Y ahora seguro han de estarse preguntando, ¿Qué fue de la pequeña Jolyne? Mientras el resto de la familia le echaba pleito de nuevo a Joseph, Jolyne sentía una mirada sobre ella. Al asomarse, podía ver claramente el grupo de niñas jugando a las afueras del restaurante y entre ellas, una en particular atrajo su mirada.

Jolyne se escabulle afuera del restaurante, llevando consigo su pedazo de pastel. Afuera la niña se relame los labios al verle llevando el pastel, debe tener a lo mucho unos dos años más que Jolyne. Su cabello es rosado y lleva una boina en la cabeza.

Jolyne ve hacia atrás rápidamente, asegurándose que esos cuatro siguen hablando, sigue adelante hasta llegar con la niña de cabello rosado.

– ¿Me das de tu pastel?

Me gusta tu cabello. – Le dice en inglés, ofreciéndole un poco de su cena/postre.

Era tan… rosa. Su cabello, sus pestañas, ¡Incluso sus ojos!

Como es de esperarse, aquella niña no le entiende ni un carajo, pero comprende que le ofrece de su pastel y acepta de buena gana, ¿Porque quién en su sano juicio rechazaría un pastel de chocolate?

Le ofrece su mano para que vayan a jugar con el resto de niñas. No es algo malo, solo una acción inocente de una pequeña niña, ¿Qué es lo peor que puede pasar? La barrera del idioma no resulta ser la gran cosa entre el par de niñas. Jolyne le sigue para irse a jugar a su lado; definitivamente era mejor eso que estar sentada escuchando las idioteces de los demás.

Desde que llegó a Roma, se ha visto rodeada de gente mayor que ella. Era agradable tener a alguien de su edad (o cerca de) con quien poder jugar.

De rato comienza a hacer frío y Jolyne no viene tan abrigada como su nueva amiga, así que no tarda en prestarle su abrigo; como ella le dió de su pastel, le parece lo justo. Aquello no sólo la resguarda del frío, si no que también le hace pasar desapercibida como si fuera parte del grupo de niñas del orfanato.

Las niñas juegan a las atrapadas, no se necesita gran explicación pero se hacer tarde y las monjas empiezan a llamarlas. Debe haber treinta niñas como mínimo, no van a notar una extra.

Jolyne es la niña más bonita que a visto en toda su vida y eso que vive rodeada de otras niñas. Y sí, se lo hace saber, aún a sabiendas que no le entendería.

Jolyne le responde sacando el labial robado de la tienda, toma cuidadosamente a su amiga de la cara y le pinta los labios. El verde fluorescente combina con ese cabello rosado. Un sugoi se lo hace saber.

– No te entiendo nada pero esta bien.

Toma la mano de Jolyne cuando son llamadas, ni siquiera se detiene a pensar que ella debe volver con los adultos con los que estaba. Está muy feliz con su nueva amiga de cabello de colores. Ella va a ser su nueva muñequita.

Y Jolyne se deja llevar cuando el grupo es llamado. Asume que irán a jugar a otro lado y regresarían más tarde ahí, sin imaginarse que es todo lo contrario.

Las niñas se toman de las manos para irse y ninguna menciona a la niña extra, el grupo vive en un orfanato cercano al Vaticano, volverían caminando; y si nadie la menciona, ninguna de las monjas se daría cuenta de la nueva integrante de su grupo.

Una vez más, la gravedad hace de las suyas, atrayendo a personas poco comunes hacia otras, aun si Jolyne Cujoh no ha demostrado ser una usuaria de Stand.

Su nombre es Narcisa, aunque eso no es algo que Jolyne vaya a saber aún, por supuesto.

Narcisa es una niña muy bonita pero a las otras niñas del orfanato las tiene un poco aterradas. Narcisa desarma todo lo que caiga en sus manos, incluso animales. Lo peor es cuando arma los cuerpos en formas imposibles, eso es lo verdaderamente grotesco.

