Atención, cariñas. Hay porno más adelante, disfrutenlo (o esperen al siguiente capítulo, como prefieran.)
Jotaro pasó un par de horas en el hospital. Con un buen soborno por parte de Fugo, habían asegurado el silencio del doctor en turno y con otro soborno Jotaro aseguró el darse de alta antes de tiempo.
Al llegar de vuelta al departamento, Jotaro encontraría a Kakyoin recostado en la sala. Le había esperado despierto toda la noche hasta caer del sueño. Jotaro se acuesta a su lado, pasando un brazo por su cintura y recarga su barbilla en su hombro.
– Kakyoin… ¿Me estabas esperando?
Kakyoin se mueve un poco al sentir el peso de Jotaro a su lado. Apenas entreabre los ojos y se sostiene de él.
– Estaba... pero creo que me quedé dormido.
– Esta bien, deberías de estar en la cama en cualquier caso.
– La cama se me hace tan lejana en estos momentos. – Además, está bastante cómodo teniendo a Jotaro a su lado.
– Puedo llevarte – cargando sin duda, aunque no sabe como se han distribuido las pocas habitaciones.
– Puedo caminar por mi cuenta, pero con gusto te llevo a mi habitación. – No quiere sonar como una propuesta indecorosa, pero es imposible no hacerlo.
– Sé que puedes pero yo puedo llevarte en mis brazos, he querido hacerlo desde hace mucho.
Sea una propuesta inapropiada o no, él quiere ir a su habitación, quiere el consuelo de su compañía y su cariño que tanto se negó.
– Eso lo dices sólo porque eres más alto que yo. – Se cruza de brazos, no le va a negar el capricho. – ¿Cómo salió todo?
– Todo salió bien; pero ese niño, el hijo de Dio… yo no puedo juzgarlo. – Balancea la idea de decirle la verdad pero tal vez es algo con lo que no merece cargar Kakyoin.
– ¿Qué fue lo qué pasó? Tardaste mucho en regresar.
A excepción del asunto de Joseph, le cuenta que Giorno revivió a sus compañeros como el revivió a su abuelo… más o menos, no llegó para saber como lo hicieron, sólo sabe que Dio estuvo involucrado y lo poco que averiguó sobre ese grupo antes de ir a parar al hospital.
– Espera— ¿Porqué fuiste al hospital? ¿Dónde está Joestar san?
Tampoco le dice porqué acabó en el hospital.
El sueño se le ha marchado, le parece más importante lo que Jotaro le cuenta de lo sucedido en el cementerio. Todo eso le suena como si fuera una película de horror.
– Tuve un pequeño accidente en el cementerio. El viejo debe estar con el otro anciano en la casa de seguridad, tengo la dirección, iré por ellos cuando anochezca.
– Espera, Jotaro— ¿tuviste un accidente?
Su semblante cambia inmediatamente a la preocupación. No cree que haya sido solo un accidente, conoce a Jotaro suficiente para saber que debió ser algo más; además estando Dio involucrado le hace ser tal vez un poco paranoico.
Pero en lugar de responder, Jotaro prefiere tomar en brazos a Kakyoin y esperar que le guíe hasta su cuarto. No habla del accidente pero n puede ver un vendaje alrededor del cuello del biólogo, apenas sobresaliendo entre el cuello de su ropa.
Kakyoin se deja llevar, dirigiendo a Jotaro hacia la habitación que no tendría problema alguno de compartir ese día y los siguientes que permanezcan en Roma. Kakyoin le parece ligero como una pluma, Jotaro lo carga con facilidad y al tenerlo entre sus brazos se olvida de lo grotesca que fue esa noche.
Como es de esperarse, su única sospecha es que Dio le atacó, pero le extraña que Jotaro no haya dicho nada sobre eso. ¿Y acaso Jotaro culpará a Dio si es necesario? Sin duda, no sentiría ni un poco de remordimiento. Además, con suerte así lo aleja de su familia.
Por si las dudas, al llegar a su cama, Kakyoin se asegura de buscar algún implante en la cabeza de Jotaro, muy para molestia de este.
– Ya basta, Dio no me ha lavado el cerebro. Ya te dije que fue un accidente.
