– ¿Alguien podría curarme? – Pregunta Mista con el dolor de la nariz claramente rota.
Había esperado que ese alguien fuese Giorno, pero al parecer su amado Don se ha marchado con su intimidante padre, dejándolos con el resto de la familia.
¿Acaso había alguien más que pudiera ayudarle? La ayuda le llega en forma de otro puñetazo, esta vez por parte de Crazy Diamond.
–¡No me des las gracias!
Josuke lo hizo con las mejores intenciones. En serio. Como es de esperarse, Mista no se lo toma nada bien.
– ¡No iba a hacerlo!
Fugo no desaprovecha la oportunidad para molestar a su amigo. Todo en aras de la sana convivencia entre Passione y los Joestar.
– Vamos Mista, no seas tan malo con tu nuevo amigo.
– ¡Ese extranjero no es mi amigo! – Mista claramente no está cooperando. – ¡Es más de ahora en adelante es mi enemigo! ¡No te me acerques!
– ¡De nada! ¡Cuando quieras!
Mista al haber empezado a gritar en italiano, Josuke sólo asume que le está agradeciendo de forma muy efusiva. Fugo se dará la muy honrada tarea de traducirle (a su conveniencia).
– Mista dice que muchas gracias, que eres un muy buen amigo.
– Dile que ni hay problema, siempre que lo necesite puede contar conmigo, creo que todos somos muy buenos amigos.
– ¡Yo no dije eso! ¡Tú, bastardo! – Mista sigue sin ayudar a su caso; su inglés es limitado y la exasperación que le provoca Josuke ciertamente no mejora la situación. – ¡No te vuelvas a acercar a Don Giorno o te las verás conmigo y mis Sex Pistols!
– Mista dice que de ahora en adelante serán mejores amigos.
La carita de Josuke al saber que hizo un amigo no tiene precio, hasta abraza a Mista aunque huele raro.
– Te odio, Fugo.
– No me odiarás la próxima vez que acabes disparándote a ti mismo y GioGio no esté ahi para curarte.
– ¿A qué se dedican realmente? Sigo pensando que son modelos.
– Preguntale a cualquiera en esta ciudad y te dirán quien es el Don actual.
– ¿Un Don como de la mafia? ¡Pero es muy hermoso para ser un mafioso!
Josuke sigue creyendo que el trío de italianos le están tomando el pelo con todo ese tema. Era imposible que fueran en realidad mafiosos, se ven demasiado jóvenes. Para Mista eso es suficiente para que retome el inglés.
– ¡¿Qué tiene que ver que sea hermoso o no?! ¿Eres idiota? ¡Él es el Don de esta ciudad y si le sigues faltando el respeto te voy a romper la cara!
– Pues no me parece un delincuente, me parece más de la realeza o un actor.
– Creo que no vamos a convencerlo, Mista. Igual no parece que GioGio se lo tome a mal.
– ¡Pero le falta el respeto a nuestro Don, debería llevarse una paliza! Ni siquiera sé porque Giorno es amable con él.
En realidad lo que le molesta es que el japonés no deje de decir que Giorno es atractivo.
– No es conveniente hacernos de enemigos, Mista. Tal vez por eso GioGio está siendo amable.
– ¡Pfff!, no son la gran cosa.
– Mista, cada vez que dices algo así acabas con tus propias balas incrustadas.
– Eso sólo pasó un par de veces.
Mentira. Mista suele salir muy accidentado de sus misiones, mismo motivo por el cual suele ir acompañado por Giorno. O más bien, el porqué Giorno prefiere mantener a Mista de su lado gran parte del tiempo.
Josuke se mete entre Mista y Fugo una vez más interrumpiendo su conversación. Es tanta la confianza que pasa los brazos por encima de los hombros del par, como si fueran Okuyasu y Koichi–– si Koichi fuese de su misma estatura.
– ¿Cuánto tiempo han sido amigos de Giorno?
– Apenas poco mas de un año. No es mucho tiempo, pero daríamos la vida por GioGio.
Fugo le sigue el juego a Josuke, aunque esa cercanía tampoco le agrada mucho. Mista rechina los dientes; si el número 4 cobrara forma humana sin duda sería ese tipo japonés que no los deja en paz.
– ¡Wow! Eso es poco tiempo pero no se sorprende que piensen así. Giorno tiene ese aire como de líder, no lo sé; me causa mucha simpatía, como si lo conociera de toda la vida.
