El viejo cementerio de Nápoles tenía su encanto y sin duda era el escenario perfecto para cuatro vampiros. Giorno dirige al grupo silenciosamente por el camino aparentemente desolado. Las farolas iluminan tenuemente el lugar, mismo que parece recubierto de neblina.
Si, es el escenario perfecto para lo que están a punto de hacer.
El cuarteto de detiene en frente de tres tumbas. Lápidas de mármol; sencillas, discretas. De haber sido por Giorno les habría mandado a construir todo un mausoleo, pero sabe que ellos habrían preferido algo simple.
Una vez más, Giorno duda si está haciendo lo correcto. No, aparta ese pensamiento de su mente; ya están ahí, es muy tarde para arrepentirse.
– Eres nuestra muestra control, Joseph, si no funciona usaremos tu sangre para revivirlos. – Dio, como siempre, es de poca ayuda; le entrega a Joseph una pala cuando están enfrente de las tumbas de los amigos de Giorno. – Ahora cava.
– ¡¿Y porqué tengo que hacerlo yo?! – Joseph a pesar de su queja, toma la pala. –¡Este es tu plan, Dio!
– Técnicamente es el plan Giorno
– No soy tu jodido sirviente, Dio.
– Pues deberías serlo, Joseph, después de todo por mi sangre estás aquí.
– No habria sido necesaria si no me hubieras robado mi sangre.
– No te la habría robado si hubieras sido un rival decente. Matarte fue simple y aburrido.
Giorno suspira con pesadez, apartándose del trio para ir hacia aquellas tumbas.
El escozor no ha parado y tiene que escuchar al trío discutiendo como críos. Ha pasado horas en el camino aguantando sus infantiles discusiones y no está en el mejor humor, aun si su cara lo oculta.
– Denme la pala, yo mismo lo haré.
– ¿Vas a dejar que un menor de edad haga el trabajo por ti? No Giorno, Joseph lo hará porque es un caballero y es para lo único que sirve.
Clarmente los adultos ahí no van a ayudarle, mucho menos a hacerle caso. Si hay algo que Giorno detesta,e s el tener que repetir las cosas, viendo eso como un acto inútil; así que sin decir más, le arrebata la pala a Joseph para dirigirse una vez más hacia las tumbas.
Un buen padre habría reflexionado y habría ayudado a su único hijo.
– Jonathan, quítate la camisa y ayuda a Giorno.
Jonathan está seguro que Dio lo pide más por capricho que por practicidad; aún así, se quita la camiseta para evitar mancharla. Jonathan no puede sudar, pero la palidez de su cuerpo pareciera resaltarse bajo la escasa luz.
Dio no esperaba que Jonathan se quitara la camisa pero es una grata sorpresa.
– Giorno, pásame la pala, por favor.
– No. – Es tan necio como su padre. – Esto es algo que yo tengo que hacer.
– Es mas fácil si tú haces guardia, así evitamos cualquier problema.
Giorno lo piensa por un momento, con el ceño fruncido. Le entrega la pala a su Padre y se aleja del trio para mantener guardia.
Giorno se oculta entre las sombras mientras vigila el area. Empieza a dudar si esa es una buena idea; tal vez lo mejor era que dejara descansar a sus amigos.
Pero otra parte de él también quiere poner en prueba sus nuevas habilidades y, si, es algo egoísta la idea pero ¿qué mejor manera de hacerlo que con los cuerpos de su equipo?
Espera que no haya nadie cerca, no quiere levantar sospechas, o peor aún, acabar mordiendo a algún pobre guardia mal pagado. Por ahora su profanación de tumbas estaba pasando desapercibida pero quizá no sería así toda la noche.
– Un hombre de cien años tiene más fuerza que tú, Joseph, un poco humillante ¿No es así?
¿Y qué hace Dio en ese tiempo? Nada más que verse las uñas, necesita darles una manicura.
– Un hombre de cien años que mantiene el físico de uno en sus veintes. No podemos comparar, idiota.
– Dada la naturaleza actual de ambos, la edad ya no significa nada, lo único que haría una diferencia es su idiotez y tampoco parece ofrecer grandes diferencias.
Dio habla pero tiene la mirada bien clavada en Jonathan, no es nada discreto, incluso llega a relamerse los labios. Ese cuerpo volvería a ser suyo, aunque de una forma muy diferente.
