La inmortalidad se vuelve tediosa si no hay con quién compartirla. También cuando ese "compañero" decide de pronto no dirigirte la palabra durante los siguientes días previos a la salida hacia Italia.
Dio comienza a salir por su cuenta, al regresar siempre hay un termo con sangre fresca para Jonathan. Eso hace el silencio menos tedioso. A pesar de la aparente ley del hielo que le dirige Dio, no ha de morirse de hambre.
Jonathan aprovecha las salidas de Dio para hacer las suyas propias. Se ha comprado un libro para aprender japonés. Porque si iban a viajar allá, debía saber como mínimo lo básico de japonés.
El día del viaje eventualmente llega, mismo vuelo que, al igual que sus días anteriores, lo ha de pasar leyendo en silencio hasta su llegada a Roma.
Los días se pasan así hasta el día de su partida, un vuelo nocturno a Italia, llegan durante la madrugada a Roma. Dio carga con lo necesario, tiene los medios para conseguir cosas costosas allá a donde vayan.
Van a tener la vida que se merece, después de todo es un ser superior.
No hay mal que dure por siempre, mucho menos cuando es entre dos inmortales. Apenas llegan a su destino y el silencio se desvanece.
A su llegaba aún tienen algunas horas de oscuridad y Dio quiere ir a ver la ciudad, Jonathan no tiene opción.
– Te he alimentado toda la semana, no puedes negarte.
– Prefiero eso a estar encerrado en donde nos vayamos a hospedar. – Jonathan se muerde la lengua, no va a rebatirle eso, no vale la pena empezar mal ese viaje.
– Si fuera por ti no me queda duda que estaríamos hospedados en una pocilga pero elegí el mejor lugar, Jonathan. Algo digno de nosotros.
Dice nosotros pero bien pudo ser un mi.
Toma la mano de Jonathan, no le molesta hacerlo en público, es suyo y el resto de los mortales tienen que saberlo. Sobretodo, Jonathan no debe olvidarlo.
Conforme avanzan por las calles de Roma, la figura espectral de The World se manifiesta detrás de ellos, como si fuera un guardián que parece no simpatizar con nadie, aunque mira a Jonathan constantemente, había cierta similitud con Star Platinum.
Jonathan no puede verlo, no como tal. Pero lo percibe como si fuera un aura dorada rodeando al vampiro. Un poder como ningún otro que ha sentido en toda su vida. Sabe que Dio ha obtenido un poder más allá que el que le ha otorgado la máscara de piedra, pero no sabe aún el cómo definirlo.
A pesar de las altas horas de la noche, el aeropuerto de Roma se mantiene lleno de vida con gente de todo el mundo que viene y se va. Como es de esperarse, ese lugar también cuenta con su vigilancia.
A varios metros de la entrada, un joven de cabello rubio y traje verde con agujeros se ha dado cuenta de la llegada de un usuario de stand poderoso.
Pannacotta Fugo es fiel a su Don, esto era algo que debía ser informado inmediatamente. No sabe si ellos son o no una amenaza; a su experiencia, lo mejor es no tomar el riesgo.
Fugo no es ningún imbécil. Un Stand con un poder como ese no es algo que se tome a la ligera; no va a arriesgarse en enfrentarlo directamente.
Totalmente ajeno a que alguien puede ver su Stand, Dio se encuentra de muy buen humor. No piensa que en esa ciudad vaya a tener verdaderos rivales para sus objetivos. Además, pretende usar a Jonathan para sus planes.
Hay muchas cosas de las cuales Dio no le ha contado a Jonathan desde que regresaron a la vida por separado. Empezando por su familia y su conflicto con ellos, seguido por su Stand. ¡Y ni se diga lo que descubrió de la máscara de piedra y los dichosos hombres del pilar!
La escala en Roma es necesaria para Dio, sabe que su máscara esta ahí y piensa llevársela consigo, no va a dejar algo tan valioso en manos de un humano. Matará a quien sea necesario para obtenerla.
Claro que hay cosas que Dio no sabe como la existencia de otros usuarios de Stand.
Tampoco sabe que tiene un hijo. –– Corrección, que él y Jonathan tienen un hijo. O más de uno solo.
Es una noche de invierno, sus cuerpos fríos lo son aún más con ese clima. No importa cuántos abrigos se les ocurriera llevar encima.
– ¿Qué me dirías Jonathan, si te dio que la máscara de piedra puede que aún exista?
Jonathan ya debió imaginar que todo ese viaje tendría sus motivos ocultos más que el de conocer un lugar nuevo.
