Del futbol y otros amores
Disclaimer:
Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.
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Advertencias:
Puede haber algo de OCC.
Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.
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Capítulo 14
¡No puedo perder ante ti!
Kanda Koshi
Siempre fue alguien explosivo, y siempre obtuvo todo lo que quería; lo sabía, era un chico caprichoso, pero ¿qué se le podía hacer?
De pequeño siempre consintieron sus peticiones y le educaron con el pensamiento de que era superior a los demás, por eso heredaría el negocio familiar.
Así, siendo ya un adolescente entrenado, tomaba por la fuerza lo que no le pertenecía, pensando que siempre obtendría todo lo que quisiera.
Hasta que a su vida llegó esa singular chica:
Nakazawa Sanae.
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Koshi era una persona fuerte, excelente en boxeo, el mejor en toda la zona se podría decir. Sin embargo, en los estudios era pésimo. Terrible.
De todas formas, en un futuro, no necesitaría nada que tuviera que ver con los estudios, cumpliría con la herencia familiar y esa sería su vida. Todo estaría en orden, fácil.
Sin embargo, no fue así.
Al llegar al último año de escuela media, el profesor Iwayama le mandó un citatorio.
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Caminaba a prisa por los pasillos.
Iba tan distraído, que no notó que la puerta de una de las aulas era abierta abruptamente y alguien salió solo para estrellarse contra él.
Era una chica. Lo supo antes de verla al escuchar su grito. Los dos cayeron estrepitosamente al suelo.
—¡Idiota, eso dolió! ¡Fíjate por dónde caminas! —Espetó molesto aún sin verla.
—L-lo siento… —dijo ella y entonces la miró.
Su rostro se le hacía ligeramente conocido. Cabía decir que era muy linda.
—¿Estás bien, Sanae? —Preguntó alguien mientras salía detrás de ella, y la ayudaba a levantarse.
—Sí… —él las observó desde el suelo.
—¡Ah, Kanda! ¿Qué haces aquí? Son vacaciones… —preguntó la chica que acababa de hacer acto de aparición.
—¿Qué…? Nishimoto… —le llamó él mientras se tallaba la cabeza, —¿A ti también te llamó el profesor Iwayama por tus malos resultados en el semestre?
Si había más gente como él, tenía esperanzas de no sentirse tan avergonzado por sus resultados.
—¿Eh? ¿De qué estás hablando? Estamos aquí porque el club de soccer está entrenando—. Respondió la chica claramente ofendida.
—Ya veo, es decir que fui al único al que llamaron, como me lo temía… —se lamentó. Sería una de sus mayores vergüenzas.
Tras sus palabras, la chica que acompañaba a Nishimoto comenzó a reír, como si él hubiera dicho un chiste.
Su risa era como una hermosa melodía a sus oídos.
Fue entonces que la observó completamente. Ella era realmente bella, tenía un toque… inexplicable a sus ojos.
Quedó embelesado. Era hermosa, sí señor y su sonrisa era asombrosa.
—Bueno, vamos Sanae.
—Claro…
—Adiós Kanda, trata de esforzarte más a partir de ahora, —se despidió Nishimoto.
—Ah… a… —no pudo pronunciar palabra alguna, pero ellas no lo notaron, siguieron su camino, —ella es… Sanae.
Definitivamente tenía que conocerla, saber más de ella.
Y lo haría.
Sin poder evitarlo, la esperó ese día. Salió temprano de la clase del profesor Iwayama y estuvo cerca de cuatro horas en la entrada hasta que vio salir a todo el equipo, momentos después del anochecer.
Iba rodeada de todos los chicos. Había escuchado vagamente sobre los jugadores, uno de ellos iba en su clase, pero no le importaba; ella y Nishimoto eran las únicas chicas y parecían llevarse todos bien.
La risa de Nakazawa era excepcional, le llenaba de un sentimiento de paz.
«Tsk… yo, Kanda Koshi soy feliz con solo ver a esa chica y he esperado en la oscuridad solo para verla…».
