Aerosmith sobrevuela el cementerio.
Narancia se ha apartado del resto, siguiendo el olor en el ambiente. Su forma de ser junto con el hambre de un vampiro neófito hacen que el joven busque la comida por su cuenta, desorientado en ese lugar tan desconocido.
El vigilante del cementerio ha escuchado un ruido. Tiene 40 años y con la barriga que se carga apenas puede andar. Se oyen y se ven cosas raras en los cementerios, lo que más le asusta es toparse con los vivos, aquellos que vienen a saquear tumbas principalmente; a veces algún adolescente idiota se mete a beber o a hacer vandalismo, suelen irse cuando le ven.
Por eso camina descuidado, su paso es escandaloso mientras su lámpara le ilumina el camino.
Dio lo está acechando, no será un gran manjar pero servirá.
Entre la penumbra del cementerio, Narancia alcanza a ver al vigilante del lugar. Se mantiene oculto, observando silencioso como si estuviera en alguna misión; le había visto primero por medio del radar de su Stand, y el hallar su ubicación exacta no fue complicado.
Toma una piedra, aventándola cerca del hombre para llamar su atención.
El hombre se deja llevar por el sonido y un poco temeroso se dirige hacia donde Narancia ha arrojado la roca. ''Quizá se trate de algún gato,'' piensa el hombre.
Dio sabe que se trata de uno de los chicos que Giorno transformó y que como ellos, tiene un Stand. No le gusta que le roben sus presas, pero se mantiene oculto, esperando a ver que hace el niño.
Narancia desaparece su Stand y su radar al tener al vigilante cerca. Lo único que resalta son sus brillantes ojos en la oscuridad. Huele a otros como él, aun si no sabe lo que es; pero eso no le importa, lo que le importa es ese hombre que poco a poco se acerca.
Es rápido, salta sobre su presa como un gato saltaría sobre una rata sobrealimentada.
El hombre pega un brinco cuando ve los brillantes ojos de Narancia y luego un grito que hace eco en todo el cementerio cuando este le ataca.
Narancia hace caso omiso al grito, clavándole los colmillos en el cuello. Está famélico, muerde demasiado fuerte y la sangre salpica en todas partes. El hombre pelea brevemente su cuerpo convulsiona mientras Narancia lo desangra.
Apenas la sangre fuera derramada el olor de esta les iba a pegar a todos como un llamado del que no iban a poner huir para siempre.
Finalmente Dio aparece ante Narancia y su víctima. Permite que el niño beba porque odia dejarse llevar por sus irracionales deseos y esta algo más en juego: la confianza de Jonathan y Giorno. No es que las quiera ganar honestamente pero necesita controlarse si quiere mantenerlos de su lado y posteriormente usarlos.
– Guarda algo para tus compañeros o no la pasarán nada bien, te lo aseguro.
Narancia separa el rostro, ahora cubierto de rojo, para alzar la vista hacia Dio.
– Tu... tú estás con Giorno.
No es una pregunta, ese hombre se parece mucho a su amigo.
– Es mi hijo. – Responde, a sabiendas que si uno los ve las cuentas no cuadran, Dio no aparenta más de unos veinte, a lo mucho sería su hermano mayor.
Narancia sacude la cabeza, poco a poco recobrando la lucidez; su atención pasa hacia el hombre desangrándose, a sus propias manos y al sabor ferroso en su boca.
Grita, asustado al saber lo que ha hecho.
Dio rueda los ojos, los jóvenes de ahora están resultando bastante delicados, ¿Acaso no eran gángsters? ¿Porqué se ponía así por un poco de sangre?
– Mejor acostúmbrate, no vale la pena pelar contra lo que somos.
Evidentemente Dio tiene la sensibilidad de una roca.
Si, Narancia ha tenido las manos manchadas de sangre antes, pero no de esa manera. Carajo, ni siquiera le gustaba tanto la carne, no debería de disfrutar el sabor de la sangre.
Y ese hombre no se ve de la edad para ser el padre de Giorno. Nada de ahí tiene sentido, ni su presencia, ni— ¿acaso siente sus dientes más afilados?
Abbacchio esta completamente seguro que Giorno se ha vengando con ello por la vez de la orina.
– ¿A dónde vas, pedazo de mierda? – Naturalmente, le reclama a Giorno mientras este se marcha.
– A buscar a Narancia y a mi padre. – Giorno no da tiempo a más preguntas, pronto se pierde de vista dejándose guiar por el aroma en el aire.
En vista que Giorno les ha dejado atrás, Leone busca respuesta con los otros dos desconocidos que tiene frente suyo.
– ¿Y quienes son ustedes? – Pregunta con el tono más grosero posible a Joseph y Jonathan. – ¿Trabajan para ese niño?
Joseph abre la boca para responder y dar una muy complicada explicación, pero Jonathan se adelanta y le da un codazo antes que hable de mas.
– No trabajamos para él, somos sus familiares. – Sigue siendo todo un caballero aún con las groseras exigencias de Abbacchio.
Bruno cree que las respuestas pueden esperar. Toma a Leone de la muñeca, con un "andando" le jala para ir detrás de Giorno. Aunque Abbacchio quiere quedarse a interrogar a esos hombres no se opone a Bruno.
– ¿No que era huérfano? ¡Te dije que era un mentiroso, Bucciarati!
