Del futbol y otros amores

Disclaimer:

Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.

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Advertencias:

Puede haber algo de OCC.

Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.

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Capítulo 7

Mi animadora oficial

Ozora Tsubasa

Ficha técnica.

Nombre: 大空 翼

Apodos: Hijo del Fútbol Enviado del Cielo; Prodigio del Fútbol.

Fecha de nacimiento: julio 28.

Nacionalidad: japonesa.

Altura: 173cm actualmente, (seguramente crecerá unos pocos cms más en los próximos años, este chico siempre nos sorprende).

Peso: 59kg.

Posición: Centrocampista ofensivo.

Equipos: Nankatsu (primaria y secundaria); Sao Paulo FC (camisetas 37, 10); FC Barcelona (28).

Camiseta en selección nacional: 10

Estado civil: felizmente casado.

Mayor amor: podría decir sin dudar: futbol; pero lo cierto era que ahora tenía uno mucho mayor.

Animadora oficial: Ozora Sanae.

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¿Quién lo hubiera pensado? Bueno, estaba de más preguntar. Obviamente todos o la gran mayoría sospechaba siempre el amor que le tenía a la chica.

Sí, a Nakazawa Sanae.

Todos los que lo rodeaban pocas veces podían imaginar que los pensamientos del chico prodigio, se dirigieran a otros asuntos que no fueran el futbol. Y al principio, tenían razón. Sólo al principio.

Es de recordar que, de niño, el balón lo salvó de ser atropellado, y desde entonces, se volvió su incondicional compañero y amigo. El único que tuvo por muchos años.

En su ciudad natal, el futbol (como en la mayor parte del país), no era un juego popular, la única amiga que hizo fue Aoba Yayoi, quien por un tiempo fue la única que le comprendía.

Por supuesto, todo cambió al mudarse a Nankatsu. Sus padres sabían que, en ese lugar, podría jugar tanto como quisiere al futbol, y por supuesto, lo logró.

El primer amigo que hizo, fue Ishizaki, un gran sujeto, confiable, bastante perseverante y, sobre todo, quien ama de gran manera el balompié. Sin duda, alguien digno de llevar una camiseta de la selección nacional.

Y no fue el único, también estaba Wakabayashi, su primer rival y ahora uno de sus más grandes amigos; Roberto Hongo, su amigo, segundo padre y maestro; Misaki Taro, su mejor amigo, los chicos del Nankatsu y Shutetsu, así como los animadores de la escuela. Y aquí es donde entra ella.

Cuando la conoció, lo primero que pensó fue «¡Qué chica tan energética!» contrario a lo que cualquiera pudiera pensar al verla por primera vez, él no creyó que ella fuera escandalosa, o mandona, no.

La energía que ella ponía en animar a todos los equipos, era única a su manera.

Y la frase que escuchó salir de su boca, nunca la pudo olvidar:

«Pero, ¿qué dices? ¡A mí únicamente me gusta apoyar a aquél que dé todo por alcanzar su objetivo!».

Sanae lo había gritado literalmente, justificando ante unos chicos, el porqué de su entusiasmo con el equipo de futbol.

«¡Ustedes jamás lo entenderían, pero ellos se esfuerzan lo suficiente como para merecer mi apoyo!».

Ella era una excelente animadora, una muy energética.

Lo demostró durante todo el torneo de Yomiuri Land, era audaz e intrépida. Solía ser entusiasta y gritar con todas sus fuerzas, sabía poner en su lugar a los que siempre criticaban al equipo de futbol y era una líder memorable, tal vez alguien cercano a la dictadura, pero aun con todo eso, tenía quien le siguiera los pasos, eso era de admirar.

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Al verla llegar con la bandera dedicada a él «Pelea Tsubasa», y gritarle su apoyo,

«¡Tsubasa ve por ellos!»,

no pudo evitar emocionarse y avergonzarse a la vez, más con la frase de Ishizaki, «Debe ser difícil ser popular», pero eso no ocupó su mente mucho tiempo. Al terminar el partido, la divisó en las gradas y se dirigió a ella.