Jolyne no sospecha del peligro que puede representar el estar con Narcisa, para ella sólo es una niña agradable con un color de cabello muy bonito.

Tras un rato caminando por las calles de Roma, las niñas llegarían al orfanato. Es un construcción antigua y grande. A pesar de no ser un mal lugar, por fuera no luce nada encantador.

– Aquí es dónde vivo, te va a gustar mucho. Las monjas son muy buenas, aunque muy aburridas.

Jolyne levanta la mirada hacia el orfanato. Ese lugar le da mala espina, cree que ese es buen momento para irse.

– Debo irme, Josuke oniichan debe estar preocupado...

Retrocede, intentando alejarse, pero Narcisa la agarra de la mano; no piensa soltarla.

– ¿A dónde vas? ¡Vamos, nos cerrarán la puerta y no alcanzaremos el postre!

Ahora la barrera del idioma es un problema ya que Narcisa no entiende la preocupación de la niña y tira de su brazo para que le siga hacia el interior del orfanato.

Jolyne tira de vuelta la mano de Narcisa, pero su fuerza no es suficiente y termina por entrar al lugar. Tendrá que hallar la forma de escaparse por su cuenta. No quiere preocupar a Josuke y que su papá le eche la culpa de haberle perdido.

– Ojalá pudieras entenderme, no quiero separarme de ti nunca.

En el orfanato hay alrededor de cien niñas, así que si entre 30 no la notaron, menos lo harán ahora. Narcisa no es tonta; sabe lo que ha hecho pero las niñas no se meten con ella, le temen lo suficiente para no delatarla.

Esto es prácticamente un secuestro. Narcisa parece no querer dejarla ir y las otras niñas no han dicho nada sobre su presencia. ¿Acaso nadie se ha dado cuenta que ella no corresponde a ese lugar?

– Te va a gustar vivir aquí, ¡Iremos a todos lados juntas!

– Otousan se va a enojar mucho con Josuke oniichan...

Eso si es que se da cuenta siquiera de su ausencia. A veces cree que podría desaparecer y su padre ni siquiera se daría cuenta; aunque extrañaría al "fantasma del ora". Tampoco podía desaparecer de ahí, apenas estaba conociendo al abuelo Jonathan y al abuelo Dio, y también le gustaba estar con ellos.

– No puedo entenderte. – Y eso le es desesperante, además su linda "muñeca" parece bastante triste. Tal vez hizo mal en llevarla consigo; ni siquiera lo pensó al hacerlo.

El interior del orfanato es menos tétrico que la fachada. Todo gracias a las generosas donaciones que Don Giovanna le ha dado el lugar.

Después de la cena, las niñas se aseaban e iban a la cama. Las monjas las contaban, ahí era el momento donde podrían darse cuenta de la niña extra. Narcisa lleva a Jolyne hacia los dormitorios, no sin antes pasar al comedor a robar algunos postres.

Los dormitorios eran enormes, para diez niñas cada uno, no había muchos espacios privados y todas ellas debían meter sus pertenencias personales en el baúl frente a sus camas. Al llegar, corrió al baúl de sus cosas, sacó una libreta y un juego de crayolas y se los entregó a Jolyne. Tal vez podía dibujar lo que quería.

A Narcisa la habían dejando a la entrada de la iglesia cuando era una bebé, nadie respondió por ella y con ella no habían dejado ningún efecto personal que dijera quienes eran sus padres. No tenía muchas cosas más que sus uniformes y sus cuadernos para colorear, donde había hecho burdos dibujos del "fantasma" que la ha seguido toda la vida.

Jolyne toma la libreta y las crayolas, dandole una ojeada rápida a los dibujos de Narcisa. Su atención es fugaz y pasa de hoja en hoja hasta hallar una hoja en blanco para poder hacer un burdo dibujo de su familia que le acompañaba: Josuke, Joseph, su padre y sus otros dos abuelos, al igual que Holly.

