ORDER MADE

-I-

—… el empresario ha sido acusado de espiar y boicotear a su competencia, la famosa empresa Tomoya. Las pruebas han sido aportadas por uno de los antiguos socios de Aka—el sonido se detiene cuando apaga la televisión.

Unos minutos más tarde, Hisa- su padre baja del dormitorio y camina hacia donde está con ojos curiosos.

— ¿Qué estás haciendo, Izu-kun?

Sonríe, sólo un poco— Nada, papá, estaba viendo el clima.

— ¿Oh? ¿Y cómo estará hoy?

— Soleado—con posibilidad de tormenta más tarde—. Va a ser un buen día.

Si el adulto piensa algo más al verlo sonreír no dice nada, simplemente acepta sus palabras y estira su mano para despeinar su cabello.

La gente tiende a hacerlo bastante, se da cuenta. Se pregunta por qué.

-II-

La escuela es un hervidero de murmullos, rumores y una actividad frenética que encuentra un poco molesta. No ve a su tutor durante las clases (y oye que Akashi-san no ha venido) por lo que cree que estarán juntos y no piensa mucho más sobre el tema.

Uno de los pocos compañeros con los que habla le pregunta si sabe algo sobre el caso, a sabiendas de que tiene contacto con uno de los "miembros de la generación Milagrosa".

Ofrece un sencillo arco de labios cuando dice— No tengo idea.

(No ha sido la primera ni la peor mentira que ha dicho alguna vez.)

-III-

Tarda un rato más juntando sus cosas y casi lamenta su lentitud cuando se encuentra con un grupo de chicas chillando en la salida, rodeando como leonas hambrientas a un chico de cabello rubio y ojos dorados.

Es bonito, piensa, de una forma que sin duda habría atraído a Sakura incluso cuando era una niña, pero Mid- Izuku está cansado y lo único que quiere es ir a dormir las horas faltantes de la noche anterior, así que bordea la masa de personas y casi logra su cometido.

— Espera, Midoriya-kun—él grita, ¿y cómo sabe su nombre…? Se detiene por curiosidad y lo mira despedirse de las chicas con una sonrisa de disculpa tan linda y real un girasol de plástico antes de acercársele— Soy Kise Ryota, amigo de Midorimacchi y Akashicchi. Quería hablar contigo.

No recuerda haberlo visto cuando su tutor le presentó a sus amigos, pero no le está mintiendo. Curioso. El chico no debería tener una razón para hablarle, porque duda que incluso con su primera impresión no muy estalar los demás crean que tuvo algo que ver con lo sucedido.

¿Un estudiante Quirkless de diez años sacando los trapos sucios de un despiadado empresario rumoreado de tener lazos con el mismo Endeavor? Por favor.

— Tienes diez minutos—es lo que dice, y le saca una risa que se detiene cuando lo mira a los ojos y ve que es serio.

Kise silba— Para ser una pelusa eres bastante duro.

—… 7 minutos.

— ¡Okey, espera! Sólo quería introducirme. Midorimacchi fue tan malo de presentar a los otros cuando estaba enfermo—lloriquea, casi en serio—, pero ahora que estoy mejor quería decir hola a la pobre alma que tiene que lidiar con Midorimacchi a diario.

— Midorima-san está bien—dice, un poco más duro de lo que espera. ¿Ves? No está hecha para socializar.

El rubio se ríe y suena más honesto que en todas sus anteriores interacciones— Realmente piensas eso, eh—su expresión se vuelve traviesa, tal como Naruto cuando estaba a punto de hacer una broma—, ¿podría ser esto amor?

Midori hace una mueca— Ni lo pienses.

— ¿Oh? —sus ojos se hacen medias lunas y se inclina hacia ella— ¿Y qué tal yo? Puedo ser totalmente tu primer amor.

— No, gracias.

Una flecha parece atravesar su corazón y un río de lágrimas sale de uno de sus ojos mientras su cara se torna lo más lamentable posible— Midoriya-kun es tan duro. No tienes corazón—en su dramática tristeza cae prácticamente sobre ella, apoyando casi todo su peso sobre sus hombros.

Midori nota entonces las miradas enviadas hacia ella por las chicas que quedan por allí e intenta no fruncir el ceño. Se siente demasiada vieja para lidiar con niñas de diez años obsesionadas con una cara bonita. Si ya de por sí tiene poca paciencia…

Es en eso cuando detecta una figura familiar caminando por el pasillo. Lo piensa por un momento antes de encogerse mentalmente de hombros y saludar. Él no devuelve el saludo pero cambia su rumbo hacia ellos.

