Del futbol y otros amores

Disclaimer:

Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.

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Advertencias:

Puede haber algo de OCC.

Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.

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Capítulo 15

Hasta siempre, Karen

Stefan Levin

El partido se estaba complicando para Japón. El empate 4-4 ante Uruguay solo confirmaba que tan capacitados eran los jugadores del país del sol naciente; sin embargo, estaban en apuros y, en intentos desesperados, lanzaban sus mejores tiros al arco uruguayo.

Lo que podría dar pauta para un contraataque, si no fuera porque en ese preciso momento Tsubasa empezó a marcar a Hino, deteniendo momentáneamente cualquier jugada.

«Fufufu…» rió el sueco, «Tsubasa marcando a Hino, qué divertido», pensó, «pase lo que pase, el próximo gol del partido será probablemente el gol de la victoria…».

Arrogante y engreído.

Así se había mantenido todo ese tiempo, ese era el nuevo él. El Stefan que había quedado después de ese trágico día.

Cuando Tsubasa comenzó a mostrar su destreza, se sorprendió de la audacia del «niño del soccer enviado del cielo», y pensó que sería interesante enfrentarlo. Rompería sus esperanzas y sueños de ganar la copa mundial.

Porque solo así podía jugar ahora al futbol. Porque ese era su estilo.

Con su mirada vacía observó como Japón ganó 6-5, anotando un gol en el último minuto.

Un vacío que tenía dentro de él y que no desaparecería jamás.

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«Karen. ¡Oh, Karen!»

«¡Cómo te extraño! ¡Como me haces falta! Mi Karen, mi amada, mi todo… es difícil para mí, no me recuperaré nunca. Imposible…»


Sus palabras eran tan amargas, como las lágrimas que bajaban por sus mejillas. Era impensable el llegar a olvidarla, no se creía capaz de nada.

Ahora estaba completamente solo.

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54, 55, 56…

«Yo no tengo ningún afecto por el soccer, yo me retiraré después de la victoria en este mundial».

Sus propias palabras llegaron a él en un recuerdo de su entrevista en la Bundesliga.

Era verdad. Porque para él no quedaba nada.

109, 110, 111…

Cumpliría la última voluntad de Karen, y luego dejaría todo atrás. Porque era incapaz de seguir jugando soccer sin pensar en ella.

Ahora era lo equivalente a una máquina, sus sentimientos positivos estaban apagados. Realmente se perdía bastante de la realidad.

390, 391, 392…

Culpable. Él era el responsable de todo.

¿Qué estaba haciendo ahora? ¿De qué le servía tanto esfuerzo?

Soltó un grito desgarrador mientras superaba increíblemente sus límites en el entrenamiento especial que los científicos suecos estaban realizando en él.

Pero no se detuvo, no hasta que escuchó una voz.

—¡Detente, Levin! ¡No traerás de vuelta a Karen con eso!

Ahora se daba cuenta de lo que estaba haciendo.

Por supuesto, lo estaban intentando detener desde hacía unos minutos, pero no había reaccionado hasta que Shellie Marks le recordó la triste realidad. Empezó a jadear de cansancio con ese ligero dolor en su pecho.

—Lo… lo siento, he dicho demasiado, —se disculpó la chica.

—Así que, Levin, ven aquí. Revisaremos tu cuerpo.

Se sentó todavía aturdido y casi no prestó atención a las voces del doctor Mikael, ni sus asistentes.

—Él logró una gran cantidad de ejercicio, pero su fuerza de recuperación es increíble… —dijo el hermano de Shellie —en cuanto a las ondas cerebrales…

—Sin anomalías, —completó el doctor Mikael, —bien, eso es todo, Levin.

Caminaba perdido en sus pensamientos como solía hacerlo después de un duro entrenamiento. No era feliz, ya no tenía motivos para alegrarse.

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Conocía a Karen desde que eran unos niños, ella vivía a un par de casa de la suya. Solían jugar juntos desde pequeños, y compartían grandes momentos juntos.

