BUEANAS GENTE QUERIDA, aquí con otro capítulo de esta nueva historia. A los que la leen, espero y les siga gustando y que difundan la palabra; los comentarios si que son un poderoso estimulante para seguirle a los capítulos. Si, si, tienen dudas sobre el cuándo subirás tus demás historias. Sólo les pido tiempo como me lo pide la universidad ejjeejej último año y la carrera es pesada. En fin. Sin más los dejo con el capitulo pues lo hice largo sólo para ustedes. Nos leemos luego!
Capítulo 3: Sobreviviendo al aprendizaje parte 1
Tooth estaba seguro de que con el tiempo suficiente, y mucha paciencia, bastarían para adiestrar al vástago flacucho de ropas verdes, pues el término del entrenamiento con Meatlug era al día siguiente. Pescado regalado, se dijo así mismo. Después de todo ¿Qué tan difícil sería enseñarle a pelear Hiccup? Los primeros días fueron un poco trabajosos para el escuálido vikingo, nada que no tuviera contemplado. El problema empezó a hacerse nota cuando no mostraba mejoría alguna con el uso de armas. Los martillos quedaron descartados; demasiado pesados. Las espadas; por poco y se corta un dedo del pie, por lo cual, le quitó el hacha… Por su la propia seguridad del peli castaño. Sus esperanzas murieron cuando Hiccup se negó a atacarlo con la lanza, única arma que podía levantar o manejar sin lastimarse. Discutieron por horas ese día. Uno gritaba que lo apuñalara y el otro se negaba.
Ahora estaba sentado sobre una roca con la pose del pensador, pensando en el significado de la vida. Hiccup estaba a unos metros situado de él por debajo de la piedra. Ni de coña podría subir hasta allá arriba, sólo podía esperar de forma expectante. Tooth voltea a verlo y al segundo vuelve a su posición inicial mientras soltaba aire por la boca en un largo suspiro.
-Oye, no me veas como si fuera un problema- le dice el chico de ropas verdes.
Tooth volvió a dirigirle la mirada, pasó un minuto observándolo de pies a cabeza y volvió a su posición, con un gesto de que denotaba derrota.
-¡Cabrón!- Hiccup trató de arrojarle una rama, pero esta ni siquiera llegó. Ahora era el turno de él de estar deprimido- Soy un fracaso- se dijo así mismo. Pensamiento que era contribuido porque ni siquiera el mejor guerrero de la historia de Berk podía ayudarlo, la tenía jodida entonces…
-Es mi culpa, apesto como maestro- dice desganadamente el peli negro mientras bajaba ágilmente.
-Yo no ayudo mucho que digamos- el castaño trató de aminorar la culpa de su amigo.
-Sí.
Hijo de troll…
-Supongo que no hay nada que hacer, ven, la comida ya casi está.
Algo que Hiccup ha estado haciendo, además de demostrar sus pocas aptitudes de guerrero. Sin embargo, lo que tenía de fracaso, lo tenía de buen cocinero. O al menos lo suficientemente bueno para pasar a lo comestible.
El peli negro estaba fascinado con la comida de su nuevo acompañante, pues los últimos años sin su madre, todo lo comía crudo, a veces lo limpiaba un poco, pero así se las comía. Principalmente la carne, ensangrentada y cruda. Para Hiccup era todo un milagro que no muriera envenenado o de una infección por su poca salubridad e ingenie al comer.
-Nunca pensé que la papas supieran tan bien- dice entre masticar y hablar.
-Usa una cuchara, Tooth- regaña el aprendiz de herrero.
-Ok, ok- dice con desgano mientras usaba sin ganas aquel instrumento de metal. Pues las cucharas de madera o las rompía o las astillaba y se lastimaba con ellas.
-¿En serio nunca intentaste cocinar?- le cuestionó el peli castaño.
-Traté hace ya mucho tiempo, pero sólo conseguía quemarla. Paso de comer tierra dura negra- explica mientras extiendo su plato vacío a Hiccup para que le sirviera más del caldo.
-Se le llama carbón- le corrige mientras le servía otra porción.
-Eso- dice para tomar el plato y seguir comiendo- El conejo estaba bueno- dice mientras comía la carne del conejo que flotaba en el caldo.
-Era muy tierna su carne- le secunda el Haddock- Me sorprende lo rápido que lo atrapaste- dice en admiración.
-Se dónde está cada animal de esta isla- dijo con simpleza- Toda una vida en el bosque te lleva a saberlo, más con hambre- Hiccup deja de comer al escuchar la indirecta soledad que tuvo que soportar sólo su nuevo amigo- Dame más, por favor.
-Veo que estás aprendiendo a pedir las cosas- dice contento sirviéndole lo último del caldo a su amigo.
-No es como si pudiera hablar en frente a otros- dice de manera burlona.
-Tienes un punto.
Ambos jóvenes comenzaron a reír con humor. Era curioso, tuvieron un muy casual y poco sutil primer encuentro, ahora se frecuentaban a diario para crear un auténtico milagro. La amistad entre un no tan salvaje y un no tan vikingo. A los dioses sí que les gustaban dar sorpresas y muy visaras.
-¿Qué tal el libro que te presté?- preguntó Hiccup apagando las brasas con tierra.
-Lo terminé ayer- dice mientras guardaba los platos donde comieron dentro del hueco del árbol- Estuvo algo extraño, no comprendí casi nada de lo que decía, pero reconocía muchas de esas plantas- dijo mientras recordaba haberse topado con alguna de ellas en el pasado. Bien le hubiera servido saber que plantas eran las venenosas en aquellos días.
En efecto, Hiccup le había dado hace unos días un libro de herbolaria de las plantas y árboles en Berk para que practicara la lectura de runas, cosa que aún no había dominado por completo.
-A La próxima mejor dame uno de esas historias de pelea- dice mientras sale con del agujero del árbol escondiendo algo en su espalda.
-Debes de acostumbrarte a leer otras cosas- aconseja el peli castaño- No solo a luchas y… más luchas- si le contará a alguien que sermoneaba al poderoso Furia Nocturna, seguro más de un vikingo de la aldea se muere de la risa.
-Y hablando de lucha…- dijo como no queriendo la cosa.
Hiccup sabía lo que diría.
-No- soltó la negativa.
-Ni si quiera he dicho nada- dijo de manera inocente el pelo azabache.
-Sé lo que me pedirás- contraatacó el Haddock.
-No lo sabes-
-Sí, sí que lo sé- repitió Hiccup.
-Pues dime qué es lo que te preguntaré- dice aun fingiendo demencia.
-Que si quiero volver a practicar con la lanza-
-¡Ese es el espíritu!- dice de forma victoriosa mientras saca una lanza- Ahora tómala y ataca- dice mientras le extiende el arma.
Hiccup masculló lo suficientemente alto un "mierda", había caído en la trampa del azabache. Podría intentar zafarse o negarse a seguir la práctica. Pero sólo ocasionaría que su singular amigo le siguiera picando las costillas para convencerlo. Resignado, toma la lanza y trata de poner pose en pose de batalla. Tooth lo mira por unos segundos.
-… ¿Estás listo?- dice mientras truena de forma sonora su cuello en un movimiento giratorio.
Hiccup se intenta preparar de forma mental, por obvias razones. Dobla un poco las rodillas y le apunta con la lanza sin demasiadas ganas.
-Listo- trató de sonar lo más seguro que pudo.
Tooth lo mira por unos segundos silenciosos y… se va caminando de vuelta a sentarse sobre la roca a retomar la pose.
-¡Oye, ahora qué!- le grita en reproche.
El guerrero oscuro lo mira por unos momentos y vuelve a perder su mirada en el horizonte. Hiccup hubiera seguido, pero se le estaba haciendo tarde para la nueva etapa del entrenamiento y seguro que Gobber les tendría una desagradable sorpresa.
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Hiccup estaba acostumbrado a que los dioses siempre le dieran la contraria, rara vez dejaban que se llevara la razón en algo, pero sí que lo escuchaban cuando decía que algo malo le pasaría. Ahora corría como un desquiciado como los demás cadetes siendo perseguidos por una risueña y alegre Stormfly que corría detrás de ellos por un laberinto, elaborado por el herrero con paredes de madera alta con refuerzo de hierro, y a veces por encima. La rubia, haciendo gala de sus fuertes y ágiles piernas, se subía arriba de los murros de madera y corría por encima de ellas cual felino cazando.
-Vamos niños, ni si quiera lo intentan- les gritó Gobber con expresión aburrida viéndolos correr cuales gallinas de un zorro.
