Capítulo 9

Despertó con los maullidos de Karupin, no sabía en qué momento había llegado, pero ahí estaba a su lado quejándose por haberlo aplastado. "Lo siento, no te vi" Le susurró y acarició su lomo. No sabía en qué momento se había dormido, sólo tenía recuerdos difusos de lo que había sido la noche anterior, en la cual se había puesto el pijama y le había escrito un mensaje a Tomoka explicándole la situación. Sin embargo, no era consciente de cuando se había desconectado de la realidad, ya que tenía planeado leer su ejemplar libro "Romeo y Julieta" de William Shakespeare que permanecía bajo Karupin, demostrando las intenciones que había tenido de leerlo. Suspiró, no sabía qué horas eran, pero ya sentía que había dormido demasiado. Así que luego de dejar a Karupin dormir sobre el almohadón, caminó sobre el tatami para dirigirse al guardarropa para ordenar la vestimenta que llevaría aquel día, considerando que estaban invitados a la casa de los padres de Ryoma. No es como si fuera una cita o algo por estilo, pero no veía a la Familia Echizen hace un tiempo, por lo que no quería lucir mal en una ocasión así. Tras elegir la vestimenta apropiada, se deslizó hacia el baño y se preparó para darse una ducha.

El agua era tan cálida que por un momento se sintió seducida por ella en la medida que recorría su cuerpo, se sentía tan bien que podría quedarse una eternidad allí y no le importaría. Lavó su cabello con delicadeza y tomó una botellita de acondicionador que había junto a la ventana, luego de haberse lavado con shampo. Su cabello ahora olía a uvas, le generó sorpresa, el hecho de que Ryoma no sólo amaba la Ponta, sino que también le gustaba la esencia de uvas. Incluso ahora tenía deseos de preguntarle "¿Porqué tienes una obsesión con las uvas?", pero de seguro evadiría su pregunta y saldría con otras respuestas sin sentido, después de todo él era así.

Luego de vestirse con su mejor ropa, planeaba bajar las escaleras hechizada por el delicioso aroma que se sentía en el pasillo, no obstante ese olor peculiar le recordó a los desayunos que tenía con su mejor amiga y entonces se percató que aún no le daba señales de vida. Por ello, tomó su nuevo celular y marcó el número que se sabía de memoria. A los pocos minutos, Tomoka contestó con un tono de paranoia "¡¿Quién es?!" la escuchó, de seguro había estado recibiendo muchas llamadas de desconocidos después de lo que había sucedido con ella.

—Soy yo, Tomo-Chan. Habla Sakuno.

— ¡¿Sakuno!? —El tono de su voz amenazante había cambiado al normal, aparentaba estar sorprendida por su llamada. — ¡Al fin llamas! ¿Estás bien? Te he llamado miles de veces, creía que te había pasado algo, es un alivio tener noticias tuyas.

—Sí, lo estoy. Lamento no haberte respondido, es que Ryoma me ha pedido que por seguridad no contactara a nadie y dejara de utilizar mi celular. Por ello, me ha dado éste en su reemplazo.

—Ya veo. —Bajó la voz, advirtió que estaba haciendo un escándalo que podía ser oído por sus vecinos. —No podía esperar menos de Ryoma-sama. Es un genio, no se me habría ocurrido hacer algo así. Por cierto ¿Dónde estás? —Preguntó.

—mmm pues…verás estoy fuera de Tokio.

—Mejor no me digas exactamente donde, podrían intervenir el teléfono y quién sabe qué harían. Las fans de Ryoma están dementes, si supieras lo que han hecho desde que te fuiste. —Suspiró. —Lo bueno es que estás bien.

—Sí, lo estoy. Pero ¿Qué hay de ti, tomo-chan? ¿Te han acosado?

—Algo así. —Rió, pero luego habló con serenidad. —Pero tranquila, estaba preparada para ello. Han venido a nuestro departamento un par de veces, pero les he dicho que no sabía nada de ti y si lo supiera, tampoco lo haría. Así que descuida, nadie se enterará de tu paradero.

—Gracias, tomo-chan.

—Por cierto, tu abuela me ha llamado muchas veces ¿te has podido comunicar con ella?

—Sí, lo he hecho.

— ¿Y bien?

—Ella tenía una idea errónea de lo que estaba pasando, creía que había algo entre Ryoma-kun y yo.

— ¿Esa es una idea errónea? —Se burló. —Yo creo que es bastante acertada.

—N-No es así. —Se sonrojó. —Nosotros sólo somos buenos compañeros de agencia.

— ¿Sólo eso? Yo creo que hay algo más.

—No lo es.

—Como digas, pero yo creo que las ideas de tu abuela no son tan equivocadas. —Rió.

—Con respecto a mi abuela, descubrí algo más.

— ¿Qué es? —Preguntó preocupada. —A propósito de esto ¿Ella sabe cuál es tu paradero?

—Sí ¿Por qué?

—Es peligroso.

—Ella no se lo dirá a nadie.

—No es por eso, sino porque algunas personas saben intervenir teléfonos y es posible que lo estén haciendo con personas que son cercanas a ti.

—Entonces… ¿tú crees que podrían haberlo descubierto? —Su corazón comenzó a latir, si era así debería hacer algo. — ¡¿Debería decirle a Ryoma-Kun?!

—Averiguaré si se ha infiltrado algo y si es el caso, te llamaré a este número. Mientras tanto, tomen todas las precauciones necesarias para que esto no se vuelva a repetir.

—Está bien, gracias otra vez.

—Por nada, estamos en contacto.

Posterior a haber colgado, Sakuno se quedó pensativa sobre lo que había hablado con Tomoka, teniendo incertidumbre sobre qué hacer, quizás debía comentarle al ambarino, pero al mismo tiempo temía que él se molestara con ella por no haber tenido cuidado. Sin embargo ¿Quién hubiera imaginado algo tan descabellado como intervenir un teléfono para encontrar su paradero? ¿Quién podría ser tan demente para ello? Esperaba que no fuera el caso y ésta vez no lo hubieran hecho.

El sonido de unos pasos la hizo reaccionar, provocando que su corazón latiera a mil, olvidando por completo que no se encontraba sola. "Ryuzaki ¿Estás despierta?" Le preguntó la sombra del ambarino que se encontraba tras la fusuma (puerta de papel). "Sí, ya lo estoy" susurró la castaña, levantándose de la cama para desplazar la puerta y encontrarse con él vestido tan elegante como solía hacerlo en la agencia.

—Buenos días, Ryoma-Kun.

—Buenos días ¿Haz dormido bien? —Preguntó, acabando con la distancia que había entre ellos y cruzando el umbral que los separaba.

—Sí… ¿Qué haces? —Lo observó dirigirse a la ventana para abrirla.

—Sólo la abro para que entre viento fresco. —Entonces advirtió el pequeño felino que se encontraba dormido en su cama. —No esperaba encontrar a Karupin aquí.

—Yo tampoco, me sorprendió esta mañana. Me pregunto por donde habrá entrado, si tenía las ventanas cerradas. —Murmuró.

—Hay una respuesta lógica para eso. —Sonrió, caminando hacia el guardarropa que se encontraba junto a la pared, notando por el rabillo de sus ojos como ella lo observaba confundida. —Aquí está. —Anunció para que ella se acercara, mostrándole un pequeño agujero en la pared del tamaño de Karupin.

