Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
Historia con OOC(out of character)
[7]
Amenaza
─Sé de buena tinta que el señor Nagato Uzumaki ha interpuesto una demanda ante el tribunal de Chancery para reclamar sus propiedades. Parece un buen comienzo para recuperar su legítimo título ─ comentó lady Konan.
Hinata e Ino estaban tomando el té de la tarde junto con la condesa de Chesney en el jardín de lady Konan. A pesar de que ésta acababa de presentarse en sociedad, su padre, estaba ansioso por casarla. ¿Quién podía culparlo? Era la primera de cuatro chismosas hijas, uno de los motivos por los cuales recibía tantas visitas. Parecía saberlo todo antes que los demás.
─Entonces no debes hacer nada por desanimarlo ─contestó la condesa de Chesney. Lady Konan sonrió con complicidad. Era evidente que su información procedía del mismísimo señor Uzumaki. Hinata los había visto bailar juntos y pasear por Hyde Park. Sin embargo, no se había dado cuenta de que el interés de la joven por aquel caballero sin título fuese tan profundo.
─Pero la Corona ya ha declarado a Naruto Namikaze legítimo conde. ─Sintió la necesidad de recordar esa información. Conocía bien al señor Nagato Uzumaki, era un hombre muy sociable y ella tenía muy buena opinión de él. No cabía duda alguna de que era el legítimo conde. Naruto Namikaze nunca lo había negado, por lo menos ante ella. No obstante, a Hinata le costaba imaginarse a Nagato desempeñando las funciones de su título. O tal vez lo único que pasaba era que no podía imaginarse que Naruto Namikaze dejase de ser conde.
─El argumento del señor Uzumaki estriba en que engañaron al rey Guillermo, y que, al ser tan joven, por aquel entonces sólo tenía diecisiete años, se aprovecharon de él. La reina Victoria puede solucionar el asunto. Si el señor Nagato Uzumaki consigue convencer a los tribunales de que las propiedades en realidad son suyas, entonces contará con el veredicto de la justicia cuando traslade su petición a la reina.
─Debo decir que el señor Nagato Uzumaki es un hombre muy valiente ─murmuró Ino. Todos los ojos se posaron en ella, que pareció encogerse bajo el escrutinio. Hinata no soportaba que Kabuto hubiese convertido a una mujer tan vibrante en una ratita asustada. Alargó el brazo y estrechó la mano de su amiga.
─No cabe duda de que tienes razón respecto al señor Uzumaki. A fin de cuentas, no por casualidad llaman a Namikaze el conde Asesino. No creo que se retire fácilmente. hablo Lady Chesney.
─Seguro que así era. Pelearía contra cualquiera que intentase usurparle el título. Se lo veía muy cómodo con el poder. No se rendiría con facilidad. dijo Lady Konan
─Me ha sorprendido la elocuencia de lord Namikaze ─comentó lady Chesney.
A Hinata se le aceleró el corazón. ─¿Has hablado con él?
Lady Chesney se llevó la mano a su pecho y, a juzgar por la sorpresa que se reflejó en su rostro, parecía que Hinata le hubiese preguntado si se había acostado con él.
─Por supuesto que no. La mera idea me acelera el corazón. Me atrevería a decir que si llegase a dirigirme la palabra, moriría al instante. No, no, no. Hablo de las cartas que ha publicado el Times.
A ella se le hizo un nudo en la garganta. ─¿Qué cartas?
─Por lo visto, considera que es injusto que se apliquen las mismas leyes a los niños mayores de siete años que a los adultos.
─Bueno, es normal que él crea que eso es injusto ─ intervino lady Konan ─. A fin de cuentas, estuvo en la cárcel incluso antes de asesinar al hijo del querido señor Jiraya. ¿Se pueden imaginar lo que debe de ser crecer sabiendo que tu tio fue asesinado y que tu abuelo no sólo aceptó de buen grado al asesino en su casa, sino que además lo trató como a un hijo? O como a un nieto. Es absolutamente vergonzoso. ¿Acaso puede nadie culpar al señor Nagato por luchar para conseguir lo que en lo más profundo de su corazón sabe que es suyo, lo que le pertenece?
─Claro que nadie puede culparlo ─dijo lady Chesney ─. Yo considero que es tremendamente vergonzoso que tengamos entre la aristocracia a un lord que lleva la marca de la prisión grabada a fuego en la mano.
