No soy la dueña de Escaflowne ni de ninguno de sus personajes, aunque la verdad es que me encantaría. Tampoco soy dueña de ninguna de las canciones ni melodías citadas en esta historia.
El Cisne Negro
Capítulo Seis: Verdad
Van
"¿Escuchaste lo que dije, Van?"
No sabía cuánto tiempo llevaba sumido en un silencio atónito. Sólo podía escuchar el sonido frenético de mi corazón, mientras la frase de Hitomi continuaba resonando en mis oídos. Al principio, pensé que había escuchado mal, pero al ver su mirada tranquila y resuelta sobre mí, supe que efectivamente había dicho…lo que había dicho.
Pensé, muy a mi pesar, que quizás su mente no se encontraba del todo bien. Los últimos días había visto que su conducta hacia mí había cambiado: Ya no se asustaba cuando me acercaba a ella y parecía más cómoda con mi presencia, llegando incluso a darme entender que había estado esperándome durante el día cuando, por las noches, iba a reunirme con ella. Además, solo unos instantes atrás había decidido quedarse aquí, en Fanelia, en el castillo, conmigo, para siempre, pero…
¡¿Que me había dicho qué?!
"Van, estás empezando a asustarme" – dijo, frunciendo el ceño. Por un instante, vi a la antigua Hitomi frente a mí, la muchacha dulce de antaño, pero que también tenía una enorme capacidad para enojarse con facilidad – "¿Escuchaste lo que dije o no?" – Lo único que pude hacer fue asentir, sin poder contestar. Eso pareció molestarla aún más – "¿Entonces?"
"Hitomi…" – comencé, lentamente. No parecía capaz de salir del asombro – "¿Te encuentras bien?"
"Oh…" – dijo, sorprendida. Pareció darse cuenta de algo y, como respuesta, se irguió levemente – "Escúchame bien, Van" – advirtió, alzando un dedo, como si estuviera explicándole algo a alguien no muy despierto – "Lo importante ahora es evitar una guerra o que se pierdan los acuerdos que has alcanzado con los países del Círculo de Gaea. Para eso, creo que sería una buena idea lo de hacer a Merle tu heredera, pero…no creo que tus consejeros vayan a aceptarlo tan fácilmente, al menos no por ahora" – No dejó de sorprenderme lo rápido que había entendido cómo funcionaba el mundo político en el que me desenvolvía, con tan solo haber pasado unos días aquí en el castillo – "Necesitas tiempo para que se acostumbren a la idea, y para ganar ese tiempo, es una buena idea que te cases con alguien y así apaciguar los ánimos con los países del Círculo. Y ya que no quieres casarte con ninguna de las candidatas que te han presentado" – Noté cómo fruncía el ceño y, por un breve instante, me pareció distinguir una pizca de algo extraño en su rostro…¿qué era? ¿Podía ser lo que imaginaba? Si no la conociera tan bien, habría jurado que estaba celosa – "Puedes casarte conmigo".
Abrí la boca para decir algo, pero su mano alzada a la altura de su pecho me detuvo.
"Antes de que me lo preguntes, no, no he perdido la razón ni nada por el estilo. Al contrario…" – dijo, esbozando una pequeña sonrisa – "Creo que es lo mínimo que puedo hacer por ti".
"¿A qué…?" – mi voz sonaba entrecortada – "¿A qué te refieres?".
"Van" – dijo, mirándome fijamente – "Me acabas de ofrecer algo que no he tenido hace más de una década: Un hogar. Déjame hacer esto para ayudarte. Una vez que se hayan calmado los ánimos y vayas ajustando a tu Consejo a la idea de que Merle te sucederá en el trono, podrás tomar la decisión sin que nada tan terrible como una guerra ocurra. Y una vez que Merle esté en el trono…" – una sombra de tristeza se cruzó por su rostro – "Podrás hacer lo que quieras, sin tener que preocuparte por mí".
"Déjame ver si entiendo" – dije, tratando de ordenar mis pensamientos – "¿Estarías dispuesta a casarte conmigo sólo para asegurar la paz en Fanelia? ¿Y qué pasará después? ¿A qué te refieres a que una vez que Merle esté en el trono, podré hacer lo que quiera?"
"Oh…" – murmuró, encogiéndose de hombros – "Me refiero a que no estarás forzado a quedarte…tú sabes, conmigo. Podrías anular nuestro matrimonio y-"
"¡¿POR QUÉ QUERRÍA HACER ALGO COMO ESO?!" – no quería realmente alzar la voz, ni tampoco asustarla, pero la verdad era que no la entendía en lo más mínimo – "¡¿Por qué me casaría contigo para después dejarte una vez que Merle esté en el trono?!"