– Estoy seguro que hay una buena explicación a todo esto. – O eso es lo que espera. En verdad desea no haberse equivocado con Giorno. -
– Que Giorno esta más demente que el jefe. – Porque no se le ocurre una mejor forma de explicar porqué les hizo beber su sangre. – Espera… ¿Tú puedes oler eso?
– Giorno parece ser el nuevo jefe. – No lo dice de mala forma, simplemente son las cosas como son. Se detiene en seco, olfateando el aire; sabe que huele a sangre, pero en lugar de preocuparse, se siente hambriento. – Sí... lo huelo.
– Tienes que decirme que sucedió después de mi… muerte, ¿Cómo acabó un niño de quince años controlando Passione? Bruno, pensé que al final tú estarías a cargo, tú eras el correcto para ese puesto, no un niño que no puede dejar a los muertos en paz.…
– Nosotros – refiriéndose a él y Narancia; – morimos en Roma.
– Hemos visto cosas raras en nuestra vida pero esto, – frunce el ceño. – En lo que nos ha convertido, si es lo que creo…
Con tanta información a medias Abbacchio solo puede sacar un puñado de conclusiones, imagina que Bucciarati y Narancia murieron a manos del jefe ––del antiguo jefe, ¿Mista y Fugo habrían seguido el mismo camino? Es decir ni siquiera sabe si Fugo terminó por unirse a Giorno o abandonó ese mundo de Passione definitivamente.
Y Bruno le contaría todo a lujo de detalle, pero el grito de Narancia es imposible de ignorar. Apresura el paso, manifestando su Stand detrás suyo.
Es imposible ignorar el olor en la distancia. Ni Jonathan ni Joseph son inmunes a este.
Para empeorar las cosas pronto percibirían nuevos aromas humanos, dos muy familiares para ambos grupos.
Mista no había soportado dejar a Giorno partir con Dio y Jotaro terminó por no tener confianza en aquel grupo. Mista no es el único que acompaña a Jotaro; Fugo intentó hacer entrar en razón a su amigo, pero en vista que los tres están ahí, aquello no funcionó.
Mista esta aliviado de que sean tres y no cuatro dentro de un cementerio pero luego Jotaro dice que se separará para abarcar mas terreno y pone el grito en el cielo, entonces él le dice a Fugo que también se irá por su cuenta para que no sean múltiplo de cuatro.
¿Qué pasa después? Que Mista se pierde entre las tumbas y hasta se cae en una abierta.
Fugo reacciona como cualquier otro lo haría en una situación como esa:
– ¡Es una puta broma!
Muy de mala gana, recorre por su cuenta el cementerio, gritándole a su Don de la misma forma en que Jotaro le grita a sus familiares.
Giorno se ha desviado del camino que tomó originalmente; se siente atraído por los otros aromas, reconociendo especialmente el de Mista. Siente el escozor en la boca una vez más, la sed poco a poco apoderándose de él. Escucha la voz de Fugo, pero eso no es lo que atrae su atención. No, su objetivo es el distintivo olor de Mista.
Encuentra la tumba abierta, asomándose por el agujero. Sus ojos brillan con la luz mortecina, su rostro aun manchado de su propia sangre.
Mista y las Sex Pistols gritan cuando Giorno se asoma a la tumba donde han caído, desde ahí y con el rostro manchado de sangre no parece la figura onírica de siempre.
Como es de esperarse, el pistolero no tarda en apuntar con su revolver; no es hasta que Uno y Sei vuelan hacia Giorno y empiezan a gritar de quién se trata que Mista recobra la calma.
– Mista, te dije que no me siguieras.
– ¡Amore! ¡Giorno! – Intenta levantarse, pero no puede por el golpe que se ha dado. – ¿Te lastimaron? ¡Tienes sangre en la boca!
Giorno no se siente culpable por el susto que le ha dado a su pistolero. Baja con cuidado por el agujero, cayendo a lado suyo.
– ¿Porqué desobedeces a tu Don? – Frunce el ceño, quiere verse serio, pero no puede. Le alegra el ver a Mista ahí. – Descuida, esa sangre es mía.
Eso no suena muy bien, pero le resta importancia. Tantea las piernas de Mista, ve que no puede levantarse así que asume se ha lastimado.
– ¡Eso no me tranquiliza! ¿Cómo terminó en tu boca? No podía dejarte solo, Giorno, por más que lo pensaba sentía que tenía que estar contigo.
– Tenía que hacerlo. – Le enseña el brazo ensangrentado, sin embargo ya no tiene herida abierta. – Es... es difícil de explicar.
Es un lugar lúgubre y Giorno se ve aterrador, eso no evita que le agrade tener a Giorno donde le tiene. Le agrada lo suficiente para rodear su cintura y no soltarle.
– Creo que he escuchado a Fugo. Te sacaré de aquí e iremos con él y el resto.
Sobra agregar que está prácticamente sobre Mista, su aliento muy cerca de su cuello.
– Si, él también vino. Eres nuestro amigo antes que nuestro Don, no te íbamos a dejar solo.
Le gusta estar encima de Mista, pero sabe que debería primero sanarle la herida y salir de ahí para buscar a Fugo. Por otra parte, confía en que Fugo es autosuficiente y que unos minutos sin su presencia no harán diferencia.
– Aprecio su preocupación, en verdad lo hago. Pero estoy bien, muy a diferencia tuya.
– Fue un golpe pequeño, sólo necesito un par de minutos.
Uno le susurra a Giorno al oído que se fracturó la espalda.
– Claro, un golpe pequeño.
– ¡Qué estoy bien!
