Del futbol y otros amores
Disclaimer:
Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.
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Advertencias:
Puede haber algo de OCC.
Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.
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Capítulo 18
Nunca fue más obvio
Wakabayashi Genzo
Todos estaban en completo silencio. Solo fueron un par de segundos, pero le parecieron eternos.
Incluso él no lo vio venir, mentiría si dijera lo contrario.
Pero no era del todo cierto.
Una sonrisa surcó su rostro, para pasar de manera rápida a una risa sarcástica y posteriormente, a una gran carcajada que inundó la silenciosa sala.
Se rió con tal fuerza que todos los presentes lo miraron raro.
Y eso sirvió para hacerlos reaccionar de alguna manera.
Tsubasa y Sanae se casaban.
Aunque la noticia lo tomó por sorpresa, no era algo que no se esperara, pues para él, siempre fue muy obvio.
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Si ahora se pusiera a rememorar sobre esa pareja, se le vendrían a la mente muchos recuerdos diferentes; la mayoría, relacionados con el futbol, por supuesto.
Pero eso tampoco era una sorpresa, pues fue precisamente ese deporte el que los unió.
Primero Ozora Tsubasa, su eterno rival y mejor amigo. Su meta a seguir y su capitán.
El primer encuentro con el prodigio, (que, por cierto, estuvo lejos de ser amigable), sembró las bases para todo su presente.
Saber que ese pequeño niño fue el que le mandó el balón desde la colina, fue todo un impacto que, después de su reto donde encajó un gol, quedó como una obsesión. Una obsesión por demostrar quién era el mejor, el número uno.
Por supuesto, no fue nada encantador lo que ocurrió; después de ese partido inicial y de conocer por primera vez la derrota, aceptó que ese pequeño niño era un prodigio, su primer y gran rival y, por supuesto, un gran amigo.
Aquel con el que algún día llevaría a la selección japonesa a ser la número uno del mundo futbolístico, con quien podría ayudar a elevar el nivel del futbol nipón.
Por otro lado, hablar de Nakazawa Sanae era diferente.
Anego (que fue el apodo por el que siempre la conoció), era la jefe de los animadores del Nankatsu.
La conocía desde antes, pues la había visto alguna vez por el vecindario, desde muy pequeños habían coincidido en muchos lugares de la ciudad, prácticamente ninguna de esas veces se habían dirigido la palabra, pero la podía distinguir bien de entre el montón…
Tampoco es que ella le hubiera importado mucho, después de todo, Genzo en ese tiempo era sólo un chico engreído, y no tenía tiempo para pensar en los demás.
Cuando supo que ella era la jefe de animadores del Nankatsu en la escuela elemental, no le sorprendió, pues prácticamente ella siempre andaba demasiado energética para su gusto… ruidosa, molesta, pleitista… sí, tenía todas las cualidades para dirigir un grupo de «porristas» de ese tipo de escuela… ese era su pensar…
Claro que después de que Wakabayashi se diera cuenta de qué tan engreído había sido, empezara a tolerar un poco a los demás, y creyera que después de todo, los del Nankatsu podían hacer un buen trabajo, también cambió su pensar sobre esa chica… aunque sea un poco…
Se hicieron amigos, y fue cuando se formó una sola selección para que los chicos de la ciudad participaran en el Yomiuri Land, y ahí poco a poco pudo conocerlos mejor, a ambos.
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Se encontraba leyendo el periódico y sus revistas como todas las mañanas.
Se podría decir que Wakabayashi tenía una vida personal tranquila, por lo que esos pequeños momentos después de ir a correr, mientras desayunaba, los ocupaba para relajarse antes de ir a entrenar.
Pero ese día se tornó algo agitado cuando vio la noticia.
«Ozora Tsubasa, el prodigio japonés, ganador del World Youth, enviado a jugar en el equipo B de Barcelona».
Bien, debía de ser un error. Leyó la noticia casi sin parpadear.
Para este momento sus compañeros seleccionados ya sabrían la noticia y seguramente estarían igual de indignados que él.
