El par de mafiosos llevan el cuerpo de su líder a una de sus elegantes casas de seguridad que tienen en la ciudad. Llevarlo desde el hotel hacia aquella locación de forma discreta fue relativamente sencillo, aprovechándose de toda la conmoción causada por el incendio.

Por ahora son los únicos en toda la organización que saben de lo ocurrido. El problema es que esto no va a pasar desapercibido por mucho tiempo y cuando la noticia salga a la luz, es entonces cuando habrán problemas.

¿Qué va a ser de ellos ahora que Giorno no está?

Giorno Giovanna yace ahora sobre la cómoda cama de su propia habitación, cubierto por su sábanas de pies a cabeza. Las Sex Pistols están sobre él, intentando despertarlo cada uno a su manera, a excepción de Cinque que solo llora sobre el pecho de Giorno.

Mista le llorará toda la noche, sentado a su lado. Quizá no es un llanto desconsolado pero de repente es como si a través de la figura de Giorno, todo lo que tuvieron se hubiera esfumado. Piensa en aquellos que perdieron y de repente sus vidas parecen haberse sacrificado en vano.

– Peleó tanto para lograr esto, Fugo. Perdimos tanto en el camino...¡No puede morir así! ¡No él! ¿Qué va a hacer esta ciudad sin él? ¿Qué voy a hacer sin él? – Se cubre el rostro, no es momento para llorar pero no puede controlarse.

– No podemos quedarnos aquí mucho tiempo, Mista...

– Sigue siendo nuestro Don, merece un entierro digno. Tenemos que hacer los preparativos… lo que pase después no importa.

– Le daremos su entierro y después... después mataremos a esos dos.

Una idea se cruza por la mente de Fugo. Tal vez aun podían mantener la paz, pero para eso tendrían que mantener la verdad oculta. Si Diavolo pudo gobernar por tanto tiempo desde las sombras, ¿Porqué ellos no?

Sacude la cabeza, desechando la idea inmediatamente. Giorno no habría aprobado eso, él había decidido que lo mejor era mostrarse en lugar de ocultarse y seguro habría mantenido eso hasta el final.

Fugo posa una mano sobre el hombro izquierdo de Mista, dandole un leve apretón.

– ¿Porqué se fue con esos hombres...?

Fugo no tiene la respuesta a eso. Carajo, no tiene las respuestas a ninguna de las interrogantes que han quedado en el aire.

Les espera un día largo, Fugo le sugiere a Mista irse a dormir, el hará guardia por unas horas para asegurar que no hayan sido seguidos.

Mista niega, él y sus Sex Pistols se quedarán velando por Giorno, así como debió hacerlo desde un inicio.

Para ser un tipo alegre y optimista se ve completamente destrozado.

Fugo podría reñirle a Mista, gritarle que el quedarse lamentándose no iba a traer de vuelta a su preciado Don.

En lugar de eso, Fugo asiente escuetamente y sale de la habitación a dormir. Está agotado, emocionalmente hablando y esa noche lloraría en silencio por todo lo que perdieron.

– Cómo pudiste permitir que te pasara esto, Giorno...


Fugo no puede dormir.

Yace en su cama con la mirada pegada al techo. Se siente tan impotente, debió ir con Mista a seguir a Giorno, debió estar ahí para deshacerse de ese par de extranjeros.

Es tan surreal todo lo ocurrido. Solo iban a pasar un par de días en el hotel para vigilar al par de "turistas'', nunca esperaron que se tratase de vampiros. Jodidos, puñeteros vampiros. Mista le llora y Fugo jura venganza contra los responsables.

Y aun queda la incógnita de los otros usuarios de Stand que encontraron en el hotel. ¿Qué carajo hacen en Roma?

Sale de su habitación, dirigiéndose hacia la habitación que funge más como una oficina. Tiene tantas preguntas, y cree saber quién puede responderle.

La habitación está casi cubierta en la penumbra, a excepción de una lámpara que alumbra una pecera, donde duerme una tortuga debajo de su luz.

El Don está muerto y el primero a quien había que informarle era a su consigliere, su segundo al mando.

Con cuidado, Fugo mete su mano en la pecera, tocando la llave incrustada en la espalda de la tortuga. El Stand de esta se activa de inmediato, transportando a Fugo al interior de la espaciosa sala en la gema.