– Vamos, deja curo esa herida y salimos de aquí. Hay algo que quiero enseñarles. – Por supuesto, su preocupación es recompensada con un fugaz beso en los labios.
– Esta bien. Después de todo este lugar no es muy romántico. Giorno ¿qué estabas haciendo? Aquí enterramos a los chicos...
– Por eso mismo vine hasta aquí, Mista.
Sus manos están frías, pero eso no evita que las deslice por encima del pecho de Mista, hacia los costados y de ahí a su espalda. Habla mientras usa su habilidad para reparar el daño en su espalda.
– Yo... los traje de vuelta.
A Mista le gusta cuando Giorno le cura, hay una sensación cálida en las partes de su cuerpo que sana. Eso no ha cambiado pese a su naturaleza.
– ¿Traer de vuelta? Pe–pero Giorno, ellos están muertos y tu dijiste… ¿Cómo? ¿Porqué ahora y no antes? Giorno, ¿Me tomas el pelo porque soy muy tonto?
No le toma el pelo, pero si su estupido gorro apestoso.
– No tenía el poder suficiente para hacerlo. – Aun después de haber sanado las heridas de Mista, Giorno se mantiene sobre el. – Ahora lo tengo, aunque Abbacchio se ve molesto porque lo haya traído. Pero bien, no puede quejarse, ahora su naturaleza combina con su estética.
Giorno esta hablando de algo muy serio y al inicio no le creyó; no tiene razón para seguir dudando de su Don.
– Mas pálido ya no puede verse. – Así que no es la incredulidad lo que le hace reír, sino la imagen de Abbacchio como vampiro.
Giorno no sabe como va a reaccionar Mista, sabiendo lo supersticioso que es. El escucharle reir de la ridiculez de la situación le alivia.
– Él menos que nadie puede reclamarme. - Le sonríe, le besa de vuelta y a ese beso le siguen muchos más. – Nadie se queda atrás, no importa cuanto tiempo me tome.
– Ya sabe como es, seguro estará furioso un rato pero eso es bueno ¿No? ahora esta vivo, si estuviera muerto no podría estar enojado con todos. – Pone sus manos en el rostro de Giorno, es su turno de besarlo. – Eres un buen líder, Giorno, sabes que vamos a seguirte aun después de la muerte.
Y le encantaría quedarse ahí con Mista, aun si es un lugar algo mórbido. Se ve obligado a quitarse de encima, ofreciéndole su mano para levantarlo.
– Tomaré tu palabra, Mista. Pero espero que eso no sea necesario en algún futuro cercano.
Giorno no suelta la mano de Mista. La otra mano la pasa sobre la tierra que les rodea; de esta brota un árbol cuyas ramas llevarían a ambos de vuelta a la superficie.
– A veces resulto herido pero no me voy a morir, Giorno, también van a necesitar aliados humanos ¿No?
– Siempre me tendrás para curar tus heridas.
Para eso y muchas cosas más. Preferiría convertirlo para así tenerlo a su lado por siempre, pero opta por respetar sus deseos.
A su tiempo, le dará la opción que él no tuvo.
El 4 es de mala suerte, el martes 13 no tomes barcos ni botes, no pases debajo de escaleras ni junto a gatos negros, la sal no se tira porque es de mala suerte, cuidado con los espejos rotos. Mista cree en esas cosas y que Giorno y sus amigos sean vampiros se contrapone con todas las superticiones.
Y podría temerles como le temió a Giorno al verlo asomarse a la tumba. Pero él esta más cerca de ser un dios a un demonio, y Mista le ama. Giorno protege Italia, trajo de nuevo a su familia, la vida brota a su alrededor ¿Y qué si necesita sangre para vivir? El le daría la suya si fuera necesario. Giorno es una fuerza del bien.
Salen del hoyo en la tierra y siempre tomado de las manos, le soltaria hasta encontrarse con el resto solo para correr y abrazar a Bucciarati y compañía; y que va, tampoco Giorno se hace del rogar.
Fugo no tarda en llegar al lugar de donde proviene el grito. Lo primero que ve es el cuerpo del cuidador ensangrentado, a Dio presente y...
¿Acaso esta viendo cosas? No, es imposible.
– ¿Na-Narancia...?
El usualmente iracundo Fugo está en shock. De pronto todo todo a su alrededor carece de sentido. Tembloroso, pasa de largo tanto el cadaver como a Dio. Narancia se acerca y grita su nombre jovialmente, aventándose para darle un abrazo.
Fugo lo recibe con un puñetazo en la cara. Narancia le reclama por el puñetazo. Pasa la lengua por su boca, muy para su horror, le ha tumbado un colmillo. Tampoco pasa mucho tiempo antes que abrace a Narancia. Le apena, oculta su cara para que no le vea, pero su cuerpo tembloroso y los sollozos le delatan que está llorando.
– Ten un poco de respeto por los muertos, Fugo.
Por lo menos ahora saben que Fugo seguía con ellos y siendo el mismo de siempre. A Abbacchio le asusta darse cuenta que podía percibir su aroma y darse cuenta que no era como ellos.
Una breve observación le da contexto de lo que sucede: ese hombre que se parece a Giorno, Narancia y el cadáver… la boca ensangrentada delata a Narancia aun si quisiera culpar al desconocido.
Al final ni acusaciones ni gritos, antes de que se de cuenta esta sobre el cadáver todavía tibio bebiendo su sangre que le sabe a gloria.
