Doppio ya es bastante feliz con estar pisando la ciudad. Parte de él es llamado a recorrerla de noche justo como Diavolo lo hacía, aún si no lo recuerda. Se conforma con lo que deseé Giorno, seguro su jefe desea dormir.

Contrario a toda sospecha de Doppio, Giorno quiere todo menos dormir. El sueño le elude, como lo ha hecho en esos últimos días, así que aprovecha para ofrecerle salir a Doppio a solas, en vista que ambos están de buen humor. Apenas le ofrece salir, Doppio ya esta en la puerta como un perrito al que le toca paseo.

– ¿Ha visitado Florencia antes, jefe? Le mostraré mis lugares favoritos.

– Es la primera vez que estoy por aqui.

– Es una ciudad con mucha historia. Este es el hogar del David de Miguel Ángel; hombres como Boccaccio y Dante Alighieri crearon sus obras en estas mismas tierras. – Se le escapa un suspiro de ensoñación. – Roma es la tierra de los emperadores, pero el arte pertenece aquí, a Firenze.

Giorno percibe un lado muy diferente en Doppio al escucharle hablar de Florencia. Ya no parece un cachorro pateado e inocente.

– Sólo sé que el carnaval será el próximo mes.

– ¡Ojalá podamos volver! Nos pondremos máscaras e iremos a los bailes.

– Me encanta esa idea. Podría ir pensando en cómo vestirme desde ahora.

– El jefe puede ponerse un traje de arlequín amarillo, así se parecerá a su Stand.

Aquella idea en verdad le ilusiona. Sólo ha estado en el carnaval de Roma durante el año que le ha tocado vivir ahí por su nueva posición. La realidad es que Doppio no verá ese carnaval.

Doppio piensa que Giorno podría vestirse como todo un rey: un traje dorado con blanco, un máscara con tocados que asemejaran a un sol.

Si sería perfecto como Giorno. Porque a sus ojos, Giorno es perfecto, todo lo que él nunca pudo ser.

– ¡Don Giorno! – Extiende su mano, con una pregunta inocente; como si no se tratara del mismísimo Diavolo. – ¿Confía en mi?

– Confío en ti, Doppio.

Y Giorno mintió.

Le alivia el ver a Doppio tan animado. Toma su mano, dejándose llevar en las calles de Florencia. Hace frío, pero Giorno no le da importancia gracias a su naturaleza vampirica, aunque sus manos son heladas al toque.

Le lleva por las calles de Florencia, fascinado por la ciudad y luego del mal rato pasado se siente capaz de hablar de su vida con bastante lucidez.

– Nunca fui a la escuela, Don Giorno. La única educación la recibí en casa a manos del hombre que me cuidó… – hace una mueca de desagrado, con un recuerdo borroso y lejano. – Él era un religioso, me enseñó latín e italiano; en mi pueblo hablábamos sardo. Luego me fui a Egipto y aprendí un poco de árabe.

Doppio a simple vista parece un adorable bufón, pero conforme más escucha Giorno, más de utilidad ve en él. Sólo debe mantenerlo de su lado.

"Usa la herencia de tu padre…'' Le parece escuchar de nuevo el susurro de Requiem en su cabeza.

Al llegar al Ponte Vecchio, tienen una vista impresionante del rió que le atraviesa. Es toda una combinación de luces que se mueven junto con las olas. Es uno de los puentes más antiguos del mundo; ahora es un zona comercial bastante elegante. En medio del puente hay un mirador y una zona donde los enamorados dejan candados para inmortalizar su amor, aunque de cuando en cuando son retirados.

– Cuando llegué a Roma intenté educarme. No podía ser un lavaplatos toda mi vida, un Don no puede ser un ignorante.

Entonces calla, esos no eran sus pensamientos, él no quería ser un Don.

Entonces… ¿Quién?

– Y por eso fue que llegaste a ser la mano derecha del Don. – Trata de corregirle para evitar algún accidente.

– Si, es eso… la mano derecha. El jefe me dio un lugar y un objetivo, justo como ahora usted lo hace, Don Giorno.

Y la mentira que Diavolo construyó para si mismo vuelve a ser usada. El jefe lo hizo todo, él solo estuvo ahí como un fiel sirviente; sin sueños, sin voluntad.