– Si, así suele ser con él...
Tanto Fugo como Mista entienden a la perfección como es eso. Giorno tiene un algo que hace que otros le sigan con confianza, sin importar qué tan arriesgados sean sus planes. Quizás por eso fue que Bucciarati confió tanto en él a pesar de apenas haberle conocido.
– Tal vez sea algún efecto de su Stand, o quizá sólo porque es muy guapo.
– ¡Si le sigues coqueteando a Giorno todas mis balas van a acabar en tu cabeza!
– Si matas a su... lo que sea, GioGio se enojará contigo, Mista.
– ¿Y si le rompo las piernas?
– Si, es mas viable el romperle las piernas, eso es algo que Giorno podría sanar. De forma directa si sabes a lo que me refiero.
– Algo huele raro aquí… – Josuke hace una pausa, aprovechando la cercanía para olfatear a Mista. Gran error, arruga la nariz y termina por apartarlo con un empujón. – ¡Alguien necesita un baño!
– Es su olor natural, te iras acostumbrando, Josuke.
– Debe ser un problema de glándulas, teníamos un compañero en la secundaria que sudaba como cerdo, podías olerlo a metros de ti.
– ¡Yo no sudo como cerdo!
– No, le hemos hecho estudios. Es solo que come con demasiados condimentos.
Y no se baña seguido, pero no lo va a echar de cabeza aún. Mista se reacomoda su gorro, manchado de sangre, sin darle gran importancia. ¿Cómo le va a importar eso cuando está más indignado?
– ¡Ya dejen de hablar de mi!
– ¡Entonces su problema su puede arreglar con facilidad! ¡Que buena suerte! ¿Verdad, tomodachi?
Mientras que Giorno tiene un aire de líder natural, Josuke tiene uno mucho más casual; amistoso con todos, hasta con aquellos con quien empieza mal la relación. Josuke es capaz de hacerse amigo de sus propios enemigos (la mayoría de las veces).
– Josuke, ¿cierto? Cuéntanos un poco más de ti.
Como Fugo y Mista son amigos de Giorno y Giorno es de la familia, Josuke no ve problema en contarle un poco sobre él; de su maravilloso pueblo, sus amigos y hasta del cretino de Rohan.
No es como que Fugo en verdad tenga interés en Josuke, pero había que sacar información extra por si acaso. Fugo obtuvo mucho más de lo que esperó. No puede quejarse de ello, le parece interesante el lugar del que le cuenta Josuke, especialmente con tantos usuarios Stand en un lugar tan pequeño.
– … Y más o menos es todo lo que nos ha pasado. El abuelo Jonathan tiene como mil años, Joestar san es un vampiro, mi oneechan Holy es maravillosa y Jolyne es nuestra pequeña princesa. Ah y Jotaro san se divorció y nadie sabe porqué.
Y Josuke habla y habla, Fugo a lo mejor le encuentra utilidad a sus palabras pero a Mista solo le desespera. Fugo es un sujeto silencioso y analítico. Toda esa información le es de valor a futuro y el extra es el ver la desesperación en Mista.
– Interesante. Entonces parece que GioGio es el cuarto vampiro en esta familia.
Hay un silencio entre ellos, Josuke hace cuentas con los dedos mientras que a Mista se le va todo color de la cara. Fugo cuenta mentalmente porque sabe lo que va a suceder a continuación.
– ¡TIENE QUE SER UNA BROMA! ¡TIENE QUE HABER OTRO VAMPIRO, NO PUEDE SER EL CUARTO!
– Si, si es el cuarto, que curioso y yo soy el cuarto de la familia en tener un stand.
– ¡ESO LO HACE MUCHO PEOR!
Y hablando de desesperación, la de Mista le está haciendo el día a Fugo. Hace todo un esfuerzo para mantenerse estoico y no reírse en su cara.
– Si tanto deseas otro vampiro siempre puedes pedirle a GioGio que te muerda.
– ¡Seguiría siendo el cuarto! – Las Sex Pistols aparecen, revoloteando a su alrededor y acompañando sus gritos con sus voces chillonas; les ha contagio la desesperación.
– ¿Qué tiene de malo el cuatro?
– ¡Es de mala suerte! ¡No te me acerques, quatro!
– Nuestro buen amigo Mista tiene una curiosa fobia al número cuatro. – Le explica con toda calma a un muy confundido Josuke. Como quisiera tener una cámara a la mano para grabar todo esto. – Yo solo decía lo curioso que son estos hechos.