– No entiendo porqué permaneciste como un saco de huesos viejos, la transformación debió cambiarte.
– Yo tampoco sé el porqué estoy así, pero tengo una que otra teoría al respecto.
Porque a diferencia de los vampiros que ha visto, él no fue transformado directamente por la máscara de piedra; asume que ese podría ser el motivo por el cual sigue viéndose de esa edad.
A Dio no le interesa que Joseph recupere su juventud; pero a través de él ve una debilidad en su especie. Si Dio no hubiera sido tan arrogante, le habría preguntado a Joseph cómo fue revivido.
Eso habría ayudado bastante.
A Jonathan no le toma mucho el cavar la primera tumba, aquella que tiene la lápida de Narancia Ghirga. Joseph se acerca al agujero para sacar el ataúd.
Dio no pone de su parte pero cuando el ataúd esta afuera es el primero en abrirlo. Adentro el cuerpo de un chico como de la edad de su hijo se pudre naturalmente.
Jonathan sale del agujero con ayuda de Joseph. Ninguno de los dos están de acuerdo con ese plan, menos al ver el cuerpo de aquel pobre joven.
– ¡Giorno! Deja de jugar y ven aquí, prepararemos su cuerpo primero.
Giorno regresa poco después tras asegurar que no hubiera nadie cerca.
Se detiene en seco al ver el cuerpo de Narancia. Recuerda el día que murió como si no hubiese pasado un año desde entonces.
Porque ver tu propio cuerpo empalado en una reja no es un recuerdo que fuera a ser olvidado en poco tiempo. Pero no era sólo eso; recuerda haber sentido ese cuerpo vacío, por más que haya intentado usar su poder para sanarlo.
– ¿Qué procede ahora?
Le prometió regresarlo a casa y lo cumplió. Ahora hará mucho más que eso.
Dio se arrodilló junto al cadáver de Narancia y lo examinó, estaba en buen estado pero eso solo significaba que le daría un buen zombi. Por mejor embalsamado que esté un cuerpo, este no escapa al proceso natural de descomposición. Y si, puede que el cuerpo de Narancia esté en buen estado, pero eventualmente el tiempo acabaría con lo que empezó.
Eso sería algo horrible para alguien con conciencia.
Honestamente no sabía si iba a funcionar pero esperaba que fuera así. En verdad quería ganarse a Giorno.
Solo a Dio se le ocurriría revivir a los muertos para ganarse el amor de su hijo.
Se hizo un corte en su mano derecha y puso su mano sobre el rostro de Narancia mientras su sangre escurría por su cadáver. Ni él entendía la razón por la cual tenía esas habilidades, pero las tenía y agradecía por ello.
Permaneció en silencio, concentrado solo en el cadáver.
Jonathan aparta la vista, lo que hace Dio es profano, simplemente es incorrecto. ¿Porqué condenar un alma tan joven a una existencia como esa?
Joseph se siente asqueado, pero como si fuera un accidente de carretera, le es imposible el apartar la vista.
Giorno es el único que se ve genuinamente interesado en el mórbido proceso. Es grotesco, pero fascinante, le gustaría poder estudiar un poco más al respecto. En el fondo, Giorno es un nerd.
Para Dio era una experiencia extraña. El mundo a su alrededor se nublaba, todo se volvían brumas oscuras. Al igual que Giorno o el Hamon creaban vida, Dio le volvía la "vida" a los muertos, los convertía en algo profano.
Es un largo momento de silencio, hasta que Dio retira la mano de golpe. Toma aire como si lo necesitara, como si hubiera estado sumergido mucho tiempo. Odiaba esa sensación.
¿Había funcionado? Hacia mucho que no usaba esas habilidades.
En un principio parece no haber cambio alguno en el cuerpo. Hay un silencio que se extiende por un muy largo minuto, hasta que una mano del cuerpo parece moverse.
Uno menos, faltan dos.
– Ahora es tu turno, Giorno, restituye su cuerpo antes de que cobre consciencia por completo. Será más sencillo para tu mas–amigo. – Les dedica una mirada desdeñosa a Jonathan y Joseph. – ¿Y ustedes qué esperan? Les faltan dos tumbas y la noche no va a durar para siempre.
Dio tenía deseos de ver más de cerca las maravillas del poder de Giorno, solo así podría aprender de este y de ser necesario, derrotarlo.
Giorno se arrodilla a lado de Narancia, Gold Experience se manifiesta detrás, suyo envolviendo a ambos en su aura dorada.