Bruno tiene las mismas sospechas que Leone, aunque no desea creerlas. Si, han pasado por cosas extrañas, ellos mismos tienen habilidades que la gente promedia carece. ¿Pero revivir de esa manera? ¿Tener esa sed inexplicable?
Aquella escabrosa confirmación le llega al encontrarse con Narancia y el cuerpo ensangrentado. Bruno siempre ha sido el más medido del equipo, por una buena razón fue el lider hasta hace poco -o lo que él considera ha sido poco tiempo.
Lo que es un hecho, es que al igual que Abbacchio, pronto se lanza sobre el cuerpo a terminar lo que quede de sangre.
Fugo tiene demasiadas preguntas, pero está lo suficientemente perturbado como para hacerlas.
– Quien lo diría, al fin has cumplido con tu estúpida estética pseudo-gótica, Abbacchio. – Responde tras separarse de Narancia, limpiándose la cara.
Son vampiros, Giorno los convirtió en vampiros, eso quiere decir que él mismo es un vampiro.
Leone va a matar a ese mocoso rubio.
Un cuerpo para tres vampiros es muy poco pero mitiga la sed lo suficiente para concentrarse en sus alrededores y en comentario tan atinado de Fugo, claro que Abbacchio levanta el rostro con la boca manchada de sangre y se le nota la poca gracia que le ha hecho el comentario.
– Ser gótico no significa que pretendía ser un vampiro, Fugo. – Se talla la boca, le da asco lo que ha hecho, no es un animal. – Voy a matar a Giorno.
– No entiendo porqué mi hijo decidió devolverlos a este mundo, solo de verlos en ese momento me resultan decepcionantes.
– ¿Quién es este difettoso?
– Dio Joestar. Giorno es mi hijo, antes de tocarlo tendrán que pasar a través de mi.
Arrogante y odioso como él solo, no tiene ni fuerzas para pelear pero se pone frente a Abbacchio mostrando a The World que sin duda su tamaño siempre resultará imponente.
No es que Dio le haya nacido un amor sincero por su hijo; pero es suyo al igual que Jonathan y nadie rompe sus cosas.
– Con gusto.
Leone sigue las provocaciones, Moody Blues aparece a su lado. Parecen un par de perros ladrandose el uno al otro.
– Es muy pronto para matar al Don en turno, Abbacchio. – Fugo se separa de Narancia, su traje ha quedado igual de manchado de sangre. – Ademas... me alegro que estén aquí.
– Y tú también regresaste, Fugo.
Por más supuesto padre de Giorno que sea ese sujeto, Bruno no aprecia que amenacen a los suyos. Y como Capo que se respeta, se prepara para la pelea de ser necesario, Sticky Fingers aparece detrás suyo.
– ¡Dio! – Jonathan ha llegado en el mejor momento para interrumpir el posible pleito. – Dio, no es momento para pelear con los amigos de Giorno.
– No les haré mucho daño, Jonathan, sólo el suficiente para que aprendan a respetarme a mi, Dio.
A lo mucho puede confiar en usar la habilidad de The World para dar el primer golpe y seguramente desmayarse luego, alardeaba de un poder que no tenía-
– ¿Y si mejor no recurrimos a la violencia? – Porque puede ver que Dio no está en condiciones pero no se lo va a echar en cara.
– Tan ingenuo como siempre, JoJo. Queriendo arreglar las cosas con palabras.
Necesitaba un pretexto para no entrar en esa pelea, así que se calma. No lo admitirá pero le debe una a Jonathan. Al final The World desaparece.
Jonathan lo tomará como una muy pequeña victoria. Esa es la irrefutable prueba de que Dio si le hace caso a Jonathan aun sino lo admite.
El olfato de Abbacchio no le engaña, esos dos también son vampiros.
– ¿No pretenderás que le agradezca a Giorno por traernos? Yo no se lo pedí. – Leone le responde a Fugo, pero su atención esta en Dio, cualquier movimiento en falso y no dudará en atacar.
– No, pretendo que tengas un poco de sentido común y aguantes todo impulso de dañarlo. Es nuestro Don ahora y le debemos lealtad.
– Fugo está en lo correcto, Abbacchio. Yo dejé a cargo a Giorno, así que si has de culpar a alguien es a mi.
Y con eso Bucciarati tiene en jaque a Abbacchio. No le hace feliz pero tampoco dice nada, él gana y de momento no va a intentar matar a Giorno. Eso no evitará por supuesto que sea un culo con él.
– Somos unos traidores ¿Y me vas a venir a hablar lealtad, Fugo? – Su atención se centra en Bruno. –No te voy a culpar a ti, Bucciarati
– Si no me vas a culpar a mi entonces no hay nadie a quien culpar, Abbacchio. – Y no va a discutir más sobre eso.
Muy de mala gana, Leone termina por bajar la guardia y Moody se desvanece, su lealtad es hacia Bruno y nadie más; para su horror si él sigue a Giorno, tendrá que hacer lo mismo.
De los presentes, Fugo es quien menos derecho tiene de reclamar sobre la lealtad y eso lo sabe muy bien. Hizo un pacto y le entregó su vida a Giorno, no hay forma en que pueda traicionarlo a menos que desee morirse; aunque por lo visto ni la misma muerte parece ser un obstáculo para el lider de Passione.
No sabe si eso debería asustarle o no.
– ¿Cuánto tiempo estuvimos...?
– Poco más de un año.
– Espera— ¡¿Estábamos muertos?! – Narancia apenas se viene a enterar de lo ocurrido.