– ¿Es tu familia? ¡Es mucha gente! – Exclama al mirar el dibujo. – ¿Quieres volver con ellos? – La niña de cabello rosa toma el dibujo y agrega un feo monigote que se distingue como Joyle solo por su cabello colorido. – Yo no tengo familia… las monjas no cuentan, ellas no son como los papás y las mamás.

Jolyne le dirige una mirada en silencio; retoma la crayola y su dibujo para escribir su nombre debajo de su burda imagen colorida. Hace una pausa, duda que su amiga le entienda al kanji, así que lo deletrea con el alfabeto; poco después escribe los nombres del resto de su familia.

– ¡Te llamas Jolyne! Yo soy Narcisa.

Se apresura a escribir su nombre en la libreta bajo un dibujo suyo. Junto a su dibujo, se encuentra uno que destaca: una extraña criatura azulada. No tiene nombre, para Narcisa no es más que ''la cosa azul'' que la sigue y le ayuda a desarmar cosas. No sabe que es, pero eso no le asusta; cuando esta sola es su único amigo. Aunque ahora tiene a Jolyne. Que no es suya y no la quiere devolver.

Por otro lado, todas ahí quieren una familia y salir de orfanato. Tampoco le parece justo alejarla de su familia.

A Jolyne le da curiosidad los dibujos de Narcisa, quisiera preguntarle qué es esa cosa azul que dibuja a su lado; sin embargo, hay cosas mas importantes que hacer, como el salir de ese lugar y hallar a su familia.

Narcisa vuelve a su baúl y saca una mochilita rosada. Guarda la libreta, las crayolas y una mantita con motivos de gato; y por supuesto, un desarmador.

– Ven, – le ofrece la mano – te voy a llevar a tu casa.

Narcisa trajo a Jolyne, Narcisa la va a llevar de vuelta. Lo que Narcisa no ha pensado es que Jolyne es un extranjera que no conoce la ciudad, ella misma nunca ha salido sola. Lo sensato habría sido hablar con las monjas y decirles lo que hizo, pero prefiere escabullirse con Jolyne.

En la habitación hay un reloj con forma de gato, anuncia que van a dar las diez, las niñas pronto van a subir. Ellas tienen el tiempo en su contra, no sólo por la posibilidad que otras niñas o las monjas las encuentren, si no porque Jolyne está segura que Josuke y el resto ya deben de haberse dado cuenta que no está.

El orfanato es una construcción antigua, tiene muchos recovecos que los adultos han olvidado y que Narcisa se ha aprendido de memoria. Saldrían por la parte trasera del edificio, hay un gran jardín donde las niñas juegan durante el día y un enorme muro rojo las separa de la libertad.

Jolyne no se suelta de Narcisa, mas que nada porque no quiere perderse entre los recovecos del orfanato, es muy oscuro para su gusto y no puede ver muy bien hasta salir al jardin y la barda.

– No podemos subir a eso.

– ¡No me sueltes! – Exclama, a pesar de saber que Jolyne no puede entenderle, Narcisa le agarra con fuerza en caso de ella decida soltarse.

Es ahí donde la cosa azul hace su aparición. La cosa azul no solo le ayuda a desarmar cosas, también a traspasar cosas. Desde superficies, hasta seres vivos.

Y entonces Jolyne lo siente. Una presencia extraña, como si ellos no fueran los únicos solos ahí, es algo similar como cuando aparece el "fantasma del ora". Entonces Jolyne lo sabe. Sabe que Narcisa es especial. Especial como su padre, Josuke o como Kakyoin. Ahora es ella quien no se suelta de Narcisa, debía de llevarla con su familia.

Atravesarían el muro como si se tratara de un líquido y antes de que alguien lo notara, estarían al otro lado, con las calles de Roma frente suyo.