"Porque…" – ahora ella era la que estaba atónita – "Porque…¿Por qué querrías quedarte conmigo?"
"¡¿Y POR QUÉ NO?!" – La observé, pasmado. ¿Cómo podía preguntarme algo así? ¿Cómo podría…? ¿Cómo podría cualquiera no querer tenerla a ella a su lado, para siempre? – "Hitomi" – me acerqué a ella y cogí sus manos entre las mías. Su mirada sorprendida no la abandonaba aún – "Te agradezco que quieras hacer esto por mí, y aunque entiendo que puedas sentirte en deuda conmigo…no es nada. No te lo dije antes porque no quería presionarte, pero desde que regresaste, lo único que he querido es que…te quedes. Para siempre, conmigo. Quiero que hagas de este tu hogar, que seas feliz, pero…no puedo pedirte que hagas ese sacrificio por mí y-"
"¿Quién te dijo que estoy haciendo un sacrificio?" – preguntó, en un susurro – "Quiero ayudarte y quiero quedarme aquí, pero…entiendo que tal vez tú no quieras algo tan permanente como que sea tu esposa, sino que sólo lo necesitas para asegurar la paz y-"
"¡¿CÓMO PUEDES DECIR ESO?!" – Al ver que se sobresaltaba y se alejaba de mí, quise calmarme pero no pude. Vi que sus manos luchaban por soltarse de entre las mías, pero eso solo hizo que las cogiera con más fuerza – "¡¿Por qué no querría algo así de permanente, contigo?! ¡Hitomi, yo…!" – Recuperé el aliento y continué, sin ninguna clase de reserva – "Hitomi, es a mí a quien le pides que haga el sacrificio…de dejarte ir una vez más".
Ante su mirada confusa, sólo pude acercarme más a ella y poner una de mis manos en sus mejillas.
"Lo siento, Hitomi, pero si me caso contigo, no podré alejarme después" – dije, suavemente – "Por eso te digo que no tienes que hacerlo porque…yo no podré hacerlo. Soy yo el que no tendrá, jamás, las fuerzas para volver a dejarte. Si me caso contigo, quiero que sea para siempre. No me pidas que-"
No pude continuar, porque de repente, sus hermosos labios me lo impidieron. Por un instante, me quedé congelado, tal y como estaba, con una de mis manos en sus mejillas y la otra, sosteniendo una de sus muñecas. Sentí unos escalofríos estremecedores recorrer mi espalda, para luego escuchar cómo mi corazón latía desenfrenadamente. Abrí los ojos un instante, para asegurarme de que realmente esto estaba ocurriendo, y al encontrarme con su rostro pegado al mío, no pude más que actuar. Siguiendo el impulso que amenazaba con explotar dentro de mí, me apoderé de sus dulces labios, que no había sentido contra los míos por más de una década. Era una sensación aún más deliciosa de lo que recordaba. Hitomi exhaló un pequeño suspiro contra mi boca cuando sintió que la atraía hacia mí, y cerraba mis brazos en torno a ella. Mis dedos se perdieron en su largo y sedoso cabello, mientras ella tiraba de mi camisa hacia ella, como si nada fuese lo suficientemente cerca. Cuando, de repente, sentí el leve toque de su lengua contra la mía, perdí el poco control que me quedaba. Prácticamente me abalancé contra ella, lo que hizo que emitiera un pequeño sonido de sorpresa y se desestabilizara un poco, pero rápidamente alcancé a tomarla por la espalda, evitando que se cayera.
Mucho antes de lo que pretendía, ella se alejó de mí. Me miró, con los ojos abiertos con sorpresa, pero brillando con una extraña y especial luz. Sus mejillas, normalmente pálidas como la porcelana, ahora estaban encendidas de un bello rosa, mientras trataba de recuperar el aliento. Yo estaba exactamente igual, sin aire y sin ninguna intención de alejarme de ella.
"Hitomi, yo…"
No alcancé a decir nada cuando, luego de ver una bella y enorme sonrisa en su rostro, ella fue quien se lanzó hacia mí, atrapando cualquier frase que amenazara salir de entre mis labios, con los suyos.
Hitomi
"¡¿Que VAN Y TÚ van a qué?!"