Gracias por tu apoyo, — le había dicho sonriente. Ella le devolvió la sonrisa mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos.

Tsubasa-kun…

Ese pequeño momento, de menos de cinco segundos marcó su vida de manera increíble, y sería el principio, de sin saberlo, el amor de su vida.

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El apoyo de ella siempre lo alcanzó. Aquella vez que estaba devastado en su duelo contra Misugi, también fueron sus palabras las que contribuyeron a que se levantara de la miseria en la que estaba.

«¡Sí! ¡No puedes perder, Tsubasa! Como pensaba… ¡Perder no va contigo en lo absoluto! ¡Aguanta, Tsubasa! ¡Seguiré apoyándote, así que gana, por favor!».

Sus palabras, junto con los demás, fueron lo que necesitó para reponerse.

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Sus gritos de aliento y de apoyo fueron su fuerza por mucho tiempo, y todo cesó al iniciar la secundaria, pues ella entró como manager, y dejó de ser animadora, ya no le demostraba sus energías de esa forma, pero lo hacía de una manera igual de importante: siempre estar ahí para él.

Era evidente, que ya no era la niña intrépida de cuando la conoció, pues su comportamiento era recatado y amigable para con todo.

Ahora, conforme la observaba de cerca, podía jurar que Sanae siempre había sido hermosa, pero en esos momentos y, por alguna razón, lo era mucho más.

Podría atribuir estos pensamientos al hecho de que pasaban tanto tiempo juntos, pero eso jamás lo aceptaría en voz alta, no delante de los demás. Él tenía cosas más importantes de qué ocuparse, y eso hizo.

Y a pesar de ello, Sanae nunca dejó de estar ahí para él.

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En los tiempos donde su lesión de tobillo regresaba, ella era quien siempre le vendaba y cuidaba, no importándole nada más.

Sólo en ella podía confiar para cuidarlo y curarlo.

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«Los chicos tienen ánimo no puedo decirles que estoy herido… alguien… ¡Por supuesto!»

Espera, Manabu— le habló en secreto —trae a la delegada a los jardines de atrás, necesito que vende mi tobillo, pero que nadie lo vea, por favor…

Claro, Tsubasa.

Todo el tiempo que la necesitó, siempre tuvo un vendaje de la delegada.

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No sabe exactamente en qué momento, tal vez fue desde esa vez en las gradas cuando le agradeció su apoyo, no sabría explicarlo con exactitud, pero lo cierto era que por un par de años negó lo obvio: él estaba profundamente enamorado de la manager Nakazawa.

Lo pudo aceptar al meditar en eso, después de las eliminatorias regionales de Shizuoka en su segundo año de secundaria. Lo sabía, probablemente todos lo sabían o lo sospechaban, pero Tsubasa no podía lidiar con eso, no era un tipo romántico ni mucho menos, además estaba prioritariamente el ganar su V2, no podía pensar en esas cosas, eso era para después. Con eso en mente, dejó olvidado el tema.

Pero ella siempre lo apoyó aun con todo eso. Siempre preocupada por el as. Siempre acompañándolo en todo momento.

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Era obvio que todos los chicos siempre los dejaban a solas y se iban por otro camino a sus casas. Tsubasa sabía que sospechaban, pero siendo él, no se atrevía a decir nada; ante las insinuaciones que el equipo le hacía, tampoco se atrevía a negar, simplemente cambiaba de tema o reía, nunca les confirmaría nada, estaba seguro que no era el momento. Aunque con esa actitud, solo les confirmaba lo obvio.

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Por alguna razón no se atrevería a confesarse ante Sanae, tenía miedo de sus sentimientos, no era un chico romántico ni nada parecido, ¿cómo podría entonces hacer que ella le aceptara siendo alguien que se dedicaba al futbol ante todas las cosas? Se decepcionaría al no recibir una confesión adecuada, tal como ella merecía.

