Del futbol y otros amores
Disclaimer:
Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.
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Advertencias:
Puede haber algo de OCC.
Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.
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Capítulo 4
Lo mejor para ti
Hayakawa Azumi
Siempre escuchó decir que la energía que ella ponía al hacer las cosas, era lo que más la caracterizaba. No dudaba de eso; el empeño que ponía al realizar todas sus actividades, todos los días, la distinguía de la mayoría de las personas de su edad.
Hoy no era de esos días.
Caminaba sin saber exactamente a dónde ir. El centro comercial no era realmente grande, pero no podía reparar en ningún lugar, al contrario, estaba dando vueltas en círculos alrededor de la pequeña fuente, ya que, esperar sentada tampoco estaba entre sus planes.
Rememoraba lo que el artista del campo le había revelado el día anterior. De solo recordarlo, se sentía asolada.
—¡Azumi! ¿Por qué estás dando vueltas a la fuente? ¿Te encuentras bien? — Al fin había llegado su amiga. Pero contrario al saludo que habitualmente le hubiera dado, detuvo su andar y mirándola de soslayo, habló.
—Oh, al fin llegas, Aroshi. Te has tardado demasiado.
—¿T-te e…encuentras bien, Azumi?
—¿Por qué preguntas?
—Ésta no eres tú definitivamente, ven — dicho esto, la condujo hasta unas bancas, lejos de quien pudiera escucharlas; —cuéntame qué te pasó. Y habla rápido, porque me estás preocupando.
Azumi bajó la mirada, no sabía por dónde comenzar. Su amiga esperó pacientemente, hasta que se decidió a decir algo.
—Misaki… él… —suspiró; —Misaki Taro regresa a Japón.
Ya estaba, lo había dicho.
—¿Qué…? ¿Cómo pasó eso? Es decir… ¿Cómo lo sabes? — Aroshi seguía haciéndole preguntas, y aunque eso le molestaba un poco, en este momento decidió contarle, después de todo, por ese motivo la había citado en ese lugar.
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—¡Vamos, chicos! ¡No se rindan! —decía con la misma energía de siempre. La práctica ya había terminado, pero hoy no estaban satisfechos con los resultados.
Todos los días desde que terminó el torneo internacional juvenil de futbol, hacía poco más de un mes, entrenaban intensamente, pues el triunfo de Japón, les había dado el ánimo necesario para competir con los equipos locales de París.
Pero hoy los resultados eran poco alentadores; normalmente Misaki los animaría, dándoles palabras de aliento propias de él para este tipo de situaciones, sin embargo, hoy era de esos días en los que él no estaba.
Por supuesto, ella tenía que hacer algo al respecto, no por nada era la chica más energética e intrépida de la escuela.
—Tienen que estar animados, recuerden lo que siempre dice Misaki: mientras más se esfuercen, tendrán más oportunidades de cumplir sus metas.
—Gracias Azumi, como siempre tienes las palabras indicadas en el momento adecuado—. Respondió alguien y todos lo secundaron.
—Ahora iremos a descansar, ¡mañana todo saldrá mejor!
—¡Así es chicos, esfuércense!
Ya iba de camino a su casa, hacía unas cuadras se había despedido de Aroshi, ahora andaba sola, cuando vio de lejos que una figura más que conocida, ingresó a un campo de futbol cercano mientras pateaba su característico balón de soccer.
Sin dudarlo, se acercó a él. Misaki, se había detenido a admirar su alrededor, sin detenerse en nada en particular.
—Ah, Misaki… estás por aquí—. El aludido se sorprendió, pero la volteó a ver con una sonrisa gentil.
—Hola Azumi. Sólo estoy de paso, ya estaba por irme, solo… admiraba el paisaje.
El tono que le daba era un poco distinto. Entonces presintió que algo malo pasaba.
—¿Todo está bien, Misaki? — Desde su lugar él le observó y sonrió.
—Sí, pero por lo que veo no se te escapa nada… realmente estaba buscando las palabras adecuadas para decirles a todos, pero supongo que está bien si tú lo sabes primero, me parece lo correcto…
Hubo un momento de silencio mientras Taro reordenaba sus ideas. Azumi esperaba un poco impaciente hasta que él por fin habló.
—Regresaremos a Japón, Azumi. Mi padre cree que está listo para pintar el Monte Fuji, nos mudaremos en unos días, cuando terminemos de empacar y organizar los documentos legales.
