Tienes el cabello demasiado largo. —Se burló, apartándose de ella para dejar escapar un bostezo.
— ¿Eh? ¿Qué tiene mi cabello? —Gruñó.
—No es nada. —Se encogió de hombros. —Por cierto ¿Dónde está Karupin?
—Salió con Shiba.
—Ya veo, entonces es hora que nosotros también lo hagamos.
—S-Sí. —Susurró pensativa.
— ¿Vienes o no? —La miró a los ojos. — ¿O quieres que nos quedemos un momento más a solas? —Le sonrió maliciosamente, viendo como se sonrojaba. —Si ese es el caso, éste no es el lugar adecuado, existen otros lugares en casa.
— ¡¿De qué estás hablando?! —Su rostro se volvió rojo escarlata. —No estaba pensando en eso.
—Como digas.
Luego de haber salido y dado los agradecimientos correspondientes a Shiba, partieron rumbo a la casa del ambarino en un automóvil último modelo. El clima en Kagoshima era más cálido que en Tokio a esas horas, iban a ser cerca de las dos de la tarde y comenzaban a sentirse hambrientos, incluso Karupin. "Dentro de pocos minutos llegaremos" Le anunció Ryoma, leyendo el pensamiento de ambos, el pequeño felino que se encontraba en los brazos de la castaña emitió un maullido ante sus palabras y Sakuno sólo asintió. Si bien se encontraba hambrienta, se encontraba ensimismada en el paisaje que se veía tras la ventana, ya que habían pasado tantos años desde que no visitaba dicha ciudad que aún se maravillaba por lo hermoso que era. La ciudad estaba rodeada de majestuosas palmeras, grandes edificios y un cielo tan celeste, semejante a un manto celestial que podía velar por ellos. Y también, divisaba a lo lejos el volcán Sakurajima, el cual alguna vez había sido una gran isla.
Después de unos minutos de retraso producto del tráfico, dejando atrás la ciudad, Ryoma la dirigió a las profundidades de un bosque flanqueado de árboles de cerezo, donde aún vivían personas en Minkas siguiendo las tradiciones culturales de Japón, tal como lo hacía su abuela antes de que se marcharan a Tokio. Ahí en medio del bosque, se encontraba la casa de Ryoma, una gran infraestructura digna de envidiar, si bien parecía seguir los lineamientos del pasado, aún así se veía reconfortadle.
Una vez que se encontraron en el interior de la casa, dejaron sus zapatos en sus respectivos lugares y se acomodaron en la sala principal, donde Ryoma invitó a la castaña a sentarse en un sillón mientras se servía un vaso de agua.
—Aquí es. —Suspiró el ambarino agotado. —Quizás es algo anticuada, pero
—No es anticuada, es maravillosa. —Sonrió la castaña. —Estar aquí me recuerda a la casa de mi abuela.
—Qué buen referente.
—No digo de mala manera. —Rió nerviosa —Me refiero a un lugar acogedor, libre de tecnología, siguiendo las tradiciones de nuestra cultura. Es realmente grandiosa. — Miró a su alrededor emocionada. —Sin embargo, no creí que te gustaría una casa de este tipo, sinceramente creí que preferías una más tecnológica.
—No es la primera vez que me lo mencionan, al parecer suelo dar esa impresión. —Tomó un sorbo de su vaso. —Si estás imaginando que he traído a mis novias aquí, estás equivocada.
— ¿Eh? No he insinuado eso. —Se sonrojó ¿Ahora podía leer sus pensamientos?
—No he traído a ninguna chica a esta casa, si te lo preguntabas. —Se levantó para abrir las persianas, permitiendo que se viera un hermoso jardín con una pequeña pileta artificial. —Sólo mi familia y mi mejor amigo.
— ¿T-Tienes un mejor amigo?
—Sí ¿Acaso creías que no tenía amigos?
—No estoy diciendo eso. Sólo pensaba que por tu personalidad, no tenías muchos. —Se burló, viendo como hacía una mueca. Y se acercó a él, viendo como acariciaba a Karupin sentado en el suelo. — ¿Y cómo se llama?
— ¿Quién?
—Tu mejor amigo.
—Momoshiro Takeshi. —Se sonrojó, no esperaba que se interesara por eso.
— ¿Y hace cuánto se conocen?