– Un accidente en el que casualmente acabaste con una herida en el cuello.
– Si.
El pelirrojo deja de buscar el implante, porque no encuentra ninguno. Eso no evita que siga preocupado; la cercanía que ha tenido Dio con el resto de la familia es preocupante y teme que eso no vaya a cambiar pronto.
Kakyoin podría seguirle interrogando, pero Jotaro da por terminado el tema y no quiere molestarlo más. Claro, eso no significa que no vaya a dejarlo pasar. Tal vez le pregunte a Joestar-san cuando lo vea.
Spoiler: Probablemente el viejo culpe a Dio. O Kakyoin llegue a esa conclusión por su cuenta. Sea cual sea el caso, alguien acabará golpeado por una lluvia de esmeraldas. Por primera vez Dio no hizo nada malo y va a pagar por ello. La vida no es nada justa y por eso él prefiere no ser bueno; no se gana nada con ello.
Jotaro prefiere cambiar el tema, cualquier otra cosa para no amargarse (aún más) la noche.
La cama es amplia, suficiente para los dos y Jotaro no va a desaprovechar. No es un maestro de la seducción, su habilidad para seducir es tan buena como la de una roca, pero ahí esta, intentando distraer a Kakyoin dando toscos besos en su cuello.
Kakyoin no le hace a un lado. Sus manos pronto acarician su cuerpo, pasando detrás de la nuca hacia su cabello para tirarle su gorra.
La gorra blanca va a parar al piso– técnicamente es la mitad de una gorra. Jolyne suele cortarlas, decorarlas y él las sigue usando así. Después de la gorra, lo siguiente que para en el suelo es el abrigo y la camiseta mientras Jotaro se sienta sobre de él.
– Kakyoin…
Star Platinum se manifiesta, sus manos se dedican a recorrer el cuerpo de Kakyoin y desabrochar su ropa, las manos de estar son tan toscas como las de Jotaro, no sería una sorpresa que algunos botones salieran volando o cierres se rompieran. Con esa fuerza su traje queda arruinado, pero eso carece de importancia, puede pedirle a Josuke que lo repare más tarde.
Kakyoin ha imaginado ese momento de muchas formas. Ahora se da cuenta que las manos de Jotaro no son delicadas ni tampoco las de Star Platinum.
– No sabes cuanto he querido esto...
– Tal vez tanto como yo lo he deseado, eres lo único en lo que he soñado desde hace años, Kakyoin.
Jotaro es un desastre, es frío como el ártico y no es precisamente el amante consumado que podría ser. Es el tipo de hombre aleja a la gente, no que la atrae, todavía le parece un milagro que Kakyoin no hubiera huido hace años.
Las manos de Star se esfuman y vuelven a ser las de Jotaro las que sostienen su rostro mientras le besa en los labios, las que pasan por su cuello y sus hombros; son sus dedos los que se deslizan por su pecho hasta su vientre. El Stand no le ha dejado más que la ropa interior mientras que Jotaro aun permanece con los pantalones puestos.
Jotaro es demasiado frío y Kakyoin no suele hablar sobre sus experiencias. Pero parece que ambos irán acoplándose conforme avance su relación. Ahora su atención está en que Jotaro por algún motivo aun tiene los pantalones puestos.
Eso es injusto.
Así que mientras Jotaro se dedica a besarle y manosearlo, Kakyoin muy sutilmente le desabrocha el pantalón para bajárselo de poco a poco. Jotaro se relame los labios, por nada del mundo detendría las manos de Kakyoin en ese momento. Bajo su pantalón se nota el bulto de su miembro, ha pasado tantos años deseando a Kakyoin.
Jotaro descubre que se siente como un adolescente caliente y inexperto.
– Es la primera vez que estoy con un hombre. – Confiesa en un susurro, avergonzado de lo ridículo que debe sonar eso para un hombre de su edad. Se pregunta si Kakyoin habrá estado con otros, con amantes más experimentados, él era un hombre hermoso, ¿Quién no desearía estar con él?
Jotaro acarició sus piernas, inexperto o no, sus manos fueron subiendo hasta sus nalgas, no fue mucho de pedirle permiso para meter las manos dentro de sus boxers.
