Hola a todos… lo sé, soy un infeliz malparido, pero oigan, al menos sigo acá jejejejejeej espero que disfruten tanto de este capitulo como yo lo hice escribiendo. Sin más que decir, disfrútenlo.
Capítulo 7: Hermanos.
Era de mañana, tan temprano hasta al punto que ni los gallos estaban cantando en los tejados y la Luna iba apenas despidiéndose de los cielos para dar paso al astro rey. Pocos eran los que estaban ya despiertos; pescadores oportunos con ganas de ganarle al Sol, uno que otro guardia repartido por la aldea para vigilar, los centinelas en las torres de guardianes con forma de aguerridos hombres con hacha y escudo alzados y una boca deslumbrante de luz avisando a todo barco que lo viera que la isla estaba lista para recibirlos de manera pacífica o amenazante pues las inmensas estaturas centellaban fuego por boca y ojos dándoles un aspecto intimidante.
La otra persona que se encontraba despierta era una chica de cabello rubio dorado trenzado con una cinta de cuero curtido y adornada con puntos de hierro a su alrededor que hacía función de sujetar parte de su cabello para el flequillo terminara por cubrirle su ojo izquierdo. La chica se encontraba en los principios del bosque practicando con su hacha favorita lanzándola a un árbol a unos metros de ella, raídamente iba por ella para luego lanzarlo a otro árbol situado al frente del mismo.
Este era uno de los muchos ejercicios que realizaba la chica, su cuerpo y ropa estaban llenos de hierbas y tierra producto de esos. Las grietas de los árboles soltaban mucha información, por las viejas marcas de algunas partes se notaba que no era la primera vez que iba a practicar su lanzamiento y las distintas profundidades marcaban el estado de humor de la chica. Éste día en particular las marcas eran más profundas que las anteriores.
Las gotas salinas corrían desvariadas por la frente de la chica producto de la intensa actividad física que realizaba. Podrían ya haber pasado horas siendo apenas un suspiro para la Hofferson pues el tiempo pasaba demasiado aprisa a su perspectiva. Necesitaba más. Necesitaba sacar todo lo que tenía, la frustración que le quemaba con una ansiedad entre mezclada con la impotencia e inseguridad que crecía en su mente con cada día.
Los Hofferson siempre se caracterizaron por ser de carácter férreo y bravura como ningún otro clan de la aldea. El coraje era lo que más les duraba y en más de una ocasión su propia familia le había dicho que poseía más de su sangre que cualquiera de ellos. En cierto sentido tenían razón.
Los músculos de todo su cuerpo ardían de manera dolorosamente deliciosa. Aquella tención la liberaba momentáneamente de su presente y de la frustración que llevaba con él. Sólo para volver con fuerzas renovadas. Apretó los dientes con fuerza haciendo que su quijada temblara con espasmos violentos. Apretó el palo de su hacha con fuerza con el Sol saliendo a un costado de ella, sintió los cálidos primeros rayos acariciaron su piel, pero no sintió el calor de éste. No. El calor que sentía salía de ella.
Dio un giro rápido sobre sus talones lista para arrojar por última vez el arma, pero se detuvo de manera súbita al ver a su prima recargada contra el árbol convertido en blanco para mitigar su enfado. El hacha se le fue de las manos, pero al carecer de fuerza por el freno del brazo de Astrid hizo que terminara en el suelo dando dos golpes en vuelta quedando tendido en una franja de césped.
Ambas rubias se miran momentáneamente a los ojos azules que compartían como rasgo especial. Stormfly tenía la mirada pasiva y comprensiva; en Astrid resplandecía aún la cercada irritación que sostenía desde anoche, pero se iba suavizando ante el manso mar azul de su prima. Era curioso. Ni su madre lograba tranquilizarla tan fácil como lo hacía su pariente.
-¿Mejor?- preguntó Stormfly con una sombra burlona en sus labios.
La menor arrugo la nariz de manera infantil mientras gruñía, apartando su mirada.
-Sin duda toda una Hofferson- aplaudió la mayor mientras se acercaba al hacha de su prima con intención de recogerla- Le diste un duro castigo al árbol-
-Es un árbol- contestó Astrid por impulso.
-Sí, lo es- dijo mientras sostenía el hacha con su mano derecha y con la izquierda le daba unas sacudidas para quitarle el exceso de polvo- Tienes algo maltratado el regalo de mi padre- dijo con su ojo crítico que se paseaba por la hoja de hierro notando en él varias magulladuras y golpes en los cachetes de esta.
-Devuélvemelo- la rubia intentó arrebatársela, pero Stormfly previó eso y la alzo por encima de su cabeza dejando el arma lejos de las manos opresivas de su dueña.
-No lo creo- jugueteó ella moviéndose con gracia de un lado a otro evitando que su prima lograra arrebatársela- La tratas tan mal que debería quedármela-
Aquellas palabras estaban lejos de sonar verdaderamente amenazantes. Astrid sabía que nunca se la quitaría en serio, aunque eso no hizo que se le quitara lo molesto del asunto.
-¡Regrésamela!- exigía la rubia menor, ante los ojos de Stormfly apareció la Astrid niña con la que jugaba cuando eran más jóvenes. En verdad era gracioso. Por parecidas circunstancias ella tenía la misma hacha y Astrid trataba de quitársela.
Hasta que la "pequeña" Astrid le dio un golpe en el estómago.
El golpe fue duro y completamente desprevenido lo que hizo que soltara el aire de forma estrepitosa haciendo que se doblara con dolor hacia al frente. El momento no fue desperdiciado por Astrid pues tomó su hacha en lo que su prima recuperaba el aliento. Ella se alejó unos pasos de Stormfly que trataba de recuperar el aliento, siempre sujetando su hacha.
-Sabes…- decía sin aliento la mayor- Me agradaba más la pequeña que golpeaba menos fuerte- sonrió con los dientes afuera.
No estaba molesta por el imprevisto ataque de su prima. Su clan era de los que preferían "golpear antes" y luego hablar.
-No soy una niña- refutó la menor colocándose su hacha a su costado quenado la parte del filo contra la tierra y con el codo de la rubia posado sobre el extremo de madera para apoyar su peso en ella.
-No, no lo eres. Estuviste a punto de casarte si mal no recuerdas- le recordó con morbo. Las orejas y mejillas de Astrid chillaron a rojo escarlata al recordar ese día- Deberías ver tu cara, te ves tierna-
-Come mierda de troll-
Ambas chicas ríen con delicadeza. Risa que ellas compartían también y que nadie más escucharía mientras las dos respirarán.
El enojo de Astrid desapareció de los ojos de Astrid, Stormfly podía verlo, para evitar que su prima volviera a él empezó a hablar.
-Estás llena de mugre y hojas- señaló la mayor.
-Así termino siempre que entreno- le contestó la menor.
Astrid se dio cuenta que quería apartar su enfado, no era la primera vez que terminaba sucia después de entrenar y su prima, con todos sus años juntas, ya debía de saberlo. Error de Stormfly.
-Al menos lo intenté- alzó los hombros despreocupada- Déjame ayudarte-
Astrid se sentó sobre el suelo y Stormfly lo hizo, pero a espaldas de ella. Lentamente empezó a sacarle las ramas y las hojas de su trenza. Estaba medio desecha, pero sólo en propio cuarto se lo saltaría para volver a hacérsela, tal vez estaban apartadas del pueblo, pero prefería que ni de casualidad alguien pasara y la viera con el pelo suelto.
(En la cultura nórdica la mujer sólo podrá tenerlo suelto únicamente cuando esté sola con el marido en privacidad, dato por si no lo sabían)
-Eres todo un desastre- se burló la Hofferson mayor.
-Lo dice la que tiene un mechón azul- contraatacó Astrid sin voltear a verla.
-Me hace ver única- se pavoneó orgullosa de su propio estilo- Tú me tienes envidia-
-Ya quisieras- ambas vuelven a reír suavemente- Fui yo la que casi se casa con el Furia Nocturna- sintió un tirón algo doloroso en uno de sus mechones- ¡Auch!-
-Ups, disculpa- no lo hacía en verdad.
Astrid deseó echarse a reír en ese instante. Su prima en verdad que no disimulaba sus sentimientos por el misterioso guerrero de cabello negro. El jalón que le dio le indicó perfectamente que aquel comentario, incluso si no era verdadero o con objetivos presuntuosos, sin duda la molestaron. Stormfly lo sabía. Pero no dejaba de molestarla. Su prima estuvo más cerca de lo que ella estuvo del Furia Nocturna en su vida e incluso cuando entendía que la rubia no quería dicho compromiso no aminoraba ni un poco el mal trago que paso.
-Sabes que no me gusta que digas esas cosas- se quejó mientras así un mohín que su prima no vio por estar de espalda.
-No le veo la gran cosa- otro tirón fue la obvia respuesta de su prima- Me arrancarás la trenza a tirones- la regañó con cierta molestia poco auténtica.
-No lo has visto como yo- recalcó la joven con voz soñadora- Dioses, él es tan… dioses- Astrid rodó los ojos con todo y cabeza. No entendía el enamoramiento de su prima con la persona que no habla con nadie.
-Yo nunca caeré como tú- sentenció en un auto juramente así misma.
-Dices eso porque nunca te has enamorado- determinó la Mortífera quitando las ultimas hojas del cabello de su prima, pero las dos se quedaron sentadas en su sitio- Tienes el cabello muy hermoso.
Incluso dándole la espalda no pudo evitar desviar la vista a otro sitio con las mejillas ruborizas. No era que le molestaras los halagos, su madre siempre le decía que su cabello brillaba como oro, pero eran los comentarios de su prima a su imagen la que la hacía perder su postura recia.
-Siempre me lo dices- añadió Astrid recobrando su color natural.
-Y siempre te abochorna- Astrid le dio un codazo en la rodilla desde su posición- Que cariñosa- dijo divertida ante las reacciones de su prima.
-Tonta- le dijo con el humor más levantado.
Stormfly sonrió enternecida, sabía perfectamente por lo que estaba pasando su pequeña prima y casi hermana. Sin duda la adolescente la estaba pasado difícil por los eventos recientemente ocurridos, no cabía reparo alguno en decir que era Astrid una Hofferson por excelencia, digna hija del cabeza de la familia y el orgullo de estos.
Era otro asunto lo que decía el resto de los clanes y pobladores.
Por la aldea se corría rápido los chismes y el cotilleó era el pan de cada día de los chismosos. Palabras desalentadoras a su clan y a su prima, por sobre todo a ella. El evento ocurrido de la boda fallida, lo cual agradecía a los dioses con toda su alma, dejó muchas secuelas y puso a su familia en el punto de mira de las malas lenguas. Sobre todo, ante el clan Jorgerson con el que sostenían una disputa casi milenaria, claro, el pueblo tenía ya más trescientas generaciones, pero parecía que los dioses hicieron a los Jorgerson y a lo Hofferson para odiarse, ni el primer cimiento del pueblo fue puesto y ambas familias ya se querían matar. Gracias también a los dioses que enviaron a los Haddock como intercesores.
No es que les tuviera algo en contra, uno de sus "amigos" era uno Jorgerson y si bien no se llevaba tan bien con él, tampoco lo odiaba. Podría aludirlo al hecho de que ambos son Dragones que se juntaban tanto.
Para Astrid tal vez no significaba nada los cotilleos de las viejas chismosas de la plaza, pero todo se juntaba y recaía en su familia, eso era algo que no entendía aun su joven mente que sólo se concentraba en convertirse en doncella guerrea y pertenecer a la élite de la aldea como su padre.
Sueños que se veían tan lejanos como las aves en el cielo volando al horizonte.
Y todo era culpa de Hiccup…
Ese mequetrefe y flacucho hijo de troll le estaba robando su oportunidad de ser alguien, una guerrera respetada y temida por todos. Esperaba que todas aquellas hazañas que estaba logrando el castaño fueran puro acto de suerte y no algo que se repitiera de nuevo. Esa era también una de las razones por la que estaba enojada.
La otra era su padre…
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Horas atrás…
Cuando llegó a casa junto con su prima lo primero con lo que se toparon fue con el enorme muro de músculos y barba amarilla con los ojos fríos y serios de su padre. Por su mirada ambas sabían que estaba molesto, incluso cuando parecía siempre estarlo.
Les cuestionó la razón por la que habían llegado tan tarde en la noche, algo que sorprendió a los dos pues Axel nunca les cuestionaba algo tan nimio como la hora de llegada. Después vino una charla de las responsabilidades y trabajos que necesitaban hacer para el día siguiente y otras tantas cosas más que ambas no comprendían ni de dónde venían ahora.
Stormfly se pasó por las suelas de las botas el regaño de su tío y se fue a dormir dejando por error sola a su prima. Ninguna lo podría a ver predicho pues la nueva actitud de la cabeza de los Hofferson y por lo que estaba pasando nunca se les fue advertido en el pasado. Es decir, era la primera vez que lo veían tan molesto. Lo último que Stormfly escuchó fue la puerta de su prima cerrándose de golpe, no es que no estuviera acostumbrada a escuchar los portazos de su prima, pero sintió que este era diferente.
Salió del suyo y desde las escaleras escucho a sus tíos discutir, no entendió del todo lo que decían, pero seguro que era serio por el tono de los dos.
Tocó la puerta con un ritmo de tres toques y un puntapié, una seña que las primas tenían para saber que era la otra la del otro lado de la puerta. Escuchó el cerrojo abrirse, otra cosa nueva y alarmante, Astrid nunca usaba su cerrojo.
Entró por el poco espacio que le dejó su prima y cuando puso el último pie adentro la puerta volvió a cerrarse con todo y cerrojo.
Astrid le daba la espalda y eso la asustó ¿Acaso su tío la había golpeado?
-¿Astrid? – la llamó un poco preocupada.
La mencionada apenas y se volteó a mirarla. Stormfly apreció el brillo de lágrimas que amenazaban por salir de los ojos azules de su prima que de seguro hacía un esfuerzo colosal por no soltar ninguna.
No la abrazó, tampoco le dio consuelo, la conocía lo suficiente como para saber que esos afectos sólo la molestarían más haciéndola creer que ella la veía débil. Eso sólo empeoraría las cosas en ese momento. Atinó a sentarse al borde de la cama de su prima en silencio y a esperar a que ella se acercara y se abriera a ella, si es que quería…
Astrid duró unos instantes recargada con su espalda en la puerta mirando el suelo. Así como estuvo en silencio caminó hacia su prima, se sentó a un lado con una mano en su brazo mientras lo frotaba.
-Me dijo que estaba decepcionado de mí- dijo al fin la menor de los Hofferson.
Para Stormfly todo quedó claro ahora.
Su tío Axel siempre fue un hombre duro e impasible, pero conocía el enorme amor que le tenía a su única hija y aunque no lo gritara a los cuatro vientos podía jurar que Astrid también lo sabía.
Astrid le contó lo que le dijo cuando ella se fue; desde su nueva posición como despechada ante la aldea, después un reclamo constante de su poco desempeño en los entrenamientos y de las responsabilidades que debe tener con su clan y que necesitaba pensar más en él que en sus ilusos sueños de convertirse en parte de la élite. Al final ella abrió la boca para defenderse, pero sólo se ganó la mirada desaprobatoria de su padre, luego vinieron esas duras palabras…
La Mortífera escuchó todo en silencio, no estaba enojada, tampoco estaba feliz, estaba frustrada.
Ella más que nadie conocía los deseos de su prima de lograr ser como ella. Una guerrera fuerte e independiente y aunque nunca lo iba a decir fuera de sus propios pensamientos, sabía que era su modelo a seguir, su heroína.
Astrid quería llegar a ser como ella en el futuro y eso la lastimaba, saber que era una sombra enorme que necesitaba ser superada por Astrid. Eso era lo que se esperaba de ella y Stormfly conocía bien lo que pasaría si las cosas no mejoraban.
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Stormfly y Astrid caminaban de regreso a su hogar en silencio, no uno incomodo sino agradable. La menor se sentía mejor, hablar con su prima siempre la aliviaba en parte de sus problemas.
Podía redimirse, el entrenamiento no se terminaba aún y si ponía el empeño suficiente podría superar las demás pruebas y superar al Haddock, su nuevo rival.
En ese instante algo dentro de ella ardió con fuerza, dedujo que fue la última línea de pensamiento que tuvo. Llamó al hijo del jefe su rival y eso la emocionaba; la competencia. Comprendió que en ninguna parte de su vida sostuvo alguna competencia o duelo con alguien y que alguno le hiciera par en ningún aspecto. Ella era la más rápida, la más fuerte, la más valiente y nadie se le podía comparar… nadie hasta ahora.
Una nueva resolución cambió sus pensamientos, Hiccup se había convertido de un momento a otro en alguien que pudiera hacerle frente, hacer que se ponga nerviosa e incluso dudosa. Eso era nuevo y eso la emocionó. Los deseos de ganar inundaron sus vías sanguíneas llenándolas de adrenalina, una que nunca conoció y que ahora el chico de cabellera castaña le mostraba.
Un digno duelo entre guerreros para ver quién es el mejor. Eso era lo que a ella le faltaba y estaba dispuesta a no perder contra él. Se enfocaría a cortar la enorme distancia que de un instante a otro el Haddock y se podría a su lado para sólo pasarlo, superarlo y dejar en claro quién es el mejor. Aquello la hizo sonreír.
-¿Piensas en un chico?- la pregunta salida de la nada que le hizo su prima la sacó tan frenéticamente de sus pensamientos que la dejó tartamudeando unos instantes- Mierda, sí que pensabas en uno- se escandalizó la joven de mechón azul.
-¡No, mierda, en esas cosas no!- respondió abruptamente la menor.
-Pero nunca dije qué "cosas"- Astrid se rindió, no sosegaría los desvariados pensamientos e ideas de su prima una vez que estas tomaran vuelo- Vamos, puedes decirme- dijo mientras la empujaba juguetonamente con el codo- Sabes que no dejaré de fastidiarte- amenazó con una sonrisa morbosa.
-Deja de joder- pidió con desgano sabiendo de antemano que no se detendría.
-Sí lo escondes es porque es algo muy bueno- se burló mientras llevaba sus dedos a su boca, precisamente a sus labios- Parece que la pequeña Astrid está creciendo-
Astrid apretó los músculos de la cara en un arrugado gesto que demacraba el enfado. Le esperaba una larga mañana.
