Hoooola a toos, lo prometido es deuda y ahora lo subo este hermoso domingo. Espero que lo disfruten tanto como yo y PORFAVOR leer los comentarios finales. Los dejo con el capítulo nos leemos abajo!

Capítulo 5: Temple de guerrero.

Hiccup tenía más confianza entre más acertaba un blanco cada día, han pasado dos semanas desde su inesperada victoria en la segunda prueba y su amigo Tooth no dejó que se le subiera a la cabeza, pues casi inmediatamente después se lo llevó a correr junto con él. Dos semanas corriendo por el bosque sin duda le estaba ayudando a conseguir mayor condición y resistencia para el arco, cosa que necesitaba más que nunca, pues este le consumía casi entero al finalizar una práctica con Tooth.

Hiccup lo admitía, sus pies los sentía más ligeros y menos torpes que antes, claro, tras a verse caído incontables veces de cara al suelo le enseñaron que un pie siempre iba delante del otro. Tampoco es que pudiera compararse a la velocidad de su amigo, que bien podía dejarlo atrás en un parpadeo, más éste se queda no muy cerca de él para cerciorarse de no perderlo de vista.

Las cosas subieron de nivel cuando el azabache le dijo que irían a cazar. Él nunca ha ido a cazar. Bueno, en realidad sí, pero terminó muy mal aquella experiencia donde el jefe optó por nunca llevarlo de nuevo. La primera cacería fue un simple conejo. Una plaga en su isla debido a uno de los aldeanos que tenía una granja de conejos, pero en una de las incursiones de los… ya no sabía si llamarlos Salvajes… en fin, esta terminó mal y dejando sueltos a los conejos que se metieron al bosque a tener sus amoríos.

Sin duda Tooth se sabía el bosque de memoria, pues lo llevó justo a un sendero natural donde solían pasar los conejos. No tardó en ver a uno. Recordó el nerviosismo que se paseó por su cuerpo, temía fallar, de decepcionar a Tooth. Fue la misma mano de él lo que lo calmó. Escuchó sus indicaciones, atento, pero sobre todo, podía ver que él si creía en él.

Falló.

Por supuesto.

Pisó una rama y el ágil conejo corrió lo más rápido que pudo ante el ruido. Tooth no me regañó a Hiccup. No. Estaba aprendiendo, dijo él, pero si me mando a perseguirlo. Terminé lleno de hojas, tierra y algo que espero que sea lodo. El conejo no volvió a aparecer, en su lugar encontré un jabalí, uno muy enojado. Ante la furia del animal caí hacia atrás lleno de temor, éste no dudo en atacarme. Traté de cargar el arco con múltiples temblores en mis manos. No iba a lograrlo. El jabalí apenas estaba a tres metros de mi cuando salió disparado en retroceso. No porque desistiera, sino porque una lanza se clavó con tanta fuerza en su frente que la punta terminó saliéndole por detrás empalando al jabalí dándole una muerte contundente.

Fue una suerte que Tooth decidiera traer una lanza, no hubiera alcanzado a llegar corriendo.

Eso me desanimó, volver a sentir la impotencia, el miedo inundar mi cuerpo dejándome estático, inútil… pasaron días donde sólo empeoraba, el temor de ese accidente no se iba y sabía que Tooth lo notaba. Le estoy causando demasiados problemas, eso me hace sentir peor. Él se esfuerza mientras yo me agobio con mis propios pensamientos.

Estaba en mi casa, era de noche, afuera estaba lloviendo con uno que otro trueno agregado. Estaba haciendo bocetos, líneas y cualquier cosa que distrajera mi mente. Mi atención me dejó absorto del exterior, pues Tooth me dio el peor susto que me haya dado… bueno, el segundo. Estaba empapado, señal que la lluvia lo había agarrado más no me aclaraba la razón de su presencia. No parecía molestarle traer la ropa mojada y su cabello escurriendo agua, pero aún así le pedí que fuera al fuego, no fuera que el poderoso Furia Nocturna pescara un refriado, aunque el dijo que nunca se había enfermado. Una parte de mi le creía.

Hablamos de muchas cosas, de los libros que hemos leído, practicamos su escritura y contestaba a todas sus dudas sobre todo lo que le llegara a la cabeza, principalmente sobre mis bocetos de mi libreta. Me morí de vergüenza cuando la curiosidad de mi amigo lo llevó a las últimas hojas de esta, donde tenía dibujos de Astrid, fue un rato de bochorno para mi pues el insistía en que… bueno… que hiciera "cosas" con ella.

Fue cuando tocó el tema de mi miedo. Que no era miedo a aquella experiencia, sino sobre mi falta de confianza.

Dudé en contarle lo que pensaba, no sabía cómo reaccionaría, pero si no era con él… con quién más lo podría compartir… respiré hondo, sería una larga noche.

Empecé con el principio del recorrido de mi racha de mala suerte. Cuando todos los niños jugaban fuera de sus casas, yo estaba encerrado enfermo, me cansaba rápido y siempre salía lastimado por mi mismo y mi insana curiosidad por conocer cosas nuevas. Y lo nuevo siempre asustaba a los vikingos. Mencioné sobre mi poca presencia vikinga, la falta de fuerza y agallas que muchos de mis congéneres de misma edad empezaban a desarrollar. Una vez mi padre fue a un viaje donde duró dos años fuera por asuntos diplomáticos y a su regreso esperaba ser recibido con la imagen de un Hiccup menos… Hiccup, para resumir, pude ver la desilusión en su mirada y el brillo de envidia al ver a los otros niños más cambiados, más grandes. Nunca lo fui. Ese día mi tío, Spitelout Jogerson, cabeza de su clan y medio hermano de mi padre, se burlara en silencio al verme.

De ahí las cosas no mejoraban, aunque lo mejor de aquello fue cuando mi padre me llevó , contra mi voluntad claro, a ser el aprendiz de Gobber, un segundo padre para mí. Fueron años difíciles, en más de una ocasión salí estimado, lógico, un lugar cerrado con fuego, cosas muy afiladas y metal incandescente y si se agrega a un niño mortalmente curioso, era obvio.

Gobber fue el primero en creer que no era un caso perdido, me trató como su hijo y me defendió lo mejor que pudo, aunque yo nunca se lo puse fácil, pero aprendí el oficio, eso ya era ganancia.

Creí que mi historia sería aburrida para Tooth, pero siempre me prestó atención, de hecho no parpadeaba, eso me asustó un poco. Le resumí el resto de mi historia; intentos fallidos de ser vikingo ejemplar, más vergüenzas, los insultos verbales y daños físicos. Todo. Se lo conté todo, no dejé nada, al final me sentí más ligero, libre…

Tooth me miraba sonriente, mostrando aquella dentadura llena de colmillos blancos que atemorizarían a cualquiera, pero a mí me llenaban de alivio. Lo siguiente me sorprendió.

El empezó a contarme cosas de él, no las de ahora, sino de su infancia, llené algunos huecos para que evitara repetirlos, lo demás me dejó perplejo.

Nunca supo quién era su padre, yo me doy una ligera idea de la procedencia, siempre fueron él y su madre. Ella siempre lo cuidó, le enseño muchas cosas a su parecer, vivieron en el mismo hueco donde él vive ahora. Recordaba esas duras y frías noches sin un fuego estable, el calor lo mantenían abrazados uno al otro, comían lo poco que ganaba su madre y él. Siempre tenía hambre. Mucha hambre, pero ella siempre lo alimentaba, en ocasiones ella no probaba bocado por días. Sin embargo siempre le sonreía, nunca la vio triste, ni llorando. Claro, hasta que un día lo vio con sangre en su pequeña carita pues unos niños le habían tirado piedras. Ese día la vio llorar por primera vez, ese día sintió por primera vez el sentimiento que ahora conocía como ira.

Ella lo detuvo.

Lo sostuvo en un cálido abrazo para quitarle esas agresivas ideas, siempre le dijo que mientras ella viviera alejaría ese enojo con un abrazo, eso le gustaba a él. Los brazos de su madre. Me mostró las cicatrices de aquellas piedras que lo dañaron, no eran muy notorias pues su espesa y negra cabellera las cubrían, todas las tenía a los lados de su cabeza. Unas más profundas que otras. Otra de las cosas que nunca entendió era que su madre le ordenó que nunca hablara con nadie, entendí que era para no revelar su verdadero origen.

Todo era felicidad para ese niño. Hasta que sucedió.