– Entonces seré gentil contigo. – Sus manos se detienen al bajarle el pantalón, tanteando el bulto debajo de la ropa interior. Su toque, a diferencia de Jotaro, no es tosco y sabe como meterse por debajo de la tela para masajearle la entrepierna.
Su experiencia no es amplia, pero ha llegado a tener amantes de ambos sexos. Su trabajo a veces tiene sus ventajas aunque preferiría llevar a Jotaro a sus exposiciones. Jotaro solía ver todas las exposiciones de Kakyoin en Japón, nunca se había atrevido a ir como su acompañante por miedo a ser demasiado evidente, al fin y al cabo Kakyoin era una figura pública, ¿Qué dirían si el mismo hombre iba con él a todos lados?
– Espero que lo seas… – Una risa suave y dulce sale de sus labios. Toma su barbilla con su dedo pulgar e índice y vuelve a unir sus labios. – Enseñame todo lo que sabes, por favor
Puede enseñarle lo que sabe y también podían aprender sobre la marcha.
Como ahora Kakyoin aprende de los demandantes besos de Jotaro y de como reacciona su pene con sus caricias.
Esa es la primera vez que escucha a Jotaro reir de esa forma; es un sonido tan... tan dulce y extraño viniendo de alguien como Jotaro. Es algo que Kakyoin va a recordar siempre.
Jotaro gruñó, su pene semierecto daba gustoso la bienvenida a la mano de Kakyoin. Jotaro muerde sus labios, su lengua hace suya esa boca y la recorre a placer.
Siempre ha sido un hombre bruto y demandante y los años no lo han calmado tanto.
De nuevo vuelve a hacer trampa usando a Star para bajarle la ropa interior de un tirón. Tarde o temprano Kakyoin sentiría dos pares de manos acariciandole.
Los Stands tienen una gran variedad de usos y si algo que el pelirrojo notó en su experiencia en Morioh, es que muchos de sus usuarios los utilizan para cosas más mundanas.
Star Platinum es un Stand de corto alcance, eso le da a Jotaro una fuerza impresionante y gran precisión en sus ataques. Y parece que también puede utilizarlo en formas mucho más eficientes como lo hace ahora.
Kakyoin salió de casa sin avisar para embarcarse en aquel viaje; sus padres pensaron que había huido de casa. No quiere imaginar cómo habría sido de no haber regresado. La vida por alguna razón le dio una segunda oportunidad. Ahora está ahí con Jotaro encima suyo después de tantos años de conocerse y Kakyoin no podría haberlo preferido de cualquier otra forma.
Muchas de las obras que Kakyoin ha expuesto son basadas en sus propias experiencias; recuerdos e incluso pesadillas que ha tenido a lo largo de todos esos años desde su viaje a Egipto.
Pero su arte no es lo único que plasma aquellos recuerdos, su cuerpo aun conserva varias de esas cicatrices; desde las que adornan sus ojos, hasta la mas grande que se encuentra en su abdomen, provocado por ese golpe casi letal por parte de Dio.
Una buena razón para no tener a Dio con ellos es por Kakyoin, ese miserable bastardo le hizo mucho daño y estuvo a nada de perderlo para siempre, fue suerte que siguiera con vida cuando le encontró. No habría podido volver a Japón sin él.
Jotaro sabe que no va a poder deshacerse de Dio de inmediato, esta vez no dependerá de la fuerza física. Así que mientras ese maldito les ronde, Kakyoin no saldrá de su vista. Las cicatrices de sus ojos son un terrible recordatorio pero ver la enorme cicatriz en su abdomen. Jotaro se toma un momento para pasar sus dedos con solemnidad sobre esta.
''Voy a cuidar siempre de ti'', piensa Jotaro imaginando que al volver a Japón vivirían juntos, los tres; como debió ser desde un principio en lugar de reprimir los sentimientos que tenía por él. Los ochentas fueron una época de liberación y en lugar de aceptarse, Jotaro solo se reprimió más.
Visto así le debía más de una década de atenciones a Kakyoin.
Jotaro acabó por recostarse encima de Kakyoin, entre besos y gruñidos. Se frota contra su mano y su pierna; Kakyoin es todo un regalo para él, sus manos y las de Star han recorrido todo lo que han podido con torpeza y bastantes ansias y las de Jotaro han culminado en la polla de Kakyoin. Le toca como a él le gustaría ser tocado, también aprende de las manos del mismo Kakyoin.
