Air Supplena.
Volver ahí es como volver a casa.
La última vez que Joseph pisó esa isla fue sólo para enterrar a su madre ahí hacía unos años atrás.
El lugar está deshabitado, a pesar de recibir mantenimiento constante. El lugar ahora le pertenece a Joseph y muchos ricachones le han ofrecido una fortuna a cambio de la misma, sin embargo la respuesta sigue siendo la misma: La isla no está en venta.
Habian muchos recuerdos en ese lugar.
Tras la llegada, Giorno fue a descansar a una de las habitaciones, llevándose consigo a Doppio y Joseph ha dejado a Josuke en otra con las niñas.
Joseph, por su parte, ahora ocupa la habitación que le perteneció a Lisa Lisa.
Sabe que debe convertirlo pronto, Giorno le ha advertido que un cuerpo sólo podía mantenerse con vida por un par de días, como máximo.
Por ahora, Joseph sólo espera a que Caesar reaccione. No quiere esperar, el tiempo apremia así que se dirige a la habitación donde dejó a Caesar descansando.
Es un alivio y una sorpresa hallarle de pie frente suyo al abrir la puerta.
– – – – –
Caesar despertó en una cama conocida. A pesar de ello, el ambiente se siente diferente, se nota que ese lugar lleva demasiado tiempo sin usarse.
Se siente desorientado. Se levanta con torpeza de la cama donde reposa; se percata que la ropa que lleva puesta no le pertenece, ni tampoco la reconoce.
Fue hasta la ventana, tiene una vista increíble del mar y de Venecia a la distancia: la luna en lo alto y un manto de estrellas cubriéndolo todo. Air Supplena tiene la mejor vista de toda Italia.
''Por lo menos el cielo sigue siendo el mismo.''
El recuerdo de su propia muerte aún lo tiene fresco. Fue horrible y al rememorar el dolor, se estremeció. Las piernas le tiemblan, el cuerpo le pesa, como si llevara años sin moverse, se tiene que apoyar del marco de la ventana para no caerse.
Nada de esto tiene sentido y sabe quienes pueden darle las respuestas que busca. Tenía que buscar a Jojo, a Suizie Q… ¡Y Lisa Lisa!
Necesitaba saber como había logrado volver.
Al abrirse la puerta, su atención se dirige a Joseph, la última vez que se vieron las cosas no fueron tan bien, se separaron en malos términos y aún así fue él en lo ultimo que pensó.
– Joseph...
Debido al estado de Joseph no puede ni imaginar la cantidad de años que han pasado pero si esta ahí es porque vencieron. Joseph aún se ve joven, aunque un par de arrugas han aparecido después de hacer aquel "ritual".
– ¿Te me vas a quedar mirando como idiota o me vas a saludar?
No esperaba verle de pie tan pronto, pero le alegra el que así sea.
No hace falta decirle dos veces. Joseph acorta la distancia, todo para jalarle en un fuerte abrazo.
– Grandísimo idiota…
– ¿Yo soy el idiota? Mi nombre no es Joseph Joestar… – Sabe que esta mal, que siempre estará terriblemente mal, pero comienza a besarlo, mierda, pensó que nunca volvería verlo. – ¡Amore per la mia vita!
Al carajo las formalidades y muy al carajo lo que puedan pensar otros al verles. Siempre sintieron atracción por el otro, siempre se quisieron pero en su época habrían ido a prisión por ello y años más tarde hasta en un campo de concentración habrían terminado. Así que cuando Caesar le besa, él tampoco se hace del rogar y le corresponde como se debe. Como debió hacerlo hace más de medio siglo. Que va, después de haber cogido con Dio ya no hay forma en que pueda pensar en todos esos prejuicios de épocas pasadas.
No es como que eso le haya importado originalmente.
– Bien, también soy un idiota. Ambos lo somos. – Al cortar el beso, le toma de la cara con ambas manos, ignorando la frialdad en su propio cuerpo. – Hay tanto que debo contarte.
Joseph esta helado pero le resta importancia, seguro anduvo correteando allá afuera.
– ¿Dónde esta Suzie? ¿Y Lisa Lisa? Tengo que verlas ¿Están bien?
– Si, sobre eso... – Le suelta, íe con melancolía, es una sonrisa discreta por la cual apenas se asoma el filo de sus colmillos. – Ellas están bien.