– Y sigues siendo un imbécil. – Un imbécil que le alegra tener de vuelta. Fugo se promete a si mismo no ser tan explosivo con Narancia. Hará el intento.
– Un año… tienen mucho que explicarnos para ponernos al día y también necesitamos respuestas sobre esto – señala el cadáver del cual han bebido. – ¿Esto es lo qué nos espera? Esto no cuenta como estar vivo.
– Podemos preocuparnos por eso después; tenemos que deshacernos del cuerpo.
– Que conveniente que estamos en un cementerio.
Abbacchio bufa y toma el cuerpo, no pasa desapercibido que se siente mucho más fuerte que antes de morir.
– Yo me hago cargo, pero este crimen no va a ser ignorado, aunque ocultemos el cuerpo. Felicidades, Passione no ha cambiado en nada.
– Te equivocas, las cosas han cambiado mucho en este último año.
Pero una cosa es lidiar con que Giorno necesite sangre, a tener cuatro vampiros en un sólo lugar. Fugo en verdad quiere creer que Giorno sabrá mantener las cosas bajo control como lo ha hecho todo este tiempo.
Abbacchio se pierde en la oscuridad del cementerio, volvería luego de ocultar el cuerpo. Fue policía y sabía no dejar cabos sueltos pero en ese crimen algo se escaparía, al final lo único que mantendría las cosas en paz sería un buen soborno del nuevo Don.
'El camino al infierno esta lleno de buenas intenciones', piensa.
Agradece tener una oportunidad de estar más tiempo con Bruno pero el precio puede ser muy grande para ellos.
El tiempo es algo que a ellos les va a sobrar. Bruno no sabe si eso es en realidad algo bueno o no, considerando las circunstancias que van con todo ese estado. Dio tampoco le inspira confianza. Se pregunta hace cuanto que apareció en la vida de Giorno, aquello le parece terriblemente conveniente.
Leone se reune con Bruno y el resto. Para entonces aquel hombre que presume de ser padre de Giorno les explica sobre su nueva naturaleza como si les hiciera un favor.
Lo va a odiar tanto como a Giorno.
– Mi hijo puede disfrutar del sol pero ustedes jamás podrán verlo de nuevo.
A pesar de su desconfianza, Bucciarati le escucha con la misma atención con la que hacía al recibir instrucciones del jefe.
Cosa que sería mucho mas fácil si Narancia no le interrumpiera en todo momento.
– ¿Porqué Giorno si puede salir a la luz? ¿Es tan necesaria la sangre? Ni siquiera me gusta tanto la carne...
– Si no te callas juro que te vuelo el otro colmillo.
– ¡Cierto! ¿Me van a crecer de nuevo? Porque si no entonces Fugo me debe ayudar a encontrar— – Y dicho y hecho, ahi va otro puñetazo.
– Narancia, Fugo, basta con los dos. – Eso es suficiente para que el par deje de pelear.
Dio aprende mucho de las interacciones del grupo. Sabe que Abbacchio no le va a caer bien y que debe cuidarse del hombre llamado Bucciarati, el más pequeño es un idiota como el apestoso y el que se hace llamar Fugo también le resulta de cuidado, pero ese explosivo carácter sin duda es una debilidad de la cual puede sacar provecho.
– Es necesaria, tampoco se hagan mucha ilusión, la comida no les va a saber a nada de ahora en adelante y si, nuestros cuerpos se regeneran a una velocidad sobrehumana. – Mientras habla se apoya en Jonathan, prácticamente recarga todo su peso en él porque ya no puede ni estar en pie.
Dio no es del tipo que respondería pacientemente pero intenta resolver las dudas del más bajito, no es que sean muy claras, de Giorno sólo puede decir que su concepción fue "especial".
Y entonces su hijo les encuentra junto con su mascota apestosa. Hace una mueca de desagrado ante el abrazo del grupo, es un hombre celoso y no le gusta compartir sus cosas. Un día dejará de considerar a Jonathan y a Giorno cosas de su propiedad pero ese día no será hoy.
Mista llora de gusto mientras abraza a sus amigos recién sacados de sus tumbas.
Muchas cosas pueden cambiar en poco tiempo. Giorno fue "adoptado" por Bucciarati y en una semana todas sus vidas cambiaron radicalmente. Asi que si, puede que Giorno haya encontrado a su familia (o que ellos le hayan encontrado), pero para entonces él ya tenía una a la cual no cambiaría por nada.
A Jonathan le anima ver que su hijo no salió nada mal.
Abbacchio no pretende unirse al abrazo, sólo hace una mueca de asco y le dice a Mista que ahora que sus olfatos son más sensibles se bañe más seguido.
– ¡Si me bañé!
– Entonces manda a lavar tu jodida ropa.
– Yo no tengo problemas con el olor de Mista. – Giorno defiende el honor de Mista, prácticamente se le cuelga de los hombros, restregando la nariz contra su cuello.
– ¡Aha! ¡Sabía que ustedes dos tenían algo! - Lo sospechó desde aquella vez que los vio en una posición bastante comprometedora.
– ¡Si la lavo muy seguido se va a arruinar! – Si Giorno no ltiene problemas con su olor corporal, no ve motivo por el cual cambiar. Mista se estremece mientras la naricita de Giorno se frota contra su cuello, él lo abraza. Vagamente siente la pesada mirada de Dio como una amenaza en el aire que prefiere ignorar. – ¡Aun no es nada formal, Narancia! Pero Giorno sabe que mi lealtad y mi corazón son plenamente suyos.