Mista se ve cada vez más nervioso. ¡Demasiados números cuatro! Esa familia es de mala suerte, siendo Giorno su única excepción, por supuesto.
– ¡¿Porqué Giorno se tarda tanto?!
– No lo sé, pregúntale tú mismo.
A Fugo tampoco le agrada que Giorno se haya ido de su vista con ese hombre. No le agrada Dio, desde que le vió en el aeropuerto le ha dado muy mala espina.
Y Mista pretende hacer lo que sugiere Fugo, se encamina en dirección a la habitación donde Dio y Giorno fueron a enerrarse y comienza a golpear la puerta.
– ¡Giorno ya has pasado demasiado tiempo ahí!
Fugo debería advertirle a Mista que no hablaba en serio, pero en lugar de eso le sigue en caso de que algo pase.
Jotaro necesita un tiempo fuera. Su familia le está sacando de quicio, pero tampoco desea dejarlos a solas y si por él fuera, iría detrás de Dio para sacarlo a patadas junto con Joseph.
Pero no puede hacer nada y lo sabe, así que Jotaro se conforma con mirar amenazante a Jonathan y seguir ignorando a Joseph.
Jotaro no es el único que necesita aire fresco después de tan desagradable reencuentro. Así que si Jotaro no es quien da la pauta para salir, será Kakyoin quien tome la iniciativa.
– Jotaro, creo que he olvidado algo en el camino, ¿me acompañas?
– Por supuesto.
Se puede ver un poquito de alivio en su cara; ni siquiera espera a Kakyoin, se apresura a salir del departamento ahora que tiene una razón para hacerlo. El pelirrojo sale detrás de él, dejando a la caótica familia por su cuenta. Está seguro que Josuke puede hacerse cargo, o ya de perdida espera que a Joseph le regrese un poco de sentido común.
Es un camino silencioso desde el departamento hasta salir del edificio. Afuera el clima es frío, Kakyoin da alcance a Jotaro, reacomodándose su bufanda, tratando de ignorar la molestia en su cuello.
– Esto es más de lo que esperaba cuando dijiste que saldríamos a una misión. - Rompe el silencio afuera del edificio.
– Esto no esta ni cerca de lo que planeé. El viejo es un vampiro, luego esta ese niño y Jonathan… y Dio. Lo destruimos, esparcimos sus malditas cenizas en el desierto. ¿Porqué volvió? ¿Qué quiere de mi familia?
Jotaro lo intenta, hace todo para sonar calmado, pero Kakyoin puede detectar ese deje de angustia en su voz.
Desesperacion. Eso es algo que no siempre se puede ver en Jotaro. Kakyoin lo entiende a la perfección, Jotaro tiene mucho que perder estando toda la familia ahí.
Y si, Kakyoin también está asustado. Lo que vivieron en Egipto cambió sus vidas y las secuelas del viaje aun se resienten. No importa cuánto intente enterrar los recuerdos, hay cosas que el tiempo no puede borrar y permanecen ahí, como una odiosa cicatriz que se niega a desaparecer y que de vez en cuando llega a estorbar.
– Mi madre y Jolyne no deberían estar aquí, necesito ponerlas a salvo y a ti… Llamaré a la gente de Speedwagon, los pondrán en el primer vuelo a Japón.
Jotaro no perdería la compostura frente a su familia pero ante su mejor amigo deja salir sus temores, no es un hombre muy expresivo pero ama a su familia, los quiere lejos y a salvo.
– Jotaro. – Alguien debe de calmar al biólogo. Sostiene sus hombros, hablandole con serenidad. – No sé cómo pasó esto, pero hallaremos la solución.
– Dio esta planeando algo y se escuda en mi propia familia para salir bien librado, no se si tiene aliados, si Jonathan no tiene un implante de carne o si su hijo se volverá una amenaza. Sabía que no sería fácil hallar la máscara pero esto es demasiado.
– Sea cual sea el plan de acción, sabes que tienes todo mi apoyo.
Hay mucho por perder, y Kakyoin piensa que lo mejor sería lidiar primero con Dio y después con todo lo demás, pero esperara a lo que sea que planeé hacer Jotaro. Asi que por ahora lo único que puede hacer es sostener su mano y estar ahí para tranquilizar a su amigo.