Por supuesto, sus problemas apenas están empezando. Quizá hoy en día sean seguras pero no deja de tratarse de dos niñas pequeñas sin vigilancia. Narcisa vuelve a sacar la libreta para dibujar una casita fea y un signo de interrogación, ella cree que Jolyne sabe donde vive y tiene aún más confianza de que podrá regresar al orfanato por su cuenta.

Narcisa es un poco ingenua.

Jolyne mira a sus alrededores y despues a la hoja con el dibujo de la casita. Levanta los hombros, sin saber qué responderle. Intenta recordar el camino que tomaron las monjas para llevarles ahí, pero no logra ubicarse.

Aun así, toma a Narcisa de la mano y se adentra a las calles oscuras de Roma. Seguro Josuke oniichan debe estarle buscando, ¿Qué tan grande podía ser Roma?

Jolyne no tiene ni idea.

– Tengo que volver antes de que salga el sol o las monjas se van a molestar mucho, no son malas pero son muy aburridas ¿Cómo es tu mamá? ¿Tú papá? Es verdad, no me entiendes…

Para empezar, no sabe llegar ni a la plaza y Narcisa no entiende esto, a veces la ignorancia es una bendición porque muy tranquila la sigue sin soltarle. Narcisa piensa seguirle toda su vida, con una lealtad casi ciega.

Las calles están bien iluminadas, las principales están llenas de turistas aún a esas horas y no es que los adultos a los alrededores les fueran a poner mucha atención a las niñas. Es aun mas facil el perderse entre la multitud y de no ser porque no se suelta de Narcisa seguro se habría perdido más de lo que ya estaba.

Frente a ellas un grupo de artistas callejeros hacia un espectáculo para los turistas, malabaristas vestidos con trajes coloridos hacían su acto para la gente.

Su atención pasa hacia los artistas urbanos. Es un show colorido y de música agradable. Uno de estos se acercó a Jolyne, se inclinó hacia ella y pretendió sacar un clavelito rojo de detrás de su oreja.

Narcisa aplaudiría pero eso significaría soltar a Jolyne y es algo que no va a hacer, el artista le regala el clavel a la pequeña, aunque con tanta gente se iba a ver obligadas a retirarse de la multitud para no ser aplastadas, Narcisa la jala.

Quizá solo no le gusta que le roben la atención de su muñequita, la cual abraza y restriega su mejilla contra la suya.

– ¡Estás tan calientita! – Ella no lleva su abrigo, en vista que es ahora Jolyne quien lo tiene. – Vamos, hay que llevarte a tu casa.

Jolyne apenas logra tomar el clavel antes de ser jalada por Narcisa. Con esa cercanía, Jolyne se percata que Narcisa está fría; no tardaría en abrazarla para cubrirla lo más que se pueda con el abrigo.

¿A dónde esta yendo el par de niñas? Lo cierto es que sin saberlo se estaban alejando más y más de la piazza donde probablemente Jotaro mataría a Joseph. Jolyne se va a perder del homicidio de sus abuelos por parte de su padre y su mejor amigo.

En lugar de eso, se mete por callejuelas solitarias y cada vez más oscuras. Afortunadamente tiene la compañía de Narcisa y sabiendo que ella tiene un fantasma a su lado, puede sentirse un poco más segura.

– Este no es el camino que recuerdo...

Esta vez no tienen que hablar el mismo idioma para saber que están perdidas.

Quizá para que el silencio no hiciera más pesado el ambiente aún sino se entendían comenzó a hablar de todo lo que se le ocurría, en especial de ''la cosa azul''.

– La cosa azul puede hacer de todo, en el orfanato dicen que solo es mi amigo imaginario pero sé que es real; como nadie puede verlo no me creen.

Tal vez puedan preguntarle a algún adulto pero si Narcisa no tuvo la confianza de contarle a las mujeres que cuidaban de ella, mucho menos a un desconocido en la calle.

– Si seguimos caminando seguro encontraremos el camino. – Se detuvo para sacar su manta, por lo menos así podrían cubrirse las dos.