– Estoy seguro que no sólo eso es suyo.
– Ugh, gracias por nada, Narancia. Ahora tengo esa imagen en la cabeza.
– ¡Esperen no! ¡Giorno es menor de edad! Yo voy a esperar hasta que él este listo. – Dice nervioso, es consciente de que los padres de Giorno están ahí.
Lo que Mista no ha pensando es que Giorno esta atrapado en esa joven y hermosa apariencia para siempre. Y de todos ellos es Jonathan quien estaba por romperle las ilusiones a Mista, pero la mirada que le dedica Giorno es suficiente para hacerle morderse la lengua.
– En realidad quienes deberían cambiar su ropa y darse un baño son ustedes tres.
– ¿Has traído ropa extra?
– No, pero se puede conseguir.
– Es hora de irnos, Giorno, – Luego de la respectiva mueca de asco ante la declaración del joven enamorado de su hijo, es su turno de hablar. – No nos vamos a quedar aquí hasta que amanezca.
Giorno rueda los ojos, ignorando los comentarios de sus compañeros. Dio tiene razón, es momento de regresar a Roma. Si partían de una vez llegarían antes del amanecer.
– Esperen, aun falta Joseph. No podemos irnos sin él.
– Es un adulto, Jonathan, sabe cuidarse sólo.
– Tal vez lo encontró ese otro hombre, el amargado de la gorra.
Aquel ''amargado de la gorra'' se ha adentrado en el cementerio, buscando a sus odiosos familiares.
– ¡Ancianos! ¡Dio! – Opta por buscar a gritos a esos idiotas. – Yare yare...
Joseph en algún punto se ha separado de Jonathan; ni siquiera se da cuenta cuando su abuelo se va, él sigue el olor y pronto también la voz de Jotaro. Es un aroma inconfundible, aquella familiaridad imposible de ignorar después de tantos años juntos.
Pero también hay algo en esto. Es atrayente, como una dulce tentación, algo que sabe que no debería de hacer pero conforme se aproxima, el control sobre si mismo es cada vez más débil.
Quizá Jotaro siga muy molesto porque mientras recorre el cementerio, parte de él piensa que si algo le ha pasado al viejo no se sentirá tan mal.
– ¡Ni se te ocurra hacerme una broma como la de la ambulancia, anciano! – Advierte a la nada, como si el viejo Joseph fuese a salirle de cualquier tumba; como si en lugar de un viejo fuera un crío.
Y sí, de estar en sus cabales, Joseph le habría hecho ese mismo tipo de broma pesada a Jotaro. Pero no, en esta ocasión Joseph le acecha como si fuera su presa; porque es su presa. Puede ver a Jotaro, le sigue con sigilo; su Stand se manifiesta y con un movimiento rápido, lanza aquella enredadera hacia su nieto.
No es la primera vez que Joseph pierde el control. Ocurrió hace más de una década, cuando había atravesado los primeros síntomas de la transformación.
Había pasado días sufriendo del hambre, negándose su propia naturaleza hasta no poder más. No recuerda nada de lo ocurrido, sólo de haber regresado a casa cubierto de sangre que no era suya. Acabo llorando del horror en los brazos de Suzie Q.
Jotaro no teme el andar a solas en un cementerio; ha pasado por suficientes cosas como para temerle a algo tan mundano como eso. El cementerio no le da miedo, hasta parece un cliché barato. Más que miedo, Jotaro siente fastidio y enojo.
Eso no evita que Star Platinum se mantenga detrás suyo, y cuando el Stand de Joseph aparece su primer reacción es pelear.
– ¡ORA!
Star toma a Purple Hermit y tira de este con todas sus fuerzas para sacar a Joseph de las sombras.
Jotaro piensa que el viejo solo quiere fastidiarle.
– ¡Ya basta de juegos!
Joseph, aun en su estado, no es un idiota. Sabe que no iba a tomar por sorpresa a Jotaro, así que al ser jalado no pone resistencia; al contrario, utiliza esa misma fuerza para impulsarse hacia su presa.
Jotaro esperaba encontrarse al viejo y que este comenzara a reírse o soltarle una excusa idiota o decirle que ya había logrado que le dirigiera la palabra de nuevo.
¡Que equivocado estaba! Jotaro va a aprender por las malas a no subestimar al viejo Joestar.
Entre su fuerza y la de Joseph, lo único que logra es que Joseph acabe sobre de él y de paso caiga sobre una vieja y dura lápida. Joseph aprovecha la caída de Jotaro, sosteniéndole de los hombros con fuerza.
– ¡Déjame en paz! ¿Dónde esta el resto? ¿Qué carajo estaban haciendo?
No le va a dar las respuestas que busca, lo único que Jotaro conseguirá de parte de su abuelo es una mordida. Jotaro tiene la sensación de que le ha dado varios golpes con Star Platinum antes de perder sus fuerzas; luego ya sólo es él arañando su rostro y dando de necias patadas mientras su propio abuelo toma su sangre.
El mundo a su alrededor se desvanece, la mordida es dolorosa pero mientras más tiempo permanecen así, comienza a sentirse sedado ¿el efecto de perder sangre o algo en las habilidades de los vampiros para mantener a sus presas especiales dóciles? Jotaro mete las manos entre sus cuerpos intentando en vano alejarlo y luego aferrándose a él con lo que le queda de fuerzas como si el viejo fuera lo único que evita que se sumerja en algún abismo del cual nunca saldría.