– ¿No es muy tarde como para que estés despierto? – Pregunta el francés sentado en el sofá.

– Lo mismo puedo decir de ti.

Jean Pierre Polnareff.

Fugo no estuvo ahí cuando conocieron a ese hombre, pero Giorno le había contado todo lo ocurrido después de su partida. De una u otra forma, ese hombre quedó atrapado adentro de la tortuga, convirtiéndose en el segundo al mando de Passione.

– Dormir es para los vivos. Te ves hecho un desastre, ¿Qué rayos ha pasado?

– Giorno está muerto.

Polnareff se queda callado. ¿Acaso había escuchado mal? ¿Cómo era posible eso? ¡Se supone que el Requiem lo hacía prácticamente invencible!

– Encontramos dos sujetos anoche, Giorno decidió partir con ellos. – Continúa Fugo con su relato. – No sé… no sé que mierda sucedió. No eran simples usuarios de Stand, eran vampiros. Jodidos vampiros como si fuesen salidos de una estúpida película de horror.

– E-espera. ¿Dijiste vampiros?

El gesto del francés lo dice todo. No había escuchado de un caso así en mucho tiempo. No desde…

No desde Egipto.

Fugo se da cuenta de su cara. Tal parece que Polnaeff sabía más de lo que les había dicho.

– Es imposible. Los vampiros no- no puede haber más. Tenemos la única máscara que queda, no hay forma que se hayan creado más a menos que––

– Aún hay. Nosotros los vimos – responde Fugo con la voz llena de ira y tristeza, entre cortada. – ¡Los vimos y ellos asesinaron a Giorno!

Las lágrimas acaban por salir de esos ojos rojizos. Las piernas flaquean, el agotamiento es demasiado. Fugo cae sentado en el sofá.

– Los vimos… n-no queríamos creerlo. Tenían un Stand. Era… mierda, era enorme.

Imposible. Aquello era simplemente imposible. Polnareff no quiere creer que se pueda tratar de quien sospecha.

– ¿Cómo eran esos sujetos?

– Ingleses. – Se limpia la cara con los brazos. Odia sentirse así, como un jodido crío llorando. – Uno era rubio, s-se hacía llamar Dio. Hazme el jodido favor, Dio.

Ese nombre. No, es imposible que Dio siga con vida. ¡Si lo hicieron cenizas! ¡Se aseguraron de esparcir esas malditas cenizas por el desierto!

Merde. – Es lo único que dice Polnareff.

Si Dio está vivo, si Giorno ha sido eliminado y por lo tanto también Requiem… ¿Qué será de ellos? ¿Y si la flecha cayó en manos de Dio? Tiene que contactar a Jotaro, tiene que advertirle.

– Escúchame bien, Fugo. – Se acerca al albino. – Tenemos que contactar a Jotaro Kujo. Recuerda ese nombre, si hay alguien que puede lidiar con este problema es él.

Fugo levanta la mirada. Polnareff tiene una larga historia que contarle y el tiempo apremia. Así que le escucha, le escucha con la misma atención que escuchaba a Giorno al darle una misión.

O eso intenta, acabando por dormirse a la mitad de aquel relato.


Las horas pasan, eventualmente Mista cae dormido entre sollozos, sosteniendo la fría mano de Giorno.

El despunte del alba anuncia un nuevo día, aunque eso no es algo que se pueda ver desde el interior de la oscura habitación.

Giorno abre los ojos, despertando de su letargo. Le extraña el encontrarse cubierto por las sábanas que reconoce de su habitación; siente una cálida mano sobre la suya y al destaparse la cara lo primero que encuentra es a Mista dormido.

Reconoce el lugar, es una de sus casas de seguridad pero no recuerda cómo llegó ahí. Su último recuerdo es—

Suelta a Mista para llevar su mano hacia el cuello. Encuentra la herida, dos punzadas profundas en su cuello, a la altura de la arteria. No duele, pero le provoca un incómodo escozor.

Lo siguiente que percibe es el olor de Mista. Por supuesto, Mista siempre ha tenido un aroma bastante peculiar, pero hay algo distinto en él; Mista huele delicioso, como si fuera algo comestible.