– ¿Preferirías que estuviera en mis manos o en la de cualquier otro humano que podría tener las mismas intenciones que alguna vez tuve?
– Preferiría que fuera destruida.
Esa maldita máscara. Si Dio la está buscando no debe ser por algo bueno. Jojo prefiere mil veces la idea de destruir esa cosa con sus propias manos para evitar que caiga en manos indebidas; léase como en manos de Dio.
A Dio no le extraña el deseo de Jonathan, tan típico de él.
– Te lo concedo. Si me ayudas a recuperar la máscara te dejaré destruirla. – Oh no, eso jamás sucederá. – Se que no podrías creerme, Jonathan y has de preferir trabajar por tu cuenta, pero ¿Cuánto tiempo te tardarías sin mi ayuda, en este mundo tan ajeno para ti?
– Confió en ti. – A Jonathan no le extrañaría que Dio lo traicione a última hora. – Hallaremos esa máscara y la destruiremos de una vez por todas.
Qué difícil es para Dio no reírse en su cara ante su confianza, Jonathan era un idiota.
Pero...
¿Porqué es agradable oír esas palabras? ¿Le emociona la idea de que siempre puede manipular a Jonathan de una u otra forma? Quiere creer que eso solo eso.
Confíe o no en él, Dio tiene razón en algo: sería casi imposible para él el hallar la máscara por su propia cuenta. No quiere verse manipulador como él, pero no le queda de otra mas que seguirle el juego.
– Sé que eres listo y vas a sospechar de mi en todo momento
Dio se inclina hacia él. Huele su cuello y, sin pena alguna, mete la mano dentro del abrigo.
– Y sé que a la primera oportunidad tú harás lo que se te plazca.
Ni Jonathan puede ignorar que le atrae a Dio. Esos toqueteos y las mordidas son todo menos discretos. Jonathan se queda quieto, procesando qué carajo está pasando.
¿Qué clase de juego está jugando Dio con él ahora?
– Hasta que la máscara este en nuestras manos trabajemos como uno solo. – Dio se distrae mordiendo su oreja.
– Trabajaremos juntos hasta entonces… – Se aparta poco después, haciendo como que nada sucedió, buscando parar un taxi.
– ¿Podría ser de otra forma?
Dio quiere a Jonathan rendido a sus pies y completamente leal a su causa. Quiere que le ame como amó a Erina y quiere que termine creyendo que sus decisiones son las mejores.
Claro, seducir a Jonathan no es sencillo; no es como el montón de humanos que se ha follado a través de los años, además ¿Cómo va a creerle cuando un rato lo trata bien y al otro vuelve a ser un imbécil?
Jonathan no es alguien que se vaya a dejar seducir como si fuera una doncella cualquiera.
A pesar de eso, Dio se cree capaz de seducir a Jonathan. Así de arrogante es. Sin embargo, si hay algo que ellos dos tienen de sobra es tiempo.
– Pase lo que pase nunca vamos a dejar de estar juntos. – Hay noches que quiere matarlo (de nuevo) y otras en las que su sola ausencia en la habitación lo agobia.
– Eso depende de ti.
El taxi se detiene frente a Jonathan, Dio se queda detrás de él con sus penetrantes ojos rojos clavados en él. Jonathan siente la mirada de Dio sobre el y le incomoda, como si fuera una presa atorada con un peligroso y arrogante depredador.
El taxi es conducido por un hombre de mediana edad, que pese a la hora no deja de hacerles plática; mas bien a Jonathan, ya que a Dio no le parece gran cosa su cháchara.
El hombre les recomienda lugares que ver y dónde comer. Les habla lo mejor que se puede de la ciudad.
Jonathan no entiende nada del italiano, lo único que capta es lo que llegue a sonar similar al latín, aun si tampoco recuerda mucho de sus estudios de aquel idioma.
"Ni siquiera deben temer por robos, aquí la mafia no es como la pintan en las películas americanas. Don Giovanna vino a salvar la ciudad"
La mención de la mafia es otra cosa que capta su curiosidad. Don Giovanna suena como a un buen sujeto, a pesar de todo.
Media hora de plática en italiano y en mal inglés. Pero como siempre, Dio es quien interrumpe el rato ameno. Exige que los bajen antes de su destino, odia como Jojo hace amigos tan fácilmente.
Jonathan se despide con cordialidad del taxista antes de bajarse y pagarle.
– Ya tenemos por donde comenzar.
Para Dio es un alivio volver a respirar el aire libre. ¿Quién sabe? tal vez en verdad estaba fastidiado de Londres.
–¿Vamos a seguir las sugerencias de un viejo? ¿Por lo menos entendiste lo que te dijo?