Casi pude jurar que los cristales de la ventana temblaron con el tono de voz de Merle. Me encontraba sentada en el alféizar, como siempre, mirándola atenta. Luego de lo que había pasado aquella mañana, Van había decidido que no retrasaría más nuestro acuerdo, y a toda velocidad, había ido a su estudio a revisar los detalles y el papeleo. Me enternecía a más no poder la felicidad que desprendía todo su cuerpo, había sonreído todo el camino de regreso hasta la habitación y, además, cuando estaba a punto de irse, había fingido su salida varias veces sólo para tener que repetir la despedida: Cada vez que declaraba estar listo para irse, súbitamente recordaba alguna nimiedad como una pluma o un guante, sólo para volver a entrar a abrazarme y besarme un poco más.
Me di cuenta de que, ambos, habíamos regresado al punto en que habíamos dejado todo hace una década atrás. De repente, noté que entre nosotros no había pasado el tiempo realmente, sino que en cuanto nos habíamos reencontrado, pareciera que el tiempo había decidido continuar con su curso desde aquel punto. Porque ahora, a pesar de que ninguno lo había dicho siquiera en voz alta, habíamos decidido continuar con aquel destino que algún día habíamos planeado para los dos…pero que luego alguien había arrancado de raíz sin mi consentimiento.
"Lo que oíste" – le dije a Merle, sonriendo levemente.
"Pero ¿cómo? ¿Por qué tan rápido? ¿Estás segura? ¿Te dijo que-"
"Merle, tranquila" – comencé. Recordé que ella aún no estaba al tanto de toda la situación y de por qué Van necesitaba contraer matrimonio en el corto plazo – "Esto no es lo que te estás imaginando, es estrictamente…político. Aunque no lo es al mismo tiempo…" – pensé en los eventos de las últimas horas y descubrí que esto era exactamente lo que ocurría: Sí, había decidido ofrecerle a Van que se casara conmigo para ayudarlo con el asunto del Círculo de Gaea, pero también porque…quería hacerlo. Quería quedarme, con él, en Fanelia, para siempre. Y como sabía que Van no era bueno con las palabras, decidí interpretar sus gestos y actitudes: Él también quería que me quedara y aunque no me lo había dicho…sabía, por la forma en que había sentido su corazón latir contra el mío, que también me amaba.
"Hitomi, no estoy entendiendo nada" – dijo Merle, exasperada – "Van nos dio instrucciones a todos de que no debíamos alterarte ni exponerte a situaciones de emociones fuertes, y de repente decide pedirte que te cases con él, entonces cómo es posible que-"
"En realidad" – la interrumpí, encogiéndome de hombros – "Fui yo la que se lo pidió"
"¡¿QUÉ?!" – En menos de un segundo, Merle estaba a mi lado, cogiendo sus manos entre las mías – "Hitomi…¿estás segura? ¿No vas a cambiar de opinión? Sé que ambos se aman, pero-"
"Merle" – la interrumpí nuevamente – "Quiero quedarme. Aquí, para siempre. Y quiero estar con Van y-"
Sonreí cuando Merle dejó escapar un grito de felicidad y me abrazó súbitamente. Acarició mi cabello por varios minutos, mientras sentía cómo una risa mezclada con lágrimas de felicidad se escapaba de su pecho. Sin embargo, de repente, se alejó de mí con expresión preocupada. Me observó atentamente durante unos instantes, y pude notar una pizca de duda al interior de sus ojos.
"¿Qué sucede, Merle?"
"Hitomi…" – comenzó, casi en un murmullo – "Hay algo que debes saber, si es que vas a casarte con Van." – De repente, sentí una punzada de miedo cruzar todo mi cuerpo, al ver cómo Merle trataba de encontrar las palabras adecuadas – "Aunque conoces a Van hace muchos años…él sigue siendo el Rey de Fanelia. Y por eso, es que una unión de la realeza es un asunto que concierne a todo el mundo político que nos rodea y…hay ciertas tradiciones, arcaicas y sin sentido que deben cumplirse y…" – Sentí que Merle se angustiaba cada vez más – "Hitomi, si te casas con Van, serás sometida al escrutinio del Consejo Real, antes y…después".
"¿A qué te refieres?" – pregunté, casi sin aliento.
"Hitomi, el Consejo Real revisará que la unión entre Van y tú sea…efectiva" – Merle se mordió tan fuerte el labio inferior, que por un instante, pensé que se había hecho una herida – "Luego de que se casen, comprobarán que tú y él realmente han…ya sabes a qué me refiero".
Sentí que caía en un abismo profundo sin fin. Todo mi cuerpo se puso rígido, mientras un frío impresionante llenaba todo mi interior. Rápidamente, el pánico se apoderó de mí.