Las Hofferson llegaron a su casa, por la posición del Sol calculaban que eran las ocho y pasadas. Aún estaban a tiempo para a desayunar algo e ir a hacer sus deberes del día. En el caso de Astrid se asearía un poco, ya podía oír el sermón de su madre cuando llegara en ese aspecto.
Al entrar a la residencia no encontraron al padre de Astrid, pero si a su madre. Astrid debería postularse para adivina pues pasó justo lo que había pensado. Un rato de los reclamos de su madre y las jóvenes se sentaron en la mesa para que la mujer les sirviera un estofado de cabra.
-Sin duda sacaste eso de tu padre- escucharon las jóvenes desde su lugar a Frigga- Siempre que sale a por madera llega con más ramas y hojas que los árboles que corta- era verdad, el hombre no sólo era parte de la guardia de Berk era también el responsable y principal productor de madera de la tribu y de algunas islas vecinas.
Durante generaciones los Hofferson fueron una familia de guerreros leñadores, razón por la que su escudo representaba un enorme árbol con un hacha de frente clavada en su corteza. No eran simples leñadores, también se dedicaban a otras cosas como el cultivo y el ganado y la cría de gallinas y los huevos que estas ponían, su segundo sustento más importante. Guerreros cuando se les necesitaba y auto suficientes cuando no se luchaba, eso era el clan Hofferson.
-Yo prefiero la cacería, muchas familias me pagan para cazar a los conejos que atormentan sus cultivos- dijo Stormfly- No me acabaré las manos tirando árboles-
-Eres la única que caza sin arco, querida- añadió su tía desde la cocina- No entendiendo cómo le haces-
-Apuntas y lanzas el cuchillo, no hay mucha ciencia- dijo vanagloriándose de su capacidad de lanzamiento- Eso y traigo conejo fresco en la cena-
-Como tú no lo limpias- refutó Astrid con burla.
Las tres Hofferson rieron a la par. Frigga les trajo sus respectivos platos con una cesta de pan cortado ligeramente tostado. Ambas primas comen con calma sus alientos mientras eran observadas por Frigga con una inmensa sonrisa.
-Les traeré algo con que pasar la comida- dijo mientras se iba a buscar una bebida caliente para ellas.
Las dos rubias quedaron solas por unos momentos, la madre de Astrid no estaba lejos, podían escuchar como buscaba cosas en las despensas para prepararles algún té.
-Mi tía es una cocinera excelente- alagó Stormfly la comida que ahora degustaba.
-Lo es- concedió la rubia menor-… ¿Te mandó mi padre a buscarme?- el humor lúgubre volvió entre las dos.
-No…- le respondió con la misma seriedad- Fui por mi cuenta-
-Sabes que no tienes que cuidarme, yo puedo hacerlo sola- le espetó con dureza.
-No lo hacía- mintió ella, sólo esperaba que no se diera cuenta.
-No sé por qué no te creo- la miró con aquellos ojos azules tan penetrantes como el hielo, rasgo que sacó de su padre sin duda.
-…Mira…- no pudo seguir pues su prima se levanta de golpe de su asiento azotando ambas manos contra la mesa.
-¡No soy una niña, soy tan guerrera como tú!- le gritó encolerizada con las cejas pegadas por lo mucho que apretada el ceño.
Stormfly permaneció en silencio mirándola con seriedad sin un deje de enfado en su mirar.
-Sé por lo que estás pasando…- de nuevo fue interrumpida.
-¡No, no lo sabes!- le escupió con rudeza- Tú eres la Mortífera, toda la aldea sabe quién eres y te respeta como guerrera ¡Tú la tienes fácil!- no lloraría, no se lo permitiría- ¡No puedes ni sabes remotamente lo que siento!- le gritó con lo último que le quedaba de aire.
-…Sí que lo sé…- le dijo con la misma seriedad con la que la miraba mientras se levantaba calmadamente de la mesa- Soy la hija de un cobarde ¿Lo recuerdas?- dijo agriamente mientras se retiraba del comedor a la salida de la casa.
Astrid quedó sin aliento y sintió como su corazón le empezó a pesar. Volteó su mirada y encontró a su madre que la miraba con desestimación. Se lo merecía por estúpida, lo reconocía, todo por dejarse llevar por sus impulsos y ahora se sentía mal consigo misma.
-Ve- las palabras de su madre fueron casi una orden a sus oídos, obedeció más por vergüenza que por obediencia. Necesitaba arreglar las cosas. No se dio cuenta que se había tomado su hacha de hierro doble antes de salir.
Al salir de su casa no la encontró a la vista por lo que supuso que se había ido a prisa. No la encontraría. No al menos que ella lo permitiera.
-Mierda…- dijo a lo bajo mientras se retiraba sin rumbo fijo- ¡Mierda!- con la sangre en ebullición soltó un fuerte golpe con su hacha al aire, pero no se percató de que había una enorme roca en el trayecto del arma y terminó por golpearla con de lleno produciendo un sonido sordo del metal rompiéndose.
Astrid se alarmó de inmediato y se fijó con desesperación en la hoja de hierro, para su fortuna la hoja del hacha estaba intacta exceptuando un trozo de la punta que ahora estaba ausente, el golpe le había roto aquel extremo por ser lo primero en colisionar. Además de tener una gran magulladura en el filo.
-Lo siento- no se lo decía al hacha en sí- De verdad… lo siento- reprimió las lágrimas que deseaban salir, no era el momento de lamentarse, debía arreglar las cosas ¿Cómo lo haría? Lo desconocía por el momento.
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La panadería Ingerman iba abriendo sus puertas desde la madrugada con los hornos calientes y llenos de las masas que se convertirían en los panes que venderían en el transcurso del día. Meatlug desde muy temprano empezaba su oficio que por sobre todo prefería, para ella era fácil y con soltura, aquel era su entorno y se sentía cómoda en él. Con su mandil manchado de masa y harina y un pañuelo blanco lo suficientemente grande para cubrirle su cabello se divertía como un niño encontrando tesoros imaginarios.
-¿Ya están los panes?- preguntó Iggrid, la madre de Fishlegs.
Meatlug olfateó el aire como sabueso.
-Aún le faltan unos minutos- dictaminó la joven mientras seguía con su labor de darle forma a la siguiente tanda de panes.
-Sigo sin comprender cómo le haces- dijo Helmi, su madre, entrando a su área visual con varios huevos en un canasto- Tienes una bendición de los dioses para cocinar- alabó ella con orgullo.
Ambas mujeres eran de constitución enorme como la mayoría de la familia Ingerman y como de esperarse, todos era panaderos.
-No digas eso, mamá, las dos me han enseñado todo lo que sé- decía la Ingerman menor de la cocina mientras que con una pala plana especial para sacar panes sacaba los susodichos colocándolos en la mesa de vista, de estos salían un agradable aroma y un vapor notable por el clima frío de la noche que aún no se iba del todo incluso con los enormes hornos.
-¿Tu primo ya se despertó?- preguntó su tía.
-No lo creo, ayer se durmió tarde leyendo- le dijo sin voltear a verla mientras colocaba otra bandeja para hornearla.
-Ese niño- dijo Iggrid extenuada, su hijo siempre hacía lo mismo, no es que le molestara que leyera, sino que en muchas ocasiones anteponía su pasatiempo ante muchas de sus obligaciones en la panadería- Debió de haberse ido con su padre a ayudarlo a traer los costales de harina-
-Ya voy y lo levanto- se ofició Meatlug limpiándose las manos con el delantal.
La castaña subió las escaleras con dirección al cuarto de su primo, lo abrió con calma y pronto encontró a su primo dormido en su banco recargado al escritorio con varios libros a su alrededor y uno cubriéndole la cabeza.
Para Meatlug verlo dormido tan pasivo le recordó cuando era un bebé. Ella siempre había cuidado de su primo como una hermana, no era un secreto para la familia que Meatlug siempre tuvo ese toque maternal y al ver a Fishlegs envuelto en pieles entrando por la puerta quedó maravillada con él.
Se aceró sin hacer ruido, algo sorprendente incluso para su tamaño. Con delicadeza empezó a hacerle cosquillas en las orejas, Fishlegs se retuerce un poco con una sonrisa que su prima consideró como tierna y abrió los ojos de a poco.
-¿Ya es de día?- preguntó sonriente a su prima, ninguna otra persona lo despertaría como lo hacía su prima querida.
-Así es, de nuevo volviste a quedarte dormido- le decía mientras le acomodaba el cabello.
-¡Rayos, debí ir a ayudar papá hace horas!- exclamó alarmado el rubio.
-Descuida, yo te suplí- le dijo con suma amabilidad mientras le pasaba su casco.
-No debiste molestarte, era mi obligación- le respondió Fishlegs.
-Descuida, sé que me lo compensarás- le sonrió con ternura- Baja, el desayuno está listo- le indicó la joven.
-¿Panes dulce con pasas secas y leche de yak caliente?- preguntó con ilusión.
-Parece que tenemos un vidente en la familia- bromeó ella con una sonrisa.
Pocos conocían las grandes habilidades analíticas que poseía Fishlegs, su prima estaba entre ellos, y reconocía que su primo tenía un intelecto superior a los vikingos que conocía, pero en aquel mundo donde la fuerza lo era todo no le resultaba tan útil. Fishlegs era el encargado principal de las cuentas de la casa, trabajo que se le daba de maravilla.
Fishlegs se encontraba desayudando y platicándole a su prima lo que había aprendido leyendo los últimos libros que le quedaban por terminar de Berk, no es que fueran demasiados, pero no había mucho de donde más escoger.
-¿Sabías que ningún tipo de Salvaje es hecho prisionero?-
-No me imagino por qué- le respondió su prima.
-En el gran libro de Bork, el primer hombre de Berk que se atrevió a escribir sobre los Salvajes- siguió Fishlegs hablando haciendo caso omiso al sarcasmo de su prima- En él relató que ningún de ellos es capturado porque de inmediato se cortan la lengua con sus propios dientes para no hablar. Por eso es inútil interrogarlos-
-Oh- aquel dato si sorprendió a Meatlug- Con que sus dientes también sirven para otra cosa que desgarrar a otros- recordó las múltiples veces en las que por poco es mordida por uno de ellos durante las incursiones.
-¡Sí, además cuenta que no hay mayor navegante viviente en la tierra que los Salvajes!- decía con mucho entusiasmo el inmenso adolescente.
-Que los pescadores no te escuchen decir eso- advirtió y aconsejó Meatlug mientras lo miraba de reojo- Ya nos cobran mucho por el cangrejo como para hacerlos enojar- ambos ríen con la broma verdadera.
-Es que es tan fascinante- dijo con ilusión- Bork argumentó que los Salvajes conocen todas las aguas y que han llegado a partes del mundo con las que sólo se pueden soñar-
-Jörmungandr debe de comer muy bien- dijo Meatlug con un tono sombrío muy fingido- Si un navegante llega a la orilla del mundo entonces la serpiente que envuelve al mundo ¡Se los comerá!- atacó Meatlug a su primo en un ataque de cosquillas.
Fishlegs ríe estrepitosamente mientras trataba de alejarse de su prima, pero ésta, al ser más fuerte, sujetó con facilidad al corpulento chico que ahora caía al suelo entre risas. Duró unos momentos hasta que Meatlug cesó con el ataque y liberó a su primo. Entre sonrisas y una ayudada para levantarse los dos se van las cocinas para ayudar.
-Por fin llegan, Meatlug, ayúdame a sacar los panes que ya hay fila afuera- dijo su madre con apuro mientras le daba un canasto de panes redondos a un hombre por la ventana.
-¡Sí!- dijo igual de apurada la mencionada.
-Fishlegs, encárgate del cobro y del trueque- señaló la mujer a su sobrino.
Fishlegs se apresuró ponerse en el otro lado de la ventana para recibir el pago por los panes. El chico siempre fue de actitud tímida y eran comunes las ocasiones donde algún vikingo o vikinga quería dar algo a cambio que no era del mismo valor de lo que se llevaba. La timidez del Ingerman ante la presión de la mirada de un adulto y de que éste podría lastimarlo ponía en riesgo al negocio de la familia por lo cual Meatlug se tomaba la tarea de pasarse de vez en cuando por detrás de su primo y justo cuando alguien alegaba del precio o quería abusar de su primo le bastaba con sólo alzar la enorme masa de hierro que tenía recargada contra la pared de la cocina. Al instante cesaba el conflicto.
Meatlug sabía perfectamente que no le hacía ningún bien a su primo con sobreprotegerlo, se suponía que debía dejar que su primo se defendiera sólo o sufriría a largo plazo. Sin embargo, no lo podía evitar, él era su primo más querido y único, pensar en verlo lastimado o llorando la lastimaba demasiado… y ella lastimaría mucho más al que le tocara un pelo en su presencia.
-Con razón la falta de pan en la aldea, con tan inmenso yak metido en la panadería como no ha de haberlo- se burló una voz desagradable conocida por ella.
-Vienen temprano- dijo con amabilidad fingida la Ingerman a Barch. Los Gemelos Espantosos se estaban burlando de su primo.
-Y aquí la mamá- siguió la burla Blech.
Meatlug enrojeció en disgusto.
-¿Van a querer algo?- preguntó la Ingerman.
-Sí les queda pan aun- ambos gemelos estallan a carcajadas.
Meatlug ya estaba acostumbrada a los tratos de los gemelos Thorton toda su vida, la experiencia le dejó claro que si decía algo sería como intentar apagar el fuego con aceite. Avivaría más la llama que apagarla.
-¿Podrían ordenar por favor?- pidió Meatlug de forma amable.
-¿Esa es forma de hablarle a tus clientes?- dramatizó Blech- Que gran falta de cortesía- dijo a grandes voces para que lo escucharan.
-Concuerdo contigo, querido hermano- siguió Barch- Creo que merecemos descuento por esta afrenta.
Poco duró el barullo que generaron los Thorton porque un brazo musculoso los quitó al mismo tiempo de la fila de un solo empujón que mandó a los gemelos a besar la tierra. Hookfang llevaba dos enormes canastos de mimbre en uno de sus brazos y la otra la pasaba sobre su túnica roja para limpiar una mugre imaginaria.
-Llénalas- pidió en el mismo tono serio agresivo que lo caracterizaba a la vez que pasaba ambos canastos sobre la ventana.
-¡Oye, llegamos primero!- se quejó Barch desde el suelo.
-Sí, no te metas- agregó Blech.
-Yo no vi a nadie enfrente- se volteó a mirar a los pocos que quedaban en la fila detrás de él- ¿Y ustedes?-
El tono que puso ante los demás y sumado a su colosal tamaño hizo que los vikingos presentes voltearan para otro lado con uno que otro que silbaba una tonada alegre.
-Lo ven- dijo con una sádica sonrisa el peli rojo.
-Aquí tienes- le pasó Meatlug ambos canastos- Los panes de mejillón están envueltos en la tela de ahí- señaló la Ingerman.
-Gracias- dijo en el mismo tono de él a la vez que dejaba como pago tres monedas de oro.
-¿Quiere su cambio?- Meatlug ya se imaginaba la respuesta.
-Me la das en más panes de cangrejo a la próxima- dijo con rudeza mientras se iba con un canasto en cada brazo.
-Lo siento gente, tendrán que esperar a la tanda de la tarde- avisó Meatlug a la gente pues los panes se habían acabado.
Las quejas no tardaron en llegar otros maldecían su suerte por no llegar a tiempo.
-¡Pero nosotros llegamos primero!- se quejaron a coro los Thorton.
-Lo siento, pero no vi tal cosa- dijo Meatlug fingiendo demencia.
Los Gemelos Espantosos se marcharon murmurando maldiciones.
-¿No tienes miedo en que te hagan algo malo?- repuso Fishlegs con cierto temor impregnado en su voz.
-No lo harán, al menos que quieran dejar a todo su clan sin pan de centeno- dijo con cierta malicia poco visita la Ingerman. Fishlegs también se río a lo bajo.
-Bueno, es hora de que el contador saque las cuentas- dijo Meatlug a su primo.
Otra cosa que se le daba bien a Fishlegs, las cuentas. Sin duda el Ingerman podría llevar a la panadería a un nuevo nivel a futuro, aunque antes deberá fortalecer su actitud.
-Oye, hijo- llamó la madre de Fishlegs a su primogénito- ¿Has visto a Hiccup?-
Esa pregunta nunca había salido de los labios la madre del adolescente.
-¿Qué?- preguntó preocupado de a ver escuchado mal.
-Hiccup- volvió a decir con naturalidad la señora- ¿No lo visitarás el día de hoy?- preguntó con obviedad llegando a ser perturbadora para el joven.
-Son compañeros de entrenamiento, es natural que se frecuenten- añadió su tía uniéndose a la extraña e inesperada conversación.
-Recuerdo que así conocí a tu padre- dijo abochornada la madre del chico- Que tiempos-
-Este… debo terminar las cuentas- dijo patidifuso el Ingerman que no entendía lo que pasaba.
-Cuando vayas llévale este cesto de pan con pasas- le dijo la señora a su hijo colocando sobre la mesa dicho cesto.
-Y no te tardes- sugirió su tía. Las dos mujeres mayores se retiraron para realizar la limpieza y la nueva elaboración de panes de la tarde.
Fishlegs volteó a mirar a su prima en busca de la respuesta a la incógnita en su cabeza.
-Ellas quieren que te acerques más a Hiccup, con lo bien que le va seguro no serás el primero ni el último que quiera entablar amistad con él- le aclaró su prima.
Para Fishlegs todo cobró sentido, salvo que de la razón vino el remordimiento.
-Eso sería muy mezquino de mi parte- dijo con pesar.
-Lo sé- le dijo Meatlug en aquel tono maternal que lo tranquilizaba- Tú y él eran buenos amigos antes-
-Y lo abandoné por un poco de seguridad- dijo Fishlegs sintiéndose como escoria ¿Con qué cara iría ahora a saludarlo siendo que le dio la espalda cuando más lo necesitaba?
-Estoy segura de que te lo perdonará- le dijo con confianza la joven- No se ve como una mala persona-
-¿Y si me odia? ¿Y si cree que me acerco con conveniencia? - preguntó asustado.