Esa noticia le cayó como un balde de agua fría. Jamás pensó que Misaki se fuera tan pronto, de hecho, jamás se había detenido siquiera a considerar que se fuera.
—¿E-entonces te vas? — el aludido asintió—. Ya veo… — Azumi trató de componerse y mostrar la actitud más fuerte que tenía, —entonces no te puedes ir sin despedirte de todos, ¿eh Misaki? Tus amigos aquí te extrañaremos, pero siempre te desearemos lo mejor.
Sonrió y el artista del campo le devolvió el gesto.
—Por supuesto que me despediré de todos; ustedes son unos grandes amigos. Los extrañaré a cada uno, tú incluida, Azumi.
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—Entonces Misaki regresará a Japón con sus amigos.
—Sí… se irá en cinco días.
—¿Cinco días? Eso es muy pronto.
—Sí, lo sé, pero su padre y él están acostumbrados a mudarse en poco tiempo—. Por suerte, después de haber contado su anécdota, ahora podía hablar con más calma y fluidez.
—¿Y tú qué harás, Azumi…? — La mencionada se puso en pie y decidida, dijo:
—Compraré un regalo de despedida, les diré a todos que den su opinión para saber qué comprarle…
—No me refería a eso, Azumi, yo digo que tú…
—¡Está decidido! Puedes acompañarme si gustas, Aroshi, iré a ver a los chicos ya que no se me ocurre qué regalarle a Misaki para que nos recuerde—. No terminaba ni de pronunciar su frase, cuando salió corriendo dispuesta a comprar el mejor regalo de despedida que pudiera haber.
—¡E-espera Azumi… yo te estaba hablando acerca de lo que tu sient…!
Ya no terminó de escuchar a su amiga. Estaba ya lejos de ella, por el momento, alejaría todo sentimiento negativo y despediría a Misaki de la mejor manera. No iba a llorar.
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Lo había conocido casi tres años atrás.
Ella por supuesto era japonesa, que por el trabajo de sus padres tuvo que ir desde muy pequeña a Francia. Había vivido un par de meses en dos ciudades distintas antes de establecerse en París.
Por ese mismo rumbo, conoció a un par de chicos japoneses que habían nacido en Francia, pues sus padres ahora vivían allí; todos ellos, con el firme deseo de regresar algún día a su patria, estudiaron en un colegio internacional japonés de París. Con el paso de los años, ese grupo de amigos fue creciendo.
Su carácter decidido y extrovertido, la ayudaba a ser la líder de su grupo de amigos, y el futbol, era su vida. Así que, sin dudarlo, los animaba en sus partidos. Pero en ese país eran poco aceptados en cuanto a futbol se trataba.
Los demás se dejaban amedrentar, pero ella no. Así que, siempre defendía a quienes le rodeaban. Aunque por eso fuera llamada una mujer poco femenina, para ese tiempo poco le importaba.
Hasta que llegó él.
—Todos tomen asiento. Hoy tenemos un estudiante nuevo—. Dijo el profesor—. Por favor, preséntate.
—Yo soy Misaki Taro. He venido a París por el trabajo de mi padre. Encantado de conocerlos—. Mencionó el chico castaño con la mejor de las sonrisas.
—Nosotros somos los que deberíamos decir encantados—. De la emoción, todos se juntaron y pusieron de pie.
—Nos llevaremos bien, Misaki.
—¿No es un chico lindo? — Le dijo Azumi a Aroshi. Parecía alguien verdaderamente agradable.
Ese sería el comienzo de su amistad.
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Para la hora de los deportes, lo llevaron al club de futbol. Y él gustosamente se inscribió. Ese día había un partido importante. Misaki jamás mencionó nada de su talento, después de todo, es muy modesto.
—Misaki en Japón, el baseball es el deporte más popular, tienen un campeonato profesional, no es así aquí en Francia…
Escuchó que un miembro del equipo le contaba, pero ella tenía que concentrarse en su papel de apoyar a sus amigos. Cuando vio a alguien correr hacia su dirección.
—Haa haa, —llegó jadeando desde la cancha, —no tiene sentido, ya no puedo correr más, por favor, reemplácenme.
—No tienes vergüenza, —dijo Azumi, estaba indignada, ¿tan rápido se rendía?
—No puede ser — secundó Aroshi.
—Yo puedo hacerlo, — dijo Taro como si nada.
—¿Eh? — Todos los presentes, incluida ella, se sorprendieron ante su comentario.
—Yo puedo reemplazarlo — volvió a decir con seguridad.
