Del futbol y otros amores

Disclaimer:

Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.

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Advertencias:

Puede haber algo de OCC.

Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.

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Capítulo 10

El encuentro con el destino

Misaki Taro

Ficha técnica.

Nombre: 岬 太郎

Apodo: El Artista del Campo.

Fecha de nacimiento: mayo 5.

Nacionalidad: japonesa.

Altura: 175cm

Peso: 60kg.

Posición: Centrocampista.

Equipos: Furano, Meiwa, Nankatsu, Nishimine. Para el futuro, en un principio, planeaba jugar para el Jubilo Iwata en la J-league, pero después pensó en aceptar el puesto que le estaba ofreciendo el P.S.G. de Francia. Ahora todos sus planes pasaban a segundo término.

Camiseta en selección nacional: 11.

Estado civil: soltero.

Mayor amor: el futbol tenía que contar, ¿no? Su padre, por supuesto, y la familia de su madre. Aunque aún estaba confundido con ciertos sentimientos que empezaba a tener hacia cierta persona… no, todavía no podía asegurar nada.

Estado actual: recuperándose de una lesión. Contaba con el apoyo de todos, sus amigos, su familia, y también de Hayakawa Azumi.

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Estaba de más decir cómo se encontraba ahora.

Todavía no podía digerir lo que acababa de pasar. No culpaba a nadie, no podía. El conductor simplemente no pudo frenar a tiempo, y Yoshiko, su hermana, tampoco se lanzó a propósito a la calle, frente al camión.

Sólo pasó.

El doctor le había dicho que era muy posible que su recuperación llevara muchos meses, y eso, tan solo para caminar correctamente. Ni se diga para jugar fútbol.

Estaba destrozado.

«Lo siento doctor, pero por el momento no quisiera ver a nadie, por favor».

Respetando su deseo, ningún integrante de su familia había entrado; sin más, estuvo todo ese tiempo llorando a solas, mientras se quería obligar a entender que no podría disputar el mundial con sus amigos.

Todos sus sueños, cayeron por la ventana.

Y, aunque todas esas horas se obligaba a entender, su mente se negaba a siquiera comprender la situación.

Era tan irreal.

Las lágrimas seguían bajando por sus mejillas, mientras miraba por la ventana del cuarto de ese hospital.

Se sobresaltó al oír la puerta abrirse. No quiso mirar, estaba a punto de decirle a quien quiera que fuera que lo dejara solo, pero esa persona le ganó la palabra.

—Misaki… —aunque fue sólo un susurro, reconoció inmediatamente esa voz.

No quería mirarla, o eso pensaba, pero antes de que pudiera reaccionar, ya la estaba viendo.

Tenía marcas de haber llorado con anterioridad. Sin embargo, delante de él se mostraba fuerte.

—Sé que dijiste que querías estar solo, tu padre me lo dijo, pero… yo sé que necesitas que alguien… esté aquí… — hizo una pausa esperando su reacción, pero al no haber alguna, continuó, —no te molestaré lo prometo. Déjame estar a tu lado solamente…

Asintió sin decir palabra alguna, fue como si esas palabras eran las que estuvo necesitando ese tiempo, o podría ser que, fuera a ella a quien estuviera esperando; cualquiera de las dos formas, era algo que tenía poca importancia en ese momento.

Hayakawa Azumi tomó asiento junto a él, en la cama. Era la primera vez que la veía acercarse tanto. Tenía la mirada baja, algo que le molestó de cierta manera, pues con ese gesto, sólo le estaba demostrando que le tenía lástima. Antes de que él le pudiera decir algo, ella tomó las manos de Taro entre las propias, y le miró sonriendo, aunque por sus ojos las lágrimas comenzaron a caer nuevamente.

—Todo estará bien, Misaki. Esto no es nada que no puedas superar, tu deseo de jugar es tan grande, que no puede ser destruido… — hizo una pequeña pausa, —porque esa es la manera en la que puedes seguir adelante, luchando plenamente por lo que deseas, tal como siempre haces…

Ahora sí que Taro estaba asombrado, sus lágrimas se detuvieron por unos momentos. Nunca esperó que precisamente ella fuera la que le diera tales palabras.

No había querido que nadie del equipo, sus amigos, fueran a verlo, no podía enfrentarlos. Sin embargo, sí ellos hubieran ido, sus palabras serían similares.

Y tenía razón. Definitivamente Azumi sabía dar las palabras adecuadas para animar a todos, incluso a él.

