Del futbol y otros amores
Disclaimer:
Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.
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Advertencias:
Puede haber algo de OCC.
Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.
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Capítulo 8
Un corazón de cristal
Misugi Jun
Ficha técnica.
Nombre: 三杉淳
Apodos: Noble Joven del Campo; As de Cristal; Príncipe/Caballero del campo.
Fecha de nacimiento: junio 23.
Nacionalidad: japonesa.
Altura: 174cm
Peso: 59kg.
Posición: Centrocampista ofensivo, defensa: Libero.
Equipos: Musashi (primaria y secundaria); FC Tokyo.
Camiseta en selección nacional: 14, 24, 6.
Estado civil: en una relación.
Ocupación actual: estudiante de medicina y seleccionado nacional.
Mayor amor: bueno, esto era de pensarse, el futbol podría ser uno; pero sus padres y su querida novia, Aoba Yayoi también era su amor, no había duda.
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Misugi Jun tenía un corazón de cristal.
Aunque nunca lo vio como una maldición, siempre creyó que la vida era un poco, y solo un poco dura con él.
Pero su determinación fue grande. Y no se dejó vencer por eso, si podía jugar cuando menos quince minutos, lo haría. Eso era suficiente para él.
Fue en esas épocas cuando conoció a esa chica tan peculiar. Aoba Yayoi. Su actual novia.
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Al principio, solo era una chica carismática, que se unió como manager al equipo. Linda, sí era obvio. Amable, determinada, gentil y muy energética. A pesar de eso, no le tomó tanta importancia, hasta que accidentalmente ella descubrió su secreto.
Puede que se conocieran poco, pero ella no lo miró con lástima o compasión como esperaría de cualquiera, ese día pudo ver la tristeza reflejada en sus ojos.
«Yo te ayudaré capitán, cuidaré de ti todo lo que pueda, así que, por favor da lo mejor de ti en la cancha».
Esas palabras lo conmovieron de gran manera. Ella siendo alguien ajena a su familia, no dudó en darle su completo apoyo; sus padres, por el contrario, al enterarse no quisieron que se arriesgara. Se dio cuenta de que podía confiar en ella.
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Su amistad crecía día a día. Ella le habló de su amigo de la infancia, un tal Ozora Tsubasa. Quería que ellos se pudiesen conocer en un futuro y se llevaran bien.
—¡Tsubasa!, ¿me recuerdas? ¡Soy yo Yayoi! ¡Estoy aquí para apoyarte!
Ella gritó al chico que se encontraba por disputar un partido regional de Shizuoka.
Yayoi amaba a Tsubasa, no había que ser un genio para saberlo. Era muy obvio. Por alguna razón en ese momento sintió una pequeña punzada en su pecho, pero lo atribuyó a su enfermedad.
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—¡Wahh! ¡Ese es Tsubasa! — Dijo ella gritando a la nada y posteriormente volteó a verlo, —¿Entonces? Tsubasa es bueno, ¿verdad? — le dijo con clara emoción.
—Sí, tuve razón de venir a Shizuoka solo para verlo.
Él le agradaba. Era lo que se conocía como un niño prodigio. Tenía que ser su rival… en la cancha, se refería a la cancha, no a otro tipo de rival.
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Yayoi era fiel a sus sentimientos. Eso le decía que estaría apoyando a Tsubasa en el campeonato. Aunque claro, estaba muy equivocado.
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«Así se hace capitán».
Nunca dejó de ver por él. En todo tiempo y en todo momento, en el entrenamiento y después de este, en cada visita médica. La presencia de Yayoi a su alrededor se hizo más natural cada día.
—¡Gracias por tu esfuerzo en el entrenamiento!
—Gracias a ti por ayudarme, Yayoi.
Ni siquiera supo cuándo comenzó a llamarla por su nombre, sólo pasó.
«Está bien, capitán, porque yo haré lo que esté en mis manos por tu bien».
No había entendido cuanto peso tenían esas palabras para ella.
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Por casualidad, ese día vio a Yayoi yendo hacia el equipo del Nankatsu. Al verla hablar a solas con Tsubasa, nuevamente experimentó un extraño sentimiento.
