Del futbol y otros amores

Disclaimer:

Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.

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Advertencias:

Puede haber algo de OCC.

Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.

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Capítulo 13

Siempre lo supe…

Sugimoto Kumi

No había nada que no se imaginara ya. En lo más profundo de sí lo sabía, pero simplemente se había negado a aceptarlo.

Realmente, siempre lo supo.

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Todo comenzó años atrás, cuando entró a la escuela media de Nankatsu.

Había escuchado de la leyenda «Ozora Tsubasa», el niño prodigio del futbol y, con solo oír su nombre, comenzó a admirarlo, aunque realmente no le gustara el deporte; quería conocerlo.

La primera vez que lo vio, iba en compañía de sus amigos, el primer día de clases. Tan pronto lo visualizó, sintió su corazón palpitar rápidamente. Fue amor a primera vista, estaba segura.

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El siguiente día, después de verlo nuevamente, tomó una decisión.

—¡Eh! ¡Mira! —Gritó una de sus amigas, señalando hacia donde Tsubasa corría siendo perseguido por algún compañero—. ¡Ah, ese es Tsubasa-senpai!

—¡Ah, ¿del equipo de futbol?! —preguntó su mejor amiga, para luego referiste a Kumi—. Es encantador, ¿no crees, Kumi?

—… —no había duda de que el chico le había gustado, —sí, —respondió al final.

Por eso, dispuesta a seguirlo, decidió unirse al equipo; debía luchar por su senpai.

Sabía poco de los trabajos que implicaba estar allí, pero por él, lo intentaría.

«1° C, Sugimoto Kumi, manager». Explicó con entusiasmo al llegar su turno de presentarse, pues era su comienzo para estar más cerca de Tsubasa.

Él fue su primer amor.

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Se quería hacer notar, él tenía que saber de su existencia; aunque era un poco tímida, estaba segura de poder ser valiente sólo por él.

Iba a luchar por su primer amor.

—¡Buenos días, Tsubasa-senpai!, —se acercó a los chicos, —soy Sugimoto Kumi de 1° C, he entrado en el club de futbol como manager.

—Ah, buenos días, —saludó apenado.

—Bueno, entonces… adiós, —se fue contenta por su hazaña.

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En todas las oportunidades que veía se acercaba a él y le daba sus buenos deseos.

Como la vez que Ishizaki le pidió que le pasara el balón y en vez de devolvérselo a él e ignorándolo glacialmente, se lo pasó a Tsubasa, quien le agradeció sonriendo.

«¡Ni lo menciones! ¡Esfuérzate al máximo, Tsubasa-senpai!».

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Cuando escuchó que el domingo, último día de descanso antes de comenzar las preliminares, no saldría con sus amigos, supo que era su oportunidad para visitarlo. Pero era algo tímida, así que necesitó un empujón de sus amigas.

«Oh vamos, hemos tenido un montón de problemas para encontrar la casa de Tsubasa-senpai». Le riñó una.

«¡pídele una cita!» dijo otra.

S-soy Sugimoto, ve-vengo a-a visitar a Tsubasa-senpai —dijo casi tartamudeando después de que sus amigas tocaran el timbre y la dejaran allí.

Cuando la madre de Tsubasa salió, le dijo que él había ido a visitar al entrenador en la escuela elemental de Nankatsu.

No queriendo desistir, fue a alcanzarlo, con más confianza en sí misma.

¡Tsubasa-senpai! —Gritó cuando lo vio llamando la atención del chico, —Ah, he llegado a tiempo… —suspiró aliviada.

Qué… ¿qué estás haciendo aquí? —cuestionó sorprendido.

Solo quería saludarte—. No buscó mejor pretexto.

Ah… que bien, bueno… me tengo que ir… —dijo despidiéndola con la mano, y emprendiendo camino.

Lo pensó unos instantes, y luego decidió seguirlo, no debía desperdiciar esa oportunidad. Ozora la miraba constantemente, ella iba a unos pasos atrás y le sonreía. Hasta que en un momento, él, de seguro ya cansado de eso, se detuvo.

Oye, ¿hasta cuándo vas a seguirme?

No lo sé, ¿a dónde ibas, Tsubasa-senpai?

A la tienda deportiva a mirar los nuevos tacos un rato.

Entonces iré contigo, —y antes de pensarlo bien y arrepentirse, le tomó por su brazo derecho, en un extraño abrazo, mientras reía.

No debía dejarlo ir o sería desperdicio.

¡Eh! ¡Espera…! —Él comenzó a apartarse, pero unas voces le hicieron perder la concentración en ella.