El Ingerman iba corriendo cuando dobla en una esquina y se topa con rubia de mechón azul subiendo por la barda desde el otro lado. Justo a tiempo Fishlegs logra poner el escudo pues la guerrera le arroja seis cuchillos que se clavan en la madera del escudo. El miedo hace reaccionar las piernas de Fishlegs y emprende una rápida carrera, sorprendiendo a la chica con la desproporción de velocidad y tamaño del chico.
-Empiezo a cuestionar tus métodos de enseñanza- le grita el Ingerman sacando los cuchillos de un golpe contra el muro, más accidente que apropósito.
-El entrenamiento consiste en prepararlos para las sorpresas- explica el vikingo- El enemigo puede estar a la vuelta de la esquina y no les avisará que están ahí con canciones y bailes ¡Un hacha oxidada en la cara será su tapete de bienvenida!- les grita a los jóvenes que se escondían.
Los jóvenes asintieron de forma determinada, salvo a dos que los nervios se los comían. Los cadetes emprendieron la carrera por el laberinto; desconocían el objetivo del mismo o del entrenamiento, pero de que lo había, lo había. La prueba anterior se los dejó en claro, el entrenamiento se completaba cuando descubrían cual era el objetivo. Anteriormente fue ser el último en pie y derrotar a Meatlug… pero ahora cuál era el de éste… esa era la incógnita de los que habían descifrado el "objetivo de los entrenamientos". Todas, como les dijeron desde el inicio, eran pruebas, las pruebas se pasan cuando resuelves el problema.
Tooth lo sabía, por eso estaba ahí, con su "plan B de ayudar a su nuevo amigo"… tendría que acortar el nombre después… prestaba atención a cada uno de los movimientos de la chica con afición a las puntas, al escenario y al bigotón panzón. Algo que le diera una pista o indicara lo que se buscaba del entrenamiento. Para él era tan fácil como ir a noquear a la rubia de mechón azul, que estaba entre sus ojos en un poco largo flequillo de en medio, sin embargo ese no era el objetivo ni su entrenamiento, era de Hiccup y los dioses saben que lo ayudaría en todo lo que pudiera.
Los gemelos Thorton corrían juntos por uno de los pasillos del laberinto, cuando se toparon directamente con Stormfly al doblar. Ambos rubios pierden varios colores del rostro, se mantuvieron quietos sin mover un solo músculo. La Hofferson no se movió al principio, como si estuviera detectando algo… apartó su vista de enfrente y se llevó una mano a la nariz.
-¡Los sábados se baña, hijos de puta!- gritó asqueada retrocediendo unos pasos.
Los gemelos, ni lentos ni perezosos, corrieron tan rápido como sus pies pudieron.
-Por fin tu hedor sirvió de algo- felicita la gemela a su hermano con una burlona sonrisa.
-¡Dos meses sin baño, cabrones!- grita entusiasmadamente el gemelo con los brazos arriba. Sin captar el doble sentido de su contraparte femenina.
En las gradas los demás dragones veían el encuentro de forma entretenida. El grito celebre del Thorton le arrancó una carcajada a los Gemelos Espantosos, que vitoreaban la peculiar hazaña de uno de sus familiares.
-¡Thorton, Thorton!- animaban ambos.
-No le veo lo grandioso- dice Hookfang con brazos cruzados.
-El hecho de escapar de Stormfly es mero motivo de celebrar- dijo Blech ya planeando el cómo recomenzar a su primo- Después de todo, es la mejor cazadora de la aldea.
Hookfang les concedería eso, aquella chica podía encontrar un conejo enterrado en la nieve y seguirle el rastro a un jabalí en el agua. Sí, tal vez fue suerte, pero pocos la tenían cuando el perseguidor era ella.
Devuelta a la competencia, Astrid y Snotlout corrían por el laberinto, uno con toda la atención a cualquier señal de la Mortífera y el otro fijando sus ojos en la figura de la que corría delante de él. Por inercia logra frenar, pues la rubia delante de él se agazapó quedando muy cerca del suelo, como si acechara a una presea.
-¿Qué ocurre?- dice confundido el Jogerson.
-¡Cállate!- le recrimina en voz baja. El joven cadete se queda en silencio, esperando.
Justo estaba a punto de volver a hablar cuando pasa una sonriente Stormfly con varios cuchillos en su mano. Snotlout se tira se cubre rápidamente para no ser visto. La chica de mechón azul miraba para todos lados, buscando a su siguiente blanco con una perversa sonrisa. Sí, sin duda ya sabía de donde había sacado Astrid la idea de "diversión con dolor". Vuelve a la realidad cuando la chica emprende de nuevo su carrera pues un gritillo llamó su atención, Snotlout imaginó que se trataba de Fishlegs. Ambos guerreros siguieron su marcha, pero una duda asaltó la mente del chico de cabellera oscura.
-Eh… Astrid…- la mencionada voltea a verlo, pero sin despegar su atención de su alrededor- ¿Qué estamos haciendo?- pregunta de forma insegura.
Para Astrid no era ni fue una novedad que Snotlout no se diera cuenta del verdadero objetivo de las pruebas y no se molestaría en explicárselo, cada uno debería averiguarlo por su cuenta, cosa que dudaba que alguien más lo haya descubierto. Más importante…
-Deja de seguirme- le advierte de forma cortante.
Sin duda ese Jogerson era más difícil de quitar que la mancha de sangre de la ropa blanca… no es que lo odiara ni nada, pero definitivamente tampoco era un tarro de aguamiel. Ella no era tonta, al contrario de lo que se espera y desea de una mujer, ella no quería ni tenía en mente casarse con un peludo y estúpido vikingo ¡Mucho menos cambiaría su hacha por una olla! Por ella podrían irse todos al Helheim antes de convertirse en ama de casa.
Astrid Hofferson ya sabía lo que quería ser; sería la mejor doncella guerrera de todo el archipiélago congelado y con los dioses de testigos que no dependería de su prima para lograrlo. No es que tuviera algo en su contra, ella había estado toda su vida junto con ella, podría decir que eran más unidas que dos hermanas… sólo que no quería estar a la sombra de la gran Mortífera Hofferson; ella quería su propio nombre y para eso debía demostrar lo que valía y ganar en el entrenamiento. Porque cuando ella juega, juega para ganar…
-¡Escudos arriba, enanos!- gritó una familiar voz arriba de ellos.
Ambos cadetes reaccionaron a tiempo pues varios cuchillos se incrustaron en la madera de su respectivo escudo. A penas y ojean un poco y se dan cuenta que la prima de Astrid estaba parada arriba de la barda de laberinto con un cuchillo siendo tirado de arriba abajo en varias vueltas.
-El escudo siempre debe de estar arriba- aconseja de manera burlona mientras saca otros seis cuchillos.
Ambos adolescentes no tardan en emprender la retirada con una Stormfly partiéndose de risa de tras de ellos.
-¡Me cago en la barba de Odín!- Grita Tuffnuf uniéndose junto con su hermana a la correteada de Astrid y de Snotlout- ¿Cuántos cuchillos tiene la loca esa?
Como respuesta un cuchillo re clavó en su glúteo derecho.
Fueron segundos en lo que se tardó en escuchar un fuerte grito de dolor por parte del gemelo.
-¡Eso me dolió, me dolió mucho!- chilló mientras corría a la derecha de un pasillo separándose de los demás.
-Con cuerdo con mi retrasado hermano, ya debieron acabársele- dijo Ruffnuf haciendo un intento de conteo mental de las veces que tuvo que sacar navajas de su escudo.
Los pensamientos de Astrid no eran muy adyacentes de los de su compañera de entrenamiento. Era cierto; a esas alturas debieron de acabársele hace mucho y ella no le gustaba recoger su tiradero… entonces cómo…
-¡Gobber le está pasando más cuchillos con una cubeta!- gritó Tuffnuf en alguna parte del laberinto.
En efecto, al llegar a la pared de piedra del ruedo descubrieron a vikingo bigotón pasándole con una cubeta unida a una soga con más dagas.
-Hijo de pu…
Ni bien terminaron la oración, pues una lluvia afilada empezó a caerles encima. Todos corrieron como locos mientras alzaban sus escudos para bloquear el camino del filoso hierro de su delicada y suave carne.
-Jajajajaja, ESO, LEVANTEN SU ESCUDO- les gritaba la rubia Hofferson entre su delirio de risa y locura.
Todos corrían de un lado a otro esquivando, evitando y bloqueando a Stormfly y su incesante ataque afilado. Gobber miraba la situación con cierta decepción, esperaba al menos que Astrid al menos descubriera el truco, pero si ella no podía, menos el resto… esperen… uno, dos… cinco… faltaba uno.