– Todos queremos sentirnos útiles y amados, Doppio. A pesar de tus errores pasados, aún tienes la oportunidad de seguir adelante.

Amor.

Se muere y se vive por ello. Doppio conoció el amor brevemente, luego se inventó el propio para compensar aquello que no podía alcanzar debido a su enfermedad.

Giorno siente que esa conversación está amargándose un poco, así que prefiere desviarla con una pequeña distracción.

Pasa las manos por la rejilla de los barandales. Un aura dorada le cubre y esta se va expandiendo hacia los candados que cuelgan de ahí. Pronto, el lugar se recubre de mariposas de cientos de colores que revolotean a sus alrededores.

Probablemente ese es el mejor uso que se les habría podido dar a los candados, es un espectáculo tan hermoso que no solo Doppio queda fascinando.

¿Alguna vez había visto algo así?

La vida parece brotar por donde sea que el Don camine y es todo un espectáculo el que su presencia da en ese puente, rodeado de mariposas y luces brillantes proviniendo de los establecimientos que continuan abiertos a pesar de la hora. Irónico, considerando el tipo de criatura que ahora es.

En medio de todo ese espectáculo está Giorno Giovanna. Entre las mariposas y las luces parecía una especie de ser divino, era demasiado hermoso que Doppio bajó la mirada avergonzado de resultar tan mundano frente a él.

La atracción es muy diferente para todos. Mientras Mista se come con los ojos a Giorno cuando lo ve pasar y finge no hacerlo cuando es pillado; Josuke se comporta como un tonto frente a él; Doppio baja la mirada recatadamente, incapaz de mirar a un joven tan hermoso a los ojo por mucho tiempo.

Apenas las mariposas se alejaron, Doppio pidió disculpas un momento y fue a conseguirle un café a su Don, no ignoraba el frío de su cuerpo y casi sentía como un deber honrarlo con algún regalo.

Esperaría por Doppio ahí mismo, recargado contra el barandal admirando la vista del rio. No podía irse tan lejos y si lo hace tampoco le costaría mucho el rastrearlo por su olor.

Hay un mundo de diferencias entre él y Giorno Giovanna, el rubio no solo tiene un Don bondadoso y una belleza que no deja indiferente a nadie, tiene una luz propia y un don de mando que es imposible de ignorar, las personas podrían seguirlo ciegamente.

Doppio es flacucho, como Diavolo solo consiguió de la lealtad de otros a través de engaños y su poder es inquietante. Conocer el futuro, aún si es solo el inmediato solo puede traer dolor.

Su belleza también dista de estar a la par de la de Giorno, tiene ojeras gracias a las noches que no ha podido dormir y mientras espera los café en un local cercano mira su reflejo en un cristal y no encuentra gran atractivo en si mismo. Es solo un chico de cabello extraño, una figura gris que podría ser fácilmente olvidada.

Vuelve al lado de Giorno, no había pagado los cafés, por lo menos no con su dinero. Fue un buen carterista en su momento.

Puede oler el café y a Doppio aun antes de verle llegar. Se deshace la trenza, dejando su dorado cabello ondear con la suave brisa nocturna, brillando con el reflejo de esas mismas luces y se aparta del barandal para tomar el café de sus manos, agradeciéndole con una muy cariñosa sonrisa.

– Así no tendrá frío, Don Giorno.

– Gracias, Doppio, es perfecto para este clima tan frio.

Curiosamente, Doppio y Giorno tienen muchas cosas en común: antes de unirse a Passione y ascender en una semana, había vivido como un carterista y estafador en el aeropuerto de Nápoles.

Aprendió a manejar desde muy joven y su carisma fue de gran ayuda para poder sobornar a los policías del área, de forma que le dejaran usar un taxi falso para sus tretas. ¿Porque quien sospecharía de un chico tan agradable y de buen vestir como él? Su habilidad también era de gran ayuda, cualquier cartera u objeto de valor podía convertirlo temporalmente en insectos que revoloteaban directamente hacia sus manos.

Pero esas cosas ya no le son necesarias, sin embargo eso no significa que no guste de hacer ciertos trucos como el que hizo con los candados.

– No ha sido un invierno tan frío como otros. Cuando lleguemos a Venecia procure abrigarse bien, el frío es más notorio allá.

