Como era de esperarse, Mista no se tomó bien la noticia de que su Don se marcharía hacia Nápoles junto con otros tres sujetos. Tampoco le causa gracia que Giorno se mantenga tan callado sus verdaderos planes.

Mista lloró y pataleó, insistiendo en tan siquiera acompañarle; pero nada evitó que Giorno se fuera por su cuenta. Su amado no era capaz de ver lo terrible del número cuatro

– Estaré bien. – Le asegura el Don a su Capo antes de marcharse.

Y como nada hizo cambiar de opinión a su Don, le dio una herradura de hierro para contrarrestar lo terrible del número cuatro. Giorno se ve casi obligado a prometer no despegar esa herradura de su bolsillo con tal de calmar sus ansias.

Mista iba de mal en peor.

Por otro lado Jotaro no sabía si le aliviaba o no que esos tres se fueran juntos. A pesar de haber tenido una muy interesante conversación con Polnareff en la que su viejo amigo-ahora-una-tortuga le aseguró que Giorno no era un enemigo, a su vez reconfirmando lo mismo que Koichi le dijo al regresar de su misión.

Para Jotaro seguía sin ser fácil confiar en Giorno Giovanna. Pero considerando que no confiaba en ese momento ni en su propio abuelo, no era de sorprenderse.

Aprovecharía su ausencia para investigar sobre la máscara de piedra.

Mientras tanto, a esos cuatro les esperaba un largo viaje hasta Nápoles.

Tal y como había dicho Giorno, después de la reunión de Jotaro y Kakyoin con Polnareff, él se fue a recoger al trio de vampiros de vuelta al apartamento.

Tomó una camioneta, una Land Rover color negro, aseguró que los vidrios estuviesen polarizados de forma que no se filtre la luz del exterior. Eso también evitaría el ser visto por algún polizia, no quiere tener que interrumpir su viaje para sobornarlos a sabiendas que no cuenta con una licencia de manejo aún.

Jonathan no sabe cual es el plan de Dio, asume que es sólo un viaje familiar entre ellos tres, un intento por tener un agradable momento familiar, por mas extrañas que sean las circunstancias. Eso, hasta que Joseph también es metido a la camioneta.

Dio resultaba muy parlanchín cuando quería, probablemente solo le gustaba oír su voz.

– Madonna sin duda es la reina de pop. – Comentó luego de insistir en escucharla durante el camino.

– Todo reinado llega a su fin. – Responde Giorno, harto de la selección musical de su mudad. – Es la signorina Spears quien tomará su corona.

Dio no aprecia el ser contradicho, mucho menos por su propio hijo. Giorno, con muy poco disimulo, se deshace del CD para poner la radio.

– En un año nadie la recordará a esa mujer, por otro lado, Madonna lleva décadas en el medio artístico, es como una gran prima donna de nuestras épocas ¿No te parece Jonathan? Bah, tú que vas a saber si a difícilmente sabes usar la radio y el televisor.

– Al contrario, ella seguirá reinando por las siguientes décadas mientras que Madonna irá decayendo.

– Sin duda te falta mucho por aprender, Giorno, no sabes reconocer aquello que realmente vale la pena.

Jonathan, en aras de la paz y porque quiere tener un viaje menos conflictivo, decide dar su nada solicitada opinión.

– Erh... a mi me gustan las dos. Y ese otro conjunto, ¿Creo que son unos jóvenes? No recuerdo el nombre…

– ¿N'sync? ¿Backstreet boys? – Dio ve mucha televisión cuando descansan durante el día.

– Si, debe ser uno de esos dos que dices, Dio. ¿Creo que salieron en la televisión? Iban vestidos como si fuera una película de horror.

Jonathan a duras penas sabe de lo que hablan. A veces Jonathan le da mucha ternura a Dio y lo odia cuando le hace sentir así.

– Jonathan, cuando volvamos a Roma, tú y yo nos sentaremos a discutir sobre la cultura actual. Me avergüenzas bastante.

Dice avergonzarse, pero bien que le da una palmadita en la pierna, buen pretexto para acariciar su muslo; no logra del todo su objetivo, ya que Jonathan tenía una mano reposando ahí mismo. La mano de Dio se queda apenas unos segundos sobre Jonathan, el contacto entre ellos ya no es tan raro, aún si Jonathan le rehuye.