El romperse la cabeza en esos asuntos, no era lo suyo, por eso mejor se concentraba en el futbol.

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En el torneo de prefecturas de su último año, Sanae lo acompañó a buscar los resultados de sus rayos X, a pesar de que él insistió en ir solo, el entrenador los mandó a ambos, era sospechoso, seguramente el entrenador también los quería dejar solos.

Ya iban de regreso de la clínica, y estaban llegando al lago.

Estar lesionado sería lo peor que nos podría pasar en este momento, — dijo él queriendo iniciar una buena conversación.

Es cierto, y todos han entrenado muy duro, — le respondió ella, que venía un par de pasos atrás.

Es gracias a ti, delegada—. Mencionó el chico, sonriendo.

Incluso si es mentira, es lindo de tu parte decirlo, — fue la respuesta de ella y ambos rieron.

Al llegar al lago, Tsubasa pudo notar de primera instancia que estaba lleno de parejas, y entonces fue muy consciente de la presencia de Sanae, que venía detrás de él, lo cual hizo que se avergonzara un poco, y empezara a divagar… ¿Cómo sería ir así en ese momento con Sanae? ¿Aceptaría ella esa clase de trato? ¿Lo aceptaría a él?

Tsubasa se reprendió mentalmente, ¿cómo podía siquiera pensar en cosas así? Eso para nada era propio de él, además tenía que concentrarse, no era momento para divagar.

Hoy es domingo, por eso hay tanta gente—. Dijo tratando de sonar de lo más normal.

Sí—. La escuchó por atrás, su voz era algo queda. Tsubasa sabía que ese no era el momento; y al pensar cómo ella reaccionaría, nuevamente no supo qué hacer, así que pensó en algo rápido.

¡Lo tengo! — Dijo deteniendo su andar, —¡Ya que no puedo entrenar, puedo ir a ver el partido del Nishikigaoka contra el Ozumi! — La miró—. ¡Así conoceré al ganador de la segunda ronda! Manabu está ahí para ver a los equipos, y si nos apuramos, ¡aún podemos ver el partido del Furano!

Sí…— dijo ella sorprendida.

¡Vamos! — Apuró a correr, dejándola atrás, al poco tiempo, escuchó cómo ella lo seguía, y se reprendió mentalmente por huir de esa manera.

Sabía que, hacía mal, y se sentía pésimo con todo eso, pero no sabía qué hacer exactamente, siempre fue lento en temar románticos.

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Ishizaki una vez le dijo que era un tonto y alguien muy lento para entender temas que no fueran sobre futbol, eso era muy cierto.

Ahora sabía que quería a Sanae, pero tenía miedo de aceptarlo y miedo de confesarse, no sabía qué pasaría después, si ella lo aceptaría o correspondería. Pero eso fue sólo al principio.

En lo profundo de sí, estaba consciente de que se engañaba a sí mismo al decir que por miedo no le confesaba sus sentimientos, pues la verdad, siempre fue que Tsubasa era muy egoísta. Una parte de él, sentía que Sanae le correspondía, ¡por supuesto que lo hacía!, eso le daba un poco de esperanzas, y eso mismo lo llevó a dejar pasar el tiempo, creyendo que Sanae siempre estaría ahí para él. Decidió esperar, seguro ella esperaría también.

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Y sabía que Sanae correspondía sus sentimientos, pues los dos vivieron pequeños momentos, únicos y especiales, que nunca compartían con nadie más.

Como en la final Toho-Nankatsu.

Al terminar el tiempo reglamentario, en empate a tres goles, se jugaría tiempo extra; escuchando el silbatazo del final, lo abandonaron las fuerzas y cayó al suelo. Todos sus amigos, incluidos los de la banca, lo rodearon para saber su estado, Tsubasa mantenía la promesa hecha al doctor: no había colapsado en el partido; pero aun así, él y el entrenador, lo querían fuera. El prodigio sabía que no estaba en su límite, su cuerpo resistiría más.