"Hitomi" – continuó Merle, casi estrujando mis manos entre las de ella – "Van no sabe nada de lo que me contaste, y sé que te ama, tanto como para nunca preguntarte qué te ocurrió. Pero…¿podrás tú hacerlo algún día? ¿Podrás tú enfrentarte a esto y-"
Merle no pudo continuar, ya que yo ya estaba sumida en un silencio plagado de lágrimas. ¿Cómo podía haber sido tan tonta? ¿Cómo podía haberle prometido a Van que me casaría con él, y haber esperado que él no quisiera…? Él no sabía absolutamente nada de ese aspecto de mi vida, y me había dado cuenta de que se preocupaba tanto por mí como para nunca insinuarlo siquiera, pero…no tenía idea de que, para mí, el solo hecho de tener que enfrentarme a esa situación, me llenaba de terror, culpa y vergüenza.
Dejé escapar un sollozo casi inaudible cuando Merle me atrajo hacia ella y me abrazó.
Van
La expresión en el rostro de mis consejeros casi me hizo reír. Estaban atónitos, nerviosos y confundidos, como nunca antes en toda su vida. Sin embargo, cuando mis ojos se encontraron con los de Marius, nuevamente sentí esa punzada de sospecha y rabia que había tratado de controlar durante los últimos días.
"Perdón, Majestad" – dijo Marius – "Creo que necesito volver a escuchar lo que dijo, porque no creo haber entendido correctamente".
"Creo haber sido perfectamente claro, Marius" – dije, resuelto y con una leve sonrisa – "Luego de haber considerado lo que discutimos en las últimas reuniones de este Consejo, he decidido que tienen razón." – era una perfecta mentira, pero no me importaba en lo más mínimo – "Para asegurar la paz y estabilidad de Fanelia, es cierto que los países del Círculo de Gaea necesitan saber que continuaremos siendo el reino fuerte y longevo que hemos sido hasta ahora. Y para eso, he decidido que" – volví a posar mi mirada sobre Marius, dándole a entender que no cambiaría de opinión bajo ningún respecto – "Me casaré."
"¿Con quién?" – preguntó Marius, frunciendo cada vez más el ceño.
"Con Hitomi Kanzaki" – dije, lo más claramente posible – "Y se hará lo antes posible".
"¡Pero, Majestad…!" – Marius estaba atónito, y parecía incapaz de encontrar las palabras – "¡Ella ni siquiera es de Gaea, es una extranjera de la Luna Fantasma, no conocemos nada de ella y-
Iba a interrumpirlo, cuando de repente, Aerius, uno de mis consejeros, se adelantó:
"¿Por qué cuestionas la decisión del rey Van?" – preguntó, frunciendo el ceño – "En la última reunión del Consejo Real, discutimos acerca de la petición del Círculo de Gaea de asegurar la paz y estabilidad del reino de Fanelia, que de acuerdo a tus palabras, podría alcanzarse si es que nuestro rey contraía matrimonio para que, algún día, hubiera un heredero" – Vi cómo se inclinaba hacia adelante, apoyando sus manos sobre la mesa – "¿Qué importa, entonces, que se case con una extranjera?".
"Estoy de acuerdo con Aerius" – intervino Grey, mirándome – "El Círculo de Gaea no especificó, a pesar de que no era asunto de ellos en todo caso, con quién debía casarse el rey".
Vi cómo todo mi Consejo asentía y emitían murmullos de aprobación a las palabras de Aerius y Grey. Me volví hacia Marius, que parecía lívido de furia. En ese momento, me di cuenta que mis sospechas estaban justificadas de algún modo: Marius había tomado parte muy activa en las negociaciones con Alcozeus, y había insistido como nadie para que me uniera a la princesa Fará. Por lo tanto, algo de beneficio debía haber para él y el hecho de que ahora yo fuese a casarme con otra mujer…parecía haber arruinado sus planes. Supe en ese momento que iba a tener que vigilarlo de cerca, puesto que estaba seguro de que trataría de sabotear mi decisión.
"Creo que no hay mucho más que discutir, entonces" – comentó Aerius, encogiéndose de hombros. Lo miré, y por unos instantes, sentí un enorme agradecimiento hacia aquel hombre. Nunca había compartido mucho con él, ni con ninguno de mis consejeros, pero el hecho de que me hubiese demostrado el apoyo necesario en esos momentos, me hizo sentir reconfortado – "Y permítame agregar, Majestad" – dijo, solemne e inclinándose hacia adelante a modo de saludo – "Que le deseo toda la felicidad en su matrimonio con la señorita Hitomi. Que construyan una maravillosa unión, duradera y feliz".
Sonreí cuando todo mi Consejo pronunció frases similares, salvo por Marius, que continuaba con expresión sombría y desagradable. Di por terminada la reunión, y esperé pacientemente a que se retiraran, casi todos.