– Hay cosas a las que aun no me acostumbro, la música es una de esas. – Mira de reojo la mano sobre su pierna. – Pero eso no significa que no me guste. Como ese otro sujeto, ¿Ese que baila bien que tiene voz aguda?

– ¿Michael Jackson?

– ¡Si! ¡Ese mismo!

Padre, tú lo que necesitas es una clase urgente.

– Antes de que alguien me culpe de la ignorancia de Jonathan, él siempre ha sido así.

– ¡Bah! Puros artistuchos plásticos con ustedes. ¿Que saben de la buena música?

Joseph no desperdicia oportunidad para antagonizar a Dio. Dio no le rehuye a la pelea con Joseph, aun si solo son palabras o patear su asiento de vez en cuando.

Es el peor grupo jamás reunido y las tres horas se vuelven una eternidad.

– ¿Qué sabes tú sobre cualquier cosa, Joseph? Sólo eres un bruto ignorante al que traje solo por si necesitábamos una mula de carga.

– ¿Por donde empiezo? ¿Pink Floyd? ¿Metallica? ¿Aerosmith? ¿Frank Sinatra?

– No son los mismos géneros, Joseph, no puedes comparar.

– El genero no hace diferencia si hablamos de relevancia.

– Por supuesto que lo tiene, no puedes juzgar géneros musicales que tienen públicos muy diferentes.

– Un clásico es un clásico sin importar el género que sea.

Una hora. No ha pasado más de una hora desde que partieron y Giorno Giovanna ya está considerando la posibilidad de chocar el maldito vehículo con tal de que ese trio de ancianos se callen.

– Me pregunto si las nuevas generaciones tienen lo necesario para encarar el futuro. – Y más que por la música lo dice por Giorno.

– No desprecio a Madonna, sin duda ha sido un icono; sin embargo es momento que las nuevas generaciones se alcen hacia la gloria.

– Ya decidiremos los viejos si las nuevas generaciones están listas.

¿Y si abre la ventana del lado de Dio? Podría decir que fue un accidente. Seguro el resto de los Joestar se lo agradecerían. ''Oh no, mi dedo se resbaló en el botón de la ventana. Si, es una tragedia, pero pueden conservar las cenizas si así lo desean, están en esa bolsa blanca de basura.''

– Respecto a las nuevas generaciones, saben como abrirse camino aun si los viejos de antes lo ponen difícil.

Nah. No suena muy creíble y tiene a Jonathan y a Joseph como testigos. Duda mucho que vayan a agradecerle ese accidente.

Eso no evita que Giorno muy disimuladamente pase el dedo índice por el bendito botón de la puerta. Hasta que es Jonathan quien interrumpe, en aras de la paz.

– Yo creo que somos nosotros quienes debemos permitirles forjar su propio camino.

– Los jóvenes necesitan guía, la correcta sin duda o terminan volviéndose animales salvajes sin educación como Jotaro, criado sin duda por Joseph.

Giorno aparta el dedo del botón y echa una mirada fugaz al par a través del retrovisor. Jonathan Joestar es, una vez más, el único de esos dos que parece razonable.

– Lo único que queda es seguir avanzando. – Replica Giorno, más que nada para si mismo. – Dejando lo viejo atrás y sólo quedarse con las cosas útiles.

Una creencia un poco hipócrita, considerando lo que está por hacer en unas horas más.

– ¿Es una sugerencia para dejar a Joseph en medio de la carretera? Porque estoy de acuerdo ¿Aún falta mucho para llegar, Giorno?

Y Dio mostrando toda la madurez de un hombre de más de cien malditos años de edad, le da una patada al asiento de Joseph.

– ¡Tú eres mas viejo que yo!

Joseph se queja de la patada y en una muestra de completa madurez, le responde a Dio con un "latigazo" usando a Hermit Purple.

¡Wrryyyyyy! Pero yo soy de mayor utilidad que tú, además ¿Acaso Jotaro no te ha hecho a un lado? Eres obsoleto.