Ella siempre había sido risueña, noble y de buen corazón. Siempre sacaba lo mejor de él, era como un sol, siempre iluminando todo a su paso.

No fue difícil enamorarse de ella, una vez que fueron adolescentes. Su amor era mutuo.

Katarina Karen era la persona con la que él quería pasar el resto de su vida. Siempre tan bella, siempre tan dulce…

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Por sobre muchas cosas, ella apoyaba a Levin para que realizara su sueño: llegar a ser el mejor del mundo.

Así que, todos los días que él tenía partido, Karen cruzaba medio suburbio para llegar al parque de esa estatua que, según creencias de Estocolmo, concedía los deseos que le pidieras.

Ella siempre iba antes de cada partido a pedir por el bien de Stefan. Y por fortuna para ambos, él siempre ganaba sus partidos, aunque Levin no estaba seguro de atribuirle sus triunfos a una estatua.

Karen hizo eso por los seis largos años que duró su noviazgo.

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Un día, llegó un vocero del club juvenil de futbol de Suecia, y al ver su talento, le ofreció entrar a un proyecto que los más renombrados científicos del país querían llevar a cabo: solo los mejores jugadores de todos los equipos de la nación partirían a diversos clubes en diferentes países, donde aprenderían el estilo de juego de cada uno y lo usarían para conformar una poderosa selección juvenil sueca.

Se trataba del «Viking Project», una ambición muy grande si Levin lograba entrar a algún equipo de la Bundesliga.

Y estaba decidido a lograrlo.

La primera fase para hacerlo era ser el mejor del país, cosa que no le costaba mucho trabajo, pues estaba seguro de que ganaría con su equipo el torneo nacional.

Ya tenía diecisiete años, si lograba fichar para un equipo de Alemania y se iba a vivir para allá, no quería irse solo.

Karen definitivamente debería irse con él.

Los padres de ambos estarían más que felices, pues aprobaban vigorosamente esa relación, lo que le facilitaba las cosas al pensar de qué manera le podría proponer matrimonio a su novia.

Seguramente muchos pensarían que eran demasiado jóvenes, pero entre ellos no había duda alguna de que su amor era para siempre…

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«Pero ya nada de eso podrá ser jamás» pensó con amargura, «ella ya no está más…».

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Hacía más de un año, durante la final del torneo nacional, Karen fue atropellada al no fijarse al cruzar la concurrida avenida.

Se le había hecho tarde mientras pedía el triunfo de Levin a la estatua de la diosa virgen, y al darse cuenta de su retraso al partido, corrió sin notar el auto que venía en su dirección…

Stefan había ganado el partido y se encontraba celebrando sin saber la tragedia que había pasado. Feliz entre los vítores de la gente, un cazatalentos del 1FC Koln le había extendido una invitación para fichar por su club.

Era el mejor día de su vida como jugador. Emocionado quiso buscarla entre la multitud, pero ella no aparecía.

Sus amigos le daban sus felicitaciones, alegando que Karen estaría completamente feliz cuando le propusiera matrimonio y más cuando los dos se fuera a Alemania a vivir juntos, planes que Stefan se había encargado con anterioridad de hacerles saber.

Pero la pena lo abarcó en los siguientes instantes. Lo recordaba como una película:

La ceremonia de clausura.

La celebración hacia los vestidores.

El encargado diciendo que tenía una llamada urgente.

Su corazón oprimido por un sentimiento de pánico.

El largo trayecto hacia el teléfono.

La voz temblorosa de su madre al decirle que Karen estaba en el hospital, en un estado delicado.

El temblor que se apoderó de él al salir de prisa del estadio.

La cara de tristeza de sus padres al recibirlo.

El ajetreo en la sala de espera.

La explicación del médico quien, aseguraba que no podían hacer nada más por ella.

Los largos minutos antes de que los padres de Karen salieran más que destrozados de su cuarto, indicándole ir a despedirse de ella.

La débil mano de ella entre las suyas…

Sus últimas palabras…

Él era el único culpable, estaba convencido.