Hiccup…
Por mera intuición giro su cabeza al lugar más apartado y oscuro de todos… si, ahí estaba escondido el flacucho de su aprendiz lo más metido que podía contra la esquina, su delgado cuerpo le permitía pasar la tarea bastante fácil a decir verdad. El vikingo veterano se sobó la cien, ese niño le quitaría un par de años de vida a puro disgusto.
-¡Hiccup, sal de la esquina!- le grita a su discípulo el cual pega un brinco debido a la sorpresa y por ser descubierto.
Hiccup sabía perfectamente que aquello era pura cobardía, que era mal visto y por los demás y que deshonraba a no sabía cuento linaje se traía entre las piernas… pero la única forma que conocía de sobrevivir y de no llevarse cortes en su de por si frágil cuerpo. Tal vez podría evitarla, ella perseguía a os otros, con un poco de suerte podría encontrar otro escondite, uno que no estuviera al alcance del ojo de su mentor… pero bueno... los dioses lo odiaban, pues justo cuando mueve un pie una rubia se alza por sobre la barda de madera cual halcón observando a una ardilla. Hiccup traga saliva de forma pesada…
-…Esta es la parte donde sales corriendo- le dice de forma seria mientras paseaba un cuchillo entre sus dedos de forma magistral.
Hiccup tartamudea unos sonidos que no completan palabras y empieza a correr por su vida. Para su fortuna el cuchillo se clavó justo en la pared de alado de su carrera. Su mentor era un demente si pensaba que sobreviviría a un enfrentamiento con Stormfly ¡Podía apostar que ninguno de los otros podrían! Ella era una dragona, posiblemente la mujer más fuerte de la aldea y una de las mejores guerreras. Sin embargo eso era lo que se esperaba, lo que esperaban de ellos, que pelearan las futuras batallas contra los Salvajes de la Neblina… pero… ¿no era amigo de uno él?
Aquel pensamiento detuvo su carrera, tenía curiosidad y de la mano, muchas dudas. Entre ellas era el por qué Tooth era tan diferente a los otros dentudos afilados y no un asesino desalmado con sed de conquista y destrucción; una idea loca surcó su cabeza. Ellos dos eran los primeros de su clase, aún con sus peculiaridades, los primeros en entablar una plática civilizada y hacer una amistad; paz entre ambas partes… y ellos habían sido los primeros…
No se dio cuenta que su carrera lo llevó hasta su mentor en la herrería. Hiccup quería preguntarle muchas cosas, más sabía lo que se pensaba de la curiosidad en la sociedad vikinga e intuía lo que su mentor le respondería. Sobre todo, las preguntas que quería hacerle eran muy peligrosas, pasaba de que lo acusaran de traidor en la aldea; mucho tenía ya con el poco e inexistente estatus que tenía.
Para Gobber, que si bien parecía un distraído y flojo ante los ojos de muchos de los jóvenes, pudo percibir las intenciones de su estudiante, lo conocía lo suficiente como para saber medianamente lo que pasaba por la alocada cabeza de su pupilo; quería preguntarle algo, y era importante, al menos para él.
Gobber siempre quiso minimizar aquella peligrosa e insana curiosidad de su flacucho aprendiz. No es que tuviera algo encentra de responderle alguna de sus dudas, pero las preguntas que llegaba a formular… eran preocupantes, más para la tradicional y estricta cultura vikinga. Verlo desistir y enfocarse en otra cosa, lo enorgullecía y entristecía al mismo tiempo. Lo malo de pensar demasiado las cosas, se dijo así mismo.
Astrid y Snotlout observaron a Hiccup pasar por su lado, la rubia lo llama de forma silenciosa por su nombre y le señala que se cubra junto con ellos. No es que le callera bien aquel flacucho pero si dejaba que siguiera caminando por esa dirección, su prima lo descubría a él y a ellos de paso. Más valía ponerlo lejos de la vista. Astrid asoma apenas un poco la cabeza para observar el pasillo. Ahí estaba su prima, atenta a cualquier ruido de su alrededor, con dos cuchillos en cada mano. La menor de los Hofferson notó una oportunidad de pasar y de forma fluida y silenciosa rueda al otro lado cubriéndose con el muro de madera del laberinto. De tras de ella la siguió el Jogerson y luego Hiccup, pero no logra copiar la misma maniobra que sus compañeros y queda a medio camino generando un golpe seco con la parte de hierro del escudo, llamando la atención de la depredadora.
Ante el ruido generado ella voltea rápidamente y no le cuesta mucho encontrar la delgada figura del Haddock tendida en el suelo. Ella lanza un grito de guerra que le entume los músculos de su cuerpo y se dispone a lanzarle un cuchillo, más no realiza la obra pues una voz masculina la saca de su estado de concentración.
-A un lado, preciosa- dice Snotlout a Astrid mientras tomaba su posición y le arroja su maza.
El arma pasa tan lejos de Stormfly que la necesidad de moverse fue de cero, ella observa la maza en el suelo y luego voltea a ver al dueño. Suelta una carcajada mientras lo señalaba con el dedo. Sin duda fue el peor lanzamiento que había visto en su vida. En cambio, Astrid, le dedicó una mirada asesina al Jogerson, aquella era su oportunidad de atacar a su prima por sorpresa y posiblemente ganarle en el ruedo. Pero el presumido de Snotlout le quitó esa oportunidad por lucirse frente de ella.
-Hijo de troll…- le masculla mientras emprende la carrera, aprovechando que su prima aún se partía de la risa.
-El Sol me deslumbró, Astrid- se justificó el chico de cabello café oscuro. Justo a tiempo alza su escudo bloqueando tres cuchillos que iban directo a su cabeza- ¿Qué querías que hiciera, bloquear el Sol? Podría hacerlo, pero no me dio tiempo- le explicaba mientras corría detrás de ella, más se separa de ella al doblar en una esquina para perder a su persecutora.
Ahora Astrid estaba sola, siendo perseguida por su encantadora prima adicta a las puntas agudas. Pero no tenía miedo, no porque su prima no le fuera a hacer daño, lo contrario, si la pescaba, seguro que le iba a doler hasta la siguiente temporada de papas. No, no tenía miedo porque no se permitía tenerlo. Ella era valiente y no le temería a nada ni a nadie. Cuando se ganara su segundo nombre esperaba que tuviera algo que ver con el valor o fuerza, por eso no dejaría ver ni la más mínima muestra de duda en su andar.
Su concentración era impecable, Stormfly lo notaba en cada facción del rostro de su prima mientras la perseguía. Bien la pudo a ver alcanzado, a todos de hecho, pero obviamente tenía más autocontrol que el resto de sus compañeros. Aunque el llamado de la sangre siempre puede más, así que trataría de darle una pista a su prima de lo que sería el resto, claro, sin que ella lo notara tanto.
-¡Que te alcanzo, prima!- le gritó al mismo tiempo que aumentaba el paso, casi a punto de alcanzarla para darle un pincho con un cuchillo en alguna parte de la espalda.
Su sorpresa fue grande cuando Astrid, en vez de girarse y cubrirse o dar la vuelta en una de las esquinas, dio un fuerte brinco llegando por encima del muro de madera del laberinto, tal como ella la estaba haciendo. Claro. Con una falta de equilibrio, pues casi se cae. Ella era una buena prima, pero como todo Hofferson, le gustaba competir y ganar. Así que la siguió de la misma manera. Una nueva persecución se libró por encima del laberinto.
Los pocos que observaban el entrenamiento no pudieron evitar sorprenderse ante la nueva expectación. Entre los dragones que no pudieron evitar emocionarse, por fin algo interesante pasaba. Sin duda la joven cadete Hofferson era lo poco que había de sorprendente de aquella generación.
-Ni se les ocurra decir nada- advirtió con antelación Hookfang a los gemelos.
-No sé de lo que habla, señor Pesadilla- fingió demencia Blech- ¿Tú sabes de lo que hablas, querido hermano?-
-En lo absoluto, estoy entretenido observando a la prima de Stormfly dando un buen espectáculo- Siguió la desatendida conversación de su hermano.
Ambos gemelos ríen al unísono de manera estrepitosa. El peli rojo quería destrozarles la cabeza… ¡Y no se quedaría con las ganas! Se abalanzó sobre ellos para atrapar entre sus grandes manos las cabezas de ambos gemelos. El susto y sorpresa de ambos no les permitió reaccionar de manera coordinada, pues chocaron entre ellos en un intento instintivo de correr. Hookfang los tenía a su merced, con fuerza apretó los cráneos de los gemelos, esperando escuchar los agudos y lastimeros quejidos de dolor de sus dos víctimas, pero nada salió. Ambos rubios estaban de brazos cruzados como si esperaban algo.
