Puede que Fugo les haya puesto al día pero Leone piensa que aún tiene mucho que discutir con Bruno pero luego de bañarse y quitarse el olor a muerte se queda totalmente dormido en la cama.
Hay habitaciones suficientes para todos, es una casa grande; sin embargo Bucciarati no tiene problema alguno con compartir la habitación con Abbacchio. Eso si, necesitaba darse un baño antes y cambiarse la ropa que aun apestaba a cuerpo en descomposición.
Lo que Leone no sabe es que el olor a podrido le va a durar por lo menos una semana, su cuerpo estaba en muy mal estado. Bruno, a pesar de percibir el olor a muerte de Leone pero no parece tener problema con ello, prefiere dormir a su lado.
Tenian todo un año que compensar.
Narancia quería compartir cuarto con Fugo, pero antes de que pueda darle alcance, Fugo le ha azotado la puerta en la cara.
Al llegar, Giorno les ofrece una habitación por separado a sus padres. Jonathan decide llevar a Dio a una habitación y quedarse en la misma; Giorno no objeta al respecto.
Se puede ver que Dio está muy mal. Jonathan muy acomedido es quien cuida de Dio en su propia habitación, después de todo viene con él. Y si, sinceramente está preocupado, aun si Dio es un imbecil con él gran parte del tiempo.
No se merece la preocupación que Jonathan le profesa en ese momento. Ha sido un bastardo desde el primer momento y difícilmente cambiará.
Y a pesar de lo bastardo que es Dio, Jonathan no se separa de él en ningún momento. En todos esos años de estar juntos, jamás le había visto en tan mal estado: La piel con una palidez enfermiza, el rostro demacrado y ojeras visibles.
Dio pasó cien años dormido para no enloquecer por el hambre casi como un mecanismo de protección. Dormido en ese estado es una figura triste sin la belleza que suele tener.
Despertaría cuando el sol ya estaba en lo alto del cielo y del que estaban protegidos gracias a las gruesas cortinas de la habitación.
– Jojo.
Jonathan duerme a su lado hasta que es su voz lo que le saca del reino de Morfeo.
– ¡Dio...!
Jonathan Joestar es un idiota de buen corazón que, a pesar de toda la mierda que le ha hecho Dio, no puede odiarlo como decía hacerlo años atrás. Siente un alivio al verle despertar, le abraza con cuidado. Tal vez se ha vuelto algo dependiente a su constante y grosera presencia.
Dio no entiende a Jonathan. Pero siendo honestos, Dio no se entiende ni a si mismo; le molesta toda esa bondad que Jojo irradia y al mismo tiempo es consciente de que le hace feliz cuando se preocupa por él. Le gusta verlo sufrir y le gusta cuando le sonríe, aunque eso no sucede muy seguido, no le ha dado muchos motivos para que le dedique una sonrisa.
Jonathan es un idiota por preocuparse por él.
– No me he muerto Jonathan, no te voy a dejar en paz fácilmente...s ólo tengo hambre.
''Que idiota,'' sigue pensando pero lo ve, ahí con toda su idiotez y preocupación y se asquea al pensar cuánto lo quiere. Odia pensar que las cosas son mejores con Jojo ahí; como cuando iban al colegio y jugaban rugby juntos.
Dio acaba por darle un débil manazo en la cara.
– Conseguiremos comida, no te preocupes por eso.
Eso espera, porque él también tiene hambre, pero no desea alejarse de Dio, por más manotazos que él le de en la cara.
– Sospecho que no irás a cazar para mi. – Unos cuantos manotazos después desiste y estos se vuelven caricias pero acaba por cansarse. – Quien te viera aquí pensaría que me quieres, JoJo.
– No, creo que aún es de día allá afuera.
No es que pensara salir a cazar, después de todo el amigo de Giorno se había ofrecido a comseguirles alimento.
Y tal vez si, tal vez quiere un poco a Dio. Eso o tal vez sea Síndrome de Estocolmo.
– Entonces no quiero que salgas, quédate conmigo...
De ser posible toda la eternidad hasta alcanzar el "cielo", entonces serían ellos dos y nadie más. Pero ya no son ellos dos, esta Giorno y si Giorno existe, deben existir muchos más hijos.