—Ese agujero no parece haberse formado producto de un accidente, al contrario tiene forma de…

—Lo hemos hecho para que Karupin tenga acceso a distintas habitaciones. —Asintió Ryoma, viendo su cara de sorpresa.

—Oh ya veo.

—Verás, esta casa ha sido construida de acuerdo a mis necesidades, si bien vivo solo con Karupin, aún así he diseñado algunas habitaciones para huéspedes, como es el caso de ésta. —Caminó hacia el pasillo. —Y las otras que se encuentran en este pasillo. No suelo recibir muchos invitados, pero hay ocasiones en qué vienen mi familia y necesitábamos tener habilitadas ciertas habitaciones. Por ello, teniendo en consideración que Karupin sólo vive conmigo, he decidido permitirle el acceso a cada una de las habitaciones, ya que el fusumi no es fácil de mover para un gato.

—Tienes razón, no había pensado en eso.

—Sin embargo, él no suele invadir habitaciones con personas ajenas a la familia.

—Quizás es porque me conoce ahora.

—Es posible.

— ¿Y ese agujero hacia dónde va dirigido? O más bien ¿de dónde proviene?

—Proviene de mi habitación. No obstante, no quiere decir que esté flanqueado de agujeros, sino que es simplemente uno sólo que se conecta por medio de túneles hacia las demás.

—Ya veo. —Sonrió, le sorprendió que el ambarino fuera tan considerado de brindarle espacio a Karupin de esa manera. De alguna manera, si tenía su lado humano después de todo, un lado tierno que nadie conocía y ella había tenido el privilegio de conocer. —Qué lindo de tu parte considerar a Karupin en tus planes cuando diseñaste la casa.

—Si bien Karupin es parte de mi familia y tiene derecho a desplazarse por donde desee, no siempre estuvo dentro de mis planes hacer esos túneles. —Suspiró, dirigiéndola al pasillo. — Como deseaba una casa tradicional, investigué que la mayoría de ellas tenían contemplado algunos túneles de la recamara que conectaban algunas habitaciones, por ello pensé que para que no fueran hechas en vano, teniendo en cuenta que una persona no podría escabullirse en ellos, como los viejos castillos medievales, sería una mejor idea hacer que él si pudiera beneficiarse de eso. —Se detuvo en la escalera. —Bien, es hora de ir a desayunar. Pronto vendrá Shiba por nosotros, así que debemos estar listos.

—Oh es verdad, debemos apresurarnos. —Estaba tan ensimismada con la historia del diseño de la casa que no había pensando en el tiempo que transcurría mientras ellos hablaban.

Una vez que bajaron a la planta baja de la casa, ambos se sentaron alrededor de una larga mesa que esperaba por ellos con la comida servida, lo que le sorprendió a la castaña, ya que no había rastro de Shiba y si el ambarino lo había hecho, quería decir que la esperaba hace mucho y no le había dicho que aguardaba por ella. Luego de platicar sobre las cosas que Tomoka le había mencionado, Ryoma la tranquilizó diciéndole que nadie los encontraría en ese lugar, porque nadie salvo sus familiares estaban enterados de donde se encontraban y él mismo se había asegurado de que nadie interviniera su llamada, por lo que era una línea segura.

Tras haber asegurado la casa, ambos salieron al exterior, donde Shiba los esperaba en un automóvil negro. "Buenos días ¿Durmió bien? Señorita Ryuzaki" Le preguntó amablemente y ella asintió a su pregunta con una sonrisa, de hecho hace tiempo no dormía así de bien. Karupin se apoderó de los brazos de Ryoma, mientras él lo acariciaba. Sakuno bostezó, si bien había dormido profundamente, aún tenía deseos de dormir nuevamente, sin embargo estaba ansiosa por reencontrarse con los padres del ambarino, con los cuales había interactuado alguna vez cuando era pequeña y podría volver a ver el maravilloso lugar donde solía pasar gran parte del tiempo jugando. "Por cierto, señorita. He encontrado la fotografía que le he mencionado". Le mencionó Shiba, mirándola por el espejo, consiguiendo no sólo captar su atención, sino también de Ryoma que se sorprendió ante tal comentario. "Aquí tienen" sonrió, entregándoles una fotografía que tenía en el bolsillo de su chaqueta. La castaña la tomó en sus manos nerviosa, mientras el ambarino se dedicaba a observarla a su lado, efectivamente se trataba de esa fotografía que recordaba que les habían tomado alguna vez. Ambos identificaron a las personas que estaban en ella, por el lado izquierdo se encontraba Sumire sonriendo de brazos cruzados, mientras a su lado derecho se encontraba una pareja, un hombre que llevaba una playera de color amarillo con palmeras y una mujer de cabello corto castaño que sonreía tomando su mano. Pero no estaban sólo ellos, también se podían identificar a sí mismos ubicados en el centro de la fotografía, Sakuno sonreía avergonzada a la cámara llevando un girasol en su mano izquierda y Ryoma apenas miraba a la cámara, porque la gorra había cubierto su mirada en ese preciso momento.

—Mi abuela lucía tan joven en esta fotografía. —Sonrió Sakuno nostálgica.

—Y mis padres igual. —Contempló Ryoma, sin saber qué decir, realmente era ella…esa pequeña en la que pensó gran parte de su vida.

—Realmente llevaba el cabello demasiado corto. —Susurró, acariciando la fotografía.

—Y ahora es demasiado largo. —Se burló. —Te gustan los extremos, eh.

— ¡No es así! —Gruñó avergonzada, viendo como él se reía. —Sin embargo, lo prefiero como está ahora. Se ve mejor.

—Estoy de acuerdo contigo. —Susurró, notando su rostro ruborizado. —No te estoy haciendo un cumplido, sólo digo la verdad. —Se encogió de hombros.

—No dicho eso.

—Pero lo pensaste.

—Ustedes se llevan bastante bien, al igual que en esa época. —Sonrió Shiba. —Es lindo verlos de nuevo juntos, teniendo en cuenta que cuando usted y la Sumire-Sama se marcharon, el señorito sufrió mucho.

—No fue así. —Intervino Ryoma, provocando que Shiba sonriera producto de ello. —No sufrí, sólo me sorprendí de qué no estaban, eso es todo.

—Ahora recuerdo todo.

— ¿Qué cosa?

—El día que nos conocimos.

Sakuno se encontraba en el parque jugando con una niña de su edad, hasta que llegaron sus padres y la forzaron a despedirse de ella. Recientemente había perdido a sus padres en un accidente, motivo por el cual solía llorar por cualquier cosa, su abuela la había animado aquel día a qué se relacionara con otras personas, mencionándole que era más divertido pasar el día al aire libre que permanecer en casa viendo fotografías de personas que no podría recuperar. Por ello, pese a sus berrinches por no querer salir de su casa, Sumire decidió llevarla al parque unas horas, ya que después irían a otro sitio. "Quiero irme a casa" Le había dicho la pequeña castaña cuando se detuvieron frente a una enorme cerca con las iniciales F.E en el centro. "Te prometo que iremos en cuanto acabe, tengo que hacerle una sección de fotografías a un gran amigo" Le había dicho su abuela sosteniendo su mano para dirigirla al interior. Cuando entraron un hombre de barba blanca les había dado el paso, una vez que Sumire señaló quien era. No recordaba exactamente el camino al interior, pero si recordaba que era todo tan majestuoso que se había sorprendido, fantaseando incluso que se encontraba en un palacio, donde vivía una princesa.

