única advertencia uwu, hay smut/lemon/nsfw/las cogeciones(?)/como quieran llamarle lmfao más adelante en este capítulo

Tras aquella reunión, Giorno y Mista salen de la casa; Giorno dijo que iría a ver a Doppio y Mista no puede dejarlo sólo en tan arriesgada salida.

Claro, Mista tiene otras cosas en la cabeza. Sale de la casa con una sonrisa idiota de oreja a oreja; tenía que declarársele a Giorno de una forma digna pero hasta entonces y si aún no era algo oficial.

– Es cosa mía, o cada día estas más hermoso, mio caro.

– ¿En verdad crees eso aún después que me tiraron dos dientes? – Responde con una sonrisa chimuela.

– De hecho te ves adorable. A la próxima que Abbacchio te pegue se las verá conmigo. – Con su suerte es muy probable que también terminen golpeándolo.

Por ahora, se conforma con llenar de besos y atenciones a su Don. La relación de ellos dos no es nada discreta, por mas que Mista quiera creer que lo es. Sinceramente Giorno es muy descarado respecto a ese tema.

– Creo que tendremos que poner ciertas reglas en estas situaciones.

– ¿Qué tipo de reglas?

– Si hay un problema por arreglar, que se haga a puño limpio, sin Stands.

– No tienes ni que decirlo, Giorno. Jamás usaríamos los Stands contra nosotros.

– Lo sé, pero nunca se debe ignorar la posibilidad de algún accidente.

Lo ideal es que no hayan pleitos entre ellos, pero sabe que eso es imposible. Así que mientras no se involucren Stands no debe haber tanto problema.

– Hay algo de lo que quiero hablar contigo, cuando las cosas estén más calmadas, tú yo… – carraspea. – ¡Será una sorpresa! Anda sube o ya no voy a querer llevarte.

– ¿Me darás alguna pista sobre qué se trata?

– ¡Si te digo ya no sería una sorpresa!

Le abre la puerta del auto, Giorno se sienta del lado del copiloto mientras que Mista va detrás del volante. Espera a que le indique qué camino tomar para así dirigirse a su destino.

Si fuera por él, pasaría la noche entera besando cada rincón de su cuerpo pero han de irse, si en algo tenía razón Abbacchio es que no podían dejar solo a Diavolo.

Y hablando de Stands, pronto ya tiene a las Sex Pistols encima echando a Mista de cabeza.

Tre sale de la gorra de Mista y brinca al hombro de Giorno, la susurra que Guido le va a pedir matrimonio para que puedan tener muchas noches apasionadas. Sette le alcanza, le dice a Giorno que no es cierto, que sólo le va a declarar su amor. Uno ya está sobre los rulitos de Giorno, regaña a sus hermanos por andar difundiendo los secretos de su usuario.

Con eso se arruina la sorpresa, pero Giorno les asegura a las pequeñas balas que intentará actuar sorprendido.

Las Sex Pistols don muy comunicativas y cada una a su manera demuestra el amor que Mista siente por Giorno. En un inicio le había extrañado ver un Stand formado de varias entidades y, aun hasta la fecha, no ha visto ningún otro tan expresivo como lo son las Pistols.

Aún al llegar a donde fueron a dejar a Doppio, Mista le pregunta a Giorno si en verdad se trata del antiguo jefe, tal vez sea un error.

– Fue hallado con la misma ropa que usaba Diavolo el día de la pelea. – Le responde una vez llegado a su destino. – Es el mismo sujeto, Guido. Estoy seguro de eso.

– Pero cayó al canal, ¿Cómo sobrevivió? Yo creí que acabaría por ahogarse. Mierda, Giorno debimos buscar el cuerpo. Trish tenía razón, seguro logró salir del agua...

Ahora se da cuenta que Giorno nunca le dijo que hizo exactamente Requiem. En realidad Giorno no sabe qué fue lo que hizo Requiem, no con exactitud. Pero sabe que ese día Diavolo murió, que debió dejar de ser una amenaza.

– Ese es el problema: No sobrevivió. Y de haberlo hecho, ¿Porqué esperar casi un año para poder regresar? Bien podría haber aprovechado de la inestabilidad con el cambio para atacar.

– ¿Y si se trata de un impostor? Podría ser una posibilidad, nosotros apenas y conocimos a ese hombre.

La posibilidad de un impostor era poco probable, en vista que nadie más sabía como se veía el jefe. Al menos nadie que siguiera vivo.

– Para eso estamos aquí, voy a averiguar qué sucedió. Quédate aquí, si te necesito te llamaré.

Muy obediente Mista se quedaría en la puerta vigilando, aunque le preocupa que Giorno se encuentre a solas con ese hombre.

Giorno entra a la habitación silenciosamente, dejando a su Sottocapo en la entrada. Se guía por el olfato, llamando a Doppio para que salga de su escondite.

Doppio esta oculto bajo la cama; se asustó por un movimiento en su ventana y fue a esconderse, creyendo ser acechado.

¿Cuándo volvería su nuevo jefe por él?

En cuanto reconoce la voz de su nuevo amo, sale de su escondite. Lleva el cabello suelto y solo una bata de baño, huele mucho mejor que antes. Giorno es recibido con un efusivo abrazo. Le alivia saber que tan siquiera Doppio esté en mejor condición que la que fue hallado.

– ¡Pensé que se había olvidado de mi!

– Te dije que regresaría y soy alguien que cumple con su palabra. ¿Porqué estabas escondido?

– Escuché ruidos, pensé que alguien venía por mi. El jefe hizo muchos enemigos y ellos también me quieren muerto. Pero ahora el jefe esta aquí y me siento a salvo.

La paranoia era algo con lo que constantemente vivía, a sus ojos, había enemigos en todas partes, aún en la inocente apariencia de Doppio lo presentía.

– Nadie más sabe de ti – excepto por su equipo que lo quiere muerto y su padre que no es de confianza. – Asi que es poco probable que vengan por ti, estas a salvo bajo mi protección.

– Si el jefe lo dice no tengo porqué dudar de él.

Giorno tampoco es la persona mas segura con quien podía estar Doppio. Ahora que lo nota, siente el olor de Doppio más agradable y no solo por el baño.

Diavolo tenía una importante función para Doppio: le proporcionaba seguridad y cariño. Diavolo es lo que pasa cuando se sufren años de abuso y se posee una flecha de Stand. Siempre fue un chico muy amoroso, sus problemas mentales fueron los que le orillaron a enfocar ese amor en la personalidad alterna que había creado.