– JoJo, dime que pasó. Lo último que recuerdo… no debería estar vivo
Joseph pasa de largo, entrando a la habitación, se dirige hacia la ventana. Hay seriedad en su voz, una seriedad que el Joseph que conoció Caesar no tenía en ese tiempo.
– No sobreviviste, Caesar. Pero derrotamos a los hombres del pilar y el mundo siguió adelante. – Su silueta es iluminada por la luz de la luna, enmarcando su silueta; sus ojos tienen un brillo sobrenatural. – Me casé con Suzie y poco después me enteré que Lisa Lisa era mi madre.
Desde que Joseph muestra esa sonrisa triste, sabe que algo anda mal. Luego están los colmillos, la sorpresa de descubrir que Lisa Lisa era madre de Jojo y que este estuviera casado con Suize; lo último le duele pero no le sorprende.
Joseph siempre fue un bobalicón adorable y ahora habla casi como un hombre mayor.
– Moriste el 27 de febrero de 1939. Estamos a mediados de enero, del año 2000.
– Eso es imposible… ¡Tú te ves como la última vez que te vi! – Caesar retrocede, nada de eso tiene sentido alguno. – ¡Joseph si me estas jugando una de tus estúpidas bromas, juro que te mato!
¿¡Cómo pudo volver a la vida!?
– Como quisiera que fuera una broma.
O tal vez no. Ha pasado por muchas cosas en todos esos años, pero no lo cambiaría por nada. Tal vez lo único que cambiaría sería la muerte de Avdol, pero aquello le es imposible de arreglar, debido a que no quedó nada de su buen amigo.
– Joseph ¿Qué pendejada hiciste?
– Te traje de vuelta, Caesar. Se me dio la oportunidad y yo... no podia dejarla pasar.
Aún con ese rostro juvenil, hay algo en sus ojos que reflejan todas las penas y experiencias que ha tenido en esas décadas.
-De vuelta ¿En qué sentido, Joseph? Oh Dios, si han pasado 60 años, ¡Tú no deberías verte así! Mierda, tienes colmillos, ¿Porqué tienes colmillos? Tiene que ser una broma.
Una broma, si eso tenía que ser, se niega a aceptar que todo eso es verdad.
– Ha sido una aventura muy bizarra, no puedo esperar a contarte todo.
A pesar de la histeria que poco a poco invade al italiano, Joseph permanece calmo, como si en verdad tuviera la paciencia para poder explicar todo este maldito embrollo en el que están metidos ahora.
No, Caesar no se la cree. Retrocede, tembloroso. Aún cree que le juega una broma, quiere creer eso con todas sus fuerzas, porque la realidad es mucho peor.
– Tengo que hablar con Lisa Lisa.
¿En qué lo había convertido Joseph?
-¡Insegnante Lisa Lisa!
Caesar sale de la habitación y grita el nombre de su maestra, ella seguro puede aclarar todo.
– ¡Caesar espera!
Joseph maldice, Caesar claramente no está en la mejor condición para que le contara todo. Debió de tomarse su tiempo, revelarle todo de poco a poco.
Ahora no le queda de otra más que correr detrás suyo. Los pasillos del "palacio" de la isla están a oscuras, silenciosos. Ellos, junto con Josuke y los demás son los únicos habitantes que hay en todo ese lugar.
Caesar va de puerta en puerta buscando a Lisa Lisa con la esperanza de encontrarse a su maestra en la siguiente habitación. Pero ella no está y la única respuesta a sus gritos es su propio eco.
Entonces cayó en cuenta nuevamente de lo obvio: han pasado 60 años.
60 largos años. Ni la mejor maestra de Hamon podría haber vivido tanto tiempo.
Se detuvo. Las lágrimas se le escaparon a Caesar.
– Te puedo llevar con ella, pero no sé si sea buena idea.
Cuando Joseph conoció a su madre, ella ya tenía alrededor de los 50 años y aun conservaba su juventud.
Después de lo ocurrido con los hombres del pilar, Joseph dejó su entrenamiento con el Hamon, volviendo su uso algo más circunstancial. Intentó vivir una vida normal, pero su forma de ser no le permitió ello y, en cuanto tuvo la oportunidad de embarcarse en otra aventura no lo dudó ni un segundo.
Ahora esas aventuras le han traído a ese momento. A tener a Caesar de nuevo con él.