Su madre enfermó y ni todos sus esfuerzos y trabajos menores le sirvieron. Ella murió llorando, no por el miedo a morir, sino que lo dejaría solo en ese mundo. Se disculpó. Una y otra vez pedía perdón. No supo por qué, ella nunca dijo nada hizo algo malo. Él también lloró. Lo último que le pidió fue que fuera bueno, que esta isla lo era, independientemente de la gente que estuviera en ella, él debía ser bueno. Luego ya nunca dijo más.

No lloré por mi historia, hace mucho que había dejado de hacerlo… pero la historia de Tooth me hizo soltar varias lágrimas, el seguía sonriendo. Me dijo "alguien debe sonreír". Sonríe torpemente. No estaba solo ahora. No estábamos solos ahora.

Somos amigos, le dije, los mejores amigos.

La mueca que hizo en vez de sonrisa me hizo reír. El resopló molesto, ahora sé que cada vez que sonríe ampliamente le sale esa mueca, no sé, será por sus dientes supongo. Medió un zape. Reímos más.

Una duda que siempre tuve sobre él era que si era fuerte, valiente y temido no vivía en la aldea. La razón fue obvia, no era normal, vivir en la aldea o congeniar con las personas era un riesgo disfrazado de la promesa que le hizo a su madre hace años. Entendía eso. Esa noche lluviosa significó mucho para mí. Ahora algo estaba claro. Sería más fuerte, fuerte como lo fue Tooth.

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En medio del mar, con una pequeña flotilla de barcos, navegaba al frente el imponente jefe Stoick El Vasto. Su mirada estaba clavada en un mapa que miraba como si este le hablara. Una mano grande y fuerte se puso en su hombro.

-Stoick- lo llamó su medio hermano.

-¿Ahora qué?- dijo de forma seria.

No es que odiara a su medio hermano, no, lo que odiaba era su actitud soberbia, desafiante y fastidiosa. Desde niños siempre hubo una riña invisible entre ambos, por ser el legítimo hijo de su padre y su actual matrimonio en ese entonces, siempre estuvo destinado él a ser el sucesor. Se llevaban dos años de diferencia, recordaba poco de esos tiempos, su padre había embarazado a la hija del jefe de ese tiempo de los Jogerson a un año de la muerte de su madre, la jefa de ese entonces. Las cosas se dieron como se dieron y lo demás fue historia.

No lo odiaba por nacer. Ni que su padre remplazara a su madre. Sólo le parecía un molesto engreído. Daba gracias a los dioses que no compartieran apellido.

-Tenemos que hablar- dijo seriamente.

-Ya te lo he dicho, esto es por el bien de la tribu…-

-No me refiero a eso- lo interrumpió, cosa que se consideraba una ofensa si se lo hacía al jefe o al Jarl (señor de una isla o pueblo nórdico), pero Stoick estaba más que acostumbrado a la altanería de Spitelout, pero su tono era más serio de lo usual y su semblante no asomaba ni una pisca de aquel inmenso ego que poseía- Es sobre ese tema-

-Lo hablaremos luego- le respondió el jefe peli rojo ya sabiendo a lo que se refería.

-No, no es mejor momento que el ahora- el Jogerson se cruza de brazos sin abandonar su tono- Debes hacerlo oficial cuando volvamos-

-Si es que volvemos- contentó Stoick poniéndose derecho encarando a su medio hermano.

Ambos vikingos se miran con cierto desafío, Stoick ganaba por una buena diferencia de altura así que lo miraba desde arriba. Spitelout resopló entre frustrado y enojado.

-Cuando volvamos hazlo oficial, ya es tiempo- dijo con cierto placer, pues sólo debía esperar, eso lo sabía.

Una vez que su medio hermano se fue a la otra punta del barco Stoick se permitió dejar caer los hombros. Mortificación, frustración y un pesar disfrazado de conformismo saltaban en su cansada mente. No le gustaba, pero no tenía de otra, su hijo era… no era como los demás, no era el vikingo que se esperaba que fuera, mucho menos un digno heredero al trono de Berk. Todos se lo decían, y por más que se esforzara en no escucharlos, en creer que pronto su hijo cambiaría y sería lo que se esperaba que fuera… no, él lo sabía, su hijo Hiccup siempre será un… Hiccup… se sentía mal rechazar a su propio hijo, más peor aun cuando tuviera que nombrar a su sobrino, Snotlout, como próximo su sucesor. Esas eran las leyes y lo mejor para Berk, su hijo la incendiaría en un accidente; era torpe, de pocas agallas, débil e inseguro… no poseía lo necesario para dirigir ni ser respetado.

Stoick tomó una decisión, una que lo llenaba de pesar, pero era lo mejor. La única esperanza que le quedaba era que al llegar su hijo estuviera radicalmente cambiado en un giro de ciento ochenta grados, pero no se haría esas ilusiones. Debía de estar atento más que nunca en el ahora.

La atención de Stoick se pasó a la densa neblina por la que navegaban bordeándola buscando algo, cualquier cosa o señal que les dijera que estaban cerca. El jefe recordaba las viejas historias de los Salvajes de la Neblina, cuantos de que eran demonios en pieles de hombres muertos, que escupían azufre y que salían de la neblina como los recién nacidos de su madre. Él no creía esas historias. En toda su vida seguro que mató decenas, quizás cientos de ellos, y algo de ello le decía; que si algo sangra entones puede matarse.

No eran demonios, pero actuaban como uno, recordó aquella noche donde perdió a su amada esposa por culpa de esas bestias, su impotencia al ver como se la llevaban y él se quedó atrás con su hijo en brazos… era por ellos que lo hacía, por toda la gente de su pueblo que perdió esposas, hijos, hermanos, padres, amigos, gente que amaban y eso le daba fuerzas. Los eliminaría. Traería la paz a su pueblo aunque se le fuera la vida en ello. Pero lo haría. Por su esposa. Por su hijo. Por todos.

-Rumbo a las puestas de la oscuridad- indicó el jefe señalando a la neblina.

El encargado del timón pareció dudarlo por un momento, pero agarrando el valor vikingo que corría por sus venas siguió las órdenes de su jefe. A todos los tripulantes y a los demás barcos les hirvió la sangre, si iban a morir sería con valor y deseos de luchar. Los cobardes nunca entraban al Valhala y eran vikingos, un gaje del oficio.

Los barcos se adentraron en la densa niebla, apenas viendo a un metro de distancia de ellos.

-¡Cuidado!- gritó uno de los vikingos cuando ya era muy tarde.

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Hiccup se encontraba con arco en mano y flecha lista para tensarse con la cuerda, delante de él yacía su infame y osado amigo y entrenador. Estaba nervioso, no lo negaría, era cierto que si Tooth puede atrapar un virote disparado de una ballesta a no más de seis metros de distancia lógicamente atraparía una flecha de un simple arco… pero eso no lo tranquilizaba.

-Debes acostumbrarte a dispararle a las personas- le dijo Tooth a unos quince metros de distancia.

-Preferiría que no fieras tú el blanco- el castaño destilaba nervios.

-No me vas a herir- respondió con simpleza.

-¡Wau, gracias!-

-Si tienes tiempo de quejarte, entonces puedes dispararme de una vez- el azabache ya se había acostumbrado al sarcasmo de su amigo y empezaba a entenderlo mejor.

-¿No sería mejor ir a cazar? Podría hacer un caldo de conejo- intentó disuadirlo con comida.

-Nah, ya estás mejorando en eso- el joven guerrero se cruzó de brazos- Debes de aprender que el uso verdadero de ese arco es para matar personas, para eso fue creado y hecho-

-Pero yo no fui hecho para matar…-

-… No, nadie nace hecho para matar, lo aprende- las palabras de Tooth sorprendieron bastante a Hiccup- Bueno, mucha charla, ahora dispara- sentenció el azabache.

El Haddock respiró hondo, calmando sus nervios, Tooth era fuerte y rápido, nada le pasaría.

Preparó la primera flecha, le resultó raro apuntarle a su único amigo, pero la sonrisa de él le indicaba que todo estaría bien y le creyó. La flecha tomó vuelo, una suave curva de subida en el aire para bajar con fuerza. Efectivamente iba a acertar en medio del pecho de Tooth, pero éste la atrapa sin problemas con su mano derecha sin mover ningún otro músculo.