Pero también se preguntó, ¿de qué hablaron? ¿Amor? ¿O acaso ella…?
Yayoi lógicamente negó haberle contado al niño prodigio sobre su enfermedad, y él confió en ella.
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Pero en el partido, se dio cuenta que la manager le mintió. Sí le había contado a Tsubasa sobre su enfermedad.
Le había defraudado.
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—Manager ven conmigo por favor.
—S…sí…
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—¿Qué querías capitán?
¿Todavía tenía el descaro de hacerse la desentendida? Era el colmo. Perdió la cordura por un segundo y se dejó llevar por la rabia que sentía. Le dio una bofetada, que la sorprendió sobremanera.
—¡No tenías derecho a decirle a Tsubasa lo de mi corazón…! Descubriste mi enfermedad por accidente, desde entonces hiciste todo lo posible por cuidar de mí. ¡Pero este partido es un duelo entre Tsubasa y yo! ¡Un duelo entre hombres! ¡Una chica como tú no puede meterse!
Contrario a como se sentía, la expresión de ella, fue dolorosa. Él sintió una punzada en su corazón cuando la vio a punto de quebrarse.
—Perdóname capitán, — dijo sin verlo y corrió lejos.
La culpa no tardó en llegar a él. Pero lo primero era terminar el partido.
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Aunque fue un buen duelo, no pudo contra el deseo de ganar de Tsubasa, no con ese corazón de cristal que tenía.
Aún en esa situación, Yayoi no dudó en guiarlo, «¡Capitán, el balón está encima de ti, a tu derecha!», «¡Capitán, va a tirar…!».
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No había duda de que ella era mucho mejor persona que él.
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—¡Capitán! ¿Se encuentra bien? — Siempre preocupada por su bienestar, aún después de lo cruel que fue con ella.
—Todo va bien, manager… ¿me dejas apoyarme en tu hombro por favor? En el partido de hoy tus indicaciones fueron de gran ayuda; jugué bien en este partido gracias a ti.
—Capitán…
—Gracias por todo lo que has hecho… como manager del Musashi te pediré una última cosa: por favor, ayúdame a volver al banquillo.
—S-sí, — ella lloraba de alivio. Se dio cuenta de que no quería que ella se alejara, nunca, de su lado.
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El que haya elegido apoyarlo por sobre Tsubasa, le hacía sentir muy dichoso, aunque no supiera exactamente el porqué.
Le pidió perdón mil veces por ser tan impulsivo y cabeza dura, y ella lo perdonó.
Era como un ángel.
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En los siguientes dos años, el tenerla a su lado. Era tan natural como respirar. Siempre lo acompañó, día y noche, en los duros tratamientos y la cansada rehabilitación. En la clínica o en casa.
Siempre energética, gritando sus sentimientos. Gentil, bondadosa, risueña, directa y atenta. Siempre estando a su lado, en todo momento, hasta en los más difíciles.
Era la chica que había dado calor a su corazón.
Sus fans no se comparaban a ella. Yayoi era única y especial dentro de él. Tsubasa también pasó a segundo plano dentro de los pensamientos de la chica.
Y por algún motivo, pensó que su relación estaría bien, siempre de esa manera. ¡Qué equivocado estaba!
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Era hora de visitar a su doctor. Esta consulta sería de gran importancia, ya que se encontraba en el tercer año de secundaria, si todo iba bien, podría enfrentar a Tsubasa nuevamente.
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Habían quedado de verse frente a la tienda de helados: irían juntos, como era costumbre.
Misugi acababa de llegar al sitio de reunión y encontró una escena un tanto… molesta… Yayoi platicaba felizmente con un chico que él no conocía.
Estaba a unos metros de ellos, pero pudo escuchas su plática. Y aún en contra de su voluntad, decidió no intervenir.
—…pero el encontrar a alguien conocido realmente me pone muy feliz—. Mencionaba el chico que platicaba con Yayoi.