– ¿El jefe necesita mi ayuda? ¡Ayudaré al jefe en lo que sea!

– Necesito de tu ayuda, si, pero primero quiero asegurar que estés bien. No puedes hacer tu trabajo si vives con miedo, Doppio.

– ¡Estoy bien! – Enseguida fue a sentarse al borde de la cama, jalando una manta y para envolverse en esta. Si, es toda la definición de estabilidad mental. – Ya no tengo tanto miedo porque el jefe esta aquí. Me siento menos solo. Sé que el anterior jefe se fue y no va a volver… es extraño estar sin él, ¿Sabe? Nunca vi su rostro pero tengo la sensación de que estuvo conmigo toda la vida, pensé que un día lo conocería y estaríamos juntos. No me importaba sino me amaba como yo le amaba, solo quería estar a su lado...

Giorno no puede contradecirlo, técnicamente Doppio ha estado con él toda su vida porque son la misma persona.

Quiere cubrir el espacio que dejó Diavolo en la vida de Doppio. Quiere velar por él para poder usarlo a su favor; incluso considera, en vista del poco éxito que obtuvo con los implantes de carne, el mandarle antipsicóticos para evitar algún desagradable episodio.

No sólo eso, Giorno puede ver el potencial que posee Doppio. Parece ser un chico muy dulce, el problema es esa otra personalidad. Había que suprimirla a toda costa.

Los ojos cafés de Doppio se humedecen, el sólo ''recuerdo'' del antiguo jefe, de sus llamadas y su constante ''presencia'' es suficiente para que se entristezca. Giorno le ofrece un pañuelo para limpiarse el rostro, puede dar por hecho que no se lo va a regresar. Es un pañuelo de seda, rosa con detalles florales bordados en dorado. Es una verdadera pena el que se pierda, pero tiene otros de repuesto en su casa.

– Jefe, ¿le gustan los juegos? –Se levanta sobre la cama tras limpiarse el rostro.

– ¿Qué clase de juego sugieres?

– El colchón es muy suave – acto seguido, le ofrece la mano. – ¡Se puede brincar en el!

Si, técnicamente Diavolo le esta pidiendo a Giorno brincar sobre la cama a su lado.

Mira extrañado la mano de Doppio; esa es una propuesta que no esperaba escuchar, pero siendo honestos tampoco se lo va a negar. Toma su mano y se sube a la cama, comprobando que, en efecto, es bastante suave.

Sin soltar a Giorno, Doppio comenzó a brincar sobre la cama.

Que va, a final de cuentas Giorno sigue siendo un adolescente. De cierta forma ambos fueron dos niños obligados a crecer bastante rápido con infancias bastantes tristes, por supuesto Giorno (aparentemente) supo sobrellevarla mejor.

Giorno sabe que tuvo que madurar muy pronto, la vida le orilló a eso. Pero eso no significa que no pueda darse el pequeño lujo de brincar sobre una costosa cama, con un bufón que esconde a su enemigo.

Se crió en las calles, su carisma es lo que le había ayudado a quebrar la ley sin meterse en problemas. Estafaba a los turistas, les robaba su dinero y así podia costear su estilo de vida. Su infancia fue terrible, con una madre negligente y un padrastro abusivo. Giorno tenía todo para seguir el mismo camino oscuro que llevó a Dio a la perdición.

Pero el destino de Giorno parecía no ser el mismo que su padre. Quizás de no ser por la ayuda de aquel gángster, las cosas habrían sido muy distintas.

Irónicamente, durante todos esos años, Giorno tuvo una idealización respecto a su verdadero padre, una muy distinta a la realidad. Vaya sorpresa que se llevó al conocerlo.

Y si, llegó alto, ahora como líder de Passione, tiene una gran responsabilidad de no caer en la misma corrupción que Diavolo.

Mientras tanto Doppio a los 17 ya esperaba un bebé por parte de Donatella. A los 19 ya estaba en Egipto obteniendo las flechas; a los 25 ya había tenía una incontable fila de cadáveres detrás suyo y Passione ya tenía un renombre en el país.

Reclutó a gente joven y pobre, tan vulnerables como lo fue él al entrar al bajo mundo; les dio un valioso poder y después se mantuvo oculto dejando que los delirios de persecución crecieran durante ocho años. Pensó que romper el esquema de las viejas familias italianas le funcionaría pero lo cierto es que sólo quería protegerse.

Nunca le preocuparon los suyos, sólo su seguridad. Para el final y antes de aquela decisiva pelea, tomaba medicamento para no dormir, temía ser asesinado durante sus horas de sueño.

Y ahora está ahí, brincando sobre la cama junto aquel joven que le arrebató la gloria, ambos riendo como si fueran un par de críos. Giorno tiene una risa muy bonita, piensa Doppio mientras salta.

– ¡Siempre quise hacer esto!

– Admito que nunca antes había hecho esto.

– ¡Yo tampoco! ¡Crecí en una parroquia, el hombre que cuidaba de mi era muy estricto y las camas eran muy duras!

A cada salto se van acercando a la orilla, para el quinto brinco se les ha acabado la cama y ambos terminan en el suelo.

Giorno quisiera preguntarle más de su pasado, probar hasta donde puede recordar. Pero la cama se les acaba antes de llegar a eso, y es Doppio quien amortigua la caída del Don. Giorno no es pesado y el piso de la habitación es alfombrado, así que la caída no es tan dolorosa, tal es así que Doppio se ríe aún en el piso.

– ¡Eso ha sido tan divertido! ¡Quiero hacerlo de nuevo!

Aunque para eso tiene que pararse y tiene a Giorno encima y la bata abierta de la cintura para abajo; ni se ha molestado en ponerse ropa interior.

– ¿Estas bien? Espero no haberte lastimado.

Giorno se hace a un lado, se ha dado cuenta que Doppio está bastante expuesto.

– Creo que este es un buen momento para que te vistas. Debieron dejarte la ropa nueva ya.

Para eso había mandado a Fugo durante la tarde mientras estaba él con los Joestar. Por lo menos Doppio conoce la vergüenza y cuando ve que no ha dejado mucho a la imaginación se arrastra por el piso hasta que es capaz de levantarse.

– Si, muchas gracias por la ropa, jefe.; pero es demasiada, no hacia falta tanta...

Honestamente ni siquiera la había revisado, había metido las bolsas tan cual se las habían dado al armario, justo al cual iba.

