Del futbol y otros amores

Disclaimer:

Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.

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Advertencias:

Puede haber algo de OCC.

Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.

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Capítulo 20

Ir contigo, siempre

Ozora Sanae

Nadie había mostrado su interés por ella. O por lo menos así lo veía.

Pero no es tampoco que le importara sobremanera.

Solo que ahora se sentía muy desconcertada. Parecía casi irreal. Aunque por supuesto no tenía ojos para nadie más, ese era un secreto a voces dentro del equipo y en su salón de clases, pero poco le importaba.

Tal vez porque nunca nadie se le había confesado antes, no comprendía la insistencia de Kanda.

La vez que lo conoció fue porque accidentalmente chocó con él en el pasillo, cuando salían ella y Yukari del salón de clases. Aquella vez no habían cruzado palabras, mas que una disculpa de su parte (porque el chico después de reclamarle, se quedó callado).

¿Entonces qué parte de ella le llamó tanto la atención?

No lo entendía.

Pero también sabía que el amor era irracional, si no, no hubiera estado tanto tiempo enamorada de Ozora Tsubasa.

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Recordaba el día de la confesión de Kanda, ese fue el principio de todo.

Ella estaba en la biblioteca con Yukari y los chicos, pues tenían que estudiar para los exámenes de ingreso, caso que no aplicaba para Tsubasa, quien se iría a Brasil tan pronto terminara el año escolar.

Nakazawa Sanae, —la llamó cerca, a sus espaldas.

Cuando ella lo miró, él sujetó su brazo con algo de fuerza, logrando sobresaltarla. Los gritos de reclamo de los chicos no se hicieron esperar ante su acto.

¡Kanda! —Yukari estaba más que enfadada.

¡¿Qué haces?! —Ishizaki ya estaba saltando para interponerse en su camino.

Esto no te importa, —espetó Kanda firmemente.

A pesar de no conocerlo mucho, Sanae estaba segura que él únicamente quería su atención y retarlo significaba problemas.

Está bien, Ishizaki, —intentó mediar.

Manager… —el chico se calmó al instante, pero todavía no estaba muy convencido.

Ahora vuelvo, —dijo Sanae mientras él la llevaba afuera.

¿Qué era lo que él quería?

Ni siquiera eran amigos, ¿cómo podía tomarse la libertad de llamarla y apartarla de los demás?

A no ser que esa fuera una…

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Yo soy Kanda Koshi del curso de al lado. quiero que salgas conmigo.

Sanae se quedó sin palabras.

Después de todo, sí era una confesión. Aunque cruzó por su cabeza, aún así la tomó por sorpresa.

Yo… lo siento—, se recompuso rápidamente y trató de buscar las palabras más adecuadas y directas —pero ya tengo a alguien de quien estoy enamorada, no puedo corresponderte—. Se sonrojó levemente al recordar al dueño de su corazón—. Gracias por tus sentimientos, pero lo lamento—. Agregó antes de inclinar la cabeza hacia él y regresar dentro de la biblioteca.

Todavía estaba algo conmocionada por lo sucedido.

Y los chismosos que estuvieron esperando adentro, no ayudaban a que se tranquilizara y meditara en lo que acababa de pasar.

¡Ah, ya estás aquí! —Ishizaki parecía en verdad preocupado.

¿Qué pasó, Sanae? —Se acercó preocupada Yukari, y al no obtener una respuesta pronta, le insistió—, ¡vamos, Sanae!

Él quiere salir conmigo… —la chica un poco abrumada por ser el centro de atención, bajó la cabeza, mientras regresaba a su asiento.

¡¿Ehhh?! —el grito fue general.

Y… ¿qué le dijiste? —Cuestionó Yukari.

—…le dije que estaba enamorada de otra persona… —confesó en voz baja. No hacía falta que lo negara, de todas formas, se enterarían.

El alboroto en los chicos no se hizo esperar.

¡Woooh! ¡Woooh! ¡Ella lo dijo! —Kisugi gritó a todo pulmón, mientras todos vitoreaban a más no poder.

Entre silbidos de Taki y el entusiasmo de los demás. Ishizaki alzó también su voz.

¡¿Esa otra persona es Tsubasa?!