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«¿Cuándo se acabará este dolor dentro de mí? ¿Cómo podré recuperarme de tu pérdida?»


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En los suburbios de Estocolmo, Suecia, hay un parque con una diosa virgen, se dice que ella puede conceder los deseos de todos.

Mucha gente llegaba a lanzar una moneda y pedir sus más grandes anhelos.

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«¿Por qué esta diosa virgen está aquí? Si no fuera por ella, Karen estaría…»

«Hay mucho tráfico en esta calle, ella no tenía que haber venido a este parque…», dejó el ramo de flores que llevaba frente a la fuente, con los sentimientos a flor de piel, «pero el mayor culpable soy yo…»

«Karen por mi bien… ella solía venir aquí todo el tiempo por mis partidos de futbol, ella deseaba mi protección para no salir herido y por nuestras victorias. Y por cada victoria, Karen estaba tan feliz como yo».

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«—Felicidades, Levin… —decía tan sonriente como siempre, —aquí está tu recompensa por los dos goles de hoy… —Karen le daba un beso en su mejilla izquierda».

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Llevó su mano a esa mejilla al recordar el roce de sus labios.

«Ya no recibiré los besos de Karen ... ni la veré sonreír. Yo juego futbol, pero para mí, el soccer es igual a Karen, y esos dos eran todo lo que importaba».

Tomó el balón que traía pateando entre sus dos manos.

«A pesar de esto, ahora con sólo fútbol, se siente como si sólo tuviera un ala».

Su otra ala -Karen-, no estaba más.

Así golpeando la estatua con el balón, nació su nuevo tiro, uno directamente salido de la furia de su interior.

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Practicó ese tiro hasta mejorarlo. Y aun en contra de los hermanos Marks lo perfeccionó.

«Un tiro cuya rotación causará grandes daños al oponente tal como una bala de pistola».

Ese es el tipo de tiro que quería.

«Para ser capaz de realizar este tipo de tiro, y así no perder ante nadie, fortalecí mi cuerpo con esas máquinas».

«Antes de ir a Alemania, yo quise destruir la estatua de esa diosa, quien tomó la vida de Karen no importando qué. Y haría lo mismo con cualquiera que se quisiera interponer entre mí y el sueño de Karen».

Y así llegó a ser conocido como «el dios de la destrucción del campo».

Con su nuevo tiro, el «Levin shoot», destruyó la estatua que era tan culpable como él.

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Ya estaba en el autobús directo al estadio donde jugarían contra el equipo nipón. Los recuerdos lo carcomían.

Tenía su cabeza envueltas en varias vendas. Sus familiares ya se habían despedido de ella. La madre de Karen, con lágrimas en los ojos le dijo que pasara a verla, sabía lo importante que era para ellos decirse adiós.

Stefan… tu sueño… hazlo… llega a ser el mejor jugador de soccer del mundo…

Karen mencionó sus últimas palabras y luego cerró sus ojos para siempre.

Karen… —le dijo Levin.

Al cerrar Karen sus ojos, Levin se destrozó por dentro.

¡KAREN!

Gritó todo lo que sus pulmones le dejaron. Estuvo gritando por mucho tiempo tendido en la cama de ella.

Jamás la vería de nuevo.

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«Mi vida debo continuar, mis sueños debo lograr, por tu recuerdo debo luchar».


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Estaban en los vestidores, el entrenador explicaba quiénes eran los jugadores principales con quienes debían de tener cuidado.

Levin casi no prestaba atención.

Hasta que alguien entró a los vestidores diciendo que tenía nueva información: un tal Matsuyama, el pivote japonés no jugaría en el encuentro.

—¿Está herido? —preguntó el entrenador.

—No, de ningún modo, —dijo casi con alivio el investigador sueco, —ayer su prometida estuvo involucrada en un accidente de tráfico.

Eso lo impactó.