-… ¿Cómo que no duele, verdad hermano?- dijo Barch.
-Recuerda la herencia hermano- le dijo Blech.
-O si, cráneos duros- dijo Barch recordando la historia de sus ancestros cuyos cráneos fueron utilizados como la punta de la maza.
Para Hookfang fue como un escupitajo. Entre todas las sartas de tonterías que representaban, decían y lucían los dos Thorton, tenía que ser la ridícula historia de los cráneos. Sin sentirse del todo satisfecho, los libera, pasaba de aquello.
-Hay que darle crédito, fue un buen masaje- dijo Blech tronándose el cuello en un movimiento giratorio.
-¿Cobras por hora o…?- preguntó Barch a su amigo temperamental.
Este les muestra su maza en llamas y los dos gemelos callan al instante.
-Perras…- les dijo Hookfang con una marcada sonrisa llena de malicia.
Su atención volvió justo cuando todas las paredes del laberinto empezaron a caer debido a que la persecución de ambas Hofferson tambaleo una de las estructuras de madera y esta, al caer, se llevó de paso a la que tenía adelante, esta hizo lo mismo y todas empezaron a caer como tablillas de dominó.
Hiccup, que se había quedado quieto en todo momento, se dispuso a ponerse de pie y correr fuera del ruedo como sus demás compañeros. Apenas y se puso de pie cuando la voz de Astrid llega a sus oídos.
-¡Hiccup!- grita la rubia mientras caía encima de él.
Un montón de polvo se levantó por la caída de la estructura de hierro y madera. Fue un milagro que Hiccup puso por mera coincidencia su escudo en su pecho, ya que el hacha de Astrid se incrustó en la superficie de madera, situada en el pecho del peli castaño. Ambos jóvenes tenían las piernas enredadas evitando que se pusieran de pie de manera inmediata. Además que Astrid se negaba a soltar su hacha.
Hiccup sin duda disfrutó la cercanía accidental con la rubia vikinga de sus sueños. Definitivamente los dioses lo bendecían en ese momento después de toda una vida de malas jugadas y escupidas en la cara; un momento de gloria y estaba agradecido con ello. Escuchó una burla por parte de los gemelos por la comprometedora posición de ambos, poco le importó, quería disfrutar el momento. Podía ver y sentir a Astrid tratando de zafarse de su "atadura", trató de ayudarla en su tarea, pero ella estaba decidida a no escucharlo.
El momento se rompió cuando de entre la madera sale Stormfly bastante sucia y desarreglada. Su característica trenza estaba medio desecha y tenía tierra hasta debajo de la ropa. Sin duda, parecía una vagabunda después de una pelea de borrachos y si había algo que realmente que le molestaba, era ensuciarse. Gira su cabeza y observa a su "querida" prima de pie, con el pescado parlanchín hijo del jefe. Ella estaba bien, limpia, un poco sudada, pero limpia con todo en su lugar…
Astrid, conociendo mejor que nadie a su prima, supo lo que pasaba por su cabeza. Se dio una rápida ojeada y comprobó, a su pesar, estaba más presentable que ella.
-Mierda…- masculla entre dientes.
Antes de que alguien dijera algo más, Stormfly grita de forma colérica y se lanza hacia su prima. Ésta, al ver venir el inminente ataque, se agacha para recuperar su hacha. Pero esta se encontraba firmemente incrustada en el escudo de Hiccup, trató ahora de levantarla con todo y escudo clavado, más la protección de madera y metal estaba afianzado del brazo del peli castaño. Maldijo mentalmente, seguro le había hecho algo raro para que no se le saliera. Así que optó por deslizárselo del brazo a tirones de lo más brusco.
Poco le faltó al brazo del Haddock para que se le saliera de su lugar, para su alivio Astrid pudo sacarlo antes de que le pasara algo serio. Con una precisión e instinto maestro se gira soltando un duro golpe con su hacha. No quería matar a su prima, pero no evitó que le diera con la rosca de metal del escudo justo en la nariz. Los que vieron ese seco golpe, pusieron una mueca de dolor. Eso dejaría marca.
-Hija… de… ¡Puta! ¡Me rompiste la nariz!- se quejó de forma muy estrepitosa mientras se tambaleaba del dolor con ambas manos en la nariz, de la cual brotaba sangre.
Astrid respiraba agitadamente, sin duda se había salvado de una muy buena. Si bien se pasó un poco de fuera pues su hacha salió disparada de su mano a no sabía dónde. Sentía un leve remordimiento por tener que romperle la nariz a su prima, pero desconocía cualquier método de sacarla de su estado de frenesí. Todo con un buen golpe.
Cuando la rubia de mechón azul levantó por fin su vista, se encontró con la última persona que esperaba encontrar. Él estaba ahí, observándola con esos ojos verde neón sentado en las gradas con los brazos extendidos y su espalda recargada en los asientos de atrás de él. Se veía tan genial.
Los demás espectadores, dragones y cadetes dirigieron su vista al punto enfocado por Stormfly. Más de uno se quebró la quijada por abrir demasiado grande la boca. Otros comenzaron a sudar frío con la presencia del peli azabache. Entre los presentes había uno de ellos que se encontraba más que nervioso, ese era Hiccup. El joven de ojos verdes esperaba que su nuevo amigo no hiciera un alboroto, pues aunque para Tooth le era desconocido que su presencia era sinónimo de espanto, pero para el resto no. El resto no.
Mientras todos digerían la presencia del Furia Nocturna en las pruebas, cierta chica con afición a tirar cuchillos se perdía en aquel brillo verde que parecía desprender luz por cuenta propia. Hasta el momento que el rostro de su amor no tan secreto se contrajo en una mueca de asco, desprecio, decepción, como si viera algún insecto horrendo cubierto de excremento y era a ella a la que miraba. Sí, se veía mal, estaba sucia y despeinada y su sangre le manchó toda la ropa y parte del rostro… pero no era para tanto ¿Verdad?... su respuesta llegó cuando dos zorras con poca ropa llegaron de la nada a recargarse entre los brazos del peli azabache mientras le reían coquetamente y le mandaban gestos de burla y desprecio a ella.
Tooth miró el encuentro hasta el punto donde la rubia del hacha le quebró la nariz, cerró los ojos en una mueca de dolor. Recordó cuando de pequeño también se rompió la nariz, una experiencia dolorosa y ver que la rubia de los cuchillos recibir tal golpe… le hizo mirar para otro lado. Hasta él sintió el golpe. Cuando volvió a mirar ella lo miraba a él con un brillo un tanto incómodo. No duró mucho el contacto pues sus ojos se posaron en toda esa sangre en su rostro su nariz.
-Vaya… tendrá que tirar esa ropa- piensa mientras mueve de un lado sus labios.
No supo por qué, pero sintió en ella crecer cierta hostilidad y sus ojos miraban al vacío. Como si estuviera en sus propios pensamientos.
(Nota: a los que se dieron cuenta, que bien, pero a los que no; toda la parte de Stormfly y las miradas de odio de Tooth y las mujerzuelas… eran parte de la muy dramática imaginación de nuestra chica de cuchillas afiladas XD).
De un momento a otro Stormfly se pone erguida y a largas y pesadas zancadas va a donde se encuentra su prima, que también estaba estupefacta con la presencia del legendario chico pelo azabache, no vio venir a su prima que le dio, en estándares, una patada de caballo en su muslo izquierdo delantero de forma recta. El golpe fue seco y con tanta violencia que derribó a Astrid hacia adelante, cayendo de boca contra el suelo de piedra, lo que generó que se golpeara los labios y la nariz, de ambas partes salió un poco de sangre; más del labio inferior que el golpe se lo abrió.
Sin nada más, Stormfly se alejó de su prima hacia una cubeta de agua situada en una de las orillas del ruedo, necesitaba limpiarse. El silencio reinó por varios segundos.
Astrid, que desde el suelo se quejaba un poco, se levantó de golpe al sentir una mano que se posó en su hombrera de metal. Era Hiccup, que al parecer quiso ayudarla a ponerse de pie. Astrid lo miró por unos momentos, la miraba con compasión, lástima… luego su semblante se endureció. Estaba enojada, muy enojada. Le dolía la pierna y le ardía la cara, y él… estaba bien, no porque fuera una gran guerrero o porque tuviera grandes habilidades de supervivencia o un extenuante entrenamiento que llevara tras de él. No. Por mera cobardía el intento de vikingo se escondió en una esquina y espero lo mejor, avergonzando así a su gente y a todos los valerosos que cayeron peleando para proteger a cobardes como él. Eso para ella era ya de por si un insulto, pero el que la mirara de aquella manera… la hizo explotar.