Regenerar órganos y tejidos es algo en lo que ya tiene experiencia, principalmente gracias a las heridas que tiene que tratar de Mista o cuando Fugo decide usar su Stand de manera irresponsable.
Posa ambas manos sobre el cadaver, usando la energía de su Stand para poder regenerar todo daño que haya sufrido el cuerpo durante todo ese tiempo.
Dio observa y concluye que entre él y su hijo serían una fuerza invencible, pero por poco tiempo. Ahora que ambos tienen la misma naturaleza sería cuestión de tiempo de que pudiera hacer por su cuenta todo lo que él sabe hacer.
Celos y orgullo, celos y orgullo.
Giorno se aparta de Narancia asegurado que el cuerpo haya quedado en perfectas condiciones.
– ¿Qué esperan inútiles? ¿A qué me desangre? – Cosa que estaba pasando, ellos no funcionaban como los humanos, su sangre no coagulaba muy bien.
– Dio, sigo creyendo que esta es una mala idea...
– Fue mala idea que nuestro padre conservara esa máscara. Fue mala idea de que creyera en Darío Brando y sin duda fue mala idea que me adoptara. Nuestras vidas son una serie de malas ideas, así que sigue cavando, JoJo.
– Este sería un buen momento para acabar con el ciclo de malas ideas.
A pesar de la protesta, Jonathan continúa excavando. La siguiente tumba es la de Bucciarati, intenta hacer el trabajo lo mas rápido posible, aun tomándole alrededor de diez minutos en terminar de cavar.
– No. Este ciclo de malas ideas te regresó a mi y cruzó nuestro camino con Giorno.
Dio agarra la camisa de Jonathan para cubrir el corte, por lo menos este tendría que volver sin camisa. Jonathan ya no tiene intención de volver a usar la camisa, porque si no se manchaba de sangre iba a acabar manchada de tierra. Que jodido desastre.
Dio va con el siguiente cuerpo, su estado es tan bueno como el del otro chico y repite el proceso. Su cuerpo resiente la pérdida de sangre, volviéndose más pálido de lo que en realidad es.
Maldito fuera Jonathan, por tenerlo contento no se alimentaba como antes.
¿En verdad lo amaba, no es así? Esa era la única cosa buena que sentía.
Buscó en las brumas de la muerte el alma de Bruno Bucciarati y la llamó como había hecho con la del otro muchacho. Las muertes trágicas y a tan joven edad los hacia candidatos perfectos para volver, aún tendrían cosas que hacer en la tierra.
Todo era cuestión de voluntad.
Al igual que su Mudad, Giorno repite el mismo proceso de reparación, aun si su cuerpo sigue sin mostrar ningún movimiento como lo hizo Narancia.
Debajo de ambos cuerpos poco a poco surgen flores, la energía vital de Gold Experience se desborda hasta alcanzar el fértil suelo.
Hasta el profano acto es hermoso en manos de Giorno, la vida surge de él como si fuera un dios.
La última tumba le pertenece a Leone Abbacchio; Jonathan tarda el mismo tiempo en cavar esa que las anteriores
Para el tercero, Dio utiliza a su stand para andar y no ridiculizarse a él mismo arrastrándose. Él es un receptor, no un donador, lo suyo no es entregar lo que tanto le costó tomar.
A diferencia de los otros dos cuerpos, el de Leone permaneció a la intemperie un día de diferencia, a la orilla del mar, así que al momento de recoger el cuerpo ya había un proceso de descomposición.
– Esto puede no funcionar. – Advierte Dio al ver el estado de ese cadaver.
Es un jodido desastre, aún así repite el proceso una vez más.
Lo que le queda de su propia sangre se le va en traer un hombre de vuelta que no quiere regresar. Bruno y Narancia tenían una gran conexión con Giorno, cosa que fue de utilidad para Dio.
Ese hombre quiere que lo dejen en paz.
Dio lo traerá para su hijo.
Joseph se acerca a Dio en un intento por ayudarle a sostenerse. Es un patán de primera, pero tampoco puede dejarlo colapsar.
Dio mantiene la compostura hasta que puede, hasta que está blanco como una vela; entonces deja caer su peso sobre Joseph. En algún punto lo confunde con Jonathan y hasta le dedica una sonrisa cansada pero adorable, ese Dio que sólo existió para su madre por muy breve tiempo.