– Tampoco planeaba que usaras los mismos calzoncillos dos veces a la semana.

– ¡Ewwww no! – Se ríe, hablando de calzoncillos se pone unos. – Pero es más ropa de la que nunca tuve, aún ni he hecho nada para ganármela.

– Esto no es algo que tengas que ganarte, sólo es cortesía. No puedo dejar a mis ayudantes viviendo en la calle sin nada que ponerse encima.

Porque esa es otra de las diferencias entre Giorno y Diavolo: él cuida de su gente como puede.

Giorno aprendió de la generosidad de otros. Sabe que en ese mundo, la vida se paga con otra vida y si una es salvada esta queda en deuda.

Esa es su justicia. Esa es la justicia que Don Giovanna le muestra a Doppio.

Si algo que Doppio aprendió desde niño es que la generosidad no existe, si alguien te da algo es porque quiere algo de ti. Así que Giorno le parece una criatura casi mitológica.

¿O sería que estaba mintiendo? Tal vez cuando le acabara de decir los escondites del ex jefe le botaría o peor aún le mataría.

Revisó las bolsas con algo de timidez, encuentra unos pantalones morados y una camisa rosada. ¿Que ropa solía comprarse antes? Ni siquiera lo recordaba.

– Jefe, ¿Podría darse la vuelta?

Giorno le da su espacio, dándose la vuelta para no tener que verle cambiándose la ropa. Doppio deja caer la bata de baño a sus pies, tiene una buena dotación de cicatrices que le ha dejado la vida como criminal, además de los tatuajes en sus brazos.

– El jefe debe querer que le siga hablando de los lugares ocultos del antiguo jefe.

Porque un Don no va a un lugar solo a brincar sobre la cama. Ahora que Doppio lo piensa, no quiere que se vaya tan pronto. Despacio Doppio se acerca a él como si le acechara; sin embargo no hay mayor peligro que él abrazándole por detrás.

Le sostiene con un poco de fuerza. A pesar de su generosidad, aún tenía miedo y ese miedo se presenta con la presencia de King Crimson.

No Crimson King no se ha ido y tal vez es una pista de que Diavolo sigue ahí, ¿Volvería a fallar el rey carmesí si se volviera a enfrentar al abrumador poder de Requiem? ¿Había por lo menos un stand que fuera capaz de hacerle frente?

Un escalofrío recorre la espalda del rubio; le parece sentir la presencia de King Crimson. Instintivamente, Gold Experience Requiem se manifiesta detrás del par, alerta en caso de un ataque a traición.

Los brazos rojo con blanco de Crimson se ven por sobre los de Doppio aún si este no lo ha percibido.

– Jefe, quiero agradecerle de alguna forma...

Es un riesgo tener a Doppio con vida, Giorno lo sabe demasiado bien. Maldita sea, la oferta de su padre es tentadora. ¿Matar o tratar de sacarle provecho al rey carmesí?

– Puedes empezar cuidando de ti mismo, Doppio. – Le habla con dulzura, a pesar de la amenaza que representa el Stand enemigo.

– No soy bueno cuidando de mi mismo, nunca lo he sido… – restriega su rostro contra la espalda de Giorno, esta llorando un poco – yo no soy como el jefe, como ninguno de ellos.

– Sobreviviste antes de conocer a Diavolo y has sobrevivido hasta ahora.

Cosa que no debería de ser, pero lo es.

Siente su ropa humedeciéndose a altura de su espalda. El tono de voz, la súplica de Doppio le hace saber que está llorando.

El rey carmesí vuelve a ocultarse. Doppio tiembla. El horrible recuerdo de una madre despreciandole viene a su memoria junto con el recuerdo de un hombre usando las palabras de Dios como castigo cuando era tan pequeño.

– Cuidame por favor. No me dejes solo… no quiero estar solo.

– Cuidaré de ti mejor que nadie lo ha hecho nunca. – Se da la vuelta para encararle, para tomarle del rostro con cariño. – No tienes porqué temer, porque conmigo jamás estarás sólo.

Giorno nació con muchas ventajas: un extraordinario Stand, un carisma y una belleza incomparables, una voz encantadora. Doppio lo mira con una fascinación, la misma que le había dedicado a su otra parte si tan solo hubiera sido real.

Giorno es como Doppio imaginó al jefe, aún si en realidad son todo lo contrario.

La lealtad se gana a base de la devoción, y por la mirada que Doppio le dedica, Giorno sospecha que se ha ganado mucho más que eso.

Y estando tan cerca y tan fascinando con Giorno simplemente se deja llevar y le planta un beso en los labios, si es que así puede considerarse un leve roce.

¿Cuantas de esas cualidades de Giorno son reales y cuantas son producto de su herencia vampirica? No está seguro. Hay muchas cosas de si mismo que ignoraba y apenas se estaba dando cuenta de ello.

Giorno no le corresponde, pero le da una caricia cariñosa en la mejilla.

– Lo siento, no he podido evitarlo.

Pobre criatura desvalida. ¿Tan privado de cariño había estado?

– Está bien, todos necesitamos sentirnos queridos. Es totalmente normal eso.

Todos desean ser amados.

Hasta criaturas retorcidas como Doppio, quien recarga el rostro contra la mano de Giorno. Es la caricia más dulce que le han dado desde Donatella.

¿Ahora como deshacerse de Doppio? Debía dejarle ya, sólo había ido para asegurarse que estuviera a salvo y "cuerdo".

El abrazo ha durado más de lo que uno normalmente hace. Es... vaya, esto es incómodo pero Giorno no se atreve a apartar a Doppio. He ahí un pequeño problema: Doppio no quiere soltarle, esta muy cómodo a su lado y no quiere quedarse solo tan pronto.

Esos son los minutos más incómodos que ha tenido en mucho tiempo. Para su suerte, Doppio acaba por soltarle e ir a la cama.

– Es mejor que descanses, mañana nos espera un día atareado.

– ¿A dónde iremos jefe? ¿Se tiene que ir ya?

– Mencionaste unos lugares que Diavolo mantenía ocultos. Debemos asegurarnos que estén en buen estado y, si hay drogas también deshacernos de estas. – Como quisiera poder dejarlo a solas con toda la confianza del mundo. – Tengo que irme, pero te veré temprano.

De nuevo vuelve a pensar que el nuevo jefe no lo quiere genuinamente pero no lo dice, solo baja la mirada.

– Esta bien… estaré esperando por usted.