-¿¡Todo esto te parece una broma!?- le grita al peli castaño a la vez que le da una manotazo a su mano- ¡La guerra de nuestros padres pronto será nuestra! Elige en qué bando estás…- Hiccup se quedó callado observándola con cierta sorpresa y un poco de temor, cualquiera de los presentes pensaría que ahí se quedaría la cosa, salvo que Astrid siguió- Espera, se me olvidaba ¡No tienes un bando, porque eres un don nadie!- más de uno se viró hacia Astrid sorprendidos- Eres una vergüenza para lo que representamos y lo que somos ¿Qué esperabas al venir aquí? Tú lo sabes ¡Toda la aldea lo sabe! Eres la deshonra de Stoick el Basto y un peligro andante para todos, déjame serte clara ¡La única razón por la que sigues vivo ha sido únicamente por la benevolencia de tu padre, un auténtico vikingo y jefe, cuando toda la aldea lo único que desea es que el hijo de una cerda muerta hubiera muerto de frío en la intemperie!- los presentes guardaban silencio sin intervenir, lo que decía la joven rubia no era algo de lo que estuvieran en desacuerdo, pero las leyes vikingas dictaminaban cierto grado de respeto a la sangre del jefe de la aldea y eso incluía a la esposa. La cual no era un secreto que casi media aldea habló mal de ella, a espaldas del jefe, por engendrar a tan débil heredero y otras cosas que la tenían como marginada de manera no pública.
Hiccup conocía las tradiciones vikingas y sobre muchos de los "malos augurios" a la que su gente le temía. Entre ellos eran que si el bebé nacía demasiado pequeño o débil, se le dejaba a la intemperie o se le arrojaba al mar en una pequeña canoa. Sólo sobreviviría si los dioses querían que viviera. Él fue una excepción, su padre no hizo caso alguno a las tradiciones ni a los consejos de los aldeanos cercanos a él. Por amor a su madre no lo dejó a su suerte ni tampoco se volvió a casar después de la muerte de su madre, todo por honrar a su amor perdido.
También era consciente de los insultos no tan sutiles que recibía a su persona y a su padre, que por mero respeto y temor no lo hacían en presencia del jefe. Pero para nadie era un secreto el inmenso desprecio de la aldea hacia el vástago del jefe. Ahora lo escuchaba directamente de ella una de las pocas personas de su edad que no lo molestaban o insultaban a su persona por ser como es él, más de la persona de la que secretamente estaba enamorado… dolía mucho. Los ojos le picaban, hacía un gran esfuerzo por no soltar las lágrimas para no echar al suelo el poco orgullo que tenía. Algo verdaderamente difícil.
Astrid sabía que debía parar, pero la sangre caliente no abandonaba su cabeza. Lo que dijo a continuación iba a desatar un montón de sucesos que ninguno de los presentes comprenderían.
-Pero sabes, fuiste realmente útil como carnada. Fuiste la distracción perfecta para poder contratacar a Stormfly. Ese seguro debe ser tu lugar. Morir… morir como la mierda de troll que eres cuya única finalidad será alimentar gusanos- al finalizar escupió al suelo una mezcla de salvia y sangre en señal de desprecio.
El silencio se hizo dueño del ruedo como las sombras de nubes que bloquearon el sol dejando un ambiente bastante tétrico. Incluso los dragones sintieron un frío que les caló hasta los huesos y un temor se apoderó de sus cuerpos. Stormfly, que observó todo en silencio, temió por su prima y las posibles represalias que le pudieran esperar contra el mismo jefe y una posible reprimenda a su clan. A la menor de los Hofferson no le pudo a ver importado menos si hirió los sentimientos de Hiccup, no por insensible, el daño ya estaba hecho y no se disculparía ni menos se echaría para atrás de lo que dijo. Más importante, quería recuperar su preciada hacha.
-¿Dónde estará?...- dijo mientras se giraba para buscarla entre el tiradero que había.
Los dioses le respondieron, más no de la forma que esperaba. Justo al girarse una hoja de hierro pasó por delante y tan cerca de su cara que pudo ver el tenue reflejo de ella proyectándose en ella. Ese instante fue eterno y en cámara lenta, luego todo volvió a velocidad normal. El objeto fue directo contra uno de los muros a una velocidad y fuerza tan exageradas que se clavó en la piedra como si fuera una simple pared de barro y paja. El objeto era la misma hacha de la rubia, que ahora estaba clavada en el muro del ruedo. Los ojos de toda la gente siguieron la trayectoria que siguió el arma y los llevó hasta una figura alta y con vestimentas oscuras y una afilada mirada que mataría de un infarto a muchos.
Furia Nocturna.
Su brazo derecho estaba extendido haciendo ver que él había arrojado el hacha, su mano izquierda lo colgaba de una de las rejas del ruedo teniendo parte de su cuerpo entre la entra y salida del mismo. Su mirada era comparable con la descripción del miedo, sus pupilas contraídas y los ojos muy abiertos, sumado a su ceño, daban el aspecto de un auténtico y fúrico heraldo de la muerte misma.
La confusión no le permitió a nadie el sentir o pensar algo.
-… ¿Le pasó el hacha a Astrid o se la tiró?- se atrevió a preguntar Tuffnuf, una pregunta más al aire que nada.
La respuesta llegó e hizo palidecer a muchos. El poderoso y temido Furia Nocturna levantó su dedo índice y señaló a Astrid, para luego escupir al suelo. Después de eso volvió a subir y con un una tétrica calma, se marchó.
Muchos de los espectadores se marcharon rápido del ruedo, los dragones bajaron al ruedo junto con Gobber para ver a Astrid. La pobre chica estaba temblando como un venado recién salido de su madre para toparse de frente con un lobo y su piel perdió color hasta semejar a la de un muerto. Su mirada a un único punto perdido en una ahora inexistente figura, varios admiraron la increíble muestra de coraje para no desmayarse o romper en lágrimas. Uno a uno de los presentes colocó una mano en sus hombros en señal de respeto y despedida, evitando mirarla en todo momento. Incluso su prima llegó a darle el pésame silencioso, en ningún momento la miró.
La Hofferson se permitió bajar la cabeza, estaba sentenciada y nadie de la aldea, ni su clan o prima la socorrerían. En resignación deprimente se marchó como condenado al Helheim en su lago de veneno y dolor eterno. A dónde, a su hogar, al menos al menos se despediría de sus padres.
Para fortuna de Hiccup los vikingos de su aldea eran unos tontos e incautos, ninguno hizo conjeturas o hipótesis de la razón por la cual Tooth le lanzó el hacha a Astrid… seguro para matarla, pero no lo involucraban a él en la ecuación. Pronto y en prisa corrió al bosque, debía detenerlo antes de que se adelantara a hacer lo que suponía que haría.
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-¡No la matarás!- llegó gritando incluso con la inmensa fatiga que su cuerpo presentaba.
-No sé de qué hablas- dijo Tooth con naturalidad.
-¿Entonces por qué el saco y el hacha?- señaló a ambos objetos en las manos del chico de cabello azabache.
-… Voy de pesca- se justificó ladeando los ojos.
-Eso es mentira ¡Y no sabes pescar!- le reprochó Hiccup.
- ¡Bien! si, iré cortarle la cabeza- admitió él.
La naturalidad con la que le dijo que iría a matar a alguien le perturbó hasta la médula.
-No puedes ir a matarla- le dijo con clara preocupación.
-Oh, claro que puedo- alzo ambas cosas que sostenían sus manos- Voy a donde vive, le corto la cabeza y la pongo en este costal para no ensuciarme ¡Y listo! Es fácil- le explica como quien dice dos más dos es cuatro.
-¡No me refiero a eso!- dice exasperado- Es que simplemente no puedes matarla.
-Se lo buscó- dice con ceño fruncido.
Hiccup entendía a lo que se refería con eso.
-Lo que pasó… no importa- dijo tratado de hacer menos aquello que ocurrió.
-Para mí si- dijo en seco. El Haddock se desesperaba más y más.
-Dame el hacha y el saco-
-Bien- dice mientras se los entrega y se dirige al bosque, Hiccup presiente algo con eso.
-No la matarás- le vuelve a gritar.
-¿Por qué coño no?- dice el Furia Nocturna dándose la vuelta en un berrinche- Dime una buena razón.
-Porque matar no está bien- le dice sin pensar.
-Dile eso a la aldea vikinga y a mi colección de cráneos.
