Del futbol y otros amores
Disclaimer:
Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.
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Advertencias:
Puede haber algo de OCC.
Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.
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Capítulo 9
¿Lo más importante en mi vida?
Matsuyama Hikaru
Ficha técnica.
Nombre: 松山 光
Apodos: Águila salvaje/Águila del norte; Combatiente indomable.
Fecha de nacimiento: junio 21.
Nacionalidad: japonesa.
Altura: 174cm
Peso: 60kg.
Posición: Centrocampista defensivo.
Equipos: Furano (primaria y secundaria); Consadole Sapporo.
Camiseta en selección nacional: 6 y 12.
Estado civil: en una relación.
Mayor amor: en momentos como este, el futbol pasada definitivamente a segundo plano, Fujisawa Yoshiko es el amor de su vida.
Ocupación actual: ninguna, porque dimitió de la selección juvenil japonesa.
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Es increíble el cómo las cosas cambiaban de un momento para otro. Puedes estar seguro de algo, y en el siguiente instante, puedes cambiar de opinión.
Le encantaba el futbol, siempre lo había hecho. Luchó y entrenó duro para ser un seleccionado nacional, y, junto con los demás, ganar y colocarse en la cima del mundo. Pero eso ya no tenía más importancia.
En estos momentos, no existía duda en Matsuyama Hikaru sobre qué o quién era la persona más importante en su vida: se trataba de Fujisawa Yoshiko, su novia.
Todavía sostenía su mano con firmeza. Esta vez, no la dejaría ir.
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—Equipo, les presento a las nuevas encargadas del Furano, nos estarán ayudando en este tiempo. Por favor trátenlas con respeto.
—¡Sí, entrenador! — dijeron todos a una sola voz.
Las observó, ambas eran lindas, pero una en especial le llamó la atención.
—Mucho gusto. Soy Matsuyama Hikaru.
No dudó en presentarse, y una de ellas habló.
—Yo soy Machida Machiko, y ella es Fujisawa Yoshiko. Es un gusto conocerte—.
Así que su nombre era Fujisawa…
Ese fue el comienzo de todo.
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Ella era una persona muy tímida, se había dado cuenta, pero también vio su deseo sincero de ayudar.
Siempre amable y gentil. Nunca le negó nada. Le apoyó a cada momento.
No sabía exactamente cómo, tal vez su inocencia, o sus palabras de aliento cuando más lo necesitaba… pero sin lugar a duda, en poco tiempo ganó un lugar especial en su corazón.
Llegó el momento, donde buscaba alivio y fuerzas únicamente en la sonrisa de ella. ¿Hasta ese punto había llegado?
Pero siendo él alguien dedicado al futbol, no tenía experiencias en esos temas tan complicados, no quería siquiera pensar en ello.
Como la mayoría de las veces, simplemente ocultó sus emociones de la mejor manera que pudo.
Para pensar de esa manera… definitivamente algo andaba mal con él.
Decidió entonces hacer como si nada.
Pero delante de ella no podía ocultar su comportamiento tan gentil, que únicamente ella le hacía sacar.
Y por unos años, solamente su compañía y apoyo bastó.
Pero no todo sale como uno espera.
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«Fujisawa, quien ha estado trabajando como nuestra manager hasta ahora, va a cambiar de escuela», decía el entrenador.
Fue un duro golpe para él, aunque no lo demostrara abiertamente. Lo disimuló lo mejor que pudo. Después de todo no había nada que pudiera hacer.
Por ella lo daría todo en el torneo.
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—Espera, Matsuyama—, llamó Machida.
—Hmm, ¿qué? — Estaba pensando en cómo ganar el partido que se avecinaba, así que su llamado le sorprendió —¿Qué necesitabas? — Agregó sintiendo de pronto que se trataba de algo importante.
—Vamos Yoshiko… —insistió Machida, dándole un leve codazo.
Hikaru seguía expectante con lo que le dirían. Por un instante, su corazón le traicionó, ¿acaso ella quería…? Un deje de esperanza pasó por él.
Kishi interrumpió, le esperaban, pero no se iría hasta saber.
—Entonces, ¿qué era?
— ¡Da lo mejor para ganar hoy! — eso le sorprendió.
—S-sí… ¿sólo eso? — preguntó no muy convencido.
—…Sí.