"Espera un momento, Grey" – mi cuñado se detuvo, pero luego agregué – "Aerius, quédate un momento, por favor".
Aerius me miró con expresión sorprendida, ya que nunca había solicitado estar a solas con él. Se acercó, titubeante, mientras Grey cerraba la puerta del salón luego de asegurarse de que todos se habían ido. Esperé a que los dos se acercaran a mí, para luego bajar la voz lo que más pude:
"Sospecho que Marius no está conforme con mi decisión" – dije, mirando alternativamente a cada uno – "Y tengo razones para creer que tiene un vínculo secreto con Alcozeus. Quiero que los dos estén atentos a sus movimientos, confío en que si encuentran algo, me lo dirán".
"Dalo por hecho, Van" – dijo Grey, asintiendo – "A mí también me da mala espina ese tipo últimamente"
"Estaré atento, Majestad" – dijo Aerius, mucho más solemne que Grey – "No permitiré que nada se interponga en la unión entre el rey…y la nueva maestra de danza de Ella".
Sonreí levemente cuando recordé lo que había visto en la azotea aquella mañana: Ella era la hija de Aerius, que al parecer, había quedado prendada de Hitomi instantáneamente. De hecho, si estaba en lo correcto, en esos mismos momentos, ellas dos se encontraban ensayando en el jardín del castillo. Ambos hombres hicieron una reverencia leve y se fueron, dejándome solo con mis pensamientos.
Caminé por los pasillos del castillo, hacia el jardín, cuando ya caía el atardecer. Una felicidad indescriptible dominaba todos mis movimientos, desde aquella mañana, en que Hitomi me había convertido en el ser más dichoso de toda Gaea. Estaba ansioso por verla, las horas del día no habían pasado lo suficientemente rápido, y ahora lo único que quería era volver a abrazarla. Sonreí aun más ante la perspectiva de que desde ahora en adelante, nunca más tendría que separarme de ella. La tristeza y desolación de los últimos diez años se habían desvanecido como polvo en el aire, y ahora, sólo era capaz de pensar en que ella no volvería a dejarme. Ni yo a ella. La idea de que nos pertenecíamos el uno al otro, de que nunca más tendría que verla partir, me había regresado a mi antiguo ser: En tan solo horas, el hombre desagradable y de mal temperamento en que me había convertido había dejado de existir, y su lugar había sido ocupado por el antiguo Van, aquel joven impaciente, voluntarioso y lleno de energía del que Hitomi se había enamorado un día, hace más de una década.
Llegué a la parte más desierta del jardín, y me encontré con su figura, sentada en una de las bancas que daban hacia el horizonte. Sólo podía ver su espalda, cubierta de unos largos y suaves rizos de color miel, sobre la tela de un vestido verde que hacía juego con sus ojos. Sonreí nuevamente y me acerqué a ella con rapidez, pero la imagen que se presentó delante de mí me detuvo: Hitomi tenía la mirada perdida hacia el horizonte, la piel de su rostro estaba increíblemente pálida y en ella se veían los estragos de lo que parecía, habían sido varias horas de llanto. Sus ojos verdes estaban enrojecidos, mientras sus manos temblaban sin cesar.
Asustado, me apresuré en ir hacia ella, lo que la sobresaltó al verse interrumpida abruptamente en sus pensamientos. Luego, instintivamente se encogió y se alejó hacia el extremo de la banca sobre la que estaba sentada. Sentí que mi cuerpo se congelaba, ya que parecía que nuevamente era aquella primera noche en que la había vuelto a encontrar, en la que mi cercanía la asustaba.
"¿Qué ocurre, Hitomi?" – pregunté, acercándome lentamente hacia ella, con las manos levantadas, dándole a entender que no tenía nada de qué asustarse. Sus ojos se encontraron con los míos cuando me senté a su lado, a una distancia prudente, mientras nuevas lágrimas comenzaban a agolparse dentro de sus ojos.
"Van, yo…" – su voz sonaba entrecortada, perdida – "Lo siento" – continuó, cerrando los ojos dolorosamente – "No puedo hacer esto".
Sentí como si un hacha me atravesara de un lado al otro del cuerpo. Verla llorar desconsoladamente era insoportable, pero el hecho de que estuviera diciéndome que ya no quería…esto, era aun peor. Porque sabía que esto era, en realidad…yo.
"No puedo, Van" – dijo, entre sollozos – "No puedo hacerte esto, no puedo…te mereces algo más, a alguien mejor que yo".
"No quiero a nadie salvo a ti" – me apresuré a decir, con la voz entrecortada – "Porque no hay, ni habrá jamás, nadie mejor que tú".