No debió dejar vivir a tantas mujeres.
Dio le pellizca la nariz, cuando eran niños le hizo todo tipo de bajezas que fueron desde el desdichado destino de Danny hasta pequeñeces como quitarle su plato o ponerle el pie para que se cayera. Le gustaba jalarle la nariz cuando más concentrado estaba, buscaba su atención y luego se la despreciaba y el ciclo se repetía.
Jojo agita la cabeza y arruga la nariz. Le recuerda esos días cuando Dio buscaba distraerle se sus estudios o simplemente sacarlo de sus pensamientos. Es un gesto infantil, pero es... extrañamente adorable viniendo de él.
– Hice lo mismo que Erina. Te di un hijo, soy tan bueno como ella.
Erina… Holy Joestar se parece un montón a ella, de todo el grupo es quien no le desagrada ni un poco.
¿Para esto lo salvó Erina?
– Deberías quererme sólo por eso ¿No? Un caballero lo haría.
Por supuesto todo lo que dice en ese momento lo va adjudicar al hambre.
– Dio, ¿de qué estas hablando? Te–te aprecio mucho, a pesar de todo lo que hiciste.
Nunca había escuchado a Dio hablar de esa manera. ¿Acaso el hambre le estaba haciendo debrayar?
Le dedica una dulce caricia en la cara, le sostiene con el mismo cariño con el que sostuvo su cabeza ese fatídico día en el crucero.
Dio recordaba ese trato, el mismo que le dio aquel día en el barco, sus últimos instantes fueron suyos y de nadie más, el ultimo abrazo que dio fue a él. Su último atisbo de cariño fue para él y no para Erina.
Pero no sus pensamientos...no, ese no fue cariño, fue lástima por el pobre Dio que se había desquiciado, lástima por el monstruo como la lástima que sus palabras cargaban ahora.
"Te aprecio mucho"
¿Acaso Jonathan creía que necesitaba de su lástima? ¿Qué podía restregarle toda su magnanimidad?
Dio acaba por darle un codazo y le da la espalda, o lo intenta.
– No necesito de tu "aprecio".
Jonathan es un caballero, pero a veces puede ser un idiota bastante denso. Suficientemente denso para decirle a Dio que lo "aprecia".
El codazo no le duele, pero lo suelta para no molestarlo más.
– ¿Entonces qué esperabas escuchar de mi? Dio, yo... te quiero, a pesar de todo el mal que hiciste; sigues siendo mi hermano, crecimos juntos y morimos juntos.
Es un hecho: Jonathan Joestar es un idiota. Su noble corazón es directamente proporcional a lo bobo que podía ser.
Erina Joestar debió ser una santa si tuvo la paciencia de explicarle lo más básico de las relaciones a Jonathan.
Un hombre en la posición de Dio aceptaría el cariño que milagrosamente todavía le tiene Jonathan y se resignaría a que nunca tendría más pero Dio todavía ve un montón de condescendencia en las palabras de Jonathan.
Le siguen pareciendo miserias y hasta una burla con relación a lo que siente por él.
– Yo no te considero mi hermano.
Quizá si, más o menos, sólo quería herirlo. Si, Dio tampoco ayuda en esa situación.
– Nunca lo hiciste, ¿cierto?
Hay cierta tristeza en sus palabras y en esos ojos azules. Era algo tonto el creer que su relación con Dio mejoraría, se han hecho mucho daño mutuamente como para hacerlo.
– No, no tienes que responder a eso. Sé que nunca lo hiciste, todos esos años no fueron mas que tú fingiendo... Por un momento creí que en verdad te agradaba.
O que al menos su relación había mejorado, pero al parecer Dio siempre usó una máscara aún antes de usar la de piedra.
Pero eso es cosa del pasado. Sus vidas están unidas por el destino, ni la muerte les ha podido separar. Y su delirio reciente le confunde, mismo que se junta con el recuerdo del beso que le dió al llegar a Roma.
– Claro que estaba mintiendo, Jonathan. Solo esperaba el momento adecuado para poner en marcha mis planes ¿Porqué iba a quererte a ti? Eras un inútil mimado que nunca ganó nada por su cuenta, solo eras una molestia.