Oh ¿a quién tenemos aquí? —Sonrió un hombre joven que llevaba una playera verde con rayas. —¿Es tu nieta?

Sí, ella es Sakuno. —Sonrió Sumire, mientras su nieta se ocultaba tras ella. —Vamos Sakuno, no seas tímida. Él es de quien te hablé, mi gran amigo Nanjiro.

Hola, es un gusto conocerte. —Le sonrió Nanjiro esperando su reacción.

H-Hola…—Susurró avergonzada.

Hola Sakuno, yo soy Rinko. —Sonrió una mujer de melena castaña. —Soy la esposa de Nanjiro. Por cierto ¿Qué edad tienes?

7 años. —Respondió Sumire, sabiendo que ella no iba a responder.

Si quieres, puedes jugar con mi hijo. —Le sonrió Rinko. —Él tiene la misma edad que tú…mmm ¿dónde está Ryoma-kun? —Le preguntó a Nanjiro que se encogió de hombros.

Creo que está en el campo. —Le respondió una chica de cabello negro, aparentaba tener unos 13 o 14 años por su estatura.

Gracias, Nanako-Chan. —Sonrió Rinko acercándose a la castaña, mientras Sumire la impulsaba a acercarse. —Mira ¿ves ese campo de girasoles que está por allá? —Le enseñó por la ventana, al verla asentir prosiguió. —Si quieres puedes ir a explorarlo ¿te gustan los girasoles?

S-Sí, son mis favoritos.

Bien, entonces puedes ir por aquí. —Le abrió una puerta transparente. —Si gustas, Nanako puede llevarte.

N-No, está bien. Iré sola. —Susurró sonrojada la castaña.

Está bien, no te pierdas ¿sí? —Le acarició la cabeza para que saliera.

En cuanto termine, iré por ti. —Le aseguró Sumire sacando su cámara y ella sólo se limitó a asentir.

Sakuno se escabulló por el campo de girasoles, estaba asombrada por la magnitud de cada uno, considerando que la superaban en estatura, de pronto se sentía como la protagonista de uno de los cuentas que le contaba su abuela, sumergida en un lugar mágico que la llevaría a la tierra de los sueños. De pronto se sintió feliz y augusto en ese lugar, era tan hermoso y confortable que sentía deseos de correr por él, nunca había imaginado que se encontraría en un sitio como ese, si su madre estuviera ahí…sería feliz junto a ella, pero sabía que eso no era posible. Su abuela siempre le decía que aunque sus padres no estaban físicamente ahí, sus almas siempre se encargaban de vigilarla y protegerla de todo. Se preguntaba si realmente era así, tomó un girasol que se encontraba en el suelo y contempló su hermoso color, sintiéndose sublime ante lo bello que era. Entonces recordó lo que su padre le decía cuando se encontraban en presencia de uno "Los girasoles son flores mágicas que pueden decidir el futuro" Le había dicho, mencionándole que si se le realizaba una pregunta, sólo ellos serían capaces de responderla. "¿Volveré a ver a mis padres?" preguntó en voz alta y comenzó a quitarle los pétalos mientras aguardaba por su respuesta "Sí, no, si, no, si, no" Comenzó a contar silenciosamente, sintiendo su corazón latir viendo como los pétalos caían en el suelo. Entonces después de unos minutos, la respuesta sacudió su pecho, era un no rotundo. "No puede ser cierto" se dijo a sí misma y volvió a jugar con otro y otro, pero la respuesta era la misma, aún posterior a diez intentos. "Yo tengo que volver a verlos…" pensó, sentándose en el suelo con tristeza, atreviéndose a hacerlo por última vez. Después de unos minutos, la respuesta fue un "Si", lo que la hizo sonreír de oreja a oreja, pero al mismo tiempo estaba agotada para triunfar por lo que se dejó caer sobre el césped para dormir profundamente, ya que estaba cansada.

Cuando abrió los ojos, se encontró con una mirada extraña que la observaba de cerca, se apartó nerviosa viendo como un chico de cabello negro y ojos ámbar se concentraba en ella, llevando una gorra en su cabeza.

¿Te encuentras bien? —Le preguntó.

S-Sí, me había dormido.

Este no es un buen lugar para dormir.

Lo sé, es sólo que…

¿Tus padres trabajan aquí?

Pues…mi abuela se encuentra tomando unas fotografías en este momento y me dijeron que viniera a explorar el jardín. —Intentó levantarse, pero resbaló de inmediato.

¿Necesitas ayuda? —Le tendió la mano.

¿Eh? Yo…—Miró dudosa su mano sin saber si cogerla o no. —Está bien, gracias. —La ayudó a estabilizarse.

No es nada. —Observó cómo se sacudía el vestido. —Por cierto…mi nombre es Ryoma Echizen.

E-El mío es Sakuno Ryuzaki. —Se atrevió a decir nerviosa, entonces se percató que conocía ese apellido. —Si tu apellido es Echizen…eso quiere decir que tu padre es el amigo de mi abuela.

Ahora que lo pienso, me mencionó que una amiga periodista vendría el día de hoy. —Murmuró pensativo. —Eso quiere decir que tu abuela es esa persona ¿no?

S-Sí, se dedica a eso.

El silencio se apoderó de ambos, Sakuno no sabía qué decir, nunca antes había jugado con un chico, ya que sólo las chicas se acercaban a ella cuando iba al parque, por lo que nunca había interactuado con alguien del sexo opuesto. Se sentía incomoda, no sabía qué decir al respecto, no era la mejor hablando y ese silencio generaba que su corazón se agitara.

¿Q-Quieres ir a recorrer la casa? —Se atrevió a decir Ryoma, provocando sorpresa en ella.

¿Eh? — Preguntó dudosa, viendo como él ocultaba su mirada tras su gorra, notando un leve color carmín en sus mejillas tostadas. Al parecer también estaba nervioso. —Está bien. —Sonrió, mirando a su alrededor, no sabía por dónde ir.

Vamos, por aquí. —Jaló de su mano para conducirla al exterior del jardín, dicho acto generó que las mejillas de la castaña se sonrojaran.

Ryoma la condujo por todo el recinto, nunca había imaginado que ese lugar era más grande de lo que aparentaba ser a la distancia, le enseñó unas grandes armaduras que permanecían guardadas en una habitación sobre el Periodo Nara y jugaron con ellas, como también le mostró el hermoso lago con peces nadando en él, flanqueado de majestuosos cerezos. Recorrieron los jardines del este, aventurándose en él y fantaseando que se encontraban en otra era. Así mismo, Ryoma la llevó a una enorme cancha de tenis y trató de enseñarle a jugar tenis, pero la castaña fue incapaz de responder a la pelota como él lo hacía, entonces le mencionó que solía jugar con su hermano en ese lugar.