—Oh, ¿En serio? Pues me alegro por ti, hace mucho que no nos vemos…
—Sí, hace bastante, te diría que no has cambiado nada, pero viéndote de cerca, en realidad puedo decir que te has vuelto mucho más hermosa…
Ahora sí estaba molesto, no solo por el comentario del chico, sino que la reacción que tuvo Yayoi no fue la que esperaba, pues le regaló una de sus hermosas sonrisas y un poco sonrojada, le respondió.
—Gracias, Sagara-kun. Tú también estás algo cambiado… has… crecido bastante…
—¿Estás ocupada ahora? Si no es así, ¿te gustaría ir a comer un helado conmigo? Ya sabes, para ponernos al día, hay mucho qué platicar… — con esa pregunta, Yayoi pareció reaccionar.
—Lo siento, pero estoy esperando a alguien, — comentó un poco apenada, (de seguro al recordar el porqué estaba allí), para luego sonrojarse casi imperceptiblemente. Era increíble que aún a la distancia, él pudiera notar aquellos cambios en ella.
—Ah, ¿es así? De casualidad, ¿esperas a tu novio? — Misugi sintió un golpe en su pecho tras las palabras de ese chico, no sabía que doliera tanto el pensar que no existía ningún vínculo entre ellos—. Si te soy sincero, espero digas que no, para estar seguro de que tengo una oportunidad… claro, si estás disponible y me dejaras intentarlo…
Yayoi se encontraba en confusión, y nuevamente, se sonrojó, para desgracia de Jun. No era la primera vez que escuchaba halagos hacia ella, pero sí la primera vez que eran directos y coquetos frente a frente. A lo mejor era por el hecho de que la mayor parte del tiempo Yayoi estaba pegada a él, y por lo mismo, nadie se le acercaba. No podían competir con alguien que destacaba tanto, con un aura de príncipe.
—B…bueno… — empezó algo dudosa, —La verdad es que yo…
No pudo siquiera terminar su frase, Jun se adelantó, y jalando suave, pero firmemente su brazo derecho y la posicionaba a su lado. Ella se llevó una gran sorpresa cuando vio de quien se trataba.
—Misugi… — el aludido solamente miraba a Sagara, pero se sintió aliviado de no ser llamado «capitán» delante del otro chico.
—Lo lamento, pero ella está conmigo ahora, así que no está disponible para nadie. Te agradecería que no vuelvas a hacer tal sugerencia, la incomodarás. Por otra parte, — dijo mientras dirigía su vista a Yayoi; la mirada que le daba tenía un aire indescifrable, —lamento haberte hecho esperar, Yayoi. ¿Nos vamos?
El ambiente era algo tenso, Sagara estaba ahora algo cohibido, y no era para menos, un chico apuesto acababa de decir que «no se acercara a su chica», ahora sí que no tendría oportunidad.
Yayoi estaba sonrojada, por sus palabras, ¡Por él! Sintió un atisbo de esperanza.
—Es cierto, se nos hace tarde, tengo que irme. Nos veremos en otra ocasión Sagara-kun—. Sonrió mientras él asentía y le daba una tarjeta con su número.
—Cl…Claro, cuando tengas tiempo, podemos por lo menos recordar viejos tiempos, ¿sí? Nada fuera de amistad — dijo viendo a Jun, quien sonreía forzadamente.
—Nada me alegraría más. Cuídate, Sagara-kun—. Dicho esto, Yayoi emprendió la caminata junto a Jun.
Ninguno de los dos habló en todo el trayecto al hospital.
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Jun no sabía cómo enfrentar lo que había hecho.
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Por el momento, decidieron concentrarse en la consulta, donde, por cierto, recibieron la mejor de las noticias:
Él podría volver a jugar.
Al salir se dirigieron a un parque cercano, todavía sin decir palabra alguna, olvidando lo que pasaron en el consultorio.
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—Lo lamento, Yayoi—. Por fin se miraron, Jun estaba totalmente arrepentido—. No quise parecer grosero, te prometí que no te volvería a lastimar… y he fallado a mi palabra…
Ella estaba algo conmocionada con su comentario, pero respondió de manera diferente a como él esperaba.