— ¿Por qué quieres saberlo?
—Yo siempre te he hablado de Tomo-Chan y
—No es una razón para hacerlo.
—No, pero creí que...—Susurró avergonzada, sintiéndose intimidada por su mirada nuevamente. —Lo siento, no lo preguntaré de nuevo. —Encendió el celular, viendo como cientos de mensajes se apoderaban de la pantalla, destacando entre ellos una notificación que le mostraba diez llamadas pérdidas de su abuela. Por ello, sin pensarlo se levantó para caminar hacia el interior, de seguro estaba preocupada.
— ¿Qué harás?
—Debo llamar a mi abuela.
—No lo hagas. —La siguió.
— ¿Porqué? Debo hacerlo, de seguro se ha enterado de lo que sucede en las noticias.
—Aunque sea así, no deberías tener tu celular encendido, podrían encontrarnos.
— ¿Eh? Pero tú lo has encendido
—Lo he desactivado y he cogido otro en su reemplazo.
—Y-Yo no tengo otro.
—Yo te daré otro. —Buscó en su bolsillo.
— ¿Eh? Pero...necesito comunicarme con mi abuela y mis amigas.
—Puedes llamar a Osakada y tu abuela aquí. —Le entregó un aparato nuevo. —Y sobre Tachibana, yo me encargo.
— ¿Tienes su número?
—Pues verás...Tachibana es la novia de Momo-Sempai.
— ¿Eh? ¿En serio? Entonces ustedes ya se conocían. —Susurró, reflexionando acerca de las conversaciones que había tenido con ella, parecía conocerlo muy bien y siempre había creído que era por su popularidad.
—Sí, asistimos a la misma Preparatoria, los tres. Creí que te lo había mencionado.
—No lo hizo.
—Bueno, Momo-Sempai ya está enterado de todo y se lo informará a Tachibana. —Tomó sus maletas y se dirigió a las escaleras. —Te enseñaré tu habitación para que realices tus llamadas tranquila.
—Está bien.
Al seguirlo a la planta alta, sintió bajo sus pies el tatami extenderse a lo largo del pasillo, hace mucho tiempo que no estaba en una casa de ese estilo, de hecho su departamento compartido no contaba con Tatami y era frío como el hielo. Ryoma se detuvo frente a una fusuma (puertas de papel) de color caoba que tenía diseños de árboles otoñales. "Aquí es" Le anunció, desplazando las puertas para enseñarle su habitación. Una vez que se encontraron en su interior, Ryoma le enseñó los guardarropa donde podía dejar sus cosas, el balcón que tenía hacia el exterior, la sala de estar en la que podía ver televisión o leer si deseaba, el baño con el que contaba en una habitación contigua y finalmente el lugar en que dormiría, una habitación grande con adornos del Periodo Nara con una hermosa vista al jardín y una cama futón cómoda ubicada en el centro, que era flanqueada por dos pequeñas lámparas de papel.
Tras terminar con el tour completo, Ryoma le anunció que iría a comer lo que Shiba les había dejado en la cocina, ya que se moría de hambre. Por ello, le había mencionado que una vez que terminara con sus respectivas llamadas, podía bajar a la sala principal a hacer lo mismo. "Está bien, bajaré enseguida" Le agradeció la castaña a la distancia, viendo como el ambarino ya había salido de la habitación. Luego de deslizar la puerta y acostarse en su cama, cogió el celular que le había entregado y marcó el número de su abuela, esperando que le contestara aunque era un número desconocido, dado que no solía responder a ese tipo de números.
— ¿Diga?
—Abuela, soy yo.
—Sakuno, te he llamado cientos de veces ¿Dónde estás? ¿Por qué no has contestado el teléfono? ¿Y de quién es éste? —Respondió molesta.
—Me encuentro en Kagoshima. —Se atrevió a decir, escuchando el silencio incómodo de su abuela. —Éste teléfono le pertenece a Ryoma-Kun, mi compañero de agencia.
— ¿Kagoshima? ¿Cómo has podido salir de la ciudad sin siquiera informármelo? Además he oído a través de los medios que la relación que tienes con ese compañero de agencia que tanto mencionas ha traspasado los límites laborales ¿Es cierto que están saliendo? —Preguntó alertada. —Merezco una explicación, Sakuno.