Sin siquiera pensarlo, retoma su mano, llevándola cuidadosamente hacia su rostro para olerla. Qué va, más que olerlo es el restregar su nariz contra la muñeca. Pasa la lengua por su piel, poco antes de soltar una mordida. No es una mordida fuerte, y él aun no cuenta con colmillos afilados así que no logra abrir la piel pero seguro eso despertaría a su amigo.

– ¡Au! Basta chicos… estoy muy cansado…

Lo primero que piensa Mista es que las Sex Pistols le han mordido; a veces pasa cuando no les da de comer a sus horas y anoche con lo sucedido olvidó darles de cenar.

Entonces abre los ojos y...

Guido Mista, el mejor pistolero de todo Passione, pega un grito muy poco masculino como si hubiera visto a un muerto. Cosa que si ha visto.

El grito toma a Giorno de sorpresa; suelta la mano ajena y retrocede, cayéndose de la cama.

– Mista, por favor... no grites.

Se levanta, tembloroso y aun debilitado, apoyándose de la cama. Le duele la cabeza y se siente mareado junto con esa hambre que no se va. Podría hasta jurar que puede escuchar los latidos de Mista.

El grito despierta a Fugo quien en menos de un minuto ya se encuentra en el marco de la puerta, incrédulo de lo que ve.

– ¡Giorno se convirtió en un zombie, Fugo! ¡Esos bastardos los convirtieron en un zombie!

Mista está asustado y su primera reacción es pensar en dispararle para darle paz al alma de su amado; pero apenas saca el arma, las Sex Pistols brincan sobre Giorno, felices de de verle con ''vida''.

– No soy un zombie, Mista...

Fugo no se mueve de donde se encuentra, aún en shock de ver a Giorno con vida después de todo lo ocurrido la noche anterior.

– Pero no puedes estar vivo. Es imposible, nosotros— nosotros te vimos muerto. ¡Estabas muerto hasta hace unas horas! ¿Cómo es esto posible, GioGio?

Giorno se queda en silencio un momento, recapitulando todos los hechos de esa noche.

Recuerda el ataque, la mordida; recuerda el dolor y después la nada. Como si hubiese caído en un breve coma. La jaqueca que tiene es una prueba de que no está muerto y que ciertamente no es un zombie. Pero tampoco puede asegurarse de que está vivo.

Estaba muerto. – Mira de mala gana al arma de Mista. Casualmente sus manos se ocupan en acariciar a los Sex Pistols. – Baja esa cosa, Mista. Estoy bien, sólo... solo tengo sed. Necesito un poco de agua.

– Fugo… ¿Pu-puedes traerle un poco de agua?

Fugo entrecierra los ojos, mirando con sospecha a Giorno. Le debe su lealtad, le aceptó de vuelta a Passione aun después de haber abandonado al grupo durante la rebelión.

No puede decirle que no a su Don, así que se retira a servirle un vaso con agua.

Mista, hombre valiente de Passione, fiel a su Don se ha quedado petrificado ante la situación. Cuando vio a Giorno muerto, en algún punto de la noche quiso morirse con él; no lo hizo porque sin duda Giorno pensaría que era un cobarde y no podían dejar a Fugo solo.

Termina por caérsele la pistola de las manos. Da un paso y luego otro y al final se avienta a abrazar a Giorno.

Giorno cae de nuevo al suelo sosteniendo a Mista. Le abraza de vuelta, le gusta su olor y el calor que emana de su piel.

– Lamento haberme ido solo, pero... debía estar seguro. No iba a arriesgarlos a ustedes.

– ¡Por muy Don que seas, no voy a separarme de ti de nuevo!

Un beso en los labios es lo que le da en lo que Fugo vuelve con el agua, el rubio le había hecho pasar la peor noche de su vida.

A pesar de todo lo ocurrido, Giorno acepta gustoso ese beso, aun si le ha tomado de sorpresa. Le alegra ver a Mista de nuevo, por un momento en verdad pensó que no les volvería a ver.

– ¿Serás ahora mi guardaespaldas?

– Eres Don Giovanna necesitas protección extra y yo soy el mejor tirador de toda Italia.

Las Sex Pistols lo corroboran con sus vocecitas chillonas.

– ¿Y qué pasó? ¿Qué te hicieron esos malditos extranjeros? ¿Quienes eran esos hombres, Giorno?