-Entonces ve con la verdad- aconsejó Meatlug- Seguro que independientemente de lo que ocurra te sentirás mejor- le sonrió con una mano en su hombro.
Fishlegs sonrió contento y sin duda más calmado.
-Entonces me apresuraré- dijo con determinación el joven mientras saca las cuentas en el libro.
-Así se habla- dijo Meatlug contenta de lograr levantar el ánimo de su primo.
La joven de cabello castaño empezó a barrer la cocina mientras tarareaba una tonada alegre. Pero seguía perturbada con la facilidad con la que su madre y tía cambiaron su mentalidad hacía el Haddock de la noche a la mañana. Sí, sin duda las hazañas de Hiccup eran increíbles durante el ruedo y a la vez no dejaba de ser perturbante el cambio brusco del pueblo. Durante las ventas los clientes no dejaban de hablar de Hiccup como si del milagro de los dioses se tratara.
El chico de cabello castaño podría bien tenerle rencor a toda la aldea.
Apartó esos pensamientos de su cabeza. Hiccup no era así y durante la cena que tuvo con él y los otros Dragones pudo darse cuenta de ello. Él era bueno. Ese pensamiento le agradaba. Si todas las personas de la aldea fueran así de buenas la vida sería mucho mejor y poco prejuiciosa. Ella lo sabía. Lo cruel que podían ser las personas por las apariencias.
-Creo que deberías ir ahora- sugirió Meatlug a su primo.
-P-pero las cuentas…-
-Ya las harás más tarde, el pan se pondrá duro-lo interrumpió y le pasó el canasto pequeño repleto de esas delicias- Mejor apresúrate, tienes cosas que arreglar-
Ella tenía razón, si quería enmendar las cosas con Hiccup debía de ser ese mismo día, ya dejó pasar muchos años y no deseaba dejar pasar más tiempo. Incluso si Hiccup lo odiara y no quisiera verlo otra vez no moriría sintiendo la angustia de haber traicionado a su amigo de la infancia, es lo menos que podía hacer; disculparse.
Tomó aquel canasto entre sus manos regordetas y salió a toda prisa de su casa, no sin antes darle un beso en la mejilla a su prima en agradecimiento, siempre contaba con ella y por eso la quería. Meatlug observó cómo su primo se convertía en un manchón marrón entre más avanzaba por la calle, sonrió con alegría ahora le tocaba esperar a ver como terminaban las cosas.
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-¡¿Cómo que ya no hay pan?!- gritaron Tuffnuf y Ruffnuf.
Barch y Blech llegaron a la casa de los padres de sus primos con las manos vacías y con el compromiso roto de traer pan para el desayuno.
-Es que el desgraciado de Hookfang se los llevó todo- se justificó Barch alzando los brazos de manera cómica.
-Sabrá Thor donde le cabe tanto a la familia Jogerson- se burló Blech ganándose las risas de sus dos primos y padres de estos.
Los padres de Tuffnuf y Ruffnuf eran rubios de dos tonalidades diferentes. Eran una familia sencilla donde había numerosos miembros, pero tan prescindibles como olvidadizos. El padre y cabeza del clan era el padre de los gemelos que ahora competían en el ruedo. Jerk no fue siempre la cabeza de la familia, pero por el historial demencial de la familia Thorton y muchos y desafortunados encuentros cercanos y provocados con la muerte acabó por ser el primero de cinco hermanos ya muertos. Cosa que al parecer no le afectaba demasiado ni a él ni al resto de la familia "Toma lo bueno y deja lo malo", decía él con frecuencia.
-No hay problema- dijo el padre de los menores- En esta casa hay un dicho…-
-¿Si un Thorton salta del risco el otro se encadena a una roca para no seguirlo?- dijeron al mismo tiempo.
-¡Exacto!- dijo el mayor de la casa al mismo tiempo que sacaba panes de un barril.
-¿De dónde lo sacaste?- preguntó su mujer con asombro, años acostumbrada a la actitud Thorton de la familia de su esposo y éste seguía sorprendiéndola con algo bueno.
-Un Thorton no revela sus secretos- dijeron todos al unísono.
Entre risas y burlas la familia comía su desayuno ¿Locura? ¿Desinterés? ¿Tal vez estupidez? No importaba, no había familia en la isla tan ruidosa y colorida como la de los Thorton que no veían importancia en posiciones y riquezas "se vive una vez" repetían constantemente y seguían como mantra, no muy lejos de la verdad pues en cualquier momento los humanos mueren por cualquier motivo, para ellos era mejor no dejar nada pendiente y no se abstenían de los deseos que sentían al momento. Tal vez por eso los Gemelos Espantosos encajaron tan rápido en la familia, lo Thorton lo llevaban hasta en el cuero cabelludo. El desayuno terminó como inició, entre risas y burlas, la madre de los gemelos más jóvenes retiró los platos mientras que el padre de estos se fue a trabajar dejando sólo a los pares de gemelos sentados en la mesa.
-Después de comer iremos con el pequeño matón de Dragones- avisaron los hermanos a sus tíos y primos.
-¡Oh, oh! ¿Podemos ir?- preguntó Tuffnuf apresuradamente.
-¿Desde cuándo piden permiso?- se burló Blech de su primo.
-Es que… se siente como si el lugar donde están ustedes es sólo para venerarlo de lejos, como cuando mamá escondía los bollos en la parte más alta de la alacena- trato de explicarse el joven rubio.
-¡Sí! Además hay que llegar con invitación o algo ¿No?- siguió su gemela también entusiasmada de ir.
Los Gemelos Espantosos se miraron fingiendo pensar el asunto, ya ideando telepáticamente lo que le sacarían a sus primos con el inesperado acontecimiento.
-No lo sé, es difícil acercarse al temible cazador…- decía Barch aguantándose las ganas de reír.
-Sí, podría enojarse ¡Y no queremos eso! ¿Verdad hermano?-
-Así es, no quisiera enfrentar su furia- dijo entre temblores actuados su hermano.
-¡Por favor, haremos lo que nos pidan!- rogó Ruffnuf- Les regalo a mi hermano- ofreció la chica.
-¡Sí, acepten!... espera ¿Qué?- dijo un confundido Tuffnuf
-Está bien, está bien- dijo Barch con ambas manos al aire-Vemos que de verdad quieren ir así que se las pondremos fácil- la sonrisa del gemelo se ancho de manera perturbadora.
-Pero pedimos que laven nuestra ropa…- terminó el otro gemelo.
Las palabras de Blech provocaron un estremecimiento hasta a la madre de sus primos que en algún punto y momento de su vida recordó haber lavado la ropa de aquellos dos.
Para Ruffnuf y Tuffnuf era peor. Los dos rubios gemelos sabían a la perfección a lo que se atenían si accedían a lavarle la ropa a sus primos mayores, entre esas cosas era perder el cuarenta por ciento de su olfato y más de una lágrima en el proceso. Pues las creaciones y locuras de sus primos provocaban que su ropa quedará al punto de tener que incinerarse por el fétido olor que quedaba impregnado en las prendas de una o hasta tres semanas de pruebas nuevas con Gas.
Barch y Blech sabían perfectamente que su ropa sucia no tenía salvación, eso lo sabían desde hace años por lo cual hicieron pacto con el costurero del pueblo de no acercarse a más de veinte metros de su casa a cambio de un descuento a los múltiples y repetitivos cambios que le encargaban con recurrencia, aun así, deseaban torturar con monstruosa tarea a sus primos menores sólo para reírse un rato.
-Aceptamos- dijeron los primos menores al unísono.
Para Barch y Blech, la diversión era cosa para todos los días con su familia…
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El cuchicheo de las mujeres se escuchaba hasta en el comedor. La casa Jorgerson era sin duda una de las casas clanes más grandes que había. La familia de Snotlout era numerosa, el peli oscuro de ojos azul claro tenía tantas tías y tíos que le faltarían dedos para acapararlos a todos, aunque estaba el detalle que eran más mujeres que hombres en el clan, en realidad eran cinco varones, contándolo a él y a Hookfang, de los de la siguiente generación y él, por ser hijo único y próximo cabeza del clan, además del varón menor, le tocó ser el consentido de la mayoría de sus tías que veían en él al hijo que no tuvieron. No es que menospreciaran a sus primas, pero ser el menor le daba la ventaja para su gusto.
Snotlout, al tener tantas tías, creció, a palabras de su padre, rodeado de faldas. Cosa que nunca le gustó realmente pues alegaba que eso perjudicaría en su actitud, por lo cual sus tías aprovechaban cada que podían en "apapachar" a su sobrino querido cuando el "Ogro" no estuviera en la cueva y ese día no era la excepción pues todas aprovecharon que los maridos se habían ido en la expedición y se juntaron en la casa de la madre de Snotlout junto con sus respectivos hijos e hijas.
El moreno estaba en la mesa con cara de fastidio y desgano. No es que le desagradara tener a sus tías en casa, pero escuchar tanto bullicio femenino lo atarantaba demasiado. Sí, podría irse caminando, pero sólo muerto se aparataría de la mesa sin probar el famoso guiso Jorgerson de sus tías. Una receta de carnero legendaria que ha pasado en generación en generación entre las mujeres del clan. Eso y que su primo y modelo a seguir se sentaría a su lado por falta de asientos y porque él se lo protegió de sus primas.
-Espero que lo hombres les vaya bien en la búsqueda- escuchó Snotlout a una de sus tías.
-Lo mismo deseo, mi marido se marea con demasiada facilidad con un par de vueltas- dijo otra de ellas.
-Sí, seguro el aliento de yack casi te vomita el día de la consumación-se burló otra.
-¡Ojala se hubiera movido tanto!-
Una estruendosa carcajada a coro salió de la cocina. Definitivamente Snotlout deseaba que su primo llegara, necesitaba tan siquiera una presencia masculina.
Los deseos de Snotlout llegaron a los oídos de los dioses pues la puerta del hogar Jorgerson se abrieron revelando al pelirrojo que llevaba los brazos ocupados por todo el pan que había comprado.
Antes de que Snotlout dijera algo sus primas se levantaron de sus lugares mientras gritaban "primo" al recién llegado.
Hookfang fue rápidamente asediado por el mar de primas que tenía. Las mayores le ayudaron con los cestos y se los llevaron a la cocina mientras que las menores saltaban a su alrededor y tironeaban de su ropa para llamar la atención. El pelirrojo nunca borró su característico ceño fruncido, pero para su familia, tan acostumbrada a tratarlo, reconocían de inmediato cuando estaba realmente molesto por algo.
-¡Cárgame, cárgame!- se peleaban las más pequeñas para imponerse sobre las demás.
Hookfang sopló por la nariz. Alzó sus brazos lentamente mientras todas las que podían se aferraban a un espacio de piel. Aquello era común para lo Jorgerson; Hookfang siempre levantaba a cuantas lograban pescarse de sus grandes y fuertes brazos y los dejaba alzados hasta que quedara una colgada. Las primas lucharon para quedarse aferradas, pero como era de esperarse no tardaron una a una en caer. Sólo quedó como vencedora una de las primas más joven de Snotlout , una pequeña de cabello castaño oscuro muy delgada.
-¡Gané, gané!- gritaba contenta mientras aun colgaba del brazo de su primo favorito.
Las perdedoras, insatisfechas por el resultado, animaron a la menor con un ligero coro de palmas.
-No es justo, eres tan huesuda que ni te esfuerzas en sostenerte- alegó su hermana mayor, que le llevaba apenas dos años de diferencia.
-Yo no soy la del trasero gordo- los tonos de color de su hermana mayor subieron varias escalas mientras el resto de las mujeres rieron por el comentario agudo de la menor.
Hookfang, sin quitar su semblante serio y sin bajar a su prima menor, caminó a su respectivo asiento al lado de Snotlout. La prima menor del castaño se sentó en el otro lado de su "trofeo".
-¿Hubo mucha fila en la panadería?- preguntó una de las tías a su sobrino lejano.
-Pestes- contestó a secas el joven, no por altanería o irrespetuoso, sólo que no era muy dado a palabras largas.
-Oh… los Thorton- dedujo la tía entendiendo al pelirrojo- ¿No le hicieron nada al pan verdad?-
-No…-
-Bien, ahora tendremos que cuidar el ganado con más esmero- las demás mujeres de la cocina asintieron en razón a las palabras de la mujer.
Snotlout miraba a su primo de una forma no muy disimulada pues el adolescente deseaba entablar alguna conversación con su primo mayor, pero ninguno de los dos era muy forofo a compartir muchas palabras. Uno por ser muy serio y enojado; y el otro por orgulloso. Aunque para la familia no era un secreto que Snotlout admiraba a su primo como a una deidad.
-Oye…- Hookfang no pareció haberlo escuchado- ¡Hookfang!- lo llamó con más fuerza el moreno, pero nuevamente el pelirrojo lo ignoró.
-Primo- llamó dulcemente la menor flacucha de los Jorgerson, éste voltea al instante a mirarla- ¿Podrías contarnos "esa" historia de nuevo?- pidió empalagosamente la menor.
Snotlout iba a refutarle a su primita su interrupción, aun cuando no había plática alguna, cuando Hookfang rueda los ojos y suelta un bufido. Tal vez para algunos pareciese que el pelirrojo estaba exasperado o incluso molesto, pero para su familia "ese" bufido significaba aceptación.
-Estaba en mi casa esa noche, era particularmente fría y me encontraba preparando el aceite…-
Snotlout gruñó frustrado al ser ignorado por su primo. Sin muchos ánimos decidió mejor escuchar la historia de su primo y del cómo encontró la forma de hacer que el aceite ardiera con más fuerza y más tiempo. Incluso cuando ya la había escuchado más de mil veces.
El desayuno siguió con la historia del pelirrojo hasta que el último palto fue consumido como la paciencia del Jorgerson para poder tener un "tiempo de hombres" con su primo.
-¿Pronto participarás en el entrenamiento?- preguntó la pequeña vencedora al lado del pelirrojo.
-Seguro será el desafío final, él es el mejor dragón- proclamó otra de la femeninas de la mesa, a lo cual varias asintieron dándole la razón.
-¿Pero qué hay del Cazador de Dragones?-
En ese momento parecía que el sonido había muerto.
-¿Hiccup?- preguntó una de las primas con cierta incredulidad- ¿Qué hay con él?
-¿No te has enterado? Él ha sido el vencedor en cada una de las pruebas- informó su hermana que se situaba a su lado.
-¿Pero los Dragones son parte de ellas, no?-
-Porqué crees que le pusieron Cazador de Dragones, listilla…-
-…No jodas ¡¿Derrotó a Stormfly?!- gritó en sorpresa la Jorgerson.
-Y ha Meatlug y los gemelos- siguió la joven- El único dragón que queda de pie es nuestro primo-
-¿Entonces Hookfang será cazado?-
La pregunta llena de inocencia de la pequeña que dio hincapié a la conversación dejó enredadas varias lenguas.
-No… no lo creo, Hookfang no perdería contra el escuálido de Hiccup- trató de convencerse la prima mayor de Snotlout.
-Pero ya venció a cuatro de ellos-
-¿Es eso posible, vencer a un dragón?-
-En el mercado escuché que el hijo de Stoick a fingido por años ser un inútil para tomar por sorpresa a toda la aldea- se unió una de las tías del castaño a la conversación. Para él sólo eran cotorreos de niñitas, pero aun así no podía dejar de prestar atención.
-Sí, también escuché que tiene una venganza contra todos los que lo molestaron todos estos años- esta vez fue la madre de Snotlout la que dijo aquello, su voz tenía cierto timbre de temor.
-No creo que sea cierto eso- dijo una de sus hermanas.
El chirrido de una silla arrestándose con fuerza trajo de vuelta al presente a todos en la mesa. Hookfang se puso de pie con una calma poco usual en él, la atmósfera que lo envolvía era bastante lúgubre.
La madre de Snotlout, viendo la tensa situación en el ambiente y la temblé mirada de Hookfang podía suponer que el fuego podría salirse de control.
-Hookfang, querido, ¿Podrías ir con Gobber a traerme unas ollas que le dejé encargadas? - dijo con su usual tono afable y sonriente- Tus demás tías y primas debemos limpiar y preparar la casa para la cena. Mi querido esposo me dejó encargada de la reunión Jorgerson mensual y hay mucho que debo de hacer.
El pelirrojo la miró con aquellos fríos ojos amarrillos con semblante osco. Intimidante para cualquiera, excepto para la familia Jorgerson.
-Espero que eso sea cierto- dijo con los dientes apretados el pelirrojo- y también espero que ese renacuajo no esté o sentirá el fuego del dragón- el pelirrojo se levantó de su asiento arrastrando la silla hacia atrás- Adiós- una linda manera de decir que tenía cosas que hacer sin el uso excesivo de palabras con una sutil manera de mandar al infierno todo.
El azote de la puesta fue la señal de salida de Snotlout para perseguir a su primo.
Ya afuera fue fácil localizar a la enorme figura de su primo y esa inconfundible llama roja que tenía por cabello.
-¡Espera, primo!- el Jorgerson tardó en llegar por las enormes zancadas que daba su primo- te acompaño…-
-Si te digo que te vayas ¿Te irás?- le interrogó el pelirrojo sin voltear a ver a su primo y sin detener la marcha.
-Sabes que no- canturreó feliz, como si ser molesto fuera un logro personal.
Hookfang estiró su largo y fuerte brazo y lo enrosca alrededor del cuello de su pequeño primo y le aplica una fuerte llave que provoca más de un quejido lloroso del menor. Una vez que lo apretó lo liberó, Snotlout cae pesadamente al suelo respirando con dificultad. Hookfang sigue avanzando por la calle sin mirar a Snotlout, pero al cabo de unos veinte metros el Pesadilla Monstruosa se detiene.
-¡Qué esperas, no tengo todo el día!…-
Desde el suelo y con una mano sobando su cuello Snotlout sonrió.
-¡Voy!- de nuevo el moreno lo alcanza y se pone a su lado y prosiguen la marcha con su usual modo de caminar altanero y tal vez allá sido su imaginación pero creyó ver una sonrisa fugaz en su primo. Sacudió la cabeza con energía ¿Su primo, sonreír? Ni el Valhala se vería eso.