– ¿Qué te puedo decir? Mi cuerpo siempre ha sido un poco friolento. Mis manos se enfrían incluso durante el verano.

Una vil mentira, pero lo hace sonar tan convincente con esa adorable sonrisa que no hay alma que pueda dudar de él.

– Me aseguraré de que no pase frío, Don Giorno.

Lleva un abrigo rosado y se lo quita para ponérselo encima. La vida del Don lo es todo para la mafia, debe ser protegido a toda costa.

– Insisto, no tienes porqué preocuparte tanto por mi, Doppio; muy rara vez me enfermo.

Y duda que vaya a volver a enfermarse en un largo, muy largo rato.

Tonto e ingenuo Doppio, le cree hasta la ultima palabra.

Tonto e ingenuo Doppio cuya sentencia de muerte fue firmada desde que volvió a "la vida". Murió una vez llorando por su jefe y luego fue torturado una y otra vez hasta la locura.

Tan fácil que sería aprovecharse de esa inocencia. Tanto para quebrarlo como para manipularlo.

Pero Giorno se lo ha dicho antes a su padre: La fidelidad no se gana a base de miedo, si no de devoción. Doppio es su sujeto de prueba a su teoría, la cual pone en práctica con toda naturalidad.

Sabe que no debería encariñarse con él. Se recuerda que no se trata de un cachorro al cual ha recogido de la calle, si no que se trata de la otra identidad de Diavolo; que al final lo más seguro es que vaya a estar obligado a matarlo.

Doppio le ofreció tímidamente el brazo, el puente apenas era una de sus paradas, quería llevarlo a un lugar más especial. Algo que su jefe jamás olvidara.

¡Quien imaginaria que esos chicos eran mafiosos! Las jóvenes ven a Giorno, los hombres tampoco se quedan indiferentes; la gente se pregunta si se trata de alguna estrella de cine. Tal vez alguna familia mafiosa se entere de su presencia y le temerán. Él es el famoso Giorno Giovanna, quien en una semana se hizo del control de Passione.

Es una leyenda; una buena a diferencia de Diavolo.

Sabe que Florencia es territorio compartido con otras famiglias de la mafia; sin embargo, Passione ha logrado mantener la paz entre estos. No le gusta el comercio de las drogas, pero ha permitido que estas sean vendidas por otros grupos, bajo ciertos términos: sólo en lugares específicos y queda absolutamente prohibido venderles a menores de edad.

Claro, al primer desvío que detecte, esa paz se quebraría y las calles se mancharán de sangre hasta no quedar nada de las familias traidoras.

Giorno es un joven bondadoso, siempre y cuando se cumplan sus reglas. De lo contrario, su justicia resulta ser implacable.

Han habido bandas enteras que han ''desaparecido'' de la noche a la mañana, disueltas por completo a través del virus de Purple Haze. Fugo trata de no pensar en sus gritos, sus súplicas o sus rostros.

Todo sea para mantener la paz de Don Giovanna.

El viento sopla frío, son quince minutos a pie hasta su destino, veinte a paso lento.

Continúan por la vía de Santa María; una calle llena de boutiques de todo tipo, es tarde pero la vida no ha cesado en las calles de Florencia. Cuadras adelante dan vuelta frente a una tienda de Emporio Armani.

Un chico le da las buenas noches a Giorno y Doppio atrae más al rubio hacia él, es un cachorro celoso.

Han de continuar a paso lento, sin importar el paso del tiempo hasta llegar a su destino. Frente a ellos se encuentra la galería de la Academia de Florencia. Es un lugar majestuoso tanto fuera como por dentro.

La galería abre desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde; poseyendo las obras más importantes de la cultura occidental, la afluencia de turistas es brutal. Dificilmente puede verse al David en paz.

Sin duda Don Giovanna podría conseguir una visita privada si lo pidiera pero Doppio quiere darle ese obsequio por su cuenta. Ahora, es posible entrar a un lugar tan resguardado sin ser atrapados.

Doppio mira a su nuevo Don, toma su mano y besa el dorso, mientras el arisco King Crimson aparece detrás de él. Requiem no aparece, no ve necesidad para manifestarse de momento. Giorno no cree que Doppio vaya a atacarle estando tan fascinado ahí.