Hiccup quiso volcar de nuevo las tripas al recordar el día en que Tooth le mostró en donde guardaba las cabezas de los desdichados a los que enfrentaba.
-¡No!- le dice aguantando el vértigo- Es que… ella…- empezó a tartamudear- Mygrustra- dijo rápidamente.
-¿Eh?- dijo confundido Tooth sin entender lo que había dicho su amigo de camisa verde el cual estaba rojo como tomate.
-Por favor no me hagas repetirlo- suplicó el de ojos verde bosque.
-Pues tendrás que explicarme- dijo Tooth cruzando sus brazos contra su pecho.
-…Dame una hora- pidió para después marcharse de nuevo al pueblo en una nueva carrera, seguro sus piernas lo matarían después. Sin embargo ya tenía una idea. A Tooth le gustaba averiguar y descubrir cosas por su naturaleza curiosa, una de las cosas en común, y en su casa poseía un libo que le explicaría a su amigo lo que sucedía sin ninguna necesidad de intervenir él pues de seguro se muere de vergüenza en un intento de explicarle y conociendo a Tooth no soltaría el libro hasta terminarlo.
No tardó en localizarlo, lo tomó con rapidez y vuelve a la ensenada. Casi cae muerto de la fatiga, con las pocas fuerzas que le quedaban le pasó el libro. Tooth lo toma y lo mira curioso, lo abre y empieza a leer.
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-Así que te la quieres coger- dice de forma natural el de los ojos neón.
-¡No!
-¿En serio?
-Bueno si… no, espera ¡No!- dice de forma nerviosa mientras su rostro se inyecta en sangre.
-¿Sí o no?- le vuelve a preguntar- Porque si quieres te la traigo, te la coges y luego la mato.
Hiccup quedó sin palabras, no podía evitarse, tendría que explicarle.
-Es que… a mí me gusta- dice mientras se rascaba la cabeza de forma nerviosa- Desde pequeños siempre la he visto de lejos y me gustó a primera vista…
-Estás enamorado- a Hiccup le sorprendió la rápida deducción del azabache- El libro lo dice- le explica él leyendo sus pensamientos- Un tipo le gusta una tipa, ella igual; se enamoran… - hubo unos segundos de silencio hasta que él volvió a continuar- Pero no parece que a ella le gustes… ¡La mato!- se da media vuelta y sigue caminando.
Tooth sintió un leve peso extra en su espalda, al girar el cuello ve a Hiccup subido arriba de él dándole un abrazo alrededor del cuello.
-Oye, si quieres un abrazo, pídelo- dice dándose la vuelta, pero al no ser soltado por Hiccup le dio la vuelta a él también-… ¿Qué haces?
-Trato de detenerte- dijo mientras aplica un gran esfuerzo en apretar el agarre del cuello. Tooth apenas lo siente.
-Sabes, estoy orgulloso de que por fin me atacaras… pero debo pedirte que pares-
-No-
-… Sabes… sólo te estás cansando, no me haces nada- trató de razonar el azabache.
Ante esto Hiccup se bajó y salió corriendo a unos arbustos.
-Bien, gracias- se da la vuelta para seguir su camino a la aldea, tenía una cita con una rubia… de pronto sintió una punzada de dolor en la cabeza. Al girarse vio a Hiccup con una rama algo gruesa entre sus manos. Tooth estaba contento, por fin lo atacaba con algo ¡Y le causó daño! Estaba a punto de felicitarlo cuando Hiccup le dio entre los ojos con la rama. Al tercer intento Tooth atrapó la rama con una mano, se la quito de un tirón y luego la partió y arrojó lejos.
-Muy bien, vasta-
-Prométeme que no le harás daño- dijo con determinación en sus ojos.
-…Deberás te la quieres coger- dijo asombrado el de ojos neón.
-¡Cállate!- gritó ruborizado mientras se le lanzaba encima en otro ataque, pero esta vez Tooth lo toma del chaleco de oso con una mano, lo alza y lo sacude. El movimiento ataranta al peli castaño dejándolo mareado. Tooth lo suelta al chico en el suelo.
-Nunca ataques de frente a alguien más fuerte que tú- le aconseja con una sonrisa- Y ahora que estás de ánimos, vamos a practicar tus ejercicios- dice mientras lo toma del cuello de la camisa y se lo lleva cual costal de papas. Hiccup puso cara de póker, sin duda se lo había ganado por jugarla al valiente.
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Al día siguiente todos los reclutas estaban en el ruedo listos para una ronda de extenuante ejercicio y combates cuerpo a cuerpo, aunque se sentía cierto aire lúgubre en el aire. Uno incómodo, pues faltaba un miembro, Astrid. Los gemelos y Snotlout ya la daban por muerta por su ausencia, sólo Fishlegs e Hiccup sabían que seguía respirando. Uno por que su familia hacia pan y se enteraban de todo y el otro porque tenía contacto directo con el más temido de la isla. Después de una ronda de flexiones agotadoras, se les concedió un descanso para que se refrescaran. En los asientos de descanso situados en las orillas se reunieron los cadetes, salvo Hiccup que permaneció alejado de los demás.
-¿Saben si habrá quema vikinga o no quedó nada de ella?- preguntó Tuffnuf de golpe.
Los demás se le quedaron viendo por la crudeza de sus palabras, no muy lejanas a los pensamientos de los demás.
-No está muerta, sólo… no vino a entrenar- dijo un titubeante Fishlegs.
-…Es más probable que esté muerta- dijo de nuevo el gemelo rubio.
En las gradas los dragones escuchaban la conversación de los cadetes, todos voltearon a ver Stormfly que traería una venda dándole una vuelta a su cabeza para proteger su nariz y el ungüento que le pusieron para el dolor e inflamación.
-Está viva- dijo sin mover el cuello, debía evitar movimientos bruscos.
-Vaya… a estas alturas debería estar muerta- dijo Barch.
-Si… nunca había visto que el señor seriedad le arrojara un hacha a alguien… sin duda la despezará y se la comerá- agregó Blech.
-Él no come gente- interrumpió brusco el peli rojo a los gemelos- Le cortará la cabeza cuando mucho, limpio y certero y dejará el cuerpo en la tierra para ser comida de ave- ante esto todos asintieron, menos la rubia de mechón azul, que además de no poder mover mucho la cabeza, no quería saber del futuro deceso de su prima.
La pobre chica se negaba a dejar su habitación y abrazaba con fuerza su hacha. No era para menos ni un acto de cobardía. El azabache era temido hasta por los putos dioses y el clan Hofferson oraba en silencio y lloraba la inminente perdida de una de los miembros más queridos y prometedores del clan. Esperaban todo en silencio, como la sombra de muerte que se cernía sobre otra indefensa víctima.
-Sigue encerrada en su cuarto, la pobre lloró parte de la noche- explicó a sus compañeros la rubia.
-Vaya…- dijo Hookfang haciendo una mueca.
-¡Ni se te ocurra burlarte!- le advierte la Mortífera.
-No me iba a burlar…- aclaró de forma sería- Siento pena- sus palabras no tenían carga de burla ni desprecio, más bien de empatía- Se lo aterrador que puede llegar a ser ese tipo- dijo recordando el suceso de hace años, cuando el Furia Nocturna le partió la mandíbula.
-¿No piensas hacer nada?- le preguntó Meatlug a la rubia Hofferson.
-No hay mucho que pueda hacer- dijo con cierto pesar.
-¿No le quieres hacer daño a tu noviecito o no quieres enfadarlo?- se burló Barch.
Ante esto la rubia le lanza una mirada asesina, se arrepintió de inmediato ya que le dolió la nariz en el proceso.
-Dudo que ustedes pudieran hacer algo al respecto- dijo molesta.
-Dah, si me diera el tiempo que le dio a tu prima ya estuviera un océano de distancia de él- dijo con naturalidad.
-Hay que reconocerle eso, no escapó cuando pudo hacerlo- alagó muy a su estilo Hookfang.
Los Gemelos Espantosos asintieron, era muy valiente sin duda la chica Hofferson. La conversación de los dragones llegó a oídos de Hiccup, que se colocó cerca de ellos para escuchar la conversación y conocer el estado de Astrid. Apostaba lo que fuera a que la pobre permanecería encerrada toda su vida esperando a que Tooth entrara de golpe a su casa para arrancarle la cabeza. Era obvio que debía hacer algo al respecto, eso si quería que Astrid volviera a ver la luz del Sol.
Al terminar el entrenamiento fue a la cala para tener una charla con su amigo con tendencias decapitadoras.
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-¡Tooth!- lo llamó el aprendiz de herrero. El mencionado estaba durmiendo de cabeza en una rama del tronco hueco. Algo extraño, pero estaba acostumbrado.