Ese día los descubrieron a ambos durmiendo en el suelo, luego de pasar horas y horas jugando sin parar. Sumire se sentía tan feliz de que al fin su nieta hiciera un amigo que aceptó la oferta de Rinko de qué podían cuidarla durante el día, así ella podría retornar al trabajo como solía hacerlo. Así fue como Ryoma dejó de ser un desconocido para ella y se volvió su amigo, su compañero de juegos diario. No sólo pasaba las vacaciones en la casa de los Echizen, sino también iba después de la escuela.

Pero entonces un día, cuando se estaba preparando para ir a casa de los Echizen, considerando que le había prometido al ambarino que jugarían tenis ese día y ya había guardado su raqueta para el momento, su abuela le anunció que no volverían a ir nunca más. "¿Eh? ¿Porqué?" recordó haberle preguntado, pero ella hizo caso omiso a su pregunta y le informó además que dejarían Kagoshima, ya que le habían ofrecido un trabajo en Tokio.

Le había prometido a Ryoma-Kun que jugaríamos hoy. —Contuvo un sollozo.

Sus padres le avisarán que no iremos.

Pero…no me despedí. —Rompió a llorar. — Yo… ¡Quiero volver a verlo!

Escuchó el eco de sus propias palabras en su interior y su piel se erizó, como si estuviera viviendo esa escena otra vez, cuando se aferraba a las piernas de su abuela para pedirle que no se fueran. Nunca antes había hecho una berrinche, pero ese día fue necesario, porque no quería irse y dejar Kagoshima sin siquiera poder despedirse.

— ¿Ryuzaki? ¿Estás ahí? —Le preguntó Ryoma a su lado, tratando de hacerla reaccionar, todo lo que había dicho es que recordaba el día que se habían conocido, pero no había dicho una sola palabra sobre ello hace un rato.

—Lo siento, estaba pensando en ello. —Rió nerviosa. —Es increíble como una fotografía te puede hacer recordar tanto.

—Sí, es verdad. También recordé ese día en el jardín de girasoles cuando estabas dormida en el suelo.

—Ese día nos volvimos grandes amigos. —Sonrió nostálgica. —Quien imaginaría que nos encontraríamos quince años después en una agencia.

—Sí, no imaginaba que esa chica inocente que amaba los girasoles y era amable todo el tiempo, se iba a volver una mujer obstinada y vengativa como lo eres ahora.

— ¿Qué estás diciendo? —Gruñó la castaña. —He sido vengativa porque tú me has obligado a hacerlo. Bueno, yo tampoco habría siquiera pensado que ese chico adorable y divertido de esa época, se volvería un tipo frío y engreído. —Bufó.

El auto se detuvo frente a una enorme cerca con las iniciales F.E en el centro, lo que le recordó a la castaña su primera vez en ese lugar, ahora que había tenido una especie de reminiscencia, era capaz de recordar todo con claridad sobre ese sitio en el qué prácticamente visitó por cerca de dos años. Las puertas se abrieron automáticamente y Shiba entró en el recinto en silencio, mientras ella se apoderaba de la ventana con una sonrisa, si bien no era la primera vez que visitaba ese lugar, se sentía igual de emocionada que el primer día.

Shiba la ayudó a bajar del auto, mientras Ryoma aguardaba por ella a su lado, antes de siquiera preguntarle si estaba lista para entrar y enfrentar su pasado, una mujer de largo cabello castaño los sorprendió esbozando una gran sonrisa, se trataba de nadie menos que Rinko. Sakuno se preguntaba si la reconocería o si tendría que presentarse otra vez, pero entonces ella la sorprendió estrechándola en sus brazos como si fuera un integrante de la familia, incluso desplazando al ambarino que debería haber saludo antes.

— ¡Sakuno-Chan, tanto tiempo! Mírate, cuanto has crecido. —Sonrió, dedicándole una mirada escrutadora.

— ¿Usted…me recuerda? —Preguntó pasmada.

—Así es, aún si Shiba me lo mencionó, apenas te vi supe que eras tú. Tienes la misma mirada que antes, pero tu cabello ha crecido y también estás más alta. —Se acercó a su oído. —Quién pensaría que ahora te convertirías en mi nuera.

— ¡¿Eh?! N-No es así. —Su rostro se volvió tan rojo que llamó la atención del ambarino. —Somos compañeros de agencia, estamos rodando una película juntos y el motivo por el que estamos aquí, es porque…

—Lo sé, estoy enterada de todo. He visto las noticias y los programas matutinos. Si bien Ryoma me ha dejado claro que no están saliendo cuando lo he llamado, aún así pienso que harían una linda pareja. —Respondió sin censura, siendo escuchado tanto por Shiba como por Ryoma.

—Yo opino lo mismo. —Asintió Shiba. —Son enternecedores.

—No es así. —Respondieron los dos a la vez.

—Hasta hablan en sincronía. —Se burló Rinko. —Por cierto, pasen. Nanjiro se encuentra adentro.

—Debo imaginar que se encuentra acostado en la sala de estar leyendo revistas. —Habló el ambarino.

—Algo así, pero lee el diario.

"Eso es lo que crees que hace" pensó Ryoma, reprimiendo un suspiro. Rinko los condujo al interior de la casa, al igual que la casa del ambarino, aquella seguía conservando las tradiciones japonesas, parecía que preferían esa que una casa equipada con alta tecnología. Karupin que ya estaba familiarizado con el lugar, se zafó de los brazos de su dueño para correr al árbol más cercano, parecía a gusto en ese maravilloso lugar, incluso más que en su propia casa.

Luego de dejar sus zapatos en un casillero que había junto a la entrada, ambos cogieron unas pantuflas de color salmón para ingresar a la casa, "Querido están aquí" decía Rinko alegre, mientras las visitas lo seguían sin decir una palabra. Nanjiro se encontraba efectivamente en una pequeña sala de estar con vista al jardín, acostado en el frío piso de madera leyendo su ejemplar diario de noticias actuales, no obstante Ryoma sabía muy bien que eso no era lo que realmente estaba leyendo, sino que al contrario tenía una revista de mujeres en traje de baño tras de él.

—Oh Sakuno, tanto tiempo. —Se levantó Nanjiro apartando el periódico. —Mira cuanto has crecido, infiero que ya debes tener cerca de 23 años ¿o me equívoco? Considerando que hace quince años no te veíamos.

—Sí, tengo 23 años. Cumpliré 24 en Enero.

—La misma edad que Ryoma, salvo que él los cumple en diciembre. —Sonrió Rinko.

—Sí.

—Siempre han tenido la misma edad, incluso cuando comenzaron a jugar cerca de los 7 años si no me equivoco.

—Sí, recuerdo ese día. Sakuno se escondía tras la falda de Sumire temerosa. —Habló Rinko, recordando la escena exacta. —Ahora mira nada más en lo que se ha convertido, en toda una belleza. Además se encuentra trabajando en la misma agencia que Ryoma, siendo actriz. Las vueltas de la vida, eh.

—Así es. —Esbozó una sonrisa Nanjiro. —Por cierto… ¿Cómo está Sumire? No hemos hablado hace…un buen tiempo. —Se aclaró la voz.

—Está bien, se ha retirado de su agencia para dedicarse a escribir desde casa. He hablado con ella ayer y le he mencionado que estaba aquí.

— ¿Y qué te dijo? —Deseó saber Nanjiro.