Eran los jugadores del Otomo, quienes le provocaron con sus palabras, dejándolo con una extraña mirada.

«Disculpa, pero tengo un montón de cosas que hacer hoy», dijo zafándose de sus brazos. No la volteó a ver ni cuando lo llamó, ya había corrido muy lejos de ella.

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Desde ese día, antes del torneo de prefecturas, Tsubasa estaba actuando muy estricto con todos.

La manera en la que le respondió cuando ella le dio la toalla, la hizo ver que él no estaba para juegos en ese momento. No debía distraerlo.

«…no me estoy rindiendo, es solo que, con el torneo de prefecturas, Tsubasa-senpai piensa más y más en el futbol, y no creo que vaya a tener más oportunidades de momento».

Y se había decidido.

«Hare mi trabajo como manager del club de futbol sin intimar con Tsubasa-senpai». Porque era lo mejor para él.

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Al principio se negaba a ver lo obvio, pero poco a poco con pequeños detalles, se dio cuenta de los sentimientos de la manager Nakazawa hacia el capitán. Y las burlas del equipo hacia ese par, lo confirmaba.

Pero no solo molestaban a Sanae, también a Tsubasa.

¿Se correspondían ambos sus sentimientos? No. no quería creer en eso, quería saber si ella tenía oportunidad alguna.

Tsubasa-senpai he hecho algunos sándwiches, ¿quieres uno?

¿Eh? Ah, lo siento, pero no justo antes del partido.

Ah, ya veo.

El sutilmente le negaba.

Y las manager hacían ver lo obvio.

¿Qué es eso Nakazawa-senpai? —Le preguntó.

Son rodajas de limón con miel y azúcar para los chicos, se las comerán en el descanso.

Sí, en verano son esenciales para su resistencia, pero Sanae… yo sé que, aunque te gustaría dárselas solo a Tsubasa, como manager del club de futbol tienes que dárselos a todos—. Se burló Nishimoto-senpai.

Basta Yukari.

«Bien hecho senpai, pero aún no me he rendido con Tsubasa-senpai. Nuestro partido acaba de comenzar». Le retó mentalmente.

No perdería ante ella.

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Cuando escuchó que Tsubasa se iría a Brasil tras acabar la escuela media, tomó una decisión.

«Si esta vez va enserio, entonces debo decirle lo que siento inmediatamente después del torneo».

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Pero las señales del amor mutuo entre sus senpais allí estaban. Y todos en el equipo apoyaban esa relación; incluso, pareciera que el entrenador también lo hacía a conciencia. Así que decidió a investigar si eran ciertas sus suposiciones.

¿Dónde están Tsubasa-senpai y Nakazawa-senpai? No los veo…

¿No sabías? Ellos fueron al hospital a buscar los resultados de los rayos X —le respondió Yukari.

¡¿Ellos solos?! —Se alteró.

Sí, Tsubasa quería ir solo, pero el entrenador insistió en que Sanae fuera con él…

¡¿Qué?! ¿Por qué no me lo pidió a mí, profesor? —Le reclamó y empezó a perseguirlo, frustrada.

Chicos, ayúdenme, —decía él, mientras huía de ella y los demás reían cómicamente.

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¡Oigan todos, aquí están sus uniformes! —Dijo Sanae, —por supuesto, para su último partido, se visten de blanco con líneas azules, sus uniformes de casa…

Hemos lavado sus uniformes sucios, no huelen más a sudor, así que hagan lo mejor para darnos las gracias, —esta vez, Yukari, mientras guiñaba un ojo.

Ishizaki tomó la oportunidad para molestar a Sanae y el entrenador les interrumpió.

Justamente eso, el uniforme de Tsubasa, —dijo pensativo, —Nakazawa por favor dese prisa y se lo lleva a él personalmente.

¡Sí! —Dijo ella alegre, mientras atrás algunos reían por su gesto.

Ella salió de inmediato. Kumi se enojó era el colmo.

¡¿Otra vez profesor…?! —Le reclamó mientras en su berrinche intentaba golpearlo a lo que él cómicamente intentaba huir.

O-oye, pero ¿qué dije?

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Realmente siempre lo supo, pero se negó a los hechos.

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Después de que Tsubasa fuera sacado del campo en camilla, minutos antes del medio tiempo en la final contra el Toho, ellas, las manager fueron a la enfermería a ver como estaba el capitán. La madre del prodigio y su profesor particular también estaban parados con ellas, fuera de las puertas.

Cuando él salió, lo supo en lo profundo de sí.

Al salir, incluso olvidó mirar a su propia madre.

Eres tú —le dijo a Nakazawa.

¿Estás bien, Tsubasa-kun? —le preguntó la aludida.