¿Es cosa suya o Giorno se siente muy frío? Tenían que llevarlo al médico, por suerte había un par de confianza.

– Ellos no son humanos, pero creo que eso ya lo habrás sospechado. Dio, el que tiene el Stand, él es... es mi padre.

– Extraño parentesco, Skywalker. – Interrumpe Fugo trayendo consigo un vaso y la jarra llena de agua. – ¿Cómo estás tan seguro de eso, GioGio?

– Tiene la misma marca que yo y su Stand, The World, tiene la misma energía que Gold Experience. Es algo que simplemente sentí.

Mista recobra la compostura en presencia de Fugo, no es que sea un gran secreto los sentimientos que guarda por Giorno.

– Y por ello te fuiste con ellos. Giorno. No te creía tan confiado, además si ese hombre con el monstruoso Stand es tu padre, ¿Porqué te atacaron? Te encontramos en brazos del otro hombre, en el hotel, había otros sujetos con Stands ahí ¡Ya verás cuando los encuentre, pagarán por lo que te hicieron!

– Los subestimé por el parentesco. Dio... él me mordió – señala la herida en su cuello. – Puedo cerrar la herida pero perdí muchas sangre. ¿Tenemos reservas aquí?

– ¡Ya entiendo! Entonces por eso te veía tan mal, consumió toda tu sangre. Fuimos unos idiotas, ¡Debimos llevarte al hospital!

Ahora Mista piensa que sólo le "chuparon" la sangre a Giorno y que sobrevivió gracias a su increíble Stand.

– Un par de bolsas. Los otros sujetos creían que nosotros estábamos con Dio, Mista.

– ¿Consideras que son potenciales aliados, Fugo? Si tienen intereses en común, podríamos encargarnos de ofrecerles un trato y cazar a ese imbécil.

– Tendremos que vigilarlos a ellos también. ¿Porqué no estamos en el hotel?

– Hubo un incendio en el hotel, Giorno, no sabemos los detalles pero dudo que sea coincidencia.

– Rastrearlos no será complicado, sólo necesitamos sus datos de reserva en el hotel. Puedo conseguir esa información.

Giorno asiente, una vez más manteniéndose silencioso, pensativo. Por más agua que beba, aquella sed no se ha esfumado. Lo que necesita en realidad es sangre. Lo sabe aún sin saberlo.

– El cuerpo humano puede aguantar hasta cierta cantidad de sangre perdida, Mista. Me atrevo a decir que Dio bebió mucho más que la cantidad necesaria.

– ¿Qué quieres decir con esto, Giorno?

– Que un hospital no habría hecho la diferencia a tiempo.

No tiene motivos por los cuales ocultarles la verdad a ellos dos. Confía plenamente en ellos, han pasado por demasiado como para no hacerlo.

– Estando al borde de la muerte... Dio me dio de beber su sangre. No sé que efecto pueda tener esto sobre mi, pero sé que esto no es temporal. – Hace una otra pausa, bebiendo directamente de la jarra de agua. – También sé que necesito sangre.

A Mista le habría encantado quedarse con la idea inicial, hubiera preferido de momento ninguna explicación más de Giorno.

Mista no es tonto, pero prefiere creer que entendió mal.

– Eso es obvio, Giorno, necesitas una transfusión...porque no te referirás a...

¿Beberla? No, mierda, eso debía ser una broma.

– Ambos sabemos a qué me refiero, Mista.

Se acaba la jarra de agua, la deja a un lado de la cama. Fugo se adelanta para salir de la habitación en busca de sus reservas de sangre. Siempre tienen en las casas de seguridad en caso de emergencia.

– No me agrada ese prospecto, sin embargo las opciones son limitadas. – Mira fijamente a Mista; sus ojos turquesa han tomado un tono más frío. – No pienso salir por las noches en busca de una víctima, hay métodos más civilizados y tenemos los medios para cubrirlo.

Giorno, su amore y su Don puede que sea un vampiro. A Mista le causa escalofríos pero lo ve y pese a que se ve pálido y sus ojos un tanto diferentes, no deja de ser Giorno; el chico con el que ha recorrido ese largo y tortuoso camino.