– Quiero que lo hagas con tu boca. – No especifica qué, espera que Kakyoin logre entenderle.
Más que una petición, lo de Jotaro suena como una orden. Kakyoin no se considera alguien sumiso y en esas ocasiones que ha tenido algún amante casual suele estar arriba. Pero con Jotaro es diferente, con él puede darse ese pequeño lujo de someterse.
Por su lado él ya está duro, y la continua fricción entre ambos cuerpos hace que su rostro se ponga tan rojo como sus aretes de cereza.
– No puedo hacerlo con la boca si estas sobre de mi, Jotaro. – Responde, sosteniéndole de la cadera para darle un leve empujón.
Jotaro: Lo siento -le dice mientras se acomoda a su lado, boca arriba, con su erección lista para él. En el proceso peina sus cabellos y besa sus manos, no es famoso por su delicadeza pero ahí esta el pobre y brusco hombre demostrando ese cariño que lleva décadas guardado.
Hay historias donde Kakyoin nunca regresa a casa, otras donde nunca se libera del control de Dio; hay universos donde ninguno de los Crusaders regresan de Egipto, donde Holy Joestar y Josuke Higashikata mueren de la fiebre provocada por el despertar de sus Stands; donde la victoria de Dio es absoluta y el linaje Joestar se extingue como una flama en el viento.
En un universo alterno Jotaro todavía se despierta por la noches acechado por la culpa de la muerte de Kakyoin y el dolor de sus padres al no saber que fue de su hijo. Fue imposible para ellos explicar las razones de su muerte.
Jotaro no sabe cuán afortunado es en este momento. Esta es, sin duda la mejor versión posible de la historia, aun manteniendo a Dio con vida.
Y es en esta vida donde Jotaro se disculpa por algo tan simple como el estar arriba de Kakyoin.
– Shh, no digas más. – Le susurra con amor.
Se desliza poco a poco hacia abajo, sin cortar el contacto visual con Jotaro. Se detiene al quedar con la cara a lado de su pene; estando ahí es cuando su boca se encarga del resto, primero pasando la lengua desde la base hasta la punta y después engulliendole.
Jotaro no tiene ningún problema en aprecias cada detalle de los actos de Kakyoin, sus ojos azules, siempre fríos e indiferentes, irradian un brillo tan poco común en él. Está nervioso como nunca lo estuvo frente a cada batalla que tuvieron; está feliz como no lo ha estado en años. Jotaro levanta la cadera hacia la boca de Kakyoin cuando su miembro es engullido, sus manos se aferran a la cama ¿Cuándo fue la ultima vez que disfrutó de una simple follada?
Probablemente antes de que naciera su hija.
Si, Kakyoin hace ese mismo movimiento de lengua con la polla de Jotaro. De algo debe de servir juguetear con las cerezas.
Y pensar que en un inició le descolocó la forma en que Kakyoin movía la lengua y ahora esta ahí conteniendo gemidos de puro placer y retorciendo su cuerpo. No iba a mentir, era una fantasía recurrente en su mente, se lo imaginaba en el auto, en su cama, en la ducha, hasta en su oficina.
Solían ser él y su imaginación todo el tiempo y los sentimientos de culpa que venían después.
Kakyoin también había fantaseado con tener a Jotaro debajo suyo. Mayormente cada vez que le visitaba a su estudio privado en Morioh. Deseaba ponerlo contra su mesa de dibujo o contra un caballete y tomarlo; jalar de su cabello, escuchar la dulce sinfonía que sus gemidos provocan.
Su cuerpo tiembla, un vergonzoso gemido se escapa de su boca cuando la lengua le Kakyoin, - aún piensa en el asunto de las cerezas - pasa por la sensible piel de su polla; se muerde los labios, lo que menos quiere es despertar al resto de su ruidosa familia.
Los ama pero en ese momento no quiere pensar en ellos, ese momento solo es de Kakyoin y suyo. Es hasta un alivio pensar en el viejo lejos de él.