—Estaba sorprendida que hubiera regresado a Kagoshima y más lo estuvo cuando se enteró que Ryoma-kun estaba relacionado con ustedes. Yo no recordaba el motivo por el cual habíamos dejado de venir…pero ahora me lo ha contado todo.

—Fue por una discusión absurda. —Concluyó Nanjiro. —Incluso no tiene sentido mencionarla ahora.

—Si, es verdad. —Concluyó Sakuno, tenía deseos de hablarle más sobre su abuela y preguntarle si existía la posibilidad de una reconciliación entre ellos, pero no era el momento ni el lugar para hacerlo, menos con Rinko y Ryoma ahí mirando.

—Por cierto ¿Comieron algo antes de venir? —Preguntó Rinko. —Estoy ocupándome del almuerzo ahora con Nanako, pero aún no está lista. Así que si desean, pueden ir a recorrer el jardín mientras esperan.

—Si quiere… puedo ayudarle. —Se ofreció Sakuno.

—Descuida, tenemos todo bajo control. Además, el jardín de girasoles que tanto amabas sigue ahí… intacto esperando por tu regreso, así que podrías ir a visitarlo con Ryoma. —Le cerró un ojo la mujer de cabello castaño, sabía que ese guiño no significaba sólo el hecho de encontrarse en ese jardín otra vez, sino también el hecho de que estaría a solas con Ryoma, como si no lo estuviera todo el tiempo.

Ryoma la condujo hacia el jardín que tanto extrañaba y le recordó las largas caminatas que tenían en dicho campo, cuando trataban de adivinar el destino preguntándole a los girasoles y cuando Ryoma todo lo que deseaba era vencer a su hermano. Se preguntaba si lo habría conseguido o no a esas alturas, considerando que siempre insistía que quería tener un juego serio con él, pero Ryoga solía decirle que no lo enfrentaría hasta que fuera mayor. Nunca había conocido a Ryoga en persona, era como un fantasma para ella, todos hablaban de él, pero jamás lo había visto. Ahora que lo pensaba, cuando Tomoka se había encargado de mostrarle toda la trayectoria de Ryoma en el mundo del cine, en las entrevistas se hablaba sobre un hermano que tenía, pero jamás había podido hacer el enlace con esa historia hasta esos momentos que si sabía la historia que había tras ellos.

Ahora en lugar de sólo campo de girasoles, había una banca en lo alto de un cerro donde se podía observar con mayor claridad todo y se podía tener contacto al mismo tiempo con los girasoles en sí. Ahí en medio de la brisa fresca y el césped que crecía bajo sus pies, se sentaron un momento a contemplar el hermoso paisaje que se habría pasado a su alrededor. Muchos recuerdos volvieron a la mente de Sakuno, circunstancias en qué se sentaba cerca de ahí a dibujarlos, pero pese a que sus dibujos no eran los mejores del mundo, Ryoma siempre se detenía a observarla hacerlos diciendo que lucían bien y ella se avergonzaba por ello. En cambio ahora, estaba segura de que si hacía algo parecido, lo más probable es que él se burlaría de su intento de girasol, diciendo que parecían cualquier otra cosa menos eso. Sin embargo, pese a que ya no eran los mismos niños del pasado, en algunos sentidos le parecía que una parte de Ryoma permanecía intacta y otra parecía estar reprimida en su interior.

—Extrañaba este lugar. —Sonrió Sakuno. —Qué buena idea haber construido una banca precisamente aquí.

—Sí, fue idea de mamá. —Se aclaró la voz. —Recordaba que te gustaba apreciarlos todo el tiempo y dibujarlos.

— ¿Lo hizo por mí?

—Tenía la esperanza que volverías algún día. —Se encogió de hombros, "Yo había perdido esa esperanza" pensó mirándola de reojos.

—Si no hubiera postulado a esa agencia, quizás ni nos habríamos conocido. Además yo no estaba enterada del conflicto que había entre ellos, nunca supe la razón por la que nos habíamos ido. Y creo que no lo hubiera sabido, si no es por encontrarme en esta situación.

— Es posible. —Suspiró. —Por cierto… ¿sigues dibujando?

—Lo sigo haciendo, pero no tan seguido como antes.

— ¿Y has mejorado? —Se burló.

—Antes admirabas mis dibujos. —Bufó.

—Lo decía porque me dabas lastima.

—No lo creo, cuando eras pequeño eras una persona muy diferente.

—Al igual que tú, antes solías ser más callada, ahora no aceptes un "no" por respuesta.

—Aún si era callada, antes solías seguirme a todas partes. Ahora eres obstinado. —Musitó y se levantó para caminar hacia el campo de girasoles.

— ¿A dónde vas?

—Iré a verlos de cerca.

—No pienses que te seguiré como en el pasado.

—No espero que lo hagas.

Sakuno se perdió en cuestión de segundos y el ambarino dudó un minuto si debía seguirla o no, si lo hacía triunfaría su plan macabro de que seguía siendo el mismo de antes, pero si fallaba él ganaría orgullo y ella lo perdería, si es lo que realmente esperaba. Sin embargo, ella no sabía los cambios que habían en el campo, quizás un paso en falso y podría caerse. "Ese es su problema" pensó, pero una parte de él, no podía quedarse ahí sentado. Suspiró, estaba perdiendo la cabeza por ella.

Sakuno volvió a sentirse como en el pasado, los girasoles aún la superaban en altura y se sentía como antes, escabulléndose en un lugar que nadie podía verla. Admiró los girasoles que tanto amaba con una sonrisa, extrañaba esa sensación de sentirse empequeñecida ante la majestuosidad de ello y el deseo de correr cerca de ellos. Claramente ya no haría eso, pero aún así tenía curiosidad por si cierto fuerte que había hecho junto a él en las profundidades del campo, seguía ahí o había sido destruido por el pasar los años. Curiosamente recordaba el camino exacto por donde tenía que ir, había soñado con él muchas veces y se sabía el camino de memoria, como si nunca antes se hubiera marchado. Un camino de tierra se habría pasado en sus pies, recordaba tardes de lluvia que corrían sobre él con enormes charcos de barro, Ryoma saltaba en ellos sin problema y ella solía resbalar, pero una mano cálida siempre conseguía evitar que cayera. Estuvo dos años y medio con él, dos años importantes que marcaron su vida. Lo conoció a sus 7 años y se marchó meses antes de cumplir los 9, así que no alcanzaron a tener más momentos juntos.

Cuando se encontró en ese lugar, sus ojos se abrieron de sorpresa, ya que ahí seguía permaneciendo un pequeño fuerte que había sido construido con mucho esfuerzo, incluso el jardinero los había ayudado, no recordaba su nombre, pero si se acordaba de su aspecto. No obstante, parecía haber sido reforzado de nuevo, siendo una pequeña casita con un letrero en la parte más alta "Fuerte de los aventureros (R & S)", el cual ella misma había hecho con pintura. Se sintió nostálgica al ver como su letra infantil resaltaba en el cartel, definitivamente escribía mejor en esa época que en la actualidad.