Era de esperarse que este cayera en cuenta del tiempo que había pasado.
– Quiero verla, JoJo… era mi maestra, quiero verla.
No hay mucho que JoJo pueda decirle. Le toma de una mano, guiándolo para salir hacia los jardines del "palacio".
Mientras recorren la isla, Caesar repasa mentalmente una y otra vez la forma en qué había muerto. Conforme avanzan, pierde las esperanzas de que eso hubiera sido un mal sueño. Lisa Lisa fue su maestra y la persona qué más admiró en su vida. Pero el tiempo no perdona, ella dejo este mundo, Joseph se casó e hizo su vida, todo continuó sin él.
Los jardines son amplios, llenos de vida; es la zona mejor cuidada, algo digno de una maestra del Hamon como lo fue Lisa Lisa. Flores y hierbas de todo tipo, predominando las rosas rojas, tan rojas como recuerda su bufanda. Hay un camino de mármol que les dirige hacia el centro del lugar.
En el centro se encuentra una hermosa estatua.
Lisa Lisa, tal y como Joseph la recuerda cuando la conoció, hecha en puro mármol; una pose de batalla, tan grácil como su forma de luchar, con la bufanda ondeante. El escultor había hecho un increíble trabajo pero no se acercaba a su belleza real.
Un destello sobresale: una gema incrustada en el centro. A simple vista parece un adorno más, cuando en realidad se trata de la gema roja de Aja.
La isla se ha mantenido desocupada durante todo ese tiempo, la piedra de Aja no parece más que una decoración y hoy en día no había nadie que supiera su verdadera función más que ellos dos. En otras palabras: está a salvo de cualquiera que desee usarla para algún nefasto propósito.
Elizabeth Joestar
"Lisa Lisa"
Maestra. Madre. Héroe
1888-1985
Caesar puso su mano sobre la piedra de Aja, aún la podía recordar en el cuello de su profesora.
¿Qué le diría ella si estuviera ahí? ¿Qué le diría él?
Joseph se mantiene a una corta distancia de Caesar para poder ver todas sus acciones. El silencio que comparten frente a la tumba de su madre es solemne. Sigue siendo, en el fondo, un bobalicón; pero no es un idiota y tampoco es ciego. Se da cuenta que Caesar le llora a Lisa Lisa e intenta disimularlo, cosa que no le extraña. Recuerda el gran respeto y admiración que el rubio tenía por ella.
Al rubio le toma un momento el recuperar la compostura. Hace una promesa en silencio, frente aquella estatua:
''Protegeré a JoJo, Lisa Lisa.''
No va a desaprovechar esta oportunidad.
''Siempre lo amé, maestra, no voy a ocultárselo a usted.''
– Quiero que me cuentes todo, Joseph, de principio a fin
– ¿Por dónde quieres que empiece? – Levanta la mirada, duda que les quede suficiente tiempo para poder contarla ahí afuera, necesitan regresar a la habitación. – Es una historia un poco larga.
Caesar se limpió el rostro intentando borrar el rastro de las lágrimas, le pasaría un brazo por la cintura a Joseph y lo atrajo hacia él.
– Empieza por tu matrimonio con Suzie, ¡No quiero imaginar la de cosas que le habrás hecho pasar a la pobre!
– Ah si, nos casamos sin que nadie más lo supiera porque Suzie olvidó contarles. – Y ahí está de nuevo esa sonrisa de idiota tan acorde a su juvenil imagen. Se deja atraer, rodeándole de vuelta con sus brazos por encima de los hombros. – ¡Todos creyeron que había muerto durante la pelea contra Kars! Así que cuando llegue a darles las buenas nuevas, llegué a tiempo para mi propio funeral.
Suzie Q y Joseph eran tal para cual, Caesar no podía negarlo. Le dio un jalón de orejas, aún si le parecía tierno lo bobos que eran.
El americano se queja y se aparta de un momento a otro. No suelta su mano en ningún momento, apresura el paso para llevarle de vuelta al resguardo de los pasillos y después a su propia habitación.
Los años les han dado sabiduría. Suzie es mucho más perceptiva de lo que aparenta, lo suficiente para saber de su viaje a Egipto aun cuando él se lo había tratado de ocultar. También se enteró del engaño y más adelante ella misma fue quien se dió cuenta de la condición de Joseph mucho antes que él mismo llegara a la conclusión.