Sus lágrimas empezaron nuevamente a salir, todavía estaba un poco conmocionado, pero eso no significó que siguiera lamentándose de su estado, ya no.

Apretó levemente las manos de Azumi en señal de agradecimiento, y mientras sus lágrimas resbalaban por sus mejillas, le dedicó una sonrisa.

—Gracias, Azumi… por estar aquí. Por… todo.

Mientras ambos se miraban, recibió el conforte que tanto había necesitado en esos instantes.

Fue un momento tan único, exclusivo de ellos dos.

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¡Hola Misaki! Mi nombre es Hayakawa Azumi, llevémonos bien.

Con ese simple saludo, supo que ella era una persona realmente agradable. De hecho, todos en ese salón de clases, lo eran.

No pensó en ese entonces, que ese encuentro, sería muy importante para su vida.

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Inmediatamente se pudo dar cuenta de qué papeles jugaba cada uno en ese grupo de amigos. Después de todo, Taro siempre era alguien muy perspicaz.

Azumi era la líder y defensora, quien siempre daba la cara por ellos, los dirigía y apoyaba en todo. De algún modo, le recordaba a anego apoyando al Nankatsu, y por qué no decirlo, a Tsubasa. Era una imagen nostálgica, tanto, que de cierta manera le hacía sentir «en casa».

Aroshi y Hide, eran los segundos al mando, quienes seguían a Azumi a todas partes y la apoyaban en sus decisiones.

Haruo, era a quien menos le gustaban los deportes, pero por apoyar a sus amigos, estaba en el club de futbol.

Era un aire un poco familiar, por lo cual, estaba contento de haberlos seguido hasta la cancha de futbol, mientras le hablaban de la popularidad de ese deporte en occidente, algo que por supuesto, ya sabía.

«Yo puedo reemplazarlo».

Decir esas palabras, al ver que Haruo ya no podía más con el partido, también le resultó familiar. Era como rememorar buenos tiempos.

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Aunque le gustaba apoyar al equipo, también disfrutaba jugando de manera libre, por eso, hizo amistad con Fisher y sus compañeros.

Era una vida tranquila, pero aún extrañaba a sus amigos de Japón.

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Sin más, pasaron tres largos años, y él consiguió adaptarse a ese país extranjero.

Tras verlo jugar, muchos equipos le solicitaron que se uniera a ellos, pero nunca quiso aceptar, pues en lo más profundo de él, mantuvo la esperanza de regresar al país del sol naciente, y jugar junto con sus amigos.

Para Misaki nunca fue un problema el no jugar en algún equipo, ya que, de la manera que jugara, disfrutaba el futbol.

Era un buen ritmo de vida que había podido llevar.

Sin embargo, Azumi le traía a él, un sentimiento… ¿nostálgico? Tal vez. El ver como ella disfrutaba apoyándolo, le hacía volver a unos años atrás, cuando anego animaba a Tsubasa y al equipo. Claro que no era exactamente lo mismo, pues, Azumi no estaba enamorada de él, ni él de Azumi… ¿c-cierto?

No se parecía en nada, a la relación entre el as del Nankatsu y anego, pues, era bastante obvio que a la líder de animadores le gustaba Tsubasa, y, él mismo había llegado a intuir que, el capitán del equipo, también gustaba de ella.

Reía con sus propias suposiciones, ellos harían buena pareja juntos. Se preguntó entonces si Tsubasa dejaría de concentrarse alguna vez en el soccer y empezaría a interesarse también en otras áreas de su vida. Sería algo raro, poco probable, pero, al fin y al cabo, posible.

¿De cuánto se estaba perdiendo al estar tan lejos?

No se atrevió a mandar cartas en todo ese tiempo, no sabía exactamente qué decir. Simplemente, dejó pasar el tiempo.

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Era cierto que había hecho muchos amigos alrededor de Japón, por las diferentes ciudades que había visitado con su padre, pero Taro sentía que el lugar al que más extrañaba, y donde en poco tiempo había logrado crear grandes lazos, era en Nankatsu.

En los momentos donde más los extraña, o cuando necesitaba pensar grandes asuntos, solía correr por la rivera, pateando un balón. Eso le ayudaba a relajarse. Algún día, muy seguramente se reencontrarían.