¿Porqué romperle el corazón a Jonathan cuando le amaba más de lo que Jonathan le amaría alguna vez? ¿Por sadismo? ¿Por orgullo?
¿Que es verdad y qué es mentira? Con Dio es difícil saber la diferencia. Eso no lo hace menos doloroso.
Dio aún soñaba en sus días de juventud con Jonathan, soñaba en las tardes tomando el té, las noches que se les iban en la biblioteca, sus paseos por Londres.
Jonathan y él compartieron una vida y después de la muerte como un cuerpo y ahora por separado. En un inicio Jonathan le odió por traerlo de vuelta, por haberle alejado de todo lo que conoció.
– Yo tampoco te agrado, deja de fingir que es así solo por lástima… preferirías mi muerte, Jojo. Preferirías que fuera Erina o ese hombre Speedwagon quienes estuvieran a tu lado.
– A diferencia de ti, yo no soy bueno fingiendo. – Una vez mas intenta acortar la distancia entre ellos, llegando para abrazarle por la espalda. – No te odio, nunca pude hacerlo a pesar de todo.
Dio se queda muy quieto mientras le abraza y luego de un rato que se hace eterno se gira para poder corresponderle y enterrar su rostro en el musculoso pecho de Jonathan.
– No te odio tanto...
– ¿No tanto? Pensé que a estas alturas ya no me odiabas.
– Ya no me preguntes lo que ya sabes, idiota ¿Pretendes humillarme?
– No pretendo humillarte, pero me gusta escucharte admitir que no me odias.
Jonathan no le suelta, lo mantiene abrazado, pasando los dedos por su cabello como si les peinara. Siente su cuerpo helado, pero eso es normal en ellos; lo que le preocupa es el estado en el que se encuentra.
– Tú quieres ser bueno. – Esa no es una pregunta. – Quieres ser "tan bueno como Erina;" eso mismo acabas de decir.
– "Se bueno, Dio, sólo así iras al cielo", eso decía mi madre. A mi madre no le sirvió de nada ser buena y dudo que haya ido al cielo. Sinceramente… no se si quiero ser bueno.
– Creo que esta es la primera vez que te escucho hablar sobre ella...
La primera vez hasta donde recuerda. Ahora que lo piensa no sabía mucho sobre Dio, a pesar de haber pasado gran parte de su vida a su lado.
– Nunca me preguntaste por mis padres. – Y él no es precisamente muy comunicativo respecto a su pasado, de hecho tampoco le ha hablado a Jonathan del tiempo en que sus cuerpos estuvieron unidos. De cierta forma es un desconocido para Jonathan.
– Tienes razón, nunca lo hice... – ¿Sería buen momento para hacerlo? – Ahora que lo mencionas, hay muchas cosas que no sé de ti.
Y eso es algo que le apena admitir. Así que prefiere continuar haciéndole cariños en su cabello, en vista que a Dio le gusta eso.
– Tal vez te deje preguntar. – Tal vez le responda, aquello que no le resulte muy humillante.
Dio se da cuenta que es la primera vez que alguien le dedica atenciones tan íntimas. Si bien se cogió todo lo que pudo, nunca tuvo esa cercanía con nadie en la cama, lo más cerca que estuvo de eso fue con Pucci.
Tiene que empezar a contarle a Jonathan sobre él, para empezar tiene que enseñarle a usar sus poderes aunque tiene miedo que tras saberlo se marche.
Pero ese momento tendrá que esperar. La puerta de la habitación es golpeada suavemente, Mista asoma la cabeza tímidamente, aún no ha reflexionado sobre lo peligroso que es estar en una casa llena de vampiros hambrientos.
Dio y Jonathan le generan desconfianza pero son padres de Giorno, cosa que no entiende cómo sucedió; y quizá quiere congraciarse un poquito con ellos.
– Les traje la cena ¿o el desayuno? No sé como lo consideren.
Le llega el olor de la sangre refrigerada, al igual que el olor del cuerpo de Mista.
Trae consigo una hielera pequeña con bolsas de sangre que luego de un "mi scusi" dejó en una de las mesitas de noche.
– Aun hay luz, así que creo cuenta como desayuno.