-¿Lo ves? Todo está bien- dijo mientras mostraba la flecha y la rotaba por sus dedos- Otra- tiró la flecha al suelo mientras miraba divertido al aprendiz de herrero.

Con más confianza Hiccup preparó la segunda flecha sin tanto temor ahora. El resultado fue el mismo salvo que esta vez fue atrapada con la mano izquierda.

-Vamos, sé que puedes hacerlo mejor- retó el joven guerrero.

Más motivado a seguir, Hiccup se apresuró más disparar cada flecha, poco a poco tornaba un ritmo cada vez más rápido y Tooth empezó a usar ambas manos ante el creciente acelero de su amigo. Ambos jóvenes sonreían, uno porque de verdad se daba cuenta que su entrenamiento con el arco mostraba cada vez mayores resultados y el otro porque por fin veía resultados favorables y no al desempeño con el arco sino ante la creciente autoestima del castaño, el cual era el factor base de su pésimo desempeño y desánimo ante cualquier cosa. Si Hiccup quería mejorar debía salir de ese pozo donde él se metió y estaba más que dispuesto a sacarlo.

Hiccup no se daba cuenta ya de sus propios movimientos, la inercia y la costumbre de tomar, jalar, levantar y soltar le resultaba tan simple como respirar. Las flechas se le acababan, podía sentir el peso faltante del porta flechas, pronto terminaría así que decidió probar algo nuevo sin pensarlo demasiado. Cargó dos flechas al mismo tiempo, Tooth se sorprendió al verlo, soltó ambas flechas sin esperar nada. El azabache las atrapó usando ambas manos, sonrió ante la nueva demostración de habilidad de su amigo. Apenas saliendo de su asombro iba felicitarlo, pero no alcanzó a decir nada pues al ver a Hiccup con su última flecha ya preparada detuvo su cerebro.

La flecha ya iba a medio camino, la sonrisa de Hiccup se desvaneció en cámara lenta al ver la expresión de su amigo, algo iba mal. En efecto. Lo que vio fue a Tooth caer de lado sosteniendo la flecha contra su hombro. Le dio en el hombro. Le había dado a su único amigo en el hombro con una flecha.

-¡Tooth!- gritó asustado corriendo hacia él para auxiliarlo.

-Au, au, au- escuchaba los quejidos de Tooth que se levantaba del suelo lentamente sosteniendo la flecha contra su hombro- Au, au, a… jajajajajaja- las risas del azabache frenaron a Hiccup en su camino- Que no me diste- dijo burlón mostrando la flecha despegándola del supuesto lugar donde se clavó- Pero debo decir que me impresio…- las palabras se quedaron cortas, Hiccup le arrojó el arco dándole entre los ojos con el palo- ¡Carajo!- dijo el azabache ante el inesperado ataque.

Hiccup se fue dando zancadas lo más fuerte que sus piernas le permitían.

-Oye, espera ¿A dónde vas?- preguntó confundido caminando detrás de él.

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Gobber entró a la herrería, por la posición del Sol calculó que eran las dos de la tarde. Debía empezar unos pedidos atrasados, eso le daba pereza. Era el encargado del entrenamiento y la preparación de ellos le resultaba tediosa, luego debía hacer, reparar y dar servicio a muchos de los materiales metálicos de la isla. Ser el único herrero de la tribu tenía sus ventajas, pero también sus desventajas.

Cambio su garfio por el martillo, mejor empezaba ya.

El horno estaba caliente, era señal de que su aprendiz no olvidó sus obligaciones, pudo ver que del cuarto privado que Hiccup tenía adyacente a la herrería desprendía cierto brillo de la puerta entrecerrada. Su fisgonearía hizo acto de presencia, así que entró al cuarto aunque tuvo que agacharse. Ese enano la tenía más fácil.

No fue sorpresa encontrar a su alumno sentado en su escritorio haciendo sepa Odín qué, el muchacho trazaba líneas en un pergamino con mucha concentración y con algo en su mirada que no supo identificar. Pero estaba seguro de algo y es que ese chico estaba haciendo otra de sus locuras.

Es curioso el nombre que él le daba a sus "inventos", la mayoría de estos terminaban en un catastrófico desastre o en llamas ¡O en ambas! Siempre intentó frenar aquel ímpetu de hacer cosas nuevas ¿Es que el cabeza dura de aprendiz no podía hacer algo normal? Espadas, hachas, lo normal y que más se utilizaba en la aldea.

Sin embargo había algo que el herrero bigotón admitía; ese niño poseía talento en la herrería.

Desastre andante y pescado parlanchín y todo lo que la aldea quisiera, pero el condenado mocoso manipulaba el metal como si de arcilla se tratara. Es cierto. Esa habilidad en la forja no la adquirió de la noche a la mañana. Fueron años de prácticas y accidentes que vinculaban quemaduras y uno que otro corte. Al final todo resultó bien, ahora descansaba más tranquilo por las noches al saber que al menos su muchacho tendría una chanza de ser un miembro productivo para la aldea. Sólo rezaba a los dioses para que esas peligrosas ideas que el Haddock a veces tenía se quedaran ahí, en su cabeza.

-Chico- llamó el herrero. Hiccup dio un sobresalto ante la mención de su nombre- ¿Qué tanto haces?- se aproximó al castaño cuidando que los cuernos de su casco no golpearan algo colgado.

-Eh… nada- el nerviosismo delataba al castaño.

-A mentirle al trasero de un yack, algo escondes…- dijo acusatoriamente.

El Haddock estaba nervioso, esperaba que el herrero no se fijara en los pergaminos justamente pegados a unos escudos que estaban situados justo en su cabeza. No debía enterarse. Pensó en disuadirlo cambiando de conversación, pero eso sólo lo alentaría a fisgonear más. Tal vez debía mentirle… no, él se daría cuenta… sólo había un opción y era muy vergonzosa.

-Dibujaba- respondió al fin el aprendiz de herrero, lo cual no era del todo mentira.

-¿Qué exactamente?- entrecerró los ojos el vikingo de partes intercambiables. No es que no le creyera, detenerlo de hacer algún aparato que destruyera de nuevo la herrería, sí.

-… Toma- le pasó su libreta.

Gobber ya había visto la libreta de Hiccup, siempre solía verlo haciendo… bueno, haciendo algo porque siempre tenía la nariz metida en ella.

-La última página- no podía creer lo que estaba haciendo.

Gobber pasó al final del cuaderno, alzó ambas cejas luego volteó a ver a Hiccup con una mirada que lo incomodaba.

-Jejeje ¿Algo que me quieras contar?- la voz del herrero era burlona.

-No- dijo a secas Hiccup tratando de controlar el rojo de su cara.

-No está mal, chico, pero debes hacer otra cosa que no sea dibujar si quieres llamar su atención- aconsejó con aires de sabiduría.

-Lo sé, lo sé- quería zanjar rápidamente esa conversación tan incómoda.

-Muy bien, te recuerdo que esta noche es fogata en la torre Este, no llegues tarde- Gobber se disponía a salir del cuarto, para alivio de Hiccup, pero se gira de forma inesperada para ver a un exaltado Haddock cual gato miedoso- Por cierto, no es un secreto para nadie que te gusta esa chica Hofferson y desde tu intervención en la boda para algunos fue más que revelador jejeje, bueno, me voy a trabajar así que apúrate que debes echarme una mano con las herramientas del carpintero Hodlok-

Hiccup quería que la tierra se abriera y se lo llevara. Eso no lo sabía. Ahora menos ganas le quedaban de ir a la tradicional fogata de cadetes, pero debía asistir, esperaba que nada más pasara.

Con algo de pereza se levantó de la silla y se estiró tronándose varios huesos de la espalda de manera deliciosa. Uso la misma silla de apoyo para alcanzar una serie de pergaminos pegados a los escudos, por estar en parte podría hacerlos pasar por trazos al azar o un bosquejo incompleto de algo, pero si juntaba todos en el orden correcto rebelaba el plano de su futura creación.

Tal vez no era el vikingo más fuerte o respetado. Pero era el más listo.

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-Era una noche oscura donde el fuego alcanzaba a las copas de los árboles, y ahí estaba yo, luchando con mi hacha en mano cortando cabezas de Salvajes- dramatizaba el herrero frente una cálida fogata con un pollo empalado en su mano-vara.