Siempre esperando. Quizá es su castigo por dejar a la mujer que amaba esperando hasta su muerte.

Giorno se da cuenta en el cambio de humor de Doppio. Le toma del mentón para hacerle levantar la mirada.

– Te llevaré a desayunar lo que quieras mañana, tienes mi palabra de eso.

Se despide con un beso en la mejilla. No es mucho pero aquella promesa le ilumina un poco la mirada, el beso tiene un mejor efecto en él.

Doppio se quedaría en la cama mientras Giorno se marcha, King Crimson reaparece como su única compañía.

Giorno le da la espalda, dirigiéndose hacia la puerta. Réquiem da una mirada hacia la habitación, alcanzando a ver al otro Stand antes de desvanecerse. Por un breve instante, ambas miradas se cruzan; aún son enemigos, pese a lo que sus usuarios hagan.

El resto de la noche, Doppio se la pasaría viendo infomerciales en la tv. No es que vaya a ser un peligro realmente esa noche, solo es un jovencito solitario, su única compañía es King Crimson y tampoco es como si se percatara de su presencia.


Mista continúa haciendo guardia afuera de la habitación, tiene el revolver listo en caso que Giorno le pida ejecutar a Doppio. En verdad desea que le pida eso.

– ¿Y bien? ¿Vamos a matarlo?

– Aun no. – Le responde a Guido tras cerrar la puerta. – Es como un niño desvalido. Matarlo sería inútil.

– ¿Y si esta fingiendo? Podría estar aprovechandose de su rareza. Giorno, nos estamos arriesgando demasiado.

– Una condición como la suya es imposible de fingir.

El Don toma de la mano a su pistolero, guiándole por los pasillos del hotel hasta el ascensor. Si algo le gusta de Giorno son los gestos pequeños, tomarse de las manos en vía pública son de sus favoritos.

– Lo he contemplado, Mista. Pero Doppio aun nos es de utilidad, sabe de locaciones que a nosotros nos tomaría meses el hallar. Su Stand aun existe, pero no tiene ningún poder que no pueda contrarrestar.

– ¿Estas seguro? Es que no soy capaz de fiarme del todo y se que tú tampoco. Se que tú podrías vencerlo las veces que quisieras. Sólo no quiero que ese demente ocasione más muertes.

– Sería muy inocente de nuestra parte el fiarnos por completo de él. No habrán más muertes inocentes mientras esté aquí.

– Por favor prometeme que no lo tendrás más de lo necesario. Ojalá ya no este aquí cuando a Trish se le ocurra visitar la ciudad.

Esta preocupado pero como siempre confía en Giorno.

Al entrar al ascensor, Giorno se asegura que esté vacío. Apenas se cierran las puertas y toca el botón para detenerlo.

– Si no mal recuerdo, había algo de lo que querías hablar, ¿no es así?

Todo un cambio de tema. Giorno guarda silencio por un momento, recargando la espalda contra los botones del ascensor. Sus ojos turquesa se mantienen fijos en el pistolero. Hay cierta hambre reflejada en ellos.

Los ojos de Giorno siempre han sido muy…–Mista no sabe describirlo pero son únicos. En este momento su mirada le parece tan intimidante que desvía la mirada.

– ¿Ah? – Oh no, siente su propia cara enrojeciéndose. – ¡Si! Pe-pero ¿Aquí?

– ¿Hay mejor lugar para hacerlo? Estamos a solas y nadie puede interrumpirnos.

Se aparta de los controles, acortando esa distancia entre ellos sin soltar su mano en ningún momento. Los colores se suben al rostro de Mista mientras Giorno se acerca ¿Quién podría decirle que no al rubio?

– O podemos pedir una habitación para nosotros, no creo que pase nada si no llegamos a casa esta noche.

La habitación sin duda era mucho mejor para declararse que el ascensor del hotel.

– El resto estarán bien sin nosotros – carraspea – ni se darán cuenta que no estamos.

– Son niños grandes, pueden cuidarse solos. – Dice el niño de diesciseis años.

Giorno le dedica una adorable sonrisa a Mista. Su humor ha mejorado en esas últimas horas, e incluso se puede ver un par de colmillos apenas saliéndole. Reactiva el ascensor para ir hacia el lobby y pedir la suite más lujosa disponible. También pide una botella de vino para llevar y pronto estarían subiendo de nuevo hacia la habitación.

Esa es su noche.

Mista le pide a Giorno que se asegure que la habitación no tuviera un cuatro en si numeración. Esta nervioso, hasta se ha olvidado que prácticamente Diavolo esta en el mismo hotel. Giorno toma todas las precauciones al momento de pedir la habitación, así que no habría ningún numero incómodo para esa noche.

Percibe el nerviosismo de Mista pero no comenta sobre ello. Él se mantiene calmado, aunque su mirada denota la felicidad que le provoca estar a solas con él. Lo mejor de todo, es que ya no siente esa picazón en la boca.

Él y Giorno llevan un buen rato llevándose como algo más que sólo amigos; se besa, se acarician, Mista no deja de llamarle amore mio. Es muy claro que Mista esta enamorado de Giorno.

El par evidentemente se aman, eso es algo que nadie puede negarlo. La cuestión es en cuanto tiempo pasaría para que hicieran oficial esa misma relación.

Fugo ha hecho las apuestas con su equipo. Él dice que en unos tres meses, mientras que Sheila afirma que sería hasta el año. Murolo dice no meterse en una apuesta tan ridícula como esa, sin embargo afirma que sería en el rango de los seis meses. Lo importante de todo esto, no es el rango de tiempo que haya pasado, si no el que es ahora cuando por fin parece que va a suceder lo inevitable.

Giorno le corresponde, ¿No es así? No le rechazará, ¿O si?

Sus vidas son agitadas, los tiempos para ellos son breves y con el grupo de vuelta lo serán menos. No es que Mista se queje por el regreso de su familia.

La habitación es una suite amplia con una cama King size; en medio de la sala se encuentra un jacuzzi que da con una vista perfecta de la ciudad. Mista le suelta una vez en habitación con el pretexto de asearse. No es que haga gran cosa al hacer tal tarea, se dirige al baño, se quita su gorrito y se echa agua en la cara.

Mista se acicala con ayuda de las Sex Pistols, todos están emocionados a su manera, como partes de Mista aman a Giorno. Sale del baño oliendo igual pero se a quitado el gorrito y se ha arreglado un poco el cabello.