Caminó sigilosamente hacia ella, preguntándose si estaba cerrada, pero apenas se apoyó en la puerta, ésta se abrió y notó lo mucho que había crecido, ya que para poder entrar tuvo que gatear cuidadosamente. Sin embargo, gracias a que era espaciosa en el interior, no se sintió incomoda cuando se aventuró en ella, notando que el tiempo no había sido capaz de deteriorarla, ya que seguía teniendo las cosas con la que alguna vez habían jugado, su juego de té que creía haber perdido, unas pelotas de tenis con dibujos de ellos mismos en ellas e incluso un pequeño colchón en el que solían mirar al cielo. Pero no recordaba porque, con la ayuda del jardinero no podrían haber fallado en la construcción y además, la habían cuidado tanto que no tenía ninguna apertura. "Ahora que lo pienso" Susurró y se aproximó al colchón para tumbarse en él y mirar al techo, había una razón por la cual habían puesto un colchón en ese lugar. Al mirar al cielo, esbozó una gran sonrisa viendo una especie de mural que habían hecho con sus dibujos, ahí descansaban los girasoles que tenía en su cuaderno, como también los dibujos de samurái hechos por el ambarino, los mapas que habían trazado y los planes que tenían a futuro. Además, había una pequeña ventana circular que no sólo permitía que el sol entrara, sino también la luna.

Está terminado. —Sonrió Ryoma victorioso.

¡Sí! Al fin tenemos nuestro fuerte. —Esbozó una sonrisa la castaña. —Sin embargo, le falta algo más. —Susurró pensativa. —Esa ventana se ve muy vacía.

Tienes razón. —Murmuró, pensando en lo que le faltaba.

¿Y si hacemos un mural? —Sonrió la castaña.

¿Un mural? —Preguntó confuso. — ¿De qué?

No lo sé…podría ser de los dibujos que hagamos.

Y también podríamos colocar un mapa con nuestras misiones. —Sonrió Ryoma. —Aún hay muchos lugares que explorar.

¡Es una gran idea!

Y también podríamos…poner una cama.

¿Una cama?

Donde podamos descansar cuando estemos cansados.

¡Y observar las estrellas! —Exclamó emocionada. —Ahora que lo pienso, esa ventana se encuentra precisamente en el lugar que se ubica la luna.

Oh es verdad. —Respondió el ambarino, midiendo el cielo con sus manos. —Entonces será la ventana para ver la luna.

Así fue como llegó ese colchón ahí y se dedicaron a contemplar las estrellas muchas noches, incluso tenían unos binoculares hechos con conos de confort y cinta adhesiva, en los cuales expiaban a los demás. Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no había advertido que no era la única que se encontraba en ese lugar, "Sabía que vendrías aquí" habló su antiguo compañero de juegos, mirándola detenidamente. Y eso que había dicho que no la seguiría, ahí estaba en el lugar que ambos anhelaban estar. Aunque no la había seguido de inmediato y podría haber perdido su rastro, él había adivinado donde se encontraba, en eso no cambiaba, aún solía adivinar sus pensamientos. Antes de burlarse de su atrevimiento a seguirla, él la sorprendió acostándose a su lado, el colchón se había reducido a lo que era, ya no podía contenerlos de la misma manera, sino que uno de los dos quedaba más cerca del suelo.

— ¿Recordabas este mural? —Preguntó la castaña curiosa.

—No del todo. —Miró al cielo pensativo. —Oh mira, ahí están tus dibujos horribles.

—Y los tuyos también ¿Qué se supone que son esas personas? ¿Espantapájaros? —Se burló de los Samurái.

—Muy graciosa, yo no he dicho nada de tus albóndigas. Oh lo siento, verdad que son girasoles.

— ¡No se parecen en absoluto! —Gruñó.

—Es igual de absurdo que confundir un espantapájaros con un Samurái. —Bufó.

—Había olvidado todo lo que había en este lugar. —Cambió el tema. —Sin embargo, noté que está más trabajado ¿o es mi idea? Como si hubiera sido construido de nuevo.

—Sí, eso fue hace un tiempo. —Susurró. —Cuando no sabía si ibas a volver.

—Entonces… ¿tú lo hiciste? —Se giró hacia él para mirarlo.

—Sí, al igual que tú no sabía lo qué estaba pasando, así que cuando no volviste al día siguiente, creí ingenuamente que vendrías otro día. —Torció el gesto. —Por lo que le pedí a Katsuo que me ayudara para darte una sorpresa…y lo mejoramos.

— ¿Katsuo era el jardinero? —Preguntó, tratando de controlar los latidos de su corazón cuando había escuchado que lo había hecho por ella.

—Sí.

— ¿Qué pasó con él?

—Pues…falleció hace algunos años. Cuando estaba con nosotros tenía alrededor de setenta años, por lo que hace un tiempo falleció en su casa a los 85 años. —Al ver su reacción, se aclaró la voz. —Descuida, no sufrió con su muerte. Se fue en un sueño.

—Menos mal. —Suspiró aliviada.

—Sí.

—Ese día que no llegué, estaba preparada para venir, había arreglado mi mochila e incluso tenía mi raqueta de tenis para que jugáramos juntos. —Sonrió, notando como ahora él se giraba hacia ella confundido. — Pero entonces, mi abuela me dijo que no volveríamos a ir nunca más…recuerdo haberme sentido helada, creí que había escuchado mal y me atreví a preguntarle porque. Pero no obtuve respuesta, ella ignoró mi pregunta y agregó además que dejaríamos Kagoshima, le habían ofrecido un trabajo en Tokio, por lo que había hecho un traslado de mi escuela aquí a otra. Creí que era una pesadilla. —Por alguna razón se sintió triste, recordando lo que había sentido en esos momentos. —Traté de persuadirla, diciéndole que te había prometido que volvería, pero ella dijo que tus padres te dirían lo qué había pasado. Lo que más me dolió, fue el hecho de que no alcancé a despedirme de ti. Si hubiera sabido que era la última vez que te iba a ver, habría disfrutado más y quizás me hubiera quedado a contemplar las estrellas contigo, pero no lo sabía. Y siempre desee volver a verte, pero ese día no llegó. —Susurró triste. — Así que este gesto que hiciste de mejorar el fuerte, no sólo me habría sorprendido, sino también me habría hecho muy feliz. — Una lágrima corrió por su mejilla. —Lo siento, Ryoma-Kun. Lo siento por no haber regresado.

—No fue tu culpa. —Vio como se secaba las lágrimas. —Fue culpa de ellos, mi padre y tu abuela que nunca nos dijeron nada. No podríamos predecir que esto iba a pasar y sobre ese día, no fuiste la única que se sintió de ese modo. —La miró a los ojos. —No sabía si contarlo, ya que pensé que era el único que seguía recordando el pasado, pero ahora veo que no es así. Después que noté que no regresabas, debo admitir que creí que eras la culpable, pensé que nuestra amistad no había significado nada y era el único que si la había valorado.

—No fue así…

—Lo sé, de hecho comencé a sentirme frustrado porque la gente siempre me abandonaba. —Fingió una sonrisa. —Ya sabes, primero mi hermano y luego tú. Por lo que una de las razones por las que cambié mi personalidad, fue por eso. Si no hubiera encontrado a Karupin tiempo después en el pueblo, creo que me habría seguido sintiendo solo.

—Eso quiere decir que… ¿Soy una de las razones por las que cambiaste tanto?