De tener menos control se habría aventado contra el pistolero, pero en lugar de eso toma la hielera para sacar una bolsa para él y otra para Dio.
– Gracias... Mista, ¿correcto? Giorno parece tenerte en muy alta estima.
Dio se reincorpora ante el olor a sangre, frunce el ceño por Mista y su "hedor" pero lo pasará por alto esta vez. Ni un gracias le da a Jonathan por acercarle la sangre, mucho menos a Mista, clava sus colmillos en la bolsa y bebe hasta dejar la bolsa seca.
– Dame otra, Jojo. Le tiene en alta estima porque es su amante.
Jonathan bebe de su bolsa mesuradamente mientras le pasa una segunda bolsa a Dio. El sabor es muy diferente al de la sangre fresca, pero tampoco le desagrada tanto.
Beber sangre de una bolsa le quita toda la gracia a ser un poderoso depredador, piensa Dio; pero el alimento hace maravillas con ellos casi al instante. A Dio le vuelve el color al cuerpo, sus ojos se vuelven brillantes y hermosos, pese a lo sobrenatural de su color. Labios rosados, sus mejillas sonrojadas. Es un bastardo muy bello.
A Jonathan le parece increíble la facilidad con la que Dio se regenera al beber sangre. Recuerda que de por si su factor regenerativo era impresionante, pero no sabía hasta qué punto llegaba.
Por lo menos Mista ya sabe de dónde sacó Giorno tanta belleza y no solo de Dio, es difícil quitarle la mirada a esos hombres. Giorno saco muchas cosas de Dio, pero si hay algo que definitivamente viene del lado de Jonathan es el color turquesa de sus ojos.
Hasta que Uno le da un pellizco. Las seis balitas se asoman detrás de su espalda curiosas por ambos vampiros. Ya es raro que un Stand tenga tanta personalidad o hable, que uno tenga seis personalidades y hablen es algo que no se ve a menudo.
– ¡No se trata de eso! Giorno es mi amigo y mi jefe, toda mi lealtad le pertenece a él y sólo a él.
– Y es tu amante.
Mista se ha puesto tan rojo como las bolsas llenas de sangre que ha traído. Tenía que admitir el tipo de relación (si es que así puede llamarle) que tiene con Giorno.
– Tenemos algo especial ¡Pero yo respeto a Giorno! Ustedes no tienen idea de las cosas que Giorno cambió en Passione. Giorno es un hombre justo y noble, yo lo seguiría hasta el fin de la tierra… por eso estoy aquí, quiero conocerles más, ustedes de alguna forma son los padres de Giorno. No sé si podemos confiar en ustedes luego de lo que le hicieron. Pero eso trajo a nuestra familia de regreso, así que no pueden ser tan malos ¿Qué intenciones tienen con Giorno? Desde este momento les advierto que no les permitiré que lo separen de nosotros o lo aparten de sus sueños.
Y ahí estaba Mista, en un arranque de genialidad prácticamente amenazando a dos poderosos vampiros.
Había que estar ciegos para no ver que Mista y Giorno tienen algo; que va, Jonathan recuerda como Mista sostenía el cuerpo de Giorno en el hotel.
– No tenemos intenciones de separarlo, se ve que tienen un grupo muy unido.
Al menos esa no es la intención de su parte; no puede hablar por Dio porque simplemente no sabe qué es lo que planea.
– No le voy a quitar a mi hijo la riqueza y poder que ha acumulado. Ahora que sé de su existencia, nos quedaremos un tiempo, quizá luego volveremos a Londres o nos marcharemos con el resto de nuestra familia, aún no lo decido. – Porque claro, él decide, no Jonathan.
– Nunca he ido a Japón, Dio. Aunque no sé si el resto de la familia vaya a estar de acuerdo con que vayamos.
Y claro, primero deben hallar esa máscara de piedra y destruirla. Si es que Dio le permite destruirla.
– Querrás decir "con que yo vaya". Pero eso es asunto mío, Jonathan, yo arreglaré las cosas con ellos. – O mejor dicho las manipulará a su favor. – Tú no irás a ningún lado sin mi.