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Dentro de la fragua de Gobber se encontraba un joven de cabellera castaña y colores verdes, más conocido ahora por sus "milagros" que por su antigua torpeza que tanto lo caracterizaba desde niño. Hiccup Haddock se encontraba dándole los últimos detalles a lo que vendría siendo "su mejor obra personal" hecha hasta el momento, le dio unos últimos detalles con su pequeño martillo especial y los guardo entre unas pieles. Tanta era su emoción y concentración que no notaba la presencia alta y oscura atrás de él.
-Mmm… tal vez debería agregar una correa extra para la fijación del movimiento del hombro- dijo mientras se llevaba su mano izquierda a la barbilla en pose pensativa- Y podría de paso…-
-Sabes, de ser un asesino te habría matado y ni te enterarías- dijo Tooth en tono burlón justo a espaldas de Hiccup
La línea verbal de los pensamientos del aprendiz de herrero con su cerebro se cortó como madera seca contra el filo de un hacha.
-¡Tooth!- gritó sorprendido, pero rápidamente se llevaba una mano a la boca para evitar volver a gritar- ¿Qué haces aquí?- preguntó alarmado.
-No es la primera vez que te vengo a visitar- argumentó el azabache mientras ojeaba las armas colgadas en las paredes de la herrería.
-¡Pero siempre de noche!-
-No veo la diferencia- decía despreocupadamente mientras tomaba una espada y la balanceaba de un lado a otro con trazos lentos en el aire.
-Alguien podría verte- le recriminó mientras le arrebataba la espada y la volvía a colocar en su sitio- Por favor no toques nada, o mejor aún, vete antes de que alguien venga- trató de empujarlo para llevarlo a la puerta de atrás, pero Tooth hizo gala de su agilidad y se apartó a un lado de la misma manera en la que el aire rodea una piedra.
-¿Qué escondes ahí? ¿Por eso me quieres fuera?- el tono que empleó Tooth puso nervioso al peli castaño.
-¡No, no, no! ¿Qué te hace pensar eso?- Hiccup forzó su mejor sonrisa confiada.
-Repetiste tres veces- Hiccup maldijo tres veces en su interior aquel acto de nerviosismo involuntario- ¿Qué escondes, Haddock? No será lo que envolviste en esas pieles ¿Verdad?-
Cada vez que Tooth lo llamaba por su apellido era para después molestarlo de alguna manera, normalmente respondería con bromas por igual, pero era mucho el riesgo. Aquello aún no estaba listo del todo. Debía buscar una manera de mover la atención del azabache a otra cosa.
-¿Qué buen clima hace hoy, no?- la cara de Tooth mostro la perplejidad hecha de forma facial, incluso Hiccup quiso darse un golpe en la cara por tan tonta pregunta.
-¿Qué?...-
-Digo, es que alguien puede venir en cualquier momento- se excusó con rapidez el chico- Este lugar es una herrería y es muy solicitada- Hiccup se iba a dar un segundo para respirar por su mejor respuesta.
-¿En domingo?- Hiccup recordó el a verle contado que los domingos cerraban la forja, se sintió el doble de tonto en ese instante.
-…Sí, pero es que a veces a alguien le urge algo o buscan a Gobber para quejarse de algún desperfecto en los encargos- Hiccup se obligó a no tragar la bola de saliva que tenía en la garganta.
-…Muy bien, quiero ver que escondes- dijo decidido el Furia Nocturna mientras se acercaba a la mesa donde las pieles envueltas estaban. Hiccup estuvo a punto de protestar, pero de manera sorpresiva escuchó tres suaves golpes en la puerta del local.
Lo que había dicho Hiccup no era del todo falso, pues si bien los domingos eran los días en que la fragua no se abría, por decreto de la mera gana de su mentor, se daban ocasiones en las que Hiccup estaba justo cuando alguien trataba de encontrar a Gobber en su tienda. Al parecer ese era uno de esos escasos días ya que la gente del pueblo conocía lo grande que podía ser la pereza de Gobber.
-¡Tooth…!- Hiccup llamó en un susurro alarmado a su amigo, pero se encontró que éste ya estaba debajo de una de las mesas de abajo hecho ovillo.
Hiccup admitía que era increíble la gran habilidad e Tooth para esconderse, sin embargo, era de día y no había sombra alguna que cubriera a su compañero, así que con buscó apresurado algo con que tapar la mesa, más lo único que encontró fue su delantal de cuero. Mejor que nada, pensó él.
-¡Ya voy!- trató de serenarse así mismo con inhalaciones profundas y se preparó mentalmente- Gobber no está, puede buscarlo en el Gran Salón o venir mañana- decía al tiempo en que abría la puerta y se encontraba con dos grandes Ingerman.
-H-ola, Hiccup- saludó con timidez el joven Ingerman- Y-yo… hola- hasta Hiccup se dio cuenta de que Fishlegs estaba nervioso.
-Eh… ¿Hola?- Hiccup tampoco estaba sosegado, claro, cuando tienes al guerrero más temido de la isla, y de otras islas, debajo de tu mesa no dejaba espacio para la calma… Hiccup sintió un deyabú en todo eso…
-Sólo viene a…- Fishlegs miraba con detenimiento sus pies y jugueteaba con sus dedos índices, como si ver hacia adelante estuviera prohibido- Yo… yo… ¿Hola?...-
Hiccup empezó a escuchar una risilla ahogada por debajo de la mesa de trabajo, antes que lo los dos Ingerman se dieran cuenta del sonido, Hiccup le dio un puntapié haciendo cesar la risa retenida del azabache. Hiccup sentía la mueca deformando su sonrisa y juraba que tenía un tic en el ojo. Sin saber que hacer empezó a reír de la manera más natural posible. Falló estrepitosamente pues ahora ambos Ingerman lo miraban como si estuviera loco.
-Bueno… yo…- Hiccup sintió el profundo deseo de abofetearse con todas sus fuerzas.
-Lo que mi querido primo quiso decir es que te trajimos esta cesta de pan, ya sebes, para "hablar"- miró con un raro gesto a su primo y éste se sobresaltó- ¿Verdad, Fishli*?-
Fishlegs respiró hondo y se acercó a Hiccup con una extraña expresión que Hiccup no supo decir si estaba decidido o asustado, Meatlug se hizo a un lado y se alejó varios pasos con una sonrisa amorosa. De frente a Hiccup, Fishlegs parpadeó varias veces y dejo los labios entre abiertos, como si esperara que el sonido saliera por su propia cuenta. Primero fue un gemido y luego una palabra mal entonada y terriblemente entendible.
-Hiccup… lo siento- el mencionado tardó en procesar las palabras del inmenso rubio debido a la conmoción de tener a Tooth debajo de su mesa de trabajo- Cuando éramos más jóvenes… yo…- Fishlegs tomó un largo respiro, como si estuviera pataleando en el mar tratando de no hundirse- Fui un pésimo amigo y te debo una disculpa. Lo siento, Hiccup. Perdóname por ser un terrible amigo…- terminó en casi un jadeo el rubio.
La mente de Hiccup se bombardeó con cientos de recuerdos de él y Fishlegs cuando eran jóvenes… bueno, mucho más jóvenes. Recordó aquellos días donde aún no experimentaba la completa soledad, las tardes de risas y las pláticas eternas sobre libros y alocadas deducciones de cosas inexplicables. Luego recordó el abrupto día donde una tarde en el bosque Fishlegs le dijo que ya no podían verse.
"No es por ti Hiccup"
Le había dicho el Ingerman. Hiccup sabía que sí era por él.
"Mi familia dice que es lo mejor, adiós".
Hiccup jamás recordó sentir tanto frío, ni siquiera lloró ese día, ni los siguientes y el frío se pegó a su piel como un manto invisible, uno al que se había adherido con resignación y sin acostumbrarse nunca… ahora Fishlegs, años más tarde, le ofrecía disculpas ¿Estaba enojado? Debería ¿Debería gritarle? Sería lo justo, él era el que había pasado tantas cosas solo, sentía que poseía el derecho.
-Fishlegs- el rubio pega un respingo en su sitio y se pone rígido como una tabla- No hay nada que perdonar- el castaño le extendió la mano a través de la ventana de servicio y una sonrisa agradable- ¿Amigos de nuevo?-
Hiccup notó que los ojos del Ingerman se veían vidriosos, sin duda trataba de contener las lágrimas. Aunque el Ingerman que lloró fue su prima que intentaba controlar sus sollozos con su inmensa mano.
-Lo siento tanto, Hiccup- le repitió el joven regordete entre hipidos.
-No te guardo rencor, en serio- en realidad él no se creía capaz de guardar verdadero rencor, por unas varias razones.
-Eres muy bueno, Hiccup, sin duda eres una persona generosa- alagó Fishlegs con una sonrisa quedita y apenada pues le daba vergüenza el llorar en público.
-No, realmente no soy tan bueno- eso era verdad. Una que se podía disfrazar de falsa modestia.
-Espero que te guste el pan, sin es de los mejores… ¿Y el pan?- la canasta que traían los Ingerman había desparecido de la barra, pero Hiccup supo de inmediato dónde se encontraba.
-¿Trajeron pan?- trató de hacerse el desatendido mientras ponía una mueca nerviosa en un intento de sonrisa. Mientras tanto podía escuchar los sonidos entrechocados de los dientes afilados de Tooth.
-Sí… pero la puse aquí y… tal vez la dejamos en la tienda…-
-No~, estoy segura que la traíamos- señaló Meatlug mientras buscaba con la vista el cesto con panes que sostenía hace apenas unos momentos.
Hiccup vio en cámara lenta como Tooth sacaba la cesta vacía por debajo de mesa de trabajo para ponerla a una palma de distancia de los pies del aprendiz de herrero. Hiccup hizo un movimiento diestro con el pie y alzó la cesta con un empujón que elevó la cesta hasta sus manos y con la misma rapidez la colocó encima de la barra por donde atendían a los clientes.
-¡Oh! ¿Ésta cesta?- dijo nervioso.
-¡Sí…! Pero qué les paso a los panes, estaba llena cuando llegamos- dijo Fishlegs mientras inspeccionaba el objeto para ver si algún pan residía en él o para ver si tenía agujeros que dejaran salir el contenido.
-Es que se veían tan apetecibles que me los comí- una risita tenue se escuchó por debajo de la mesa e Hiccup dio un puntapié a siegas, pero no le dio a nada.
-Vaya… enserio que debías de tener hambre- comentó Meatlug algo dudosa de la respuesta de Hiccup pues ni su primo se podría comer toda una cesta tan deprisa y sin siquiera ser visto.
-Es… ¿Estoy en crecimiento?...-
La respuesta dejó en silencio hasta el viento e Hiccup juraría que el sudor que le corría por la nuca ya sería visible para los ojos de quien le mirara la espalda.
El silencio se vio roto por la maternal risa proveniente de Meatlug, seguida después de Fishlegs, el cual era de risa fácil cuando se trataba de su adorada prima. Una cuarta risa estuvo a punto de unirse, pero esta vez Hiccup logró atinarle una patada suave de advertencia. No pasó mucho para que se controlaran las risas de los tres jóvenes y el intruso escondido. Todo para después seguir con un silencio incómodo. Algo obvio para Hiccup, ninguno de ellos tenía algo en común como para sacarlo a modo de conversación, tampoco sabían mucho del otro para poder preguntarse algo. Fue Meatlug la que rompió el silencio.
-Seguro estás ansioso por la siguiente prueba, veo que estás haciéndote armas allí- señaló con la mirada los objetos envueltos y el reguero de cuero y sobras de metal- me imagino que es para ti, los domingos casi nadie pide nada-
Hiccup se sorprendió de lo observadora que era Meatlug y su buena deducción. Nuevamente Hiccup se puso nervioso, aquello en lo que estaba trabajando no era para él, pero tampoco podía decirles de lo que se trataba pues la persona a la que se lo hizo estaba debajo de la mesa a lado suyo.
-Es que es… un pedido especial ¡Mio! Sí, es que quiero probar unas cosas jeje…- Hiccup sentía como le sudaban las manos y como su corazón amenazaba con detenerse en cualquier instante.
-¿Sí, qué es?- preguntó entusiasta.
-Es… una sorpresa- y no mentía del todo.
-Pero…-
-Cuidado barrilote, podría volver a noquearte de un golpe si lo sigues molestando- dijo una familiar voz burlona atrás de la inmensa Ingerman. Barf se acercaba acompañado de su gemelo y de sus primos menores, los cuatro tenían aquella característica sonrisa Thorston.
-Sí, recuerda que te mando a besar la piedra en el entrenamiento- continuo su copia pegada después, Belch (acabo de descubrir sus verdaderos nombres xP) tenía un costal de piel muy grande y… ¿Se estaba sacudiendo?
-¡Muerte, muerte, muerte!- empezó a canturrear Tuffnut y Ruffnuf
-Tan temprano y ya están haciendo idioteces- las palabras de Hookfang silenciaron el coro de Thorston al instante, el pelirrojo había salido de la nada, algo increíble para su tamaño, lo primero que hizo fue clavar su mirada en el cesto vacío. Se acercó con pasos largos y calmados a la barra donde atendían a los clientes y tomó con sus inmensas manos el cesto de mimbre y lo inspeccionó en silencio- ¿Se lo comieron todo?...
Los presentes siguieron en silencio, hasta que Tuffnut lo rompió.
-No soy adivino, pero si eso tuvo pan, y está vacío, significa que sí-
-Sí, dah- en ese instante sus primos más grandes les taparon las bocas con fuerza y les aplicaron una llave mata leones para impedir su movimiento.
-No les hagas caso, acaban de lavar nuestra ropa sucia y no están del todo bien- dijo con rapidez Blech mientras sujetaba a su prima.
-¿Cuándo un Thorston está bien, hermano?- agregó con humor forzado su gemelo mientras sujetaba a Tuffnut- Escuchar a un Thorston es como querer hablar con un panal de abejas… ¿o era al revés?…-
-Los panes eran para Hiccup- dijo Fishlegs con apenas un hilo de voz. Hookfang clavó su dura mirada en el regordete adolescente y éste tembló como gelatina.
-¿Qué?...- las palabras del inmenso pelirrojo parecían escupir hielo, el pobre de Fishlegs estaba paralizado por aquel par de duros ojos amarrillos que atravesaban su cuerpo haciendo que temblara como gelatina.
-Oigan, yo también estoy aquí- se quejó Snotlout con los brazos cruzados contra su pecho pues al parecer nadie lo había notado llegar.
-Repítelo, panzón, vamos- retó el enorme pelirrojo mientras se le acercaba de manera intimidante.
El menor Ingerman retrocedía y temblaba como pez fuera del agua, el rubio pudo retrocedes hasta el infinito, pero se detuvo al ver a su prima colocarse frente de él.
-Retrocede, Hookfang- le advirtió la chica Ingerman con el ceño fruncido y los brazos entre cruzados.
-¿Qué, te ocultarás tras sus faldas?- le dijo Hookfang a Fishlegs por encima de Meatlug, cosa no muy difícil por su gran estatura- Vaya hombrecito…- escupió el pelirrojo.
-Sí, clásico de Fishlegs, grande como yak, pero en el interior vive una gallina- corroboró Snotlout al lado de su primo haciendo que Fishlegs agachara su mirada hasta el piso y se encorvara bastante más de lo que lo acostumbrado. Meatlug echó un vistazo fugaz a su propio primo, sabía que sobreprotegerlo estaba mal, pero no podía evitarlo, desde que nació había caído rendida por aquel encanto de bolita de carne. Aquel sentimiento no se aminoró ni un poco con el tiempo, es más, sólo aumentó. Las horas que pasó con él, los baños que le daba, los juegos que jugaban y las largas charlas que él iniciaba con una devoción e insaciable deseo… todo eso ella lo adoraba.
-Pero tampoco veo que dieras un paso más- dijo con tono suave.
Ambos pares de gemelos Thorston empiezan hacer coros de provocaciones para incitar un conflicto mientras que Hookfang clavo su dura mirada en la figura de Meatlug en vez de a la persona que tenía ella detrás. Un estremecimiento recorrió el cuerpo de la chica al sentir la dura e intimidante mirada de Hookfang sobre ella, el pelirrojo siempre había tenido una presencia amenazadora, pero lo que más le ponía los pelos de punta a la gente eran aquellos severos ojos amarrillos que parecían los de un verdadero demonio furioso y su gran estatura no ayudaba para nada.
-¿Sucede algo?-dijo mordazmente el pelirrojo- ¿Me temes?- susurró mientras acercaba su rostro al de ella- Pues deberías…
-Oigan…- y la descripción de "ambiente roto" se hizo casi de forma física cuando la voz de Hiccup pareció resonar como tambor en aquel ambiente- Sin peleas fuera de la fragua… ¿Sí?- a ese punto ni Hiccup sabía de dónde había nacido aquel arranque de valor ni tampoco sabía a dónde se había ido su sensatez como para intentar interferir entre dos dragones.
-¿Qué?- dijo Hookfang entre lo escéptico y lo confundido, no porque no lo escuchó, sino por su intromisión. Para él, Hiccup, seguía siendo el enano más escuálido e inútil de toda la aldea, con o sin esos rumores del Cazador de Dragones.
-Lo que oíste, llamitas- Hiccup por un segundo sintió que moría pues creyó que él dijo esas palabras desafiantes, pero en realidad fueron Barf y Blech, justo detrás de él.
-Cuidado, fogoso, podrían cazarte antes de tiempo- se burló Barf con claras intenciones provocadoras.
-Uh, uh, sangre ¡Sangre! ¡Sangre! ¡Sangre! – empezaron a corear el otro par de gemelos de sexo distinto.
Snotlout intercambiaba su mirada de su primo a su primo más bajito, su primo, el grande, fruncía con más ganas cejas. Snotlout conocía a su primo lo suficientemente bien como para saber esas pequeñas señales de peligro, años de tratar con él y su padre, y las estaba viendo. Sí, ahí estaba la vena palpitante de la sien.
Mientras tanto, Hiccup, estaba a nada de sufrir un desmallo o infarto… o ambos… miro de arriba abajo y de abajo arriba y no pudo evitar comparar su tamaño con el de Hookfang, la mejor comparación sería un árbol enfrente de un pino, un pino muy alto y enojado ¿Los árboles podrían verse tan atemorizantes? Tal vez debería tragarse la lengua para ahogarse y morir rápido, aunque no podía quitarse esa sensación de que olvidaba algo. En ese momento recordó que Tooth estaba en la fragua, debajo de una mesa, pero eso podía cambiar en un instante pues lo conocía lo suficiente como para saber que su paciencia era poca y sus ganas de matar salían con demasiada facilidad.