Alrededor de la fogata se encontraban los jóvenes cadetes escuchando atentamente las historias de batalla de Gobber como si las pudieran ver las imágenes en la cabeza del vikingo veterano. Aquello era una tradición practicada en la iniciación de los futuros guerreros vikingos, una reunión con fogata, buena comida y acompañada de historias de guerra con la intención de avivar el espíritu competitivo de los jóvenes para que buscaran la gloria y el triunfo.

La mente adolescente vikinga era simple; vivir para matar y morir matando. Lo básico. Para cierto chico camisa manga larga color verde no podría ser más tediosa aquel rato. Al menos todos estaban tan absortos con las historias de su mentor, que bien podrían ser exageraciones, que no lo molestaban o miraban. Eso era al menos un alivio.

-Cuando de pronto uno de eso Salvajes me mordió la mano con esos enormes y amarrillos colmillos para escapar de mi agarre- los demás cadetes soltaron el aliento ante el repentino cambio de atmosfera- Pude notar el cambio de su mirada ¡Era delicioso! Debió correr la vos pues no paso ni un puto mes cuando entre doce de esos hijos de puta me agarraron y me cortaron la mano-

Todos, salvo Hiccup que conocía demasiado bien la historia, boquearon ante la dramática historia del herrero.

-Intentaron cortarme la pierna también pero mi amigo Finn llegó a mi auxilio y evitó que se llevaran, pero la herida que me hicieron se infectó y terminé perdiéndola también- terminó el vikingo de bigote rubio como quien cuenta habichuelas en su caldo.

A Gobber no le molestó perder ni su mano ni la pierna, era una batalla, una de las tantas de miles que hubo en defensa de la aldea. Para muchos era casi un trofeo las partes que pierden y una recompensa cada herida hecha en el campo de batalla.

Un honor que Hiccup quería prescindir en cualquier futuro cercano.

Los demás empezaron a conversar, unos hablaban de sus planes a futuro o de a cuantos Salvajes matarían. Hiccup escuchó a su querido primo, nótese el sarcasmo, decir algo de arrancar partes humanas con los dientes. Eso le asqueó.

-Como sabrán ya se acercan más a la última prueba- anunció Gobber interrumpiendo a los demás- Sólo el mejor de todos ustedes tendrá el honor de unirse a la guardia de Berk- el cuchicheo no se hizo esperar en los jóvenes.

En efecto, sólo el vencedor del entrenamiento final podría convertirse no sólo en vikingo, sino poder ser parte de la guardia de Berk, un grupo formado por la élite de la isla encargados de salvaguardar el bienestar y el orden público de la aldea. También eran los primeros en lanzarse frente a las incursiones de los invasores ya fueran Salvajes, piratas, Marginados u otros grupos rivales de alguna isla lejana.

Hiccup contempló la mirada azul de Astrid brillando con decisión, era obvio que quería formar parte de eso. Los otros también, pero a ella se le notaba un mayor deseo en ese objetivo.

Para él era casi raro. Era la primera generación en contar con tan pocos cadetes, los anteriores entrenamientos contaban de hasta veintidós jóvenes que pasaban por la adolescencia con el claro objetivo de convertirse en guerreros fuertes y también un paso necesario para la adultez. Fueran o no parte de la guardia; carpintero, pescador, granjero, etc. Todos debían saber luchar.

Peculiar que ahora fueran seis reclutas, pero no imposible. Las invasiones de los Salvajes de la Neblina no sólo hacían bajas vikingas entre guerreros o en las despensas. Era común la desaparición o muerte de infantes en medio del calor de la batalla. El índice de natalidad de la guerra era: la muerte no tiene edad…

Algo triste, más no poco común. Incluso la misma cultura nórdica practicaba el infanticidio para esos bebés que nacían débiles y enfermizos o para los que no eran reconocidos por el mismo padre.

En varias ocasiones le tocó a Hiccup escuchar el llanto de los bebés volviéndose silencio, congelados a la puerta de su propia casa. Eso lo hacía temblar por cierta empatía… el a nada estuvo también de terminar así…

Muerte…

Tan sólo había muerte si lo pensaba demasiado. Prefería no pensarlo. Mejor jugaba con el pescado que si bien ya estaba hecho seguía meciéndolo entre la llamas.

-Rápido y seguro se acercan a la siguiente prueba pequeños bribones, como muestra de que han mejorado les diré contra quien sigue la siguiente prueba- todo el grupo hacía sus apuestas mentales, no es que alguna de las dos fuera alentadora- Será contra los Gemelos Espantosos- sentenció el vikingo robusto.

-Ok, me daré de baja ese día- dijo Tuffnuf al instante.

-Yo te sigo- secundó su gemela.

-Por eso no les dije que día será- ambos gemelos quedaron con una perfecta cara de bobo estupefacto, esa no la vieron venir.

-Descuiden, no la pasarán tan mal- río el vikingo para después ponerse de pie- Me voy a la cama y ustedes también, mañana les espera un duro entrenamiento así que descansen- se retiró dando un largo bostezo.

Ninguno de los jóvenes dijo nada, Fishlegs masticaba de vez en cuando sus piernas de pollo. Los gemelos, que estaban milagrosamente callados, competían en silencio para ver cuál de sus pollos se quemaba antes. Snotlout lograba mantener su nerviosismo bajo control, había escuchado muchas historias de aquellos dos, ninguna buena. Hiccup quería irse, dejó su pescado a un lado de él, aprovecharía el momento sepulcral para marcharse.

-¿Algún consejo?- preguntó el Jogerson a los gemelos- Digo, no es que lo ocupe, pero si tienen algo que decir mejor díganlo- terminó con brusquedad.

Astrid rodó los ojos con desagrado, a Snotlout se le notaba lo nervioso a una milla intentar disfrazarla con enoja para que aparentara valentía le resultaba repulsivo, pero, estaba interesada en lo que dirían aquel par de tontos que tenía por compañeros.

Los Thorton parecían meditar su respuesta, intercambiaron varias miradas entre ellos, como si se pudieran comunicar con la mente. Cosa que perturbaba. Ambos asienten con la cabeza.

-Lleven doble pantalón con tres cinturones- dijeron al mismo tiempo.

Ninguno de los presentes se molestó en aparentar su nerviosismo salvo Astrid que sólo frunció el ceño.

-Escuché historias de esos dos- dijo el Ingerman mostrando su característico nerviosismo al hablar- Dicen que no ven diferencia en hombre o mujer y que comen hongos alucinógenos para producir ese humo verde con el que se esconden para acechar a sus víctimas-

-Si se esconden para pelear entonces deben ser unos cobardes- declaró el Jogerson con desdén.

-Escuché también que no sienten el miedo y que tenían un Salvaje encerrado en su sótano con el cual practicaban cosas extrañas e inimaginables- alegó el Ingerman defendiendo su punto no demasiado bien pues temblaba continuamente.

-Son exageraciones, la gente suele hacerlo, por ejemplo creen que la prima de Astrid tiene un cuchillo metido en la…-

-Termina la oración y te corto la mano, la arrojo al fuego y hago que te la comas- siseó Astrid de manera amenazante. El moreno ahogó las palabras en saliva y se la trago.

-Buena historia- dijo Ruffnuf- Pero…

-Si de algo estamos seguros es de tres cosas- siguió su gemelo- Una; alguien chillará como puerco-

-Dos; no podremos respirar por la nariz- continuó la Thorton.

-Y tres; alguien no sale virgen del ruedo- terminaron al mismo tiempo el par de rubios.

-Y que sólo una de las cosas que dijeron anteriormente era falsa- agregó Tuffnuf.

Hiccup no pudo evitar ponerse blanco. Necesitaba respirar. Sin que se dieran cuenta bajó las escaleras a paso veloz, no notando la mirada de Astrid que lo siguió en silencio. Ella pudo adjudicarlo a la cobardía, pero su instinto decía que escondía algo. Prefirió no darle muchas vueltas, mañana o cualquier día sería la prueba y necesitaba estar lista… y de paso buscaría un cinturón.

El Haddock caminaba a paso veloz por las solitarias calles de Berk, el silencio lo llenaba de cierta tranquilidad al estar acostumbrado a el y daba paso a sus pensamientos que lo entretenían continuamente en cualquier cosa menos en la realidad. Dicha red de pensamientos fueron cortadas cuando sus pies dejaron de tocar el suelo. No se asustó. Ya sabía de quien se trataba tan peculiar forma de saludarlo.

-Podrías saludar como las personas normales- le dijo con tranquilidad el castaño.