Sin decir más, se dirigió a la cancha.
«¿Qué rayos…?». Pensó; eso fue raro y por un momento imaginó otra cosa.
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—¿Qué sucede manager? — Preguntó el entrenador.
—Yoshiko ha hecho hachimakis para todo el mundo.
—¡Machiko! — reprendió la aludida.
—¿Hachimakis?
—Pero los otros equipos no se desgastan en hacer hachimakis… —se excusó.
—Déjame verlos, — y sin pedir permiso, Matsuyama le quitaba la bolsa—. ¡EHHH! Debe haber tomado mucho tiempo para hacer esto…
Kato les recordó que ella se iría pronto.
—Ya veo, — recordarlo, a estas alturas, no fue agradable. La miró y dolió completamente su corazón—. ¡Bueno, nuestra manager ha puesto mucho esfuerzo para hacer y darnos estos hachimakis! ¡Hoy vamos a usarlos para nuestro partido!
Era lo único que podían hacer para corresponder su esfuerzo.
—Y Yoshiko ha puesto los números de cada jugador para que sea visible, —dijo Machida.
—¿Ah? ¿Es en serio? —Dijo él, —Dame la mía.
Estiró su mano y la manager depositó una cinta en ella.
—Este es el tuyo, Matsuyama.
—Muchas gracias — le sonrió y miró hacia todos, —¡Bueno, a ganar!
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El partido contra el Nankatsu fue mejor de lo que esperaban, pero no lo suficiente como para ganar.
Como un fénix aleteando en el cielo, el drive shoot de Tsubasa, cruzó el medio campo. Si Matsuyama no hubiese sido tan confiado, se hubiera dado cuenta antes.
Intentó vanamente interponerse y bloquear el tiro, y lo único que logró fue que se desprendiera su hachimaki.
El tiro fue hermoso. Su portero ni se movió. Cuando creyeron que chocó en el poste, milagrosamente vieron como por el mismo efecto, el balón rebotó y entró en el arco.
—¡¿Qué?!
Habían perdido. Pero no había de otra.
Mirando hacia Tsubasa, se dio cuenta de que estaba por desplomarse y corrió en su auxilio.
—¿Qué pasa Tsubasa? Los ganadores no se caen… pero Tsubasa tú eres un hombre que nunca se rinde cuando lucha, no hasta el final, sino hasta el verdadero final. Tu último drive shoot fue el símbolo de tu perseverancia… debes aguantar hasta la final de mañana…
—Gracias Matsuyama.
Cuando fue a ver a su equipo, todos lloraban de tristeza. No era para menos, habían perdido.
Aunque se sentía igual de destrozado que ellos, no debería de mostrarles debilidad. Como su capitán, se mantendría firme hasta el final.
—¡Levántense todos! Ahora debemos dar nuestro último saludo al público y nuestros aficionados… vamos, chicos.
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Solo así, siendo reconocidos por sus aficionados, se permitió soltar unas lágrimas.
«Jugar al futbol todos juntos… se terminó».
Fujisawa lo perdonaría, y le daría palabras de aliento, como siempre.
Ya se iban cuando Ishizaki del Nankatsu le habló para darle la hachimaki que se le cayó.
—¡Hey! Matsuyama, dejaste esto…
—Ah, gracias. Todos den lo máximo mañana con Tsubasa.
—Seguro.
Mientras regresaba con los demás, miraba con melancolía aquella cinta.
Pensó en cuantos problemas pudo tener la manager para hacerla. «Lo lamento, no ganamos». A través de los rayos de sol que se reflejaban en ella, pudo ver un brillo especial en la esquina colgante de la cinta, que capturó su atención en unos instantes.
«E… esto es…».
Imposible.
Lo pudo leer claramente. «Es tan pequeño…», así era. No lo notó antes porque esa frase estaba cosida por hilos blancos, del color de la tela. Nunca lo hubiera visto claramente a menos que la examinara a detalle.
—¿Cuál es el problema, capitán? — preguntó Oda, volviéndolo a la realidad.
—No, no es nada—. No podía decirles. Su prioridad ahora era encontrarla.
La confrontaría como era debido. Porque no podía ignorar esta sorpresa.
—¡Déjenme pasar! — gritó mientras se dirigía a verla, haciendo que todo el equipo le abriera paso. No respondió cuando le llamaron, mucho menos hizo caso a los reporteros que afuera le esperaban, —perdón, ¡por favor, más tarde! ¡Déjenme pasar!