-Yo…-
-¿Tú?…- preguntó con desafío el pelirrojo, el cual ya empezaba a ver todo de color rojo.
-Tan temprano y empiezan a ser estúpidos- dijo una voz femenina, pero cargada de frustración, a espaldas de la mayoría.
-¿Astrid?- dijo Snotlout dándose la vuelta rápidamente para mirarla.
-Como siempre eres rápido como una piedra-le espetó con sarcasmo la rubia con un claro tilde de fastidio.
-Gracias, preciosa- dijo el moreno con aquel tono estúpido que siempre le dirigía cuando intentaba coqueteando, más aún, ni si quiera era lo suficientemente inteligente como para detectar un insulto.
-Oye, ¿No es temprano para que la señorita segundo lugar esté enojada?- le susurró Tuffnut a su gemela, aunque no demasiado ya que todos escucharon a la perfección lo que había dicho.
Estar en una isla hacía que las noticias de toda índole llegara a oídos de todos en casi nada de tiempo, pues del poco entretenimiento vikingo no dejaba muchas opciones y el informarse de lo que hacía el vecino era uno de los pasatiempos de la mayoría de los berkianos. Cosa que a ella le resultaba de lo más desagradable en muchas ocasiones.
-Por lo menos no chillé como cerdo y lloré como niñita… espera, eso sería un insulto para las niñas de la aldea- contestó con veneno la joven rubia.
-hermana, ¿Ella trata de insultarme?- preguntó Tuffnut confundido de lo que sentir.
-Parece que sí- le respondió su gemela.
-Oh- dijo como un niño que se entera de donde salen los yaks bebés- Nah, me han dicho peores cosas- dijo despreocupado el joven Thorston. Casi nada dura de pie cuando Astrid le atina un fuerte puñetazo que lo pone contra la tierra en menos de un parpadeo.
-¿Y cosas peores?- dijo con la rabia impregnada en su voz, pero al menos sentía que se estaba calmando al sentir los nudillos descansados sobre piel ajena.
-S-sí… cosas peores- dijo desde el suelo el rubio- Yo y mi hermana lavamos la ropa de mis primos hoy…- un perfecto y pequeño círculo se dibujó en los labios de todos al saber la asquerosa tarea que tuvieron que hacer los gemelos más pequeños.
-Se pasaron- les recriminó Hookfang a los gemelos mayores que miraban sus uñas como si fueran la cosa más interesante del mundo.
-No nos hacemos responsables por el trabajo voluntario de la gente- afirmó Barf con una sonrisa.
-Los riesgos lo corren bajo su propio riesgo, no se aceptan reclamaciones- agregó Blech sacudiendo el polvo invisible de su ropa.
-Eso no les quita lo desgraciados- dijo Hookfang aun con la rabia impregnada en su voz por la furia de los momentos anteriores.
-Oye, de aquí eres el único pirómano amigo- le contestó Blech mientras llevaba sus manos de dedos largos a sus costados de manera prejuiciosa.
-¿Pasamos la parte donde Hookfang quería descabezar a Hiccup?- preguntó Tuffnut al público de fondo que no eran otros que sus propios compañeros de entrenamiento.
-Parece que sí- le respondió su hermana, pero no lo suficientemente bajo como para pasar desapercibido el comentario.
-Sí ese enano quiere pelea pues aquí estoy- gruñó Hookfang mientras giraba su cuello para hacerlo tronar como ramas secas ante el peso de una pisada.
Hiccup estaba a punto de echar a correr cuando la persona que menos esperaba acudió a su rescate.
-Pelearás fuera del ruedo- señaló Astrid poniéndose entre Hiccup y Hookfang, una verdadera muestra de valor pues el gigante pelirrojo le ganaba por el doble de estatura y el triple de peso.
-También tengo para ti, enana- Hookfang posó ahora su mirada en la delgada figura de ella, pero al parecer a ella no le afecto esa afilada mirada amarrilla y si lo hizo, no lo demostró.
-Meatlug, Stormfly y los gemelos locos…-
-¿Cuál par de gemelos?- interrumpió Tuffnut.
-Los más apestosos- le escupió la respuesta la rubia mientras lo amenazaba con la mirada.
-Ustedes- dijo Barf señalando a sus primos con el dedo.
-A lo que iba…- dijo frustrada, ambos pares de gemelos eran de los más irritantes- De todos Los Dragones el que falta eres tú, te dejo adivinar quién es el que sigue en las pruebas- terminó la joven mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.
Hookfang no era tonto como la creencia popular que se tenía sobre los tipos grandes y fuertes, más aún vikingo, sabía perfectamente que iba contra las reglas del entrenamiento las peleas fuera del ruedo mientras el joven postulante estuviera en ellas. Entre vikingos las competencias y el apostar iban tan de la mano como una jarra de aguamiel y un estofado de carnero y ya se habían dado casos en el pasado donde agentes externos a las competencias "arreglaban" los resultados finales de los cadetes con trágicos accidentes que arruinaban a más de un competidor, por lo cual se proclamó la regla de "cero tolerancia" a las peleas externas con cadetes, aunque aún seguían siendo vikingos feroces eran también fieles creyentes de las tradiciones de sus antepasados.
-Cuando llegué la hora a ti- señaló con su enorme dedo a Hiccup- Te quemaré hasta hacerte cenizas y a ti- sorpresivamente para muchos Hookfang señaló a Astrid- Quedarás tan desfigurada que ni tu madre te reconocerá y dentro del ruedo no tendrás a tu primita cuidándote-
-¿Siempre has hablado tanto?- preguntó Astrid con una sonrisa de lado.
-UUUUUUUUUUUUUUUUUUUH- corearon los dos pares de gemelos dando círculos alrededor de Hookfang. Las reglas decían que no podía golpear a los cadetes… sin embargo nada protegía a los que no participaban.
Sin dudarlo ni un poco Hookfang se lanza sobre los gemelos mayores, estos reaccionaron rápido y corrieron como si su vida dependiera de ello, cosa no muy incierta en esos instantes, en dirección al puerto. Los tres se iban alejando más y más siendo seguidos por sus respectivos familiares que no deseaban alejarse del espectáculo sólo quedaron los Ingerman y Astrid.
-Creo que volveré a la panadería, las cuentas no se harán solas- dijo Fishlegs mientras empezaba a caminar- Hiccup...- parecía que el Ingerman quería decir algo, pero las palabras se negaban a salir de su boca de alguna manera entendible.
-Todo está bien, Fishlegs- dijo Hiccup intuyendo un poco lo que su viejo amigo quería decirle, Fishlegs siempre había sido alguien al que se le dificultaba tomar valor para decir las cosas, más eso no le quitaba lo increíblemente noble de su corazón.
Fishlegs sonrió con alegría y entusiasmo, por fin pudo arreglar las cosas con Hiccup, tal vez las cosas no serían como antes, pero se encargaría de acortar aquella distancia que él puso entre ambos y esta vez no lo defraudaría, lo juraba en ese momento ante los ojos de los dioses.
-Entonces nos veremos luego, cuídate- dijo de forma alegre el adolescente mientras se despedía con la mano agitada en el aire, Meatlug seguía en silencio a su primo con una sonrisa cariñosa, se detuvo un momento para mirar una última vez a Hiccup.
-Seguro serán grandes amigos de nuevo- pensó ella.
Hofferson y Haddock quedaron a solas, el silencio era espeso e incómodo como mantequilla rancia. A Hiccup le empezaron a sudar las manos y movía sin rumbo fijo los ojos mientras sentía que ese impulso nervioso de rascarse la cabeza y no tardó mucho en hacerlo. Debía buscar la manera de romper ese molesto ambiente.
-Hola Astrid, hola Astrid, hola Astrid…- repitió de manera nerviosa- Que genial eres, Haddock- pensó con disgusto hacía si mismo.
-No lo hice por ti- dijo sin mirarlo directamente- Si vas a morir será en el ruedo, perdiendo contra mí- aclaró ella ahora mirándolo de reojo.
Tal vez él era un masoquista, pero se sintió aliviado por alguna extraña razón.
-Bueno… yo…. Debo seguir trabajando- de repente recordó quien estaba debajo de su mesa - ¡Sí, tengo muchos encargos! - dijo atropelladamente. Apenas iba a disponerse a mover un pie cuando es detenido por el filo de un hacha, por suerte era el mango de madera del instrumento de guerra era el que se recargó en su delgado hombro.
-Espera- dijo la chica que sostenía el hacha.
-¿Puedo decidir eso?- pensó con sarcasmo mientras sentía el peso del hacha, empezaba dolerle el hombro.
-…¿Puedes arreglarla?- a ese punto de su día Hiccup ya no estaba al tanto de lo que pasaba a su alrededor, pero por todos los dioses existentes, juraría que el tono de Astrid tenía un tilde de duda. Seguro su mente, su pobre y cargada mente de joven afligido le estaba jugando una mala broma a sus oídos.
-Eh, sí, sí puedo, no tengo nada que hacer- respondió sin pensar.
-¿No dijiste que tenías muchos encargos?- Astrid lo encaró con más cercanía mientras aumentaba la presión de su agarré, parecía que estaba interrogando a un criminal.
-Que listo eres, Haddock- se recriminó el adolescente al delatarse el mismo.
Ha Astrid le disgustaban muchas cosas, entre esas cosas estaban los mentirosos. Hiccup casi escuchaba lo que ella estaba pensando, tanto tiempo mirándola de lejos le permitió conocerla lo suficiente como para saber ciertas cosas; no es que fuera un acosador, no, claro que no… tal vez sólo un poco y eso lo apenaba.
-Sin mentiras, Haddock- le advirtió la joven casi en un reto.
-…Trabajo en algo personal- eso no era del todo mentira y tampoco podía darse el lujo de decir demasiado, él estaba ahí.
-¿En qué exactamente?- Astrid no sabía el porqué, pero algo en el tono de Hiccup le causaba suspicacia.
-Es personal- no supo de donde salió aquel tono serio, agradeció a los dioses aquel arranque de valor salido de la nada que inclusos Astrid parpadeo sin creer la seriedad donde salió ese tono.
-Está bien- dijo no muy convencida levantando el hacha del hombro de su "prisionero", sorprendió de un susto al pobre castaño cuando ella le hizo dar una vuelta en el aire con una destreza envidiable, con la misma habilidad la atrapo en el aire con la parte del filo ahora apuntando hacia ella y el extremo de madera a Hiccup- tuvo… un accidente- ella no quería rebelar lo que le pasó en realidad.
Hiccup tomó el hacha aún con cierta duda de si hacerlo o no. Al sostener el hacha, que por una extraña razón no la sentía tan pesada cuando la sujeto con sus dos manos, pudo notar fácilmente el problema, una de las puntas del extremo del filo estaba roto y parte de este con una ligera abolladura. Con su experiencia adquirida por los años arreglando armas desde niño supo de inmediato que seguramente fue golpeado contra una piedra. Era lo suficientemente listo como para revelar eso en voz alta.
-Tiene remedio- dijo mientras se daba la vuelta y emprendía rumbo a la herrería, pero notó que Astrid lo estaba siguiendo- ¡Voy a trabajar en la herrería!- el grito de Hiccup confundió a Astrid pues no comprendía la necesidad de gritar que iba a trabajar. La realidad era que Hiccup advirtió a Tooth que iba a entrar y esperaba que se diera cuenta de que no iba solo.
Ambos jóvenes entraron adentro del local y la rubia contempló el interior parte por parte. Era espaciosa, más de lo que se dejaba ver por fuera del local, y había armas por todas las paredes, cosa que le gustó y más el calor interno que proporcionaba el horno de piedra siempre ardiente. Era un sitio muy agradable.
-Se nota que no pasas frío- dijo en voz alta la joven mientras disfrutaba la sensación del ambiente cálido, no es que le molestara el frío, estaba acostumbrada a él como todos los demás habitantes de la isla, pero nadie rechazaba una sesión de calor de vez en cuando.
-Es cálido- admitió Hiccup buscando sus herramientas.
El silencio volvió a entre ellos y no era de los agradables y no era para menos, nunca en ningún momento estuvieron los dos solos en un mismo cuarto, forja en este caso, pero seguía siendo el mismo caso y efecto. El corazón de Hiccup latía como el resonar de un martillo sobre el yunque, Tooth no estaba debajo de la mesa y eso lo alivió, hasta que miró la puerta de su habitación semi abierta, ese sitio era personal ya que era donde trabajaba es sus proyectos personales o descansaba de vez en cuando en una cama que había ahí, supuso que Tooth se metió ahí al no poder salir por otra parte. El peor escenario era que Astrid descubriera a su amigo y no se imaginaba ninguna excusa convincente para justificar su presencia en la forja. No podía permitir que lo descubriera.
-Gobber ha trabajado bastante para surtir a toda la isla- dijo mientras inspeccionaba una espada a medio hacer encima de una de las mesas, para fortuna de Hiccup ella fue quien inició la conversación- esta espada se ve que será bastante buena-
Hiccup preparaba todo lo necesario para empezar las reparaciones del hacha mientras que echaba miradas fugaces que intercalaban entre Astrid y la puerta, al oír sobre una espada prestó mayor atención al arma susodicha que no era otra que una que había dejado medio terminar. Era raro, Astrid estaba alagando las armas que colgaban de la herrería cuando el hizo aproximadamente la mitad de ellas o las reparó lo mejor que pudo.
Ver a Astrid alabar una de sus armas le dejaba una sensación agradable en su pecho… y el no poder decirle que él era el creador le hacía sentir un ardor extraño que empezaba de su nuca y llegaba hasta sus orejas.
-Tu hacha estará para mañana en la tarde- necesitaba sacarla de la herrería, cualquier cosa podía pasar y no deseaba arriesgarse excesivamente.
-¿Tratas de correrme?- ella dejó la espada en su posición para observarlo con una ceja alzada y los brazos entre cruzados.
-¡Sí! Digo ¡No! Bueno… esto puede tardar- trató de excusarse el chico mientras calentaba el horno con el fuelle.
-No tengo nada mejor que hacer- lo que Astrid de verdad quiso decir era "no me iré porque no quiero".
-Seguro que tu hacha es única- dijo sin pensar el aprendiz de herrero.
-…Así es- respondió la rubia mientras acomodaba su flequillo para esconder su mirada. Hiccup no esperó que su comentario realmente acertara o si quiera fuera cierto y eso le dio un poco de curiosidad.
-Es… seguro que significa mucho para ti- Hiccup deseaba saber más, pero no quería que Astrid lo creyera un fisgón.
-Fue un regalo de mi tío Finn…-
Pasaron dos cosas en la mente de ambos jóvenes; primero era que otra vez Hiccup no esperaba una respuesta, no una que no viniera con un insulto; y segundo era que Astrid no se creía lo acababa de revelar tan a la ligera a… ¡A Hiccup! Justamente eso era lo que la turbaba.
-Y-ya veo, entonces es muy importante para ti- dijo Hiccup cuando recuperó por fin la capacidad del habla.
-Al parecer no lo suficiente como para no darle contra una roca- confesó sin querer la Hofferson- ¡Mierda!- pateó con fuerza la mesa haciendo que todo lo que estuviera sobre ella callera estrepitosamente al suelo.
Hiccup miró en silencio todo lo que la rubia furiosa provocó en aquel arrebato de ira, era mejor esperar a que tranquilizara lo suficiente para poder decir algo que rondaba por su cabeza desde hace rato. Cuando miró que la respiración de su amor platónico se reguló decidió que era el momento de hablar.
-No es sólo por el hacha ¿Verdad?...- Astrid se paralizó unos instantes.
-No…- otra vez se sorprendió lo fácil que le resultaba contestarle al joven de cabellera desordenada y castaña.
-¿Quieres… hablar de eso?- todo lo contrario a ella, a él le costaba mucho poder decirle una algo y la inseguridad que lo caracterizaba volvió justo a tiempo.
Astrid esta vez se tomó el tiempo para debatir si era buena idea decirle lo que pasaba.
-Tuve una pelea con mi prima-
-…¿Y ella está bien?- Hiccup se golpeó mentalmente por su comentario tan gracioso. Hasta en su mente sonaba sarcástico. Lejos de alguna reacción violenta lo que escuchó fue el canto de una sirena o de una valkiria pues no había otra cosa con la que pudo comparar la risa jovial de Astrid Hofferson y al parecer ella se dio cuenta y fingió que se aclaraba la garganta y el puño en la boca.
-Ella está bien o eso creo- eso más que calmar la curiosidad de Hiccup lo alarmó, Astrid se dio cuenta que su comentario dejaba puerta abierta para imaginar cualquier cosa- Tuvimos una discusión y… creo que metí la pata- decir todo eso le hizo recordar la discusión que ambas tuvieron en su casa en la mañana y era un recuerdo muy agrio.
-Estoy seguro que lo arreglarán- Astrid miró directamente al castaño joven que trataba su hacha con suma concentración, una que no veía o esperaría ver en alguien como… como él.
-No estoy muy segura de eso- de nuevo oculto su vista tras el flequillo rubio que tanto le gustaba acomodar detrás de su oreja- Le hice mucho daño-
-Sabes… Gobber siempre me dice- Hiccup se preparó para hacer su mejor imitación de Gobber-Cualquier cosa tiene arreglo si le das el tratamiento correcto- incluso con su mayor esfuerzo no pareció del todo divertido para la joven rubia, luego vino una sonrisa que le robó el aliento.
-Eso suena a clases de herrería más que consejos de vida- le manifestó la joven con cierto humor.
-De hecho, los es- ambos jóvenes empezaron a reír como dos viejos amigos de toda la vida.
Pareció que pasaron horas juntos y lo gracioso era que desde que Astrid entró por la puerta apenas si transcurrió poco más de media hora.
-No puedo creerlo- dijo por fin ella- De entre todas las personas… jejeje, dioses esto es bizarro en cierto sentido-
-Lo es- le concedió Hiccup mientras liberaba el hierro de la madera para después colocarla dentro del horno.