¿Tiene miedo? Sí, un poco, por todo lo que implica su naturaleza y por temor a que Giorno acabe por ser como su anterior jefe.

¡No, no!¡Es Giorno!¡Giorno jamás será como él!

Giorno es justo, aún en ese mundo de mierda le considera bueno.

– Todas tus necesidades serán atendidas, Giorno, como siempre – su mano acaba en el rostro de Giorno, una caricia poco propia de un subordinado, incluso de un amigo – ¿Qué haremos con esos hombres? Sólo pídemelo y los traeré ante ti.

Giorno ha visto lo que el poder le hace a la gente. Lo vio en Diavolo y su obsesión por mantenerse en la cima, a tal grado de querer asesinar a su propia hija; ha visto a Dio y duda que ellos dos sean tan distintos. Incluso sus Stands tienen habilidades similares.

Giorno se jura a si mismo no ser como ellos. Que esa misma determinación que lo llevó a donde se encuentra ahora le sirva para mantenerle en el camino de la justicia. Su justicia.

Mientras tenga a sus amigos a su lado podrá continuar con su camino.

Una vez más siente esa cálida caricia sobre su cara. De todo el equipo, fue Mista con quien tuvo su primera misión y con quien mejor trabajaba.

– Confío en que así será, Mista. – Sostiene la mano con la suya, tan fría como el resto de su cuerpo. – Dio y Jonathan vendrán por su cuenta. Están buscando la máscara de piedra; no sé que quieren con esta, pero no me fío de sus intenciones.

– Cuando vengan por ti los haremos que paguen lo que te hicieron, no seremos piadosos

Por supuesto Mista no considera que se trata de un vampiro con un Stand, enfrentarse a Dio no será sencillo.

– Respecto al otro grupo, haremos como sugirió Fugo: los buscaremos e intentaremos negociar con ellos. Quiero saber si en verdad son aliados o una amenaza.

– Si son aliados son bienvenidos,. En verdad espero que lo sean… por su bien espero que lo sean. – Esa mano tan fría de Giorno la lleva sus labios y la besa. – Mio amore, no vuelvas a asustarme de esa forma, de todos nosotros eres el único que no tiene derecho a morir. Passione y Roma te necesitan.

Y diría que él también lo necesita, pero eso es demasiado obvio.

– Sospecho que el morir ya no es una opción para mí.

Nunca lo ha sido. No teniendo ese estilo de vida; han logrado tanto en tan poco tiempo que no está dispuesto a sacrificar su trabajo, su sueño, sólo porque ahora es lo que es.

– Los vampiros también se mueren ¿No has visto las películas?

Mista toma nota mental de no volver a comer ajo y tendrá que quitar los crucifijos de todas sus casas de seguridad, ¿Será verdad que los vampiros no pueden entrar a un lugar sin ser invitados?

– Esta no es una película, tendremos que hacer unas cuantas pruebas.

Siempre ha sido un joven curioso, le gusta leer y en este caso quiere experimentar cuales son sus nuevas capacidades y sus propios límites.

Con la mano libre toma a Mista del mentón. Poco a poco acorta toda distancia entre ellos hasta rozar sus labios con los suyos.

– Prometo no volver a asustarte así. - Susurra a casi nada de besarlo.

– Una más y no me va a importar que seas nuestro Don – responde con ese mismo susurro. – Las Sex Pistols y yo te vamos a dar una lección.

Tan cerca y no siente aliento provenir de Giorno, esta frío y pálido como un muerto y aún en esa situación sigue siendo tan hermoso que roba el aliento.

– Fugo vendrá en cualquier momento y tú necesitas… ¿Alimentarte? – Se aparta, no antes de besar su frente. – Te prepararé un baño, ¡Pero no te acostumbres! No soy tu ama de llaves.

Fugo carraspea, interrumpiendo el momento. No sabe cuánta sangre va a necesitar Giorno, así que lleva consigo varias bolsas. Algunas provienen del banco de sangre de Roma, otras son donaciones propias.

Giorno deja ir a Mista y toma un par de bolsas entre sus manos. Se sienten frías, han estado en refrigeración. El instinto le hace morder una de las bolsas pero, al no tener colmillos, no logra abrir el plástico.

Fugo le quita la bolsa, abriéndola por la parte posterior y, para evitar un desastre le introduce una pajilla.