Mientras Mista se da una lavada, Giorno se dirige al jacuzzi para abrir la llave y empezar a llenarlo. Mientras que el jacuzzi se llena de agua, Giorno revisa los jabones y aceites que vienen incluidos.

Le echa esencia de lavanda y hierbabuena, con su sentido del olfato tan agudo le parece una combinación fuerte pero agradable. Y por supuesto, no pueden faltar las burbujas.

– Giorno, ¿Sabes? Cuando nos conocimos no imaginé que llegaríamos hasta aquí. Pensé que huirías del grupo luego de la broma que Abbacchio te hizo o que te cambiarían de equipo. Eres muy talentoso, te veía y pensaba "wow este tipo va a llegar lejos"...en eso no me equivoqué.

Voltea su atención hacia Mista, dándose cuenta que no hizo ningún cambio a su apariencia más que quitarse el gorro. Le mira con amor, mismo que le ha dedicado con toda sutileza en sus momentos más íntimos.

– Una broma de mal gusto no iba a detenerme. No habría podido llegar hasta aquí de no ser por ustedes... especialmente por ti.

– Venga, Giorno, la verdadera ayuda la obtuviste de Bucciarati, no de mi. No lo hice mejor que los chicos y durante este año – se encoge de hombros – aquí los listos son Fugo y Polnareff.

– Bucciarati fue quien me dió la entrada a Passione, sin embargo fue contigo con quien tuve la primera misión.

– ¿Aún la recuerdas? Si alguien me hubiera dicho en ese momento que nosotros nos íbamos a enamorar…

– ¿Cómo olvidarlo? - Suelta una melodiosa risa. - Interrumpiste todo sólo para darle de comer a las Pistols. Esa es una primera impresión que no se olvida.

– ¡No puedo dejar a los chicos sin sus alimentos, ellos hacen mucho por mi!

Por fortuna hoy les había dado de comer bien, así que no iba a detenerse a darles de cenar.

– Lo sé y también les agradezco mucho toda su ayuda. – Agrega ahora acariciando con la punta de los dedos al ruidoso Stand.

Uno dice que para ellos es un placer cuidarle, Cinque se abraza a una de las donitas del cabello de Giorno. Hasta Tre se porta muy amoroso con él.

Mista se para frente a él.

– Claro que hay cosas que ellos no harían por ti.

Se arrodilla ante Giorno y toma su mano, no lo hace de manera precisamente elegante.

– No te asustes, no te voy a pedir matrimonio. – ''Aún'' – Giorno Giovanna, en todo este año el amor que siento por ti solo ha crecido más y más, yo… yo lo he pensado bastante. No se si soy digno del amor del Don de Passione pero quiero que esta relación–– bien, sea una relación de verdad...

Y como cerecita del pastel, las Sex Pistols revoloteaban sobre Giorno, chillando que dijera que si.

Mista no es elegante, su higiene da mucho que desear y su suerte es tan mala como la de un irlandés.

Pero Mista es su jodido desastre.

– Mista, eres digno de eso y muchas cosas más. – Se queda de pie ahora con Mista frente suyo y las Sex Pistols revoloteándole a su alrededor. – Ya era momento de formalizar lo nuestro, pensé que tardarías más.

Mista besa el dorso de su mano y luego la palma. Giorno se arrodilla sin soltarle, quedando a la misma altura, son sus labios los que reciben sus besos. Recibe cada uno de esos besos. La mano libre acaricia su mejilla con todo el amor que puede profesarle.

– No quería ser una carga para ti, Giorno… no quería que nuestra relación interfiriera con tu puesto.

Todo en Giorno es tan perfecto, su risa es música para sus oídos, duda que tenga cualquier imperfección. Tal vez a veces es muy serio.

– Hasta ahora no ha interferido con nada y eso no va a cambiar sin importar qué tan oficial se vuelta.

Sin embargo, hay algo que le preocupa a Giorno. Un hecho que hace que su adorable sonrisa se borre momentáneamente.

– Temo perderte, Mista.

A esas alturas el jacuzzi ya está lo suficientemente lleno para poder cubrirlos a ambos en burbujas y el aroma de los aceites ha inundado toda la habitación. Mista mira el jacuzzi, no es tan tonto para no entender que ambos van a entrar ahí, esta a medio camino de quitarse el suéter cuando escucha la preocupación de Giorno.

– ¡Se que a veces sufro algunos accidentes pero mientras estés ahí para curarme todo estará bien!

– No puedo curarte del paso del tiempo, mio caro.

– No tengo miedo a envejecer, Giorno .

– Se que tú no vas a envejecer y a lo mejor será un poco raro cuando sea un anciano y tú sigas igual de joven, pero no creo que eso vaya a destruir nuestra relación. Tú y el resto necesitan aliados humanos y no puedo dejarle toda la carga a Fugo, a lo mejor el quiere unirse a ustedes por Narancia. No quiero quitarle esa oportunidad.

Se quita su apestoso suéter, va desnudarse por completo y luego ayudará a Giorno con su ropa. Giorno se deja desvestir, aun con las Pistols sobre él. Pero, a pesar de las dulces palabras de Mista, esa preocupación no se esfuma..

– Guido, no tengo problema con que envejezcas... tengo problema con perderte.

Estando a solas, es cuando puede mostrar cuál vulnerable es el Don de Passione.

– Viviré por mucho tiempo, pero no me veo haciendo esto sin ti.

Eso era algo en lo que Guido no había pensado. Giorno ya no es humano y… ¿Y cuánto vive un vampiro? ¿Siglos? ¿Para siempre? Giorno ni siquiera tiene debilidad por el sol, ni eso puede acabar con su vida.

Podría ser el Don de Italia para siempre si lo deseara. Con el tiempo que está seguro que vivirá, Giorno podría ser el Don de mucho más que sólo Italia. Podía llevar su justicia mucho más lejos si así quisiera.

En el futuro a Josuke y a Leone no les va a gustar los planes de expansión de Giorno; se derramará sangre por ello.

– ¿Quieres que me convierta, verdad?

– Sabes que no me gusta repetir las cosas. Eres importante para mi y quisiera poder tenerte a mi lado por siempre.

Mista se queda pensando, sería un idiota no aceptar la juventud eterna de mano del hombre más hermoso de toda Italia. Pero si él acepta y si Fugo se transforma por Narancia, ¿Qué humanos de confianza tendrán para alimentarlos, para qué estén atentos en el día cuando ellos duermen? ¿Y si Giorno desea morder a alguien? ¿Y si a los capos no es gusta ser controlados por vampiros? Él es el Sottocapo, el puede darle una familia leal a Giorno.