-¿En serio tendrá solución?- le cuestionó ella.
-Sí, solo debo calentarla lo suficiente para devolverle la forma y retirar un poco del…- cuando se giró a mirarla se dio cuenta en la mirada de ella que no hablaba del arma- Oh, sobre tu prima… creo que sólo…. ¿Necesitas darle el tratamiento correcto?- en ese instante deseo meter su cabeza dentro del horno junto con el arma.
-¿Cómo sabré cual es el correcto?- y en señal de no haber recibido algún golpe Hiccup se atrevió de seguir.
-Creo que ya lo sabes-
De nuevo volvió el silencio, pero no llegó con la incomodidad de la mano, eso era buena señal.
-Una disculpa y un regalo podría ser el inicio- sugirió el joven.
-Soy mala dando regalos- confesó ella.
-Pero en toda la isla no hay nadie que la conozca mejor que tú- esas palabras iban cargadas de tantas cosas, de tantos sentimientos y sensaciones que la hicieron sonar como las palabras más reconfortantes que la joven rubia pudo haber escuchado y eso también iba para Hiccup.
-Creo que toda la isla sabe lo que a ella le gusta, al menos la que desea con más intensidad- no le agradaba mucho la idea de pensar en "él", el recuerdo era demasiado fresco.
Fue cuando ella se dio cuenta de que no recogió lo que tiró en medio de su arranque de furia. Apenada decidió enmendar un poco su error y se dispuso a recoger el tiradero, Hiccup seguía encargándose del arma, pero no perdía de vista lo que hacía la joven. Una sonrisa tenue se asomó por sus labios al comprobar que ella en verdad era una chica considerada y completamente leal… luego ella levantó su cuaderno de notas personales.
Y llegó el desastre "Ley de Hiccup" damas y caballeros.
Dejó sus cosas en otra mesa y se apresuró a ponerse al nivel de Astrid y tratar de recuperar su libreta.
-Déjame ayudarte- le dijo Hiccup mientras tomaba el cuaderno que ella sostenía.
-No, en serio, puedo hacerlo sola- dijo Astrid mientras sujetaba con un poco más de fuerza el cuaderno.
-Descuida, los accidentes pasan- Hiccup trató de usar toda su fuerza para arrebátaselo, pero era obvio que ella poseía más fuerza que él.
-Pateé la mesa, no me tropecé con ella- ella notó que la subida de fuerza del agarre de Hiccup aumentó un poco por lo que ella hizo lo mismo y ahora se encontraban con un leve duelo de forcejeo por el ese cuaderno.
-Déjame ayudarte-
-Insisto, no-
-Vamos…- dijo un poco más desesperado.
-Ya… te dije… ¡Que no!-
Y el cuaderno voló por los aires abriéndose en el proceso. Para Hiccup todo sucedió en cámara lenta, incluso él lo hacía también y Astrid igual. La atención hacia el cuaderno y la necesidad de atraparlo evitó que se dieran cuenta que al ponerse de pie al mismo tiempo hizo que terminaran chocando uno con el otro y ahora estaban cayendo en dirección donde Hiccup estuvo agachado, la rubia adolescente le ganaba por bastante fuerza como para que resultara al revés.
Ambos acabaron uno enseguida del otro y cruelmente para el joven el cuaderno cayó abierto justo delante de ellos y como mora en la punta del pastel en una página muy comprometedora; un dibujo de Tooth en uno de sus mejores perfiles, recordó hacerlo cuando él estaba encima de una de las piedras enseguida del lago de la cala.
-Hiccup…- lo llamó ella.
-¿Sí?...- trató de poner el tono más inocente que pudo.
-Empieza a explicar- era claro que no lo dijo en un tono amable.
Un sonido leve, chirriante y casi inaudible llegó a los oídos de Hiccup, que para él fue el equivalente de una sierra contra una piedra pues provenía de la puerta de su despacho personal. Dio una rápida ojeada y vio que la puerta estaba ligeramente más abierta pero un brillo largo y frío salió de la pequeña brecha, un brillo que sólo un arma podría imitar. Ahí fue que Hiccup recordó que a veces olvidaba una que otra arma adentro del cuarto para poder tratarla en privacidad. Ahora sudaba frío.
-Hiccup- lo llamó la rubia sin moverse del suelo, a Hiccup le pareció poca cosa ese tono comparado con la amenaza que se cerniría sobre ella sino actuaba rápido.
-Yo…- Más seguridad Haddock- Es mi objetivo final…-
Hiccup había recordado los sucesos del Cazador de Dragones y se acordó de que Tooth era supuestamente también uno de los Dragones, sólo rezaba que Astrid se lo creyera, aunque esa posibilidad fuera mínima.
-Me estas jodiendo- dijo patidifusa la joven.
-Oye, voy a por todos los Dragones, él es el último y verlo en el ruedo durante los entrenamientos me dio la esperanza de enfrentarlo en alguno- hasta él se sorprendió de la mentira tan absurdamente elaborada.
Astrid estaba sin palabras, los sucesos de la casi boda seguían frescos en su mente y el rememorar como pensó que moriría para después casarse con ese sujeto le provocaban hasta la fecha sentir bilis en la boca y ese dibujo tan bien hecho de él le provocaba dolor de cabeza. Tampoco ayudaba mucho el escuchar que Hiccup deseaba vencerlo.
-Tú… contra el Furia Nocturna- Hiccup no supo si fue pregunta o afirmación- Eso sería digno de una canción- ella no sabía si sería una de comedia o fantasía- ¿Y eso que tiene que ver con que lo hayas dibujado?- Hiccup deseo por un instante que Astrid fuera de las típicas mujeres vikingas, mucha masa poco seso.
-Es que… deseo visualizar a mi objetivo, me ayuda a entrenar con claridad- Hiccup presentía que tantas mentiras no le traerían nada bueno.
-¿Entonces también soy tu objetivo?- dijo ella mostrándole uno de los dibujos de ella. Específicamente uno de los favoritos de Hiccup. Uno donde se le veía de cuerpo completo con el hacha recargada al hombro.
-Los dioses me odian con todas y sus putas madres-
¿Karma por mentiroso?
-Sí…- dijo ya no tan convencido, pero lejos de lo que pensaba que pasaría Astrid le sonrió.
-No perderé ante ti, Haddock- le dijo de forma retadora- Si alguien ganará esa seré yo- se puso de pie y le extendió la mano- ¿Rivales?-
Hiccup no se dio cuenta cuando fue que levantó la mano y dejarse ayudar a pararse.
-Claro…- no supo de dónde sacó la voz para contestar.
Se sostuvieron las manos por unos instantes más. Hiccup pudo saborear la textura de la mano de la chica Hofferson; era fuerte, firme, pero con una suavidad que no correspondería a alguien que entrena como ella. Astrid también se tomó su tiempo para sentir la mano de su ahora nombrado rival. Su padre siempre le había dicho que podías conocer a una persona con tan sólo sostener su mano; la mano de Hiccup era apenas un poco, casi nada, más grande que la suya, pero tenía callos duros y rasposos, dedos fuertes, algo obvio y necesario para el oficio que desempeñaba… pero era cálida, podría decir que acogedora, era cómoda sostenerla.
Ella decidió terminar con el contacto.
-Bueno, nos veremos mañana- se despidió de forma apresurada mientras salía a toda prisa del lugar, pero sin correr. Hiccup ni si quiera alcanzó a despedirse adecuadamente de ella.
-Adiós- dijo al aire el joven.
Astrid no lo dijo o lo demostró en ese momento, pero no confiaba en él…
-Espera- Hiccup la detuvo cuando ella estaba en el marco de la puerta. Ella lo voltea a mirar con una ceja arqueada, obviamente deseaba irse ya y la paciencia colgaba de la rubia era algo que el chico de cabello castaño no quería probar- Toma- el joven arrancó una de las hojas de la libreta y se lo extendió a la adolescente de ojos azules.
-¿Para qué?- preguntó desconfiada la joven.
-Por favor…- algo había en la forma en la que Hiccup la miró, pero Astrid sintió no pasaría nada malo si aceptaba lo que le estaba dando.
Con un poco más de confianza la chica tomó lo que el Haddock le estaba ofreciendo. Al voltear la hoja descubrió que era el dibujo del Furia Nocturna que había descubierto hace apenas unos momentos.
-Debo preguntar... ¿Por qué me lo das?- la voz de Astrid reflejaba incomodidad y desconcierto por el raro presente que estaba recibiendo.
-E-escuché por ahí que a cierta persona le gusta el Furia Nocturna- Hiccup podía sentir la cara de desagrado de Tooth clavada en su nuca, él odiaba ser llamado de esa manera.
-Sigo sin comprender por qué me das este… retrato…- Astrid guardó silencio pues la revelación le llegó.
Astrid, a diferencia del vikingo promedio, era lo suficientemente lista para realizar conjeturas y llegar a hipótesis bastante complejas; además de que era demasiado obvio que "esa" persona era su prima.
-Veo que ya te diste cuenta- Astrid no respondió de inmediato, así que Hiccup siguió hablando- Alguien me dijo una vez que un buen regalo era el comienzo perfecto para una disculpa.
-…¿Tú crees que esto le gustara? ¡Espera! No respondas, es obvio que sí… lo que quiero decir es… gracias- Astrid dio tres rápidos pasos y le pegó un golpe amistoso al castaño, el pobre uso todo su poder mental para no quejarse y sobarse el brazo frente a ella- Nos vemos mañana- se despidió la joven saliendo de la fragua a toda prisa, deseaba encontrar a su prima.
De nuevo quedó solo en la fragua… esperen, él no estaba solo. Se apresuró con impaciencia al despacho y abrió la puerta lo más que pudo de un empujón y no tardó demasiado para encontrar al joven de cabello azabache responsable de sus semi-infartos diarios. Tooth estaba cómodamente sentado en una silla con las dos piernas subidas a una pesa inclinada que Hiccup usaba para trazar sus planos o dibujos. Él lo miraba con una sonrisa divertida.
-¿Te parece gracioso?- se quejó el joven de cabellos castaños.
-Más o menos- Tooth, con agudos reflejos felinos, atrapó el cuaderno de Hiccup mucho antes de que lo golpeara en la cara.
-¿Dónde está el arma?-
-Me ofende que me creas capaz de matar a alguien a plena luz del día- el silencio de Hiccup no lo alentó a seguir con la broma- No creo que sea en sí un arma- dijo mientras sacaba detrás de él una varilla de hierro gruesa como lanza y de altura proporcional a la pierna de un hombre adulto- Pero cualquier cosa puede matar- soltó el objeto metálico al suelo con desgano.
-Tooth, lo prometiste- le reclamó el joven.
-No era para ella… era para ese tal Hookfang- se justificó a su modo el azabache.
-Pero eso no tiene…- luego recordó la razón de la familiaridad de la varilla- Estaba debajo de la mesa donde te escondías-
-Sí, un lugar raro para guardar tus materiales de forja- el joven de ojos verde tóxico bajo ambas piernas de la mesa para ponerse lenta y perezosamente de pie como un gato levantándose de su siesta.
-No me quedó como quería-
-¿Tiene que ver con el nerviosismo que te dio cuando quería ver lo que escondías?- Tooth notó como el delgado cuerpo de Hiccup se tensó con lo que dijo- Eso es un sí, ahora cuenta- dijo contento con su acertada deducción.
No es que Hiccup le escondiera algo grave… de hecho ya era el momento de enseñárselo.
-¿Me esperarías en la cala?- antes de que Tooth le respondiera él siguió hablando- Es una sorpresa- explicó velozmente.
No es que a Tooth le disgustaran las sorpresas, es que no estaba acostumbrado a tenerlas, él siempre estaba pendiente y listo para todo, claro, en lo que se refiere a combate. Las cosas cambiaron con Hiccup y no se arrepentía de eso, ahora era auténticamente feliz y no cambiaría nada de eso.
-…Está bien- dijo con desgano- Date prisa, pronto oscurecerá- dijo mientras señalaba la ventana por donde se atendían a los clientes.
Hiccup se sorprendió de lo rápido que pasó el tiempo ¿En serio ya iba a atardecer? Sin duda el incidente con Hookfang y el rato con Astrid se llevó buena parte del día sin que se diera cuenta, pero tenía tiempo de sobra, sólo le faltaba…
-¿Es normal que el horno eche tanto humo?- cuestionó Tooth sacando a Hiccup del tren de sus pensamientos.
Hiccup volteó a la foja aterrado, el horno donde había dejado el hacha de Astrid escupía una mala cantidad de humo, señal que el metal se estaba quemando. Corrió velozmente hacia el horno, por el trayecto tomó las pinzas con ambas manos y usando toda su habilidad y rezando a los dioses, sacó el trozo de hierro y lo examinó; estaba bien. Se permitió respirar por fin, por poco arruina el regalo valioso del difunto tío de Astrid y ya se imaginaba su cuello torcido por las manos de la rubia. Observó de reojo el horno y pudo ver que no se encontraba lo suficientemente caliente; un error de novato a palabras de Gobber, si un horno no está adecuadamente caliente no fundía el metal, lo quemaba, echando a perder el hierro.
-Gracias…- iba a agradecerle a Tooth apropiadamente, pero él se había marchado con el sigilo de una sombra- ¿Cómo hace eso?-
No tenía mucho tiempo para pensar demasiado en las capacidades de desaparición de su amigo dentudo/puntiagudo, el hierro del arma de Astrid debía tratarse en ese momento o su integridad física podía verse comprometida causando un daño irreversible. No perdió ni un instante más y empezó a martillar el metal en el yunque, necesitaba mitigar el peso desbalanceado por falta del trozo faltante equilibrando el centro y darle una mejor asimetría a las dos hojas. Las hachas dobles eran mucho más difíciles de tratar debido a que ambos lados del arma eran golpeadas y no había base para aguantar el mismo castigo que una de un filo, por eso el centro de esa clase de armas necesitaba ser grueso y resistente.
-Ahora el ojo- dijo mientras ponía el arma en una prensa y apretó la palanca de ésta para que el trozo de hierro se sostuviera de manera recta, después tomó un trozo de hierro cilíndrico y oscuro y con punta. Con cuidado colocó el trozo de metal en el ojo por donde se mete el palo de madera, que ahora estaba torcido por el calor, y usando su martillo; lo metió de golpe, no entero, pero parte.
Siguió martillando con suavidad sin forzar el metal blando contra el endurecido metiendo de apoco el objeto por dentro del ojo de la ranura hasta que llegó al final. Cerró un ojo y se asomó por el hueco y ver si quedó uniforme y circular; perfecto.
Puso de nuevo el metal en el carbón y sopló con el fuelle para avivar el calor, no mucho, lo suficiente como para elevar la temperatura del hierro, cuando estuvo a su punto lo enfrío en un estanque rectangular con agua dentro. El contacto del hierro rojo con el agua fría provocó un silbido acompañado de una nube de vapor. Al sacar el arma comprobó su estado, estaba perfecta, lo que le faltaba era afilarla de nuevo.
Llevó el arma al afilador, era una rueda de piedra con un pedal y un banco. Se colocó en la silla y pedaleó con su pie derecho. Al poner la hoja del arma en la piedra en movimiento saltaron las chispas. Hiccup sabía lo que hacía, ya había afilado armas con anterioridad, podría hacerlo con los ojos cerrados. Pasó la curva del filo de un lado al otro, la giro para pasarla por el otro lado, hizo lo mismo con el otro extremo. Al pararse con la hoja del hacha se aproximó a uno de los bancos de trabajo y tomo una piedra cuadrada y lisa, la utilizó para asentar y pulir el filo, pasó una hora más con un trapo sacándole el mayor brillo posible.
Al terminar su obra la inspeccionó con ojo crítico, a su parecer la dejó en perfecto estado, faltaba ponerlo en un palo; lo más fácil de hacer. Como aprendiz de herrero, más en tiempos de guerra, su obligación era siempre tener cosas ya preparadas o predispuestas a usarse. Los palos de hacha eran los más solicitados. Buscó en la cubeta designada para dichos palos tallados y busco el que mejor se acomodara a las necesidades bélicas de la joven. Al encontrarlo lo metió por el ojo del arma, prácticamente quedó perfecto, limó unos detalles y talló otros con un pequeño cuchillo. Ahora faltaba asegurarlo. Agarró varias tiras de cuero largo y grueso y pasó la tira en forma de "X" por en medio del arma y luego dándole vueltas en espirales. Eso le proporcionaría mejor agarre al dueño y el arma se sujetaría mejor a la madera. A la punta sobrante del cuero, a varias partes a lo largo, le clavó clavos cortos y puntiagudos. Así no se aflojaría el cuero por más que golpeara piedras.
Admiró su obra una última vez y no pudo evitar sonreír, no sabía porque, pero presentía que le puso más empeño a esta hacha que al cualquier otra… salvo por su proyecto secreto, esta hacha a sido una de sus mejores obras.
Envolvió el arma en un gran lino y lo guardó en su despacho privado para evitar a los posibles curiosos. Cerró todas las puertas y ventanas y dejó suficiente carbón para que el fuego sobreviviera la noche y guardó las cosas "especiales" que tenía preparadas en una mochila y en un gran pliegue de cuero; esperaba que le gustara o no haber errado en algún cálculo del diseño.
El recorrido se le hizo de lo más corto, tal vez estuvo demasiado metido en su mente con algunas cosas. Sus pasos no fueron pensados, tan sólo se dejó guiar por cuerpo que estaba acostumbrado a ir y venir de la cala todos los días. Bajo por la única cuesta de viable acceso y cruzo las estrechas rocas que hacían más o menos de puerta natural con algo de esfuerzo, nunca la había cruzado con tantas cosas encima y cierto objeto con longitud le dificultaba el paso estrecho.
-Espero que él no tenga problemas usándola- pensó el joven tratando de convencerse por milésima vez de que todo saldría bien.
De nuevo sufría aquella ansiedad ante el posible fracaso, posibilidad que se moldeaba por segundos hasta hacerla un hecho en su mente, llevándolo a eso que más temía; la decepción y el fracaso. Sacudió su cabeza tratando de alejar esos oscuros pensamientos de su mente, como Tooth le decía: "nunca fallas cuando sabes a que tienes que darle "… aunque viniendo de alguien que lanzaba hachas con la suficiente fuerza como para romper la piedra pulida y matar un oso con una piedra le hacía parecer que todo lo podía.