—No, Jun… — él se sorprendió, jamás le había llamado por su nombre, menos en un tono distante, —esto no lo puedo tolerar. Sagara-kun es un viejo amigo, alguien a quien veo después de muchos años, no tenías derecho a tratarlo así…
—Lo sé y lo lamento, perdóname por favor, no sé qué me pasó… — ahora sí era el colmo, ¿no lo sabía? ¿Quién lo debería de saber entonces? Se sentía como un tonto por no poder aceptar sus sentimientos.
—¿No lo sabes, capitán?
—Sólo trataba de… defenderte, — se excusó; —no quería que te trataran mal…
—¿Mal? Él jamás dio indicios de «tratarme mal», al contrario, hasta me halagó, yo estuve feliz con sus comentarios…
—¡Ese es el problema! — estalló Misugi—. Yo… no pude soportarlo, él no tiene derecho a…
—¿No tiene? ¿Y quién sí? — Ella trataba de hablar con calma—. ¿Acaso yo voy correteando a las chicas que siempre andan detrás de ti, capitán? ¿Me he metido en tu vida privada alguna vez?
—Yayoi…
—Escúchame por favor, he respetado tu privacidad, es hora de que respetes la mía.
—Pero y…
—¡No somos nada! — Misugi quedó atónito, jamás creyó que escuchar esas palabras de la boca de ella, dolieran tanto—. No soy tu «hermanita» a la que debas proteger, ya me cansé de que siempre me veas como una… yo… no puedo soportar eso… — bajó la mirada, ya no podría aguantarlo.
—Jamás lo hice… — Jun se sorprendió a sí mismo al mencionar esas palabras—. Yo jamás te he visto como una hermana, ni mucho menos.
Yayoi ahora estaba desconcertada. Jun no sabía si debía continuar, pero al ver que ella le daba su atención, decidió arriesgarse. Era ahora o nunca.
—Jamás he querido tratarte así… porque en realidad, yo… yo t… yo te amo, Yayoi.
¡Ya estaba! ¡Lo había dicho! Ella no salía de su asombro, lo miraba como tratando de comprender si sus palabras eran verdad. Vio un gran sonrojo pasar por su cara. En este momento, Jun se sentía en paz; jamás creyó que aceptar sus sentimientos en voz alta, fuera tan liberador; quería demostrarle que hablaba en serio. Yayoi empezó a llorar y por un momento, él se alarmó, pero luego, ella le sonrió cálidamente.
—Jun… — susurró.
No pudo más.
Antes de que ella terminara su frase, la estaba besando, como siempre quiso hacerlo. Había anhelado desde hace mucho ese beso, sin saberlo. Ahí se dijeron más que todas las palabras que pudieron haber pronunciado antes.
Cuando sus miradas se encontraron, ella pronunció las palabras que él más ansiaba escuchar.
—Yo también te amo, Misugi jun.
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Su relación fue tan bien aceptada por todo el mundo, que a veces daba miedo. A lo mejor era que, por siempre estar juntos, la gente los veía como la pareja perfecta.
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Lo que le hacía recordar el día que se encontraron con Nakazawa Sanae y sus amigas, en la ceremonia inaugural del torneo entre secundarias.
—¡Sanae! Ha pasado un largo tiempo — gritó/saludó su novia.
—¡Yayoi! — respondió su amiga.
—¡Jun por aquí! — Le alentó a él, que venía unos pasos detrás.
—Hola, cuanto tiempo que no nos vemos, — saludó cortésmente Jun.
—Ah, Misugi — saludó Sanae, e inmediatamente miró pícaramente a Yayoi —Awww, ahora le dices Jun y nunca más capitán, ¿eh? —
—¡Oh! ¿Qué estás diciendo, Sanae? — Yayoi se apenaba y reía, restándole importancia.
«Linda».
Ella era linda en todo aspecto. Incluida su actitud.
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Para Jun, no era un secreto el hecho de que Nakazawa Sanae se llevaba encima, todo el alarde que Yayoi hacía sobre los pequeños detalles que él le daba.
Como la carta que le mandó en el torneo mundial juvenil.
El collar que le regaló en navidad.
Sobre todo.
Pobre Sanae. La compadecía un poco.