Antes de que ella pudiera siquiera reaccionar, la puerta se abrió nuevamente, de manera abrupta.

Kanda entró hecho una furia, se acercó y golpeó con su palma la mesa frente a ella.

Sanae se sobresaltó con lo sucedido.

No voy a renunciar, —le advirtió, y sin más se dio la vuelta dispuesto a marcharse.

¡Hey espera! ¿No entiendes? ¡Ella no está interesada! ¡Un verdadero caballero la dejaría ya! ¡Si molestas a la manager otra vez, no te las verás fácil conmigo!

Ante el claro reto de Ishizaki, Kanda no se quedó quieto.

El mono… ¡cierra la boca, mono! —Inmediatamente le dio un puñetazo en la cara.

Todos gritaron su nombre, alborotados, mientras Ishizaki salía disparado.

Ka… ¡Kanda! —Reclamó Yukari.

¡Ishizaki! —Sanae no esperó nada más para lanzarse hacia su amigo en auxilio, —¿Estás bien, Ishizaki?

Los demás también siguieron su ejemplo.

¡Maldito! —Gruñó el aludido levantándose del suelo, —¡No te lo perdonaré!

Hizo el intento de abalanzarse sobre Kanda, pero los chicos lo detuvieron a tiempo.

¡Basta, Ishizaki! —Izawa lo sostuvo por la espalda, —nos retiramos, pero seguimos siendo miembros del club de futbol; primero y segundo año, los estudiantes van a participar en el campeonato de otoño, ahora no es momento de tener problemas que podrían poner en peligro su participación…

Kanda resopló ante esa acción.

¡Cobarde! —Dijo mientras se retiraba.

¡¿Qué?! —Ishizaki se volvió a alterar, pero Izawa afortunadamente lo retuvo para que no hiciera algo imprudente.

¡Cálmate Ishizaki! —Le riñó.

Lo siento, Ishizaki, es mi culpa… —se lamentó Sanae mientras se acercaba a darle su pañuelo para secar la sangre que le escurría por su naríz.

No quería que las cosas terminaran así. El chico siendo su amigo de muchos años, y conociéndose mejor que nadie, fue quien tomó la iniciativa de defenderla y protegerla aún a cuestas de las repercusiones.

No es nada…

Sanae agradeció en esos momentos el tenerlo como su amigo. Una persona tan persistente y leal no lo encontraría en algún otro lado.

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Decidieron terminar por ese día el estudio, después de todo, los clubes ya estarían terminando su entrenamiento también.

Por el camino, los chicos todavía iban comentando sobre el incidente.

Kanda Koshi, estamos en la misma clase. Su familia tiene un gimnasio de boxeo; él practicó desde muy pequeño, debe de estar a nivel profesional…

¿Eh?

¡Oh, ya sé! ¡El tercer distrito! ¡Ahí está su gimnasio!

Tuviste suerte Ishizaki, ¡por suerte te detuvimos a tiempo!

Tienes razón.

Idiota, yo no tenía miedo. ¡Si no hice nada fue porque pensé en el club de futbol!

«Tan temerario como siempre…», pensó Sanae.

¡Hey! ¡Chicos! —La voz provino de Tsubasa, quien se venía acercando tras ellos.

¡Oh Tsubasa! ¿Vas de regreso a casa también?

¿Qué te pasó en la nariz Ishizaki? —Ignoró la pregunta anterior cuando vio la cara hinchada del jugador.

No es nada, sólo me golpeó un muro… —se rió quitado de la pena mientras pensaba en algo—, me voy por otro lado —dijo de repente.

Al mismo tiempo, casi de forma sincronizada, los demás siguieron por el camino en el que Ishizaki ya había empezado a ir.

He, he, yo también —agregó Taki descaradamente mientras se giraba con los demás.

¡Y yo! —Aseguró Izawa.

Chicos… —dijo impotente Tsubasa.

Sanae se sorprendió por su descaro.

Ve Tsubasa, cuida a la manager camino a casa —agregó burlón Ishizaki.

Chao, Sanae —incluso Yukari la había traicionado.

Tsubasa y ella se quedaron sin palabras, mientras los observaban a lo lejos.