¡Lo haré… jugaré el tiempo extra! — Había alegado, y cuando sus compañeros lo apoyaron, se sintió mejor. Sólo así, con el apoyo de todos, lo dejaron continuar.

Ve y descansa un poco en el banco, y podrás recobrar tus fuerzas—. Ishizaki caminaba a su lado, —Estaremos juntos hasta el final para cumplir nuestro sueño.

Al acercarse a la banca, todos observaron como las tres manager los esperaban.

Pero él solo podía divisar a la que se había acercado más, hacia él.

Delegada—. Sanae lloraba, pero aun así, sacó la fuerza suficiente para sonreír.

Tsubasa, después de esto… haz tu mejor esfuerzo durante el tiempo extra.

Él le devolvió la sonrisa más sincera que tenía.

Sí, — afirmó ella para sí misma, tomando más valor; así, levantó en su mano derecha la banda de capitán que él ya no poseía en su brazo izquierdo, debido al tiro del tigre de Hyuga, y la extendió para que él la tomara.

Sí, gracias — respondió Tsubasa mientras tomaba la banda con su mano derecha y le devolvía la mirada, en un momento tan único y especial propio de ellos. Por un instante, se olvidaron de todos los demás, solamente estaban ellos dos.

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Siempre ella.

Al abrir los ojos después de colapsar, era a la primera que veía.

También la escuchó en una ocasión, después de caer en su duelo contra Hyuga, gritar desconsoladamente desde las gradas: «¡No lastimen más a Tsubasa! ¡No dejen que este partido siga adelante de esta forma!».

Ella sufría por causa de él, Tsubasa lo sabía, pero no por eso dejaría de jugar, ganaría para que ella estuviera tranquila y disfrutara con él su victoria.

Pero por todo ese sufrimiento que la hacía pasar, siempre buscó consolarla, ya sea con esos pequeños gestos, significativas miradas, encantadoras sonrisas, palabras de tranquilidad, todo, exclusivamente todo de él, le pertenecía a ella.

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Era tan natural el tenerla cerca, que nunca creyó poderla perder, y sin embargo, sabía que estaba siendo lento para confesar sus sentimientos.

El día que su padre llegaba, él había despertado de su siesta y Sanae estaba ahí sentada cerca de su cama, rieron de sus ocurrencias por un momento, pero de pronto el ambiente se tornó serio. Ella parecía querer decir algo.

—Eh… ¿Qué…? — Quiso animarla a hablar, pero ella no encontraba las palabras para hacerlo.

—Tsubasa, yo… — el aludido no aguantó. Tenía miedo de saber lo que diría, de pronto prefirió evadir el tema. Típico de él.

—Eh… Ah, está oscureciendo. Encenderé las luces— se puso en pie y caminó hacia la ventana, pero esta vez Sanae no quería que escapara.

—Ah, espera, Tsubasa — ella lo tomó de su manga, Tsubasa se quedó quieto, la manager se encontraba a sus espaldas, estaban muy cerca del otro, pero él no podía ver el tipo de reacción que Sanae tendría.

Ese ambiente duró un segundo, un segundo inexplicable. Pero por azares del destino, el teléfono sonó e interrumpió lo que sea que ella le iba a decir.

Fue lo más cerca que estuvo a rendirse ante sus sentimientos.

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Todos sospechaban siempre de sus sentimientos, y trataba de ayudarlos a su manera. Como cuando se iban por otro camino dejándolos solos a los dos.

La última vez, fue cuando a Ishizaki le golpeó la nariz «el muro» Kanda, como el defensa le llamó.

Sanae, a solas, le contó como el intrépido de Ryo, había saltado a defenderla, sintiéndose ella culpable por el golpe que Kanda le había dado al dueño del Ganmen Block. Pero también le dijo que ella rechazó al boxeador con mucha razón, pues no le correspondía.

«…a mí me gusta alguien más».