Le encanta escuchar los gemidos de Jotaro, y si fuera por él se encargaría de hacerle gritar su nombre. Pero sabe que tiene al resto de la familia cerca y sería incómodo que alguien irrumpiera en la habitación.
Si Jotaro usa a Star Platinum, entonces Kakyoin no siente culpa alguna al usar a su Hierophant Green; solo que a diferencia del primero, él no es un descarado. Mientras Kakyoin sube y baja a lo largo de Jotaro, el Stand usa sus "tentáculos" para sostener a Jotaro de las muñecas y los tobillos.
– Espero ser el primero con el que usas tu Stand. – Como es de esperarse, no han pasado desapercibidas las acciones de Hierophant pero no lucha (demasiado) contra las ataduras.
Aún tiene las manos libres de Star que le iban a servir para masturbar a Kakyoin. Kakyoin arquea la espalda, las habilidosas y precisas manos de Star se sienten maravillosas sobre su piel.
Si lo pensaba, era mucho mejor usar sus Stands para eso que para la batalla.
– El único con quien vale la pena... – Responde sacándose la polla de la boca.
Hay un amargo recuerdo con eso que prefiere quitarse de la cabeza. Un recuerdo que es acompañado por una sensación de molestia en el cuello, una vieja herida de años atrás que se rehusa a ser ignorada, por más que se cubra con el rojo cabello.
Cuando a Dio se le ocurra abrir la boca y hablar sobre su íntima relación con Kakyoin, ya se pueden esperar el desastre total. Jotaro va a matar a Dio a golpes… de nuevo. Pero lo último que se le ocurre a Jotaro es que Dio mancilló con sus sucias manos a Kakyoin. Su perfecto y hermoso pelirrojo, el amigo de toda su vida y de ahora el adelante su pareja, su verdadero amor.
Si, hasta alguien como él puede pensar en cosas tan cursis como el verdadero amor, quizá porque se trata de Kakyoin, con él todo es más sencillo.
Los amarres en Jotaro no son sólo para sostenerlo, aquellos "tentáculos" verdes también se deslizan por sus brazos, dejando una sensación suave y húmeda por donde pasan. La sensación de los tentáculos de Hierophant le ponen la piel de gallina, Jotaro se imagina como sería tenerlos sobre su miembro.
Kakyoin sabe cual es la sensación que deja su propio Stand, ha "experimentado" con él en sus momentos de soledad así que está seguro que Jotaro disfrutaría de ello.
Escucha un ora detrás suyo, la energía que emana Star es cálida y para él sus manos resultarían bastante tangibles, Jotaro no puede tocarlo ni besarlo en su posición, pero Star puede hacer casi todo por él. Envolver su polla con su mano izquierda y con la derecha recorrer su pecho y pellizcar sus pezones bajo los propios deseos de Jotaro.
Star besaría su cuello y nuca, sus besos no son húmedos, pero a su paso deja esa sensación de calidez; tan contrastante a la fuerza desmesurada que muestra en batalla. Por lo menos de algo puede estar seguro Kakyoin, Jotaro usa a Star para todo, por ello tiene un control perfecto hasta en los más pequeños movimientos. Por supuesto nunca lo había usado con alguien de esa forma.
Kakyoin se mete el dedo medio y anular a la boca; no trae lubricante a la mano así que tiene que improvisar con lo que tenga cerca. Se encarga a humedecerlos por completo antes de abrirse paso entre las nalgas de Jotaro.
Otro ora es emitido por el Stand, quien restriega su rostro contra la oreja de Kakyoin, a pesar de cómo suele ser en batalla es una criatura muy dócil y amorosa. Una vez más se puede apreciar el reflejo que simbolizan los Stands a sus dueños. Jotaro siempre se ve serio y estoico, aun con su familia, mientras que ha visto a Star siendo todo lo contrario, especialmente con Jolyne.
– ¿Kakyoin?¿Tú vas a...? – Se tensa, su rostro enrojece como si fuese el más inocente de los Joestar. – La próxima vez lo haré yo.
– No, seguiré arriba la próxima vez. – Responde repegando su cuerpo al toque de Star, mientras que sus dedos se meten y se mueven dentro del culo de Jotaro. Quiere tenerlo bien preparado antes de tomarlo.