-Lo hiciera, pero cuando te metes en tu pequeña cabeza dejas todo por fuera- explicó el azabache que lo sostenía de la parte de atrás del cuello del chaleco de oso como una gata sostiene a su hijo- Deberías de dejar de hacer eso, un día podría no ser yo- dijo con la boca llena de algo.

-¿Qué estás comiendo?-

-El pescado que dejaste- la simpleza en las palabras de Tooth a veces dejaban a Hiccup con un dolor de cabeza.

-Sabes que alguien te pudo a ver visto-

-Sabes que ni queriendo lo hacen- la soberbia le salía por los poros- Además no tiene nada de malo que me vean, siempre y cuando no les hable-

-Lo extraño sería que el poderoso Furia Nocturna se apareciera de la nada a comerse el pescado del hazmerreir del pueblo- Tooth hizo una mueca de desagrado- Sabes que si la gente empieza a sospechar de nuestra cercanía tarde o temprano descubrirán tu secreto ¡Y ya bájame!-

Tooth alzó los hombros despreocupadamente y dejó caer de sentón al Haddock. Este se quejó y miro con reproche al sonríete amigo medio salvaje que tenía.

-así que serán los gemelos apestosos- extendió su mano para ayudarlo a ponerse de pie.

-Sí, eso parece- contestó sin mucho entusiasmo.

-… Mejor lleva cota de malla por debajo de la ropa-

-¡Tooth!-

-Es enserio-

-Entonces supongo que no tienen una debilidad- Hiccup hizo una mueca pensativo- Espero que mi entrenamiento con el arco me sirva-

-Sin duda, la distancia contra ellos es la clave- aconsejó el azabache- Aunque también podría ir a su casa en la noche y romperles las piernas-

-¡No, carajo! No les harás nada-

-Bueno…- dijo con desgano el joven de ojos verde neón.

-¿Ahora me dirán qué haces aquí?- dijo de forma aliviada el Haddock.

-Venía de devolverte tu libro-

Hiccup reconoció el cuaderno que Tooth sostenía.

-¡Es mi libreta!- exclamó arrebatándosela.

-La dejaste al lado de la Roca del Pensar- Hiccup recordó a la reciente y bautizada roca alta donde Tooth se subía a pensar.

-Bueno… gracias…-

-Lo leí…-

-… ¿Qué tanto?...-

-Todo-

-… ¿Y?...

-Que no entendí tus dibujos ni al derecho ni al revés-

-Lo otro-

-Ah, lo de que somos mejores amigos-

Aquella libreta no sólo era el lugar donde Hiccup hacia los bocetos de los planos de muchos de los inventos que quería crear o los dibujos de Astrid, también era una especie de bitácora más que diario donde ponía las cosas que revoloteaban en su cabeza. Entre los muchos escritos estaba el reciente e inimaginable suceso donde se haría amigo del Furia Nocturna, catalogando a este, de forma abreviada, su mejor amigo.

Para los vikingos la amistad no era tomada a la ligera. En aquel mundo bárbaro era más común la camarería o el compañerismo que una auténtica amistad, usualmente forjado en batalla y en diversas aventuras vividas. Hiccup nunca se atrevió a nombrar la relación que tenía con Tooth por lo mismo, ninguno de los dos ha compartido una lucha y si bien se compartían lo que pensaban eso no daba pie, según Hiccup, de que fueran los mejores amigos.

-Creí que ya lo éramos- el rostro de Tooth marcaba la perfecta confusión.

Debió suponerlo, Hiccup se quiso reír de sí mismo, pero a la vez quería saltar.

-Tooth, lo creas o no, eres increíblemente simple-

-¿Eso es un insulto?- arqueó una ceja.

-No. En lo absoluto-

Ambos comenzaron a caminar a la herrería, Hiccup necesitaba recoger algunas cosas, más le pidió a su mejor amigo, hasta a él le parecía extraño pensarlo, que esperara afuera, no quería revelar la sorpresa que le estaba preparando. Recogió las cosas, dejó el horno lo suficientemente caliente para que resistiera la noche y se marcharon entre las sombras al hogar del Haddock que cada vez era más frecuentado por el azabache.

.

.

.

Al día siguiente le espero de nuevo el exigente y casi mortal entrenamiento de Gobber, el cual vinculó a varíeles llenos de agua y un pedestal bastante alto mientras esquivaban piedras que el muy sádico del herrero se entretenía en arrojarles con su mano-catapulta, un arma no letal por su tamaño de mano pero si muy molesta y algo dolorosa. Dicha tarea le fue imposible para Hiccup y sus delgados brazos. Era cierto que los entrenamientos extra que llevaba por las tardes le estaban ayudando, pero difícilmente podría cargar el estándar de barril que un vikingo común puede levantar.

Luego Tooth lo espero para llevarlo de casería con el reto personal de darle a un ave en pleno vuelo, al castaño le constó todas las flechas la cruzada y no le dio a ninguno, aunque estuvo cerca de darle.

-Creo que deberíamos bajarle a la dificultad- decía Tooth mientras comía uno de los deliciosos pescados ahumados que le trajo Hiccup, para gusto de él, pues le trajo toda la variedad que existía en la isla.

-Tal vez un escudo con una diana pintada en medio- sugirió el Haddock.

-Sí, y yo lo llevaría mientras tratas de darme- dijo entusiasmado el azabache- Porque alguien ya no quiere que las atrape- acuso de forma no tan indirecta.

-Jaja- rio con sarcasmo mientras rodaba los ojos a un lado.

Tooth seguía comiendo, corrección, casi engullendo cada pescado. No cabía que su amigo tenía apetito, ya casi vaciaba la cesta. Mientras Hiccup se entretenía trazando los detalles del diseño de su nuevo proyecto, necesitaba ajustar algunos detalles.

-¿Qué es esto?-

Hiccup volteó a mirarlo, Tooth le mostraba una anguila negra con rayas amarillas.

-Es una anguila-

-Parece serpiente- dijo Tooth mientras la miraba por todos lados y le abría y cerraba la boca.

-Casi, pero son muy diferentes, estas suelen descargar rayos como los de las tormentas pero con menos potencia- Tooth hace una perfecta "o" con su boca.

-¿Y si tienen rayos por qué las pescan?- dijo confundido.

-A algunas personas les gusta, no hay mucha demanda en el mercado- explicó el muchacho.

-Yo no me comería esto ni de chiste, aprendía a la mala a no comer nada que brille así- dijo para después arrojar la anguila con repugnancia.

Hiccup empezó a reír por el comportamiento infantil del más poderoso guerrero de la isla. Algo por lo que muchos seguro pagarían.

Hiccup había traído más flechas para practicar, pensaba usar por primera vez en el entrenamiento y quería cerciorase de estar preparado para ello. Desde darle a distintos blancos a mayor distancia y disparar en movimiento. El azabache miraba entretenido como su amigo dominaba cada vez más el arco, pero no negaba que desearía que el castaño mostrara más entusiasmo con otras armas, lo dejaría eso para otro mañana, ahora debía procurar el cómo lo ayudaría. Observó a la anguila muerta que reposaba en el suelo, tuvo una idea.

-¡Hiccup!- ante el llamado repentino de su nombre al chico se le fue la flecha al bosque a una desconocida dirección.

-Sí- dijo desganado por perder una flecha.

-Acércate- el Haddock algo dudoso obedeció- Ven más cerca- la mirada de Tooth lo ponía un poco nervioso, algo le olía mal… literalmente, algo olía mal.

Sin aviso Tooth lo tomó del hombro y lo hizo girar de forma rápida haciendo que quedara de espaldas, esto asustó inicialmente a Hiccup, pero lo peor estaba por venir (no es una escena sexual, carajo, mal pensados y mal pensadas XD) sintió algo viscoso alrededor del cuello y colocarlo dentro de su abrigo colgándolo de sus hombros.

Hiccup miró asqueado a la anguila por debajo de su chaleco de piel con suma repugnancia, no es que no le gustara la anguila, sino que la sensación de tener aquel animal viscoso y muerto cruzar por su cuello no fue para nada agradable.

-Con eso estarás protegido- admiró su obra como si fuera el mayor logro de su vida.

-¡Tooth!- le reclamó- ¡Que puto asco!- intentó quitarse el animal de encima, pero las manos firmes del azabache se cerraron entorno a sus delgadas muñecas.