—Sí, en parte.

—Lo siento.

—Ya te lo mencioné, no es tu culpa.

—Pero…

De súbito, Ryoma la tomó de la cintura y la acercó a él, provocando que la castaña se sonrojara al sentir su respiración junto a la suya. Sus miradas se conectaron por un momento y el silencio se apoderó de ellos, sintiendo sólo sus corazones latir. "¿Qué ocurre?" preguntó la castaña, pero él ahora dirigía su mirada a otro lado, un lugar cerca de su espalda, "No te muevas" le pidió y ella obedeció asustada, a los pocos minutos sintió un ruido extraño tras de ella y minutos después salió un conejo de su escondite que saltó a la salida. No era de extrañar que animales silvestres vivieran en su casa, ya que llevaba tanto tiempo abandonada que todo era posible. Sin embargo, pese a que ya había pasado el "peligro", Ryoma seguía sosteniéndola, incluso ahora la miraba fijamente a los ojos con esa mirada tan cautivadora que no era capaz de leer en lo que pensaba. Sus propias manos se encontraban recluidas en sus piernas, no sabía qué decir ni hacer, sus lágrimas se habían secado en sus mejillas y la angustia había sido reemplazada por nerviosismo, estaba paralizada. Notó como su rostro se aproximaba al suyo y se preparó para recibirlo en silencio. Pero en ese preciso momento, gritó la voz de Rinko del exterior anunciando que la comida estaba lista, generando que ambos se separaran completamente ruborizados. "Vamos en seguida" Alzó la voz el ambarino, sabiendo que su madre ya había descubierto que los zapatos de ambos se encontraban en la entrada y si no salían pronto, comenzaría a insinuar cosas en el almuerzo.

—Yo saldré primero. —Habló el ambarino.

—B-Bien. —Asintió avergonzada.

—Si no salimos pronto, ella vendrá por nosotros.

Cuando Ryoma se apartó de ella, se sintió vacía y al mismo tiempo aliviada, si no hubiera sido por Rinko ellos se hubieran besado, no sabía si eso era bueno o malo. Luego de verlo salir, se alejó del colchón para gatear a la salida, antes convivir constantemente en esa casa con él no era un problema, ya que sólo se dedicaban a jugar y aunque había una atracción entre ellos, no habrían pasado por una situación similar antes.

— ¿Interrumpí algo? —Se burló Rinko una vez que vio que su hijo se levantaba para ponerse sus zapatos.

—Sólo hablábamos.

— ¿De verdad? Había bastante silencio. —Sonrió maliciosamente, viendo como su hijo la fulminaba con la mirada. —Está bien, los espero en casa. —Le cerró un ojo. —No se pierdan en el camino.

"Estamos perdidos, ella ya se ha hecho ideas" Pensó Ryoma enfadado, Sakuno salió a los pocos segundos y él la ayudó a reincorporarse tomándola de la mano. Esperó que se pusiera sus zapatos de nuevo y la condujo al exterior del campo sin decir una palabra, estaba demasiado avergonzado para hacerlo. No podía explicar que es lo que había pasado en el fuerte, porque al igual que en otras ocasiones se había paralizado ante la castaña, si su madre no hubiera llegado, definitivamente la habría besado.

Se reunieron en un amplio comedor a disfrutar de la comida, donde no sólo se encontraban los cuatro, sino también la prima de Ryoma "Nanako Echizen", se encontraba ahí sonriéndole, la última vez que la había visto tenía cerca de quince años, ahora estimaba que tenía cerca de treinta años, considerando que tenían siete años de diferencia. Sin embargo, aún lucía como si fuera una adolescente, no se le notaban los treinta años, ahora llevaba el cabello corto y su rostro estaba más pálido que de costumbre, pero lucía hermosa.

— ¿Y qué tal estuvo el paseo? —Preguntó Nanjiro.

—Bien, el campo de girasoles está igual que antes. —Sonrió la castaña. —Por cierto, me encantó la banca que pusieron en la colina.

— ¿En serio? La hicimos pensando en ti. —Sonrió Rinko.

—Lo sé, Ryoma-kun me lo comentó.

—A veces me siento ahí a contemplar el campo y es una vista tan grandiosa. —Comentó Nanako.

—Es verdad. —Asintió Rinko. —Por cierto, a qué no imaginan donde los he encontrado. —Se burló.

— ¿En el fuerte de los aventureros? —Adivinó Nanako, provocando que ambos se sintieran incómodos.

—Así es.

— ¿Y qué han hecho? —Preguntó curioso Nanjiro. —No creo que sólo se dediquen a jugar como antes.

—Sólo conversábamos. —Lo interrumpió Ryoma, su madre ya había planteado la semilla del doble sentido y ahora su padre lo había captado.

—Sí, además nos sorprendió ver que todas las cosas permanecieran allí. Me trajo muchos recuerdos. —Comentó Sakuno.

—No creo que Ryoma estuviera sorprendido, él era el que insistía que no las tiraran. —Rió Nanako y fue invadida por la mirada de odio de su primo de inmediato.

— ¿Es eso cierto? —Preguntó la castaña sorprendida.

—Eso fue hace un tiempo. —Susurró cabizbajo.

—Ah ya veo. Por cierto, está deliciosa la comida.

—Me alegro que te gustara. —Sonrió Nanako.

—Sí, no estábamos segura si te gustaría. Ya que antes amabas el tofu y no teníamos eso el día de hoy.

—Amo el tofu, pero aún así me gusta comer otras cosas.

Tras terminar de comer, la chica de ojos carmesí se ofreció para ayudar en la cocina junto a Rinko y Nanako, mientras Ryoma aprovechaba de hablar con su padre, le debía una explicación del porque nunca le había dicho lo que realmente había pasado entre él y Sumire Ryuzaki, ya que aunque lo había visto sufrir a diario, jamás le habría dado una respuesta concreta de porque se habían ido, incluso si no fuera por su madre que le había mencionado que ella no volvería, podría estado esperándola toda la vida en Kagoshima en vano.

— ¿Qué sentido habría tenido decírtelo? —Bostezó Nanjiro. —Eras sólo un niño.

—Lo sé, pero habría sido muy distinto todo. Quizás no la hubiera odiado.

—Es posible, pero no habrías podido hacer nada al respecto, si esa disputa era entre Sumire y yo.

—Hablando de eso, hace un rato le mencionaste a Ryuzaki que había sido una discusión absurda. Si es realmente así ¿Por qué no se han reconciliado después de tantos años?

—Supongo que tiene relación con nuestro orgullo, ya que ambos lo éramos.

—Entonces uno de los dos debería hacerlo.

—Sí, pero si ella hubiera querido solucionar las cosas, lo habría hecho. Sumire es una mujer de armas tomar y no ha sucedido.

—Sin embargo, Sakuno me ha comentado que ella le preguntó a ella si solucionaría tus problemas contigo si se volverían a reunir y señaló que era probable. Así que deberían hacerlo, en lugar de que pase más tiempo aún. — Caminó en sentido contrario dejándolo pensativo.

— ¿Es cierto que tú y Ryoma-kun viven bajo el mismo? —Se atrevió a preguntar Nanako mientras lavaba los platos y ella secaba. —Lo escuché en la radio.