Al estar ya más cerca del pequeño lago de la cala se detuvo, no necesitaba verlo, sabía que ya lo observaba, seguro que con esa mirada curiosa que siempre mostraba cuando él le enseñaba algo nuevo o cuando le leía algún libro de aventuras. Le encantaba ver esa mirada, lo hacía sentir necesitado e importante, al menos para alguien.
Y de nuevo los pensamientos negativos.
-Se ve pesado- la voz de Tooth emanaba fuerza como la del trueno y profunda como lo es el mar. Una voz que podía matar del susto a sus enemigos y tan reconfortante como la de un padre que da consejos a su hijo. Dioses… sí, sin duda Hiccup podría compararla con la de algún dios.
-Es más bulto que peso- se explicó el joven bajando el equipaje, pero también buscando algo en ella.
-¿Qué es?- dijo curioso el azabache mirando las bolsas como un ave tratando de localizar su alimento.
-Un regalo- admitió sin pensarlo demasiado, de una de las bolsas sacó un par de antorchas- ¿Me ayudas a encenderlas?- le preguntó el peli castaño mientras le pasaba unas piedras.
Ambos se tomaron la tarea con calma, prendieron un total de seis antorchas y la claridad se hizo muchísimo mejor. Tooth pudo contemplar con decencia lo que Hiccup traía consigo, no es que supiera de lo que se trataba, pero estaba seguro que su pequeño amigo se lo diría pronto.
-Te dije que es un regalo- dijo Hiccup intuyendo los pensamientos de su amigo, su mirada le dejaba traslucir casi como si le leyera la mente- Es… mejor te lo enseño-
Hiccup prosiguió por sacar el contenido de la mochila y de las pieles de cuero bajo la atenta mirada de Tooth, él no comprendía del todo lo que miraba; parecía partes de armadura pues miraba cotas de malla de hierro unidas a cuero duro y correas de que también eran de cuero. Tomó una entre sus manos, sorprendente el cuero era suave, pero resistente y flexible. No era la única pieza, había más, una pechera de cuero que sólo le cubría el pecho, era suave y obviamente tenía una placa de metal por dentro… ¿Acaso?
-Es un traje- proclamó Hiccup en su lugar- Yo… te hice un traje- esta vez lo dijo con algo de pena y antes de que Tooth dijera algo siguió hablando- Es de batalla, un traje de guerra-
Tooth estaba familiarizado con esos trajes de batalla, eran lo mismo que las armaduras estándar, pero personalizadas para el usuario según las necesidades de éste. Algunos vikingos los tenían, aunque eran contados pues la creación de estas llevaba más tiempo, además de que eran más costosas que las armaduras normales. Por algo eran únicas.
-Es sencillo de poner- dijo mientras le pasaba unos nuevos pantalones, eran de cuero negro y acolchonados, Tooth no pudo explicar el cómo se las ingenio Hiccup para crear unos pantalones así- Te resultará tan cómodo como útil y no te restringirá en cuento a movilidad- le explicó le muchacho mientras sacaba más cosas- Póntelos, aún falta más para terminar-
Por indicaciones de Hiccup Tooth se puso de pie de manera recta con los brazos un poco extendidos a los lados, se dejó vestir por él mientras era informado del cómo ponérselo y quitárselo solo, Hiccup no siempre estaría para vestirlo, tampoco era que lo deseaba, y para poder dormir más cómodo… aunque para Tooth era muy cómodo.
Hiccup le ponía las extrañas hombreras y las sujeto con las correas, unas con otras como cinturones, unas iban a los mismos hombros que se sujetaban a algo que Tooth sólo pudo ver que estaba a un lado del pecho del pecho. Era raro, pero entre más cosas amarraba o colocaba Hiccup, mejor se sentía tenerlo. Él no se dio cuenta cuando Hiccup acabó su labor.
-¡Listo!- exclamó contento- ¿Y bien? ¿Cómo lo sientes?- Hiccup deseó con todas sus fuerzas una respuesta positiva de parte del azabache.
Tooth contempló su nueva imagen de arriba abajo, estiró las piernas y movió los brazos en todas las direcciones e incluso lanzó algunos golpes. Su asombro fue grande al percatarse de que apenas si hacía ruido incluso con el metal que traía encima y apenas sentía restricciones o peso extra en el cuerpo. Era como si fuera uno con el traje. Decidió ponerlo a prueba rodando múltiples veces en el suelo de forma espléndida, saltaba de un lado a otro, corría en tramos cortos y frenaba casi al instante. Tooth se descubrió así mismo a un lado del árbol de donde saltaba al lago y sin dudarlo le dio una patada con la punta de las nuevas botas y no percibió molestia alguna. Pateó de nuevo ahora usando la otra pierna y pasó exactamente lo mismo, su emoción iba creciendo en su pecho, deseaba darle un puñetazo justo en ese instante a la corteza…
-¡Espera!- lo detuvo el Haddock antes de mover el brazo, sin duda leyó sus intenciones como libro abierto- Ponte estos- sin demora le lanzó un par de objetos largos y oscuros que no tuvo problemas en atrapar. Ya en sus manos supo que eran guantes, unos muy largos guantes de cuero negro bastantes inusuales.
Se los puso un poco inseguro, nunca había usado guantes antes y la verdad es que nunca le interesaron, prefería sentir el contacto directo de su piel sobre las cosas y siempre le incomodó la idea de tener los dedos cubiertos sin aire lo asfixiaba mentalmente y… ¿Estos no tenían agujeros en los dedos?
Con más confianza se puso el otro par en su mano izquierda, también tenía orificios en los dedos. La mejor descripción que pudo dar Tooth fue que alguien tomó unos guantes y cortó poco más de la mitad de lo que envolvía a los dedos. Apretó y extendió los dedos de la mano con suavidad, después apretó el puño con fuerza, mucha fuerza. Sonrió contento, podía sentir su mano por completo. Era muy flexible, suave y al igual que el resto del conjunto, no lo incomodaba. Sin embargo, fue otra cosa que llamó su atención, el dorso del mano y parte del antebrazo tenían extrañas hileras de bolitas de hierra e incluso en cada nudillo de sus manos y aunque estos eran ligeramente más grades, todas salían limpiamente del cuero como si estos fueran naturales.
-Son algo en lo que estado trabajando- escuchó la voz de Hiccup atrás de él- Son especiales, se supone que ayudan a dar golpes más fuertes y al mismo tiempo prote…-
¡BUM!
Hiccup pegó un brinco del susto por el repentino y extraño tronido que resonó por la cala, ni siquiera pudo terminar de hablar pues el sobresalto fue inesperado. Todo porque Tooth le pegó un puñetazo al árbol de manera irreal, es decir, Hiccup si apenas vio la sombra del golpe, y la naturaleza oscura del traje no ayudaba, y el retumbar de la madera ante el impacto le hizo creer al castaño que Tooth le dio con un martillo en vez de con la mano. La palabra surrealista pasó por la cabeza castaña del joven, para después dar paso a la preocupación.
-¡¿Tooth, estás bien?!-
-No me rompí nada…- las palabras de Tooth desconcertaron a Hiccup, Tooth miraba su puño como si fuera algo nuevo que nunca había visto- Yo… nunca he golpeado nada con toda mi fuerza, generalmente me hago tanto daño que a veces pienso que me rompí algo…- Hiccup no supo si asombrarse o asustarse del descubrimiento más bizarro que haya existido. Alguien que golpea con tanta fuerza que no debe golpear fuerte porque se auto flagela.
-¿Me dices que cuando golpeas a alguien… no lo haces con todo?-
-Sip…- Tooth se agachó a tiempo para esquivar la bota que Hiccup se quitó y después lanzó- Oye- se giró ofendido el azabache sin saber que malas había hecho ahora.
-¡TÚ!… sigue probándolos- dijo Hiccup tragándose la frustración mientras iba por su bota voladora.
Nota del autor: a los que no se han dado cuenta el traje que llevará Tooth es uno de los de The wetcher (videojuego), el de la escuela de la serpiente negro y ligero, para los que quieran verlo con imagen no mental.
Tooth no esperó mucho para continuar se arremetida contra el árbol, para Hiccup era extraño ver como lanzaba los golpes, no es que no fueran fuertes, más bien era la técnica que usaba. Alzaba los puños hasta la altura de la cara uno al lado del otro con una ligera separación, se encorvaba un poco y cada vez que le pegaba al árbol giraba la cadera de un lado a otro en compás de los puñetazos mientras cambiaba de posición con los pies o los plantaba con fuerza para después proporcionar un fuerte impacto.
-Oh, aún tengo algo para ti- dijo mientras iba a por las últimas cosas que tenía cubiertas por un manto de lino.
-¿Hay más?- Tooth no estaba nada disgustado recibiendo regalo tras regalo. Hiccup podía notarlo por la enorme y torcida sonrisa llena de dientes agudos y blancos. Era extraño, era como ver a un animal intentando sonreír.
-Mucho más- aceptó el joven sin objeciones para alentar a esa sonrisa que inspiraba ternura… en su extraño modo de serlo.
Tooth no supo de dónde diablos sacó Hiccup algo tan largo (no sean mal pensados), la luz de las antorchas le permitió apreciarla lo suficiente; era una lanza, una muy larga. Hiccup se la extendió con ambas manos de manera horizontal, esto le ayudó a Tooth estimar mejor el arma: la asta era negra y de madera; lo que más llamó su atención fue la larga hoja que tenía en la punta, era mayor que cualquier punta de lanza que haya visto alguna vez, de unos cincuenta centímetros de largo y el ancho de una espada común. Al tomarla supo que no era una lanza normal… era más pesada que cualquier lanza que haya portado antes. La colocó de forma vertical a su lado con la punta larga hacia arriba, la apretó con fuerza, sintiéndola, saboreando la textura… era bellísima.
-Esto…- las palabras no salían de su garganta, lo que hizo que se asustara, pronto se daría cuenta de que ese sentimiento que rodeaba su pecho y garganta era el asombro haciendo estragos en su cabeza.
-Un arma que este a la altura del poderoso Furia Nocturna- Hiccup se quiso abofetear así mismo, Tooth odiaba ser llamado así, la ansiedad y el nerviosismo le hacía sacar su sarcástico y malo humor- E-es decir, eres un grandioso y valiente guerrero y-y una lanza como tú necesita un guerrero… ¡Digo! Necesitas una gran arma para protegerte ¡Espera, eso tampoco! ¡Dioses!- la frustración de Hiccup llegó al máximo y su exasperación lo hizo llevar ambas manos a su cabellera castaña y frotarla frenéticamente.
Pero el sonido del aire siendo cortado por un objeto a una buena velocidad. Al levantar la mirada observó que Tooth estaba haciendo maniobras con la lanza y eran los movimientos circulares que hacia los que provocaban el zumbido en el aire.
Era extraño y majestuoso, como ver el movimiento de las hojas arrastradas por el viento. Con tanta fluidez y soltura y con un extraño sentido de delicadeza y belleza. Tooth hacía su ataque en tajo largos y rápidas estocadas, las sombras producidas por las antorchas le dificultaba la tarea de ver los movimientos que producía el azabache.
-Tooth- lo llamó Hiccup y por el leve movimiento de la cabeza de Tooth le indicó que él lo había escuchado- La lanza…-
Tooth en un inesperado movimiento dividió en dos el arma. Hiccup no se asustó en ningún momento, pero sí quedó patidifuso. Ni siquiera tuvo la oportunidad de decirle que le arma podía dividirse en dos partes. La primera parte consistía en la que tenía la larga e inusual hoja de la lanza; la otra parte poseía una punta más pequeña que una lanza normal, casi como un cuchillo pequeño, pero duro y con una punta muy aguda y brillante.
-El peso… es inusual- soltó Tooth después de juguetear un rato con la lanza y ahora teniendo las dos partes de la lanza en cada mano.
-La verdad es que no me sorprendería que lo descubrieras solo, como lo hiciste con el "truco secreto" que le puse al arma- de nuevo el humor sarcástico de Hiccup salía sin poseer control sobre eso.
-No, no me imagino cómo- Tooth ya estaba acostumbrado a la forma de hablar de Hiccup, al punto de considerarla hasta graciosa, "humor Hiccup", lo llamaba- El tamaño no concuerda con lo que debería de pesar-
-…Es que le tiene una varilla de hierro adentro-
Tooth se giró de golpe con una cara de asombro digna de una pintura. Aun con los ojos completamente abiertos pudo hablar.
-¿Qué?- la fuerte y profunda voz se convirtió en la de un niño pasmado.
Hiccup contuvo con cada fibra de fuerza de voluntad para no estallar en risa.
-L-le puff… le puse una…-
-No, no, quiero decir… ¿Cómo?- dijo Tooth saliendo un poco de su embebecimiento y acercándose a largos, pero silenciosos pasos.
-Oh, forjé las dos por separado- los ojos de Tooth le suplicaban que siguiera explicándole, lo tenía fascinado y apenas iba comenzando- La idea me surgió cuando realizaba los bocetos iniciales, eres bueno con muchas armas, pero tu preferida era la lanza y pensé ¿Cómo mejorarla? Y recordé tu magistral manejo con la espada, de ahí se me ocurrió lo de una hoja más larga y también recordé que dijiste que te gustaba escuchar como crujían los huesos cuando los golpeabas con objetos sólidos- Tooth se sentó justo delante de Hiccup mientras se mostraba atento a cada palabra- Y decidí incorporar peso a la lanza, ahí fue mi reto-
Hiccup tomó lugar frente a Tooth para estar sentados uno delante del otro, el joven de cabello castaño aspiró más aire para continuar.
-Primero traté con partir por la mitad la asta con una cierra y después tallar un canal largo dentro de cada una para poner una larga varilla de metal en medio de una y después colocarle la otra mitad por encima. Sin embargo, no logré unirla después, por más cuero o clavos que usaba sólo conseguía romper la madera o dejaba la unión muy floja-
Hiccup recordó en ese momento la inmensa frustración que sintió ante los fallos de las pruebas.
-Luego se me ocurrió que debería atravesar la madera con la varilla al rojo vivo-
-¡¿Qué?!- interrumpió Tooth con un grito que sobresaltó al Haddock- Espera, espera- dijo el azabache mientras movía de atrás y adelante las manos que aun sostenían las dos mitades de la lanza- ¿En serio atravesaste un palo candente dentro de un palo de madera?-
-Es la pregunta más larga que me has hecho hasta ahora- contestó Hiccup mientras aguantaba las ganas de reírse.
-No veo cómo pudiste meter algo tan largo y luego cortarlo- murmuraba Tooth mientras examinaba cada centímetro de las dos piezas del arma.
-No lo hice- Tooth volvió a clavar su verde y tóxica mirada en el castaño. Hiccup juraba que esos ojos brillaban con luz propia- Bueno, en realidad traté de hacer eso, pero a mitad de camino la asta se quemaba o se quebraba, después de varios intentos llegué a la conclusión de que nunca lo conseguiría… al menos no de ese modo-
Tooth estaba tan atento a las palabras de Hiccup como si lo que dijera fuera lo más fascinante del mundo. El ego de Hiccup no pudo evitar inflarse ante lo que consideró como "ser tomado en cuenta" por alguien, eso lo hacía sentir importante.
-En el pasado he clavado espigas candentes de dagas y espadas en pomos de madera sin acabado y retocar- comenzó a explicar el aprendiz de herrero.
Nota: los pomos de madera sin acabado y sin retocar son largos trozos de madera rectangular de constitución gruesa y alargada. A veces para hacer el pomo se usa hueso, mármol e incluso metal.
-Usualmente las empuñaduras son hechas con anticipación para después colocarlas en las armas ya terminadas, pero la técnica que utilicé fue hacer el pomo ya insertado en la espiga del arma-
-¿Y eso es mejor que lo usual?- preguntó Tooth.
-Sí, pero es más tardado, al unir con fuego y presión la madera con el metal caliente provoca un agarre firme con la espiga, como cuando muerdes la pierna de pollo y no la quieres soltar- el comentario le sacó una sonora carcajada al joven de cabello azabache y una sonrisa al menor de los dos- Fue un poco complicado, no era una espiga pequeña de daga o de espada, me costó mucho esfuerzo insertar algo tan largo, sí, era la mitad del largo original, pero aun así costó días y esfuerzo-
-No tenías que hacer eso, no si te costaba tanto- dijo Tooth un poco culpable de hacer pasar a su amigo por tantas dificultades.
-Lo hice porque quise-
Ambos quedaron en silencio por un momento, no estaban molestos ni tampoco era una discusión en desarrollo. Más bien era ese sentimiento que te daba cuando alguien hace mucho por ti y sientes que no has hecho lo suficiente por él, y era extraño, ambos se expresaban todo eso que sentían con mirarse directo a los ojos; verde bosque y verde tóxico conectados, ninguno parpadeaba, ninguno hablaba, pero sentían lo que el otro sentía.
-Hacer la lanza en dos partes con la varilla interna fue el único modo- concluyó Tooth.
-Y diseñar la punta de una para que entre en la cavidad de la otra y que quede fijada resultó mucho más sencillo- contentó Hiccup intuyendo las dudas de su amigo.
-Y no siento que se salga o se esté despegando cuando la hago girar-
-Entra lo suficiente como para no afectarla cuando este unida- siguió explicando el Haddock- El interior tiene algo parecido a una cerradura de cofre y la hoja más pequeña al entrar activa el mecanismo y se contrae hacia adentro mientras lo jiras activando el seguro que fija la hoja adentro de la otra parte-
-Y para liberarla del seguro debes darle un cuarto de giro a la derecha mientras la presionas más adentro y de inmediato debes girarla por completo a la derecha mientras tiras de ella- Hiccup se asombró de la gran capacidad de entendimiento que poseía su amigo sobre las armas, más de una que nunca había manipulado antes.
-La llamo; seguro para niños-
Nota: para quienes quieran ver mejor la lanza les recomiendo que vean Vinland Saga (manga), es la lanza de Garm, el perro del infierno, un personaje de la historia y dueño de dicha lanza. NO ES NECESARIO QUE LO LEAN, pero sin duda les ayudaría para ver con mayor claridad el uso de la lanza en manos de un experto de manera gráfica.