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Su amor era mutuo. Y ambos se dirigían a una misma cosa: ayudar a las demás personas. Jun trabajó duro para tomar el examen de la escuela de medicina adjunta al Musashi.
No había abandonado el futbol, seria jugador y doctor a la vez, tal como ese jugador brasileño Sócrates. Esa era su nueva meta.
Sería un doctor y ayudaría a los que, como él, no podían practicar el deporte que tanto amaban.
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Yayoi sería una enfermera. Le quedaba bien, según la perspectiva de Jun, pues hizo un buen trabajo cuidando de él todos esos años.
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Después de no jugar ni un solo partido por tres años, obtuvo buenos resultados.
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—¿Está seguro doctor? ¿Podré volver a jugar?
—Sí, es el resultado de sacrificarte tres años de preparatoria sin jugar para poder participar en la copa mundial juvenil. Misugi, el trabajo de un médico es ayudar a sus pacientes, la curación es casi siempre posible, aunque las personas deben poner también de su parte. Tú estudias medicina deberías saberlo.
—Gracias, gracias doctor — Jun estrechaba efusivamente sus manos. Ahora podría jugar completamente un partido. Estaba completamente recuperado.
—Jun… — por supuesto, su novia lo acompañó en ese feliz momento.
—Gracias Yayoi, ¡ahora podré volver a jugar! — Sin pensarlo tanto, la abrazó efusivamente. Todo se lo debía a ella.
—¡Estoy feliz por ti! ¡Realmente feliz! — ella lloraba y le devolvía el abrazo.
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Fue uno de sus mayores triunfos, juntos. Y les esperaba más en el futuro.
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—¡Mira, Jun! — La voz de Yayoi interrumpió sus pensamientos; ella corría hacia él enseñando un papel. Nunca cambiaría. Él sonrió.
—¿Qué es, Yayoi?
—¡Ha llegado! Es la foto de la boda de Tsubasa y Sanae, ¿no es linda?
—Lo es—. Dijo mientras la miraban, —estoy muy feliz por ellos.
—Yo también. ¿Quién lo diría? Siempre pensé que Tsubasa era lento, y que tardarían bastante para consolidar su relación… ¡Ya hasta nos han ganado!
Jun rió ante la idea.
—Bueno, cada quien avanza de diferente manera… ya llegará nuestro momento.
—Y pensar que lo de ellos inició cuando Tsubasa fue retado por un boxeador. Es increíble como los hombres demuestran sus sentimientos cuando sienten perder a la chica…
Jun entendió la indirecta y sonrió.
—Solemos cometer esa clase de errores, — dijo sin más, y besó cortamente a su novia.
—Pero eso no tiene importancia ya… porque siempre miraremos hacia el futuro, — dijo Yayoi sonriente.
El futuro.
Era cierto. Nunca más tendría un corazón de Cristal. Aoba Yayoi era la mujer que le dio la calidez que necesitaba. Quien le acompañó en todo momento y con quien quería compartir el resto de sus días.
Esperaba que ese futuro, donde los dos estuvieran juntos, no estuviera tan lejano.
Porque el anillo que había comprado unas semanas después de la boda de Tsubasa, no aguantaría mucho tiempo escondido en lo más profundo de su armario.
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Fin de este capítulo:)
Me disculpo de antemano por cualquier falta ortográfica y/o de redacción...
Agradezco a quienes se han tomado la molestia de leer hasta aquí. Sus comentarios me inspiran para seguir, así que no duden en dejar su opinión por pequeña que sea.
Mil disculpas a quienes siguen el fic, no tengo excusas del por qué no he actualizado, ni una sola u.u... Pero ya que he vuelto a las andadas, espero no tardarme tanto esta vez, y que la falta de inspiración no intervenga como últimamente lo había hecho.
Sinceramente estoy satisfecha con este capítulo en especial. Amo a Jun:3 y con Yayoi son la pareja más obvia de la historia jeje así que me encantan casi como la familia Ozora xD
Gracias Lety y Princesalirio, por sus comentarios, son los que más me animan. Otra disculpa por la tardanza y gracias por su apoyo:)
Espero no decepcionarles con lo que viene.
¡Hasta la próxima! ¡Saludos!
ShelenyPrice