El entrenador estuvo feliz por esa noticia. Levin por su parte no podía dejar de pensar en esas palabras: «su prometida, en un accidente de tráfico…»

—Levin… —escuchó a sus espaldas y sintió muchas miradas sobre él.

Pero no reaccionó al instante.

Después de cambiarse, seguía perdido en el caos de su mente.

—Su prometida, en un accidente de tráfico… —se dijo a su mismo mientras sentado trataba de meditarlo, —el partido de hoy muestra signos de algo del destino…

—Levin… —interrumpió Brolin, —vamos, es hora; incluso en los viejos tiempos, no eras el tipo de hombre que vuelve en sus palabras.

—Significando eso que realmente vas a retirarte, este torneo será el último —prosiguió Fredericks.

—Por lo tanto, juntos lo lograremos, —añadió Larsson, —y también por el amor de Karen, nuestra ídolo…

—¡Nosotros llegaremos a ser los mejores del mundo! —dijeron los tres a una sola voz.

—Sí, —repuso Levin con una leve sonrisa que no llegó a sus ojos—. Bien, vamos. Nuestro soccer llegará a ser el mejor en el mundo de seguro.

Y así fueron al partido.

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Levin se jactó al encontrarse a Wakabayashi, en el partido del 1FC Koln contra el Hamburgo en la Bundesliga, empeoró las heridas que el holandés Cruyfford le había causado en su mano derecha, y él mismo rompió su izquierda.

«Fufufu», rió por lo bajo, «romperé tus manos de nuevo…».

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Pero en ese partido se dio cuenta de que sería difícil jugar si se distraía pensando en la novia atropellada de Matsuyama

Así perdió por primera vez el balón ante Akai por una mera distracción.

Y éste le siguió dando problemas el resto del partido.

«Este hombre debe dejar de marcarme. De ninguna manera puede seguir así», pensó con furia.

Ahora le enseñaría su estilo de juego.

—No más vacilación, para mí aquí está la verdad…

Dicho y hecho empezó a correr hacia la meta contraria con el balón. Realizó la «Chokkaku feint» de Shingo Aoi ante Hyuga, y luego su «Aurora feint» ante Akai Tomeya.

Al entrar en la Levin Zone -como era conocida-, realizó su Levin shoot, y para su sorpresa, el portero japonés tuvo una buena respuesta al tiro.

Entre Akai y Wakabayashi lo estaban deteniendo.

Lleno de ira en contra de esos dos, al final del medio tiempo, marcó con ayuda de su tiro especial, sus nombres del tablero de los jugadores japoneses.

«Tomen esto. Toda la vacilación para la victoria de Suecia, el dios de la destrucción del campo, va a destruirla».

La furia seguía en él, porque estaba vacío.

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El segundo tiempo empezó con una buena estrategia de Suecia, pero antes de que pudiera completar su tiro, Tsubasa lo interceptó.

Lo intentó nuevamente, ahora fue Akai. Una vez. Dos veces. Escuchó la voz asustada de Shellie, diciéndole que se detuviera, pero él estaba enojado por la persistencia de Akai. Lo intentaría otra vez.

¡Para esto, Levin! Incluso si tienes éxito con este método, ¡Karen no estaría feliz por ello!

Nuevamente esa voz chillona.

«cállate», pensó, «debo ganar para cumplir mi promesa a Karen. El mejor del mundo… yo usaré cualquier medio para lograrlo. Incluso si yo mato a algún oponente con este tiro».

Estaba cegado.

Y disparó por tercera vez. Akai nuevamente se interpuso y desconcertó a Levin quien muy a su pesar, pensó que no se levantaría nuevamente.

El capitán japonés se repuso y se levantó con fiereza a retarlo, haciendo amago de realizar el tiro de Levin, (él mismo supo que Tsubasa podría realizarlo); pero al final Ozora no lo hizo, sino que se decidió a avanzar con el balón.

—¡Yo no usaré tu Levin shoot! Porque el balón es mi amigo, ¡nunca lo usaré como un arma para dañar a otros!

Eso lo descolocó.