Mista a veces parece un idiota con pláticas de sobremesa sin sentido, pero se ha puesto ya a pensar en todos eso.

– Giorno, vas a necesitar humanos que sean de tu plena confianza; alguien que haga todo por ti, si me convierto y más tarde Fugo lo hace… ¿Y si esperamos a que me haga viejo y luego me conviertes?

Pero viendo las cosas de forma objetiva, Mista tiene razón en algo: necesitan aliados humanos. Y siendo sinceros si Fugo llega a ser convertido sería a causa de un accidente por parte de Narancia.

– La oferta quedará en pie.

Giorno no se considera una persona egoísta. Todas su acciones hasta el momento han sido con las mejores intenciones hacia quienes les rodean. Pero bien dicen que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Su único deseo que puede considerar 100% egoísta es el tener a Guido a su lado por el resto de la eternidad.

– Cuando sea viejo y tenga pelos en las orejas y apenas escuche y haya hecho todo lo necesario para ayudarte a ti y a Passione se que entonces vendrás a mi y me darás la vida eterna y estaremos juntos para ver como Passione e Italia prosperan.

Sella su promesa con su beso; un largo y devoto beso. Todo su amor y toda su lealtad serían para siempre de Giorno y de nadie más. Es una promesa que Giorno va a cumplir. Sólo espera que Mista viva lo suficiente para llegar a ese punto.

Y si no, él mismo se lo arrebataría a la muerte tal y como lo hizo con el resto de su familia. Si le sigue robando a la muerte, esta le cobrará con intereses.

¿Qué es la muerte para alguien inmortal? Giorno sabe que no debería sobreestimar sus habilidades ni tampoco el abusar de estas.

Pero Giorno es arrogante como su padre, aun si no lo admite abiertamente.

No va a pensar mas en ese tema. No cuando tiene ahora a Mista desnudo. Para ese momento las Sex Pistols han desaparecido; se habían ganado ese momento solo para ellos dos. Mista quiere que Giorno se olvidé del lúgubre pensamiento sobre su inevitable muerte, quiere que de concentre en lo bueno: en su familia, en el poder que Passione tiene, en el amor que sienten el uno por el otro.

Al separarse, le toma de la mano y jala con suavidad, metiendose al jacuzzi. Mista entra al jacuzzi, no recuerda haber usado uno antes.

Ni haber estado desnudo junto a Giorno antes.

– Eres hermoso… bien, ya sabes, siempre lo has sido; no se si te lo digo lo suficiente.

– Lo has dicho, pero puedes decirmelo cuantas veces quieras.

Se hunde por un momento en el agua recubierta de burbujas. Al salir no quedan mas rastros de sus muy características donitas del cabello. Empuja a Mista hasta el borde del jacuzzi, repegando su cuerpo a este para atacarle a besos y caricias.

Oh que cerca estaba Giorno y que hermoso se veía empapado y con el peinado desecho, que agradables eran sus caricias y sus beso, su cuerpo contra el suyo resultaba suave y bajo el agua del jacuzzi estaba tan tibio como el suyo.

Los besos fueron correspondidos y sus manos gustosas recorrieron su cuerpo: su espalda, sus brazos, su redondo y firme trasero.

Por más que a Giorno le guste escuchar a Guido clamándole su amor, prefiere saborear sus labios. La calidez de la tina sólo aumenta el ambiente de sensualidad que hay entre ellos. Sus manos bajan hacia las caderas del pistolero, pasando para tocarle esa otra pistola ajena a su Stand.

Le da una mordida en sus labios, cuidadoso de no abrirle la piel. No debieron esperar tanto, piensa Mista mientras chupa sus labios y luego lleva su lengua dentro de su boca, nada de malo tiene un beso obsceno entre ellos, Giorno es más joven que él pero llevan todo un año deseándose.

La "pistola" de Mista esta más que preparada para las caricias de Giorno; no es un inocente muchachito, ha hecho lo suyo varias veces con algunas chicas y chicos. No es un amante consumado pero tiene experiencia suficiente para no quedarse quieto mientras Giorno le toca.

Guido se ha imaginado en todas las formas posibles con Giorno y lo ha desnudado con la mirada tantas veces que perdió la cuenta.

Ahora tiene entre sus manos, sus muslos desnudos y luego su polla. Sin duda quería tocarla desde un principio, atenderle como se merece pero ha recorrido su cuerpo primero hasta el plato final, el exquisito le masturba, quiere sentirlo duro y por todo lo bueno de este mundo, quiere que de corra en su mano mientras se lo folla.

Giorno es virgen.

En el colegio es muy popular entre las chicas, aun antes de haberse vuelto el Don de Passione; siempre se le veía rodeado de un pequeño séquito de admiradoras. Siempre les encontró ruidosas y molestas. En realidad las chicas nunca han sido de su interés.

Por otra parte, Mista captó su atención desde la primera misión que tuvieron juntos. Giorno ha tenido cientos de fantasías con él y ahora era el momento de poder cumplirlas.

Deja que sea él quien tome la pauta, que le guíe; pero no significa que no vaya a exigirle. A fin de cuentas el es el Don y como tal, requiere lo mejor de sus allegados más cercanos.

Y pensar que Narancia estaba totalmente seguro de que Giorno le había dado una mamada cuando durante un año no llegaron más allá de los besos y una que otra caricia subida de tono. Ahora que lo piensa le encantaría que esa mamada fuera realidad, entre otras tantas cosas.

A veces Mista se pregunta porqué se resistió tanto, probablemente por tonto.

Agarra las nalgas de su Don, se asegura de pegarlo muy bien a su cuerpo; hasta que su miembro roce con el otro; pretende envolver a ambos con su mano y apreciar como la erección de Giorno crecía junto a la suya.

Es bueno saber que los vampiros no están tan muertos como se cree.

A Narancia le va a dar algo al saber que lo que Giorno y Mista han hecho va más allá de una sola mamada. Aunque en retrospectiva, a Giorno tampoco le molestaría haberlo hecho en su tiempo. Bien, siempre puede compensárselo. Hay muchas cosas por compensar de todo ese año y tan poco tiempo entre ellos para hacerlo.