Quitó a todo el que estuviera en su camino. Se olvidó incluso de sus modales. No se detendría ahora por nada. Tenía que verla.
«Fujisawa, te irás a Estados Unidos para el segundo semestre».
No permitiría que se fuera sin que aprovecharan el tiempo que les quedaba.
Subió las escaleras del estadio lo más a prisa que pudo.
—¡Ah, Matsuyama!
—¡Hey! ¡¿Dónde están nuestras managers?!
—Eh… deben de haber bajado…
—Mierda… — sin detenerse a dar explicaciones, bajó rápidamente los escalones. Tenía que verla. Un presentimiento negativo lo rodeó, y se apresuró lo más que pudo.
—¡Matsuyama! — Machiko venía con dirección hacia él.
—¡Machida! ¡¿Y Fujisawa?! — cuestionó llegando hasta ella.
—Acaba de ir a tomar un taxi con su madre. Yoshiko se va hoy a los Estados Unidos.
No podía ser cierto. Tenía que alcanzarla. Empezó nuevamente la carrera.
—¿Dónde está el auto? — preguntó, pero no esperaría la respuesta. Siguió rumbo al estacionamiento.
—¡Matsuyama! — Escuchó a la manager gritar a su espalda, —¡Yoshiko está enam…!
Ya no terminó de escucharla por la distancia a la que ahora estaba. Pero no hacía falta, sabía lo que le diría.
Mientras corría, recordó el partido anterior, cuando las dos managers le hablaron, y Machida le insistía a Fujisawa para que le dijera algo importante.
«…da lo mejor para ganar hoy», había dicho ella, aunque para él, eso no era lo que de verdad quería expresar.
Se dio cuenta de que la idea que le cruzó por la cabeza en ese momento, era cierta. Ella iba a confesarse. Por supuesto que al final, no encontró el valor.
Empezó a rememorar todas las situaciones que habían pasado juntos.
«¡Fujisawa!».
¡Pero que tonto había sido! ¡Todo un necio! ¡Peor que una mula! ¿Cómo nunca se dio cuenta?
Rememoró cada momento vivido junto a ella. Todas las veces que lo apoyó, que estuvo para él.
Su carisma, su estrega, su dedicación. Todo en ella era maravilloso. Su determinación y energía… aún su timidez…
Visualizó el taxi partiendo. Intentó alcanzarlo en vano. Quiso gritar su nombre, pero tropezó y cayó estrepitosamente al suelo.
—Fujisawa… — a pesar de haber caído, no soltó la cinta, la sostuvo en alto.
Se encontraba dolorido; miró la dirección donde el taxi desapareció de su vista.
Se había ido.
Miró nuevamente el extremo contrario a donde estaba bordado su número diez.
«Te amo. -Yoshiko-».
El que lo pudiera notar era una señal. No la dejaría ir así de fácil. Fujisawa todavía no se había ido.
Con esfuerzo, se levantó y buscó un taxi.
—Al aeropuerto internacional, por favor. Es un asunto urgente, por favor, acelere lo más que pueda.
Le dijo al taxista que lo esperara para llevarlo de vuelta, solo iría a despedirse de alguien.
En su desespero, no encontró por ningún lugar a Yoshiko. ¿Se había ido ya? Era poco probable, el vuelo a USA tardaría un poco en salir. ¿Dónde estaba?
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La vio aparecer siguiendo a su madre. Tenía un semblante tan triste que lo conmovió sobremanera.
Cuando sus ojos hicieron contacto, ella dejó caer su equipaje.
—Fujisawa—. Le llamó.
—Matsuyama.
La madre de ella los dejó mientras iba por los boletos.
—Parece que llegué a tiempo.
—¿…por qué?
—Encontré un taxi inmediatamente para perseguir tu auto, y le dije que acelerara, — confesó; —pero nos apuramos tanto que no podía encontrarte en ningún lugar. Te has cambiado de ropa—. Apuntó.
—Sí, fuimos al hotel a cambiarnos de ropa. ¡Ah Matsuyama, tu pierna está sangrando!
—¿Eh? — él ni siquiera se había dado cuenta.
—Espera un momento.