¿Por qué le harían eso al niño prodigio? Bueno… probablemente la respuesta estaba frente a ellos: Rivaul ya ocupaba la posición a la que Tsubasa aspiraba.
Suspiró pesadamente; tal vez hubiese sido mejor que en lugar de irse a España, se hubiera unido al Hamburgo con él y se ahorraba bastantes problemas… aunque no mentía al decir que ansiaba que algún día se cumpliera el sueño de Anego…
Intentó llamarle a su celular, pero no contestaba. Intentó lo mismo con el número de su casa, pero estaba ocupado.
¿Cuánto podía tardar hablando?
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Estaba ya de camino al campo de Hamburgo, cuando decidió llamarle nuevamente.
—¿Hola? —Era la voz de Sanae.
—¡Hey Anego! ¿Qué tal? ¿Está Tsubasa?
—¡Pero qu…! ¿Wakabayashi? ¡Te he dicho mil veces que ya nadie me llama así! —La sorpresa de la chica pasó a indignación en un solo segundo, lo cual le pareció gracioso a Genzo.
—Vale, lo tengo —dijo despreocupado —¿Está Tsubasa ahí? Le he estado llamando a su celular y no responde, y este número sonaba a ocupado…
—Ah, lo que pasa es que han estado llamando desde temprano los chicos para hablar con él, acaba de colgar Hyuga, de hecho…
—¿Es así? —Era de esperarse ya que todos estaban igual de preocupados por su capitán.
—Sí, él acaba de salir a correr sólo unos segundos antes de que llamaras…
El portero suspiró levemente.
—¿Cómo está…?
—Tsubasa es fuerte, Wakabayashi, lo conoces, algo como esto no lo detendrá… —la convicción de la señora Ozora le sacó una sonrisa.
—Es cierto, estoy seguro de que saldrá de ésta y de todas maneras no está solo, tiene el apoyo de todos nosotros…
—Lo sé, él también lo sabe y se los agradecemos. No se preocupen, ¡mi marido no es débil!
Era tan obvio. Por eso es que siempre había creído que esos dos eran tal para cual.
—¡Ah! Eso también lo sabemos. Dile por favor que lo llamé, me comunicaré después, estoy más tranquilo de saber que está en buenas manos…
—Claro yo le digo, hasta luego…
—Sí, adiós Anego… —agregó a propósito.
—¡Hey…!
Fuere cual fuere el reclamo no lo escuchó, pero sí le sacó una carcajada mientras se adentraba en las instalaciones de su equipo.
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Para nadie tan observador como él, pasó desapercibido el agradecimiento que Tsubasa le dio a Sanae en el partido amistoso de Nankatsu-Shutetsu y mucho menos dejó pasar las lágrimas de felicidad de la chica…
Ahí si no había algo, pronto lo habría, sí señor.
Sin embargo, después de ese torneo, tuvo poco tiempo para estar con ellos pues, aunque Tsubasa no se fue a Brasil como se suponía, sembró el deseo en él de ser el mejor portero no solo de Nankatsu o de Japón sino de todo el mundo.
Y con ese pensamiento, se fue con Mikami a la más mínima oportunidad, y vivió todos estos años en Alemania.
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Caminaban hacia el campo del equipo, para un entrenamiento más.
—La Bundesliga justo acaba de iniciar, pero si el Bayern no nos detiene, ¡seguiremos con nuestro ímpetu! ¡Entonces este partido se los vamos a demostrar, Gen! —Aseguró Kaltz.
—¡Está bien! —Secundó Genzo.
Pronto lo enfrentarían, tenían que darlo todo para ganarle a Schneider.
Después de todo, para ese partido se había estado preparando antes del inicio de la temporada. «Este es el más importante…».
Pero hoy también era el primer partido de Tsubasa en Europa.
—Tengo que darle mi apoyo… —dijo de repente, dejando a Kaltz un poco perdido.
Marcó a su móvil y esta vez tardó poco en tomar la llamada.
—¡Hola! ¿Tsubasa?
—¡Sí! ¡Wakabayashi!
