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Verbo
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4. Melifluo
«Un sonido excesivamente dulce, suave o delicado»
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Mimi solía quejarse de su nombre.
Su madre le decía que era dulce y delicado. Melifluo. Su padre que sonaba como una nana. A Mimi simplemente le parecía cursi.
Koushiro, su mejor amigo, opinaba que era un nombre práctico, fácil de recordar, solo dos letras repetidas dos veces. Armonioso.
Pero eso no le valía. Así que empezó a pedir a la gente que le dijeran cosas con "mi" que les recordasen a ella, a ver si algo le convencía.
Miau, como los gatos, porque podía ser cariñosa y muy independiente, fue la respuesta de Hikari. Micrófono, porque Mimi tendía a hablar más alto de la cuenta, fue la de Taichi y Yamato (que sorprendentemente coincidieron). Mímica, que parecía que siempre hacía, porque solía gesticular de más al hablar, fue la de Takeru y Jou estuvo de acuerdo.
Nada le sonaba bien. Hasta que Sora le dijo lo que no era capaz de ver.
—Todas esas palabras tienen algo en común. Todo lo que te ha dicho todo el mundo. ¿A qué te recuerda?
Tardó dos días en llegar a la respuesta.
—Sonidos, gestos al hablar… Música —dijo Mimi, emocionada.
—Música. Y ahí tienes el "mi" que buscabas.
Por esa respuesta, Mimi empezó a interesarse en la música. Años más tarde, cantaba en un escenario la primera canción que había compuesto, en letra y melodía.
Y al fin todos vieron que su nombre venía de dos notas mi, que parecían iguales pero estaban en claves distintas.
No todo es lo que parece. Mimi no era simple, repetitiva y cursi. Ella era mucho más y encerraba cosas inesperadas, solo para quienes estuvieran dispuestos a mirar más allá.