Felicidad. Ese era el sentimiento, lo sabía. Sanae era una chica muy alegre, que era capaz de hacerle sonreír como un tonto.
Estaba rotundamente enamorado.
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Así sin ningún otro motivo, esperaba todos los días cerca de la entrada de la escuela, a que el club de futbol terminara su entrenamiento, solo para verla.
Y al mirar su hermosa sonrisa y su risueño andar, sentía mil veces que todo a su alrededor se detenía, para estar únicamente ellos dos.
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Estaba enterado de que el torneo nacional de futbol había comenzado. Sabía que ella estaba muy pendiente de ellos.
Para la final; toda la escuela fue convocada para reunirse ese día y apoyar al equipo que llevaría por tercer año consecutivo el banderín de campeones a Nankatsu.
Patéticos.
Él era mucho mejor en su especialidad que todos en el equipo de futbol, lo sabía, pero decidió que iría ese día solo para verla.
No pensándolo mucho se apareció temprano con todos los de su clase y anexos que esperaban por abordar los autobuses que los llevarían a Saitama.
Las voces tan familiares de Iwauchi y Nagano llegaron a él.
—¡Ah, es Kanda!
—Eso sí que es una sorpresa…
—¿Qué es tan sorprendente? —Espetó poco amable, como siempre.
—Es extraño verte ir hasta Saitama para alentar al equipo de futbol, cuando es una ocasión para ti de no tener clases… —respondió divertido Iwauchi.
—Es cierto, además dijiste que no te interesaba el futbol, —prosiguió Nagano.
—Sí, mi interés no es el futbol, sino algo más… —concedió.
—¿Eh? ¿Algo más? —Se intrigaron los dos.
—No puedo imaginar qué más va a hacer aquí que no sea alentar al equipo de futbol… —susurró Iwauchi a su compañero, siendo oído de todas formas por Kanda.
—¡Cállense! —Les gritó furioso, habían terminado con su poca paciencia, —¡Me levanté temprano y estoy exhausto! ¡Voy a dormir una siesta en el bus!
Emprendió camino. La única razón por la que iría era ella, obviamente. Pero no es algo que ellos tuvieran que saber.
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El estadio estaba lleno, decidió no sentarse estaba un poco impresionado por la cantidad de gente que había ido a animar a ambas escuelas, y cuando se pronunció el nombre de Ozora Tsubasa, capitán del Nankatsu, las gradas estallaron en halagos para él. Como si fuera alguien especial… eso lo tendría que ver con sus propios ojos.
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Le parecía asombroso el hecho de que el capitán del Nankatsu tuviera un tiro tan poderoso. Aunque no lo aceptara en voz alta, el partido era interesante, pues, a pesar de las lesiones en el as de su escuela, siguió adelante en esa lucha.
Ya estaba terminando el tiempo extra cuando Tsubasa se interpuso en un tiro cerca de la portería y salió disparado hacia esta.
«¡Paren por favor, no lastimen más a Tsubasa! ¡No dejen que este partido siga delante de esta forma!». Escuchó entre la multitud.
Conocía esa voz, aunque el tono de ahora era suplicante, él sabía que pertenecía a ella.
Miró a su alrededor hasta que la visualizó muchos asientos más al frente. Estaba de espaldas a él así que no pudo observar su rostro. Parecía que Nishimoto la abrazaba.
¿Por qué ella…? Era casi imposible de pensar.
El empate del final del partido le ayudó a pensar un poco más claro acerca del niño prodigio del futbol.
Ozora Tsubasa. Realmente era extraordinario, pues luchó fervientemente hasta el final. Quería suponer que la manager solo admiraba al niño prodigio. Quería creerlo.
Entonces Koshi se esforzaría más también. Tal vez así, algún día ella pudiera fijarse también en él.
No podía perder ante Ozora.
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Comenzó sus duros entrenamientos en el club de boxeo Kamida. Tenía que ser fuerte, digno de admirar por ella.