—¿Cómo estás? Hoy es tu primer partido desde que llegaste a Europa, ¿cierto?
—Sí, todo va bien, estoy por dejar la casa para ir allí.
La voz del niño prodigio no cambió de tono, así que eso lo podía tomar como buena señal.
—Ya veo… en cualquier caso, ¡tienes que dar lo mejor! El entrenador te ha pedido diez goles y diez asistencias esta temporada. ¡Esfuérzate y demuestra lo que vales en el terreno de juego!
—Sí… ¡esa fue mi intención desde el principio!
La convicción en sus palabras, lo dejó levemente aturdido.
¡Ese cretino!
¡Incluso estaba más emocionado y animado que él mismo!
—Como sea…gracias por tu llamada Wakabayashi.
—Buena suerte, adiós Tsubasa.
Las palabras de su capitán todavía resonaban. Tsubasa no tenía en mente ganar el partido, su meta eran los diez goles y las diez asistencias…
—…ese Tsubasa…
—¿Qué es lo que pasa, Gen? —Preguntó Kaltz que había estado pendiente de los gestos del portero.
—No, nada, es sólo que… el partido de Tsubasa de hoy va a ser un encuentro formidable. Si no tuviera el encuentro de mañana volaría allí sin duda para verlo por mí mismo… —definitivamente sería un partido impactante.
Miró el cielo y por un momento se permitió perderse en los recuerdos de sus amigos japoneses.
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Cuando volvieron a verse, estaban en el torneo mundial juvenil de Francia, y por órdenes de Mikami se había comportado como todo un idiota engreído con todos los seleccionados con el fin de que mejoraran su juego; les había mostrado el lado duro del futbol internacional.
Por supuesto, a Tsubasa le había revelado sus planes para que juntos hicieran mejor al equipo…
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Por medio de Ishizaki se había enterado que Sanae ya no era la misma chica engreída y mandona que recordaba.
Según lo que el chico simio le había reclamado a Misaki, ella ya no era la «Anego» que recordaban, sino que ahora era una chica muy femenina y «hacia buena pareja con Tsubasa».
¿Anego femenina? Eso tenía que verlo.
No lo imaginaba y tampoco lo podía creer…
Cuando el niño prodigio se apenó e hizo señal a Ishizaki para que no exagerara, Genzo se dio cuenta que por lo menos la última parte de la historia era verdad.
Esos dos se traían algo.
¡Lo sabía! ¿Acaso no era muy obvio?
Su predicción desde pequeño se cumplió, esos dos eran tal para cual… ahora solo faltaba ver qué tan cierto era que ella había cambiado.
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—Tsubasa, me pregunto cuántos goles habrás marcado ya…
Había terminado su entrenamiento, pero la curiosidad no lo abandonó, no después de escuchar la determinación en su voz.
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Regresó a casa después de ducharse sólo para ver el resultado del partido.
¡Ese imbécil…!
No lo dejaría pasar, tenía que llamarlo.
—¿Sí?
—¡Hey Tsubasa! Pensé que tu juego podría haber terminado… —comentó de manera casual, mientras entrenaba su mano izquierda—. Entonces, ¿cómo fue?
—Sí… no marcha bien…
La voz decaída del prodigio le dio un mini infarto.
—¿Eh? ¿No fue…? ¡Bastardo! Seis goles y cuatro asistencias ¿y dices que no marcha bien? ¿Te ríes de mí?
Colmo enorme. Ese chico realmente era un imbécil. ¿Creía que no vio el marcador?
Escuchó la risa de Tsubasa por el otro lado de la línea.
—Lo siento por eso… ahora te toca a ti Wakabayashi.
—Sí, después de tu fantástico debut me toca a mí derrotar al campeón…tú cumple tu contrato de este año y sube al primer equipo…
—¡Sí!
—Y la próxima vez que nos encontremos… será en el mejor campeonato europeo, la champions league…
Se enfrentarían. Era un hecho, y no podía esperar por jugar contra él.
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Al final, Tsubasa había logrado su objetivo: terminando el torneo mundial juvenil se fue a Brasil a volverse un jugador profesional.