Una pausa. Jotaro respira hondo, retomando la compostura de poco a poco. Bendito sea Kakyoin al calmarle. Encuentra calma en el pelirrojo y una felicidad de la que no es capaz de hablar abiertamente pero ahí esta, sosteniendo su mano y hasta acariciándole, muy levemente.
– No se que haría sin ti, Kakyoin, desde que de conozco no has dejado de ayudarme a mi y a mi familia. Dudo que pueda llegar a pagártelo algún día.
– Jotaro, tú fuiste mi primer amigo y me has salvado el pellejo más de una vez. Si alguien está en deuda soy yo.
Eso y mucho más. Lo que sigue es un movimiento arriesgado, pero quizás lo valga.
– Tú también fuiste mi primer amigo. – Y es que aunque las chicas solían rodearlo por su atractivo y los chicos lo seguían por su "virilidad", él los despreciaba a todos.
Entonces llegó Kakyoin. Su encuentro no fue el mejor de todos; Kakyoin había sido enviado para asesinarle, después de todo. No es que hubiera sido muy simpático con el al inicio de haber sido diferentes las cosas; a Jotaro no parecía gustarle nada, ni los videojuegos ni la música ni nada.
Kakyoin les había seguido en un inicio por la noble misión de salvar a la madre de Jotaro, como una forma de saldar su deuda por haberle sacado del control de Dio.
Pero muchas cosas pasaron en esos 50 días de viaje y un grupo de cruzados se convirtió en un grupo muy unido de amigos.
Siendo honestos, Kakyoin habría dado hasta la vida con tal de ayudar a derrotar a Dio. Afortunadamente esta historia tuvo un final feliz para casi todos. Kakyoin regresó a casa y ha permanecido fiel a Jotaro en todos estos años.
La mano libre del pelirrojo baja hacia el bolsillo de su traje, buscando hasta sacar el brazalete que compró esa misma tarde.
– Esto... lo encontré en el mercado esta tarde. Son cristales de mar; fueron tirados hace cientos de años y las mareas y la arena les dieron nueva forma. – Siente que ya está hablando de mas. – Pensé que te gustaría, porque te gusta el mar y todo eso...
Jotaro mira el brazalete, luego a Kakyoin y de nuevo al brazalete. Es hermoso y el detalle es ese tipo de cosas que hacen que le cueste seguir mirando a Kakyoin como su amigo.
Jotaro levantó el brazo derecho para que Kakyoin le ponga el brazalete.
Kakyoin mira a Jotaro sin decir nada, parece que le ha gustado el brazalete pero bien, su amigo no es el sujeto más expresivo de todos aunque los años le han enseñado a interpretar sus silencios.
– Me gusta el mar… y no es lo único que me gusta.
Ese es el momento, debería decirle.
Debería.
– ¿Qué más te gusta...?
La pregunta le sale sin pensarlo. Acerca el brazalete al brazo de Jotaro para abrochárselo. El cristal combina con sus ojos, un detalle que no había notado hasta ese momento.
"Tú", quiere gritarle Jotaro. Quiere tomarle de los brazos y decirle que le ha querido desde que volvieron de Egipto; que ya no puede vivir un día más pretendiendo que son amigos, esta harto de ello.
– El tiempo que hemos pasado juntos.
Jotaro Kujo puede viajar hasta el otro lado del mundo para enfrentar a un maldito vampiro bisexual capaz de detener el tiempo; o a un godín con fetiche por las manos. ¿Pero confesar sus sentimientos? Impensable.
Así que sólo se dedica a acariciar el brazalete. Es hermoso, no se lo quitará nunca.
Lleva la mano del brazalete al rostro de Kakyoin. No volverá a tener un tiempo a solas en ese viaje para hacer eso: acariciar su rostro, atraparlo entre su cuerpo y la vieja pared de ese edificio
– No lo cambiaría por nada, Jotaro. – Pone su mano sobre la de Jotaro, sin querer apartarlo. Esta puede ser su única oportunidad de decirle la verdad.
Pobre Kakyoin, esperando a que Jotaro entienda su pregunta indirecta. O tal vez es él quien no entiende del todo esa respuesta.
– Siento que me he apropiado de tu vida, ni siquiera te has casado.
– Tal vez el casarme no esté en mis planes, Jotaro.
O tal vez sean las mujeres lo que no sean una verdadera prioridad. Tal vez su prioridad está frente de él.