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Unos días después, estaba tan absorto en sus pensamientos mientras entrenaba… hasta que Hajime entró al lugar.
—¡Hey! ¿Eso no fue un K.O. con la bolsa de arena? ¡Fue increíble! Ha pasado mucho tiempo, ¿qué te ha sucedido? —comentó de manera 'casual' el joven.
—La victoria del club de soccer de su escuela secundaria en el torneo nacional fue una gran motivación—. Le informó uno de los presentes.
Estaba a punto de mirarlos y decirles que se metieran en sus asuntos, cuando la visualizó a través de las grandes ventanas que daban a la calle.
«Ella es…».
Siempre que la miraba era lo mismo. Estaba seguro de que no podría aguantar más tiempo solo mirándola de lejos.
No lo haría.
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Ese día se iba a confesar.
Ya lo había decidido. Al finalizar la jornada, del primer día de clases posterior a las vacaciones de verano, la siguió hasta la biblioteca.
Cuando entró, ella veía por la ventana, de espaldas a él. Los demás jugadores del equipo y Nishimoto, estaban allí también, pero simplemente los ignoró.
—Nakazawa Sanae, —la llamó estando lo suficientemente cerca.
Cuando ella lo miró, él sujetó su brazo a la altura del codo con fuerza, pero tratando de no parecer tan rudo, cosa que no logró, pues los gritos de los demás no se hicieron esperar.
—¡Kanda! —Escuchó a Nishimoto.
—¡¿Qué haces?! —Inmediatamente saltó uno del equipo a enfrentarlo. Una cara de mono.
—Esto no te importa, —espetó firmemente. No quería que nadie se metiera y estaba dispuesto a dejarlo en claro, pero ella se le adelantó.
—Está bien, Ishizaki, —intentó calmar al futbolista.
—Manager… —empezó a resignarse en su voz.
—Ahora vuelvo, —dijo ella dejándose guiar por él.
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—Yo soy Kanda Koshi del curso de al lado. quiero que salgas conmigo.
Directo al grano, no pidió, exigió; ella quedó muy sorprendida.
—Yo… lo siento, pero ya tengo a alguien de quien estoy enamorada, no puedo corresponderte—. Estaba levemente sonrojada, más al mencionar a 'la otra persona'—. Gracias por tus sentimientos, pero lo lamento.
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La había dejado regresar, pero no se movió del lugar. No era posible. No quería creerlo.
«¡¿Ehhh?!» el grito colectivo detrás de la puerta fue la señal de que ella les contaba lo sucedido.
Se aceró lo más que pudo para escuchar el resto. Tenía que saber qué diría.
—Y… ¿qué le dijiste? —Cuestionó Nishimoto.
—…le dije que estaba enamorada de otra persona… —respondió Sanae en voz apenas audible.
—¡Whooo, whooo! ¡Lo dijo! —Vitorearon todos adentro.
—¡¿Esa otra persona es Tsubasa?! —Preguntó alguien con burla, a quien identificó como el chico simio.
No lo soportó más. Era inaudito. Nadie se burlaría de él.
Furioso, abrió la puerta de golpe. Y se acercó a ella golpeando con su palma la mesa que tenía en frente.
—No voy a renunciar, —le advirtió.
Y sin más se dio la vuelta dispuesto a marcharse cuando escuchó un reto claro.
—¡Hey espera! ¿No entiendes? ¡Ella no está interesada! ¡Un verdadero caballero la dejaría ya! ¡Si te molesta eso, no la busques más!
Dirigió su mirada a él.
—El mono… —dijo confirmando su sospecha al oír la voz—. Cierra la boca, mono, —inmediatamente lo golpeó con su puño. Su fea nariz se rompió.
El alboroto se armó.
—Ka… ¡Kanda! —Reclamó Nishimoto.
—¡Ishizaki! —Gritó Sanae yendo hacia el mono, —¿Estás bien, Ishizaki?
Los jugadores lo rodearon.
—¡Maldito! —Gruñó levantándose del suelo, —¡No te lo perdonaré!