Sí estoy bien, ¿qué tal va el partido? —ignoró completamente a los demás.

A ella.

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Al final del tiempo reglamentario, cuando el Toho, específicamente Hyuga logró detener el tiro de Tsubasa, ellas se dirigieron a la cancha a verlo.

Sanae se les adelantó a las dos.

Tsubasa que venía en frente se detuvo a unos pasos de ellas al ver a la encargada Nakazawa.

Delegada… —le dijo viéndola fijamente.

Tsubasa, después de esto… haz tu mejor esfuerzo durante el tiempo extra—. No le veía la cara, pero sabía que Sanae lloraba, se notaba en su voz temblorosa.

Tsubasa le dio a la chica una linda sonrisa.

Nakazawa levantó en su mano derecha la banda de capitán que Tsubasa ya no poseía en su brazo izquierdo, debido al tiro del tigre de Hyuga, y la extendió para que él la agarraba.

Sí, gracias —respondió Tsubasa mientras tomaba la banda con su mano derecha y le devolvía la mirada.

Fueron unos segundo los que ellos estuvieron así, pero no lo parecía.

Estaban encerrados en su propio mundo.

La escena fue impactante. Se negaba a creerlo. Aunque realmente siempre lo supo.

Empezó a llorar por lo conmovedor de esa imagen, una imagen que transmitía muchos sentimientos, pero el más fuerte: el amor.

Kumi llevó su mano derecha instintivamente hacia su corazón tratando de calmar ese dolor punzante que la atacó de pronto y se dio cuenta de las lágrimas que caían por su rostro.

¿Cuál es el problema Kumi-chan? —Le preguntó Yukari preocupada.

No sé por qué estoy llorando, —le mintió mientras se secaba sus lágrimas.

Se mintió ella misma.

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La manager Nakazawa era su rival de amores, pero siempre estaba apoyando silenciosamente al capitán, como si estuviera dispuesta a callar por siempre sus sentimientos. No sabía bien el por qué y le frustraba.

Ya sospechaba, pero quería dejar las cosas en claro. Por eso, aprovechó la oportunidad que se le presentó cuando fueron a visitar a Ozora, uno de los días de descanso posterior a la final Toho-Nankatsu.

Después de la visita, quiso hablar con Nakazawa-senpai, así que cuando todos se separaron para irse a sus casas, decidió seguir a la chica.

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Ah, eres tú, Kumi—. Dijo cuando notó que la seguía.

Nakazawa-senpai, quisiera preguntarte algo… —dijo siendo directa.

Esperó unos instantes para acomodar sus ideas, tenía que decirlo sin rodeos o se arrepentiría pronto de su acción.

Nakazawa-senpai… ¿cuáles son tus sentimientos por Tsubasa-senpai?

¡Eh! Kumi…

Yo… yo amo a Tsubasa-senpai, así que quiero decírselo, —confesó, —al principio pensé decírselo una vez terminara el torneo. Yo sé que Tsubasa-senpai se irá a Brasil cuando se gradúe, pero… pero aun así… él me gusta mucho. Cuando alguien te gusta no hay otra cosa que hacer más que decírselo.

—… —no hubo respuesta: «el que calla, otorga».

Entonces recordó la extraña sensación que sentía al ver a esa pareja junta. El sentimiento de dolor que cruzaba su pecho al verlos, en sus mínimos gestos, miradas sutiles, toques leves, sonrisas genuinas… cuando estaban uno al lado del otro.

Aun sí… aun sí no soy rival para Nakazawa-senpai—. Soltó unas lágrimas traicioneras—. Adiós senpai.

Porque en el fondo sabía que era verdad. Tal vez no era rival para ella.

Se dio la vuelta y empezó a avanzar.

¡Kumi! —Le habló la manager.

Lo siento, te he molestado con esta conversación, —dijo sin voltear.

-Kumi… —se fue sin hacerle caso, pues sus lágrimas no cesaban.

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¿Serían reales sus suposiciones?

Aunque fueran ciertas, no se daría por vencida.

Estaba decidida a confesarse, lo haría. Después de unos días de meditarlo, decidió que no se dejaría amedrentar por sus dudas.

Se confesaría pasara lo que pasara.

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Ese día se reunió con sus amigas en el restaurante para platicar mientras comían un postre. Por supuesto, el tema central fue ella misma.

Vamos Kumi ¿qué pasó? Se suponía que se lo ibas a decir después del torneo nacional…

Hmm —asintió —pero Tsubasa-senpai se fue a Europa inmediatamente después, aun después del torneo, solo pensaba en futbol.