Sin pensarlo dos veces, sacó un pañuelo de su bolsillo y se hincó para limpiarle la herida.
—¡Ah! Tu pañuelo se va a ensuciar…
—No importa, hay mucha sangre.
Por órdenes de ella, se sentó para que lo tratara mejor.
—Así que es la última vez que vas a curar mis heridas—. Dijo melancólico.
—Matsuyama, eres tan excesivo al jugar, que siempre te lastimas—. Él rió con desgano.
—Hubiera preferido que dijeras que soy valiente al jugar.
—Sostenlo y presiónalo un rato.
—Gracias manager—. Notó como ella empezaba a llorar, —¿Qué pasa? — Dijo preocupado.
—Apareciste tan de repente…
Cuando ella se lanzó a sus brazos, se dio cuenta de que deseaba abrazarla desde hacía mucho tiempo. Tembló ante la realidad. Y sus palabras salieron con dificultad.
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Ojalá no hubiera sido tan despistado. Sus momentos juntos pudieron ser más, pero las palabras finales de ella «…cuando nos volvamos a ver», se habían convertido en una promesa muda.
Él la esperaría todo lo necesario.
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«Ustedes tienen suerte de estar juntos…» les había dicho a Misugi y su novia, y no mentía.
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Las cartas que se mandaban eran su tesoro. Guardó cada una de ellas.
Cada llamada telefónica era música para sus oídos.
Ella estaba bien. Eso era suficiente.
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Ese hachimaki se convirtió en su amuleto. Le daba confianza y valor para afrontar su día a día.
En los entrenamientos exhaustivos.
En los partidos importantes.
En aquellos penales contra Francia en el torneo mundial juvenil.
Al estudiar intensivamente junto a Oda para tomar los exámenes de la preparatoria Furano.
La usaría siempre.
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Al salir del examen de admisión, estaba satisfecho, sabía que le había ido bien, dentro de lo que cabía. Afuera se encontró a Oda.
—¡Hey, Oda! ¿Cómo estuvo?
—Más o menos, — dijo el delantero mientras le guiñaba un ojo.
Pero al mirar un poco más allá de Oda, la visualizó. Era ella, no había duda.
—¿Eh? —Se apresuró a pasar a su compañero, quien también miró hacia ese lado.
—¿Qué pasa? — le escuchó decir, pero no se molestó en darle una explicación.
—Fujisawa… — pronunció con voz queda.
—Cuanto tiempo sin verte, Matsuyama—. Sonreía. Traía su uniforme y su maletín, —pareces sorprendido—. Agregó.
—Sí, no mencionaste tu regreso en tu última carta— dijo mientras se acercaba.
—El trabajo de mi padre acabará antes de lo esperado, y ya que será mejor para mi estudiar en una preparatoria japonesa, volví a Japón antes que ellos para los exámenes de hoy… — se miraron fijamente, —Además, ya que no era un asunto importante, no quise distraerte durante la preparación para tu examen, Matsuyama.
Nunca cambiaría, siempre tan atenta.
—No estudié mucho, así que no estoy seguro de mí mismo, — mintió.
—Sería lindo estar juntos en la preparatoria Furano.
—Sí.
Era un momento mágico. La nieve caía a su alrededor, y ellos no perdían el contacto visual.
—Bueno, no los molestaré—, escuchó decir a Oda apenado, pero apenas le prestó atención.
Por fin, ella había vuelto.
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Fueros sus momentos más felices. Dejó de ser «Fujisawa» para ser solamente «Yoshiko».
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Al quedar en la misma preparatoria, compartieron bellos momentos juntos. Cuando estaban lejos, las llamadas entre ellos no cesaban.
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—¡Hey Matsuyama, hay una llamada para ti!
Anunciaron mientras él y los demás hablaban sobre los otros siente equipos clasificados al mundial.
—S-sí…
—¿Qué? ¿Qué? — dijo Ishizaki, —es otra llamada de amor con Yoshiko — decía imitando una voz melosa, mientras él y Kisugi juntaban sus manos a manera de burla.
—Cállate—. Dijo divertido. Aunque por dentro esperaba que fuese así.
Pero no era ella.
Era su madre.
—¿Q-qué…? — el desconcierto lo invadió, la ira hizo meollo en él, —Yoshiko… un accidente de tráfico… ¡¿Su condición es crítica…?!