—Sí, vivimos en el mismo apartamento. —Susurró, notando que ambas la miraban con malicia. —P-Pero no es por lo que creen…estamos rodando una película juntos y como al principio no nos llevábamos muy bien, la directora nos ha ordenado que vivamos juntos para profundizar más en los lazos de Tetsu y Sakura, los personajes de la película.

—Qué buena estrategia. —Asintió Rinko. —No habría pensado hacer eso, menos si los dos se llevaban mal.

—Sí, es verdad. Yo tampoco lo habría pensado.

— ¿Y por qué se llevaban mal? —Quiso saber Nanako.

—Porque nuestras personalidades no eran compatibles. —Rió nerviosa, tenía deseos de decirle lo cruel que había sido, pero eran su familia, se suponía que no podía hablarle mal de él si estaba en su casa.

— ¿Y ahora sí lo son? —Enarcó una ceja Rinko.

—P-Pues…nos llevamos mejor.

—Yo creo que más que mejor. —Observó Nanako. —Me alegro mucho que se volvieran a encontrar, Ryoma-Kun sufrió mucho con tu partida. —Susurró, tratando que no se filtrara su voz hacia el comedor.

—Sí, es verdad. —Susurró triste Rinko. —De hecho, un día se escapó de casa. Cómo tenía las coordenadas de donde quedaba tu casa, creo que lo habías escrito en un mapa que habían hecho juntos, decidió ir por su cuenta. Nunca habríamos imaginado que estaría allí, lo buscamos por horas y horas, pero no dimos con él.

— ¿Y cómo lo encontraron? —Preguntó la castaña pasmada ¿Ryoma había ido a buscarla?

—Pues…unas personas nos mencionaron que lo habían visto en el pueblo, así que Nanjiro y yo fuimos a buscarlo en auto. Al principio no lográbamos encontrarlo por los lugares que nos habían comentado, pero entonces mi esposo pensó que quizás había ido a donde Sumire y nos dirigimos ahí. —Suspiró. —Y realmente ahí estaba, no lucía bien, estaba exhausto y decía no haberte encontrado. Sin embargo, aunque su misión fue en vano y no logró su objetivo, conoció a Karupin. Unas personas lo habían abandonado cerca de tu casa y llevaba una nota en su cuello diciendo que lo adoptaran.

—Menos mal lo encontraron, sabía lo de Karupin, pero no sabía que había ido a buscarme. —Susurró triste.

—Sí, no creo que es algo de lo que sienta orgulloso. Ya sabes cómo es ¿no?

—Sí, lo conozco muy bien.

—Ahora que se han vuelto a encontrar, espero que no se separen de nuevo. —Le tomó las manos Rinko. —Y por favor, cuida a Ryoma.

—Yo…

—Si aún no son pareja, al menos como compañera y amiga.

—Lo haré.

—Gracias, Sakuno. —la abrazó con fuerza.

Una vez que se despidieron de todos, Shiba los condujo al auto para llevarlos de regreso a la casa en la que estaban hospedando, Sakuno le había prometido a Rinko que esta vez no se perdería, que haría todo lo que estaba a su alcance para no marcharse nuevamente y que además, cuidaría a Ryoma. Sin duda de todas las promesas que había hecho, esa era la que más temía romper, ya que aunque le encantaría hacerlo, él no era el tipo de persona que permitía que cuidaran de sí, menos considerando que no tenían una relación tan intima como en el pasado, si bien tenían un buen lazo de compañerismo y quizás hasta estaban comenzando a ser amigos de nuevo, no creía que su relación tuviera una transformación más profunda que eso.

—Lo pasé increíble. —Sonrió la castaña. — Fue bueno volver y revivir tantos momentos.

—Sí, fue bueno. Con respecto a eso, hablé con mi padre sobre lo de tu abuela.

— ¿Y qué te dijo?

—Me había dicho que el motivo por el que no habían hablado antes, es porque ambos eran orgullosos.

—Mi abuela dijo lo mismo.

—Pero aún así, decía que tu abuela era una mujer de armas tomar, por lo que si ella hubiera deseado hablar sobre lo sucedido, ya lo habría hecho.

— ¿Y le mencionaste lo que te conté?

—Sí, lo hice. No me dijo nada, pero quedó pensativo. —Sonrió victorioso. — Y hacer callar a mi papá es un buen signo, porque nadie puede hacerlo. Así que de seguro reconsiderará la idea de volver a verse.

—Espero que sea así.

—Yo también.

—Por cierto, me ha llamado la directora esta tarde.

— ¿Se ha calmado todo ahora?

—No lo creo, han pasado sólo dos días desde que hemos llegado. Pero ha realizado una propuesta, pero no sé si sea una buena idea, porque podrían descubrirnos.

— ¿Cuál?

—Qué rodemos algunas escenas aquí. Pero eso sería traer a todo el staff aquí y es probable que las fans desquiciadas quieran localizarme.

—Es verdad…eso no sería una buena idea en estos momentos.

—Así es.

— ¿Qué haremos?

—Podríamos proponer que vengan dentro de una semana. —Murmuró pensativo. Comenzó a escribirle un mensaje y lo envió, esperando respuesta. —Le diré ahora.

—mmm sí, pero ¿dónde lo harán?

—En mi casa no podrían, estaría exponiendo nuestra ubicación.

—Disculpe que los interrumpan, pero he escuchado su conversación y creo que sé el lugar perfecto para un rodaje. —Habló Shiba.

—Escuchamos. —Respondió el ambarino.

—La casa del señorito Ryoga, considerando que aún no vende su casa, se encuentra vacía por el momento.

—Es verdad, no había pensando en eso. —Murmuró Ryoma. —Bien pensado, Shiba. Gracias.

—Por nada.

—Mientras podríamos aprendernos nuestras líneas. —Sugirió Sakuno.

—Sí, aunque según lo que me comentó la directora cuando me llamó es que esas escenas no tienen muchas líneas que digamos.

—Esas son…

—Sí, así que sólo debemos saber hacerlo bien.

—Está bien.

—Parece que no quieren esperar. —Suspiró el ambarino.

— ¿Porqué?

—Ha anunciado que vendrá dentro de dos días, tomando todas las precauciones necesarias. Así que según ella, todo saldrá bien. No vendrá todo el elenco, sólo grabarán nuestra escena y se marcharan. —Se encogió de hombros. —Terminando eso podrán dejarnos en paz por un tiempo.

— ¡¿Dos días?! —Exclamó nerviosa.

—Sí, la directora es tacaña. He ahí otro ejemplo de una mujer de armas a tomar.

Era el momento de la verdad, si bien la directora le había dicho que no tenían que llevar a cabo el acto sexual en sí, debían mostrar algunos desnudos de la parte superior y además lo previo al acto, no tenía idea como haría eso, teniendo en cuenta que ella nunca había estado con alguien antes ni mucho menos sabía cómo actuar o dar a entender que iban a consumir su amor. Había oído de esa escena, tenían que besarse apasionadamente y luego él se iría sobre ella en un mueble, se quitarían las camisetas y la escena terminaría. Era algo tan simple como eso, pero no sabía si podría hacerlo. De seguro para Ryoma sería pan comido, si tenía tanta popularidad con las chicas, no dudaba que ya haya tenido su primera vez.

Continuará…..