Ah, no puedes hacer nada—. Desde atrás escuchó una voz que la sobresaltó—. Pero ese es el encanto de Tsubasa, ¿cierto?

Era Nishimoto-senpai, reía divertidamente mientras ella no salía de su asombro.

¡Senpai! —Fue todo lo que pudo decir cuando recuperó la voz.

¿No es cierto, Sanae? — Yukari viró su mirada hacia su amiga que acababa de entrar al local.

Eh… ¿Qué has dicho Yukari? —Respondió la chica.

Den lo mejor ustedes dos. No puedo decidir a quién alentar—. Declaró Nishimoto mientras las admiraba risueña.

Yukari-senpai… —no sabía si agradecer sus palabras o pasarlas por alto, pues venían de la mejor amiga de su rival, optó por la segunda opción y decidió cambiar de tema dirigiéndose a Nakazawa, —senpai, ¿puedes decirme cuando vuelve Tsubasa-senpai a Japón?

La campaña en Europa no terminará hasta el primer campeonato internacional juvenil en Francia, así que volverá hasta el segundo curso escolar—. Le respondió seriamente.

¿Eh? ¡¿De verdad?!

Sí, Tsubasa -kun y los demás pasarán las vacaciones de verano jugando futbol.

Ante tal información, supo que su confesión tendría que esperar hasta alrededor de un mes.

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Después del torneo de Francia los miembros del equipo regresaron a sus respectivas escuelas para iniciar su nuevo ciclo escolar, y ella tomó su decisión.

«Tsubasa senpai… debo hablar con él hoy».

Porque ya no quería seguir por las ramas. No quería sentir esa pequeña molestia dentro de sí. Pasara lo que pasara, debía afrontar sus sentimientos con honor.

Aunque ella esperaba que su confesión fuera para bien.

Con ese pensamiento, cuando acabó el entrenamiento matutino del primer día, y él se fue a refrescar a los bebederos, ella se acercó.

«¡Da lo mejor Kumi, da lo mejor de ti!» se decía mientras tomaba valentía escondida detrás de un árbol. «¡Bien, aquí voy!».

Corrió a alcanzarlo. Era ahora o nunca.

¡Tsubasa-senpai! —Gritó y cuando estuvo cerca, antes de perder valor, lo dijo: —te amo, Tsubasa-senpai.

¡Ehhh! —su cara mostraba la sorpresa extrema.

—… —Kumi se sonrojó por su atrevimiento, pero lo hecho, hecho estaba, —yo te amo desde que llegué a esta escuela, Tsubasa-senpai… el futbol es muy importante para ti y como manager del club de futbol pensé que sería un obstáculo para ti, por eso no confesé nada, pero ahora… ahora puedo: te amo Tsubasa-senpai.

Kumi… —la mirada del chico lo decía todo y en su corazón empezó nuevamente el deje de dolor.

Pero no me amas Tsubasa-senpai… ¿verdad? —interrumpió.

Eh… —las reacciones del chico rompían su corazón poco a poco al darse cuenta de lo que siempre negó. Lo obvio.

¡Por favor! ¡Estoy pidiendo una respuesta honesta! No me amas porque amas a alguien más, ¿verdad, Tsubasa-senpai?

Sí, —afirmó él después de unos segundos de silencio.

Kumi abría sus ojos a una verdad que sabía en lo profundo de sí.

Es Nakazawa-senpai, ¿verdad?

Hubo unos instantes de silencio antes de que él contestara, pero sus ojos se lo dijeron todo.

Realmente siempre lo supo.

Sí, —dijo él sin vacilar.

E inmediatamente, Kumi empezó a llorar, aunque se había prometido no hacerlo.

Me alegro, —dijo mientras trataba de secar sus lágrimas inútilmente, pero se rindió, no podía evitarlo, así que se arrojó a los brazos del capitán, —¡Tsubasa-senpai!

El chico la abrazó por su cabeza condescendientemente, y ella se desahogó todo lo que pudo.

Cuando pudo calmarse, se alejó de él.

Lo siento, senpai, pero por favor prométeme algo… dile a Nakazawa-senpai que la amas, ella está esperando por eso.

Eh…

Te amo Tsubasa-senpai y te amaré por siempre… pero, entiendo que ambos están realmente enamorados. Así que quiero ayudar, —era su último recurso, ya que, al fin y al cabo, siempre desearía su felicidad, —por favor Tsubasa-senpai dile a Nakazawa-senpai… por favor dile: te amo. Un verdadero hombre hace eso…

Sin más se dio la vuelta y se fue, dejándolo pensativo.

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No tenía ganas de nada y las lágrimas no cesaban.