—Es una larga historia. —Rió nerviosa.
—Te escucho.
—Pues...en primer lugar, no estamos saliendo. Todo fue un malentendido, sólo nos habíamos reunido a celebrar por nuestros logros en un Restaurante. Ya que, ambos habíamos participado en la obra anual de teatro que se realiza en el hospital a los niños con capacidades especiales y había sido un gran éxito. —Suspiró. —Alguien que nos vio cenando juntos, subió una fotografía de nosotros a los medios, provocando que las fans de Ryoma-Kun se enteraran y...
— No me digas que has estado recibiendo amenazas... —Susurró preocupada. — ¿Tu agencia está enterada de esto?
—Sí, lo está. De hecho, la directora nos había propuesto que nos alejáramos de los medios por un tiempo hasta que todo volviera a la normalidad. No obstante, debido a los daños que recibí producto de las fans, Ryoma-Kun me ofreció una segunda opción. —Ahora que lo pensaba, no se lo había ofrecido, simplemente lo había anunciado.
—Esa segunda opción... ¿Se vincula con tu estadía en Kagoshima?
—Sí, ya que es su tierra natal. Decía que podíamos quedarnos en su casa hasta que todo pasara.
—Ahora que lo pienso, ese apellido que ha estado en los medios estos días se me hace familiar, más ahora considerando que se encuentran en Kagoshima. —Murmuró pensativa. —Sé que lo he escuchado antes.
—Abuela sobre eso...—Su corazón comenzó a latir a mil, quizás Shiba tenía razón. — ¿Tú conociste a Nanjiro Echizen?
— ¿Eh?
—Nanjiro Echizen es el padre de Ryoma-Kun, quien me ha mencionado que curiosamente él tenía una amiga que se apellidaba Ryuzaki, la cual permitió que se hiciera reconocido gracias a una fotografía que le tomó siendo periodista. Antes no habría relacionado ésta historia contigo, dado que podría tratarse de cualquier otra periodista, sin embargo el día de hoy me han revelado que su apellido era "Ryuzaki" y me hizo dudar acerca de ello. —Tomó aire. —Quizás sea sólo una mera coincidencia y...
—No es sólo una coincidencia, Sakuno. Realmente conocí a Nanjiro Echizen. Ahora entiendo de donde se me hacía familiar ese nombre, claro él tenía un hijo de tu edad. De hecho, ustedes jugaban juntos cuando eran pequeños.
— ¿Qué? Eso es imposible...
—No lo es, quizás no lo recuerdes porque en esa época habías perdido a tus padres recientemente. Pero después del accidente, viviste un tiempo en Kagoshima, dos años para ser precisos. En ese tiempo, Nanjiro me invitó a su casa en las afueras de la ciudad, era una casa tan grande que tenía un enorme jardín de girasoles en su interior, donde amabas ir. Entonces, conociste a Ryoma.
—No puede ser...recuerdo haber soñado con ese maravilloso lugar y con un niño de cabello negro que llevaba una gorra, no puedo creer que haya sido él. —Susurró confundida ¿Realmente había sido verdad?
—Los juegos del destino. —Rió su abuela. —Como decía tu abuelo, a veces las jugarretas del destino pueden conectarte con personas que ni imaginabas tener una conexión. Es curioso ¿no?
—Pero...aún me queda una duda, si Nanjiro era tu amigo ¿Porqué no lo mencionaste jamás?
—Tuvimos una discusión hace años.
— ¿Y no volvieron a contactarse?
—No, siempre fuimos muy orgullosos.
—Ah ya veo. —Se preguntaba qué tipo de discusión habían tenido para decidir no volver a verse nunca más. —Abuela...si pudieras volver a verlo ¿Lo harías?
— ¿Qué tipo de pregunta es esa?
—Digo si volvieran a encontrarse ¿Solucionarían sus problemas?
—Es probable.
Al terminar la llamada, Sakuno en lugar de contactarse con Tomoka, sintió la necesidad de bajar al primer piso, preguntándose si el ambarino estaba enterado de la relación que habían tenido sus familiares o si recordaba que habían sido amigos de la infancia, no podía creer que eso fuera posible.
Luego de localizar su plato en el microondas, lo tomó y lo llevó al comedor, donde se encontraba Ryoma sentado frente a la televisión viendo un partido de tenis de América. Aún le costaba creer que se hubieran conocido en el pasado.