Mientras más se adentran en los oscuros callejones, más preocupada se ve Jolyne. ¿Y si no volvía a ver a su familia? Tal vez otousan no se daría cuenta, ¿Pero que hay del resto? Por más que quiera verse tan fuerte como su padre, sigue siendo una niña pequeña y asustada. Pronto, sus adorables ojos se llenan de lágrimas, obligándose a limpiarse con la manga del abrigo.

Jolyne simplemente no puede visualizar a su padre preocupándose por su ausencia. A veces cree que sólo se quedó con ella por compromiso, que habría sido mejor irse a vivir con su madre a Florida.

– No llores, te voy a llevar con tu familia… te lo prometo.

Narcisa no se siente tan mal de dejar el orfanato, no era un mal lugar pero esta segura de que así no debe sentirse un hogar.

Una calle más y luego otra, a Narcisa ya le duelen los pies y Jolyne quiere un lugar donde sentarse a descansar.

Escuchan una voz ajena. Entre la poca luz, pueden ver a un vagabundo, a duras penas puede moverse; varias latas de cerveza le rodean, apesta a alcohol. Estan demasiado cerca, suficiente para que el borracho jale a Jolyne del brazo.

La menor grita en japonés, forcejeando, sosteniéndose de Narcisa como si su vida dependiera de ello. Narcisa no piensa soltar a Jolyne, el problema es que siguen siendo dos niñas pequeñas contra un adulto.

Es ahí donde su Stand entra en acción, brevemente las hace intangibles para que puedan deshacerse del agarre de aquel hombre. Jolyne siente un toque antes caer de espaldas al liberarse del agarre de aquel hombre.

Busca en el suelo hasta hallar una lata tirada y aventarsela al sujeto con todas sus fuerzas. Jolyne tiene un excelente tino y le da justo al hombre en la cabeza, luego de ello el hombre se toma a la tarea de ir tras ellas, aún si esta tan ebrio que apenas puede andar.

Narcisa esta tan aterrada como Jolyne, tanto que ni una de las dos se fijan por donde van y terminan tropezando.

Aterradas, solo pueden ver al borracho acercándose gritándoles quien sabe que cosa que afortunadamente no logran entender.


Mientras tanto a un par de calles de ahí, Bruno es azotado con fuerza contra la pared del callejón. Leone se muestra muy impaciente, atrapando el cuerpo de su ex-capo entre la pared y el suyo propio.

Han dado una vuelta por la ciudad, como viejos amantes. En un año las cosas han cambiado mucho pero su amor se ha conservado bien.

Y el deseo, Leone aún desea a Bruno tanto como la primera vez. Tienen todo un año para actualizarse; los besos son un gran comienzo.

Si, están en la vía pública; pero no sería la primera vez que hace algo así con Bruno. Tampoco es algo que le preocupe, a fin de cuenta están alejados y a esas horas no habría nadie en la cercanía.

La ventaja de su nueva naturaleza es que el respirar ahora es inecesario. Bruno no tiene problema con mantener esos besos sobre Abbacchio, mientras que sus gélidas manos buscan meterse entre la ropa del gótico.

A pesar del deseo, se detiene abruptamente. Le ha parecido escuchar un grito haciendo eco en el callejón.

– Leone... ¿escuchaste algo?

Leone ya tenía la mano dentro del pantalón de Bruno y le habría gustado decir que no oyó nada pero para bien o para mal tenían oídos muy finos para negarlo.

– Lo oí.

Eran vocecitas de niños– no, niñas probablemente. Aun si Leone lo hubiese negado, Bruno no puede negar ayudar a quienes le necesitan. Ha de separarse de Bruno porque sin duda van a ir a investigar.

Tal vez su momento a solas tendrá que esperar.

Leone maldice. Bruno le toma de la muñeca de la mano, jalandole consigo en dirección de donde provienen aquellas voces.