Giorno se sostiene pasando sus brazos alrededor del cuello de Guido, restregando su cuerpo contra el otro, tan atento a su toque. Gime al oido de su amado pistolero, con esa voz melodiosa y suave. Restriega la nariz contra su piel, aspirando su aroma tan exquisito; pasa la lengua por su piel, sus colmillos recién crecidos rozándole.

Oh, cómo quisiera darle una mordida, pero se abstiene de hacerlo. No es el momento para ello, quiere avanzar un poco más antes de morderle.

– Giorno… quiero hacerte tantas cosas…

Confiesa entre suspiros, nada más de sentir al rubio restregándose contra él ya esta temblando como si el agua estuviera helada; aprieta sus miembros, su mano libre recorre su espalda y al llegar a su trasero sus dedos no tienen reparo en meterse entre este. Besa su barbilla, su cuello, sus hombros; Giorno huele delicioso y él ni siquiera necesita del fino olfato vampirico para notarlo.

– Entonces hazlas, tu Don te lo ordena.

Y ese mismo Don suelta un respingo al sentir el par de dedos metiéndoseles en el culo. Es una sensación extraña, en un inicio incómoda; pero al poco tiempo logra acostumbrarse, dejándose llevar por el ritmo de la dedeada.

La habitación es ambientada por los dulces gemidos del rubio que se entremezclan con el nombre de su amado.

– Yo jamás rechazaría una orden del jefe.

Y menos cuando le habla con ese tono tan erótico y lo oye gemir de aquella forma, hasta en lo obsceno Giorno era una obra de arte.

Asume que Giorno es virgen, no tiene porqué pensar lo contrario ni quiere hacerlo. Prueba con un dedo primero pero no tarda en agregar un segundo, el agua ha de servir como lubricante mientras sus dedos se hacen camino dentro de Giorno. Es cuidadoso e infinitamente amoroso.

– Giorno… si algo no te gusta debes decírmelo...

Le gusta escuchar a Mista tan complaciente, tan obediente como siempre ha sido. Puede que le vaya a dejarle hacer lo que quiera con su culo, pero eso no significa que vaya a ser Mista quien tenga el control.

Giorno es igual a su padre en muchos más aspectos de los que quisiera saber.

– No... no me molesta. – Jadea contra su oido, dandole una mordida en el lóbulo. – Es sólo que... es mi primera vez. Con cualquiera.

Sus uñas se entierran en el pecho del pistolero, dejándole marcas ensangrentadas al deslizarlas. No le molesta lastimarlo un poco, a fin y al cabo puede curarlo más tarde usando a Gold Experience.

Pese a las exigencias usuales de Giorno, ese momento le parece perfecto. Guido le parece perfecto. Su temblor, sus jadeos, su olor y la forma en la que sus dedos se mueven en su interior.

Mista tiembla. Mista jadea. Mista se da cuenta de lo especial que es momento al ser la primera vez de Giorno. Tenía que ser perfecto, ¿Era capaz de hacerlo perfecto? Debió comprarle flores, debió cubrir el camino a la tina con pétalos; debió hacerle sentir el hombre más amado de la tierra porque eso mismo le hace sentir el tenerle a su lado.

Aún si Giorno le entierra las uñas a tal grado que su sangre escurre por su piel y tiñe el agua de rojo, para Guido cada herida repercute en la dolorosa erección entre sus piernas, el escozor de las heridas le trae placer aún si nunca se vio como un hombre masoquista.

Saca los dedos, le murmura a Giorno que va hacerlo con su pistola. Besa sus labios repetidamente y le pregunta si quiere ir a la cama, tal vez este más cómodo ahí

Se relame los dedos manchados de sangre y de ahí pasa a lamerle los rasguños que ha dejado. El sabor de su sangre fresca es aun mas delicioso que sacado de las bolsas refrigeradas.

– No. – Responde con esa voz autoritaria. – Quiero que me tomes aquí mismo.

Giorno es un vampiro, Mista no puede olvidarlo. Si, Giorno si así quisiera podría morder a Mista y dejarlo sin una sola gota de sangre. Pero tiene otros planes para su pistolero. Es sensual la forma en que lame la sangre de sus dedos pero no puede olvidar que de ahora en adelante su amado rubio se alimenta principalmente de sangre.

Podría ser la presa de Giorno en cualquier momento. ¿Le molesta? En absoluto, menos después de que Giorno le ha dicho que "quiere que lo tome".

– Como ordene, Don Giovanna.

Traga saliva y le ayuda a levantarse lo suficiente para que pueda guiar su pene entre sus levanta la cadera, no quiere parecer perezoso pero prefiere que Giorno le deje entrar a su ritmo, ni siquiera se pone a pensar en lo resistente que es Giorno.

Le deja acomodarse, pronto está sobre el, descendiendo poco a poco de forma que se le meta la polla en el culo. Es mas grande que los dedos, obviamente. El rubio gimotea gustoso, arqueando la espalda sin soltarse de su amante hasta tenerle metido hasta la base.

Mista no pasa el detalle de decirle a Giorno lo apretado que esta, su cuerpo le parece tibio a pesar de su condición, no es que su temperatura fuera hacerle desistir de follarlo. Rodea su espalda con un brazo y lo atrae hacia él, la mano libre la ocupa para retirar sus mechones dorados del rostro.

Levanta su cadera para golpear su interior, es menos cuidadoso de lo que pretendía.

Giorno Giovanna es un masoquista. Responde gimiéndole al oído. Le promete que no se va a romper, así que también le exige que sea mas rudo.

Pequeñas olas se forman a sus alrededores con cada estocada. Conforme aumenta la fuerza, también lo hace el tamaño de aquel oleaje, derramándose por los bordes del jacuzzi.

¿Será que Giorno usa sus habilidades vampíricas en ese momento sobre Mista para que ceda a sus deseos o el pistolero diría que si solo por amor o ese amor era resultado de la naturaleza de Giorno? Aún si esas preguntas en algún punto de la vida atravesaran la mente de Mista, no le importaría. El hecho es que cuando esta al lado de Giorno su corazón late con fuerza, toda su felicidad se concentra en su persona y el deseo que despierta en él, ¡Oh, cuantas noches alimentado de las fantasías con Giorno se masturbó!

Y ahora es real.

Carisma y gran poder de seducción y convencimiento. Unas cuantas de las cosas que le ayudaron a llegar a donde está ahora. Eventualmente hasta Giorno va a dudar de cuales cualidades en verdad son suyas y cuales otras son heredadas.