Tsubasa avanzó, pero Stefan no se movió. Junto con el prodigio japonés el resto de los jugadores se fueron, el portero por su parte se acercó a atender a su compañero. En ese instante se soltó el medallón con la foto de Karen que llevaba colgado en su cuello y se abrió en el suelo.

«Karen, yo… el balón es un amigo…».

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Él practicaba de lo más feliz, cuando escuchó la voz de ella.

Ah~… Yo estoy celosa…

¿Eh?

Levin, tú eres muy feliz con tu balón de futbol, que parece como si fuera tu novia…

Hahaha… —rió —mi única novia está aquí adentro —dijo mientras le enseñaba su medallón.

Ah, Stefan…

El balón no es mi novia, pero si un amigo, mi amigo desde que era pequeño.

Ya veo, el balón es tu amigo… —dijo mientras lo miraba entre sus manos, —entonces te voy a dejar solo con Stefan señor balón… —hizo ademán de hablarle directamente al amigo de su novio.

Stefan rió e intentó acercarse.

Ah, no te acerques, Levin, —hizo ademan de detenerlo, —mira, abajo hay unas hormigas paradas cerca de tu pie.

Karen, eres ese tipo de persona —dijo mientras sonreía y saltando a las hormigas se acercó a besarla.

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¿Qué estaba haciendo?

Había suprimido demasiados recuerdos de ella, y solo en ese momento pudo recordar exactamente ese acontecimiento, tras las palabras de Tsubasa.

«Karen tenía un corazón tan amable que era el tipo de mujer quien era incapaz de matar a un insecto, en comparación, ahora mismo, yo estaba listo para…»

Miró a Akai y Wakabayashi.

«Pensé que ansiosamente estaba intentando por el bien de Karen, pero estaba equivocado acerca de mi soccer… yendo tan lejos como lesionar a alguien para ganar, convirtiéndome en el mejor del mundo con este tipo de soccer…»

Cayó de rodillas ante la dura realidad, lamentándose.

«Karen no se sentiría feliz acerca de esto, ella estaría triste de seguro».

Se sostuvo con los brazos hacia el frente, estaba acabado.

—¡¿Cuál es el problema, Levin?! ¡Levántate! ¡No te rindas aún! —Esa voz era de…

—Shellie…

—¡Todos creen en ti Levin, ellos todavía están peleando desesperadamente, soportando todo el feroz ataque de Japón! —Ella lloraba.

Observó como todos frente a su arco defendían arduamente.

«Cierto», recordó, «después de la muerte de Karen, fui capaz de seguir jugando porque cada uno creyó en mí».

Levin lo entendió. Recogió du cadena con la foto de Karen y se la lanzó a Shellie mientras se ponía de pie.

—¡Shellie, por favor toma cuidado de ese colgante!

«Yo debo pelear por el sueño de Karen, por el sueño de todos, yo pelearé con mi soccer hasta el final…»

En ese momento observó como los chicos se las arreglaron para defender y le pasaban el balón. Estaba solo, los únicos que se interponían entre él y la portería eran Wakabayashi y Akai.

Hubo una gran conmoción en el estadio.

El SGGK rápidamente se ponía de pie e intentaba volver al arco.

Akai empezó a arrastrarse para seguir defendiendo.

Pero ahora Stefan lo tenía claro. Golpeó el balón y este salió del campo.

«Todos pelearon desesperadamente con mucho trabajo para mandarme el balón, sin embargo, no puedo…»

Se acercó al que estaba en el suelo.

—Lo siento, —le dijo, —¿Estás bien?

—Sí…

Ayudó a Akai a levantarse y posteriormente se acercó a darle el balón a Tsubasa.

«El balón de futbol es un amigo, gracias Ozora Tsubasa por hacerme recordar lo que había olvidado, pero la verdadera pelea comienza ahora…»

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«Reconozco que he estado equivocado todo este tiempo, ¿podrías perdonarme? No entiendo como pude olvidarme de tus convicciones y enseñanzas… tu nobleza y amor por los seres vivos…»


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El tiempo extra estaba por comenzar y llegó Matsuyama.