– Hubo una guerra unos años mas tarde. Fue horrible, no te perdiste de nada no estando ahí.
Siendo él un ciudadano americano, le tocó el reclutamiento. Se fue como piloto de las fuerzas aliadas. Vio demasiada mierda como para querer recordarla, pero sabe que son de esas cosas que le seguirán el resto de su ahora inmortal vida.
– La abuela Erina murió después de eso y el viejo Speedwagon le siguió más adelante.
Y hasta la fecha el viejo Robert le sigue ayudando a él y a su familia. Era tanto el amor que Robert tenía hacia los Joestar que su fundación ha sido de gran ayuda en todo momento.
– Tengo tres hijos actualmente. Holly es la más grande. Es un amor de persona, te encantará en cuanto la conozcas. Josuke es mucho mas joven... no estoy orgulloso de admitir que fue por una infidelidad. Pero Josuke es un buen chico, él me ayudó a traerte de vuelta. Y al final está Shizuka; ella es adoptada, la encontré abandonada cuando fui a Morioh a conocer a Josuke.
Caesar se acuesta en la cama, escuchando a Joseph y su relato, aun si es un relato muy resumido de lo que ha pasado en las últimas décadas. Luego de tantas cosas, quería mantenerlo a su lado, aunque sabe que la suya no es una historia de amor con un final feliz. Joseph está casado con Suzie y no podían hacerla sufrir y mucho menos luego de un engaño previo de Joseph.
Joseph hace una pausa y Caesar lo tira de la cama con una bien merecida patada.
– Bien, eso solo debe ser una parte de tus increíbles aventuras ¿Cómo es que tú hijo puede traer a los muertos a la vida? ¿Y qué hay de esos colmillos? Eso no es normal, tampoco tu apariencia. El Hamon no pudo mantenerte así, hay algo raro que aún no me has contado.
– Hey, hey, hey. ¡Todo a su tiempo! – Se levanta, sacudiéndose la ropa antes de aventarse una vez más a lado de Caesar. – Creeme, hay muchas cosas raras. Hay poderes que van más allá del Hamon.
– Se llaman Stands. No creo que puedas verlo, pero ahora mismo estoy manifestando el mío. Los Stand son la manifestación del alma de su usuario, cada uno varía de habilidad, dependiendo de la persona.
Caesar entorna los ojos, alcanza a ver a ver una especie de luz alrededor de los brazos de Joseph, es como un aura de color morado pero más allá de ello no logra hallarle una forma concreta.
Eso era un Stand al parecer. Joseph está lleno de sorpresas.
– Puedo ver que eres un presumido americano, como siempre.
– Sucedió en 1988. Apenas unos años después de haber enterrado a Lisa Lisa. Esta habilidad se manifestó de forma espontánea, o eso fue lo que pensé en un inicio.
Este es el relato más largo y complicado; trata de acomodar sus ideas para no desviarse.
– Déjame adivinar: esa curiosa habilidad estaba relacionada con un temible enemigo, esas cosas siempre son así.
– Estaba de viaje por El Cairo, ahí fue donde conocí a Mohammed Avdol, era un adivino; él fue quien me explicó lo que son los Stands y nombró el mio: Hermit Purple.
Abraza a Joseph de nuevo mientras le escucha, apoyándo la cabeza en su pecho. Pensó un momento en Suzie, lo suyo con Joseph era imposible, no podían estar juntos de esa forma. Se dice a si mismo que podría vivir así, que lo importante es que le habían dado una segunda oportunidad.
Joseph sabe que Suzie no vivirá por siempre y duda mucho que ella vaya a aceptar ser convertida. No quiere estar sólo, y no podía pensar en mejor acompañante que Caesar.
– Estas en lo correcto, Caesarino. Ese enemigo era Dio. El mismo hombre que asesinó a mi abuelo Jonathan Joestar hacía cien años atrás. – Mismo Dio con quien hacía una semana terminó acostándose. – De alguna forma se adueñó del cuerpo de mi abuelo y, al aparecer su Stand se hizo una reacción en cadena hacia las siguientes generaciones.
– No me digas así, Joseph. – Lo reprende mordiendo su barbilla; hay tantas cosas que quiere hacer con él y debe aguantarse las ganas.