Fue entonces, que pudieron conocer el talento del artista del campo. Él les daba aliento, eso hacía, les demostraba que podían ser mejores.
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Lo que más le gustaba de él, es que nunca le recriminaba como los demás, que fuera «poco femenina», Taro se divertía con todas sus ocurrencias y agradecía lo que hacía por ellos.
Misaki se convirtió en el apoyo moral del equipo. Y uno de sus más grandes amigos.
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Por eso lo apoyaría en todo tiempo. Como cuando se enteró que sería un representante de Japón en el primer torneo mundial juvenil de futbol.
Defendía a Japón de cualquiera que se atreviera a subestimarlo. Porque si Misaki jugaba, de seguro ganaban.
—El primer partido es entre Japón e Italia—. Dijo alguien de la afición a sus compañeros.
—Italia se alzará con la victoria, eso es seguro.
—Sí, el ganador del grupo D se decidirá cerradamente entre Italia y Argentina—. Respondía uno más.
—Exacto, Japón en Asia sólo es un equipo de tercer orden en el futbol.
Eso colmó la paciencia de Azumi. Ya no aguantaría ningún otro comentario ofensivo.
—¡¿Qué están diciendo?!
—¿Eh?
—¿A caso están subestimando a Japón, idiotas? ¡Misaki es mejor que cualquier otro jugador en Francia en lo que respecta al futbol!
—Calma Azumi, — escuchó, pero no le importó. Y antes de que pudiera seguir, alguien más le dio la razón.
—¡Exactamente! Misaki es un gran jugador, incluso pudo enfrentarse con Pierre en un duelo!
—¿Pierre? — eso ella, ni ellos no lo sabían. —¿…Y ustedes son…? —cuestionó.
—Somos los compañeros de futbol de Misaki. Estaremos apoyando a Francia y Japón en este torneo.
—¿De verdad? Muchas gracias — dijo Azumi, ya estaba más tranquila y animada, no estaban solos entre tantos franceses que los subestimaban, pero ya les demostrarían de qué era capaz Misaki.
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Durante ese primer partido, se dieron cuenta que había muchos más chicos talentosos en el equipo nipón.
—¡Hay otro tipo como Misaki en Japón! — Dijo Fisher.
—¿Quién es este chico? — Azumi se preguntaba.
Era el número diez. Aunque dribleaba solo, su jugada era asombrosa. Y todo mejoró con la entrada de Misaki al partido. Gracias a ellos dos, el tan invencible portero Hernández, recibió su primer gol en más de un año.
—Bien hecho Misaki.
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Después de ganar ese partido, el equipo japonés subió a las gradas para ver el siguiente encuentro.
—Bien jugado Misaki—. saludó Fisher.
—Felicitaciones, Misaki—. Ella no se quedaba atrás.
—Gracias muchachos.
—Misaki estuviste genial, pero el número 10 también lo estuvo—. Siguió con su felicitación Azumi.
—Gra…gracias — Tsubasa algo apenado, se rascaba la nuca.
—Vaya, vaya Misaki, ella es tu novia francesa… — sugirió el número 14, Ishizaki, según sabía. No era pregunta sino una afirmación. Eso le pareció muy gracioso.
—Eh, no lo es… — Misaki estaba algo sorprendido, pero lo negó y de cierta manera a ella le dolió un poco. Pero ignoró ese sentimiento y saludó con su habitual energía.
—Soy una estudiante japonesa de tercer año de secundaria que vive en Francia. Mi nombre es Hayakawa Azumi. Apoyo a la selección japonesa en este torneo, ¡encantada de conocerlos! — Taro rió levemente.
—Ella es la Anego de Francia.
A Azumi le pareció raro, era la primera vez que escuchaba esas palabras de él.
—Eres un idiota Misaki, no sabes que la Anego de Japón se ha vuelto una persona muy femenina—. Dijo Ishizaki.
—¿Eh? — taro estaba sorprendido.
—Hace una muy buena pareja con Tsubasa—. Siguió el número 14.
—¡Eh! No digas esas cosas Ishizaki—. Reprendió Tsubasa algo apenado.
Azumi ahora entendía algo, la chica de la que hablaban, antes era como ella, pero ahora, después de un tiempo, se había convertido en toda una señorita digna de estar al lado del capitán de la selección. ¿Misaki estaría bien con una chica así? Eso no debería de importarle, pero por el momento, tal vez y solo tal vez, debería seguir el ejemplo de la novia de Tsubasa y empezar a comportarse un poco más femenina… por lo menos, cuando terminara este torneo.