─¿Es que la has visto? ─preguntó lady Konan, visiblemente horrorizada ante la idea.
─¡Por supuesto que no! Pero mi querido esposo sí, en el club; allí Namikaze no lleva guantes. Dice que cada vez que la ve, se le revuelve el estómago, y mi Chesney no es un hombre que se impresione con facilidad.
─Si yo llevase la marca del pecado grabada en la piel, la escondería siempre ─confesó lady Konan.
Hinata recordó la cicatriz que había visto en la mano del conde la noche en que fue a visitarlo y también la marca grabada a fuego en el pulgar de Kiba Inuzuka. ¿Por qué la de Namikaze tenía un aspecto distinto? ¿Por qué era tan espantosa? Era incapaz de imaginarse a alguien acercando un acero candente a la pequeña mano de un niño.
─¿Sabes qué edad tenía cuando estuvo en la cárcel?. pregunto Hinata
─No, no sabría decirte. Fue hace muchos años, creo, cuando era un niño. Por lo que tengo entendido, lo pillaron robando. -Debería haber ido a prisión por matar al hijo del señor Jiraya -dijo lady Konan con sincera indignación.
─Querida, tendrían que haberlo ahorcado ─se indignó lady Chesney-, pero como nunca lo juzgaron, consiguió evitar ambas cosas. Estuvo algún tiempo encerrado mientras esperaba a que lo juzgaran, pero el lugar donde estaba no tiene nada que ver con la cárcel.
─¿Tenemos que seguir hablando de Namikaze? ─preguntó Ino mirando a su alrededor, como si esperase que el conde fuese a saltar sobre ellas desde detrás de los rosales ─. Si no somos cuidadosas, acabará acudiendo a nuestros eventos.
─Tienes mucha razón. Es un hombre horrible. Yo rezo día y noche para que los tribunales y la Corona acaben por concederle al señor Nagato Uzumaki lo que es legítimamente suyo ─concluyó lady Konan.
Hinata tenía la sensación de que la joven rezaba tanto porque lo que quería en realidad era convertirse en condesa. Y ése era un uso muy egoísta de las plegarias. ¿No sería mejor rezar por los niños?
Ya hacía tres noches que, entre lección y lección de etiqueta, Hinata oía hablar del hogar para niños que Sakura estaba construyendo en las tierras que Namikaze había comprado para ella. Estaba situado justo a las afueras de Londres. Quería que fuese un sitio donde, según las propias palabras de la joven, los niños pudiesen ser niños. Hinata había hecho algunas buenas obras. Donaba ropa a los pobres, daba monedas a los niños mendigos... Pero no los abrazaba, como sospechaba que lo hacía Sakura. Y ahora que sabía que incluso Namikaze estaba luchando contra una ley que consideraba injusta, sintió que le estaban dando una lección de humildad.
─Yo no creo que sea tan malo ─masculló Hinata un poco más tarde, en el carruaje abierto que las llevaba a Ino y a ella a la residencia de su amiga.
─¿Quién? ─ preguntó ésta.
─Namikaze.
─Oh, por favor, de verdad que no quiero hablar de él. Deberíamos estar charlando del baile que vamos a celebrar a final de mes. Ése es un tema de conversación mucho más agradable. ¿Has conseguido ya una orquesta?
Hinata sonrió. ─Sí, así es. Y las invitaciones deberían estar listas mañana. Iré a recogerlas y luego podremos pasar una tarde terriblemente emocionante escribiendo las direcciones en ellas.
Su amiga se río con suavidad. Hinata siempre se sentía mejor cuando la oía reír.
─A ti no te gusta escribir las direcciones en las invitaciones ─ dijo Ino.
─No, debo confesar que no me gusta. Me encanta organizar bailes, pero las tareas monótonas me aburren enormemente. Contesto Hinata
─Ya lo haré yo. No me importa, al contrario, me gusta tener una meta que puedo conseguir con facilidad.
─Pero ésa parece una meta muy insignificante...
Ino dejó de sonreír. ¡Maldición! Había herido sus sentimientos. Últimamente se la hería con demasiada facilidad, pero ¿quién podía culparla? Su confianza en sí misma estaba hecha añicos.
Hinata alargó el brazo y le cogió la mano.
─Perdóname, es que me siento un poco mal. Saber que un hombre como Namikaze, un sinvergüenza reconocido, dedica parte de su tiempo a hablar en favor de los niños, me hace pensar que yo también debería estar haciendo algo más.