Giorno levanta la mirada hacia la entrada del lugar. ¿Van a entrar aún estando cerrado el recinto? La emoción de esa ''travesura'' le llega de inmediato. Le regresa la mirada a Doppio. Aun con esos ojos fríos, hay una gran calidez en la sonrisa que le dedica al sentir el dulce beso en su mano.

Doppio no es consciente de lo que sucede, así que es claro que King Crimson actúa en automático, bajo los deseos de su usuario.

La galería esta llena de cámaras y puertas cerradas. King Crimson está ahí para asegurarse que no sean descubiertos y puedan ir a dónde deseen. Se mueven entre los saltos de tiempo, pasando por una puerta que no recordaría haber abierto.

Moverse entre los cortes de tiempo causados por King Crimson sólo puede describirse como la sensación que causaría un "error en la Matrix".

Es extraño y esa sensación no se va a ir aun pasado el efecto.

De un momento a otro se puede ver a Crimson y los seguros despedazados. Atraviesan las puertas, de una galería a otra hasta llegar a su destino. Cualquier breve grabación que haya de ellos ha sido borrada con la habilidad del Srand carmesí.

No es un crimen perfecto pero les daría tiempo para apreciar la galería.

El silencio invade la galería, sus pasos son lo único que resuena y eso es a duras penas.

La penumbra cubre gran parte del área, exceptuando por unas cuantas luces que permanecen encendidas y permiten apreciar la gran cantidad de pinturas y esculturas.

– Este es mi lugar favorito en todo el mundo y quería compartirlo con usted.

– Entiendo el porqué. Este lugar es maravilloso.

Al final del pasillo puede apreciarse ya el David en todo su magnifico esplendor y en ese momento era sólo para ellos. Con sus más de cinco metros de altura, El David espera por ellos bajo la cúpula, es un área dedicada exclusivamente a la escultura.

Giorno camina con paso lento, maravillado por todas las obras de arte que le rodean. Otra cosa que sin duda heredó de su Mudad es su apreciación al arte.

Doppio camina detrás suyo, no hay mala intención, simplemente desea verlo andar entre aquellas obras de arte. Es como si Giorno fuera una de ellas y hubiera bajado de su pedestal para pasearse entre los hombres.

Sus pasos hacen eco pero no hay nadie cerca para oírles.

– Usted es como el Rey David, Don Giorno.

– ¿Lo soy? ¿Porqué lo dices, Doppio?

Camina hasta el fondo de la galería, quedando a pie del majestuoso David.

Doppio ha quedado justo detrás suyo, pone sus manos en sus brazos, no es un agarre brusco. Para Doppio, Giorno es una pieza de arte que debe ser tratada con gentileza. Un escalofrío recorre al rubio teniendo ese agarre por detrás, aun sin ser un toque brusco.

– Porque usted es el héroe de Italia. – Con esa cercanía, le susurra al oído. – El profeta Samuel describió al Rey David como un hombre rubio y de ojos hermosos y cristalinos como el agua brotando de la tierra; de actitud prudente y belleza sin igual… ¿Es usted alguna especie de divinidad, Don Giorno?

Al joven Don no se le escapa la ironía de su existencia: "El Salvador de Roma," hijo de Dio quien derrotó al mismísimo Diavolo. Él, quien puede traer de vuelta a los muertos y crear vida a partir de simples objetos.

Y a pesar de ello, su misma naturaleza podría considerarse como algo profano.

– No me veo como una deidad, muy diferente a eso. Yo sólo cumplí con mi sueño que era justo.

El sueño de Giorno se ha fundado sobre un montón de cadáveres. Y ahora trata de mantener ese sueño a flote junto con su paz; sin importar cuanta sangre tenga que manchar sus manos o incluso con sus colmillos. Hombres buenos o malos, como sea, se ha cobrado muchas vidas. Pero no todo fue del todo por su causa: aquel imperio se desmoronó por culpa de Diavolo, sus pésimas decisiones y la paranoia que creció día con día.

Doppio se queda detrás de Giorno, mirando la escultura y recargando su barbilla sobre su hombro.

– Jefe… usted tiene el aura de un ángel, no puede ser un simple humano. Me perdonó la vida y ha decidido darme un lugar en Passione nuevamente.