– No podría negarme. – Cierra los ojos, sus cuerpo se arquea cuando siente los dedos en el culo, no ha tenido tanta imaginación para hacer eso consigo mismo, lo encuentra extraño y agradable, así que el hombre que siempre esta enojado puede darse la libertad de relajarse; gime brevemente, aunque calla de golpe recordando que no están solos. – No podría negarte nada… Kakyoin...
– Kakyoin… solo hazlo…
Kakyoin va a tomar en cuenta muchas cosas de este encuentro para futuros momentos.
– ¿Hacer qué, Jotaro? – Le gusta ver a Jotaro moviendose debajo suyo y sentir a Star detrás con su constante calidez.
– Sabes muy bien de que estoy hablando, Kakyoin. – Suelta con indignación, Kakyoin le ha puesto en esa situación y ahora se hace el tonto en lugar de follarle como se debe.
Al sentir a Jotaro lo suficiente preparado, los amarres de Hierophant le forzan a mantener las piernas abiertas. Kakyoin saca los dedos y poco a poco va metiendo su polla, siempre atento a los gestos de su amado biólogo.
A lo mejor debería de usar la fuerza de Star y tumbar a Kakyoin en la cama y el mismo montar al pelirrojo, por suerte para sus obscenos deseos, empieza a sentir la polla de Kakyoin entrando en él.
Ya no se siente tan agresivo siendo penetrado, los dedos de Kakyoin fueron agradables, en especial cuando golpeaban contra su próstata y su cuerpo se agitaba de placer. El miembro de Kakyoin se siente muy grande y considerando que en su vida ha hecho algo similar.
Ahí esta el hombre más rudo de Japón apretando los dientes, evadiendo mirarle como si eso mitigara el dolor, claro que no iba a pedir que parara; oh no, no se iba a acobardar en ese momento.
– No, en verdad no se... de que hablas.
Jotaro se siente tan exquisitamente apretado, Kakyoin se toma su tiempo de disfrutar de su estrechez y a su vez dejar que Jotaro se acople a tener la verga bien enterrada.
El pelirrojo arquea su espalda, se muerde el labio inferior y con una mano se sostiene de la cadera del Jotaro mientras la otra mano le toma del pene.
Su cadera se empieza a mover poco a poco, marcando el ritmo inicial.
Le encanta escuchar sus gemidos, pero debían ser considerados hacia los demás. Así que para evitar que Jotaro se pase de ruidoso, Hierophant desliza otro de sus tentáculos por su cuello, subiendo por la muy varonil barbilla hasta meterse a su boca.
Un indignado "fóllame ya, maldita sea" pudo salir de la boca de Jotaro pero ahora tiene un tentáculo metido en la boca, el cual en un principio muerde, luego intenta chupar como si fuera la mismísima polla de Kakyoin.
Jotaro no es muy bueno en el acto, esa es otra cosa que Kakyoin debe enseñarle.
Puede que Jotaro no pueda gemir o hablar pero sus expresiones lo decían todo, iba del dolor al placer, su cuerpo temblaba, sus manos se aferraban a los tentáculos hasta que los nudillos se le hacían blancos.
Jotaro no se sintió nada culpable de acostumbrarse rápido a tener el pene de Kakyoin en su culo, se empujaba hacia él levantando su cadera, deseando que ese vaivén no se detuviera. Kakyoin memoriza cada gesto y casa gemido ahogado de Jotaro.
Algo que no se le iba a olvidar era el aspecto de Kakyoin mientras le cogía por primera vez.
Star sigue detrás del pelirrojo, pero Jotaro ha perdido un poco de concentración; aún así seguiría sintiendo sus besos adornar toda su espalda.
Su cuerpo suda, a pesar de la fría temporada del año en la que se encuentran. Las gotas se deslizan por su piel y salpican a Jotaro con cada movimiento que hace.
Gime gustoso, enterrándose cada vez con mas fuerza con cada estocada, se impulsa sujetándole de la cadera hasta enterrarle las uñas, le masturba con ese mismo ritmo.
Poco a poco el agarre de Hierophant se va debilitando. No es fácil mantener la concentración cuando tiene la polla bien apretada en el culo de Jotaro.