Se lanzó nuevamente hacia él y Kanda no dudó en prepararse para azotar otro golpe. Sin embargo, sus compañeros intervinieron.
—¡Basta, Ishizaki! —Uno se atrevió a sostenerlo por la espalda, —nos retiramos, pero seguimos siendo miembros del club de futbol; primero y segundo año, los estudiantes van a participar en el campeonato de otoño, ahora no es momento de tener problemas que podrían poner en peligro su participación…
Kanda de inmediato notó la resignación de Ishizaki ante las palabras y altanero, resopló.
—¡Cobarde! —Dijo mientras se retiraba. No había más que hacer ahí.
Nadie era un reto para él. Nunca.
—¡¿Qué?! —Lo escuchó, pero no se detuvo. El idiota ya no pelearía contra él, solo serían puras palabrerías.
—¡Cálmate Ishizaki! —Le riñó uno de sus compañeros.
Al cerrar la puerta, escuchó la voz angustiada de Sanae.
—Lo siento, Ishizaki, es mi culpa…
Siempre tan noble.
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No podía dejarla ir. Tenía que luchar por ella, no le importaba nada más. Y la única manera de luchar que conocía, eran los puños.
Le demostraría a la chica que él era mejor que Ozora.
Así que ideó un plan.
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Al día siguiente, se levantó más temprano y fue directamente al campo de entrenamiento del equipo de futbol.
Ahí observó a Ozora dando instrucciones a los demás. Esperó pacientemente una oportunidad para hablarle.
Oportunidad que llegó cuando un inepto del equipo dejó ir el balón cerca de él. Se notaba que eran novatos.
—Shirato, mide más tus tiros de larga distancia—. Reprendió el capitán mientras corría hacia él—. ¿Mmm? —Se detuvo en cuanto lo vio.
—Ozora Tsubasa—. «Saludó» Kanda.
—¿Quién eres? —Por instinto, el chico se puso serio. Kanda rió internamente.
—Vengo a hablar de Nakazawa Sanae, —le dijo sin más.
A la mención del nombre, Ozora se tensó.
—¿Qué hay con ella? ¿Qué es lo que quieres? —Le miraba duramente.
—Mi nombre es Kanda Koshi, y yo a Nakazawa Sanae, la amo…
El rostro de Tsubasa fue todo un poema; pasó de la sorpresa al enojo.
—…la quiero para mí y no puedo permitir que estés en medio…
—No sabes lo que dices… —aunque intentó hablar calmado, era obvio que intentaba ocultar su furia—. No puedes obligarla, ya te dijo que no está interesada…
¿Ya lo sabía? Parecía que, de cierta manera, el futbolista también la quería.
—No la dejaré. Nunca.
—¡Te dijo que quiere a alguien más!
—¿Y tú? —Contraatacó Kanda, hubo un silencio prolongado, —pues si tanto la quieres vendrás a pelear por ella, si ganas, la dejaré en paz… solo si ganas.
—…no voy a pelear, soy el capitán…
—Pues haz algo al respecto—. Interrumpió, —hay una manera de dejar de serlo antes de la pelea, —le animó—. Nos veremos al rato, saliendo de clases, en el parque Hirakigahoka, a menos claro, que te importe más tu patético club de futbol… sabrás hacer lo correcto, si es que ella te interesa algo, si no, la perderás ante mí… nos veremos entonces…
No esperó más y se retiró bajo la furiosa mirada de Ozora.
Sonrió para sus adentros, sería pan comido. Después de la golpiza que le daría a Tsubasa, no le quedaría de otra más que olvidarse de Sanae. Y ella tenía que aprender a quererlo a él con el tiempo.
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Saliendo de clase se dirigió inmediatamente a ver a la chica.
—¡Kanda! —Gritó Nishimoto tan pronto lo visualizó.
—¿Vienes un momento? —Se dirigió a Nakazawa ignorando a la primera.
—¡Seguro, eres persistente! —Empezaba a pelear Yukari.