– Eso es inecesario.

– No tienes colmillos. Es esto o dejar un desastre que yo no pienso limpiar.

No reclama más, se pone a beber de la bolsa como si fuera la botella de vino mas costosa de toda Italia. La sangre le sabe gloriosa y tiene un aroma muy familiar. Una ojeada a la etiqueta es suficiente para comprobar que esa bolsa en particular es de Mista.

Aparta las bolsas provenientes del banco de sangre, sintiéndose más atraído a las donaciones de Mista y Fugo; Giorno bebe de estas, aunque se queja del sabor de la que pertenece a Fugo.

– No lo sé, huele... raro. Debe ser por tu Stand.

– Bueno, mierda, eso es algo que no quería saber.

– Pensé que sería información relevante.

– ¿Para ti o para nosotros?

Giorno se encoge de hombros y no dice más. Una vez bebido el contenido de las bolsas, las abre para acabar de lamer hasta la última gota.

Lo peor de todo es que aún tiene sed; sin embargo ya no considera el morder a sus amigos.

No le gusta tener la casa a oscuras, no está acostumbrado a vivir sin luz aun si su vista ha mejorado gracias a su condición.

Por fortuna para la salud mental de Mista, no ve a Giorno beber su sangre. De momento no lo ha pensando pero él y Fugo son potenciales presas para su Don.

O para sus padres.

Mista se pregunta si Giorno puede salir de día, como no lo sabe procura que todas las cortinas de la casa estén cerradas para que el sol no lo dañe.


Mientras tanto los hilos de Passione se mueven para averiguar dónde están aquellos extranjeros con Stands. No cuesta nada averiguarlo y para esa misma tarde Mista ya le esta preguntando a Giorno si quiere ir a verlos.

El tiempo pasa y Giorno no de la casa de seguridad durante el resto del día. Espera las noticias sobre los otros extranjeros y al tenerlas su decisión es sencilla.

– Si queremos su confianza tenemos que presentarnos en persona. Ustedes vendrán conmigo, espero que no terminemos en hostilidades.

– Tengo un buen presentimiento sobre esto, Giorno, honestamente parecían sólo una familia pasando sus vacaciones, había una mujer y una niña con ellos. – Cosa que confirma después de la pertinente investigación. – Claro que no son gente normal y no podemos ignorar que son usuarios de Stand. Investigamos sus nombres, ¿Te dicen algo?

Ofrece a su Don una lista con el nombre de la familia. El único como un Joestar como tal es Joseph, Holy aún mantiene su apellido de casada. Joseph es el más interesante del grupo; investigando un poco más se pudo averiguar que esta casado con una mujer oriunda de Italia y hay registros del hombre entrando al país hacia unos 60 años.

– Podría ser coincidencia y sólo tratarse de un viaje familiar como dices.

¿Porque quién en su sano juicio traería una niña pequeña a una misión?

Revisa cuidadosamente cada archivo con la información de los extranjeros. Los nombres en su mayoría son japoneses, el único que atrae su atención es del viejo Joestar.

Joestar... Es el mismo apellido que mi padre. Mi verdadero padre. ¿Alguna vez les conté que mi madre era japonesa?

– Pensé que tu apellido era Giovanna.

– Es el de mi padrastro. Lo adquirí al tener la ciudadanía italiana.

– ¿El hombre rubio se apellida Joestar? Veré que puedo investigar sobre él. No me gusta que esa gente este relacionada con ese bastardo ya no se que pensar, ¿Vienen persiguiéndolo o vienen con él?

– Eso creo. – No quiere explicar toda la parte sobre el haber sido procreado por el cuerpo robado de Jonathan.

Está decidido. Nada de eso puede ser sólo coincidencia. Tiene que verles lo mas pronto posible, pero aún hay sol allá afuera. Giorno se acomoda contra una pared de la habitación, a lado de la ventana cubierta con las gruesas cortinas.

– Mista, quiero intentar algo. Abre un poco la cortina, por favor.

– ¿Estas bromeando? ¿Y si te quemas? ¡Yo no voy a ser el culpable de que te hagas cenizas!

– Los vampiros tienen colmillos, cosa que yo no tengo. Quiero saber cuáles son mis límites; si me quemo puedo curarme con Gold Experience.