– No lo sé, Dio. No creo que yo sea tan bienvenido al ser tu acompañante. - Porque parece que el que toma ese tipo de decisiones es Jotaro y él no es muy de su agrado.
Mista los oye y observa y busca un poco de Giorno en ellos aparte del aspecto físico. Se nota ese aire noble y gentil de Jonathan y ese porte orgulloso de Dio. Quizá pueda hacerse a la idea de que ahora son parte de la vida de su Don. No quiere ser ingenuo pero tampoco un paranoico como Abbacchio.
– Como sea, ya demostramos que no somos enemigos ¿o ayudar a revivir a tus amigos no significa nada?
– Si bueno… eso es algo que no olvidaremos.
Aún tiene tal vez el inicio solo fue un mal entendido. Después de todo Giorno está bien y el resto ha vuelto.
– Supongo que como padres de nuestro Don debemos considerarlos nuestros invitados, así que si necesitan algo más––
– Para empezar, ropa nueva. Y no, Jonathan, tú no puedes elegir tu ropa, tienes un gusto horrible y no me vas a hacer pasar un ridículo en Roma.
– Sé como vestirme, no tienes que escoger por mi.
Jonathan frunce el ceño ante la muy evidente (y nada solicitada) crítica de Dio; como respuesta, hace bolita la bolsa plástica ya vacía y se la avienta al rubio. Dio, con toda la madurez de un vampiro de más de un siglo de edad, retoma la bolsa y se la mete en el pantalón a Jojo antes de levantarse.
– Tu gusto ya era malo en nuestra época. Hoy en día… ugh no lo hago como un favor, lo hago por mi ¿Dónde esta mi hijo? Quiero hablar con él.
– Giorno salió, es un hombre muy ocupado, yo estoy a cargo
Dio olisquea su camisa, apesta a cementerio. Así que sin pena alguna se la quita y la arroja hacia Jonathan. Luego empieza a hacerle una lista de lo que quiere a Mista: camisas, pantalones y zapatos de qué tiendas y de que tallas, obviamente sabe la talla de Jonathan.
¿Como saber que Dio ya se siente mejor? Simple, ha vuelto a ser el patán de siempre. No sabe si eso le alivia o no.
La camisa le pega en la cara y casi tira su segunda bolsita con sangre. Mira de mala gana a Dio, o más bien mira su cuerpo y tal vez no lo haga de tan mala gana.
Mista oye pacientemente como por 30 segundos antes de gritarle a Dio que tampoco es su sirviente pero Dio lo ignora, como es de esperarse.
– ¿Dónde esta el inútil de Joseph? – Ya es hora de restregarle lo que hizo y de paso sacarle información. – Espero que todas las cortinas de la casa estén cerradas.
Y sale sin esperar respuesta de Mista, quien indignado se dirige a Jonathan.
– ¿Es qué siempre es así?
Jojo suspira resignado tras la salida de Dio, dirigiéndose a Mista.
– Créeme, se está comportando.
– Cazzo, ¿Puede ser peor? Con todo respeto ¿Cómo lo aguantas? Pero más importante ¿Cómo nació Giorno? ¿Los vampiros ponen huevos?
Recordaba que Giorno tenía una madre, pero ahora con esa nueva información las cuentas no le salían y necesitaba saber para cuando él y Giorno hicieran… lo que tuvieran que hacer.
– Dio y yo tenemos historia. Es algo complicado ha decir verdad.
Busca en la hielerita otra bolsa más, también se sienta al borde de la cama para hacerle espacio. Mista se sienta al lado de Jonathan, Cinque le dice que le da miedo, Uno dice que parece un buen hombre, Due dice que intente verle las tetas, Sei simplemente ignora la situación, Tre y Sette ya están sobre la cabeza de Jonathan. Sette confirma que tiene tetas enormes.
A pesar de no poder ver a las Sex Pistols, Jojo puede sentir algo moviéndose sobre su cabeza. Si tan sólo supiera que las balitas están hablando sobre sus muy masculinos pectorales el pobre ya se hubiera ruborizado de la pena.
– Dio me mató hace tiempo. Él usó mi cuerpo por un tiempo y en ese tiempo engendró a Giorno... disculpa, yo tampoco sé muy bien cómo funciona eso. En realidad hay muchas cosas sobre este tipo de vida que desconozco.