No podían ser más evidentes mientras iban en la dirección de regreso a la escuela.

Ambos se observaron y sin decir nada, empezaron a caminar.

En lo profundo de sí agradecían el gesto de sus amigos, aunque por fuera se hicieran los desentendidos.

Empezaron una plática casual, sobre los novatos del club de futbol.

—…el futbol se convertirá en mi vida… pronto lo único que pensaré será en futbol…

Las palabras de Tsubasa habían salido de manera tan natural, que Sanae se sorprendió al responder también de forma natural.

Pronto se iría a Brasil a cumplir su sueño, y ella pasaría a segundo plano… claro, pensando que alguna vez hubiera estado entre los pensamientos del capitán.

Te quedarás con nosotros solo medio año más… —a pesar de que no lo demostraba, Sanae estaba muy dolida por ello en lo profundo de sí.

¿Cuánto tiempo aguantaría esperando por el chico prodigio?

Tsubasa, Ishizaki se lastimó por mi culpa… —fue un impulso ante la situación en la que se encontraba, pero le revelo todo.

¿Con qué propósito? Todavía no lo sabía.

O tal vez en ese entonces no lo había querido saber.

Solo aguardaba a su respuesta.

Ya veo, entonces fue eso… —no hubo cambio en la voz ni en las expresiones del capitán.

Ishizaki se detuvo por el club de futbol… —pero aún con todo, siguió aferrándose a esa plática —fue un verdadero alivio, porque habría sufrido mucho. No me gustan los matones… —y de momento, sintió que debía hacerlo —se lo dije claramente: yo estoy enamorada de otra persona…

Él la miró tras sus palabras y Sanae le sonrió levemente. En lo profundo de sí, esperaba que esa fuera una pauta para que él hiciera algo.

A ella le pareció notar un brillo naciente en los ojos de Tsubasa, pero no se detuvo más tiempo, se dio la vuelta y empezó a avanzar, con su corazón desembocado.

Ese intercambio de miradas fue suficiente para ella.

En lo profundo de sí, lo sabía, él la amaba, aunque nunca se lo hubiera dicho. Y eso era suficiente de momento. Sanae lo esperaría todo el tiempo que fuera necesario, y permanecería a su lado, aunque fuera solo un corto periodo de tiempo.

Era suficiente para ella de momento.

Sanae… —la voz de Tsubasa hizo que detuviera su andar.

Ella se giró y vio una determinación en sus ojos; jamás imaginó que él reaccionara de esa forma.

Yo… —Tsubasa estaba a punto de decirlo. Él se lo diría…

¡Hey Tsubasa…! —Carlos. Por azares del destino, él los interrumpió en un momento crucial.

Bueno Tsubasa, yo me voy. Gracias por acompañarme, nos vemos mañana—. Sanae sonrió como solía hacerlo y huyó aún con su corazón latiendo a mil.

Él se iba a confesar, ¿verdad?

Ya no importaba nada.

Por ahora era suficiente con estar cerca de él.

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¿Vienes un momento?

¡Seguro eres persistente!

Esta es la última vez.

Última… de acuerdo.

¡Pero Sanae…!

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¿Por qué Kanda le insistía tanto?

Lo siguió porque él dijo que era la última vez que la molestaría, pero ya estaban demasiado lejos de la escuela.

¿Qué estaba planeando?

¿Por qué tuvimos que venir todo este camino?

Como lo pensé, él no está aquí…

¿Eh? —Sanae no estaba captando lo que el chico estaba diciendo.

Le he dicho a Ozora Tsubasa que te amo y que venga aquí si no quiere perder a su querida Nakazawa Sanae, para hacerlo breve, ¡le provoqué a una pelea para que venga!

¡¿Qué?!

Pero él se escapó, parecer ama más el futbol de lo que pensé. Ozora Tsubasa puede ser el mejor jugador de futbol en todo Japón, pero si no es capaz de defender su amor, no es hombre para ti. Es tanto así que, aunque lo ames con todo tu corazón, él no te va a amar de vuelta, piensa en eso, Nakazawa, olvídalo y quédate conmigo.