– ¡Oww! Caesarino, no seas tan cruel conmigo.
– ¿Sabes qué? Si me sigues diciendo así te voy a pedir que me regreses a la tumba.
– A mi me gusta como suena, además ¡Fue mucho esfuerzo por sacarte de la tumba como para regresarte a esta!
Echa a reír con la mordida. Le abraza con cariño mientras que Hermit Purple se extiende para enredarse en la cadera del italiano. A pesar de no poder verlo, Caesar puede sentir aquel poder ''tirando'' de él.
No es la primera vez que se acuestan en la misma cama de esa forma, ridícula camaradería que disfrazaba algo más.
Se merecían estar juntos sin duda y tendrían toda la eternidad para ello o hasta que ellos lo desearan, cuando estuvieran listo podrían entregarse a la luz del sol.
Por ahora, se concentra en escuchar su historia, conociendo a los Joestar no le extraña nadita que les pasen cosas así.
– Holy fue quien sufrió por ello, le dio una fiebre que no podía curarse. Así que mi nieto: Jotaro y unos amigos más nos embarcamos en un viaje para derrotar a Dio y así salvar a Holy. Fueron cincuenta días de travesía desde Japón hasta Cairo y parecía que en cada esquina había algún asesino enviado por Dio.
Fue un viaje increíble, una experiencia emocionante como aterradora, algo que no va a olvidar nunca.
– Y ella… ¿Está bien, cierto? Dime que esta historia tiene un buen final, Joseph, no voy a aceptar que tu hija haya sido herida. ¿Vencieron a ese bastardo?
– Hey, no seas ansioso. Llegamos a Cairo, si; y salió casi bien todo... es decir, perdimos a Avdol y a Iggy: un perro que nos acompañaba y casi perdemos a un chico más que venía con Jotaro.
Y por lo que les había contado Polnareff, no hubo ni siquiera un cuerpo que enterrar, sólo los restos de Iggy.
A Caesar no le va a hacer gracia el desenlace de esa historia.
– Y entonces, Dio me mató. El bastardo bebió hasta la última gota de sangre en mi cuerpo.
Joseph se queda en silencio un largo momento. Esa parte del viaje es algo difusa; recuerda haber visto su cuerpo tirado y desangrado; recuerda el grito de ira de Jotaro y la risa burlona de Dio.
Recuerda irse con la confianza de que su nieto acabaría de una vez por todas con esa maldicion. Principalmente, recuerda la idea de reunirse con Caesar al otro lado.
– Desperté en una ambulancia. Jotaro hizo la transfusión de la sangre que Dio me había quitado. Ninguno de los dos pensó que tal vez transferir la sangre de un jodido vampiro a un humano tendría efectos colaterales.
En retrospectiva, eso no fue tan malo. Y tal vez no debió ocultarle la verdad a Jotaro.
– No fue algo que se dió de un día a otro, sospecho que fue la influencia del Hamon lo que atrasó la transformación.
– Cazzo, si no hubiera sido tan… tan idiota, yo habría estado ahí para ayudarte.
Enreda sus piernas con las suyas, y mientras Joseph sigue adentrándose en su relato los colmillos, su temperatura corporal y su apariencia cobran sentido.
Es un vampiro. Un vampiro que hace Hamon, Caesar echó la carcajada.
– Entonces: le ganaron a ese idiota en lo que imagino fue una gran aventura por la emoción de niño chiquito con la que lo cuentas y tu nieto involuntariamente te convirtió en un vampiro. No se si estoy horrorizado o quiero echarme a reír pero bien, eres lo que eres y te amo.
Otra pausa. ¿Acaso Caesar le acaba de decir que lo ama? Oh joder, si, no está sordo, sabe muy bien lo que escuchó. Pero siendo Joseph, se hace pendejo (por ahora) con esa adorable sonrisa tan suya.
Puede decirle que lo ama, que siempre lo ha hecho, pero se da la idea que Caesar ya debe saberlo.
Caesar agradece que JoJo se haga el tonto (cosa que le sale muy bien) en relación a lo que ha dicho. Lo ama es verdad y sí, tenía que decírselo en algún momento. Tal vez ese fue el mejor momento (o quizá no) por lo menos ahora lo sabía.
¡Y no se lo diría de nuevo!
– Si, le ganamos a ese imbécil. Pero por alguna razón no está muerto— pero esa es otra historia, ya llegaré a ese punto mas adelante.