No, no era un simple humano. De hecho llevaba un poco más de una semana desde que su humanidad le fue arrancada; si es que en verdad la tuvo alguna vez.

– Passione, Cosa Nostra, Camorra, 'Ndrangheta... todas son sólo partes de una rueda, Doppio. Cada una de las familias tienen sus procedimientos y sus modos de ser.

Su voz se escucha llena de serenidad y convicción. Ese mismo tono que ha usado al hablar de su sueño dorado.

– Y cada casa sube al tope con el girar de la rueda, aplastando a quienes queden debajo suyo sin importar si son mafiosos o civiles cualquiera... Yo no pienso detener esta rueda. Pienso destruirla. El pelear entre los nuestros es inútil.

Inútil.

Inútil.

Inútil.

Hay tanto énfasis en esa última palabra que incluso llega a hacer eco en toda la zona.

Giorno habla como un alguien que nació para gobernar, difícilmente otros podrían dudar de él.

Su sueño empezó con algo más "simple". Hacerse del poder de Passione para detener el tráfico de drogas a los niños. Esto, gracias a los ideales de Bruno, cambió a detener ese comercio por completo.

Pero ¿Porqué detenerse ahí? Siempre habrán quienes se les opongan, como lo hacen actualmente las mayores famiglias en Italia. Es la mafia, la sangre seguirá derramándose si quiere permanecer en el poder.

Sabe que su sueño no puede crecer con base a buenos deseos. Para eso, debe de quemar los imperios que le preceden y de sus cenizas construir el suyo. Giorno no es un héroe, es un conquistador.

Ahora, gracias a Dio, tiene el tiempo suficiente para lograr su objetivo. Giorno podía tener el mundo a sus pies si lo deseaba.

Para Doppio era un salvador, su noble protector y si la historia se hubiera contado de otra forma y le hubiera conocido siendo más joven tal vez las cosas no hubieran sido tan malas para él. Pero Diavolo tuvo su papel en esta historia y de no ser por él y su fortuito encuentro con las flechas de Stand, Giorno no estaría aquí.

Algunos pasos se oyen a lo lejos, dado a las cámaras destruidas, un par de guardias de seguridad han ido a asegurarse que todo este bien. El eco y sus pensamientos son cortados al escuchar pasos acercándose. No sólo eso, puede percibir los olores e incluso los latidos de los guardias que se acercan.

Giorno se tensa. Cree que es mejor marcharse de ahí antes que les vean y tenga que dar alguna excusa del porqué están ahi a esas horas.

– Yo me haré cargo, Don Giorno. Usted siga disfrutando del David, este momento es mi obsequio para usted.

Pero Doppio se adelanta, con un dulce beso y una promesa de volver. Se pierde de vista junto con King Crimson, yendo en dirección hacia donde provienen los pasos.

A Giorno no le gusta como pinta esto.

Un grito ajeno rompe la paz de la galería y luego nada. Otra voz se alza en el silencio y de nuevo se puede percibir que King Crimson ha usado su poder.

Los gritos hacen eco pero eso no es lo que hace que su cuerpo se tense. El olor a sangre es penetrante.

Sus ojos se abren de par en par, sus pupilas se han vuelto dos rendijas que a duras penas resaltan en la sobrenatural luz de sus ojos.

No había tomado no una gota de sangre desde que salió de Roma y el olor es tan penetrante que, antes que pueda procesarlo, sus pies le llevan hacia el lugar de los hechos.

Uno, dos, tres pasos. Un salto en el tiempo y ha avanzado lo suficiente para poder ver con claridad el desastre que Doppio ha dejado a su paso.


King Crimson atravesó a uno de los guardias con el puño, como una vez lo hizo con Abbacchio, al siguiente simplemente le arrancó la cabeza.

Nadie interrumpirá a su amado Don Giorno.

Aquello no es sólo obra de Vinegar Doppio. De una u otra forma jamás podrá deshacerse de la influencia de Diavolo.

Doppio mira su obra sin remordimiento alguno, lo que ha hecho no le parece algo más grave que sacrificar a un cordero para ser cocinado. Su rostro se ha ensombrecido, sus ojos han tomado un siniestro color verde. Esta pisando el charco de sangre que han dejado ambos policías, aquel asesinato hasta lo ha hecho sentir aliviado.