Repitió las palabras que acababa de oír.
No.
No a ella. No así.
No lo pensó dos veces. Fue directo a hablar con el entrenador.
«No puedo seguir aquí, no mientras ella esté en esa cama de hospital, en ese estado tan crítico… lo lamento, entrenador, pero estoy dimitiendo del equipo».
No esperó respuestas, y se marchó a su lado.
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Ahora ahí se encontraba, sosteniendo su mano ¿Por qué tenía que pasarle esta desgracia? ¿Por qué a ella?
Escuchó a su espalda abrirse la puerta.
—Matsuyama—. Dijo el capitán.
—Tsubasa… el sueño que perseguí junto con todos ustedes… es doloroso para mí dejarlo ir; realmente lo siento por todos. Pero no voy a volver mientras Yoshiko permanezca inconsciente. Ahora mismo, para mí, Yoshiko es más importante que el soccer.
Estaba determinado.
—…Yo entiendo, Matsuyama—. Dijo sin más el as, mientras colocaba su mano derecha en el hombro izquierdo de él, en señal de apoyo.
Matsuyama no soltó las manos de su novia. No lo haría.
Tsubasa se fue y él esperó. Sólo eso le quedaba.
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En la radio que tenía a un lado de la cama, sintonizó la estación que transmitiría el partido. La estaban viendo duras. Pero él no iría a apoyarlos.
Y mientras el partido de Japón se estaba llevando a cabo, nació una leve esperanza en él. Aguardó, mientras sostenía su mano con más intensidad.
De pronto, Yoshiko removió los ojos. Y después de un gesto de molestia, los abrió.
Se miraron fijamente. Sin saberlo, Matsuyama dejó salir un suspiro.
—Yoshiko… tú… recuperaste la consciencia…
—Hi… karu… — su voz era débil, pero ese brillo en sus ojos seguía intacto.
No pudo evitar que sus lágrimas salieran.
Había vuelto, de nuevo.
—¡Doctor! ¡Doctor! — Gritó, —¡Yoshiko está consciente otra vez!
—Estoy bien, Hikaru…
Después de que la examinara el médico, y dijera que todo estaba bien, escucharon al comentarista del partido.
Japón sigue en problemas, el marcador, continua 0-0 pero Suecia establece completamente el ritmo del partido.
—Tienes que ir, Matsuyama—. Dijo ella muy decidida.
—¿Estás segura…?
—Estaré bien. Ellos te necesitan.
Matsuyama sonrió. Yoshiko nunca cambiaría.
—Ellos aguantarán hasta el tiempo extra. Iré y daré todo en la cancha, ahora que has despertado; en honor a eso, debo dar todo mi esfuerzo por los demás…
—Lo sé, Hikaru, — mencionó ella, —porque es lo más importante para ustedes.
—Eso es cierto, pero… — se acercó a la altura de su cara, — recuerda que, para mí… tú eres lo más importante en mi vida.
La besó a manera de despedida, y se fue sonriendo de la habitación mientras ella le despedía con la mano.
No mentía, en estos momentos, iría a cumplir su sueño con los demás, pero tenía que reconocer que el sueño más grande en su vida, era estar junto a ella.
Vivirían su vida al máximo y compartirían muchos momentos más, juntos.
Porque Fujisawa Yoshiko, era lo más importante que tenía en su vida.
Y siempre lo sería.
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Hasta aquí el capítulo:)
Me disculpo de antemano por cualquier falta ortográfica y/o de redacción, si es que llega a haber alguna...
Agradezco a quienes se han tomado la molestia de leer hasta aquí. Sus comentarios me inspiran para seguir, así que no duden en dejar su opinión por pequeña que sea.
¡Oh! ¡Cómo me encanta Hikaru! De verdad, la inocencia de esos dos, me mata*.* ¿Verdad que son bien tiernos?:3
Este es un regalo de 14 de febrero xD y una compensación por haber tardado tanto en actualizar. El siguiente capítulo, puede que esté terminado para el fin de semana, (¿quién sabe?)
Gracias Lety y AsukaHyuga, por sus hermosos comentarios, realmente me han animado e inspirado para este capítulo:) ¡Gracias por seguir la historia!
Espero no decepcionarles con lo que viene.
En el siguiente episodio: ¡Taro!
¡Saludos!
ShelenyPrice