Esos dos no son capaces de entenderse aunque quieren lo mismo.
– ¿Cuáles son tus planes, Kakyoin?– Mas bien la pregunta correcta era ¿Estaré yo en tus planes? – No quiero que te cases. Yo lo hice y fue un error, lo que realmente deseaba...
''Era a ti. Siempre has sido tú.''
¿Porqué no puede decirlo?
Directo y con muy poco tacto. Kakyoin sabía que Jotaro no era feliz con su matrimonio, pero nunca supo el motivo.
– Ahora tengo menos motivos para casarme. E-es decir... ¿quién tiene tiempo para esas cosas?
Actualmente la vida de Kakyoin se divide en dos cosas: su arte y su tiempo con Jotaro. Quiere creer que puede aun tener ambas cosas.
– Ya tenemos una familia, no hay necesidad de que formes otra.
Si, le gusta la propuesta de Jotaro; tal parece que Holly tenía razón, esa era la mejor opción.
Los dos están siendo tan obvios, prácticamente todo su cuerpo estaba cubriendo a Kakyoin, solo faltaba ese beso que confirmaría todo y del cual no habría marcha atrás.
Los más que se atreve a hacer Jotaro, es inclinarse y recargar su frente contra la suya.
Ahora tiene a Jotaro tan cerca, solo necesitaba un empujoncito para que sus labios se juntaran. Siente su aliento contra su cara, la misma que en esos momentos muestra un rojizo tan intenso como el de su cabello.
– Primero es sobrevivir a lo que sea que vaya a pasar los próximos días y despues––
– Sobreviviremos, no dejaré que nada les pase.
Ni a Kakyoin, ni a Jolyne ni a nadie; su familia volvería a casa sana y salva.
Kakyoin en verdad espera que así sea. Pero tratándose de Dio siempre hay incertidumbre.
Se dice que los Stands son una manifestación del alma del usuario; aquellos que actúan por su cuenta lo hacen por los deseos (a veces no tan) inconscientes del usuario.
En este caso, Hierophant Green aparece detrás de Jotaro sólo para darle ese pequeño empujoncito.
Un pequeño empujón. Lo único que necesitaban para que sus labios se juntaran.
Sino hubiera sido por Hierophant Green no habrían sido capaz de sortear esa pequeñísima distancia que quedaba entre ellos. Claro que en un principio Jotaro se ve sorprendido, pero sin ninguna intención de alejarse. Tiene que darle ese beso que llevó años esperando.
Ese beso que pensó darle cuando salió del hospital. Cuando se graduaron de la preparatoria.
Ese beso que quiso darle en año nuevo o cada vez que se acompañaban mutuamente a sus trabajos.
En realidad ese beso que le da en ese momento son muchos besos. Y le besa mientras le sostiene con sus robustos brazos de la cintura, cuando el aliento se le acaba se separa un poco y vuelve a besarle, sus labios son justo como los imaginó.
Pensar lo raro que fue verlo aquella vez jugando con la cereza.
Kakyoin tampoco tiene intención de separarse de Jotaro, aun con su agarre eso no estaba en el plan.
¿Hace cuánto tiempo que había añorado ese momento?
Toma a Jotaro de los hombros, disfrutando de ese beso que compensa todos los años en los que lo deseaba; compensa ese agridulce momento en el que recuerda haber visto a Jotaro contrayendo matrimonio.
Al separarse, Kakyoin apenas tiene tiempo de recuperar el aliento. No dice nada, su sonrisa es lo que expresa aquella felicidad que le da el ser correspondido por Jotaro.
No hay mucho que decir y menos con Jotaro que es tan malo para esos momentos.
Volviendo a Japón ni siquiera le preguntará; él mismo llevará sus cosas a su casa, comenzarían a vivir juntos como debió ser hace mucho.
Sabe que tiene que decírselo a su familia, a Jolyne en especial, no tiene idea de cómo lo hará. Jolyne no se va a tomar muy bien esa noticia; de por si se mantiene a distancia de Kakyoin, saber que van a vivir en el mismo techo no le va a hacer muy bien.
Pero eso ni Jotaro ni Kakyoin lo sabrán hasta que se de la noticia.
Odia evadir los problemas pero de momento se refugia en los brazos de Kakyoin, o más bien al revés considerando el tamaño de Jotaro.
Ahora lo único que importa es ese momento a solas que comparten; estando uno en los brazos de otro en esa fría noche de enero.