Se separó de Sanae, pero realmente no hubo problema pues su amor era fuerte, aguantarían eso y más.
Lo sabía porque era más que obvio.
Alguien intuitivo como él casi nunca se equivocaba.
Las siguientes veces no pensó tanto en ello.
Bien era cierto que siempre vacilaban a Tsubasa, todos los miembros del equipo, ¿y por qué negarlo? Incluso él era partícipe, pues le parecía gracioso el incomodar tanto a Tsubasa como a Sanae.
Como aquella ocasión cuando tanto Tsubasa y él se quedaron en Nankatsu terminando la eliminatoria asiática.
—Tsubasa, ¿retornarás a Brasil? —Cuestionó algo indecisa Anego.
—No, descansaré un poco en Japón.
—¿De verdad? —Para nadie pasó desapercibida el momento en que se le iluminó el rostro.
—¿En verdad, Tsubasa? —Preguntó Izawa.
—¿Entonces podrás volver con nosotros a Shizuoka? ¿Vuelves a Nankatsu? —Secundó Ishizaki.
—Sí.
—¡Qué bien, Sanae! —Brincó de alegría Nishimoto a su amiga.
Genzo observaba la escena sin poder creerlo del todo.
—¿…y tú Wakabayashi? —Le cuestionó Kisugi.
—Por mis muñecas lesionadas no puedo volver a Alemania, descansaré en Nankatsu…
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En esas contadas ocasiones lo vio por sus propios ojos.
Sanae había cambiado.
Y realmente esos dos chicos estaban perdidamente enamorados.
Le asombraba la madurez que mostraban y la cercanía que tenían después de estar tanto tiempo separados.
Dudaba que él mismo pudiera ser tan fuerte como ellos si encontrara al amor de su vida y tuvieran que separarse mucho tiempo… claro que en estos momentos no pensaba mucho en esas cosas…
No le molestaba unirse al relajo de todos, molestando a la pareja.
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Vaya sorpresa que todos se habían llevado en el festejo de la victoria de la copa mundial juvenil, frente a Brasil…
Todos habían quedado en shock, pero para él nunca fue más obvio.
Bastaba en observar sus miradas y gestos, ¡incluso podía jurar que esos dos se leían sus pensamientos! No podía ser más obvio después de observarlos detenidamente.
Tsubasa y Sanae eran el uno para el otro.
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Cuando revisaba su correspondencia, observó un sobre peculiar y no tardó en saber que era la invitación a su boda.
Mientras lo leía marcó el número de la familia Ozora, en Japón.
—¿Diga? —Esa voz era demasiado joven para ser de Ozora Natsuko.
—¿Anego? No te oyes para nada como la madre de Tsubasa…
—¿Wakabayashi? ¿Eres tú?
—¿Cómo lo supiste?
—Eres el único que me sigue diciendo Anego, ¡ya te dije que me llames por mi nombre!
—Disculpe usted, futura señora Ozora—. Comentó con burla —¿podría hablar con Tsubasa?
—S-sí… ahora le hablo —respondió con más calma.
Genzo rió. Ella era todo un caso. Esperó unos instantes.
—Acabo de llamarlo, ya viene…
—He recibido ya la invitación —comentó mientras esperaba a su capitán.
—¿Es así? Pensé que tardarían más en llegar a Alemania… ¡aparta la fecha con tiempo! No te perdonaremos si faltas.
—Por supuesto que no faltaría, es su boda después de todo…
—Oh, aquí está Tsubasa, te lo paso… hasta luego Wakabayashi.
—Claro, hasta pronto, Anego…
La risa de Tsubasa llegó por el otro lado de la línea.
—¿Qué tal, Wakabayashi? Dice Sanae que no le llames así, se acaba de ir refunfuñando…
Genzo se permitió reír con él.
—¡Hey, Tsubasa! Ha llegado la invitación, Anego ya me amenazó con no faltar, así que espérenme que allí estaré ese día.