—Esta es la última vez, —aseguró tratando de darle confianza.
—Última… —repitió Sanae, mientras lo meditaba un momento, —de acuerdo.
—¡Pero Sanae…! —Nishomoto le tomó del brazo intentando razonar con ella.
—Estaré bien, Yukari, no te preocupes… nos veremos luego, —dijo mientras se zafaba de su agarre y caminaba al lado de Kanda quien, satisfecho, comenzó a avanzar.
Sabía que Nishimoto los siguió casi todo el camino, pero no importaba, cuando regresara con los demás, ya sería tarde.
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Al llegar al parque de la «cita», empezó a visualizar alrededor,
—¿Por qué tuvimos que venir todo este camino? —Su voz molesta también era encantadora.
—Como lo pensé, él no está aquí… —le comentó de manera «casual».
—¿Eh?
—Le he dicho a Ozora Tsubasa que te amo y que venga aquí si no quiere perder a su querida Nakazawa Sanae, para hacerlo breve, ¡le provoqué a una pelea para que venga!
—¡¿Qué?!
—Pero él se escapó, parecer ama más el futbol de lo que pensé. Ozora Tsubasa puede ser el mejor jugador de futbol en todo Japón, pero si no es capaz de defender su amor, no es hombre para ti. Es tanto así que, aunque lo ames con todo tu corazón, él no te va a amar de vuelta, piensa en eso, Nakazawa, olvídalo y quédate conmigo.
—Eres horrible, —espetó ella enojada.
—Me encuentras horrible, pero con el tiempo, me amarás, —dijo altanero.
Al escuchar llegar a alguien, miraron los dos en esa dirección y lo vieron.
—¡Tsubasa! —Sanae estaba sorprendida.
—Lo siento por llegar tarde, Kanda, —con una mirada decidida le enfrentó.
—Esto será breve, —Koshi se tronó los dedos.
—No te voy a perder, Nakazawa Sanae, —afirmó Ozora.
—¡Voy a tenerla por la fuerza! —Dispuesto a dar el primer golpe, Kanda se lanzó, pero Sanae se interpuso delante de él.
—¡Basta! ¡No lo hagas, Tsubasa! ¡No es justo que sacrifiques el club de futbol por mí! El club de Nankatsu es para ti…
—Ya lo dejé, —confesó serio, lo cual hizo dudar a la chica.
Kanda enfureció, así que había dimitido como se lo había sugerido de manera sutil.
—¡No trates de quedar bien! —Le espetó mientras empujaba a Nakazawa del camino, sin reparar en lo que había hecho. Tenía que demostrarle al futbolista que no estaba para juegos.
—¡Sanae! —Ozora ni lo miró, lo cual le enfureció más si cabía.
—¡No mires a otro lado! —Le asestó el primer golpe, —¡Toma! ¡¿Qué te pasa?! —Otro más, —¡Estás acorralado! —Muchos más.
Ni siquiera le daba tiempo de defenderse. A golpes le demostraría quien la merecía.
Pero Tsubasa no caía.
—¡Basta! —Escuchó a Nakazawa a su espalda, —¡Vamos, deténganse! ¡Tsubasa, corre! ¡No debes pelear! ¡Tsubasa el futbol lo es todo para ti! ¡Por favor, detente, ve por tu uniforme y vuelve al campo!
Y seguía sin caer.
«Este chico… sigue en pie a pesar de que le pegué tanto…», pensó. Cualquier otro hubiera caído desde el segundo golpe. Sin embargo, a pesar de todo el chico seguía sin rendirse.
—¡Mierda! —Estaba dispuesto a dejarlo K.O., pero Tsubasa reaccionó.
No se esperaba esa patada de Ozora, la cual golpeó su hombro izquierdo.
Salió desprendido por el golpe un par de metros lejos de él.
Vaya sorpresa que le dio.
«¿Qué es…? Un disparo del mejor jugador de futbol a nivel mundial; se las arregló para romper uno de mis huesos…».
Lo había sentido en el momento del golpe, necesitaría un yeso para reponerse.