— Animal pequeño.

Kise se queda muy, muy tieso y ella intenta no sonreír.

— Hola. ¿Qué es lo que debería hacer si un estudiante mayor está proponiéndome estar enamorada de él e infringe mi espacio personal? —pregunta, inocente, señalando con su cabeza hacia dicho "estudiante mayor".

El chico rubio salta y se aleja hasta tocar la pared, sacudiendo sus brazos mientras se ríe con nerviosismo— ¡Esto no es lo que parece, lo juro, Hibari-senpai!

"Hibari-senpai" no parece convencido y una sonrisa sanguinaria se dibuja en su boca— Por comportamiento inapropiado contra un menor serás mordido hasta morir.

— ¡E-espera, si yo también soy menor! ¡Y te dije que no era así…! —grita mientras empieza correr en dirección opuesta a la salida.

Midori parpadea y cuando vuelve a mirar ninguno de los chicos está allí.

Espera que el rubio sobreviva.

(Midorima-san estaría triste si no, ¿verdad?)

-IV-

— Aquí—su tutor le ofrece una lata de sopa roja y un mini-llavero de una ballena.

Midori acepta el obsquio, mirando con curiosidad al chico sin saber por qué le está regalando algo cuando la suerte del día para su signo es bastante buena.

— Por Kise—explica, acomodándose los anteojos con una sonrisa satisfecha.

Midori casi se siente mal por el rubio por tener un amigo como Midorima-san.

—… ¿sobrevivió? —pregunta, mirando el cielo despejado mientras bebe la bebida caliente.

— Lastimosamente sí. Pero estará sirviendo detención y no podrá venir a los entrenamientos—sonríe, antes de adoptar una expresión extraña— Akashi está furioso con él.

Es la primera vez que hablan desde su intercambio sobre el padre de dicho pelirrojo. Un padre que tiene varios cargos en contra que han salido en todos los canales de Japón y cuyo poder "absoluto" se está tambaleando con fuerza.

No es suficiente para que caiga, por supuesto que no. El dinero y las conexiones te llevan a todo el mundo y te sacan de todos lados. Sin embargo, Midori piensa que es suficiente para que algo se quiebre dentro del amigo de su tutor.

A veces, la única manera de rehacer algo es romperlo todo, ¿cierto? (Y no es como si supiese hacerlo de otra forma.)

— Oh. Lo siento por él—dice, en voz baja, sin aclarar si es por Kise o Akashi.

Midorima-san lo mira por un largo rato antes de preguntar— ¿De verdad?

Midori no le responde.

Respeta a su tutor lo suficiente como para no servirle una mentira innecesaria.

(Cuando se despiden, el chico más grande apoya su mano sobre su hombro y parece casi agradecido antes de darle unas palmaditas en su cabeza, con la torpeza social tan entrañable que lo caracteriza.

Cree ver una cabeza roja en la esquina de sus ojos cuando un auto blindado con una ventana abierta pasa por su lado, pero lo achaca a su imaginación y continúa su camino.)

-V-

Cuando llega a su casa sus padres están ocupados en una discusión en voz baja que se detiene cuando lo ven llegar. Él es lo suficiente bondadoso como para dejarlo pasar hasta la hora de la cena, cuando come un poco de Katsudon y pica.

— ¿Qué es lo que sucede?

Su padre parece querer hacerse el tonto pero suspira y mira a su madre antes de empezar a hilar con mucha cautela— ¿Te acuerdas del juicio…? —ante su asentimiento, continúa— ¿Recuerdas que… el hijo de Mitsuki recibió terapia como castigo?

Midori vuelve a sentir, comenzando a sentir algo parecido a la agitación rayar su estómago. Realmente espera que no sea lo que se está imaginando. No tiene ningún uso para un extraño sujeto al que contar sus deseos, sus miedos y lo que está en su cabeza, no cuando no puede decir nada de lo que pasa sin ser tomada como una loca.

— Mitsuki se contactó conmigo esta mañana—dice su madre, con cuidado—, porque el terapeuta le recomendó a… Katsuki-kun que escribiese letras sobre todo lo que siente. Y cree que sería buena idea que ustedes dos se enviasen cartas.

— ¡No ahora! —interviene su padre, con rapidez—, sino mucho más delante. Dos años o tres, cuando el chico realmente haya cambiado.

— Pero depende de ti, Izu-kun. Si no quieres saber más nada sobre él entonces nadie va a obligarte—dice con fuerza su madre, mirándolo con ojos preocupados y cariñosos—. No le debes nada, Izu-kun.