-No te la quites- sentenció firme el de los ojos verde neón, pero a sabiendas de que su amigo querrá una explicación continuó hablando- Es para protección- Hiccup pensó que se trataba de algún ritual o superstición para traer la buena suerte- Cuando vean que tienes a ese animal viscoso contigo les dará tanto asco que pasarán de ti- aquel intento de explicación lógica o religiosa se fue por el caño.

-¡No llevaré una anguila muerta debajo de la ropa!- tendría que tirar su ropa ahora pues el aroma de anguila muerta no se iría nunca.

-Lo harás o la convertiré en puré y te la untaré por todas partes- amenazó en señal de "definitivo" aquel asunto. El pobre castaño se asqueó de sólo pensar en cómo terminaría oliendo, tenía que pensar en un plan para deshacerse de la anguila- Te seguiré hasta el poblado para cerciorarme de que no la tires, créeme, te sigo muy seguido sin que lo notes – ese dato fue más acosador y perturbador que imaginarse así mismo cubierto de masa de anguila.

Resignado a cargar la anguila Hiccup decidió que ya era hora de marcharse al pueblo. Por el camino trató de encontrar al culpable de oler a mil demonios, pero al parecer sí se sabía esconder ¿Por qué? Porque cuando trató de deslizarlo y dejarlo caer disimuladamente una pequeña piedra lo golpeó en la nuca sin dañarlo de verdad. A sabiendas que no podía desecharla sin correr el riesgo de ser bañado después en los fluidos de esta se resignó a llevarla. Un aterrador pensamiento se instaló en su mente "¿Y si la prueba no era ni hoy ni mañana?" entonces tendría una anguila colgada posiblemente una semana.

-Mierda…- lamentó el castaño su mala suerte.

Los dioses comían uvas mientras lo miraban sufrir de forma entretenida ¿No tenían asuntos más importantes que andarlo jodiendo?

-Oye- lo llamó la conocida y distintiva voz de Fishlegs- H-Hiccup…-

-¿Eh?- el Haddock ni se percató de que ya estaba en el pueblo.

-Gobber nos mandó a llamar a todos al ruedo, creo que quiere decirnos algo importante- dijo de forma insegura el Ingerman.

Fishlegs era el que más se parecía a Hiccup en cuento a confianza se refería, era el inmenso tamaño del adolescente rubio lo que lo salvaba de ser un paria como el Haddock, pues poseía la fisionomía de un vikingo sobre alimentado de la aldea e Hiccup veía a muchos de ellos.

Lo que la parecía extraño era que Gobber los llamara a esa hora del día, usualmente Gobber comía a esas horas y el sí que se tomaba su tiempo para saciar su hambre.

-Bueno, al mal pasó darle prisa- dijo en su usual tono sarcástico.

Ambos jóvenes se encaminan al ruedo, Fishlegs iba mucho más atrás, siguiendo al Haddock desde cierta distancia. Para Hiccup no era extraño el comportamiento, podía adjudicárselo a su actual olor, pero lo más probable era que no quería que lo vieran con él. Eso seguro afectaría a su poca imagen respetable que tenía Fishlegs.

Era curioso. Cuando eran niños los dos eran grandes amigos, su curiosidad y su amor por los libros era algo que los dos compartían por sobre las armas o peleas. Se podría decir que fue su primer amigo. Uno que no le duró mucho. El tiempo destacó de forma diferente en ambos, mientras Fishlegs crecía Hiccup se quedaba igual, no, empeoraba pues en aquellos años de su niñez comenzó a manifestar los accidentes que lo caracterizaron del resto. Ante esto los padres de Fishlegs optaron por separar a su único hijo del castaño con la intención de evitar que la imagen del flacucho hijo del jefe afectara a la del suyo.

Triste para Hiccup. Mejor para Fishlegs. Pocas veces intercambiaron palabras dando entender que la amistad infantil de los dos se quedó en el pasado.

El tiempo pasó volando entre los recuerdos del aprendiz de herrero y no tardaron en llegar al ruedo. Hiccup notó de inmediato la presencia de su mentor, pero vio a los demás cadetes adentro y a los dragones en su respectivo sitio para observar. Seguro algo tenía preparado el bocón de manos intercambiables, en ese momento deseo tener su arco, se lo dejó tirado en la cala después de que su "mejor amigo" le enredara el viscoso animal.

Entró con paso inseguro, algo, y no era la anguila, le olía mal. Los demás estaban en el centro seguramente esperando la aparición del herrero. Hiccup pudo ver seis cubetas llenas de agua, eso le pareció extraño. También contempló jarrones distribuidos por varias partes del ruedo con una mecha que se interconectaban en un solo punto; el almacén.

Hiccup no era el único en presentir que algo andaba mal. La rubia había notado desde hace mucho la ausencia del entrenador y que su prima la haya dicho que entrara desarmada la inquietó aún más. Los otros estaban en las mismas condiciones que ella, todos sin siquiera un mísero escudo y los jarros a su alrededor no ayudaban a tranquilizar su mente. No. La ponían en alerta máxima.

Sorpresivamente las puerta del alancen se abrieron con un golpe sordo. De este salió un espeso humo verde muy denso y junto a él una chispa que se dividió en varios caminos que terminaron en los jarros que empezaron a desprender el mismo humo verde que salía por la puerta del almacén del ruedo. Los cadetes hicieron un círculo humano dándose las espalda en una defensa natural ante la poca visión.

-¡Bienvenidos sean a los juegos mojados!- dijo una voz cantarina de entre la neblina. Era Blech.

-¡El juego número uno de todo el archipiélago barbárico!- dijo otra voz que parecía venir de todos lados. Era Barch.

-Donde seis entran- el tono de voz de Blech se hizo más serio.

-Ninguno sale- terminó de forma tétrica Barch.

Los seis adolescentes sintieron un escalofrío correr por su vertebra y situarse por la parte atrás de su cuello.

-¡¿Qué demonios está pasando?!- gritó asustado Snotlout mirando en todas direcciones.

-¡Están en todos lado!- siguió Fishlegs igual de temeroso.

-¡No sean tontos, eso es imposible!- les regañó la Hofferson que trataba en vano de ver algo entre la neblina, odiándose a sí misma por dejar su hacha.

-Nop, no lo es- dijo Tuffnuf más calmado que el resto.

-Seguro le echaron algo al humo este- continuó Ruffnuf mientras olisqueaba el aire- Sip, alucinógeno de mariposa blanca- sentenció la rubia.

-¡¿Qué?! ¿Qué mierda es eso?- exigió Snotlout.

-Es algo que ellos inventaron, algo le hacen a la mariposa y la mezclan con su usual humo verde-

-Que por cierto lo bautizaron con el nombre de "Gas"- terminó Ruffnuf por su gemelo.

-¿Por qué lo llamaron así?- preguntó el Ingerman un poco interesado.

-Porque se parece a los gases que nos tiramos al cagar, Daaaah- dijo como si eso fuera lo más obvio del mundo.

-Y huele como uno, pero esta vez están presenciando una variante- anunció Tuffnuf- Este no huele mal, pero de lo que sea que está hecho más la mariposa blanca que le agregan provoca alucinaciones- ambos Thorton chocan cascos con soberbia.

-Parece que algunas personitas hablan demasiado- felicitó Barch a sus primos.

-Procuraremos que sean los primeros – se burló Blech.

-¡Hurra!... esperen ¿Qué?- ambos gemelos alzaron los brazos hasta que comprendieron a lo que se referían.

-Descuiden, sólo dolerá… un muchote-

Las risas de los Gemelos Espantoso hacían eco en el aire, o al menos así parecía, lo que fuera que le pusieron a ese humo verde les estaba afectando.

-Reglas del juego- anunció Barch- Las cubetas con agua tienen un propósito, deben bañar al gemelo que no se bañó el sábado-

-A diferencia de Gobber nos gusta rebelar los objetivos de forma directa, eso hace más entretenido el juego… para nosotros- estalló a carcajadas Blech.

-Sí, es simple, mojan al correcto y ganan… pero antes deberán encontrarnos- la voz de Barch sonaba a ultratumba.

-Y cuidado… nosotros si estamos armados- la voz de Blech sonó aguda como la de una bruja.

Desde las gradas los Dragones miraban la prueba a una distancia donde no les afectara la creación de aquel par de maniacos.

-¿No crees que esto es demasiado?- preguntó una tímida Meatlug.

-Tal vez, pero pelear contra los Salvajes tampoco lo es- opinó Hookfang con su usual seriedad.