Giorno habla con la misma seguridad que siempre usa al proponer un arriesgado plan. Mista no está muy convencido, suena como a un jodido plan que va a salir totalmente mal.

No es que no confíe en Gold Experience, es que Giorno ya le hizo pasar por un muy mal rato y no quiere que se repita

– Si te digo que no estoy de acuerdo lo vas a hacer de todas formas ¿cierto?

Resignado va hacia la ventana, abriendo la cortina de poco a poco. Por lo menos no es un día cuatro, así que tan mala suerte no tendrán.

Fugo cree que es una idea muy estúpida; casi tan estúpida como la de infectarse con el virus de Purple Haze, cosa que Giorno también ha hecho anteriormente.

Hay muchas cosas que pueden salir mal con ese plan, pero valía la pena el hacer el intento.

Los rayos del sol de filtran por la cortina abierta, Giorno mira dudoso la luz pero se acerca cuidadosamente de todas formas. Estira un brazo en dirección al rayo de luz, dejando que su mano se ilumine con esta.

Se siente cálida, como siempre ha sido en Roma, un poco más de lo normal para esas fechas. En un principio no le quema y eso para Giorno es una muy grata sorpresa; sin embargo retira la mano de la luz al sentir una leve irritación.

¿Quién diría que iban a sentir angustia por enfrentarse al sol? Mista contiene el aliento, casi se imagina la mano de Giorno haciéndose cenizas al instante pero no, nada malo sucede por lo menos a simple vista.

Giorno pensó lo mismo que Mista, y ni se diga de Fugo que el pobre se ve más pálido de lo usual por la pura angustia.

– Eso… ¿Eso quiere decir que no eres un vampiro?

– No lo sé. Es decir— no es posible que esté vivo. – Se rasca la mano. – Saldremos. Sólo necesito bloqueador solar.

– Bebiste esa sangre por nada ¿Cierto?

– Si fue así entonces que jodido desperdicio.

– No lo fue.

Ya no sabe qué carajo le está pasando y eso es lo que más le aterra. Pero no quiere preocupar más al par, especialmente a Mista.

Bien mejor no hablar más del tema. Mista va a buscar el bloqueador al baño, regresa con este y de paso le pone su gorrito, mejor no escatimar en protección.

Se toma su tiempo para vestirse, un traje negro con detalles dorados y el gorro de Mista que no le combina nada y huele extraño; pero aprecia el gesto.

No es que Mista no se bañe, es que no ha lavado el gorrito desde que la compró. hace tres años. A veces tampoco lava su suéter… o sus pantalones.

A pesar de la dudosa higiene de Mista, entre él y Fugo, es Mista quien tiene un aroma más apetitoso.

Fugo sabe que hay algo entre esos dos. No lo niega, Giorno es hermoso y a pesar de su "accidente" de anoche se sigue viendo igual de bello.

Cuando Giorno esta vestido y listo, Mista se lo come con la mirada; a veces hasta le molesta que sea su Don y tengan que mantener ciertas formalidades.

– ¿Esta bien para ti si caminamos, Giorno? En dado caso de que alguien te haya visto anoche en mal estado, es mejor que te vean sano y salvo, los chismes corren muy rápido por esta ciudad.

– Efectivamente, lo mejor es aparentar que nada ha sucedido. Daremos un paseo y después iremos a buscar a los Joestar.

– Aun tienes la herida. – Señala Fugo con un gesto hacia su cuello.

Giorno asa la mano por la herida, aún sintiéndola a pesar de haber usado a Gold Experience para sanarla. Frunce el ceño y se deshace su trenza para cubrirla con su dorado cabello.

– Problema resuelto. Andando.

– Siempre podemos decir que fue un chupetón de alguna de las novias de Don Giovanna.

Y por novias Mista claramente se refiere a él mismo, como gusto diría que se lo hizo él.

– Claro, de sus novias.

No, eso ni Fugo se la cree. Mucho menos Giorno, pero prefiere ahorrarse el comentario hasta cuando estén a solas. Ahora tienen un día por delante y muchas cosas por hacer.

¿Cómo se tomarán los Joestar el verle con vida? No, más bien, ¿Qué hará con Dio y Jonathan una vez los haya encontrado?