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La semifinal contra Francia fue difícil.
—Lo siento, pero apoyaremos a Francia el día de hoy — les recordó Fisher.
—Y-ya veo — contestó ella.
—Estamos completamente abrumados por la multitud—. Dijo uno de los muchachos, y era verdad. Su grupo era el único entre todos los franceses del estadio.
—¡Bah! No voy a arrepentirme, — gritó con resolución. Y todo el partido, los apoyó.
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—Hola chicos — saludó Misaki Ichiro.
—¡Ah, el padre de Misaki! — dijeron todos.
—Vean el ataque de Japón el número 10 es realmente bueno, pero su combinación con Misaki es aún mejor—. Mencionó ella.
—De hecho, en Japón los llamaban la combinación dorada —dijo orgulloso Ichiro.
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Azumi lloró de felicidad cuando empataron, y para los penales, aun con los nervios a flor de piel, no dejó de apoyarlos. Sobre todo, en el turno de Taro.
«Misaki anota» pensaba llorando.
Por supuesto, ganaron el partido.
Y no sólo eso. Después de un arduo juego, y dando todo de ellos, ganaron la final. Ahora darían la vuelta olímpica.
—¡Vengan, vamos a seguirlos! — gritó alguien y todos se lanzaron detrás del equipo nipón, disfrutando del glorioso momento.
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Al día siguiente, los miembros del juvenil emprendieron su regreso a casa con el trofeo del primer campeonato.
Todos los despidieron, incluidos Fisher y sus amigos, así como Pierre quien los acompañó al aeropuerto. Misaki y su padre estaban conmovidos, seguro los extrañarían.
Pero ahora, todo eso quedaba en nada.
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Ahora mismo, estaban en el aeropuerto de Gaulle.
—Nos vemos Misaki, te deseo lo mejor.
—Envíanos cartas cuando estés en Japón.
—Cuídate.
—Gracias a todos, — dijo él.
—Misaki, esto es de todos nosotros—. Había permanecido en silencio todo este tiempo, pero Azumi tenía que mostrarse fuerte, —algunos regalos; al principio no se nos ocurría nada y pensamos que sería apropiado para ti, Misaki… una pelota de futbol y un equipo de entrenamiento.
—Gracias, — dijo él, mirándola fijamente.
—Cuídate, has lo mejor que puedas en el futbol, una vez que vuelvas a Japón, Misaki—. Sus miradas se cruzaron por un momento.
—Sí…
Esa fue su despedida.
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Solamente así, una vez que él se subió al avión y su vuelo despegó, se permitió llorar.
—Misaki realmente se ha ido…
—Azumi… — se preocuparon los demás.
—Misaki tú… — dijo mientras se secaba las lágrimas.
Él por fin volvería con sus amigos a compartir su pasión por el futbol.
Todo estaba bien. Estaba segura que se volverían a ver.
Ese sólo había sido uno de sus encuentros con el destino. Seguro luego se verían y podían abrir una nueva historia en sus vidas, pues en estos momentos y sólo en estos momentos, Hayakawa Azumi podía entender que se había enamorado del artista del campo. No lo podía negar, sin embargo, ahora solo podía esperar hasta la siguiente ocasión.
«Misaki tú irás a seguir tu sueño. Eso es lo mejor para ti, no lo niego, cuando pueda, iré a apoyarte también, porque ese es tu sueño»
Ahora ya tenía su nuevo objetivo.
«Porque siempre querré lo mejor para ti, Misaki Taro».
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Hasta aquí llegamos.
Nuevamente me disculpo si se me escapó alguna falta ortográfica...
Este capítulo lo preparé para compensar las semanas que estuve ausente, aunque no lo crean, al principio, me costó redactarlo, ya que carecía de material para conocer con exactitud su personalidad, y sin embargo, estoy satisfecha con el resultado; espero seguir con las actualizaciones semanales, pero no prometo nada...
Agradezco a quienes se han tomado la molestia de leer hasta aquí. Sus comentarios me inspiran para seguir, así que no duden en dejar su opinión por pequeña que sea.
Especialmente:
Princesalirio, de verdad que tus comentarios me inspiran para que siga con ésto; si la historia te emociona, creo que estoy logrando mi objetivo;)
agatali12, mil gracias por tu interés y tu comentario, mi propósito es que al igual que yo (al escribir), se enamoren con la historia:)
¡Espero no defraudarlas!
En el próximo episodio: ¿...quién será?:3
¡Saludos!
ShelenyPrice