─Tú tienes que cuidar de tu padre.
─Sí, pero él tiene enfermeras.
─Y ocuparte de sus bienes.
─Es cierto, pero, aun así, lo único que tengo que hacer es aprobar decisiones que ya ha considerado a conciencia su administrador.
─¿Cuándo crees que volverá tu primo?
─No lo sé.
─¿Cuándo fue la última vez que tuviste noticias suyas?
Hinata miró las tiendas de la calle. Últimamente había estado comprando demasiadas cosas para olvidarse del acuerdo al que había llegado con Namikaze. Parecía como si quisiera huir de su propia decisión, a pesar de saber que era la única forma de salvar a Ino. Si amenazase a Kabuto sólo conseguiría ponerlo más furioso, y hacer que descargase su furia con su esposa y, posiblemente, también con ella. Sí, matarlo era la única solución permanente para garantizar el bienestar de Ino.
─Ya hace casi un año ─contestó en voz baja. ─Aunque he visto a Itachi, pero él esta ocupado con las cosas del ducado Uchiha, así que no me ha comentado nada sobre Sasuke.
─Supongo que no pensarás que ha podido pasarle algo.
─No, nunca ha sido muy dado a escribir, mucho menos a mí, solo soy su prima y ya. Es bastante egoísta en ese sentido, preocupándose sólo de sus propios deseos.
─Cambiará cuando vuelva.
─Tal vez. ─Esperaba que así fuera, aunque no creía que ella estuviese llevando nada mal los asuntos de su padre. En realidad, le gustaba bastante.
─Lo que tenemos que hacer es encontrarte un marido ─dijo Ino ─. ¿No hay nadie que te guste?
Hinata pensó en unos ojos azules, en cómo se teñían de calidez cuando miraban a Sakura, en cómo ardieron cuando la besó a ella. Era tan atento en todo cuanto concernía a la joven... ¿Cómo podía ser que Sakura no quisiera aceptar su proposición de matrimonio?
La primera vez que el conde le dijo a Hinata que quería casarse con una mujer que tenía dudas al respecto, ella pensó que comprendería esas dudas. Pero ahora que estaba pasando tanto tiempo con él, estaba descubriendo a un hombre de tal profundidad que creía que una vida entera a su lado no bastaría para levantar todas las capas. Y estaba segura de que sería una vida muy interesante. Pero Namikaze no era para ella, lo sabía muy bien.
─La verdad es que no ─ contestó.
─Apenas puedo creer que a lady Konan le guste de verdad el señor Nagato. Supongo que es un hombre agradable, claro, pero creo que el interés de ella podría menguar si él no consigue recuperar su título. dijo Ino
─No creo que Namikaze se vaya a rendir con facilidad. ─Para ser sincera, no creía que se fuese a rendir en absoluto. Y a pesar de que una parte de sí misma reconocía que lo había robado, no podía imaginar que dejara de ser lord. Había algo en su actitud que parecía indicar que había nacido para ello.
─A veces, como hoy, cuando has dicho su nombre, casi parece que lo conozcas.
─Es tan misterioso, Ino... Tal vez deberíamos invitarlo a nuestro baile.
─Estoy segura de que su presencia allí sería la comidilla de todo Londres. le contesto Ino
«Sí pensó Hinata. Seguro que sí.»
El carruaje se detuvo en la puerta de la residencia de Ino.
─¿Te gustaría quedarte un rato? ─preguntó ésta.
─Sí, me encantaría ver a Inojin.
─Ése es uno de los motivos por los que creo que deberías casarte. ¡Te encantan los niños!
─Pero también es importante que me encante el padre. Su amiga palideció, y Hinata la cogió del brazo.
─No pretendía sugerir nada al decir eso, Ino.
─Lo sé.
─Es sólo que yo necesito que haya algo especial entre el hombre con quien me case y yo.
─Espero que lo encuentres.
Hinata podía sentir en su voz la desesperación de una mujer que no había encontrado la felicidad. El lacayo las ayudó a bajar del carruaje. Subieron los escalones y entraron en la casa.
─¿Dónde estabas?
La voz era dura y exigente, e Ino dio un chillido y saltó hacia un lado, tropezando con Hinata. Ambas tuvieron que esforzarse para mantener el equilibrio.
Kabuto se río con mezquindad. ─No pretendía asustarte.