— ¿Ya hiciste todas las llamadas? —Preguntó sin voltear a verla.
—Sólo he llamado a mi abuela, más tarde me comunicaré con Tomo-Chan.
— ¿Ha sucedido algo? —Se acercó hacia ella, notando que su voz temblaba.
— L-Lo que dijo Shiba-San…era cierto. —Tragó saliva.
— ¿A qué te refieres? Ryuzaki.
—Mi abuela conocía a tu padre. Ella fue la periodista de la que hablaban. —Tomó un sorbo de agua, no podía controlar su corazón. —Además, me mencionó que nosotros nos conocimos cuando éramos pequeños...— Al ver su rostro de perplejidad, decidió continuar. —Siempre tuve visiones de esos días en un campo de girasoles, no obstante creía que eran parte de un sueño y no eran reales. No obstante, ahora que mi abuela me lo ha contado he comenzado a recordar acerca de ello. No lo recuerdas ¿Verdad?
—Entonces realmente eras esa niña...
— ¿Eh?
—La primera vez que te vi, me recordaste a ella. Pero pensé que eran ideas mías.
—Creí que no lo recordabas como yo. —Se sonrojó.
—En esa época llevabas el cabello corto.
—Sí, solía llevarlo de ese modo. Pero después cambié de opinión. —Fingió una sonrisa, tratando de controlar los sentimientos que tenía en ese momento. —Y tú...llevabas siempre una gorra que superaba el tamaño de tu cabeza.
—Sí, le pertenecía a mi hermano. Después tuve la mía.
—Ahora lo recuerdo...siempre decías que querías superar a tu hermano. Eso quiere decir que en ese tiempo ya amabas el tenis ¿no?
—Sí. —Sonrió nostálgico. —Como tú amabas los girasoles.
— ¿Eh? ¿Recuerdas eso?
—Como olvidarlo, soñabas con tener un jardín como el nuestro, rodeado de girasoles.
—Sí...—Sonrió. —Aún así, me cuesta creerlo. Es decir, si mi abuela y tu padre no se hubieran peleado, quizás habríamos sido amigos de la infancia.
— ¿Ese fue el motivo por el que te marchaste?
— ¿No sabías que habían peleado?
—No, sólo recuerdo que te veía todos los días y un día, desapareciste. —Susurró, recordando ese día que había regresado al campo de los girasoles y ya no se encontraba. —Por cierto, me ha llegado una invitación.
— ¿De quién?
—De mis padres, se han enterado que nos encontramos aquí y quieren que los vayamos a visitar.
— ¿Tus padres siguen en Kagoshima?
—Sí, en el mismo lugar en el que nos conocimos.
—Ya veo. —Quizás si iba a ese lugar, podía encontrar la manera de solucionar las cosas entre su abuela y Nanjiro. — ¿Cuándo iremos?
—Iríamos mañana a medio día. —Susurró vacilante.
— ¿No quieres ir? —Preguntó confusa.
—No lo sé.
—Estaba pensando...si vamos, podríamos investigar acerca de nuestro pasado.
— ¿El nuestro o el de nuestros familiares?
—Ambos. Además...me gustaría volver a ver el campo de girasoles.
—Está bien, entonces iremos mañana. —Levantó los platos de la mesa y los dejó en el lavavajillas. —Ahora ¿Quieres ir a recorrer el lugar?
Cuando Ryoma le había propuesto recorrer el lugar, la castaña pensaba que se refería a explorar Kagoshima como cualquier otra persona habría imaginado en su lugar, sin embargo el ambarino tenía otros planes en su mismo recinto.
Ryoma la guío en las profundidades del bosque, enseñándole que si bien le había mostrado el interior de su casa en cuanto a nivel de infraestructura, no le había mencionado que el terreno en sí era dos veces más grande que su propia casa, teniendo incluso una cancha de tenis en su patio trasero si se podía llamar así, una piscina temperada y unas termas sólo para él.
— ¿Y no los arriendas? Deberías hacerlo, así ganarías dinero, considerando lo costoso que debe ser mantenerlas.
—No es necesario, tengo dinero suficiente para mantenerlo. Además si vinieran personas, acabarían con la paz de éste sitio y no es lo que deseo. Prefiero la soledad que la compañía.