Y, aunque extrañaba a sus amigos de Japón, no menospreciaba a los chicos que acababa de conocer. Todo lo contrario. Ellos habían sido de ayuda para que sus días en París fueran agradables

Sobre todo, la intrépida de Azumi. Esa chica siempre buscaba hacerlo sentir mejor cuando notaba que algo era inusual en él. Por más pequeño que fuera el cambio, ella podía percibirlo, y lo animaba sigilosamente.

Aunque claro, él lo sabía perfectamente, y se hacía el desentendido. Agradeciendo de todo corazón, su gesto.

Palabras como «buena suerte, Misaki», «lo has hecho de maravilla», «todo está bien, ¿no es así?», «¡Chicos, no le dejen el trabajo pesado a Misaki!», «Gracias por tu esfuerzo», «¡No necesitas estar tan callado!». Fueron su conforte.

Y todas, provenían de Azumi.

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El torneo mundial juvenil se llevará a cabo pronto, ¿lo has escuchado, Misaki? —preguntó Hide.

Sí, esta mañana leí la nota. Será aquí en París.

¿Sería grandioso que Francia ganara, no lo creen? —Dijo Jiro.

¡Lo sería! Pero, ¿saben qué sería más grandioso? —esta vez Azumi, quien sonrió abiertamente al ver la mirada expectante de todos los presentes, —¡Que Misaki pudiera mostrar su habilidad en la cancha!

¡Por supuesto! —fue la respuesta de todos.

¡Ojalá, Japón también pudiera participar! —Se lamentó Aroshi.

El artista del campo tenía la firme convicción de que un día, mostrarían al mundo entero el potencial de Japón. Tal vez no pronto, pero algún día… ese era su sueño.

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Los días pasaban como siempre. Colegio. Practica con Fisher y los demás. Regreso a casa.

Pero exactamente ese día sucedió lo imprevisto.

Elle Sid Pierre lo fue a retar tras haber escuchado a unos chicos decir que Misaki era mejor.

Ninguno cedía, Pierre tenía una gran técnica. Estaban haciendo su duelo aéreo cuando alguien los interrumpió.

Misaki, aquí está tu uniforme. Misaki Taro, ¡solicito que te unas al equipo juvenil de Japón!

Estuvo dudoso de participar, fue solo hasta después de hablar con su padre, y retar a la selección francesa a un duelo para medir su habilidad, que lo decidió.

Al encontrarse con Tsubasa en uno de los típicos días que salía a correr por la rivera, y posteriormente, presentarse al resto del equipo, Misaki pudo sentirse realmente en paz. Agregándole el hecho que tenía el apoyo de sus nuevos amigos de Francia.

Y hablando de ello, Azumi era quien más destacaba. Incluso juraba que podía escuchar su voz de entre la multitud que gritaba, durante los partidos.

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Después de ganar el partido contra Italia, subieron a las gradas a ver el siguiente encuentro. Allí se toparon con Fisher y sus amigos. Además de los chicos de la escuela.

Azumi no tardó en presentarse ante ellos.

Vaya, vaya Misaki, ella es tu novia francesa… —sugirió Ishizaki, sorprendiéndolo.

Eh, no lo es… — dijo algo cohibido.

Soy una estudiante japonesa de tercer año de secundaria que vive en Francia. Mi nombre es Hayakawa Azumi. Apoyo a la selección japonesa en este torneo, ¡encantada de conocerlos! — Taro rió levemente ante su presentación. Esa era una de las cualidades que más le agradaba de ella.

Ella es la Anego de Francia—. Les mencionó tras recordar a la animadora.

Eres un idiota Misaki, no sabes que la Anego de Japón se ha vuelto una persona muy femenina—. Dijo Ishizaki, reprendiéndolo.

¿Eh?

Hace una muy buena pareja con Tsubasa—. Siguió Ryo.

¡Eh! No digas esas cosas Ishizaki—. Reprendió Tsubasa algo apenado.

Eso sí era algo nuevo. Pero nada que no se esperara. Después de todo, Tsubasa y Sanae hacían muy buena pareja.

Podría ser, después de todo, que Azumi no era nada igual a Sanae.

Supuso que el sentimiento cuando la veía, era nostalgia, por intentar recordar a sus amigos en Japón. Sí, debía de ser eso. ¿Qué más podría ser?

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Unos meses después de ganar el mundial y despedirse de sus amigos, su padre le dio la noticia de que regresarían a Japón, para que pudiera pintar el Monte Fuji.