– ¿Volvió? Joseph, esta vez no te dejaré sólo, ambos vamos a derrotar a ese tal Dio.
Joseph hace una mueca, esta es la parte difícil de explicar porque ni si quiera él le encuentra sentido.
– Es... un poco más complicado que eso. Dio regresó, no sabemos cómo ni porqué, y esta vez lo hizo junto con mi abuelo Jonathan.
– ¿Eso quiere decir que ahora tu abuelo es manipulado por Dio?
Caesar aún no entiende que Dio ahora está con la familia Joestar.
– Aun no sé quién está manipulando a quien. Dio es un cabrón, pero... hasta ahora no ha hecho nada verdaderamente malo. No hasta donde sepamos.
No debería verse tan confiado en Dio, él más que nadie debería ser cuidadoso, pero... le dijo cómo traer a Caesar de vuelta.
– Joseph, – le dio un nada gentil jalón de orejas; – me estas hablando del mismo hombre que se volvió el gran enemigo de tu familia, el mismo que mató a tu abuelo. Luego de todo lo que le hizo a tu familia ahora resulta que "no ha hecho verdaderamente algo malo". Te creía ingenuo pero no tanto.
- ¡Ouch, Caesarino! – Se ve obligado a soltarlo, desvaneciendo también su Stand. – Sé bien lo que él hizo, pero... el problema es que ya no podemos correrlo. Holy lo quiere en la familia, aun más estando con el abuelo Jonathan. Y Jolyne, mi bisnieta, le ha tomado cariño, muy para horror de todos.
Y es un bastardo muy carismático, sin duda sabía que ganándose a Holay no habría forma de que pudieran deshacerse de él.
– ¡No se si ustedes los Joestar son muy ingenuos o muy idiotas. ¡Ahora definitivamente no puedo dejarte solo, cabeza hueca!
Ya quería conocer a ese tal Dio para decirle un par de cosas. Los Joestar no están solos y si quería usarlos para su beneficio primero iba a tener que pasar por encima de él.
Bien, ese era un asunto para más tarde, ahora tenía su propio problema.
– Comienzo a entender. Así que… ¿Fue una fuerza vampírica lo que me devolvió a la vida? No me siento como un vampiro.
– Fue un esfuerzo en conjunto. El Stand de Josuke puede reparar cosas, regresarlas a su estado original. Y Giorno, es hijo de Dio; pero es un buen muchacho y su Stand puede crear vida y regenerar tejidos. Entre ellos dos fueron quienes te arreglaron y yo fui quien te llamó de vuelta.
Eso no le resuelve ninguna maldita duda. Para empezar, ¿Qué clase de nombre pretencioso es Giorno?
– Ahora no entiendo, ¿El hijo de su enemigo los ayuda? ¿Estás seguro que es de fiar? Y mejor pregunta aún: Dio debe tener como… no lo sé, viejo. ¿Que no tiene como cien años? ¿Cómo pudo tener un hijo? Bien, ellos me trajeron a la vida, eso quiere decir que no soy un vampiro, ¿Cierto?
– Los vampiros no están tan muertos como parecen, si es que sabes a lo que me refiero. Giorno no sabía de su padre hasta hace poco y tú... no, no eres un vampiro.
– Joder, Joseph, no hay que aclararlo, no es algo que quisiera saber.
O más bien si le interesaba, después de todo Joseph era un vampiro. Estando como están, se dispone a acariciar su cabello.
– Tu condición es temporal, no sabemos cuánto va a aguantar tu cuerpo antes de decaer... así que tengo que convertirte.
– ¡Ah que bien! Entonces mis opciones son: volverme un maldito chupasangre o pudrirme. Joseph, dime algo: ¿Asesinas a otros para sobrevivir? Lisa Lisa no nos entrenó para eso.
– ¡Para nada! Para eso existen los bancos de sangre, no es necesario matar a otros para alimentarnos. – Y si, el accidente ocasional en el que acabó mordiendo a su propio nieto, pero va a omitir esa parte. – Espere a que despertaras para poder darte esa opción.
– Espero que un banco de sangre no sea alguna cosa específicamente para vampiros.
Caesar le pone una mano en la cara a Joseph y lo empuja un poco. No va a morir de nuevo.