Como cuando asesinó a loa adictos bajo el puente.

Ahora es dueño de su propio destino.

– Doppio... ¿qué has hecho? – La voz de Giorno resuena a unos pocos metros cerca suyo, sin sonar molesto. Su atención está en el charco de sangre que ahora adorna el suelo.

Quiere resistirse, esos cuerpos están muertos pero la sangre sigue fluyendo. Tan cálida, tan deliciosa y tan tentadora.

Sabe que debe de resistirse, pero la sed es demasiado fuerte. No recuerda haberla sentido así de intensa antes, no antes que le salieran esos colmillos.

El abrigo rosa queda tirado en el suelo, lejos del charco de sangre.

Giorno se avienta contra el cuerpo decapitado para clavarle los dientes y beber todo lo que quede de sangre. Su imagen en la que tanto ha trabajado se ha visto quebrada en menos de un minuto.

Ahora, arrodillado y ensangrentado, bebe de aquella fuente como su fuera el elixir más preciado que hay en ese maldito mundo. Y en cierta forma lo es.

Wryyyyy... – Un siseo proveniente del rubio, su boca entreabierta, denotando esos afilados colmillos

Doppio escucha y no escucha a su nuevo "amo", extrañamente no tiene miedo a ser reprendido y al parecer el castigo no va a llegar pronto.

El perfecto héroe de Italia ahora bebe la sangre del cuerpo decapitado. Más que temor, en los ojos de Doppio se refleja curiosidad.

Tanta elegancia, tanta belleza, reducida a un estado animal.

Oh no, la belleza sigue ahí, solo que ahora es diferente.

Del cuerpo decapitado la sangre emana cual fuente. El rostro y ropas de Doppio se han manchado de sangre y se mancharían más al arrodillarse al lado de su Don.

Giorno Giovanna es un vampiro.

Cuesta procesarlo y cuando el rubio vuelve a la realidad, Doppio esta callado mirándole con sorpresa.¿Porqué no le tiene miedo? Lo que siente es una especie de malsano placer al saber que Giorno Giovanna es un monstruo.

Como él.

– Jefe… – pone su mano sobre el hombro de Giorno. – Debemos irnos...

Giorno sólo reacciona al sentir el toque de Doppio y su voz llamándole. Es entonces cuando se da cuenta de lo que ha hecho y en frente de quien lo ha hecho.

Se aparta rápidamente del cuerpo. Su rostro, su ropa y su cabello han quedado manchados por completo. Lo unico bueno en todo esto es que su ropa en esta ocasión es negra, así que las manchas de sangre no se verían.

Sólo necesita enjuagarse la cara y el cabello. Y si acaso también puede quitarse la parte de arriba del traje y usar el abrigo para taparse.

– Si... si, creo que es lo mejor irnos. Tenemos que pasar al baño antes.

– Entendido ¿Se siente bien, jefe? Si tenía esos deseos sólo debió decírmelo, un hombre como usted no debe rebajarse de esa forma.

Hay muchas cosas de las cuales Giorno no habría tenido problema contándole a Doppio. Esta no es una de ellas.

Silencio.

Silencio que Doppio quiebra con una muy extraña calma.

Lo toma con peligrosa calma.

Se levanta y ofrece su mano a Giorno, ha visto los baños unos pasillos atrás. Como no han tocado nada ninguna alarma ha saltado y con las cámaras destruidas nadie les ha visto aún. Giorno parpadea, incrédulo. Duda, pero toma su mano. La temperatura de su cuerpo se siente cálida, muy a diferencia de como estaba hacía unos momentos.

Le parece haber visto un destello verde en los ojos de su acompañante, pero lo desecha enseguida, creyendo que debe ser algún efecto de la luz.

Hay dos guardias más pero con suerte no se los toparán.

– Si, yo... estoy bien. – Se levanta, sin soltarle la mano.

Doppio recuerda cuando se topó a Bucciarati en el coliseo. Su toque se sentía helado porque técnicamente era un cadáver. Giorno ha dejado de estar helado tras beber la sangre.

Doppio guía a Giorno a los baños para hombres, las luces se encienden cuando ellos entran.