Joseph sostiene a Dio con cuidado; la idea de tirarlo se le cruza por la cabeza hasta que vio esa sonrisa tan... tan poco Dio.
Giorno también se ve cansado. Ha aprendido que no es lo mismo el curar heridas y regenerar ciertas partes del cuerpo, que regenerar dos cuerpos en descomposición avanzada.
Jonathan deja a un lado la pala para ir a lado de Giorno al verle igual de cansado.
– Creo que los dos deberían de tomar un descanso—
– No. Tenemos que terminar esto. – Levanta la mirada hacia Dio. Se aparta de Jonathan y se dirige hacia su Mudad.
Joseph está genuinamente impresionado, esto es algo que tendría que tomar en cuenta a futuro.
Abbacchio va a necesitar algo más drástico. Estando cerca del cuerpo, Giorno respira hondo, Gold Experience se mantiene encima de su usuario, ambas figuras convergiendo, los puños brillan de luz dorada.
Lo que sigue a eso es una continua "golpiza". Los continuos "Muda" es lo único que corta el silencio de la noche.
Jonathan una vez más no entiendo qué está sucediendo, solo ve a su hijo golpear el cadaver mientras grita igual que Dio.
Cuando Leone conoció a Giorno se le ocurrió que se merecía beber su orina. No porque estuviera probándole o fuera una broma de muy mal gusto; simplemente porque desde el segundo uno no le agradó. Su relación nunca fue buena y lo único que los unió fue Bruno.
Bruno creía en Giorno y Leone creía en Bruno.
Mientras Giorno golpea a Leone, este abre los ojos de golpe y tras el más furioso grito se arroja sobre el rubio como si quisiera ahorcarlo.
– ¡MALDITO SEAS, GIORNO,MALDITO SEAS!
Y es en ese momento, cuando Giorno Giovanna se da cuenta que ha cometido un error.
El siguiente grito es uno muy poco masculino por parte del Don de Passione, quien cae al suelo con el fúrico ex-policia.
No es que Giorno le hubiera asesinado, aunque si nunca se hubiera aparecido en la vida de Bruno quizá jamás se hubiera puesto en contra del jefe o eso creyó en algún punto.
Pero aquello no tiene que ver con el pasado sino con el presente. Leone es consciente de que murió y de que no debería estar ahí, con la cabeza hecha un lío lo único que puede hacer es culpar a Giorno.
Por suerte la energía de Abbacchio es breve. Pronto su agarre se afloja y queda como peso muerto sobre de Giorno, se le escucha respirar.
Esos cuerpos se van a desgastar rápido, necesitan ser convertidos.
Giorno queda con Leone sobre él; pasado el susto, lo aparta con poca delicadeza.
Por fortuna no hay un segundo susto mortal y Leone se queda donde Giorno le arroja: bocaabajo con la cara sobre una roca, parece que duerme y lo hace con el ceño fruncido.
Leone Abbacchio es alguien un poco amargado.
En especial cuando se trata de Giorno.
No es que Leone le desagrade, pero sabe que por alguna razón él nunca le tuvo mucho aprecio y parece que el regresarlo a la vida no iba a cambiar eso.
Pero lo hecho hecho está.
Voltea a donde se encuentran Narancia y Bruno; ambos siguen inconscientes pero aún respiran. Pareciera que duermen pacíficamente sobre una cama de flores.
– Bien, ya los sacamos, es mejor que regresemos a la camioneta antes que—
– Aun no acabamos. – Interrumpe a Joseph. Se levanta, sacudiéndose la tierra.
Dio había dicho que lo mejor era convertirlos, pero su Mudad no parece estar en condiciones de hacer eso y ni Jonathan ni Joseph se han alimentado.
No sabe si esto va a funcionar, pero vale la pena intentarlo. Se levanta la manga del traje, viendo su propia muñeca. Dio dijo que le había convertido dándole a beber de su sangre.
Determinación. Eso es lo que le ha llevado hasta ese punto y eso es lo único que necesita para continuar. No lo piensa dos veces: se muerde con fuerza, sintiendo una vez mas el escozor en su boca junto con el dolor de la mordida.
– ¡Giorno!
Giorno aparta la boca de su brazo. Le ve rojizo, pero no ha logrado abrir la piel.
Toma aire, su cuerpo tiembla. No puede retractarse, sea lo que sea que suceda, es algo que debe continuar.