– ¿Que no los vampiros duermen de día? – Giorno en verdad desea que ese par de idiotas tomen una maldita siesta. Esta seguro que al paso que van, terminarán por joder su carro. – Si siguen así les abriré las ventanas a los dos.

– Es una mentira que debemos dormir de día. Lo hacemos por necesidad debido al daño que nos produce el sol, pero podemos llevar una rutina completamente humana mientras nos mantegamos en las sombras. A mi me basta con dormir seis o cinco horas.

– No veo el motivo siquiera del porqué me trajeron a este viaje. – Si no le doliera el siguiente latigazo habría sido con Hamon incluido.

Mudad dijo que eran "asuntos de vampiros", así que era lógico el incluirte en estos.

– ¿Puedes decirme padre, Giorno?

– No.

– Ni siquiera sé a qué estamos yendo.

– Concuerdo con Joseph, no nos han dicho el motivo de este viaje.

– Convivencia familia. – Responde Giorno, una vez más considerando la idea de abrir las ventanas.

– Los vampiros según la tradición viven aquelarres para protegerse mutuamente. Ya que somos familia es lo más adecuado. Además no es como si pudiera encontrar un mejor grupo, somos los únicos en esta tierra.

Dio tampoco les va a decir a qué fueron.

– ¿Protegernos mutuamente? Patrañas, tú serías el primero en usarnos como carne de cañón.

Y Jonathan no puede negarle eso a Joseph porque Dio lo primero que hizo fue dejarlo a su suerte en el hotel. No, eso no es algo que vaya a dejárselo pasar fácilmente.

– A ti si, sin dudarlo, Joseph. Te sacrificaría si eso asegurara mi existencia. Giorno es mi hijo y Jonathan es de mi propiedad, ellos son más importantes que tú. Por otro lado fuiste revivido con mi sangre. Tenemos un vinculo, Joseph; y si, la idea también me parece asquerosa.

Siendo honestos Joseph también sacrificaría a Dio si la oportunidad se diera; aun no tiene clara la relación que este tiene con Jonathan y por su forma de tratarlo no duda que le estaría haciendo un favor.

– ¿Cómo estás seguro que somos los únicos?

– Porque todas las máscaras de piedra fueron destruidas y los hombres del pilar se han extinguido.

Eso capta la curiosidad de Jonathan y si, también de Giorno.

– ¿Hombres del pilar?

– Los creadores de esas odiosas máscaras. – Se muestra un tanto orgulloso. – Yo mismo me encargué de exterminarlos.

Dio había escuchado la historia de esos hombres del pilar de boca de la bruja Enya pero no sabe tanto como quisiera. En realidad no sabe casi nada sobre el tema.

– Si tú los venciste no eran la gran cosa.

– Tu no habrías ni podido tocarlos sin matarte. Eran mucho más altos e imponentes que tú y tu estúpido Stand; eran como… dioses aztecas del fitness. La única forma de repelerlos era con el Hamon corriendo por todo el cuerpo.

– ¿Podías hacer eso? ¡Es increíble!

Dio no aprecia que el tarado de Joseph le robe la atención de Jonathan. Así que prefiere minimizar aquel relato, aun si en el fondo quiere saber más del tema por sus propios fines egoístas.

– Habría encontrado una forma de deshacerme de ellos. Les recuerdo que ninguno puede usar el Hamon, así que no les sirve de nada.

Han llegado a la ciudad y el sol ilumina las calles. Será difícil el llegar al cementerio y exhumar los cuerpos sin que alguien pregunte de más; por mas Don que sea Giorno, va a tener que dar muchas explicaciones si le ven haciendo eso.

– Tendremos que esperar a que anochezca para salir, ¿Puedes dejarnos en algún estacionamiento oscuro? así no me veré obligado a matar de nuevo a Joseph. Sacaremos los cuerpos al anochecer y si alguien nos ve lo convertiré en alimento.

Dio no se complica la existencia. Giorno se ahorra el comentario, metiendo el carro a un edificio, en su oscuro estacionamiento.

– Quiero que algo quede claro: no vamos a matar a nadie.

– ¿Ni aunque sean "malos"? – Si algo va a molestarle de esos tres es que ninguno se rinde ante sus instintos.