«Pero todavía estoy muy contenta de haberle dicho hoy como me sentía».

Mientras corría a casa se secaba sus lágrimas. Se había saltado las clases de ese día, mas no importaba. Necesitaba desahogarse para sentirse verdaderamente libre.

Lloró hasta no tener más lágrimas.

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Al día siguiente, se levantó temprano, ya sintiéndose mejor.

Siempre lo supo.

Se había confesado y había sido rechazada, pero lo había intentado, así que no se arrepentía de nada.

Iba a olvidarse de él y seguir con su vida, deseándoles la mayor felicidad a ambos.

Todo quedaría en un bonito recuerdo. Así sería.

Con esa actitud, se alistó para ir al club. Daría lo mejor de sí por el bien de todos, pues definitivamente, ahora le gustaba ese puesto de manager.

Y el futbol se volvió parte importante de ella, independientemente de su mal de amores.

¡Chicos, más ánimo! ¡Pelea, pelea! ¡Den lo mejor! —Animaba a los que entrenaban.

Kumi… —lo escuchó y miró en su dirección.

Tsubasa-senpai buenos días, —saludos sonriendo.

Buenos días.

Lloré toda la noche de ayer, así que pude olvidarme completamente de mis sentimientos… —confesó haciendo una pausa, —en un principio, —dijo más animada, —me uní al club de futbol porque tenía la mirada puesta en ti, pero con el tiempo, ¡empezó a gustarme ser manager del club de futbol!

Sí, gracias Kumi—. Le sonrió él.

—… —ella bajo la mirada solo por unos instantes, —¡suficiente con eso! ¡Mantén tu promesa!

¿Eh?

Confiésale tu amor a Nakazawa-senpai —dijo todo lo animada que pudo.

—… —no hubo respuesta, él sonrió levemente y luego se dirigió a los chicos del equipo.

Ella negó de manera divertida. Esperaba que realmente esos dos fueran felices.

Lo deseaba de todo corazón.

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Unas semanas antes de la partida de Tsubasa a Brasil se enteró que oficialmente eran pareja. Se alegró por ellos.

Se lo merecían.

Sus sentimientos fueron apaciguándose con el tiempo, y ella admiraba a Sanae por esperar pacientemente el regreso de él los siguientes años, pues Kumi no se creía capaz de hacer tanto por su amor.

Pero esos chicos eran felices a su manera, lo sabía en las contadas ocasiones en las que podían encontrarse. Y eso la hacía estar en paz consigo misma.

Algún día, esperaba encontrarse a alguien con quien compartir momentos de felicidad. También tendría un amor especial.

Pero hasta el momento, seguiría haciendo lo que más le gustaba, que era apoyar a sus amigos.

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Tres años después de hacerse oficial el noviazgo de la pareja de oro, Japón ganó el mundial juvenil, la fiesta de celebración fue muy divertida y con muchas sorpresas.

Sugimoto Kumi estaba feliz. Su primer amor había pasado sin problemas, siendo ahora, solamente un bonito recuerdo.

Unas semanas después de la final, revisaba su buzón para sacar el correo. Y, aunque ya lo sabía, sonrió al abrir aquella carta destinada a ella.

Una invitación a la boda de Sanae y Tsubasa.

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Cha-cha-cha-chaaan...~~~

Fin del oneshot xD

Reiteron mis disculpas por cualquier falta ortográfica y/o de redacción, que se llegue a encontrar en el fic...

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Sus comentarios me inspiran para seguir, así que no duden en dejar su opinión por pequeña que sea.

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PrincesaLirio, Gracias por tus palabras, como siempre, me animan para que continúe con la historia:)

AsukaHyuga, jajajaja me hiciste el día, me halagas, mil gracias:3 aunque puede ser que no sea para tanto, no hay fecha todavía xD

Espero llegar a tiempo con el dichoso fic de Hyuga xD, porque antes tengo planeado subir otros, como 2 de Katekyo Hitman Reborn, 1 de Naruto y uno más de Captain Tsubasa... así que no hay fecha, pero cuando llegue el tiempo espero todavía estén ahí para leer cuando lo suba... además en una plática con alguien, me sugirieron hacer un fic personajeXlector de Captain Tsubasa, pero no lo sé... no estoy segura de hacerlo, cabe decir que apenas me estoy aventurando en escribir en segunda persona gramatical con mi fic dos mundos distintos, y no estoy segura de que lo esté haciendo bien del todo... en fin...

¿Qué opinan ustedes?

Gracias por su apoyo y paciencia:3

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Si todo va bien, ¡nos leemos la próxima semana!

¡Un fuerte abrazo!

ShelenyPrice