Otra mordida, esta vez siente algo aflojándose en su boca. Parece un animal salvaje, mordiendo su propia piel hasta sentir la punzada, seguida del sabor de su propia sangre.
Hasta a Dio le parece una salvajada la forma en que Giorno intenta rasgar su piel, se incorpora para ir a su lado.
– Aún eres muy joven, te falta mucho por aprender. – Toma a su hijo de la muñeca del mismo brazo del que fluye la sangre.
– El tiempo es algo que tendré de sobra. – La sangre fluye de poco a poco, recorriendo su brazo y manchando parte de su fino traje, mientras que su boca también se encuentra manchada de rojo.
Giorno ya esta aceptando lo que implica su naturaleza nueva. Dio no va a contradecirlo.
– El tiempo te pertenece ahora, Giorno. Hay que despertarlos o no tragarán la sangre. Jonathan, inútil, ustedes tienen que despertarlos o no funcionará.
Jonathan y Joseph se miran mutuamente, ninguno de los dos quiere lidiar con la reina gótica de cara de pocos amigos.
Joseph se adelanta para ir a despertar a Narancia, dandole unas leves palmadas en la cara. Jonathan es mas cuidadoso, arrodillándose y acomodando a Bruno sobre su regazo.
Narancia es el primero en abrir los ojos; aturdido sin recordar nada de lo ocurrido. Su muerte fue repentina, producto del Stand de Diavolo, así que lo único que recuerda era el haber estado en el Coliseo, ilusionándose con el regresar a la escuela y comer una pizza margherita.
¿Cómo se sentiría Narancia al despertar en la situación más confusa posible? De la pelea en el Coliseo a un cementerio y no sólo estaba Giorno, sino otros tres desconocidos.
– Hazlo beber, las explicaciones se las puede dar más tarde. – Dio se mantiene a lado de Giorno, le aconseja a su hijo y como siempre, es el peor consejo que se le ocurre. – En cualquier caso no lo entenderán ahora.
Dio quiere medir que tan leales son esos hombres a su hijo.
Si, hacerle caso a Dio es la peor idea posible, y Giorno podría haber hecho eso. Pero conoce a su grupo, aun si sólo convivió con ellos por una semana.
– ¿Giorno...?
– Narancia...
Narancia apenas y puede ver a Giorno frente suyo. Está cansado, confundido y siente la boca reseca.
– Giorno ¿Qué pasó? ¿Ganamos...?
– Si, ganamos... – Con cuidado acerca su muñeca ensangrentada. – Bebe, te sentirás mejor así.
De estar mas lúcido, Narancia se habría extrañado de tan peculiar sugerencia. Pero bien, del grupo Narancia siempre fue el más inocente, creyendo y obedeciendo ciegamente a Bruno y por ende a Giorno.
Permite que Giorno acerque la muñeca, sin saber bien qué es, hasta que siente un líquido frío y amargo en su boca.
Bruno ha despertado, aturdido e igual de debilitado que Narancia; él recuerda su muerte, recuerda haber ascendido en algún punto durante la pelea final.
"Giorno, ahora dejo esto en tus manos.''
No entiende el porqué o cómo es que está vivo, tampoco reconoce al trío de hombres que están ahí. Pero puede ver a Giorno agachado a lado de Narancia, mas no sabe qué está haciendo.
Y Dio pensó que su hijo creando vampiros era una gran victoria y un pequeño paso directo a sus planes. Dio no estaba como para festejar, estaba cansado y el hambre, aún para él, era algo terrible; de seguir así perdería quizá control de si mismo.
Y no sería el único.
Siete vampiros con Stands y sin control alguno, serían un peligro para toda Nápoles. Eso sólo puede acabar en un desastre por encubrir pero eso no es algo que Giorno contemple en ese momento.
– No demasiado, aún te faltan dos y eres el único que puede convertirlos. – Da una mirada a Bruno, ni amable ni hostil, sólo cansada.
Haciendo caso a Dio, Giorno separa el brazo de Narancia, quien le mira con grandes ojos, como si quisiera más de esa sangre. Su atención se dirige a Bruno quien le ve de vuelta con confusión.
– Giorno, ¿qué es todo esto?
Giorno no da explicaciones, sabe que Bruno no las aceptaría a la primera. Se acerca y antes que el capo pueda hacer mas preguntas, le obliga a beber de su sangre.