Luchaba con fiereza y decisión, entonces Levin lo supo al instante.

—Ya veo, entonces su novia debe de estar fuera de peligro, me alegro.

El ataque final del tiempo extra de Japón fue liderado por Tsubasa, estaban dominando, por lo cual Levin pensó en ir a ayudar a la defensa.

—No lo lograrás a tiempo, —dijo Wakabayashi, —lo siento, pero vamos a ganar, —continuó cuando Stefan lo miró, —mientras no haya nadie que me pase, Japón no puede perder.

Tsubasa anotó, acabó el encuentro. Habían perdido.

—Japón era fuerte… —se dijo a sí mismo, —¡pero nosotros tendremos nuestra revancha en la copa del mundo, chicos! —les dijo animado a los demás.

Porque lo había decidido.

—Le-Levin —dijo Larsson como si no pudiera dar crédito a sus palabras.

—Entonces, tu retiro… —comenzó Fredericks.

—Estoy retirando mi declaración de retiro, —afirmó.

«Conocí a Ozora Tsubasa y gracias a él confirmé que el soccer es maravilloso», pensó.

—Me mantendré jugando soccer toda mi vida, —les dijo a todos, —tuve que aprender durante este partido que Karen estaría contenta de verme jugar el futbol porque me gusta y no solo por el bien de ganar…

Y sabía que así era.

Lo que se había negado a ver, lo que había descartado.

—Levin —dijo Wakabayashi acercándose, —tendré mi revancha por la mano izquierda que me rompiste en la Bundesliga —su voz denotaba seguridad.

—Wakabayashi… a Akai… dile que lo siento por sus heridas… dile a Matsuyama que me alegra que su novia esté bien… y a Ozora Tsubasa… dile que no dejaré el futbol, el balón será mi mejor amigo por siempre y esto… estoy agradecido de que él me haya hecho recordarlo.

—Sí, lo haré, —sonrió el portero rival.

—Ganen en lugar de nosotros…

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«De ahora en adelante haré las cosas bien, como hubieras querido, y como yo solía ser; no me puedo seguir aferrando a ti… pero seguiré viviendo contigo como un hermoso recuerdo…».


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Katarina Karen estaría más que feliz de verlo salir de ese momento de oscuridad.

Su vida juntos no podría ser jamás, pero él viviría su vida de manera que ella se sintiera orgullosa de él.

Y algún día, cuando su corazón sanara lo suficiente, podría dedicarse a otros temas de la vida.

Pero por ahora, Stefan Levin dedicaría toda su vida a cumplir su sueño junto con su amigo el balón.


«…porque este no es un adiós, amada mía, esto es un hasta siempre, Karen».

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Fin (?)

Mil gracias por su paciencia en estas semanas de espera. Como gratitud traigo este oneshot de Stefan Levin, creo que es la historia de amor más triste que he leído en un manga de futbol :'c

También, mil disculpas por cualquier falta ortográfica y/o de redacción, etc, etc...

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Recuerden que sus comentarios me inspiran para seguir, así que no duden en dejar su opinión por pequeña que sea.

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PrincesaLirio, y Lety, agradezco muchísimo sus comentarios. Las palabras que me dan, me ayudan a inspirarme más, espero les guste el capítulo.

Mientras Matsuyama estaba preocupado por Yoshiko en el hospital, en el campo, había alguien que también lo estaba y, quien después de ese partido, pudo comprender lo que hacía mal... y cambiar por amor a la mujer de su vida y a él mismo.

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¡Gracias por leer!

Como se darán cuenta, ando muy desaparecida por diversas cuestiones de la vida, así que no prometo día, pero actualizaré pronto.

Además, es mi deber informar que este fic está por concluir, en un par de actualizaciones más, lo daré por terminado.

Por eso, tienen mi sincera gratitud todos los que siguen y leen esta historia.

¡Hasta la próxima!

ShelenyPrice