Conforme se acercan, ambos pueden percibir el aroma de las niñas y la peste a alcohol proveniente del vagabundo; pero eso no es lo único que pueden percibir. La lata le ha hecho una herida a ese hombre, suficiente para que el olor de la sangre fresca les llegue.

La sangre le llama. Con un salto ágil, se prensa de la espalda del hombre para clavarle tanto las uñas como los colmillos.

Honestamente Leone creía que el último que perdería el control sería Bruno, todo es nuevo respecto a su naturaleza y ver a Bruno atacando a ese hombre a la primera provocación. Eso no es lo peor, el olor a sangre le abre el apetito pero ambos no pueden actuar como animales frente a dos niñas que ya estaban muy asustadas.

El borracho se sacude y patalea, pero Bruno no le suelta. Su traje blanco queda manchado por completo de sangre y mugre. Sticky Fingers se materializa, sólo para crear un zipper en la boca de aquel hombre y cerrarla, así dejaría de gritar. ¿Que acaso no veía que asustaba a las niñas?

¿Cuantas rebanadas de pan ha comido Bruno? No lo sabe, nunca llevó la cuenta para no perder el sueño. Si, Bruno Bucciarati es una buena persona, pero nunca hay que olvidar que es un mafioso. Tiene una larga lista de vidas que ha tomado aun antes de convertirse en lo que es ahora.

Ante tal espectáculo Narcisa ya esta llorando, abraza bien fuerte a Jolyne como si de algo sirviera para protegerla.

Leone toma aire y pasa de largo a Bruno que consume la vida de aquel miserable cuyo pataleo y gritos de poco lo ayudan.

Una de las niñas se le hace familiar.

– No teman, nadie va a hacerles daño.

No suena ni tiene la imagen más tranquilizadora del mundo, eso es cosa de Bruno. ¿Cual es la respuesta que obtiene Leone? Jolyne le avienta una piedra que rebota en de cabeza, gritándole en inglés que les deje en paz.

Suspira, no esta listo para tratar con más niños.

– No vengo a hacerles daño. – Responde, interponiéndose para que el par no pueda ver a Bruno ''cenando''. – Solo nos encargamos de tipos malos.

Hasta intenta sonreírles y Narcisa le avienta la mochila que trae, le da justo en la cara.

Bruno suelta el cuerpo sin vida de aquel hombre una vez saciada su sed. Su atención pasa hacia el par de niñas que miran con horror a Abbacchio.

Jolyne, por más que Leone intente tapar la vista, puede ver a Bruno acercándose, manchado de rojo. ¡Cómo quisiera que Josuke oniichan estuviese ahí! Seguro él podría salvarlas.

– ¿Se encuentran bien? Ese hombre ya no puede hacerles daño.

– Bruno, creo que ellas están más asustadas de nosotros que del pobre diablo, ¿Dónde están sus padres? Ustedes no deberían estar aquí.

Narcisa le saca la lengua a Leone, le parece suficiente respuesta. Jolyne toma otra piedra del suelo, alistándola para aventarla a quien se acerque primero.

Bruno voltea hacia el cuerpo sin vida y después hacia las niñas.

– Lamentamos haberlas asustado. – Se muestra tan amable como lo hace con cualquier otro niño que encuentra. – No vamos a hacerles daño, si nos dejan ayudarles tal vez podamos hallar a sus padres.

Solo Bucciarati puede tener la boca manchada de sangre y mantener ese aire tan ''maternal''. Es como una mamá oso protegiendo a sus osesnos, piensa Leone.

– Yo no tengo papá y mamá. – Narcisa no especifica respecto a Jolyne.

''Oh no. Huerfanas.'' Leone maldice para sus adentros. Le dirige una mirada significativa a Bruno, como advirtiéndole que no se las puede quedar.

Bruno siente la mirada de Leone sobre él, no es necesario que lo diga pero... ¡Simplemente no puede dejar a dos niñas desamparadas en la calle!