A su lado, Narancia padece el dolor de la transformación. Bruno empuja a Giorno, a nada de reclamarle antes que él también sienta aquel intenso dolor.
– Esto pasará pronto, se sentirán mejor en unos minutos más. – Intenta consolar al par, quienes el dolor no les permite siquiera gritar.
Tan dulce la mentira de su hijo, piensa Dio, ellos solo se van a sentir bien cuando prueben la sangre, sólo entonces verán la grandeza del don que Giorno les ha entregado.
El dolor es pasajero, pero el hambre sera en adelante su nuevo pesar. Giorno sabe que los está condenando a una existencia sin luz, una donde estén obligados a beber de otros para satisfacer sus necesidades.
Solo espera que tengan tanto autocontrol como él.
Jonathan siente pena por ellos, recuerda el dolor que sintió al ser revivido por Dio y lo que les espera por vivir. Han sido extraídos de la muerte solo para padecer un dolor y hambre que los harían volver a desear estar muertos.
– Falta este. – Interrumpe Dio, señalando a Leone. – Ustedes van a sostenerlo, tienen más fuerza que nosotros, yo lo despertaré para que Giorno le entregue su sangre.
Alguien tendría que despertar a Abbacchio tarde o temprano, quizá podrían aventarle el trabajo a Bruno, él único capacitado para lidiar con él en toda Italia. O Europa.
Pero tanto Bruno como Narancia están muy ocupados sufriendo su agonizante transformación, por lo que ese trabajo tiene que ser otro esfuerzo en grupo.
Joseph sólo quiere acabar con esto de una buena vez. Esta vez tiene un plan más simple: usar a Hermit Purple para mantener a Abbacchio amarrado de los brazos y el cuello, mientras que Jonathan le sostiene de las piernas.
¿Y como iba Dio a despertarlo? A patadas por supuesto.
Como era de esperarse, la segunda vez que Leone despierta lo hace con la misma violencia e ira que la primera vez. Se sacude con fuerza para liberarse del agarre de ambos hombres, claro que eso no es lo verdaderamente malo; lo malo es ver a Bruno y a Narancia sufrir.
– ¡GIORNO, maldito mocoso! ¿Qué está sucediendo aquí? – Grita a la vez que intenta patalear. – ¿Qué le hiciste a Buccerati y a Narancia?
– Les di una segunda oportunidad.
Se acerca a Leone, prácticamente sentándose sobre su pecho para ayudar a inmovilizarlo, tomándole del mentón con fuerza. Su rostro se oscurece con la falta de luz, lo único que Leone podrá ver serán esos ojos brillantes e inhumanos.
Levanta la muñeca ensangrentada, dejando que su sangre caiga directamente en la boca de Leone. Quiere pensar que esto los deja a mano de aquella vez que le dio a beber de su orina.
– La humanidad tiene sus limitaciones. – Lo dice más para si mismo que para el otro.
Giorno suena definitivamente como un demente y se ve bastante aterrador, ni siquiera le parece humano. Abbacchio sacude la cabeza con violencia, se niega a tragar su sangre, aprieta la boca para aquellas gotas de sangre no entren.
Leone sabía que no podían confiar en ese niño, no debieron dejarlo entrar al equipo. El hombre necio sigue peleando, incluso usando su Moody Blues pero nunca ha sido un Stand muy fuerte; su fortaleza está en su habilidad especial y bajo la histeria en la que se encuentra el momento para usarlo.
Tampoco le ayuda que The World este amagando a Moody Blues.
– ¡Bucciarati! ¡Bruno! Te salvaré, ¡te salvaré de este imbécil!
Va a pelear hasta las últimas consecuencias.
De los tres quien sabe que no le va a perdonar nunca es Abbacchio, y siendo honestos si fuera por Giorno lo habría dejado bajo tierra. Pero sabe que él y Bucciarati eran cercanos, así que tampoco podía dejarlo atrás, por mas odioso que sea.
Detrás de ellos, la agonía de Narancia y Bruno llega a su fin; ambos se ven cansados, respirando agitadamente, aunque ya no lo necesiten.
No es fácil el sostener a Leone, aun entre los tres el bastardo es insistente.
A Giorno no le gusta recurrir a la violencia, pero hay veces en las que es muy necesario hacerlo. Esta es una de esas, dandole un golpe en el pecho para sacarle el aire, acto seguido le tapa la nariz para obligarle a respirar por la boca.