– ¿Puedo ayudarlo en algo, jefe? – Pregunta tras lavarse las manos y la cara. La sangre es más notoria en su ropa rosada.

Al llegar al baño, lo primero que hace es quitar todo rastro de sangre de su ropa y su cabello.

– No gracias, Doppio. – Le contesta con la misma amabilidad de siempre, a pesar de tener toda la ropa manchada de sangre.

Toma un par de toallas de papel para secarse la cara y el cuello. Su atención pasa de nuevo sobre Doppio al tirarlas en la basura.

– Imagino que debes tener muchas preguntas sobre esto.

Hace una mueca. Ya no hay rastro visible de sangre en su ropa negra, pero Doppio sigue viendose como un desastre. Le regresa el abrigo para que se cubra y no se note tanto.

Hay muchas cosas que quiere saber de Giorno pero no se atreve a preguntar.

No tiene miedo; de eso esta seguro pero no entiende el porqué.

"Si te quedas aquí y le sirves a mi amo serás bien recompensado. Mi amo esta más allá de la muerte pero ha de consumir la vida de otros para fortalecerse". Le ha llegado el recuerdo de la vieja Enya luego de enseñarle a usar las flechas; años atrás en Cairo.

– Demasiadas. Pe-pero podemos hablar de ello, si el jefe lo desea, en el hotel. Alguien puede venir y vernos… dos cadáveres son suficientes.

Ha vuelto a ser el mismo, tímido y servicial, agradece tener el abrigo de vuelta, es como un escudo en ese momento.

– Lamento haber arruinado la noche, jefe...

– Descuida, no arruinaste nada.

En realidad disfrutó mucho la salida, a pesar del sangriento final que tuvo.

– Había visto el David en fotografías, pero nada se le compara con verlo en persona.

–Jamás puede olvidarse la primera vez que se conoce al David.

– Sin duda será algo que no voy a olvidar. – Por muchas más razones aparte de la misma majestuosidad de la estatua.

Una dulce sonrisa se dibuja en sus labios al saber que no lo arruinó todo. Salir de la galería sería tan sencillo como cuando entraron y de no ser por el "pequeño" percance, nadie habría descubierto su travesura.


El regreso al hotel es menos desastroso. Al llegar Giorno tenia planeado darse una ducha rápida para quitar todo rastro de sangre.

Al parecer Doppio ha pensado eso mismo. Apenas llegados al hotel, le prepara un baño caliente al jefe. Él también quiere tomar uno pero su Don es primero.

Un baño caliente, una pijama fresca y ligera. Se recuesta, adueñándose de las sábanas aun a sabiendas que no van a proporcionarle mas calor que el que su cuerpo ya tiene y– y Doppio va a meterse a la cama de Giorno, acurrucándose como si estuvieran en una pijamada.

Siente la calidez de su cuerpo y percibe el suave aroma que emana. Huele a vainilla. Tenía el cabello suelto y la piel todavía húmeda por la ducha.

– ¿Puedo ver los colmillos del jefe?

– Es una petición un poco rara…

– Es que tengo curiosidad.

Porque fuera de ello no existía nada que diferencia a Giorno de un ser humano, eso y su temperatura corporal.

Lo menos que puede hacer: es responder a sus preguntas, hasta cierto punto. Le deja ver, abriendo la boca lo suficiente para poder hacer gala de sus afilados colmillos.

Doppio acorta la distancia entre ellos. Mira con curiosidad su boca, esos colmillos parecen los de un animal, le recuerdan a los de un gato. Es demasiado curioso, quiere tocarlos para ver que tan afilados son pero meter los dedos en la boca del jefe sin duda es todo un insulto.

– El jefe en verdad no es humano… – frunce el ceño, con la indignación evidente en su voz. – El jefe mintió.

Y si, le reprocha.

– Dije que no me considero una deidad, mas nunca afirmé o negué el ser sólo un humano.

Giorno tenía razón, aún así Doppio hizo un puchero.

– ¿Quieres tocarlos?

Se relame los labios, se resecan con facilidad teniendo la boca abierta por tanto tiempo. Toma una mano de Doppio, acercándola a su boca.

– ¿Pue–puedo? Es que parecen tan… nunca imaginé que los vampiros existían. Pero ¿Eso quiere decir que el jefe es más viejo que lo que aparenta? ¡Y yo pensé que era de mi edad!