-¿Qué pasa?- dijo somnoliento.
-Nada, sólo un día más de frío y de entrenamientos de muestra, ah, y Astrid no quiere salir de su casa por tu sutil amenaza de muerte- le explica de forma sarcástica.
-Sabes, ahora sé que siempre hablas sarcásticamente- señaló el azabache mientras se descolgaba de la rama con un ágil movimiento.
-No es momento de bromear- dijo exasperado- No saldrá nunca de su habitación porque cree que la esperas afuera con un hacha.
-No muy lejos de lo que planeaba hacer… pero me aburro rápido así que también planeaba derribar la puerta de ser necesario.
-¡Tooth! ¡Por los malditos dioses! Debes de arreglar eso- le dice en medio de un exagerado movimiento de hombros.
-Que se quede ahí- dijo enfurruñado- No le haré nada al fin y al cabo.
-¡Tooth!- lo regaña. Tooth gruñe.
-Está bien, la sacaré de su casa- antes de seguir caminando Hiccup lo detiene.
-¿Cómo planeas hacerlo?-
-Mmm… buena pregunta- dijo pensativo.
-Hay que armar un plan porque sacarla a rastras no es una opción- ante esto el azabache chupó los dientes-
-¿Y si habló con ella?
-Tu tiempo conmigo te acostumbró a hablar mucho, pero cómo lo harás sin enseñar los dientes- le interrogó el joven.
-Es un punto- dijo meneando la cabeza- ¿Por lo general qué se hace para decirle a alguien que no quieres matarlo?-
-Pues… se dan regalos en algunas ocasiones, ofrendas de paz- explica pensativo el Haddock.
-Dejémoslo en regalo- advirtió el de ojos neón, no le agradó eso de ofrenda de paz, sonaba a sometido.
-Bueno, bueno- dijo Hiccup entendiendo que no debía jugar con la suerte ni la paciencia casi infinita que le tenía Tooth a sus pedidos- ¿Qué le piensas dar?
El Furia Nocturna pensó por un momento lo que podría darle.
¿Cabezas?
No muy convincente, después de todo él quería la suya.
¿Un arma suya?
Pura chatarra a palabras de Hiccup.
¿Matar a alguien?
Descartada, Hiccup no deseaba muertes.
Una idea llegó a su mente.
-Ya sé lo que le daré- dijo con orgullo. Hiccup le iba a preguntar el qué, pero Tooth prosiguió- Hiccup, te aprecio y te considero mi mejor y único amigo, pero debes de confiar en mi de vez en cuando, que también estoy aprendiendo y deseo sorprenderte- las palabras del ojos de verde neón calmaron a Hiccup. Él quería cambiar- Y quiero que escarbes un hoyo como ejercicio de espalda- le dijo con una sonrisa dentada de puntas.
Hiccup refunfuñó, mejor empezaba ahora. Tooth sonrió satisfecho, ahora, a buscar el regalo. Esperaba que lo que buscaba estuviera donde siempre lo veía…
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-Ahora todo está arreglado- llegó vitoreando su hazaña. Hiccup apenas escarbó un metro y medio.
-Que bien- dijo contento- ¿Ya salió de su casa?
-Sí, incluso su familia empezó a festejar, se veían felices- dijo inflando su pecho ante la primera interacción que tuvo con la aldea y que saliera exitosa.
-¿Cómo lo lograste?- dijo con interés dejando de lado el agujero.
-Te contaré…
Flashback…
Tooth se dirigía a la aldea con el regalo a cuestas en su espalda. Era pesado y su consistencia dificultaba su transporte. No quería arrastrarlo para no maltratarlo, presentable, se repetía constantemente. Por eso le dio con una piedrota en la cabeza y llevarlo lo más fresco posible. Mierda, como le pesaba.
Hizo memoria para recordar en que parte de la aldea vivía la molesta rubia… Astrid, necesitaba empezar a utilizar nombres. Por su camino se encontró con poca gente, eso agradecía, no quería atención innecesaria. Después de un rato de caminata por fin llegó a la casa, tenía ciertas partes pintadas de azul, además de que era de las pocas con un hacha de madera en el techo. Dejó caer su regalo al suelo y este se convulsionó un poco.
Tooth arremete a patadas en la zona de la pedrada para asegurarse de que no se levantara y escapara. Una vez terminada la sesión de golpes, se dirige a la puerta. Consideró patearla, se detuvo a tiempo a si mismo de aquello, con duda levantó la mano derecha y tocó a la puerta.
Pasaron unos segundos y sus oídos captaron el sonido de pisadas. Aquí venía alguien. Se pudo erguido y serio. Nada de hablar.
Un alto rubio fornido y con mucho músculo en los brazos abrió la puerta con claro mal humos en su rostro. Nada le duró la expresión pues la sorpresa la sustituyó, luego a preocupación. El rubio frunció el ceño.
-Seguro y es el padre- pensó Tooth al ver el mismo ceño fruncido que Astrid.
Hubo un silencio entre ambos. Axel, padre de Astrid, esperaba a que el hijo Maldito del Rayo y de la Muerte dijera algo. Sabía a qué se debía su presencia, seguro vino por su única hija, su orgullo y lo más preciado que tenía. Deseaba con todas sus fuerza clavarle su hacha en la cabeza, matarlo con unas inmensas ganas… pero conocía el resultado de un encuentro contra él. No tenía posibilidades. Eso lo frustraba más. La impotencia.
Mientras el rubio alto estaba en su cabeza, Tooth esperaba impaciente, asimiló que conocían el por qué estaba ahí, pero incluso con la intención asesina de aquel tonto, decidió calmarse, terminando rápido podría irse a dormir.
Hizo ademanes con la mano, indicando su estatura y una más pequeña e imaginaria persona. Axel comprendió.
-Frigga- gritó el hombre dentro de la casa, sin dejar de mirar al azabache- Está aquí- informó el barón jefe de los Hofferson.
La esposa de Axel era una mujer rubia de ojos azules y de consistencia gruesa, escudera y maestra de la lanza y del escudo. Ella salió de la cocina con un delantal puesto con un vestido marrón y un rostro marcado por las ojeras por la falta de sueño. Se enteró en el mercado del pueblo lo sucedido en el ruedo y, como madre que era, se lamentó del destino inminente de su única hija. Una esperanza en ella creció al ver que el Segador de vidas no llegó el mismo día, quizás los dioses ampararon a su hija e hicieron obra contra el Furia Nocturna. Se dijo así misma lo incrédula que era. Como si los dioses pudieran doblegar a aquel sombrío guerrero.
Con resignación subió a la planta de arriba. Al menos despediría a su hija. No tuvo que tocar la puerta de su hija pues ésta misma la abrió. Traía sus hombreras de metal puesta y su característica trenza dorada. En su mirada había un tenue de miedo, pero con la llama de la determinación. Si iba morir, sería con hacha en mano. Pasó su mano por el filo de su hacha y luego la sostuvo con firmeza. Su madre se llevó ambas manos a la boca al ver lo valiente que era su pequeña hija. Sin duda era toda una vikinga y su más grande orgullo. La abrazó por última vez y le dio un suave beso.
Astrid bajó primero las escaleras, su madre la seguía por detrás, en silencio. Lo primero que vio fue a su padre, delante de él, su verdugo. Trago la saliva que se acumuló en su boca. Mostró el mejor gesto guerrero que pudo. No mostraría temor. No en su muerte.
Tooth giro la cabeza en dirección del sonido de pasos en la madera. Ahí estaba, la causante de su dolor de trasero. Con un hacha en la mano.
-Natural- pensó él- ¿Nunca la suelta o qué?
A lo que iba… pero antes…
Soltó un rápido golpe en el estómago al tipo de adelante, éste se dobló ante la fuerza del impacto que ni si quiera miró venir.
-Por ser una peste- pensó irritado por la manera en la que no dejaba de mirarlo y más aún, le estorbaba.
Frigga fue apresurada a socorrer a su marido caído, éste levanta la mano para que se quedara en su lugar. Jugó mucho con su suerte al encararlo, iba a perder a su hija, no quería perder también a su mujer. Se levantó despacio y le dejó espacio para pasar.
Tooth entendió gustoso el gesto, entró apenas un poco a la casa y encaró de frente a Astrid. Ella estaba en las escolares de madera, expectante.
Tooth hizo memoria de los libros que había leído. La señaló con su dedo haciéndola estremecer… luego señaló al padre de la susodicha. Axel esperaba aquello, padre e hija compartirían el mismo destino ahora. Frigga rompió en llanto, ahora perdería a su querido esposo a las puertas de su casa. Tooth vio con poco interés a la señora. Supuso que tal vez era… la madre de Astrid… sacude su cabeza.