Sus duras palabras, no calaron en ella. Sanae ya sabía cuál era el sueño del niño prodigio, y no lo culpaba por enfocarse más en el futbol. Ella lo apoyaba.

Eres horrible, —espetó enojada. Nada de lo que él le dijera le haría cambiar su amor, y menos de esa forma tan grosera.

Me encuentras horrible, pero con el tiempo, me amarás, —dijo altanero.

Pero contrario a los pensamientos de Sanae, Tsubasa apareció en el lugar, aceptando el reto de Kanda.

Lo siento por llegar tarde… —su mirada decidida decía todo.

Esto será breve—, Kanda se tronó los dedos.

No te voy a perder, Nakazawa Sanae, —afirmó el capitán.

Esa fue una confesión. No como lo esperaba, pero era lo mismo.

¡Voy a tenerla por la fuerza! —Sin pensarlo, se interpuso entre Tsubasa y Kanda, antes de que el último hiciera algo.

¡Basta! ¡No lo hagas, Tsubasa! ¡No es justo que sacrifiques el club de futbol por mí! El club de Nankatsu es para ti…

Ya lo dejé, —confesó serio.

Sanae se quedó muda. ¿Había sacrificado su puesto de capitán por ella? Aunque antes quería hacerlo entrar en razón, ahora estaba sin palabras.

¿Tanto así la quería?

¡No trates de quedar bien! —Kanda la empujó mientras se abalanzaba hacia él —¡Vamos a ver si realmente tienes agallas!

¡Sanae! —Escuchó la voz preocupada de Tsubasa.

¡No mires a otro lado! ¡Toma! ¡¿Qué te pasa?! ¡Estás acorralado!

La chica se incorporó en el suelo, y no pudo evitar que cayeran sus lágrimas, mientras veía como Kanda golpeaba a Tsubasa sin darle la oportunidad de defenderse. Pero Tsubasa no caía.

¡Basta! ¡Vamos, deténganse! ¡Tsubasa, corre! ¡No debes pelear! ¡Tsubasa el futbol lo es todo para ti! ¡Por favor, detente, ve por tu uniforme y vuelve al campo!

Ella lloraba sabiendo que esa golpiza que el capitán recibía era por ella.

Jamás se perdonaría si él salía lastimado por su culpa, o aun peor, que jamás volviera a jugar futbol, ni cumplir su sueño.

Se sentía impotente.

Pero lo inesperado pasó. Tsubasa logró asestar una patada al hombro de Kanda, que lo mandó unos metros lejos.

Tú… ¿tú estás bien, Kanda? —Parecía que Tsubasa estaba genuinamente preocupado, y Sanae estaba sin palabras.

Kanda por otro lado, estaba admirado y había reconocido la fuera de Tsubasa y sus victorias en el torneo.

Bien hecho, —dijo mientras se levantaba con cuidado, —eres digno de ser amado por Nakazawa.

Kanda les dedicó una última mirada y les sonrió antes de partir del lugar, mientras se reía como un loco.

Sin embargo, Sanae no tenía tiempo de preocuparse por él.

Tsubasa… —se acercó y le extendió un pañuelo para que se limpiara el rostro.

Gracias —él le sonrió como siempre solía hacer, pero eso solo sirvió para que Sanae dejara salir las lágrimas de nuevo.

¿Por qué hiciste eso?

¿Eh?

¿Por qué…? ¿Por qué hiciste eso? —-la angustia en ella la consumió y sin pensarlo se lanzó a sus brazos.

Mientras ella seguía llorando, Tsubasa no dijo nada, pero la consoló en su abrazo.

La puesta de sol estaba llegando.

Cuando Sanae se calmó, se fueron a sentar cerca de un árbol.

Tan pronto como me gradúe iré a Brasil—. Tsubasa rompió el silencio después de un tiempo de meditar.

Te convertirás en un gran jugador de futbol—. Aseguró la manager.

Sí, y no volveré a Japón hasta que me convierta en profesional…

Sanae no entendía a donde quería llegar él con eso, pero lo dejó continuar.

Yo no puedo pedir que esperes todo este tiempo… y tampoco puedo pedirte que me acompañes… —ella lo miró expectante —pero todavía debo decirte algo…

El capitán se giró completamente hacia ella y bajo su atenta mirada, lo dijo.