– No suena como una mala idea. Nunca he estado aquí así que me gustaría conocer el lugar. Por lo que alcancé a entender también dijo algo sobre la mafia local, que salvaron la ciudad.
Jonathan se ve emocionado, mucho más animado de lo que ha estado en los últimos años. Salir de Londres le ha hecho bien, es la primera vez que puede verle el lado positivo a su estado actual.
Dio no está impresionado ante el optimismo de Jonathan.
– JoJo, la mafia hace todo menos salvar a una ciudad.
– Pudo ser un malentendido de mi parte. El italiano no es tan parecido al latín como lo recuerdo.
– Sin duda lo fue. – Porque no puede aceptar que Jonathan haga las cosas bien.
Aunque el conductor se escuchaba muy seguro sobre el actual bienestar de la ciudad y, por lo que ha visto, a diferencia de Londres a altas horas de la noche, no ve gente "comercializando" en las calles.
Dos vampiros caminando por las calles de Roma durante la noche. Podría ser el escenario de alguna película romántica… siempre y cuando se olvide que Dio es un demente que arruinó la vida de Jonathan.
La vida de esos dos ciertamente es Romántica. Como una novela homoerótica de vampiros escrita por cierta autora que no se puede mencionar por cuestiones de copyright.
Dio no conoce la ciudad, así que toma el primer camino que se le ocurre, aun hay gente en las calles pero nadie de quien deban preocuparse.
O eso cree Dio, su Stand sigue ahí enorme y muy llamativo para quien pueda verlo.
– Podemos usar a la mafia para nuestros fines. Pretenderemos ser traficantes de arte interesados en la máscara, por la suma correcta nos ayudarán a encontrarla. Luego nos deshacemos de ellos y nos llevamos la máscara.
– Para eso primero tenemos que hallarlos. No creo que ellos vengan a presentarse sólo porque si.
– El dinero hará todo por nosotros. A ojos de los locales seremos dos extranjeros con dinero suficiente para ser timados; solo debemos mostrar interés en drogas o prostitutas. Déjamelo a mi, si te encargas de esta parte lo harás muy mal. Tú puedes buscar la máscara desde un enfoque más… académico. Después de todo sigue siendo una pieza de historia, tal vez otros nerds como tú le han seguido la pista. Dudo que este en algún museo, así o esta perdida en alguna vieja edificación o esta en una colección privada.
– Estoy impresionado, eso suena como un buen plan.
Recuerda que hubo un tiempo en el que él y Dio hicieron un gran equipo. Por supuesto, no es lo mismo ser un equipo de deportes escolares que el tener que acompañarse por la inmortalidad e intentar hallar un objeto maldito.
– ¿Y qué esperabas? Se trata de mi. – Le ofende que Jonathan piense lo contrario. – No podía ser mas que perfecto.
– Esperaba algo mas sanguinario y manipulador.
– A mí me parece suficientemente manipulador. Son otros tiempos, Jonathan, no voy a decir que los humanos se volvieron más astutos pero su ciencia ha llegado bastante lejos. Un poco de discreción nos evitará muchas molestias. Tú no quieres dañar a nadie, así que es el mejor plan en esas condiciones.
Y él no quiere alertar a los Joestar antes de tiempo.
Algunos restaurantes y bares siguen abiertos, Dio los pasa de largo, ya no toma la mano de Jonathan pero camina a su lado, sus brazos se rozan.
JoJo presta atención sus alrededores, a todos los olores y sonidos que les rodean. La comida humana no le sabe igual que en vida, pero tampoco es algo que rechazaría si se le ofreciera; su excusa era el mantener las apariencias, pero también era por la nostalgia de lo que alguna vez fue.
Dio se esfuerza por hacer que Jonathan no tenga a nadie más que a él, lo cierto es que es él quien tiene solo a Jonathan.
– Sí, veo que el mundo ya no es como lo era antes. Hay mucha más gente ahora.
Dio se ríe, él lleva más tiempo en ese mundo y encuentra hasta tierno la forma en que JoJo se enfrenta a la modernidad.
– Hay aviones, teléfono, televisión y cosa nueva llamada internet.
– Nunca imagine que llegaríamos a tener todo esto. – Incluso la música es muy diferente a sus tiempos. Hoy en día es más variada, mas caótica. Le gusta esta época, aunque a su vez extraña la suya. – ¿Qué otras cosas crees que vayan a haber a futuro?