¿Cómo es posible que alguien como él sea tan adorable?

– No llevo ni dos semanas desde que me pasó esto. Sigo teniendo 16 años.

Dos semanas, eso quiere decir que era humano derrocó al jefe; no sólo un humano, si no que un niño en sus plenos quince. Le habría gustado escuchar que llevaba muchos años siendo un vampiro, habría resultado sensato porque el jefe perdió.

Acerca la mano a su boca, tomándole de los dedos con suavidad para guiarlos por encima de sus colmillos.

Siente la tentación de morderlo, pero se niega a hacerlo para no asustarlo.

Deja que Doppio le toquetee los colmillos, cuidadosamente de no cortarle con estos. Si llegara a probar un poco de su sangre no quiere imaginar lo que le haría.

Doppio aparta la mano pronto, ya ha abusado mucho de su generosidad. Le da la sensación de que pueden desgarrar la carne con un facilidad inaudita.

En verdad debería sentir miedo de él.

– ¿Al jefe lo mordió otro vampiro? Espero haya recibido su castigo por hacerle daño.

– Es un poco más complicado que eso.

¿Decirle que no castigó a quien le hizo esto, o decirle que es su padre quien le mordió?

– Mi padre es un vampiro. Yo sólo heredé esto de él, de la misma forma que heredé mi habilidad de Stand.

Su madre era humana, su padre una cabeza de un vampiro y su otro padre era el resto del cuerpo robado del hermano de ese vampiro.

No le va a decir el cómo fue transformado, no ve necesidad en que Doppio sepa de esos detalles. Aún no sabe qué fue lo que "activó" aquel gen en él, si fue la sangre de su padre o sólo la mordida. Quizás nunca lo sepa, tampoco es algo a lo que vaya a darle muchas vueltas.

En lugar de que las palabras de Giorno aclaren sus dudas, solo le ofrecen más dudas. ¿Entonces nació siendo un vampiro? ¿Porqué puede salir a la luz del día? ¿Acaso las películas le mintieron?

Lo único que tiene seguro es que Giorno necesita beber sangre, aunque le ha visto comer así que ese no es su único alimento.

– El jefe es muy… extraño. ¡Pero no pienso que sea algo malo! Quiero decir, no diré nada de lo que el jefe hizo esta noche. – Se le repegó más de lo que ya de por sí estaba. – Yo guardaré todos los secretos de Don Giorno.

– Esperaba eso de ti, Doppio. Me alegra que pueda confiar en ti con algo como esto.

Quería seguir indagando pero no de debe cuestionar a un Don, solo hay que obedecer.

Pero todo tiene un precio, y ese precio para Giorno es el beso que le toma de sorpresa. No se lo va a negar, se lo corresponde, abrazándole. Es un bastante inocente, viniendo de alguien que decapitó a un guardia de seguridad y a otro lo hizo dona. Un beso demasiado dulce para tratarse de Diavolo.

El precio de Doppio es modesto, no pide demasiado quiere creer, ¿Qué es un poco de cariño para alguien tan generoso como Don Giovanna?

Si en verdad Diavolo no existiera, Doppio le sería fiel hasta la muerte.

No recuerda haber dado muchos besos en el pasado, aunque intenta darle una muy pequeña mordidita. Giorno rie con suavidad al ser mordido. Piensa en regresarle el gesto, pero no lo hace. Aun si su olor es tan tentador.

Y esos eran solo los crímenes que Giorno presenció. Doppio y Diavolo tenían las manos manchadas de sangre desde niños. Ninguno de los dos son unos santos, ambos tienen las manos manchadas de sangre, aunque de los dos es Doppio quien tiene un camino mas largo manchado.

Pero Giorno es quien tiene una eternidad por delante, y para "romper la rueda" se tendrá que derramar mucha sangre.

Solo era un beso y nada más, pero para Doppio era suficiente para no sentirse solo.

No quiso sentirse demasiado afortunado y abusar de ello, aún si quería darle besos lo que restaba de noche permaneció recostado sobre su pecho.

– Bouna notte, Don Giorno.

– Bouna notte, Doppio.

No se siente cansado, sin embargo esa noche logra conciliar el sueño.