Y jadea y el viejo Joseph conocería la sangre más dulce y profana: la de su propia estirpe, mientras crean un vínculo que nunca debió existir entre ellos.
Jotaro nunca lo va a perdonar.
Hace más de diez años desde la última vez que Joseph probó sangre fresca. Siempre ha sido cuidadoso con sus raciones, manteniéndolas en perfectas condiciones y midiendo su consumo. Nada se compara con beber directamente de la fuente. La sangre es cálida y más exquisita que cualquier manjar que haya probado en su larga vida.
Y aun con los dolorosos golpes de Star Platinum, el viejo Joestar no suelta a su presa; los arañazos en su rostro sanan casi tan pronto como le son infligidos.
La lucidez regresa a tiempo para que Joseph se de cuenta de lo que ha hecho. Se aparta inmediatamente, aterrado de si mismo y, sobretodo, preocupado por Jotaro.
Y la lucidez no es lo único que regresa. Se siente más fuerte que antes, tiene la misma vitalidad que tenía en su juventud.
– ¡Jotaro!
Su voz también suena diferente. Extrañado, ve única mano, libre de arrugas; pasa la misma mano por su rostro, sin hallar signos de su vejez.
– ¡Oh my God!
Jotaro queda tendido sobre la lápida, sin fuerzas para moverse pero con la voluntad necesaria para intentar alejar al viejo cuando se le acerca tras haber desgarrado un pedazo de su ropa para cubrir la herida.
– No me toques...
Se siente sucio y ultrajado, ya se sentía traicionado por los secretos de su abuelo y esto es demasiado. Las lágrimas se le escapan, es pura rabia lo que siente.
¡Y vaya que Joseph se ha beneficiado de él! Ni de niño le había visto tan joven, se parece tanto al otro viejo.
– Eres un monstruo.
Joseph se aparta y retrocede. Se siente terrible por lo que hizo, lo peor de todo es que aun quiere más de esa sangre, pero tiene el suficiente autocontrol para abstenerse de asesinar a su propio nieto. Sabe que su relación con Jotaro se ha ido a la mierda. Teme en cómo afectará esto al resto de la familia.
– Sé lo que soy... – Pero escucharlo venir de Jotaro es lo que más le duele. – No espero que me perdones, pero necesitas ir al hospital, perdiste mucha sangre.
– ¿Y qué les voy a decir en el hospital? ¿Qué mi abuelo me...?
Hace una mueca, quizá no es la gran cosa pero se siente extraño al pensarlo como si le hubiera arrebatado algo muy personal. Jotaro logra sentarse, se cierra el abrigo y espera que el cuello alto oculte la marca.
Quizá pueda pretender que nada pasó porque no quiere que nadie lo sepa. Claro, ¿qué va a hacer con la nueva apariencia del viejo? Eso no se puede ocultar.
– No quiero que vuelvas con nosotros. No te quiero cerca de mi, ni de mi familia, pero si te vas ahora preguntarán que pasó… – Intenta ponerse de pie, al hacerlo termina por caer pero eso no evita que haga otro intento porque Jotaro es una oda a la necedad. – Si les haces lo mismo que a mi te mataré. Cuando volvamos a Japón la abuela y Shizuka vendrán a vivir con nosotros… y te irás.
No tiene ningún plan para llevar a Jotaro al hospital sin levantar sospechas y aun si lo tuviera, su nieto muy neciamente se rehusa a aceptar su ayuda. No es como que pueda renegarle, considerando que le acaba de morder y chupar una cantidad considerable de sangre.
Nunca quiso herirlo, en todos esos años se había abstenido en hacerlo; la idea de morder a Holy, a Suzie, Josuke o a Shizuka le parecía imperdonable.
Pero entonces, ¿porqué Jotaro fue el desafortunado que ha tenido que sufrir por su sed?
Jotaro tiene razón. Es mejor que se marche, que se aleje del resto y busque su propio camino o su muerte.
– No es necesario esperar a que regresemos a Japón. Diles que, no sé; Dio me aventó por la ventana en pleno medio día o algo así.
No puede estar con ellos.
– Busca ayuda y esta vez no me sigas.
Se da la vuelta, buscando una salida del cementerio. No tiene idea de a donde irá, pero aun tiene horas suficientes para averiguarlo.
Hacía ya tiempo desde la última vez que Joseph estuvo en Italia. Tenia su tarjeta de crédito en el bolsillo así que podía quedarse en un hotel. Sólo tendría que llamarle a Suzie, le diría lo que sucedió y se despediría. Sabe que no se lo va a perdonar, ni siquiera él puede perdonarse a si mismo por eso.
Carajo, va a vivir más que Suzie. Eso nunca estuvo en sus planes y es otro motivo por el que le amarga su situación.
Y Jotaro ve marcharse a su abuelo y tiene el fuerte deseo de no verlo de nuevo, de que la mañana lo alcance en las calles de Nápoles se vuelva cenizas. Lo conoce, no es el tipo de hombre que se suicidaría, pero es un idiota, quizá si lo deja solo se perdería y no tendría dónde esconder del sol.
Jotaro piensa en su abuela y en su madre, en Josuke, Shizuka y Jolyne, el viejo es parte de la vida de todos ellos, su madre y su abuela lo adoran, Josuke, Shizuka y Jolyne aún no han pasado tiempo suficiente con él, no merecen perderlo.
Pero… honestamente no piensa sólo en ellos, cuando lo ve alejarse hasta donde la oscuridad le permite. Piensa en su padre yéndose una tarde, su madre dice que es una gira, pero la verdad se iba para no volver.