Y ahora se siente verdaderamente estúpido al no saber ni un carajo sobre su naturaleza ni las circunstancias que le llevaron a recuperar su propio cuerpo. Jonathan quisiera tener una mejor explicación de cómo fue que acabó compartiendo cuerpo con Dio o siquiera el cómo fue que revivió después de estar muerto por mas de un siglo.
– Ya veo…
Mista no ha entendido nada de lo que Jonathan le ha explicado y eso que se esfuerza por imaginarlo pero como no quiere parecer tonto asiente con la cabeza.
– Pero suficiente de mi. ¿Que me dices sobre ti, Mista? - Y ahi esta su intento para desviar la conversación. - ¿Como conociste a Giorno?
– Bucciarati lo trajo al equipo un día. Sé que pensarás que por ser mafiosos somos unos desalmados pero Bucciarati era… es la persona más amable que he conocido, después de Giorno. Él ha cuidado de nosotros como un padre. Giorno se adaptó rápidamente al grupo, a pesar de que Abbacchio no fue muy amable con él, y me salvó la vida más veces de las que puedo recordar. Nunca hemos salido formalmente ¡Pero eso no quiere decir que estoy jugando con él! Es que… Giorno es nuestro jefe, no quiero que empiecen a decir: ¡Hey, ahí va el amante del jefe! y lo usen en su contra. Aún hay mucha gente enojada por los cambios que Giorno ha hecho en Passione.
– El que sean mafiosos no los hace malas personas; incluso los maleantes pueden ser buenas personas.
Sette brinca de la cabeza de Jonathan a su hombro y de ahí busca alojarse entre los pechos de Jonathan. Mista no sabe ni cómo sacarlo de ahí.
– No puedes ver a los Stands ¿verdad? – Rogaba por ello.
– ¿Los Stands? Es... es eso lo que tiene Dio, ¿Cierto? Lo que usa para detener el tiempo. No puedo verlos, pero— puedo ver tu aura al usarlos.
Jonathan no sabe lo riesgoso que es revelar la habilidad de un Stand a otros.
– ¡Si esos! – Bien, sin pedirlo ahora ya hasta sabía la habilidad especial del Stand del padre de Giorno. – Pero cada Stand tiene una habilidad diferente el mío, o los míos, creo que tienen un poco de curiosidad por ti. Se llaman Sex Pistols, son...¡Sette salte de ahí!
Y ahora si le toca intervenir porque Sette ya se esta deslizando dentro de la ropa de Jonathan, lo cual de paso implica meterle la mano dentro de la camisa de este para sacar al pequeño duendecillo de las balas-
– ¿Tienes más de uno? ¡Eso es impresionante! Por favor, cuéntame un poco ma—?!
Las palabras se ahogan, siente algo deslizándose por su ropa, seguida de la mano de Mista que se mete adentro de esta. Ahora si, Jonathan se pone rojo de pies a cabeza.
– ¡Les dije que se quedaran quietos! ¡Este hombre es padre de Giorno y deben de respetarlo! – Tre se le escurre entre las manos al sacarlo, a Sette si logra pescarlo– ¡Te tengo!
Luego de pensar lo mal que debe estarse viendo, saca la mano de su camisa. Mista agradece que Narancia no esté ahí para pensar mal de lo que esta haciendo.
– ¡Perdón! Es que son muy inquietos. No debí darles tanta azúcar esta mañana.
El que si se queda quieto es Jonathan, entre las Sex Pistols y la mano de Mista siente cosquillas.
– Si, ya veo; es curioso su comportamiento.
Aun si ha sacado a las Sex Pistols de la ropa de Jonathan, no evita que se paseen por toda la habitación, fuera de Cinque que no se separa de Mista; eran criaturas con mucha energía.
– No tengo problema con que tengas algo con Giorno, pero... ¿Estas consciente que él va a permanecer así por siempre?
– ¿Así como? Entiendo que ahora es un vampiro y me alegra que pueda disfrutar de la luz del sol todavía. No me asusta que deba consumir sangre, es decir, al fin y al cabo somos carnívoros. Aunque aún no se cómo vamos alimentar a tantos vampiros sin levantar sospechas ¿solo pueden consumir sangre humana?