—Es un día importante después de todo, así que agradeceremos tu presencia…
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Y así la boda llegó muy pronto.
Aunque muchos pensaron que ellos eran demasiado jóvenes, nadie tenía una objeción real para verlos casados.
En ese festejo, por cierto, salió la dichosa tabla de apuestas, en la que él mismo se encargó de apostar todo por Ishizaki, realmente esperaba que ese mono no le fallara o perdería demasiado…
Tal vez confiaba en que los otros chicos de la selección eran más centrados en su vida profesional… o eso quería creer.
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Porque, por cierto, aunque también en alguna de las muchas ocasiones que se encontraron con todos, llegó a sospechar que entre Ishizaki y esa chica Nishimoto había algo, no lo pudo comprobar hasta esa final contra Brasil.
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Le estaban vendando sus manos. Ishizaki se encontraba inconsciente del otro lado de la cortina.
Poco después que trajeron al dueño del Ganmen Block, Yukari entró corriendo para acompañarlo.
Él estaba perdido en sus pensamientos cuando escuchó a Nishimoto hablarle a Ryo.
Parecía que estaba consciente al fin… pero antes de que reaccionara por completo, escuchó cómo ese chico flirteaba cínicamente con ella.
—…sabiendo eso… ¿saldrías conmigo?
—Ishizaki… yo… yo siempre soñé servir en los baños públicos.
Ante su respuesta, ambos rieron.
Wakabayashi se acercó a ellos «tosiendo», y llamando su atención.
—No están solos en esta enfermería… y además flirtean mientras se vive un día crucial para el título del campeón del mundo juvenil…
Aunque sonó a reclamo, realmente estuvo impresionado. Ishizaki tenía agallas. Y se había declarado de una manera romántica y hasta cursi…
Si se lo proponía, incluso podrían ser los siguientes en casarse; ahora el «abnegado» era poco predecible a sus ojos.
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Como sea, no les daría el gusto a aquellos que apostaron que él sería el próximo en contraer nupcias, argumentando que debía de ser todo un casanova en Alemania. Por el momento se consideraba un alma libre, y esperaba que así fuera por más tiempo… ¡se aseguraría de no caer pronto en las garras del amor!
Y hablando de caer, todavía tenía que analizar una cierta relación que había notado ese día: Misaki Taro no llegó solo a esa boda… y por solo no se refería a su padre, sino a aquella chica de Francia.
Aunque Misaki lo negara algo estaba cultivándose entre ellos, y no tardaría en crecer.
Porque casi nunca se equivocaba con esas cosas.
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Todo siguió su curso, y después de la luna de miel de esos dos, Tsubasa decidió ir a jugar a Europa, así que viajaron por distintas ciudades, no sin antes, visitarlo a su llegada al continente.
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Estaba entrenando. Pues hoy arribarían a Hamburgo, mentiría si dijera que no estaba emocionado por el encuentro.
Sin distraerse por eso, se lanzó en dirección del balón.
Era un tiro de media distancia, potente, pero no lo dejaría pasar.
—¡Buena parada, Wakabayashi! —Le felicitaron en japonés.
Miró a los recién llegados.
—Así que ya están aquí, Tsubasa, Anego… —se levantó y fue en su dirección, haciéndoles una señal a su equipo para ir a descansar.
—Wakabayashi, que ya no me llaman así… —se quejó nuevamente Sanae.
Las risas tanto de Tsubasa como de él mismo llenaron el campo.
—Perdón, perdón… —intentó disculparse aún con una sonrisa en su rostro.
Platicaron un rato sobre el arribo de ellos a la ciudad y de un curioso sueño que tuvo Sanae en el avión, sobre un enfrentamiento entre ambos jugadores en el campo.
También hablaron sobre las instalaciones y el futbol europeo, comparándolo con el japonés.
—A propósito, Tsubasa, ¿ya has elegido para dónde fichar?
—Todavía no.
—Hombre, si ficharas por mi equipo me serías de gran ayuda. Pero entonces no se cumpliría lo que Anego ha soñado: nuestro duelo en las champions league…
—¡Pero bueno! ¡Que no me llames Anego! —Refunfuñó Sanae para risa de todos.