-Barullo, llamas, multitudes, enemigos que no ves, trabajo en equipo, están poniendo en práctica todo con esta prueba- dijo con cierta satisfacción la Hofferson- Además a los dos les hace falta un baño-

-Sigo pensando que tal vez Gobber se le fue un poco la mano-

-Pues en realidad sí se le fue, literal- las dos únicas mujeres del grupo rieron divertidas. Hookfang rodó los ojos con desagrado. Ya extrañaba a los estúpidos gemelos.

Mientras tanto los seis cadetes miraban a todas las direcciones donde les pareciera ver o escuchar algo. Aunque bien pueden ser los efectos del alucinógeno que estaban inhalando. No se percataron que poco a poco se iban separando en grupos de dos; Astrid y Ruffnuf; Snotlout y Tuffnuf; Fishlegs e Hiccup.

-Espero que hayas traído doble cinturón- le susurró Tuffnuf ganándose un codazo del Jogerson.

-Sí alguno de tus primos muestra su sucio rostro lo voy ha… ¡Ahí!- gritó súbitamente el moreno lanzando el agua de su cubeta seguido del gemelo rubio hacia una larga sombra que se alcanzaba ver en el gas.

-¡Oigan, que somos nosotras, idiotas!- se quejó Ruffnuf mostrándose empapada junto con Astrid en similar condición.

-Oh, lo siento, te confundí con un chico- se burló Tuffnuf de su gemela.

-Te queda bien estar mojada, Astrid- coqueteó el Jogerson ganándose así el gancho derecho de la rubia que lo mando a besar el suelo, mientras que Ruffnuf le arrojó con su cubeta a su hermano dándole justo en la cabeza produciendo un fuerte choque debido al casco haciéndolo caer de sentón.

Apenas estaba recuperándose cuando cuatro pares de manos salieron de entre la espesura lo toman del chaleco y le tapan la boca mientras lo jalan de forma veloz. El pobre gemelo se perdió de la vista del resto de cadetes debido al denso humo verde que aún los rodeaba. Astrid se puso en guardia, lista para lo que pudiera pasar, cuando de pronto el grito rompió el silencio. De entre la densidad sale el rubio chillando y gritando lo mucho que le dolía cierta zona de su cuerpo trasero, no era para menos, traía un tenedor para pichar jamón clavado en un glúteo.

Ese momento de distracción fue el final para Astrid y Ruffnuf pues una cuerda corrió por debajo de ellas golpeando sus piernas haciendo que las dos cayeran y la Hofferson perdiera su cubeta. Se sintió estúpida al distraerse y también estaba sorprendida por lo rápido que se coordinaban los Gemelos Espantos para a verse movido atrás de ellas y usar una cuerda para derribarlas.

Poco le duró su asombro pues pudo observar como Ruffnuf fue tomada de los pies haciendo que se perdiera en medio del humo. Por suerte Ruffnuf alcanzó a quitarse las botas y correr hacia la pared más cercana, escalarla y salir del ruedo, no quería nada clavado en su trasero, le daba igual la prueba en ese momento pues estaba muy asustada.

Astrid caminaba de puntillas, evitando hace demasiado ruido para no revelar su ubicación. Su espalda chocó contra algo grande y por reflejo se da la vuelta para golpear a lo que fuera que estuviera ahí, pero se detuvo al ver que se trataba de Fishlegs y de Hiccup.

-¡No me golpees!- chilló asustado.

-Cállate- le espetó con rudeza, el rubio regordete la obedeció.

-Estamos perdidos, nuestras posibilidades descendieron bastante- susurró el Ingerman- Muy, muy…

-¡Puedes dejar de hablar!- lo regañó Hiccup que trataba de ver si podía localizarlos.

Astrid iba a regañarlos pero sintió un frío y muy afilado cuchillo en su cuello.

-SShhh- dijo a su oído- No te muevas- advitió acercando más la mortífera hoja de hierro.

-¡Astrid!- gritó Fishlegs cuando de pronto salió de entre la espesura verde uno de los Gemelos Espantosos, al instante, pero tembloroso, el Ingerman le arrojó el agua.

-Lo siento, gemelo equivocado- dijo con burla y una extraña mirada, luego se olio así mismo- Huelo a margaritas- ambos Thorton ríen de forma esporádica y demasiado fuera de sí. Los jarros se iban consumiendo por lo cual el humo se dispersaba de forma gradual.

-Tranquila rubia, sino te mueves no te pasará nada- dijo de forma ahogada pues intentaba reprimir una risa.

La rubia aprovechó esto a su favor y le tomó el brazo por donde la sujetaba y realizó una técnica de derribo que le enseñó su prima lo cual logró lanzar hacia adelante al Thorton que fuera. El otro gemelo al ver su igual en el suelo se internó en la neblina. Astrid apenas iba a reaccionar cuando sintió un fuerte golpe en la espalda, lo suficientemente duro como para ponerla de rodillas.

-Buen movimiento- aplaudió su atacante- Pero…-

-No lo suficiente- terminó el otro ya de pie.

-¡Oigan!- les gritó Hiccup.

Ambos gemelos posan su mirada en el pequeño y escuálido adolecente para luego sonreír con malicia.

-Nuevo objetivo- canturrearon los dos para volver perderse en el humo verde.

Hiccup sintió que ese arranque de heroísmo le costaría caro.

.

.

.

Mientras tanto los Dragones miraban todo desde arriba con cierta preocupación. Meatlug al ver a su pequeño primo en aprietos no dudo en ayudarlo a salir por uno de los espacios angostos de las rejas. Snotlout había salido gateando del ruedo y ahora estaba siendo torturado por su primo pelirrojo con una llave mata leones. Tuffnuf y Ruffnuf llegaron a lo último, el gemelo rubio tenía aún clavado el tenedor.

-Eso se ve doloroso- dijo su hermana al ver el tenedor hundido en la carne.

-Sí, pero duele más cuando… ¡Ay!- gritó al sentir como su hermana lo pico con su dedo- Se mueve…- el gemelo hacía un intento en suprimir las lágrimas de dolor.

-Es extraño…- todos voltearon a ver a Stormfly- No veo a Gobber por ningún lado…-

-¿No dijo que vendría?- preguntó un casi asfixiado Snotlout.

-…No… fueron Barch y Blech los que nos dijeron que llamamos a nuestros primos porque Gobber quería hacer la prueba- contestó la Ingerman.

Las dudas se disiparon al ver llegar a un sudoroso Gobber con el equipo médico designado para la pruebas, estos no tardaron en ver al herido y corrieron a atenderlo.

-¡¿Qué mierda está pasando?!- gritó entre fatigado, enojado y temeroso.

-Pues les dijiste a los Gemelos Espantosos que…- la Ingerman fue interrumpida por el herrero.

-¡Yo no les dije nada a esos descerebrados!-

Todos, excepto los Thorton, entendieron lo que sucedía. Blech

-Bueno, al menos se intentan controlar- dijo un poco aliviada la chica de mechón azul sabiendo de lo que pueden ser capaces aquel par si realmente querían.

-Sí, eso sería maravilloso- dijo Tuffnuf acostado boca abajo mientras lo atendían las curanderas.

-¿Qué quieres decir?-

-Lo que mi hermano quiere decir es que cuando nuestros primos inhalan esa cosa de la mariposa… bueno…-

-¿Bueno?- apresuró a que terminaran el herrero.

-Pierden el sentido- dijo Tuffnuf para luego gritar al sentir que retiraban el tenedor.

Los presentes cambiaron de color. Esto era malo. Muy malo. Perder el sentido significaba una cosa; trance. Aquel antiguo método era comúnmente usado con los guerreros Berserkers que al consumir un hongo entraban en un modo de frenesí sediento de sangre y se lo Gemelos Espantosos estaban en ese estado…

-¡Sáquenlos de ahí!- gritó Gobber mientras corría a la puerta de la jaula pues no cabía entre los barrotes.

Sólo Stormfly pudo caber entre los barrotes de hierro, los demás siguieron a Gobber, a ella no le tomó demasiado encontrar a su prima y sin pedir permiso la abrazo por la cintura y se la llevó cargando entre forcejeos del ruedo.

Hiccup quedó solo ahora.

El pobre chico miraba a todas direcciones asustado, no escuchó a su mentor llamarlo ni los gritos provenientes de afuera.

-Parece que sólo quedas tú-sintió Hiccup que el aliento de uno de ellos lo golpeó en la oreja.