– Ya veo. – Se agacha para quedar a altura de las dos. – Vengan con nosotros, las calles no son lugar para ustedes, mucho menos a estas horas.

Bruno tenía razón, no podían abandonarlas ahí, pero Leone sabe que en cuanto se las lleven, Bruno no va querer soltarlas.

Jolyne mira de reojo a Narcisa, y después al par de vampiros. Como quisiera tener un fantasma como su padre, o poder hacer lo del jamón que dice el abuelo. Narcisa le regresa la mirada a Jolyne, era irse con esos tipos raros o quedarse en calle, tal vez ellos podrían ayudarles a encontrar a su familia, además esta cansada y le duelen los pies.

– Si nos hacen daño – advierte Narcisa al mismo tiempo que aparece su Stand detrás de ella – la cosa azul te hará daño a ti...

Bien, esa es toda una sorpresa: No sólo son dos adorables niñas perdidas, si no que una de ellas es usuaria de Stand. Si, definitivamente no podían dejarlas a solas.

Originalmente Bruno había considerado el hacerle caso a Abbacchio y entregarlas al orfanato más cercano, pero sabiendo ahora eso no hay forma en que vaya a dejarlas ir.

Leone le ofrece la mano a Jolyne, espera que no le arrojen otra cosa. Jolyne se ve dudosa en un inicio, pero suelta la piedra de su mano y, con toda cautela, se acerca para tomar la mano de Leone.

Narcisa estira los brazos, ella quiere que la carguen y Bruno no se lo va a negar. Hace todo intento por no mancharla de sangre fresca. Al haberse alimentado recientemente, su toque le resultará cálido.

– Es adorable, yo también tengo uno. – Dicho eso, Sticky Fingers vuelve a aparecer a su lado.

Narcisa da un pequeño grito de sorpresa. Es la primera vez que ve otro Stand, es más ella ni siquiera sabe que son pero en sus grandes ojos se nota la emoción de descubrir que no es la única con un "amigo imaginario," hasta intenta tocarlo.

– ¡Se parece a ti!

– ¿Tu crees? Debe ser el cabello. ¿Tu "cosa azul" tiene nombre?

El Stand de Bruno acerca una mano para acariciar la cabecita de Narcisa. Muy rara vez es usado para fines que no sean de pelea, pero no es agresivo a menos que sea necesario serlo. Narcisa pega un respingo sorprendida, esta mas que fascinada.

– Si lo tiene no me lo ha dicho, nunca me ha hablado. Es un poco aburrido pero hace cosas divertidas.

– Si no te ha dado un nombre entonces ¿Porqué no se lo pones tú?

Eso fue lo que hizo con el suyo. En realidad fue cosa improvisada, misma razón por la que su Stand se llama como un álbum de los Rolling Stones.

Narcisa mira a su Stand, al de Bruno y luego al mismo Bruno, no se le ocurra ningún nombre, así que se queda mirando al mayor como esperando ayuda con ello.

Mientras más trata Bruno con esa niña Leone sabe que ya no se la va a poder quitar.

Suspira. Odia pensar que todo lo que hagan en adelante será gracias a Giorno.

– Quiero ir con mi oniichan... – Susurra Jolyne cansada, aferrandose de Abbacchio.

– Irán con nosotros a casa hasta que decidamos qué hacer con ustedes.

Jolyne asiente, recargando su cabecita sobre el hombro de este.

Bruno sabe que excusa usará con Leone: no pueden dejar a una niña con un Stand a solas, ¿Y si se lastimaba o heria a alguien mas? No, no, eso es inaudito. Le hace una seña a Leone para ir camino de vuelta a casa.

Leone hará como que le sorprenden sus palabras, se hará un poco del rogar solo para que Bruno le dedique sus atenciones y al final se haría la voluntad de Bruno. Se pone en marcha al lado de Bruno, salieron de casa solo para apreciar de nuevo la ciudad y volverían a casa con dos niñas.