—Tú… ¿tú estás bien, Kanda? —Parecía preocupado, como si apenas estuviera reaccionando por lo que hizo, habiendo hecho esa patada por mero reflejo.
—Idiota, con una gran patada no puedo estar bien—. Respondió burlonamente desde el suelo, —tuviste tres victorias en el torneo nacional no me sorprende que no hayan perdido, —se rió sonoramente de su desgracia.
No había de otra. Había perdido, tenía que aceptarlo.
—Bien hecho, —le dijo mientras se levantaba con cuidado, —eres digno de ser amado por Nakazawa.
Les sonrió a los dos, a ella, más que a él. Y se fue riéndose sonoramente por lo que había pasado.
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Tenía que arreglar las cosas.
Ellos dos se merecían y lo había aceptado. No podía dejar que Tsubasa renunciara a lo que quería por su estupidez de retarlo. El chico estaba destinado a ser el mejor del mundo futbolístico.
—¡Hey, para! ¡¿Qué haces?! —gritó el simio tan pronto lo visualizó en el camino.
Todos los jugadores iban corriendo, seguramente a detenerlo.
—No se preocupen, vuelvan a la escuela, —dijo con simpleza mientras se sostenía el hombro.
Demonios, como dolía.
—¿Eh?
—¡¿Qué?!
—Ellos…
Siguió adelante hacia la escuela, mientras les dijo: —los dos están bien, déjenlos solos.
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Llegó caminando muy despacio a la sala de profesores.
Se lo debía al niño prodigio.
—¿Profesor Furuoya del club de futbol? Debe de haber una carta de Ozora Tsubasa aquí… —la vio en el escritorio, —ah aquí está, —la tomó—. Esta carta no es real, me pareció que sería divertido, —dijo riendo, —¡era una broma! Chao…
Seguía riendo mientras salía, caminaba con dificultad.
—Oye tú… —intentó decirle el entrenador.
—Profesor lo siento, debo de ir rápidamente al hospital, o de lo contrario voy a poner en peligro mi carrera de boxeo, me gustaría ser el mejor en Japón también.
Sin esperar respuesta, salió.
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Kanda Koshi no perdería ante Tsubasa, se prepararía para ser considerado también el mejor del mundo del boxeo.
No por Sanae, ahora lo haría por convicción propia. Sería algún día el más fuerte, y su primer amor, quedaría solo en un asombroso recuerdo, que lo impulsó para prepararse más.
«Lo haré, seré el mejor, porque no puedo perder ante ti…».
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Fin del capítulo~~
No lo revisé, así que disculpas por cualquier falta ortográfica y/o de redacción, etc, etc...
Pocas veces he encontrado algún sitio donde hablen de este chico matón jajaja así que decidí traerles esto; era muy brusco e impulsivo, pero de verdad que quería a nuestra Sanae:3 aunque bien sabemos que nunca podría ser correspondido... Además, gracias a él, Tsubasa tomó el valor que necesitaba para confesarse al fin, por lo cual, le tengo algo de aprecio a este chico, pues nos mostró a Tsubasa celoso y a un Ishizaki protector con su amiga:3
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Recuerden que sus comentarios me inspiran para seguir, así que no duden en dejar su opinión por pequeña que sea.
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PrincesaLirio, Gracias por tu comentario. Kumi en lo personal no me agradaba al principio por su forma tan obstinada de andar detrás de Tsubasa, pero al final, como que le tomas cariño jaja ni ella ni Kanda pudieron con el amor tan fuerte de Tsubasa y Sanae...
Lety, mil gracias por tus palabras, Kumi aceptó que ella no era la dueña del corazón de Tsubasa y Kanda hizo lo propio al ver la determinación de Tsubasa con respecto a Sanae.
¿No son un amor esos dos? Al fin y al cabo, ni Kumi, Kanda, ni el tiempo o la distancia los pudieron separar...
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Gracias por leer, ¡hasta la próxima semana!
ShelenyPrice