– Si representan una amenaza entonces podemos eliminarlos.

No va a dejar eso a discusión. Es más, Giorno sale de la camioneta, dejando al trio de ancianos en su conversación. Ya tiene tres horas escuchándolos, necesita un maldito descanso y de paso estirar sus piernas. Le duele la cabeza y ha tenido que soportar ese odioso escozor en la boca. Necesita morder algo o perderá la maldita cordura.

– ¿No lo entienden? – Continúa Dio despues de ser abandonados por Giorno. – Esa sangre refrigerada no se compara con la sangre tomada de un humano, con la sensación de robarle la vida a otros.

Ese es el verdadero Dio, un asesino por naturaleza.

Por lo menos se le ha ocurrido decir eso cuando su hijo ha bajado de la camioneta. Hay un largo, largo silencio en el cual tanto Joseph como Jonatan se quedan viendo con horror al rubio.

What the fuck? – Susurra Joseph por lo bajo.

– Dio, nosotros solo bebemos sangre para sobrevivir, no porque lo disfrutemos.

– Jodido psicopata.

– ¿No me digan que cuándo eran humanos sólo comían para sobrevivir? Nada ha cambiado, seguimos disfrutando de los alimentos, solo que ahora tenemos otro tipo de requerimientos alimenticios. Nuestros sentidos son más finos, podemos percibir cosas que los humanos no.

Explica indignado de que le llamen psicópata.

– No es lo mismo, yo no tuve que matar a una maldita vaca para comer una hamburguesa.

– No tenemos porqué matar a otros.

– Son unos cobardes.

– Además es diferente matar por sobrevivir que disfrutarlo.

– Eres tan inútil que dudo seriamente que pudieras matar para sobrevivir. JoJo, nuestro padre nos llevaba a cazar zorras en verano y le disparábamos a patos en el colegio, había una competencia cada año.

Sana diversión victoriana.

– Lo sé, pero no lo disfrutaba.

En parte porque para entonces ya no tenía a Danny. Dio no se arrepiente de lo de Danny ni un poquito, es un cabrón y siempre lo será.

Aunque tal vez se excedió.

¡Nah!

– Por eso yo era el favorito de nuestro padre. – Ahora si era su padre, aunque bien que lo había asesinado.

Si le preguntan a Jonathan, dirá que si, Dio se excedió y que hasta la fecha no se lo ha perdonado.

Joseph mira de mala gana a Dio desde el retrovisor.

– Tuve que deshacerme de muchos de tus seguidores para sobrevivir, así que no sería la primera vez que mato a alguien.

En realidad Joseph tiene una cuenta bastante larga, ha vivido demasiado tiempo y su conteo no se limita a hombres del pilar o usuarios de Stand. Fue piloto durante la Segunda Guerra Mundial, y eso sin contar los choques de avión en los que ha estado involucrado.

– Sé que los asesinaron, Joseph. Honestamente yo tuve más pérdidas que ustedes. – Si, hasta se oye un poco de amargura en su voz. – Claro que mi gente no vale lo que Avdol y ese perro horrible ¿Cierto?

– ¡No habría sido necesario si no los hubieras mandado!

Oh no, la mención de ellos hace que al viejo Joestar le hierva la poca sangre fría que tiene.

– ¡Los mandé porque ustedes iban a asesinarme! Ni siquiera sabía cómo les afectaría la flecha de stand que usé en mi. No me conocían y decidieron que debía morir solo porque les contaron un cuento de hadas donde yo era el villano.

Y ahora se hace la víctima. Joseph no le cree ni un carajo.

– ¡¿Ahora me dirás que tus intenciones eran buenas?! ¡Eres un asesino, eso no iba a cambiar!

– Siendo honestos, Dio; no tienes el mejor historial.

– ¡Pero eso lo sabías tú, ellos no! Así que cállate Jonathan.

– Tal vez Erina les dijo que, no sé: tú me mataste en nuestra luna de miel.

– Esa fue la versión que sabía.

– ¡¿Quién entiende a esa mujer?! Ella fue la que me salvó, ¿Para qué me salvó si iba a hablar pestes de mi? – El "no debiste casarte con ella'' esta implícito en sus palabras.