Y solo así Leone abre la boca para tragar a la fuerza la sangre de su nuevo Don. Aunque él no sabe que es su nuevo Don y ahora líder de su pequeño aquelarre vampírico.
Apenas pudiera lo iba a moler a golpes.
Cuando Leone toma la sangre suficiente viene la dolorosa transformación. No tiene idea de qué le ha hecho Giorno. Primero piensa que lo ha envenenado pero nada tiene sentido, él había muerto en una misión, en paz de haber cumplido los deseos de Bruno y ahora ha despertado ahí en un ¿cementerio? y lo primero que ve es a sus compañeros sufriendo y a Giorno. ¿Qué mierda pretendía Giorno?
Giorno se quita de encima en cuanto Abbacchio empieza con la transformación.
– ¿Estás seguro que quieres convertir a este? No creo que vaya a serte leal, Giorno.
– Lo será. – Afirma con toda convicción.
"Tiene que serlo." Piensa, pero para eso debe asegurar primero la fidelidad de Bucciarati.
Bruno es el primero en reincorporarse, Giorno va a ayudarle, mientras que tanto Jonathan como Joseph sueltan a iracundo ex-policía.
– Giorno... – Bruno se siente ligero y frío. Siente que algo ha cambiado pero no logra identificar qué pueda ser y una sed que no explica de donde ha salido. – ¿Qué fue lo que hiciste?
– Dijiste que todo está ahora en mis manos. Hice lo que tenía que hacer, no podía dejarlos a ustedes atrás.
Bruno no entiende lo que ha hecho Giorno, pero confía en él de igual forma que lo hizo en un inicio.
– Estábamos muertos, Narancia, Abbacchio y yo... ¿Cómo es que estamos aquí?
– Los traje de vuelta––
Giorno quiere verse sereno como siempre, impasivo; pero le es imposible hacerlo teniendo al trio de vuelta. Es algo impulsivo, pero no importa, termina por abrazar a Bruno.
– Y esta vez no se irán.
A Bruno no debería extrañarle el estar vivo, no era la primera vez que Giorno le "traia de vuelta"; sin embargo esta vez hay algo diferente. Pero Giorno le afirma que está bien y Bruno no duda de él.
– Tenemos que irnos, aun tenemos unas horas para llegar a Roma.
Narancia se levanta tembloroso, su atención pasa del trio de hombres desconocidos hacia Abbacchio y de ahí a Giorno y Bucciarati. Y de fondo en esa escena de reencuentro, Abbacchio se retuerce de dolor, los ve de reojo, se pregunta que mentiras le estará diciendo Giorno para engatuzarlo de nuevo.
Dio lo que se pregunta qué relación tendrá ese hombre con su hijo. No le hará gracia saber que se volvió una figura casi paterna para Giorno. Dio es innecesariamente celoso y acaba montándose exagerados circos mentales y tomando malas decisiones.
Las peores en la historia de las malas ideas.
Tampoco es que de momento tenga muchas ganas o fuerzas de pelear.
– Dio, ellos necesitan comer.
Afortunadamente, Jonathan saca a Dio de esos problemáticos pensamientos, mostrando su preocupación al verle en tan mal estado.
– ¿Solo ellos? No querrás saber como nos comportamos cuando no somos comemos. Todo raciocinio humano… necesitamos víctimas pero ustedes son tan necios… no lo entienden.
No, Jonathan no quiere imaginar que sucedería si alguno de ellos pierde el control, especialmente Dio.
Joseph retoma la pala y mete los ataúdes de vuelta en sus respectivos agujeros.
– Podemos buscar provisiones mas tarde, primero debemos irnos antes que alguien nos vea. - Y asegurarse de no dejar evidencia de lo ocurrido. -
Si, debían volver a Roma y alimentarse de las reservas de sangre de Giorno en el mejor de los casos.
O asaltar un banco de sangre, por fortuna Giorno es casi el dueño de una buena parte de Italia, nada debería ser difícil de conseguir.
A menos que el hambre los vuelva locos.
Mientras Giorno les apresura a volver, el aroma a humanos - lo que significa sangre fresca - llegara a ellos. No es un aroma familiar, así que debía tratarse del hombre que cuidaba del cementerio. El aroma se percibe tan cerca.
– No vamos a llegar a Roma, no así por lo menos.