Te amo, Nakazawa Sanae…

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Ese momento marcó un inicio para todo.

Los meses posteriores, fueron maravillosos y, aunque la partida de Tsubasa estaba próxima, todo fue más llevadero.

¿La partida del niño prodigio marcaba alguna diferencia?

Sus sentimientos seguirían intactos a pesar de la distancia, eso nada lo cambiaría. Entonces, Sanae solo podía esperarlo y hacer lo posible para adaptarse a él.

Porque ese era su sentir, y el chico estaba consciente de ello.

«Yo también… yo también te amo Tsubasa…».

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Sus amigos, en especial Ishizaki y Yukari estaban felices por ellos, también Misaki, quien había vuelto a Japón en ese tiempo.

A pesar de que les había contado a grandes rasgos lo sucedido, había cosas que era mejor guardarse para ella.

Acontecimientos que quedarían en un secreto entre ella y Tsubasa.

—Hola senpai, escuché de los chicos que están saliendo, Tsubasa-senpai y tú…

Kumi se acercó a ella.

Se encontraron de casualidad en el pasillo. La chica seguía siendo la misma risueña de siempre, pero Sanae que conocía sus sentimientos por el capitán, se incomodó.

—¡Oh, no te preocupes! —Aseguró Kumi al notar su gesto —soy muy consciente de que él te ama a ti, senpai, y de que jamás tuve oportunidad alguna… —aunque sus palabras eran despreocupadas, Sanae notó el brillo de tristeza en sus ojos.

—Lo siento… —no supo decir más.

—Está bien, Nakazawa-senpai, estoy muy feliz por ustedes… —Kumi hizo una pausa y se puso seria de repente —a decir verdad, hace un par de semanas, confesé mis sentimientos a Tsubasa-senpai…

—Kumi… tú…

—¡Él me rechazó por supuesto! —Toda tristeza desapareció de ella, pues ya estaba en su actuar alegre —Le dije mis sentimientos, pero también le dije que yo sabía que a él le gustaba alguien más. En honor a mi valentía le hice que me dijera si esa persona eras tú, senpai… ¡y él me confesó que sí!

Sanae nunca se esperó este giro de acontecimientos.

Kumi era fuerte si podía hablar de esas cosas de manera normal.

—Le dije que, si te apreciaba, lo mínimo que podía hacer era decírtelo. ¡Que se apresurara! Así que me alegro que unos días después él lo haya hecho, es un alivio saber que ambos están felices.

La sonrisa de Kumi era genuina, había aceptado la derrota.

—Gracias, Kumi—. Sanae le devolvió la sonrisa.

—Espero que podamos seguir siendo amigas, Nakazawa-senpai, porque sin importar qué, seguiré animando a todos, el futbol ahora también es parte de mi vida…

Sanae no pudo evitar pensar que Kumi era sensacional, una gran persona.

Y también, junto con Kanda, uno de los impulsos para que Tsubasa y ella estuvieran formalmente juntos.

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«Sanae, mañana parto a Brasil… una vez que esté en Brasil, solo me concentraré en futbol, no te preocupes… si te llamé es porque sentía que debía de despedirme de ti al menos… así que por favor cuida de todos…».

La partida era inminente.

A pesar de que el chico no quería que nadie lo viera partir, Sanae no pudo evitar ir a verlo.

Su despedida en la parada de autobús, aunque muy sencilla, fue demasiado significativa. Ella le dio un regalo de despedida, y él a la llegada del autobús, le entregó su balón.

—Tsubasa, tu sueño… ¡haz que tu sueño se vuelva realidad! —Con lágrimas, ella mostró la mayor fortaleza que pudo.

Y él, con un saludo militar, se llevó a cuestas los buenos deseos de todos sus amigos, simplificados en la frase que le dedicó la chica.

Expande tus alas en el viento…

Porque mis sueños vuelan alto en el cielo, despliegan sus alas y vuelan…

Ese no era el fin, sino un reinicio.

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Sanae lo visitó una vez en Brasil, y pasaron una tarde agradable, hablando de futbol.