-Vaya pena, pero nos divertiremos mucho contigo- Hiccup por más que giraba la cabeza no alcanzaba a distinguir nada.

-¿Verdad?- uno de los gemelos apareció justo delante del castaño dándole un susto.

Por inercia intentó lanzarle el agua de la cubeta, pero sólo logró mojarle los pies.

-Oh por favor- dijo en un lamento.

Tal vez tenía mejor condición ahora, pero seguía siendo demasiado cargar una cubeta de medida vikinga llena de agua, la cual le bastaría para bañarse.

-Ooooh, vaya pena- no lo lamentaba el gemelo que tenía de frente.

-Sí…- dijo el otro apareciendo de un lado.

-No hay agua- los dos internan en el humo.

-No podrás mojarnos- siseó Blech apareciendo y desaparecer.

-Pero aún podemos divertirnos- ambos gemelos salían y se volvían a meter en la cortina verde como un par de tiburones mostrando su aleta en el oscuro océano para luego desaparecer.

-Descuida, no te mataremos- aquello alivió un poco al castaño.

-Matar sería el fin de la diversión- ahora volvió a asustarse.

-Sabes, hermano, escuché que es común que algunos cadetes perdieran un par de dedos-

-Yo escuché lo mismo pero con las orejas-

-Pero…

-Con muchas cicatrices-dijeron al mismo tiempo mientras pasaban uno de cada lado de Hiccup para luego ponerse a dos metros de distancia de él con un cuchillo cada uno en su mano diestra y el otro en la izquierda.

-¿Comenzamos, pequeño heredero?- la sonrisa de ambos era perturbadora y se acercaban a pasos calmados.

Hiccup quería correr, gritar e incluso desmayarse… pero no lo hizo, eso sería arrepentirse de haber socorrido a Astrid y no lamentaba eso aun sabiendas de lo que le podrían hacer. Se quedó firme en su lugar y extendió los brazos esperando lo que fuera. Eso hasta que los Gemelos Espantosos se detuvieron en seco.

Justo en ese momento un viento marino sopló con fuerza sacando lo que quedaba del humo verde dejando todo despejado. Los que bajaron a socorrer a Hiccup por fin lo encontraron, pero delante de unos paralizados Thorton. Eso les pareció extraño.

El Haddock los miró con cierta duda. Miró a sus lados y no encontró a nadie o a algo que pudiera haberlos frenado. Más estaba sólo.

Miró a los dos Thorton que seguían estáticos y dio una paso hacia ellos, estos lo dieron también pero en reversa. Hiccup dio otro pasó y los gemelos repitieron lo anterior. Dio tres pasos rápidos y con cierta gracia vio como casi se tropezaban con sus propias piernas al retroceder demasiado rápido, con más valor Hiccup caminó hacia ellos y estos corrieron asustados a la bodega mientras expresaban el puro pánico en sus rostros.

El castaño asomó la cabeza y vio como los famosos Gemelos Espantosos estaban agarrados a la viga de madera del echo cuales gatos perseguidos por perro. Buscó algo con la mirada y encontró un trozo de tabla, lo tomó y cerró la puerta poniendo la tabla como trinquete desde afuera, dejando así al par Thorton más temidos de la isla encerrados.

Al girarse mientras se limpiaba las manos pudo darse cuenta de que todo el mundo lo estaban absortos e incrédulos.

-Bu-bueno ¿Eso es todo? Porque tengo cosas que hacer y… mis cosas, adiós- dijo de forma atropellada y nerviosa para trotar a la salida con el corazón a mil por segundo.

Todos lo siguen con la mirada como si le hubieran salido alas, sobre todo Astrid quien no se creía lo que acababa de presenciar con sus ojos. Gobber estaba en igual o peores condiciones, juraría que se le paró el corazón y el rayo de Thor lo golpeara. Esos y otros efectos habían entre los presentes.

Los Dragones, saliendo de aquel estado, caminaron hasta el almacén, quitaron la tabla y abrieron de par a par la puerta encontrándose a los otros dos miembros del grupo aun aferrados a la viga de madera-

-¿Ya se fue?- preguntó con cierto temor Blech.

-S-sí…- dudo Stormfly sin poder recuperar aun.

-Que alivio- suspiró Barch mientras él y su gemelo bajaban.

-¿Qué pasó?- demandó saber el pelirrojo.

-… No lo sabemos…- dijo Blech sin comprender sus propias palabras- Sólo… sólo quería alejarme de él…-

-¿Le tuvieron miedo?- preguntó burlón el Jogerson.

Ambos Thorton alzaron la vista con una irada que nunca habían puesto en su vida.

-¿Eso era?- preguntó Barch.

-No jodas- exclamó en asombro La Mortífera- Están asustados- no era una pregunta.

-Cre-creo que sí… estábamos asustados-

Esas palabras hicieron eco en todo el ruedo dejando a más uno tieso como estatua de piedra ¿Miedo? ¿Los Gemelos Espantosos tuvieron miedo? ¡¿De Hiccup?! Barch y Blech eran conocidos por no temerle ni siquiera al jefe de la aldea o a los dioses y ahora le tuvieron miedo a su escuálido hijo.

Pero no era la primera vez que algo así pasaba.

Primero el Haddock derribó a Meatlug con un golpe de su escudo. Luego puso en jaque a la mejor cazadora de la aldea y maestra de lanzadora de cuchillos y ahora hizo temblar de temor a Barch y Blech mejor conocidos como los Thorton sin miedo. Eso sólo significaba una cosa para todos.

Hiccup realmente era bueno. Mierda. Fuera el vencedor de las anteriores dos pruebas y hasta la tercera se dieron cuenta de que el pequeño cabrón era más de lo que aparentaba.

Esto lo desconocía por el momento el castaño, pero la aldea en ese mismo día lo empezó a morar con otros ojos, ojos que nunca esperaba recibir. En una noche su estatus cambió, el mañana le esperaría con una gran sorpresa…

Qué les pareció? Espero que sí les haya gustado, a mi me encantó y obvio les traeré más de esta historia. Qué pasará mañana? Qué nuevos retos le esperan a Hiccup? Ajajajajaaj todo para el siguiente capítulo jejejeejej, si les gustó dejen su comentario para saber su opinión y de ser posible responder sus dudas o a los mismos review.

También aprovecho para decirles que hasta después del día quince de octubre no tocaré mi laptop ni escribiré nada, por lo cual la publicación tardará un poco más. Pero seguirán siendo los días sábados o domingos los días que publique un nuevo cap. Otra vez. Hasta después del quince de octubre (domingo) no podre escribir nada pues planearé una sorpresa para un cumpleaños de un conocido. Gracias por su comprensión y ahora los agradecimientos.

Muchas gracias ha:

Fantasy Branca Snow: claro que vi la serie de nexflix y hasta el final, sí, obviamente mejorará a futuro pero hay cosas que no me convencieron de la serie que quiero evitar y espero que esos cambios te gusten. Eso sí, él no será para siempre el pescado parlanchín y te daré mayores sorpresas a futuro ejejejej e.e…

NAZH045: ajajajajaj seguro que con este se te salen los pulmones jaajajajajaj espero poder leer más de tus historias y que el cap haya sido de tu agrado ajajajajaj seguro quesí. Nos leemos luego!

Monkeyd95: espero no haberte hecho esperar demasiado jeejejej y que te haya gustado el capítulo y agradezco tu paciencia y también que este capitulo fuera de tu agrado. Nos leemos luego!

lady-werempire: jajajajaj descuida, no hay problema XD. De hecho la actitud sobre exagerada o el vocabulario casi infantil de Tooth se debe a que la mayor parte de su vida estuvo en aislamiento y esa actitud, fuera de la violencia, me base en una investigación de un caso de un infante donde sufrió de un aislamiento casi completo, por eso le cuesta actuar como alguien normal, no porque no pueda, sino que no sabe cómo. Gracias por comentar. Nos leemos luego!

: me alegro saber que te gustó mi anterior cap. Y espero también este haya sio resultado de tu agrado. Sin duda eres la que más largo me escribe los review lo que me motiva a seguir escribiendo con mayor intensidad. Jajajajaj seguro en este sonreirás como niña en pastelería y me gusta saber que la relación de amistad entre hiccuo y Tooth te conmueva. Ambos son dos almas solitarias, las dos se ayudaron y se dieron luz cuando más oscuro se encontraban. De eso trata la amistad. Muchas gracias por leer mi historia. Nos leemos luego!