Dio se había mantenido en el piso agotado, hambriento. Se levanta ante la posibilidad de una presa; un vampiro viejo como él debería tener más autocontrol pero al parecer no es así. Jonathan podía aguantar un poco más sin comer y Joseph estba seguro que sus raciones le debían haber llegado ya al departamento esa mañana.
El olor a "comida" llega con el viento. Dio se aleja del grupo, mientras es guiado por aroma del humano, primero piensa en el hambre que padece, luego en la de Jonathan y Giorno.
Dio no es el único que se ha marchado siguiendo el tentador aroma. Narancia no está a la vista, sin embargo su Stand, Aerosmith, se puede ver volando a los alrededores.
Leone se levanta, no tiene idea de qué le ha pasado, ya no siente dolor ni frío o calor, su cuerpo tiene algo malo y no sabe que es. De lo que esta bien seguro es que jamás había sentido un hambre así.
No debería estar pensando en el hambre sabiendo que a unos paso estaba Bruno, la última persona en quien pensó al morir. Su mirada se dirige hacia él, pelea por ignorar ese olor que lo llama a gritos.
– Te dije que este crío no me daba confianza.
Si, es el peor saludo de la historia pero lo compensa yendo hacia él y abrazándole. Ni el jefe, ni Giorno, Bruno Bucciarati era al único que serviría toda su vida. A veces Abbacchio piensa que Bruno es demasiado bueno para ser un Capo. Le debe tanto y aunque deteste a Giorno entiende porqué Bruno lo recogió, no se puede resistir a proteger a un huérfano.
Él también era un huérfano de Bruno.
Bruno no le da la razón a Abbacchio, pero le dedica una dulce sonrisa antes de abrazarlo. No se ha dado cuenta de los afilados colmillos que se asoman en ese gesto.
Giorno se da cuenta, le extraña que a él no le hayan salido aún.
Luego del emotivo abrazo, a Leone tampoco le pasa desapercibido aquellos colmillos en la boca de Bruno, tanto que hasta le abre la boca a este para corroborar que no lo haya imaginado. Y así como Bruno tiene sus colmillos, Leone percibe estos en su boca.
– ¿Qué mierda...? ¡Giorno! – Se aparta de Bruno para agarrar a Giorno de la ropa y reclamarle, como es de esperarse, a gritos – ¿Qué mierda nos hiciste?
Bruno retrocede, pasando la lengua por los dientes hasta sentir los colmillos afilados. Eso no estaba ahí antes. Mira a los alrededores, tiene demasiadas preguntas en mente.
– Giorno, ¿Qué pasó con el jefe? ¿Porqué estamos aquí?
Bruno nunca creyó en cosas sobrenaturales, pero tampoco tiene explicación a lo que ha sucedido; no sabe porqué está vivo, tampoco el porqué tiene esos colmillos o porqué le llega un aroma tan apetitoso que no logra identificar.
Giorno no retrocede, tampoco se molesta en apartar a Abbacchio a pesar de su hostilidad. Le sostiene la mirada con la seguridad esperada del jefe de Passione.
– Los traje a ustedes tres de vuelta. El método es lo de menos—
– ¡Habla claro, niñato, no estamos para tus juegos! – Leone tiene nula paciencia, sacude al menor con lujo de violencia. – ¡Responde la pregunta de Bucciarati! ¡¿Qué nos hiciste?!
Abbacchio murió muy pronto para saber como había continuado la aventura del grupo. Murió siguiendo los planes de Bruno y nunca imaginó que en el proceso tanto él como Narancia también morirían. Debieron estarlo, es lo de lo poco que puede inferir de la palabrería de Giorno.
– El jefe... yo soy el nuevo Don de Passione. Les explicare todo más tarde—
Pero antes de decir más, se da cuenta que Dio no está, ni tampoco logra ver a Narancia.
– ¿Tú? ¿el nuevo Don?
Incrédulo, Abbacchio suelta a Giorno con un empujón. El joven Don cae de sentón, manchándose de tierra. Levanta la mirada hacia el par frente suyo.
– Los traje de vuelta... les di mi sangre. – Se levanta, sacudiéndose la tierra de encima. – Nunca envejecerán, enfermarán ni tampoco morirán.
Y Giorno con gusto les daría un resumen de lo ocurrido, pero le preocupa que Narancia y Dio no estén. Se excusa, prometiéndoles resolver sus dudas pero primero deben hallar a los otros dos.