La sola idea lo hizo sentirse alegre, iría nuevamente a vivir a Nankatsu, y vería a sus amigos… lo que siempre deseaba, sin embargo… ¿por qué no era del todo feliz con la noticia?

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Trataba de encontrar las palabras correctas para darles a todos esa noticia, no quería ponerlos tristes, especialmente a ella.

Pero como siempre, Hayakawa iba un paso delante de él.

Mientras meditaba en la noticia, mirando el paisaje, ella le llamó a sus espaldas. Y luego notó al instante que algo no andaba bien en él. Una de las cualidades que la hacía única.

Regresaremos a Japón, Azumi. Mi padre cree que está listo para pintar el Monte Fuji, nos mudaremos en unos días, cuando terminemos de empacar y organizar los documentos legales.

Pero por supuesto, tuvo que hablar con ella primero. Por alguna razón, le parecía correcto hacerlo.

¿E-entonces te vas? —Él asintió—. Ya veo… entonces no te puedes ir sin despedirte de todos, ¿eh Misaki? Tus amigos aquí te extrañaremos, pero siempre te desearemos lo mejor.

Ambos se sonrieron.

Por supuesto que me despediré de todos; ustedes son unos grandes amigos. Los extrañaré a cada uno, tú incluida, Azumi.

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La despedida de todos en el aeropuerto de Gaulle, fue triste y, aunque no lo admitía, las últimas palabras que le dio Azumi, calaron muy profundo en él.

Cuídate, has lo mejor que puedas en el futbol, una vez que vuelvas a Japón, Misaki—. Sus miradas se cruzaron por un momento.

Sí…

Pudo ver que ella se aguantaba las ganas de llorar. Siempre siendo fuerte. Verdaderamente la extrañaría. Después de mirarse fijamente, cortó la conexión con sus ojos. Era hora de irse.

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Después de tres años, muchas cosas habían cambiado en Nankatsu. Con la partida de Tsubasa a Brasil, todo el equipo confiaba en él para ganar el torneo nacional, sin embargo, no había podido ganarle a Hyuga. Y eso le frustraba.

Se acercaba la final del torneo. Era la última vez que podría intentar vencer al tigre japonés, pero no se encontraba nada bien anímicamente.

Sentado debajo de un árbol, en el campo público, se lamentaba de su situación.

Siempre tan pensativo, Misaki—. Esa voz tan conocida, lo sacó de su trance, —me parece que, si sigues así, no verás lo bueno que la vida te ofrece a tu alrededor.

Sorprendido, miró en su dirección. Ella sonreía tiernamente, tal y como lo recordaba.

Azumi…

He vuelto a Japón, Misaki. Vine para apoyarte, así que, ¡da lo mejor de ti ahora!

Un alivio enorme rodeó a Taro. Sin saberlo, esperaba su reencuentro desde hacía mucho.

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Si antes, dijo que le recordaba a Sanae, estaba equivocado. No eran nada iguales. Ni siquiera estaba seguro de que los sentimientos que empezaba a desarrollar cada vez que la veía, fueran parecidos.

Azumi lo apoyó y animó en todo lo que pudo, por todo ese tiempo, estuvo con él.

Incluso durante su lesión.

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Hayakawa le había dado la respuesta que necesitaba. Era hora de intentar.

«Tengo 90% de chance de no participar en el mundial, pero yo me entrenaré… por el 10% que queda…».

Tenía que intentar recuperarse a toda costa, y con ese pensamiento, buscó al mejor médico especializado en medicina deportiva.

«Azumi, necesito tu ayuda…», dijo al llamarla por teléfono.

Se encontraron para que ella le diera una lista de los mejores médicos del país, según sus investigaciones.

Por esos dos meses siguientes, ella fue su apoyo moral. Sin duda alguna, el conocerla, fue causa del destino.

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¡Es el gol de oro! ¡Ganamos! El campeón del mundo es… ¡Japón!

Y su sueño se cumplió. Puso todo su empeño en mejorarse para poder jugar esa final contra Brasil, y el resultado fue impresionante.

Lo habían logrado. Todos ellos.

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Ahora se encontraba en la enfermería. Acababan de darle tratamiento para su lesión. Su médico le había reñido por su imprudencia y luego le había felicitado, antes de retirarse, pues fue a buscar una silla de ruedas para que pudiera trasladarse al lugar donde los jugadores con familiares y amigos, se encontraban celebrando su victoria.

Alguien tocó la puerta y entró sin esperar respuesta.

—Te ves muy feliz, Misaki.