Dijo ella sonriendo de manera significativa. Los dos se encontraban uno frente al otro, solos. Ella le acababa de dar la pauta, el impulso que necesitaba. Era ahora o nunca.

—Sanae, yo…

Y ahora que se había decidido, nuevamente por azares del destino, eran interrumpidos. Ahora por Carlos.

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Y eso le costó bastante, pues por un momento, casi siente el perderla.

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«Vengo a hablar de Nakazawa Sanae» le dijo Kanda cuando lo fue a retar.

«…la amo …la quiero para mí y no puedo permitir que estés en medio… Si tanto la quieres vendrás a pelear por ella, si ganas, la dejaré en paz… nos veremos al rato… si es que ella te interesa algo…»

Con semejante reto, no podía fallarle. Dimitir del equipo de futbol no era nada en comparación a perderla. Sólo en ese momento, lo pudo comprender.

Los golpes del boxeador, sólo alimentaron sus recuerdos de Sanae, ella lo era todo para el prodigio del futbol.

Gracias a ese acontecimiento, pudo tener el valor suficiente para decirle que le amaba.

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Su amor era fuerte, y a pesar de la distancia, no claudicó ni un segundo. Pero estando casi cuatro años fuera, pudo darse cuenta que la necesitaba más que a nadie, ella siempre fue su soporte, no podía vivir más tiempo sin ella. Lo terminó de confirmar en la visita sorpresa que Sanae le hizo en Brasil.

Por eso, después de tanto pensarlo, decidió pedirle matrimonio, al coronarse campeones del mundial sub 19.


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—Estoy en casa…

—Bienvenido Tsubasa — dijo la señora Ozora—. Te ves muy radiante hoy, ¿pasó algo bueno?

—Estuve recordando viejos tiempos…

—¿Viejos tiempos?

—Sí, desde que nos conocimos, todo lo que pasamos juntos… en Yomiuri Land, en la secundaria… al final del mundial… aún en Brasil, y cuando llegamos a Barcelona hace poco…

—Entonces deben ser muy buenos recuerdos… — rió su esposa.

—Lo son y, ¿sabes qué concluí?

—¿Qué…?

—Que sin tu apoyo… no hubiera llegado hasta aquí. Eres la mejor, Sanae.

—Tsubasa…

—Tú siempre has estado ahí para mí… eres mi animadora oficial.

—Siempre lo seré—. Los dos sonrieron ante tal afirmación.

— Gracias… gracias por siempre apoyarme y por todos estos momentos…

—Hoy… — repentinamente ella cambió el tema, también estaba de excelente humor, —Pinto y su mamá me acompañaron… al hospital…

Eso tomó por sorpresa al as, Sanae aguantó un segundo la respiración, antes de continuar.

—Un bebé… ¡Vamos a tener un bebé!

El tiempo se paralizó por un instante, y Tsubasa tomó aire antes de gritar de felicidad y alzar a su esposa en brazos.

—¡Un bebé! ¡Tendremos un bebé!

Un hijo. Era la mejor noticia que pudo darle Sanae. Compartieron los dos aquel hermoso momento, llenos de felicidad. Porque ahora, además de su esposa, Ozora Sanae, tendrían un pequeño, que sería su impulso para continuar jugando.

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Hasta aquí el capítulo:)

Me disculpo de antemano por cualquier falta ortográfica y... bla, bla bla...

Agradezco a quienes se han tomado la molestia de leer hasta aquí. Sus comentarios me inspiran para seguir, así que no duden en dejar su opinión por pequeña que sea.

Mil disculpas a quienes siguen el fic, estos meses han sido difíciles y de muchos cambios para mi, todavía me estoy acoplando, así que puede que tarde un poquito más en actualizar, pero tengan por seguro que no abandonaré la historia...

En especial a Princesalirio, disculpa, y gracias por tu apoyo.

Espero no decepcionarles con lo que viene.

¡Saludos!

ShelenyPrice