– No lo sé ¿Naves espaciales? ¿Robots mayordomos? Sea lo que sea, te aseguro que no será tan interesante. – Porque Dio sigue creyendo que es la cúspide de la evolución humana. – El tiempo no es nada para nosotros.
– ¿Crees que hayan otros? Si la máscara estuvo tanto tiempo expuesta, alguien más podría haber descifrado su secreto.
La máscara sin duda tarde o temprano cayó en manos de quien entendió su poder y la usó… o fue accidental como a él le pasó; Dio no dejó a ningún vampiro detrás suyo pero sí a varios seguidores, a uno muy en particular que espera encontrar.
Si se encontraban con otros vampiros los asesinaría, no le interesaban en lo más mínimo.
JoJo está seguro que Dio aun ha de tener seguidores en esa época, sabe que él tiene sus métodos para seducir a otros y eso es una de tantas cosas que lo hacen peligroso.
Minutos de caminata después, se encuentran en la Piazza de Trevi y frente a ellos la famosa fuente de Trevi, a esas horas lo suficientemente vacía para admirarla en todo su esplendor.
Es un escenario bastante bonito para estar acompañado de alguien perverso como Dio. Sabe que lo disfruta más porque Jonathan esta con él.
Estar a su lado se siente perfecto, como si fuera lo correcto.
Se asquea pensando en ello.
– ¿Te gusta este lugar, Jonathan? ¿Has pensando que tenemos toda la eternidad para conocer este mundo?
Se dice que hay que ser cuidadoso con lo que se desea porque puede hacerse realidad; bien, Jonathan Joestar deseó morir junto con Dio en ese crucero. Ahora los dos están muertos y por ende condenados a aguantarse por toda la no-vida.
Esto no es como lo había planeado.
– Lo hago, Dio. Pero quisiera poder confiar en ti.
– Si te doy la máscara, ¿No será la mayor prueba de que puedes confiar en mi? Tu compañía puede cambiar mis decisiones, JoJo ¿Acaso no me he limitado a asesinar para alimentarnos? ¿No disfrutas ni un poco mi compañía, Jonathan? Se que lo hacías en el colegio, no puedes negarlo, eres malo mintiendo
– Para eso primero tenemos que recuperarla. – Evade la pregunta con gran maestría.
Jonathan se recarga contra el barandal de la fuente, con la vista fija en el fluir del agua.
Debería tener una cámara fotográfica a la mano para preservar el momento. Maldito Jonathan, se ve perfecto en ese momento.
Tienen la plaza para ellos solos, aún si la ciudad rebosa de vida, ese momento es sólo de ellos, a Dio le da hasta ganas solo de usar su Stand para congelar el tiempo.
Ocho segundos son útiles en batalla, no cuando se quiere preservar un momento con el ser amado, entonces no son nada.
Amor…
Vuelve a asquearse ante la idea de amar a Jonathan.
Se hará con la máscara de piedra. Llevará su Stand a la cúspide de su poder, destruirá a los Joestar y verá sufrir a Jonathan. Se regodeará en ello, no necesita nada mas.
– Con mis habilidades y tu capacidad de entrometerte donde no te llaman será cosa sencilla. – Metió su mano en el bolsillo interno de su abrigo, sacó un par de monedas.
– He escuchado que de buena suerte arrojar monedas a esta fuente, te asegura regresar a Roma, ¿No quieres volver a Roma conmigo, JoJo?
– Podríamos regresar, la próxima vez sin algún motivo oculto.
Jonathan toma la moneda. Hay un roce de manos.
– Tenemos tiempo de sobra. – Agrega, lanzando la moneda hacia la fuente.
¡Y qué diablos! Apenas JoJo lanza la moneda, el rubio le jala de la ropa para plantarle un beso en los labios.
Porque Jonathan es el deseo de Dio.
Jojo siente el tirón de su cuerpo y, antes que pueda reclamar, sus labios se encuentran con los de Dio. Su cerebro hace cortocircuito, le toma un momento darse cuenta que está pasando para reaccionar e intentar apartarse, pero su cuerpo está atrapado entre el barandal y el de Dio.
Dio esta muy ocupado besándole a la fuerza para hacer caso a cualquier posible queja. Lleva una mano a su nuca para que no se aparte hasta que quede satisfecho de esa boca que se le niega tanto.
Por más que intente apartarse, no hay forma alguna en que Jonathan pueda apartarse, mucho menos con el agarre en su nuca. ¿Qué otra opción le queda más que ceder? Abre de poco a poco la boca, intenciones de Dio son claras y quizás lo mejor es dejarle hacer lo que desea.