Mista empuja a Giorno para dejarlo bajo su cuerpo, dejándole con la espalda contra el borde del jacuzzi; de esa forma puede embestirle con más fuerza, enterrarse dentro de él y gemir bien alto. Guido es joven y atlético, lo que le sobran son energías para cogerse a Giorno rápido y fuerte mientras aceptar a entregarse a él también.

Los ojos del Don se mantiene sobre los de su pistolero; hay una mezcla de lujuria y hambre en su mirada, en conjunto con todo el amor que le dedica. Besa sus labios; besa su mentón; besa su cuello. Le olisquea, sus colmillos rozan tentativamente la piel, como si le estuviera pidiendo permiso antes de tomar lo que le pertenece.

– Soy tuyo… – Susurra jadeante. Sabe lo que quiere Giorno, es otra de las razones por las que se aferra a la humanidad.

Giorno hace una pausa al escuchar a Mista. Esa pausa no es corta, pero para él se siente de esa manera. No se va a hacer del rogar. Teniendo ya el consentimiento de Mista, le da un beso más en el cuello, con el sabor de su piel y su sudor entremezclado con el aroma de los jabones y aceites de la habitación.

Es suyo. Su cuerpo, su alma y su vida entera le pertenecen.

Lo reclama enterrando los colmillos sobre su delicada piel, ofreciendo a cambio su propia existencia.

Mista no sabe nada de vampiros, mas lo que la cultura pop y la breve experiencia actual le han enseñado. Sabe que no debe exponer a sus amigos a la luz, aunque por alguna razón eso no se aplica a Giorno; sabe que debe alimentarlos con sangre, y por ello se ofrece tan gustoso a su Don.

Lo que no sabe es el poder que Giorno tiene y tendrá sobre él al volverse su presa, tampoco conocía el poderoso afrodisiaco que implicaba ser mordido por él como si el entregarse de esa forma fuera un acto más erótico que el mismo acto sexual.

Mista se estremece, contiene en aliento mientras es mordido y vuelve a golpear el interior de Giorno. Se siente tan unido a Giorno en tantos sentidos, nada a su alrededor importa más que la conexión profana que establecen.

Es una mordida breve, separa sus labios ensangrentados para compartir su sabor con un beso. Los labios de Giorno manchados de su sangre son un delirio para él, ya no solo los besa, los devora, no se separa de ellos hasta que necesita respirar.

El beso le sabe a pura gloria, también le sirve para acallar sus propios gemidos.

Si Giorno y Mista compartían ya un vínculo, esa mordida es lo que acaba por solidificarlo.

Guido Mista es suyo y quien se atreva a tocarlo tendrá que enfrentarse a él.

Giorno es un amante receloso, no le gusta compartir lo que es suyo y se asegurará de marcar a Mista lo suficiente para que otros vean que le pertenece.

Va a correrse, esta a punto y lo hará dentro del rubio. Quiere ver a Giorno llegar al clímax el mismo tiempo que él. Ofrece su cuello de nuevo, que beba hasta estar satisfecho mientras él lo embiste y le masturba; mientras busca darle placer de todas las formas que puede.

Lame la herida antes de morderle de nuevo, ahora al otro lado del cuello, y varias otras mordidas que deja por cada exquisita estocada.

Las olas a su alrededor se han vuelto una fuerte corriente que va en crescendo, al igual que el placer hasta llegar al orgasmo y correrse, diluyendo su corrida en el agua.

Sus ojos se abren por completo, su mirada parece perdida por el orgasmo, su boca entreabierta con un hilo de saliva mezclada con sangre colgando.

Carajo, esto es mucho mejor que todas sus fantasías juntas.

Guido no iba a olvidarse nunca del rostro de Giorno en ese momento mientras llega al orgasmo. Se viene dentro de Giorno entre sonoros gemidos y embestidas que poco a poco bajan de intensidad mientras sigue embelesado por el más maravilloso y glorioso orgasmo.

¿Han vaciado el jacuzzi? Ya puede ver la mitad del cuerpo de Giorno fuera del agua.

El agua ha lavado la sangre de Mista pero sigue sangrando, no parece importarle ¿Qué podría preocuparle en ese momento?

Deja caer su peso sobre Giorno. ''Te amo'', le dice entre besos; "eres maravilloso".

– Guido... mi dulce Guido...

Giorno se aferra a Guido, compartiendo sus dulces besos y lamiendo los rastros de sangre de las mordidas. No quiere que se diluya, esa sangre es suya.

Mista sale de él cuidadosamente, esta más que satisfecho y ahora no quiere moverse. ¿O quiere repetir?

Giorno gimotea al sentir a Mista saliéndose. Es una queja, o mas bien una exigencia.

No ha perdido mucha sangre.

Aún.

Mista comienza a besar sus hombros, hasta meterle una mordida.

– Giorno...

– ¿Tan pronto te has cansado...?

El hambre de un vampiro no es fácil de saciar. No debería pedirle tanto, no después de haber bebido su sangre. Pero el egoísmo de su naturaleza no tarda en salir a relucir. Tenían toda la noche para ellos dos.

Da otro gemido al sentir la mordida de Mista. Eso le prende.

– Si no no soy un viejo, podría hacer esto toda la noche.

– Eso está por verse.

Y Guido se levanta, para mostrarse en toda su joven, bronceada y velluda desnudez. Sale del jacuzzi, esta vez lo harían en la cama o en el piso, ¡Que va, lo harían en ambos lugares! Iban a coger como conejos hasta que le doliera el cuerpo a Mista, por lo menos es un hecho que el cuerpo ya le duele.

Giorno se relame los labios, admirando toda la bronceada y juvenil desnudez de su amado, tan adornada por las marcas de las mordidas que le ha dejado.

¿Adivinen quien se resbala al salir del jacuzzi? Cinque sale llorando a decir que Mista ya se murió.

Ese momento de sensualidad acaba arruinándose con la torpe caída.

Giorno no está seguro si reír o preocuparse, de todas formas va a su rescate.

El pobre se pegó en la cabeza, pero esta bien y consciente, solo su orgullo esta un poco roto.

Giorno le asegura a Cinque que Mista está todo menos muerto. Le ayuda a levantarse y salir del jacuzzi, esta vez asegurándose de no dejarle resbalar hasta llevarlo a la cama.

El resto de la noche la pasarán follando, Giorno le dejará muchas mas mordidas en varias partes de su cuerpo pero aquellas heridas serían sanadas entre los breves descansos.