Jotaro sabe que no quiere perder al viejo, por más que le odie.
Así que Joseph no llegaría muy lejos antes de que la enorme mano de Star lo jale de la ropa. Jotaro estaría unos pasos atrás, su rostro no expresa ni amor ni odio, pero la mano del Stand es firme, no lo dejará ir.
Jotaro también se siente responsable de lo que ha sucedido. Entregó a su abuelo una maldición sin pensarlo; al igual que Giorno lo ha hecho esa noche, siendo incapaz de seguir adelante sin aquellos que amaba.
Jotaro tiene una responsabilidad con él.
– Eres más feo que en las fotografías del álbum de la abuela. – Comenta ante su nueva apariencia, intentando no pensar en lo que ha sucedido y en la posibilidad de que se repita; porque tiene esa horrible sensación y certeza que es sólo cuestión de tiempo antes que pase.
– ¿Tu que vas a saber de buen gusto?
– Tengo gustos más sensatos que tú, viejo ridículo.
– Tu estupida gorra dice lo contrario.
– No voy a recibir criticas de un viejo ruidoso y traidor como tú.
Jotaro se rehusa a soltar el agarre. Joseph ahora es quien le sostiene para evitar que caiga; Jotaro retrocede.
– Esa necedad tuya va a acabar matándote un día de estos.
– He sobrevivido a cada una de las mierdas en las que me has arrastrado, puedo con esto. Además esta vez es mi culpa ¿No es así? Yo te traje de la muerte.
– Ninguno de los dos sabía que pasaría esto. De haber sido al revés yo habría hecho lo mismo contigo.
– Yo te habría dicho la verdad y luego te habría pedido que me destruyeras.
–Y yo no lo habría hecho. Eres mi nieto, no sería capaz de matarte.
– Eres un viejo ridículo y sentimental. – Dice el hombre que tampoco tuvo el corazón para dejar descansar en paz a su abuelo.
Joseph considera el marcharse por su lado junto con Jotaro, pero al final opta por no hacerlo. Se guía por el olfato hasta llegar con el grupo.
Para Jotaro, reencontrarse con el resto resulta incómodo. No solo hay tres desconocidos más, sino que no sabe si Jonathan o Giorno sabrán lo que su abuelo ha hecho para rejuvenecer. Dio lo sabe, se le ve en la cara apenas se reencuentran, teme que el bastardo lo grite a los cuatro vientos. Jotaro no dice nada, solo pregunta si se marcharán ya.
Mista, Fugo y Jotaro llegaron en una de las camionetas de la organización, Mista se ofrece a conducir para Giorno y su familia, mientras que Fugo puede llevarse al resto, llegarían a Roma antes del amanecer.
Joseph y Jotaro se les unen. Giorno no reconoce a Joseph, no por el físico si no hasta que le llega su aroma.
Jonathan se da una idea de lo ocurrido y le reprocharía a Joseph más tarde por eso.
Mista conduce la camioneta de Giorno; él, Joseph, Dio y Jonathan son quienes irán ahí.
Giorno nota que Jotaro está débil, así que le encarga a Fugo el asegurarse de llevarlo discretamente a que reciba el tratamiento médico adecuado. También irían con él el resto del grupo. Jotaro es necio como una mula e insiste que esta bien, además no le hace ilusión irse con todos los desconocidos. Al final no tiene fuerzas para pelear y tiene que someterse, cosa que odia, a la decisión de Giorno.
El resto de los Joestar tienen un viaje más tranquilo gracias al inusual silencio de Dio. Tanto Jonathan como Joseph lo agradecen, pero eso no evita que Jonathan regañe a Joseph por haber herido a Jotaro.
A Dio se le ocurren un montón de comentarios burlones para Jotaro y Joseph pero se sube a la camioneta en silencio, dormiría todo el viaje de regreso. Estaba famélico.
– Tu papá me cae bien cuando esta callado, Giorno
– Concuerdo contigo, Mista.
Mista llevó su respectivo cargamento de vampiros a la casa de seguridad. Dio volvió a ser un problema al llegar, esta vez porque fue imposible despertarlo y debido a lo que eran no era fácil determinar si estaba "vivo" o realmente "muerto".
Iban a tener que cargarlo para llevarlo adentro.
Mista se ofrecería a conseguirle el alimento necesario para el grupo.
Si fuera por Fugo habría dejado a Jotaro tirado en el primer hospital que encontrara en el camino, pero órdenes son órdenes.
En todo el camino Narancia no cierra la boca, preguntando sobre todo lo que había pasado. Bruno tampoco le calla ya que también desea respuestas.
Fugo les cuenta lo que sucedió y de cómo fue que él regresó al grupo.
Para cuando comenzaba a amanecer en Roma, el grupo de vampiros ya estaba a salvo en la casa de seguridad de Passione. El nuevo trio de vampiros descubriría que además de la sangre, también necesitaban dormir como cualquier otra criatura. Abbacchio se fue a dormir con Bucciarati ¿con quién más tendría confianza sino con él?
Jotaro pasaría el resto de la noche en el hospital y luego se iría antes de que lo diera de alta, quería llamar a Kakyoin pero de hacerlo tendría que haberle explicado lo sucedido y no podía hacerlo.
Eso si, cuando llegó al departamento, Josuke ya había arreglado la puerta, lo primero que hizo fue buscar al pelirrojo y abrazarlo sin dar grandes explicaciones.