Al final del día, tuvieron que despedirse, pues la pareja viajaría por muchas ciudades europeas en busca del nuevo equipo de Tsubasa.
—Les deseo suerte y nuevamente felicitaciones por su matrimonio, Tsubasa y Anego…
Casi pudo ver una vena sobresalir de la frente de la nueva señora Ozora.
—Ha, ha… vamos Wakabayashi, tienes que intentarlo por lo menos… —intercedió Tsubasa por su esposa.
El niño prodigio defendiendo a la exmánager.
Suspiró con melancolía. Si todas las historias que escuchó de los chicos eran verdad, este tipo llevaba defendiéndola desde hacía bastante tiempo, porque era natural para ellos.
Porque ambos estaban destinados el uno para el otro. Sanae y Tsubasa, sus amigos de la infancia, a los que dejó de ver desde hacía mucho tiempo.
—Lamento incomodarte, señora Ozora, pero traten de entenderme: así los conocí desde niños y por mucho tiempo no nos vimos. Los recuerdos de mi infancia se remontan a Nankatsu, mi familia, mi equipo, mis amigos… y allí están ustedes, Tsubasa y Anego… siempre guardarán un lugar en mi memoria. Anego, te llamo con respeto y con nostalgia, así como a Tsubasa…
—Wakabayashi… —susurró Sanae algo conmovida.
—Jamás había pensado en esto… —reflexionó Tsubasa.
—Probablemente nunca lo vuelvas a escuchar —se burló Genzo —trataré de llamarte por tu nombre, pero no prometo nada —rió.
—Supongo que solamente tengo que corregirte hasta que te acuerdes —retó la chica—. Hasta pronto.
—Veremos quien cede primero —sonrió Tsubasa divertido—. Hasta la próxima, Wakabayashi. Gracias por tus deseos. Suerte en la temporada.
—Nos veremos, ambos… —los despidió.
Tan obvio…
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El sonido del teléfono lo sacó de sus pensamientos.
—¿Tsubasa? ¿Qué tal el partido?
—Hola, Wakabayashi. Hemos ganado, Natureza es un rival formidable, pero logramos vencerlo.
—Debes de estar feliz de haber jugado con Rivaul. Después de todo, fue tu primer partido en primera división…
—Fue divertido… Sanae dice que es el primer paso para cumplir nuestro sueño…
Wakabayashi Genzo sonrió con nostalgia.
Tsubasa y Sanae eran su familia.
Los apreciaba, y no solo a ellos, sino a todos sus amigos de Japón.
Añoraba los momentos en los que todos juntos convivían y dejaban las rivalidades para ser un solo equipo.
Aún el engreído de Hyuga y el insoportable de Wakashimazu… todo el seleccionado juvenil era una gran familia.
Porque tenían el mismo sueño, el mismo objetivo, y algún día, entre todos llevarían a Japón a ganar la copa mundial.
Algún día serían los campeones.
Juntos, como la familia que eran y siempre seguirían siendo.
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Capítulo dedicado especialmente a Lety Jiménez:3
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Y sí, he vuelto nuevamente.
Sí, sé que han sido cinco meses, casi el mismo tiempo que tardé en actualizar la última vez, pero en mi justificación han sido unos meses fatales en mi vida profesional y también en la personal, necesitaba un respiro obligatorio y, aunque intenté sentarme a escribir, simplemente la inspiración no llegó a mí…
Hasta hace un par de días…
Este capítulo es el más largo que he escrito de esta historia, pero no podía ser para menos, ya que el SGGK es mi personaje favorito de todo CT y, a pesar de que el capítulo no se centra en él, creo que el super portero necesitaba una mención honorífica. ¡Espero les guste!
Pero ésto no es todo:
Celebrando que precisamente hoy cumplimos dos años con este fic… *redoble de tambores*
¡He venido con actualización doble!
Así que, sin alargarme más, les dejo para que lean el siguiente capítulo.
¡Saludos!
ShelenyPrice