– ¿Cuánto tiempo tengo? Entiendo como funcionan los vampiros, antes de cambiar quisiera por lo menos ver el amanecer una vez.
– Si te soy honesto, no tenemos la certeza de cuanto tiempo te quede. Y pues... técnicamente eres un zombie, no es muy seguro el que salgas a la luz del día.
– Así que tampoco voy a poder ver la luz del sol… – suspira, resignándose a lo que será una eternidad bajo las sombras. – Bien, entonces hagámoslo, no vale la pena desperdiciar todo tu esfuerzo.
Caesar. Hermoso, perfecto, noble y dulce Caesar.
Carajo, debió decirle la verdad hace décadas en lugar de haberlo alejado. Pero por otra parte, si las cosas hubieran sido diferentes, ¿habría sobrevivido al viaje a Egipto? No, las cosas están mejor así. Ahora puede tenerlo por siempre.
– Es la primera vez que hago esto…
Y espera sea la única vez en que tenga que hacerlo. Se muerde la muñeca, la sangre no tarda en brotar de la herida. Recuerda como lo hizo Giorno con sus amigos, era como en esa película de Tom Cruise.
Caesar no tiene idea de como serán las cosas, sabe que los vampiros dependen de la sangre y la energía vital, son la antítesis del Hamon.
Joseph resuelve la interrogante de inmediato, primero Caesar frunce el ceño, se va a negar y a decirle que si pretende que beba su sangre esta muy equivocado.
Una idea mejor se le ocurre. Chupa la sangre de su propia herida; tiene un sabor amargo, muy diferente a la sangre fresca. Con la boca llena de sangre, acorta la distancia entre él y Caesar para robarle un beso y así compartirle su maldición.
Caesar no tiene opción y cuando se están besando tiene que admitir que le gusta demasiado como para oponer resistencia. Tal vez porque se trata de Joseph y durante el tiempo en que estuvo con vida, lo añoró tantas veces.
Un beso como ningún otro, uno que simboliza la vida de Caesar y el inicio de una nueva a lado de Joseph. Joseph le transmite todo ese sentimiento con aquel beso, que sea su sangre el lazo que les une de ahí al resto de la eternidad.
Caesar se separa cuando empieza el proceso. No es agradable pero considerando que no estaba vivo en un principio no es tan terrible. Es como una fiebre intensa y un dolor que se extiende por todo su cuerpo hasta los huesos.
Joseph le acompaña durante la dolorosa transformación, sosteniéndole una mano en todo momento. Es tan diferente a como fue su propio proceso: gradual pero no menos doloroso.
Cuando ese doloroso proceso termina, Joseph ya estaba preparado para la sed que su amigo sentiría. En conjunto con su ropa, trae consigo una hielera con raciones de sangre, cortesía de los contactos de Passione. Tuvo que pedir otro favor a Giorno para conseguirlas, pero con eso quiere creer que es suficiente para él y Caesar.
La sangre de bolsa no se compara con el sabor de la sangre fresca, pero eso no es algo que Joseph quiera compartirle a Caesar. Se toma una bolsa él mismo, el resto las guarda para los siguientes días.
Si Joseph no hubiera tenido esas bolsas de sangre a la mano, Caesar se habría vuelto loco por el hambre. ¡Y pensar que le resultaba tan asqueroso beber sangre y cuando prueba la primera bolsa se regodea de alegría!
Tiene a Joseph, Suzie sigue viva y hay toda una estirpe Joestar que cuidar. Mientras no tenga que matar a nadie para alimentarse estará bien. Ahora quiere conocer al hijo de Joseph y al hijo de Dio, pero eso tendrá que esperar.
Joseph se mantiene acostado a lado de Caesar, contándole un poco más de su vida. De cómo conoció a Josuke y todo lo que vivió en Morioh; en cómo fue que encontró a Shizuka. Un poco de todo, hasta que el sueño le gana y termina durmiendo entre los brazos de su querido italiano.
Por lo menos no todas las historias de Joseph incluyen vampiros dementes, de lo que menos ganas tiene Caesar es de dormir, así que se pone a escuchar todas y cada una de las historias de Joseph.
Al final terminaría durmiendo, aunque aprovecharía que a Joseph le había ganado el sueño antes para besar su precioso y bobo rostro. Ese hombre es perfecto y pase lo que pase va a amarlo hasta el último día de su vida.