"¡NO, VAN!" – gritó, de repente, llorando aún más – "¡Te mereces a alguien mejor, a una mujer que no esté rota por dentro, que no tenga que ocultarte nada, alguien que no esté…marcada como yo!" – sus ojos, de los que continuaban brotando gruesas lágrimas, ahora estaban sumidos en una impresionante rabia y furia que nunca había visto en ella – "¡Te mereces a una mujer que esté intacta, que no sea una sombra llena de vergüenza que no sabe cómo vivir y que…que no esté sucia como yo!"
No pude soportar más la forma en que estaba hablando sobre ella misma, sobre todo porque yo no era capaz de imaginar que fuese ninguna de aquellas horribles cosas que estaba diciendo. Me acerqué a ella, e ignorando la forma en que trató de alejarse, cogí su rostro entre mis manos y la obligué a mirarme.
"¡Hitomi, detente!" – exclamé, más alto de lo que pretendía – "¿Cómo puedes decir algo como eso? Eres la mujer más maravillosa que he visto en mi vida y-"
"¡Oh, por favor!" – gritó, enojada – "¡No tengo absolutamente nada de maravillosa, soy solo un cuerpo vacío! ¡Lo perdí todo, hace diez años atrás, te perdí a ti, simplemente porque me dejé vencer por el miedo y la vergüenza! ¡Porque no era capaz de mirarme al espejo sin sentir asco de mí misma, porque no fui lo suficientemente valiente para enfrentarme a-" – Noté que se detenía, ya que al parecer, sus palabras la estaban llevando a un lugar al que no quería llegar – "Van" – dijo, tratando de calmarse – "Perdóname, pero no puedo…no puedo pedirte que te quedes conmigo, menos si es para siempre. Porque no puedo ser lo que necesitas, no pued-"
"Hitomi" – la interrumpí – "¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Qué te hizo cambiar de opinión?" – Vi que cogía aire profundamente, para luego dejar de llorar, lo que hizo que una pizca de esperanza comenzara a crecer en mi interior.
"Merle me explicó que una unión real es revisada y…comprobada por tus consejeros" – dijo, nerviosa – "Y yo no…no puedo con ello, Van."
De repente, las palabras de Poncy, la forma en que ella se aterraba ante la posibilidad de que alguien se acercara y la tocara, y las palabras que había dicho unos instantes atrás, encajaron perfectamente en mi mente. Mis peores sospechas se vieron confirmadas en ese momento, y aunque sentí la peor rabia que había experimentado en toda mi vida, en contra de aquel maldito sin rostro que aún permanecía en mis pensamientos…no pude sino sentir que la amaba aún más. Porque aun después de que lo que había vivido…ella estaba pensando en mí primero, y no en su propio bienestar. Creía que, si se unía permanentemente a mí, estaría haciéndome un daño irreparable, lo cual no podía estar más alejado de la realidad. Y yo necesitaba que ella lo supiera.
"Hitomi" – comencé, suavemente tomando una de sus manos, mientras la otra continuaba firmemente en su mejilla – "Hoy ya había pensado en eso, y quiero que dejes de preocuparte por ello. Nadie revisará ni comprobará nada, y si se atreven a hacerlo, me encargaré personalmente de que pierdan la cabeza. Es cierto que esas tradiciones existen, pero no siempre se han cumplido y ninguna unión ha dejado de ser válida por eso." – Noté en su mirada algo de alivio, lo que me envalentonó a continuar – "Hitomi, no me importa lo que haya pasado antes. Sólo quiero vivir contigo…para siempre, incluso si es que eso significa solo sostener tu mano el resto de mis días. Porque eso ya me haría el hombre más feliz del universo hasta el día en que muera".
"Pero, Van…" – comenzó, mientras nuevamente las lágrimas se apoderaban de su rostro – "¿Cómo puedes querer eso para ti? ¿Cómo no vas a querer estar con una mujer, tener hijos, criarlos juntos y-"
"Sólo te quiero a ti" – dije. Sonaba sencillo, pero lleno de verdad – "Para siempre".
"¿Por qué?" – Noté que se acercaba cada vez más a mi rostro, y que mi cuerpo actuaba instintivamente de la misma forma. Su nariz rozó la mía suavemente, en el instante justo para agregar, en un susurro:
"Porque te amo, Hitomi" – dije en voz baja – "Te he amado desde el día en que te vi, te he amado por estos últimos diez años de ausencia, y te amo ahora. Y te amaré hasta que muera, y si hay algo después de eso, te amaré entonces".