Hinata no se lo creía. Era evidente que estaba junto a la ventana, desde donde, obviamente, las había visto llegar.
─Contésteme, duquesa.
Qué formal. Ino era su mujer, por el amor de Dios. Se oyó a sí misma tragar saliva.
─Hemos estado de visita en casa de lady Konan ─ dijo Ino.
─No es más que una chismosa. ¿Por qué querrías estar con ella?
─Visitamos a muchas damas. Es lo que hacemos ─explicó Ino.
Kabuto achinó sus ojos. Tenía el pelo grisáceo con una cola de caballo. El de Namikaze era rubio pero a pesar de eso, tal vez y de la vida que había llevado lo hacía parecer tan siniestro. El duque no era ni de lejos tan alto como él, pero lo que le faltaba en altura le sobraba en corpulencia. Aun así, pensó que Namikaze podría vencerlo con facilidad.
Luego, Yakushi centró su atención en Hinata, ella no se atemorizo.
─¿No debería estar cuidando de su padre?
Hubiese querido contestarle que eso no era asunto suyo. Sin embargo, dijo:─Tiene enfermeras. No le gustaría que pasara todo el día junto a su cama.
─¿Dónde dice que han pasado la tarde?
─"¿Por qué diablos era tan desconfiado?"─Con lady Konan.
─¿Dónde?
─En su jardín.
─¿Cuánto rato?
─Unos veinte minutos.
─¿Y antes de eso?
Hinata miró a Ino. Ésta se miraba fijamente la punta de los zapatos. ¿Es que siempre tenía que pasar por semejante inquisición?
─Hemos ido a visitar a la condesa de Chesney. Fue ella quien nos ha invitado a acompañarla a casa de lady Konan.
─¿Y antes de eso?
─¿Quiere que le facilite un informe por escrito?. Respondió Hinata
Kabuto sonrió, pero no fue una sonrisa divertida, más bien era fruto de la irritación. ─No es necesario. No le gusta que le pidan explicaciones, ¿verdad?
─No, su excelencia, pero ¿acaso conoce a alguien a quien sí le guste?
─Me temo que no.
Ino se aclaró la garganta.
─¿Has necesitado de mi presencia en algún momento?
Él volvió a desviar la mirada en su dirección y Hinata pudo sentir cómo su amiga se encogía.
─Pues en realidad, sí. Mis botas no estaban bien pulidas. He azotado al chico que las limpió. Estoy seguro de que lo hará mucho mejor por la mañana, pero ¿podrías por favor inspeccionarlas antes de que las necesite?
─Claro.
─¿Ha azotado al chico que le limpia las botas porque no brillaban lo suficiente? ─ preguntó Hinata.
─Cualquiera diría que está cuestionándome en mi propia casa, lady Hinata.
─Sí, eso parece.
Kabuto resopló. ─Necesita un hombre que la ponga en su sitio.
Ella sintió que unos dedos se le clavaban en el brazo. Sabía que Ino la estaba avisando. No debía despertar a la bestia. Oh, pero era tentador, era tan tentador... Se está haciendo tarde, mi padre me estará esperando. ─Debo irme. «Sin ver a Inojin.» Pero sabía que si se quedaba, corría el riesgo de decir algo que no debía.
─La acompaño ─se ofreció Kabuto.
La siguió hasta donde esperaba el carruaje. Hinata se obligó a apoyar la mano en la suya cuando se la ofreció para ayudarla a subir. El duque se la apretó tanto que llegó a hacerle daño.
─Creo que es muy mala influencia para mi mujer ─ dijo en voz baja.
A Hinata el corazón le empezó a latir con fuerza. ─¿Me está amenazando?
─Por supuesto que no, pero no estoy seguro de que entienda cuál es el lugar de una esposa.
Ella lo miró a los ojos y le sostuvo la mirada. ─Al contrario, su excelencia, me temo que es usted quien no entiende cuál es ese lugar.
Antes de que él pudiese añadir nada más, entró en el carruaje y se soltó de la mano.
─Vaya con cuidado, lady Hinata. Nunca se sabe qué peligros pueden estar al acecho.
Oh, ella conocía muy bien esos peligros. El coche se puso en movimiento y Hinata inspiró profundamente varias veces para intentar tranquilizarse. Justo antes de que el vehículo girase por la siguiente calle, se volvió para mirar atrás.
Kabuto seguía allí, mirándola.
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Continuará...