—Ah ya veo.
—Sin embargo, como eres mi invitada. —Desvió su mirada, sin saber cómo decirlo. —En estas circunstancias puedes usarlas.
— ¿T-Te refieres a las termas? —Se sonrojó
—Sí.
— ¿Y qué hay de ti? ¿Lo harás?
—Quizás, ahora que hay tiempo. —Sonrió maliciosamente. —No obstante, debo advertirte que no son separadas.
— ¿Eh? Es decir que tendríamos que utilizar la misma...
—Así es.
—Si es así, no lo haré. No he venido con traje de baño...y —Se sonrojó.
— Entonces no te queda otra alternativa.
— ¿Dé qué hablas? —Su rostro se volvió rojo color escarlata.
—Ya sabes, la otra opción. —Se acercó a jugar con su cabello.
—No me bañaré desnuda. —Gruñó, apartándose de él.
—Qué lástima, esperaba verte así ésta vez. —Le sonrió con malicia.
—No lo harás, pervertido.
—Estaba bromeando, ya he pensado en otra cosa. —Bufó. —Shiba te irá comprar un traje de baño mañana.
— ¿Un traje de baño? Pero...no sabe mi talla.
—No hay que ser un genio para saberlo. —Se encogió de hombros. — Eres tan predecible, Ryuzaki.
— No es así.
—Sé todo acerca de ti. Sólo me falta saber cuánto calzas. —Miró sus pies. —Y estimo que son 36.
— ¿Eh? ¿Cómo sabes eso? —Se sonrojó apartándose de él.
—Simplemente lo sé. —Se encogió de hombros.
—Bueno, he aprendido algo nuevo de ti.
— ¿Qué sería? —Hizo una sonrisa burlona.
—No eres sólo un pervertido, también eres un psicópata.
—Aunque lo sea, no creo que pienses mucho en ello. Considerando que has decidido venir a Kagoshima conmigo, aún sabiendo que estaríamos solos.
—E-Eso fue porque...no tenía otra alternativa.
—Aun así, no deberías haber aceptado sabiendo cómo soy. Creo que no me conoces tanto como crees, Ryuzaki.
—Puedo irme ahora.
—No puedes.
—Si puedo, soy capaz de decidir por mí misma.
—Inténtalo, no llegarás muy lejos. —Se hizo a un lado.
—T-Tienes razón. —Infló los pómulos indignados.
—Ahora debes asumir las consecuencias de tus decisiones.
— ¿Qué quieres decir?
Sin pensarlo, Ryoma la tomó en sus brazos y la llevó de regreso a su casa, aunque la castaña le gritaba que la soltara, él parecía disfrutar lo que hacía. Luego de haber cerrado la entrada de la puerta principal, la llevó a la segunda planta hasta depositarla en su colchón. Sakuno sintió su corazón latir, mientras él se inclinaba sobre ella ¿Qué estaba tramando? Intentó zafarse de sus brazos, pero él hizo caso omiso a sus quejidos. "He venido a dejarte en tu habitación, como debería hacerlo con cualquier otra invitada". Susurró, apartándose de su lado, viendo como la castaña sentía que su corazón se iba a salir por su pecho.
— ¿Eso es todo?
—Sí, al menos que quieras servicio especial a la habitación.
—No, gracias.
—Está bien, hasta mañana.
Una vez que se encontró fuera de la habitación, Sakuno escuchó como el ambarino se reía a carcajadas en el pasillo, realmente disfrutaba de su sufrimiento ¿A eso se refería con que era tan predecible? No sabía cual esperaba que fuera su reacción, si un chico la llevaba de esa manera a su habitación, cualquiera habría reaccionado de la misma manera ante tal atrevimiento. Aunque se había llevado el susto de su vida, aún así debía admitir que comenzaba a sentirse atraída hacia cierto chico, más de lo que hubiera imaginado en un principio. Por lo mismo, le costaba creer que esa persona que se encontraba en la habitación contigua, era el mismo chico de quién se había sentido atraída en su niñez.
Por eso motivo, necesitaba volver a ese lugar en donde se habían conocido, dado que quizás de esa manera podría recordar con más claridad lo que habían vivido en ese tiempo.
Continuará...