—Azumi, —él sonrió.

—¿Listo para ir a la celebración?

—Por supuesto, pero antes… —hizo una pequeña pausa, —gracias. Sin tu apoyo, no lo hubiera logrado, Azumi.

Ella sorprendida, empezó a derramar unas lágrimas después de unos pocos segundos.

—No te confundas, Misaki, fue todo gracias a tu esfuerzo—. Logró decir en un murmullo.

Taro sonrió más; esa faceta, era una de las que más le gustaba de ella… un momento… ¿qué acababa de pensar? ¿A-acaso él…?

—¿Te sucede algo? ¿Estás bien? —la chica comenzó a preocuparse, entonces Taro decidió serenarse.

—Azumi, —dijo al fin, —¿tú crees en el destino?

—¿Eh? Claro que sí, «todo sucede por una razón». Pero, ¿por qué la pregunta?

—¿Sabes, Azumi? Yo también creo en él—. Sonrió como un niño que acaba de hacer una travesura y no dijo más.

Antes de que ella replicara, llegó el doctor con la silla de ruedas y los guió hasta tomar un taxi.

—¡Diviértanse en la fiesta! ¡Se lo merecen! —Ante las palabras del doctor, ambos rieron.

Taro sabía que estaba empezando a desarrollar sentimientos hacia Hayakawa Azumi. Ya no lo podía negar.

El haberla conocido, no fue casualidad, fue su encuentro con el destino. Un encuentro único y especial, que, de ahora en adelante, empezaría a procurar.

Le sonrió nuevamente desde su asiento. Y ella hizo lo propio.

Definitivamente esa chica era muy importante para él.

Aunque realmente les faltaba mucho camino por recorrer, lo harían poco a poco.

Después de todo, ella era su destino.

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Fin del capítulo:)

Me disculpo de antemano por cualquier falta ortográfica y/o de redacción, esta vez no lo revisé a profundidad...

¡He vuelto!

Amo al artista del campo, pero es muy obvio que el romance entre ellos dos, es casi nulo por parte de él, o por lo menos no ha dado señales de nada jaja así que la mayor parte de este capítulo viene meramente de mi, basándome en los acontecimientos del manga, así como el anterior de Azumi:3

Sé que dije que este capítulo posiblemente estaría listo a finales de febrero, y heme aquí, casi dos meses después subiéndolo, eso no tiene perdón xD Pero bueno, las cosas se complicaron bastante, y antepuse mis estudios a todo lo demás.

Sin embargo, estoy de vuelta, y espero no tardar en actualizar... pero ya no prometeré nada jaja

Agradezco a quienes se han tomado la molestia de leer hasta aquí. Sus comentarios me inspiran para seguir, así que no duden en dejar su opinión por pequeña que sea.

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Salvada por Dios, gracias por tus hermosas palabras, me alegra que te guste este fic. Mi intención al crearlo fue mostar ese romance entre las parejas que el maestro Takahashi no nos dio, y siempre y cuando, los personajes no perdieran su esencia; si te gustó, me parece que estoy logrando mi objetivo:)

PrincesaLirio, ¡Que alegría saber de ti! Como siempre, me halagan tus palabras. Gracias a ti por seguir el fic y siempre comprender mi tardanza en actualizar. Dos meses atrasado, pero, ¡Gracias por tus deseos! E igualmente, feliz día, pues cualquier día es bueno para celebrar la amistad. Gracias por estar aquí para mí:')

Lety, gracias, espero tú también hayas tenido un excelente día, una excelente semana, unos excelentes meses:3 tienes razón, extraño que televisen estas series, hoy día, uno no haya ni que ver, entonces yo preferí dejar de ver tele y leer, o ver mis series por internet. Es mucho mejor que lo que ahora pasan... ¿dónde se quedó la inocencia que había antes? ¿Las caricaturas que siempre nos daban buenos mensajes? u.u es triste. Gracias por tu comentario:)

¿Qué es la vida sin amor?:3 (PD: me gustó)

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Como compensación por tardarme en actualizar, el siguiente episodio, será un regalo para PrincesaLirio, AsukaHyuga, y todas y todos aquellos fans del trigre japonés:3

Sí señores, al fin el tan esperado Hyuga Kojiro hará su aparición XD (sólo espero no tardar tanto esta vez)

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Ya me explayé mucho. Gracias por leer:)

¡Saludos y un fuerte abrazo!

ShelenyPrice