– Te salvó. – cosa que Jonathan sigue sin entender el porqué. – Pero eso no significa que fuera a mentir sobre ti.

– Habría sido lo más decoroso de su parte ¿Qué pretendía? ¿Humillarme frente a sus descendientes?

–No, no. Estoy seguro que la humillación puedes hacerla tú mismo, Dio.

Y según Dio los Joestar están mal y no él, se merecía el beneficio de la duda.

Por supuesto que no se lo merecía.

A Dio se le escapa un Wry. No soporta tanta ñoñez encerrada en un espacio tan pequeño. Se va a bajar para ver que hace su hijo. ¿Porqué se está tardando tanto en regresar?

Y se encuentra la puerta cerrada. Con el seguro a prueba de menores para evitar que estos abran las puertas traseras.

– ¡GIORNO!


Giorno por su parte dejar al trio en el carro bajo seguro, yéndose a buscar una máquina expendedora de refrescos.

Muy tranquilamente mete un par de moneditas en la maquina para comprar unas galletas de chocolate y un refresco. Afortunadamente ningún producto se le atora, y en cuanto lo saca, una mariposa sale de la rendija de las monedas, regresando a su mano y a su forma original.

No desea regresar al carro aún. En realidad no sabe siquiera si esto era una buena idea del todo. Se supone que debía seguir adelante, así es como se ha manejado durante ese último año desde que asumió la posición de Don de Passione.

Eso significaba que no debería de ver hacia atrás. Cosa que es totalmente opuesta a intentar traer de vuelta a aquellos que perdió en el camino.

Tampoco debería de importarle. Es decir, ¡sólo estuvo con ellos durante un poco más de una semana!

Pero siente que se los debe. Porque ninguno de ellos merece quedarse atrás; porque si pudo darle una segunda oportunidad a Fugo, ¿Porqué a ellos no?

Si estaba en sus posibilidades, ¿Porqué no hacer lo imposible, cuando sus actos nacen de su propia verdad?

¿Pero acaso ese era un acto justo? Lo justo era el dejarles descansar. Lo justo era dar por terminados aquellos roles en su propia historia––

No. No debía de dudar de sus propias acciones. Debe ser firme en su convicción, esa misma convicción que le llevó a donde de encuentra ahora.

Giorno regresa minutos después, escuchando el escándalo desde afuera antes de meterse al carro.

Dio hace notar que están encerrados, tan siquiera Giorno se tomó la molestia de dejarles el aire acondicionado encendido. No está seguro si el calor les afecte o no, pero no piensa tomar riesgos inecesarios.

Dio grita un rato por Giorno, hasta que este les abre.

– No rompieron nada, estoy sorprendido.

– ¡Cómo te atreves a dejar a tus padres encerrados! No somos mascotas.

– No tardé mucho.

Fue casi media hora, perdiendo la noción del tiempo entre sus propios pensamientos. Entra a su asiento, abriendo el paquete de galletas; necesita morder algo, así que asume eso le sería suficiente para aplacar el escozor.

– Fue una eternidad al lado de Joseph. Me he acostumbrado a las ñoñerías de Jonathan pero las de Joseph son inaceptables.

– Fue tu idea el que vinieran. . –No, las galletas no le son suficientes y no logra abrir la maldita lata, misma que acaba mordiendo.

Si Giorno no hubiese llegado sin duda le habrían destruido la camioneta. Y si, Dio habría causado una pelea ahí mismo. En cualquier caso hasta que la noche cayera estarían ahí incordiándose.

Las horas pasan muy lento para Giorno, aguantando al trio.

Sería hasta que ya fueran camino al cementerio que Dio le diría a los Joestar sus planes y los de Giorno.

Ni Jonathan ni Joseph están muy contentos con ese plan.

El primero en bajar de la camionera al llegar al cementerio es Giorno. Es una noche fresca, la única iluminación en el área vienen del alumbrado público.

La misión es simple: exhumar los cuerpos de Narancia, Abbacchio y Bucciarati; revivirlos y regresar a Roma antes del amanecer. No puede ser más dificil que derrocar al jefe anterior.

Si, absolutamente nada malo puede salir de eso.