Sentí el sabor de sus lágrimas cuando mis labios se encontraron con los de ella. Aún sollozaba suavemente, pero fue calmándose a medida que la besaba y acariciaba con delicadeza sus mejillas, su cabello, su espalda…Sentí escalofríos nuevamente cuando sus delgados y fríos dedos se aferraron a mi cabello, mientras inclinaba su cuerpo hacia mí. Cerré mis brazos en torno a su figura, justo en el momento en que ella exhalaba un suspiro agotado, pero urgente al mismo tiempo, y me envolvía un dulce abrazo. Antes de que yo quisiera realmente separarme de ella, se alejó un poco y me observó con expresión cansada.
"¿No cambiarás de idea?" – preguntó, inhalando profundamente – "¿No crees que llegará el día en que sientas que cometiste un error?"
"¿Cuál sería ese error? ¿Casarme con la mujer a la que amo más que a la vida misma?" – pregunté, con una sonrisa que llegó abruptamente a mi rostro.
"Van…creo que para decidir realmente sobre esto…necesitas saber toda la verdad primero".
Sentí otro escalofrío cuando cogió mi mano, y se acomodó para mirarme mejor sobre la banquilla.
"Hitomi, no tienes que hacerlo" – advertí, acariciando sus dedos – "No quiero que sufras más por-"
"Lo sé, es solo que yo necesito hacerlo" – explicó, alzando la mirada para encontrarse con la mía – "Necesito sacarme esto del pecho, porque siento que va a aplastarme. Lo único que me frena es que…temo que puedas cambiar completamente de opinión luego de que lo escuches todo".
"No será así" – le aseguré, con toda la determinación que era capaz de demostrarle – "Te lo prometo".
"Van…hace diez años, cuando volví a la Luna Fantasma, luego de que planeáramos el futuro juntos, hablé con mis padres" – comenzó, con los ojos cerrados, tratando de coger fuerzas – "Estaban furiosos conmigo. Habían hecho de todo durante mi ausencia para averiguar qué había sucedido conmigo, y cuando me vieron regresar, contenta y con un destino feliz en otro lugar, se enfurecieron. Me dijeron que estaba demente, que no podía haber decidido realmente regresar aquí para estar contigo, que mi destino estaba ahí, en la Tierra…intentaron prohibirme todo, que saliera, que hablara con amigos, que fuese practicar algún deporte, pero al ver que no flaqueaba en mi decisión, le pidieron a alguien que…interviniera" – noté que su voz comenzaba a temblar, y que nuevamente esa furia que me había desconcertado se apoderaba de ella – "Le pidieron a Amano, un compañero de la escuela mayor que yo, que comenzara a cortejarme, para así lograr que me olvidara de ti. Él me asfixiaba, estaba todo el día ahí, con el permiso de mis padres, y parecía contento por ello. Eso me enfurecía" – agregó, mordiéndose el labio inferior. Luego, vi que empezaba a temblar fuera de sí y que nuevas lágrimas se desbordaban por sus mejillas. Cogí su otra mano y traté de acercarme a ella, pero se alejó.
"Hitomi, no sigas, no es necesario, no tienes que recordar tod-"
"¡Necesito hacerlo, maldita sea!" – exclamó, furiosa – "¡Porque no quiero dejar que esto continúe atormentándome de esta forma, no es justo!" – al ver que asentía, en silencio, cogió aire y continuó – "Un día logré escabullirme luego de la escuela, pero no me di cuenta de que él me había estado siguiendo. Luego, sentí un golpe en la nuca, y de ahí no recuerdo lo que sucedió las siguientes horas. Sólo sé que desperté, en una habitación oscura y que él…estaba ahí. Estaba furioso conmigo, me dijo que estaba cansado de que no accediera a estar con él, que debía sentirme afortunada de que un hombre como él se hubiera fijado en mí y que no era más que una asquerosa chiquilla que necesitaba entender que le pertenecía a él…" – Cerró los ojos, y un frío estremecedor se apoderó de mí con sus siguientes palabras – "Me torturó y abusó durante dos días seguidos. No recuerdo todas sus acciones, solo el dolor que sentía. Y lo que decía, mientras hacía lo que me hacía: Que nunca jamás podría olvidar lo que había pasado, que ahora estaba marcada de por vida, que estaba sucia y que nunca, jamás, ningún hombre accedería a estar con una mujer como yo. Lo peor de todo…" – dijo, mirándome de reojo – "Es que le creí."
Yo me debatía entre las ganas que tenía de asegurarle que eso no era así…y de dejarla ahí, por unas horas, mientras iba a la Luna Fantasma a matar a ese desagraciado con mis propias manos.