Grave error. Apenas Jonathan abre la boca esta es invadida por la lengua ajena. No sólo eso, Dio disfruta también de dejar mordidas en sus labios y como no necesitan respirar, se toma todo su tiempo en saborear aquel beso.
Si Dio no estuviera tan ocupado, le habría dicho de forma burlona: "¿Ves? no fue tan difícil, te podría enseñar muchas cosas interesantes Jonathan, puede que estemos muertos pero eso no va evitar que obtengamos ciertos placeres"
Sí, están muertos pero aun hay muchas cosas que comparten con los vivos, como el deseo carnal.
¿Pero porqué tiene que ser con Dio?
Jonathan nunca tuvo experiencias con otros hombres. En realidad aquello jamás se le pasó por la cabeza cuando estaba vivo, estaba más enfocado en sus estudios y más adelante en detener a Dio. Además, en esos tiempos no estaba bien visto aquello.
Durante su vida Dio tuvo bastantes experiencias con otros hombres durante el colegio, por todo Londres habría clubes exclusivamente para esos actos y ni se diga de su tiempo como vampiro, entonces sus amante también eran su alimento, apenas un puñado de hombres y mujeres sobrevivieron.
Y entre esos pocos sobrevivientes, se encuentra la madre del actual jefe de la mayor organización mafiosa de Italia.
Pero ahora está ahí, en pleno siglo XXI, con la lengua de su hermano adoptivo/rival/asesino adentro de su boca y JoJo no puede más que demostrarle (por orgullo propio) que también sabe besar.
Aquella es toda una pelea de caballeros; la primera entre ambos donde no se juegan la vida. Dio piensa que Jonathan besa muy bien (para ser un nerd), cosa que no admitirá abiertamente.
Apenas sus bocas se separan ya tiene un comentario grosero para JoJo.
– Tal y como lo sospeché: besas como una mujer frígida del siglo XIX.
Jonathan pone mala cara con el comentario. No le extraña, viniendo de Dio, quien como siempre se muestra como un patán.
– Y tu besas peor que un principiante. – ¿Y porqué no? También picarle el ego. – Esperaba algo mejor de ti.
– ¿Qué vas a saber de besos Jonathan? Eras el sujeto más frígido de toda nuestra generación.
Vaya que le ofende el comentario de Jonathan y eso amerita el demostrarle sus talentos con algo más que un beso. Pero ya ganó bastante esa noche, Jonathan le correspondió.
– Tú siempre fuiste el sujeto más arrogante de todos.
Y eso parece no cambiar a pesar del tiempo. Pero el molestarle lo toma como una muy pequeña victoria a pesar de ese beso indeseado.
– Apuesto a que no sabes nada de nada – le susurra al oído. – Tal vez te enseñe todo lo que sigue, si me lo pides de buena gana.
– ¿Para que sea igual que ese beso? – Le aparta la cara con su mano. – Prefiero no hacerlo.
Para alguien con el ego gigantesco que tiene Dio el comentario no le sienta muy bien.
Por lo menos Jonathan logra que Dio se aparte y le deje en paz el resto de la noche; lo que también implica otro largo rato de silencio mientras pasean por las calles de Roma, tal vez no tan desagradable considerando lo hermosas que son las viejas construcciones de la ciudad.
JoJo sabe que no debió decirle eso, pero no se arrepiente de haberlo hecho. Aun si a eso le sigue una noche silenciosa, con el recorrido se compensa fácilmente.
Con tanta gente pasando, no se darían cuenta que son aún vigilados. Las calles de Roma son seguras gracias a Passione y por ello, tienen a su gente en todas partes. Don Giovanna sabe cómo organizarse.
Han de llegar al hotel antes del amanecer. Es un hotel de cinco estrellas como Dio prometió y la habitación parece de un palacio.
A Jonathan le recuerda a la habitación que tenía en su mansión, pero con amenidades mas ah doc a la época en la que viven.
Una jugosa propina extra y no serían molestados hasta el anochecer.
Al llegar a la habitación Dio toma la cama, Jonathan ya puede dormir en el piso si quiere como el perro que es.
Jonathan llega a la cama para encontrarse con Dio en esta. No dice nada, solo se abre espacio para recostarse.
Dio se va a sentir muy pero muy estúpido cuando se de cuenta que todo este tiempo estuvieron siendo vigilado y él no lo notó.
Hay muchas cosas que Dio no considera como la lealtad que la ciudad le tiene a Don Giovanna, o que en verdad puede haber gente buena en el mundo como Jonathan.
Tal es la lealtad que algunas personas hacia el líder de la mafia que no tardan en darle el número de habitación y las extrañas peticiones del par de extranjeros.