-Eso explica porque pude sacarla al primer intento. Soy un hombre- dijo mientras inflaba el pecho con orgullo y alzaba la barbilla.
-Francamente esperaba otro resultado- murmuró Hiccup.
-¿Qué dijiste?-
-Nada, hablé fuera de mi cabeza conmigo mismo- se excusó de inmediato.
-Es una espléndida arma- dijo mientras pasaba sus largos y fuertes dedos por el filo de las hojas- Y muy afiladas…-
-Te lo debía por lo del arco-
-Sabes que se lo robé a alguien ¿Verdad?- dijo apenado el azabache.
-…No fingiré ignorancia en algo tan obvio- repuso el castaño- Pero creo que es más que el arco-
-¿Qué quieres decir?- Tooth parecía confundido ante las palabras de Hiccup, pero intuía que había más en ellas de lo que decía.
-…No sólo me diste el arco, Tooth, me diste esperanza y confianza- Hiccup sintió un nudo en su garganta- Yo estaba perdido y si futuro, me diste la fuerza suficiente para sentir que de verdad ¡De verdad!... de que yo valía algo…-
-Yo era el que estaba perdido…-
-¿Eh?-
-Yo… no tenía un verdadero propósito salvo sobrevivir y matar... esa no era una vida, no una buena…- guardó silencio por unos instantes y clavó sus ojos verde neón en los de Hiccup, pero estaba lejos de mostrase intimidantes, estos reflejaban suavidad y confianza- Tú me mostraste una verdadera vida ¡Me diste una vida de verdad! Y… yo… necesito agradecértelo de una forma… por eso quería mostrarte que tienes lo que hace falta-
-…¿Para qué?-
-Para demostrarte que si eres un guerrero… un vikingo-
-…Yo no soy…-
-Sí que lo eres… pero no uno convencional- lo interrumpió el azabache- Yo tampoco soy un Salvaje convencional- se burló el joven guerrero de su propia situación- No soy siego Hiccup, sé lo que lo significan mis dientes… aunque eso ya lo sabían tú- el silencio de Hiccup fue la afirmación que necesitaba- Tengo muchas dudas sobre demasiadas cosas, pero nunca cuestioné lo que era… Y nunca necesité respuestas para lo que soy… hasta ahora- dejaron de mirarse por un momento, los dos tenían su vista clavada en el suelo.
-Los dos estábamos solos- dijeron al mismo tiempo y casi al mismo instante se volvieron a mirar.
Los dos empezaron a reírse sin razón aparente, una risa cargada de tantos y complejos sentimientos que tenían atorados dentro de sus seres, sentimientos tan profundamente enterrados que era difícil sacarlos a la luz y dolía, dolía mucho.
-Jajaja… jaja sabes, hay una tradición que acabo de recordar- dijo Hiccup terminando el ataque de risa que tenían.
-¿Cuál?-
-Cuando dos guerreros intercambian armas se convierten en hermanos- en ese instante el mundo guardó silencio.
-Perdón ¿Qué dijiste?-
-Yo… olvídalo- dijo apenado el más joven de los dos.
-No, no, te escuché bien… ¿Es verdad lo que dijiste?- en el tono de usaba Tooth había un deje leve de súplica, pero Hiccup lo desecho de inmediato, eso sería imposible.
-Es… una vieja tradición entre guerreros que derramaron sangre juntos con esas armas-
De un rápido movimiento Tooth unió las dos partes de la lanza y se la puso en las piernas a Hiccup, algo en esa acción le dolió a Hiccup, pero sin esperar respuesta él se levantó y trotó directo al tronco donde dormía. Hiccup lo observó en silencio, no entendía lo que estaba haciendo o pensado, pero presentía que algo importante pasaría y eso lo asustaba. No sabía si sería bueno o malo lo que sucedería.
Tan rápido como se fue, volvió, pero con algo en ambas manos. La lejanía y la noche no le permitió distinguir que era al principio, sin embargo, entre más se acercaba más podía distinguirlo mejor; eran su arco y carcaj para flechas. Sin intercambiar palabras Tooth se volvió a sentar frente al Haddock y con una enorme sonrisa con labios cerrados.
-No te alteres- a Hiccup no le dio la oportunidad de poder responder cuando el azabache sacó una de las flechas del carcaj y con la punta de la flecha se hizo un rápido y limpio corte en su palma izquierda.
La sangre no tardó en emanar de la herida, Tooth procuro no hacerla profunda, pero si lo suficiente para sangrar lo necesario para lo siguiente. Sin preámbulos pasó su mano sangrante por las curvas de madera del arco luego puso su palma en el carcaj dejando una semi huella humana en su superficie.
-Listo- dijo contento por su obra-
-¡Tooth, que diablos haces!- gritó preocupado el joven al ver la herida auto infligida de su amigo.
-Te dije que no te alteraras- le reprochó sin enfado el joven de cabello negro- Estoy bien, no es profunda-
-¿Hiciste eso por…? Hiciste eso por lo que te dije- cambió su pregunta por una afirmación- Lo… yo…- Hiccup entendió lo que Tooth quería hacer- Yo…
-¿Tú?...- Tooth ladeó la cabeza con un gato curioso.
-No… no creo que…yo…-
Hiccup no sabía que pensar en ese momento ¿Hacer eso de esa manera contaba? ¿Era si quiera correcto?
¿Correcto para quién?
Esa pregunta hizo "clic" en su cabeza como un trueno silenciando al cielo. En ese momento la mente de Hiccup se aclaró como un estanque al que le dejas de tirar piedras, ahora podía ver claramente su reflejo en la superficie… todo era claro en ese momento.
Él sabía lo que quería y lo que quería era eso… (no piensen mal, pervertidos).
Dudó por un momento, pero reunió el valor suficiente para pasar su palma izquierda por el filo de la hoja larga de lanza, el frío hierro afilado mordió su piel provocándole un ardor y un sentimiento helado en la palma, debió de hacerlo más aprisa, pero la falta de coraje inicial le hizo hacer lento el proceso y por eso tardó en sangrar lo suficiente. Cuando quitó su palma pudo contemplar el brillo oscuro de su palma, esta vez no vaciló ni un poco, pasó su palma ensangrentada por toda la superficie de la madera oscura de la lanza, por suerte la lijo muy bien para dejarla lisa y suave al contacto.
Cuando Hiccup terminó de usar su propia sangre como pintura, le producía un raro sentimiento, pero no uno malo, era… intrigante y lo emocionaba a la vez. Sabía bien qué seguía a continuación.
Los dos jóvenes tomaron con sus dos manos las respectivas armas que mancharon con su sangre, Tooth fue el primero en extender el arco y el carcaj hacia Hiccup, su expresión revelaba que estaba nervioso, pero mucho más ansioso.
-Yo… no estoy seguro de lo que sigue- confesó el azabache un poco avergonzado, aunque Hiccup sólo veía genialidad incluso en la duda del fuerte guerrero que estaba enfrente suyo.
-Repite después de mi-dijo Hiccup mientras el estiraba su respectiva arma hacia Tooth.
Ambos jóvenes toman aire
Que lo que no unió la vida
En este momento lo una la sangre
Mi confianza te entrego con esta arma
Para que la guardes al igual que mi vida
Porque hoy dos hermanos por fin están juntos
Y nunca jamás volverán estar solos
Porque ahora los dos llevan su sangre a la batalla
Ahora y siempre en esta vida
Antes y después de la muerte
Porque llevas mi sangre
Porque llevas mi confianza
Porque ahora somos familia
Al terminar de recitar aquel peculiar y mágico juramento ambos jóvenes… no, ahora hermanos, se pasaron las armas que sostenían a las manos del otro.
-Se… se siente extraño- confesó Hiccup después de un rato de silencio, pero Tooth parecía perdido en su propia mente- ¿Tooth?- Hiccup no pudo continuar con el silencio, necesitaba escuchar lo que fuera que estuviera pensando su amigo.
-Hermano… tengo un hermano…- algo en la mirada de Tooth cambió repentinamente, Hiccup se asustó por un momento- Tengo familia…-
Hiccup no pudo reaccionar a tiempo pues Tooth se lanzó hacia el cómo flecha, atrapándolo entre sus brazos mientras rodaba por la tierra sin dar indicio de soltarlo. Con la misma velocidad con la que lo derribó, lo levantó, pero seguía sin soltarlo. Hiccup por fin despertó de su desconcierto y sin perder un solo instante alza sus brazos y los usó para rodear el cuello de Tooth con sus delgados brazos atrapándolo también en un fuerte abrazo, lo apretó con toda la fuerza que poseía, no quería soltarlo, temía que si lo hacia él se esfumaría como la neblina mañanera de los días húmedos y fríos.
Hiccup estaba colgado del cuello de Tooth mientras él se aferraba a su delgado cuerpo, el pequeño pecoso ni siquiera tocaba el suelo, era tan ligero que Tooth temía que si lo apretaba demasiado fuerte lo terminaría rompiendo. Aun así, Tooth necesitaba sacar lo que amenazaba con hacer explotar su pecho. Empezó a reírse y por primera vez en mucho tiempo…lloró de felicidad. Hiccup también empezó a reírse, no se dio cuenta de que él lloraba junto a Tooth, su nuevo hermano.
Tooth empiezan dar vueltas lentas en círculos irregulares, daba largos pasos con las piernas muy abiertas, en un momento aumentó la velocidad de las vueltas y ni con eso parecía que se soltarían. Tooth suelta por un instante a Hiccup y éste imita lo que hizo el azabache, pero se sostienen de las manos antes de que alguno se separara demasiado y ahora Tooth le daba vueltas a Hiccup como si fuera las aspas de un molino movido por el viento, después lo arroja a arriba y lo atrapa. Ambos dan un par de vueltas más y se dejan caer al suave césped entre risas y lágrimas.
Con la propia naturaleza de testigo y bajo el manto nocturno con miles de estrellas y bajo la luz tenue de la Luna; el mundo vio el comienzo de lo que sería un cambio que terminaría con todo lo que el mundo conocía y que daría paso a algo completamente nuevo, pues una extraña amistad se convirtió en la primera muestra de que el cambio estaba llegando con sus respectivas consecuencias y dos hermanos serían los protagonistas de lo que sería el fin de una era.
Pero estaban juntos ahora y en ese momento nada más les importaba, sólo ellos, en esa noche, en esa cala. Juraron que nunca jamás estarían solos.
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Era de noche en el pueblo cuando Astrid llegó a su casa, buscó por todo el pueblo hasta el puerto a su prima, pero no encontró rastro de su prima y tampoco iría preguntado a cada persona si la vio.
Derrotada y cansada regresó a su hogar, justo en la entrada se encontró a sus dos padres en el comedor, los dos estaban callados mientras cenaban, aun así los dos le dedicaron una mirada y un saludo de bienvenida. Ha Astrid le preocupó un poco el no ver a su prima.
-Hija ¿Quieres un poco de caldo de calabaza?-
-No gracias… ¿Han visto a Stormfly?-
-Está arriba- para sorpresa de las dos mujeres Hofferson fue el mismo padre de Astrid el que habló- Ve rápido y baja con ella, tu madre no es sirvienta para cocinar y desechar la comida- Axel no dijo ninguna palabra más, él siguió comiendo el humeante caldo que le servía su esposa.
Astrid había sido aconsejada por su padre las veces que era necesario hacerlo, pero sin duda sus palabras siempre eran las correctas y le indicaban el camino a seguir. sin decir nada más sube a la segunda planta dejando solos al matrimonio Hofferson en el comedor.
-Son la viva imagen tuya y de tu hermano cuando eran jóvenes- dijo Frigga mientras le servía otro plato de sopa junto a un tarro de aguamiel.
-No sé de qué hablas- respondió con la misma seriedad que siempre lo caracterizaba.
-Recuerdo cuando ponías furioso a Flinn- se mofó un poco la rubia mujer de su marido.
-Espero que lleve un buen regalo entonces…- dijo Axel recordando los viejos tiempos que pasó con su hermano mayor.
El matrimonio Hofferson se quedó a solas recordando los bellos momentos que pasaron Flinn, Axel y Frigga en su juventud… y de la madre de Stormfly también… definitivamente necesitaban una charla familiar próximamente.
Astrid entre a la habitación de su prima que estaba adjunta a la suya, incluso tenían una puerta por dentro que conectaba ambas habitaciones. Astrid ni se molestó en tocar la puerta, simplemente entró como dueña del cuarto, no era que la menor de las Hofferson de la casa le faltaran modales, es que las dos primas tenían la costumbre de entrar sin tocar al cuarto de la otra desde toda la vida que llevaban juntas.
Stormfly ni siquiera se inmutó ante la abrupta entrada de su prima, su fino oído de cazadora le permitió escuchar las duras pisadas de Astrid resonando en las escaleras de madera. La rubia mayor tampoco se molestó en voltear a verla, no era que la odiara, sólo que aún le dolía lo ocurrido en la mañana y necesitaba tiempo para poder mirarla a los ojos.
-Sé que estas molesta…-
-Tú suenas molesta- interrumpió con tranquilidad la mayor del cuarto.
-Sí… lo sé- admitió Astrid un poco apenada por ser la única rubia del cuarto que demostraba estar molesta- Yo… no soy buena con las palabras…-
-Lo sacaste de mi tío- señaló Stormfly jugueteando con una de sus dagas de manera desinteresada- Descuida, no estoy…-
-No, no estás molesta- ahora fue Astrid la que interrumpió- Estás herida- Stormfly volteó a mirarla de golpe. Sus ojos delataban sorpresa, definitivamente ella no esperaba eso- Yo… sé que no soy exactamente la más comunicativa y que me dejo llevar demasiado por el enojo y… ahora comprendo que eso no significa que deba enojarme contigo…- Astrid parpadeó varias veces para eliminar el picor que empezaba a nacer en sus ojos.
-Astrid…- musitó Stormfly.
-Lo que quiero decir es… lo siento- Astrid no bajó en ningún momento, pero no era por ser un espíritu desafiante pues lo que necesitaba ver a su prima a los ojos y expresarle lo que sentía y la mirada le indicaba que de verdad la estaba escuchando, no con los oídos, sino con el corazón.
La rubia mayor de aquel cuarto se puso de pie con suma tranquilidad, tranquilidad que puso nerviosa a la rubia menor del cuarto. Sin embargo, al ver la sonrisa confiada y tranquila de su prima pudo soltar el aire contenido en sus pulmones.
-Vaya, no te creía del tipo sentimental- el humor burlón en la voz de la prima de Astrid volvió por fin.
-Cállate- Astrid le devolvió la sonrisa a su prima, pero aún con un poco de bochorno por abrirse con su prima, del mismo modo tampoco se arrepentía de aquello.
-Oh- la joven de mechón azul alargó la vocal de manera tragicómica- Yo que pensé que nos pondríamos a coser y hacernos trencitas una a la otra- la Mortífera enrolló su brazo alrededor del cuello de su prima con tanta velocidad que Astrid no vio venir el movimiento, Stormfly le aplicó una suave llave mata leones mientras que agitaba la cabellera de su prima con ayuda de su mano libre.
Ambas primas comienzan una semi batalla campal de "molestar a la prima", Stormfly despeinaba la rubia cabellera de Astrid y ésta luchaba por liberarse del agarre poco férreo que le proporcionaba, trataba de levantarla sujetándole la pierna tratando de derribarla para después someterla en el suelo. Las risas empezaron a inundar la habitación con una sinfónica armonía, sin duda las voces elevadas las dos se podrían escuchar hasta en la primera planta de la casa, pero eso no resultaba un aparente obstáculo para ellas, sólo deseaban disfrutar del momento cálido entre primas… no, casi hermanas.
-¡Espera!- repitió varias veces la menor de las dos.
-¿Te rindes?- preguntó entre risas la mayor.
-Te tengo un regalo de disculpa, no digas nada, me lo agradecerás- dijo Astrid mientras sacaba la hoja perfectamente doblada de una de las bolsas pequeñas laterales de su cinturón.
Stormfly agarró el pequeño cuadro de papel un poco escéptica, ella esperaba más de "un regalo de disculpa", al terminar de desdoblarla lo primero que vio fue el perfecto rostro de su amor platónico tallado en carbón sobre papel. Guardó silencio al grado de dejar de respirar y de parpadear. Estaba estática en si sitio con el dibujo aún en sus dos manos.
-Espero que te guste, así que no preguntes de dónde lo saqué…- apenas terminó de hablar cuando su prima suelta un chillido de alegría con tanta fuerza que poco faltó para reventarle los tímpanos.
Inmediatamente ella estaba brincando como chiquilla enamorada, luego saltó a su cama acostándose en ella mientras pataleaba de manera efusiva. Astrid estaba a punto de hacer un comentario sarcástico sobre su exageración por un simple dibujo, aunque fue detenida por el fuerte tirón que le proporcionó su querida prima que terminó por caer junto a ella en la cama donde reanudaron la lucha amistosa. No claro antes de que Stormfly pusiera a resguardo su nuevo y más importante tesoro con sus demás posesiones valiosas dentro de uno de los cajones de un mueble anexo a su cama.
Obviamente no tardó mucho en hacer efecto el escándalo que las dos estaban armando, pues Frigga había subido a calamar y bajar a ambas a cenar, su marido no es que fuera malo o violento, pero no era de los que pedían dos veces las cosas. Astrid, con ayuda de su madre, medio arregló su cabello y el de su prima para ir a cenar todas juntas. Axel seguía sentado en la mesa bebiendo un tarro de aguamiel con un plato vacío delante de él. El olor del caldo abrió el apetito de las dos jóvenes Hofferson y no tardaron en tomar sus respectivos asientos, Frigga no tardó en servirle a las dos un plato humeante de caldo que no tardaron en atacar. Sin duda las dos tenían mucha hambre, pues el caldo fue lo más delicioso que hayan probado en su vida.
La familia Hofferson pasó el resto de la cena entre charlas y chistes ocasionales, el calor del hogar y el buen ambiente de éste se emanaba como el agradable aroma de la comida casera, por esa noche, todo fue paz y tranquilidad.
Hofferson, Jorgerson, Thorston, Ingerman y Haddock compartían la misma paz en esa noche… fue una lástima que no todos los miembros de esas familias compartieran ese mismo momento agradable, pues en alguna parte del mar el agua se teñía con su sangre…