"Al tercer día encontré una forma de escapar de donde me tenía" – su voz me hizo volver a prestar atención – "Me desmayé en la mitad del camino, alguien me encontró y me llevó a un hospital. Cuando desperté, vi que mis padres estaban en la habitación y les conté, desesperada, lo que había ocurrido."
"¿Y qué hicieron?" – pregunté, con un hilo de voz, cuando vi que le faltaban las fuerzas para continuar.
"Amano ya había hablado con ellos, y les dijo que me había escapado de la escuela para…encontrarme contigo, y que habías sido tú el que me había atacado" – Rápidamente, cogió mi mano cuando sintió que me crispaba de rabia. No solo la había herido más allá de lo que cualquier ser humano era capaz de aguantar, sino que además, anticipándome al final de la historia, se había escapado sin ningún tipo de castigo – "Y ellos le creyeron. Aquel día fue cuando decidí que escaparía. Ya había cumplido la mayoría de edad, y ya no había nada que mis padres pudieran hacer para retenerme. Me ofrecieron una beca en otro país para estudiar en la universidad y otra en la academia de danza. Acepté sin pensarlo dos veces y me fui" – luego, cogió aire nuevamente y un asomo de sonrisa apareció en su rostro – "El día que me encontraste, había una fiesta en el teatro en donde presentarían la obra de la siguiente temporada. Ahí fue cuando él apareció y escapé, me clavé el vidrio en el pie y me lancé a un río" – cuando vio mi expresión de alarma, acarició suavemente mi mano – "Y mientras caía, deseé una sola cosa"
"¿Qué pediste?"
"Ser feliz" – dijo, sonriendo levemente – "Y luego, ahí estabas tú, en el bosque".
Recordé aquel día y, de repente, entendí todo. Yo había ido sin ninguna intención al mismo lugar, desenterrado el pendiente, y había deseado la felicidad de Hitomi. Y eso la había traído de regreso aquí. Quizás ni ella ni yo lo sabíamos en ese momento, pero…al parecer ese deseo se había concedido. Sentí una oleada de calor dentro de mí ante lo claro del mensaje: La felicidad de Hitomi estaba aquí, en Gaea, lejos de todo el dolor y sufrimiento que había pasado en la Luna Fantasma.
"Van, desde el día en que ocurrió todo, me convertí en un fantasma" – explicó – "Me alejé de todo y de todos, no tengo amigos, familia, ni siquiera un hogar. Lo único que me consolaba era la danza, era la única forma que tenía de expresar algo. Porque la verdad es que siento…vergüenza, culpa y asco de mí misma. No porque lo que me ocurrió fuese mi culpa, porque no lo es, sino porque dejé que me venciera. Que él…me derrotara. Me transformé en un cuerpo sin alma porque yo lo permití, vivía con miedo y pánico todos los días porque dejé que mis fuerzas me abandonaran" – De repente, me miró con los ojos llenos de lágrimas – "Y sigo teniendo miedo, pero esta vez, es de perderte. Porque no sé si algún día seré capaz de superar todo lo que me ocurrió, si es que algún día podré…" – trató de gesticular, pero entendí perfectamente a qué se refería – "Y no creo que entiendas a lo que estás accediendo si decides casarte conmigo, Van. No sé si algún día podré ser la…esposa que te mereces".
Sintiendo que ya había dejado terminado con su relato, me acerqué a ella y cogí sus manos con las mías. Me encontré con sus ojos y me hundí en ellos, y ni siquiera me di cuenta cuando empecé a hablar:
"Soy yo el que cree que no te merece" – dije, suavemente – "Porque fui yo el que no tuvo el coraje de ir a buscarte cuando no logré contactarte nuevamente, después de algunos años. Fui yo el que se rindió ante la idea de que no me amabas, y que habías encontrado la felicidad que te merecías. Fui yo el que debería haber sido lo suficientemente valiente para ir por ti y demostrarte que era digno de estar contigo. No hice ninguna de esas cosas, y me avergüenzo de haber sido tan débil, Hitomi. Pero, si me das la oportunidad…" – solté una de sus manos para ponerla sobre su mejilla – "Sería el hombre más feliz de todo el universo si es que me dejas pasar el resto de mi vida a tu lado, enmendando ese error."
Sentí una oleada de alivio cuando una bella sonrisa iluminó su rostro. Me acerqué lo suficiente para besar con suavidad, brevemente, sus labios y luego apoyé mi frente contra la suya.
"Hoy lo conversamos como un trato, así que necesito preguntártelo de verdad" – dije, mirándola fijamente – "¿Te casarías conmigo, Hitomi?"
Todas las heridas abiertas de mi interior se sellaron automáticamente cuando, en un susurro, me contestó:
"Claro que sí, Van"
Continuará…