No, Mista no ha pensado en que Giorno no va a volver a crecer.
– Me refería a que Giorno no va a envejecer. Él se va a quedar tal y cómo está por siempre. La sangre, podemos consumir sangre animal. – Aunque Dio sólo le ha dado sangre humana y prefiere eso. – Pero no es lo mismo.
Entonces Mista comprende lo que Jonathan intenta decirle, es casi una epifanía, una horrible epifanía porque él, como humano, se hará viejo y morirá pero Giorno aún después de su partida seguirá pareciendo un hermoso joven de disciseis años.
Eso no le gusta. No que Giorno sea siempre hermoso y perfecto, sino la brecha que se irá formando entre ellos.
Luego del vergonzoso trance piensa con detenimiento lo que le ha dicho Jonathan.
– No creo que sea justo para Giorno jamás llegar a ser un adulto… pudieron esperar unos años más para convertirlo.
– Dio fue quien lo convirtió, yo habría preferido dejarlo vivir su vida normal. Pero según él dice que le estaba haciendo un favor.
– Sé que sin su intervención nuestros amigos no habrían vuelto y yo seguiré a Giorno sin importar qué. Es solo… no lo se, parece muy injusto que el deba vivir para siempre. Nadie debería vivir para siempre, no esta bien. Cosas malas podrían pasar…
– Concuerdo contigo, Mista; nadie debería vivir por siempre.
Mista aprovecha para contarle el incidente de las Rolling Stones y como luego, de pensarlo mucho llegó a la conclusión de que al evitar la muerte de Bucciarati, provocó las de los demás. Siendo un joven tan supersticioso lo creía firmemente.
– No pienses que soy un malagradecido, solo temo que vuelva a pasar algo similar…
Jonathan escucha el extraño caso de la piedra profética; una vez mas las habilidades tan variadas de los Stands le parecen fascinantes y le gustaría poder aprender más de ese tema.
– El destino se mueve de formas muy extrañas. Algunas personas están ligadas al destino de otras y no hay fuerza que pueda separarlas. – Así es como se siente con Dio; que ni la muerte ha podido separarlos. – Tal vez hiciste lo mejor; porque de haber muerto Bucciarati ahí no habría traído a Giorno al grupo.
– Y sin Giorno el antiguo jefe aún estaría llenando las calles de Italia con droga, Giorno ha sido lo mejor que le ha pasado a Italia… y a mi. Tal vez me este preocupando por nada, Giorno siempre será Giorno y mientras viva yo estaré a su lado. El grupo debe tener algún aliado humano de confianza, creo que Fugo y yo nos la apañaremos… a menos que en un descuido Narancia lo convierta, entonces solo seré yo.
– No sólo eso... Giorno y el resto necesitarán un ancla, alguien que les recuerde su humanidad.
Incluso para Jonathan a veces llega a ser dificil recordar su propia humanidad, en especial cuando el hambre le domina y Dio se comporta más odioso de lo usual.
– Confío en que Giorno está en buenas manos con ustedes.
– Nos cuidamos mutuamente, de eso se trata pertenecer a Passione.
Por la forma en la que Mista lo dice, Passione más que ser una mafia, lo hace sonar como si fuera una familia.
Jonathan tiene la certeza que, con un grupo así, Giorno sabrá como mantenerse por un buen camino; aun teniendo a Dio cerca con sus malas ideas.
El inglés le dedica una amable sonrisa a Mista, atrayéndole para abrazarle. No es como si Mista fuera abrazando a medio mundo, pero la actitud de Jonathan le recuerda la de Bucciarati. Tan paternal y claro, al verlo, ve de dónde sacó Giorno sus virtudes. Y quizá necesita ese abrazo, han sido días más extraños de lo normal y sin duda se pondrían peor.
Oficialmente a Mista le agrada Jonathan, luego del abrazo le dice que irá a ver como están sus amigos. Probablemente bien dormidos y Abbacchio le va a aventar algo cuando entre a su habitación, Giorno y Fugo habían salido temprano así que él esta a cargo y en Passione son todo menos ociosos, puede dormir hasta el atardecer si quiere, nadie va a molestarlos.