Midori lo piensa.

Tiene el "no" en la punta de la lengua. ¿Qué gana ella al reconectar con el niño que básicamente fue su torturador durante los últimos cinco años? Quizás fue el primer y único amigo de Izuku, pero todo eso murió a los cuatro, cinco años, cuando decidió que en vez de mejor amigo sería su saco.

Pero, por otro lado ella recuerda esos pocos segundos que lo vio en el juicio, la forma en que se negó a mirar a nadie y se quedó junto a su madre, los puños sujetados a su ropa con fuerza. No parecía tan lleno en ese momento sino un niño asustado por las consecuencias de sus acciones.

Midori se pregunta si todavía cree que puede ser un héroe. (Izuku había pensado que no habría mejor héroe que él un día, pero de nuevo, Izuku era demasiado amable y no entendió que a veces, las personas te rompen y no puedes quedarte allí o te mueres.)

— ¿Puedo pensarlo? —pregunta en voz baja, mirando el contenido de su tazón.

— ¡Por supuesto que sí, cariño! Piénsalo todo el tiempo que necesites—responde su madre.

— Te apoyaremos sin importar la decisión que tomes—asegura su padre.

Midori sonríe. No es tan real como querría, pero tiene que darle algo a esas maravillosas personas.

(Mientras, sigue pensando.

¿Cuál sería una decisión amable?

¿Y para quién?)

-V-

— Quiero unirme al club de artes marciales— Midori le dice a su tutor una mañana soleada mientras caminan hacia el aula donde ella tiene clases.

— Conozco a su instructor—es la respuesta del chico mayor—. Es un ex-entrenador de héroes y tiene su propio dojo a tres cuadras de aquí.

Eso no lo sabía. — Gracias por la información, Midorima-senpai.

— Hum, No es nada, sólo lo dije porque eres nuevo aquí y no sabes nada—dice, sin mirarla, y con esa curiosa terminación al final de su frase. (¿Es "nanodayo"?)

Midori tararea en voz baja. ¿Es lo que considerarían un Tsundere? Se pregunta.

— Te veré en el almuerzo, Midoriya-kun—se despide ni bien llegan a su salón.

Lo observa irse antes de tomar asiento, pensando en que hoy parece ser el día para ver un par de "Milagros". Su tutor suele comer con sus amigos y si la invitó es porque quiere que se reúna con ellos. Le dedica un minuto sólido al pensamiento de escaparse, pero al final decide no hacerlo.

Tarde o temprano tendrá que mirar a la cara de Akashi y fingir que no tiene idea del golpe al nombre de su padre (y por consiguiente al suyo), y prefiere que pase lo más rápido y pronto posible.

Más de cuatro horas luego de eso, Midori imagina que no le importaría esperar un par de días más cuando ve al chico de cabello rojo con una tijera en sus manos y una sonrisa siniestra en su rostro. Por si fuera poco, Kise está con ellos y un puchero cubre sus labios ni bien la ve, junto a un brillo en sus ojos que sólo le habla de travesuras.

Si tiene que hacerlo, Midori va a romperles las piernas y correr.

— El objeto de la suerte para cáncer es un martillo—dice, su tutor—, pero la escuela no me dejó traerlo así que conseguí esto—y le entrega un peluche.

— Gracias, senpai—recoge el animal y lo mira, asintiendo para sí misma. Nunca ha intentado romper huesos con un peluche, pero hay una primera vez para todo, ¿cierto?

Además, es realmente tierno.

Midori va a tomar una siesta con Nanodayo cuando todo eso acabe.


Holaaa! Después de hibernar cuatrocientos años, he vuelto con muchos deseos –y planes- de continuar mis historias.

Les deseo un año fantástico (aunque como vamos con lo de Irán y EEUU, lo de Australia y todo lo demás no sé que tantos vamos a sobrevivir este 2020 xD)

Por cierto, muchas gracias a los que han marcado favorito y la siguen leyendo. ¡Ojalá hayan disfrutado de este nuevo capítulo!

-Sección comentarios:-

Coati-chanchanCHAAAN: ¡Muchas gracias por escribir! Me alegro que te haya interesado. La verdad es que no había pensado meter a Kakashi pero mmm, ideas, ideas… Ya veremos. Espero que sigas dando vueltas por aquí y te haya gustado el nuevo capítulo. ¡Un abrazo de oso!

- FIN-

Nos estamos leyendo, gente preciosa.

Saluditos!