Y Kakyoin golpeaba exactamente en el punto que lo volvía loco y Jotaro soltaba gemidos ahogados, se retorcía y tiraba de sus ataduras. Cuando Hierophant se debilitó, sus brazos fueron a rodear su espalda, sacudió la cabeza para sacarse el tentáculo de la boca y buscar devorar sus labios, porque era eso o ponerse a gritar como un loco y despertar a todos.
Jotaro se libera pero eso no detiene el vaivén de Kakyoin. Ahora le abraza, besándole sin pudor ni pena, callando sus propios gemidos y susurrando su nombre cada que puede. Siente que el orgasmo está próximo, por mas que quisiera su cuerpo no aguanta más y sólo es cuestión de un par de estocadas mas para que acabe por correrse en su interior.
Era un placer culposo masturbarse pensando en Kakyoin y estaba muy pero muy lejos de cómo se sentía en ese momento, el clímax de Kakyoin siguió al suyo, Jotaro eyaculó entre sus cuerpos, manchandoles a ambos. Fue difícil no aullar de placer luego de tantos años esperando eso. Los besos que compartieron ocultaron los sonidos más obscenos que podrían delatarlos.
No es que tuviera que ser un secreto, aunque Jotaro no iba a ser muy bueno explicándolo a la familia.
Y con el corazón a mil, Jotaro se quedó abrazandole con fuerza, ahora ya no le besaba, solo ocultaba su rostro entre su hombro y su cuello, su pecho subía y bajaba, su cabello parecía humedecido por el sudor, como el resto de su cuerpo, como el de Kakyoin.
Quería decirle algo hermoso, perfecto, una promesa de que lo suyo iba a ser para siempre. No era muy bueno con esos detalles.
El pelirrojo jadea tras el orgasmo, su vientre ha quedado manchado con el semen del hombre que ama. Se aferra a Jotaro como si se aferrase a la vida misma, a ese hombre que le salvó en varias ocasiones y que por fin pudo admitir sus sentimientos.
Muchas cosas han cambiado desde el día en que fue mandado por Dio para asesinar a Jotaro.
Lo último que pasó por su cabeza al conocerse aquel día en esas escaleras es que Kakyoin un día acabaría eyaculando dentro de él. Lo que menos pensó Jotaro es que por años, sería el objeto de su amor y sus fantasías nocturnas.
Nunca pensó que llegarían al punto donde se encuentran ahora; Kakyoin creyó que viviría el resto de su vida viendo a Jotaro a la distancia.
Ese viaje a pesar del desastroso inicio, no pinta nada mal ahora.
Si Jotaro ignora que Dio ha vuelto y que su abuelo es un vampiro y le mordió, las cosas han salido muy bien para ellos. Su hija crece sana, Kakyoin por fin esta a su lado, Josuke será un buen hombre, Shizuka tiene un buen hogar con su abuela y el resto, todo es perfecto.
Claro que esta el asunto de la mascara de piedra y el hijo de Dio reviviendo a los muertos que le vuelve a recordar lo que hizo el mismo y que su abuelo le ha mordido.
No, no se va a joder el momento pensando en ello.
Vuelve a besarse con Kakyoin, acaricia su rostro y su cabello, repasa su pecho con sus manos y se tumba de nuevo en la cama, reposando lánguidamente, con una sonrisa que habla de total y completa satisfacción. Kakyoin puede recostarse a lado de Jotaro para dormirse de nuevo, abrazándole a altura de su pecho, teniendo su cuerpo prácticamente encima del otro empapados de sudor y semen.
Más tarde debe levantarse y fruncirle el ceño a todos pero ahora solo quiere dormir junto a un desnudo y hermoso Kakyoin.
Jotaro tiene que aprender a relajarse, su familia no va a peligrar solo porque no esté al pendiente de ellos un par de horas.
Claro que si lo piensa un poco más también le daba miedo alejarse de Kakyoin, han pasado años de lo de Egipto y aún sueña con el Kakyoin medio muerto que encontró. Solo de pensarlo lo abraza más fuerte.
Más tarde ya estaba planeando bañarse con él y quizá darle una buena mamada.
Muchos problemas por resolver les esperan afuera de ese apartamento, pero todo eso tendrá que esperar.
El mundo no se va a acabar sólo porque ellos no salen de la habitación.