Lo siguiente consterna a los tres miembros de la familia. Después de señalar ambos señala con su pulgar hacia afuera. Supusieron que los mataría enfrente de su propia casa y delante de los demás Hofferson que se asomaban de sus hogares. Un bastardo muy sádico sin duda. Él sale seguido de los dos Hofferson, Frigga le pasa su arma, un hacha de un filo, luego le da un beso rápido. El hombre le sonríe a su esposa y sale de la casa junto con su hija. Valhala. Recitó en su mente.
Una vez afuera ambos Hofferson se sorprendieron al ver al Furia Nocturna sentado encima de un gran oso marrón muy oscuro. El animal sangraba de la nariz y de la boca. Tooth los miraba a ambos de forma seria. Señaló al oso y después Astrid que se movió hacia atrás como si el dedo del azabache la empujara a esa distancia.
Tooth estaba un poco nervioso, no quería recurrir a palabras. Era mucho el riesgo. Volvió a hacer el mismo gesto, ahora ella se miraba sorprendida, supuso que era una buena señal. Parecía que perdió el miedo. Volteó a mirar al padre de la susodicha, éste mostró una reacción parecida a la de su hija. Bien, más directo.
Se puso de pie y levantó al oso sobre su cabeza, camino un poco hacia ellos y lo colocó delante de él. Ahora señaló al oso, al padre de la rubia y luego a ella. El rubio vikingo abrió su boca sorprendido. El de ojos verde neón sonrió internamente, parecía que logró comunicar lo que quería.
-¿Es para ella?- preguntó dudoso.
Eso le molestó un poco. Pateó al oso varias veces con fuerza. La fuerza de las patadas mueve al oso hacia Astrid. Lo vuelve señalar y luego a ella.
Axel se quedó mudo, voltea a mirar a su hija que encontraba paralizada. Miró hacia atrás y contempló que su esposa compartía su reacción. También los chismosos que salieron a ver lo que sucedía, estaban aún más sorprendidos.
Tooth esperaba algo impaciente algún indicio de "todo bien" para poder marcharse. Los murmullos se hicieron presentes, todos clavaban sus ojos en la figura de él. Se incomodó mucho, quería irse. Ya.
Tomó al oso con ambas manos por el pellejo y lo alzó lo más que pudo. Fue a la puerta con paso firme y pesado, la señora se quitó de su camino, agradeció eso. Y con toda la fuerza que pudo reunir, aventó al oso a la entrada. Su intención era meterlo… pero calculó mal el tamaño de la puerta y la del oso que por poco rompe el marco de la puerta quedando atascado. Masculló un "mierda" que nadie escuchó. Empujó al gran animal pero no avanzaba, bien pudo romper el marco y meterlo. No. No quería más problemas así que lo dejó ahí. Él lo trajo, ellos harían lo que quisieran con la bestia.
Se dio la vuelta para ver a varios de los habitantes, no supo si eran familiares o no. Todos lo miraban como si esperaran algo. Dudoso, señala a la rubia que apenas si sostenía su hacha y le extiende la mano y la mueve por el aire hasta el oso atorado. Esperando que lo aceptara.
Todo el mundo empezó a gritar de emoción y se acercaron a ambos Hofferson en una efusiva marejada de palmadas y risas. Axel permaneció en silencio, hasta que se dirigió a él.
-Muy bien…- dijo aun con algo de asombro en su mirada- Esta bien.
Esa era la señal. Sin más, se marcha en medio de lo que parecía ahora un festejo. Sonrió. Sin duda lo logró, se moría por contárselo a Hiccup.
Fin del flashback
-Y ahora todo está arreglado- dijo contento poniendo sus manos en jarra.
Esperaba una felicitación de su amigo, pero en vez de eso una piedra en la frente le pegó.
-Oye, eso dolió- dijo molesto mientras se sobaba la zona del golpe.
-¡¿Sabes lo que hiciste?!- dijo mientras le tiraba más piedras que el azabache atrapaba en el aire.
-Eh… les di comida para una semana y una nueva cobija- su idea era darles comida, a quién no le gustaba la carne, así que sería un buen regalo. El oso era grande.
-Regalarle un oso a una mujer es un signo de compromiso- dice en medio de una agitada respiración- Te acabas de comprometer ¡Te vas a casar con Astrid!- le gritó molesto el peli castaño.
-… ¿Qué?
Si llegaste hasta aquí son por dos cosas, te saltaste todo hasta acá o te gustó tanto el cap. Que no pudiste resistir el leer las negritas XD. Espero y les haya gustado el capítulo, pero les diré un secreto… el cap. Iba a ser más largo, pero lo tuve que cortar, bien sé que los capítulos largos son de mucho de gustar a la gente, pero si se pasa de rosca… marea, así de simple. En fin, aquí doy las gracias a:
Mokeyd95: oye, oye tranquila, aclaro, soy varón… espera… sí, soy varón jajajajaj XD no me hagas mucho caso, estoy medio loco, pero sin el medio. Me gusta leer comentarios así, de gente a la que logré atrapar en el trama de mi historia, sintiendo cada una de las emociones. Espero a ver logrado eso en este capitulo para ti y para los demás que lo leen. Espero ansiosos el comentario. Aclaro. No es yaoi. Nos leemos luego.
melgamonster: no te martirices demasiado, no fuiste el primer lector que tuvo que hacer eso, pues no todos están acostumbrados a ver a dos hombres jóvenes tan unidos, pero hago mención a que recuerden que antes las cosas eran muy diferente, por no decir liberales, cuando la amistad abría paso a la hermandad, sobre todo en culturas bélicas. Cuando los verdaderos lazos de amistad y confianza nacen del acero y la sangre. De hecho debes de recordar esto, porque he estado investigando la cultura nórdica y encontré datos interesantes. Jejejeje, nos leemos luego!
Draco Trainer: objetivo completado, sorprender a los lectores, me recuerda la primera vez que subí una historia. Al principio todos pensaron que sería otra adaptación "copia y pega" pero BANG no se esperaban nada de lo que les tenía en KFP y más o menos ese es mi plan para HTTD. Gracias por comentar.
GHOST AZ: vaya, vaya, otro fan de vikingos, que bien! a mi me gustó la serie, con todo y sus defectos. La idea es darle por fin al fandom una historia fuera de la trama sobre exagerada que se tienen. Un día leía una historia de HTTD tipo avatar y terminaron por poco tirándose genkidamas y hadouken jajajaaj, hay que saber cuándo parar y si bien habrás sucesos sobrenaturales (porque creo en esas cosas) tampoco tiraré kamehameha en la historia. Espera toques que muchos olvidan en las historias, como el hecho de que no respetan el tiempo que en realidad se toma para viajar en barco y de la temprana edad en la que se empezaba a luchas de verdad en la era vikinga. Espero y hayas disfrutado el cap. Nos leemos luego!
Mariano: seguro y te partiste de la risa en algunas partes del cap XD, no quiero olvidar un poco el humor, pero no todo será miel sobre hojuelas, espera un trama más oscuro para adelante.
Kyoko ayusawa: esa es más o menos la idea! Un poco de justicia a la mal ubicada y trastornada cultura vikinga. Entre ellas, es que practicaban el infanticidio. Lo sé, crudo y espero que este nuevo cap sea lo que esperabas. Próximamente nos leeremos, no desesperes jajajaja
: … orale, un premio de la academia al review más largo del cap. 2 de mi historia! Muchas gracias por comentar, esta clase de comentarios me hacen querer seguir escribiendo más, pero lo que me preocupa es el hecho de que tal vez tarde más esta vez jejejeje, así es, no es que pueda hacerle mucho. De nuevo muchas gracias por el comentario y que te guste la mágica amistad de estos dos personajes coffcoffnoesyaoicoffcoff , huy! Que toz, jejejejeje. Espero y haya sido de tu agrado el capítulo, nos leemos luego!
Fantasy Branca Snow: jajajajaaj no eres la primera alcarada ni serás la última de seguro jejejeje, espero que a futuro no te parezca muy cruda la trama, pues pienso agregar cierto carácter a la historia que pudiera medio tambalear a los acostumbrados a "miel sobre hojuelas". Gracias por el comentario, y espero y te haya gustado el cap.
Melodiosa: coño! Que no es yaoi la cosa esta, uff, no eres la primera ni creo que seas la última que quiera que esto sea yaoi. No. No es yaoi ¬¬… en fin, me alegra tener tu comentario y espero nuevas de ti. Nos leemos luego!