Y se volvieron a ver en todos los encuentros a los que Tsubasa asistió en Japón.

Las cartas no cesaban y aunque pocas, las llamadas telefónicas también eran uno de sus medios de comunicación.

Todo hasta el día que le propuso matrimonio, al ganar la final del World Youth.

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—¿Estás segura de esto, Sanae? —La voz de Tsubasa sonaba preocupada, algo raro, ya que unos momentos antes andaba platicando felizmente sobre lo buena que era la gente en Brasil y de lo mucho que se divertirían tan solo llegaran.

—¿De qué hablas ahora, Tsubasa? —Realmente la dejó desconcertada.

—Acabamos de casarnos y ahora estás yendo conmigo a un país extranjero, lejos de todos…

Aunque sonaba razonable su preocupación, Sanae no pudo evitar reírse.

—Eso debiste preguntarlo antes de la boda—. Trató de sonar seria.

De pronto Tsubasa parecía algo exaltado.

—¿N-no… no lo hice?

Ella rió más, pero recordó que estaba en un avión así que, no queriendo incomodar a los demás pasajeros, bajó el volumen.

—Lo hiciste, un par de veces, tranquilo.

—¿Y de qué te ríes?

—Ya estamos oficialmente casados, no puedes seguir preguntando a estas alturas. Dijiste aquella vez que iríamos a Brasil porque tu contrato está a punto de terminar y luego iríamos a Europa, para que elijas un equipo, acepté venir contigo así que debes dejar de cuestionarme…

—Pero… —él bajó la voz hasta que fue casi inaudible—. Sigo pensando que fui muy impulsivo… todavía no tengo donde establecerme en Europa… puede que también estarás sola mucho tiempo mientras entreno… no quiero que te sientas incómoda…

—Y si no era ahora, ¿Cuándo? —Le cuestionó risueña—. No tienes intención de regresar a Japón pronto. Ibas a asentarte solo en Europa, vivir tu sueño de ser profesional… ¿y regresarías a Japón a proponerme matrimonio cuando te jubilaras? ¿A los cincuenta años? ¿Sesenta?

—¡No me refería a eso! —Quiso sonar ofendido, pero también se estaba riendo de las ocurrencias de su esposa.

—Regresarías entonces en un par de años, pero yo no iba a esperar tanto tiempo alejada de ti… —la mirada que le dedicó fue una de las que solo tenía para él.

Tsubasa lo supo tan solo la miró.

—Yo tampoco… —confesó aún en voz baja —ya no podía permanecer alejado de ti más tiempo, así que aun con el pesar de que pudieras haberme rechazado, decidí proponerte matrimonio… y han sido los meses de preparación (para la boda) más desesperantes que he tenido que soportar…

Ella le sonrió y también le contestó en un murmullo.

—Pues de ahora en adelante, seremos los dos. Tenemos mucho tiempo, así que no vale la pena pensar en cosas innecesarias; de cualquier forma, no habría podido darse esto de otra manera.

—Tienes razón…

Los dos estaban muy juntos, casi podían sentir el aliento del otro.

—Debes descansar —dijo de repente el as—. Es un viaje largo, y una vez que lleguemos, todavía nos espera un largo camino.

—Está bien para mí—. Sanae sonrió nuevamente y se recargó en su hombro—. Duerme un poco también. Nos queda toda una vida para platicar y disfrutar.

—Disfrutaremos de nuestra nueva vida… empezando por la luna de miel… —le susurró Tsubasa en el oído, antes de recargar su cabeza sobre la de ella.

Sanae se sonrojó levemente.

Todavía quedaban diez horas de vuelo, pero tenían toda una vida juntos, porque no importaba donde Tsubasa fuere, ella estaría a su lado, como Ozora Sanae, su esposa.

—Ir contigo, siempre… —murmuró antes de caer en el sueño profundo.

En el rostro tranquilo de Tsubasa surcó una sonrisa de felicidad. Ella era su mayor tesoro, y velaría por su felicidad de ahora en adelante.

—Siempre… —repitió Tsubasa antes de quedarse dormido también.

porque mis sueños vuelan alto en el cielo, despliegan sus alas y vuelan…

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Capítulo dedicado especialmente para Lety Jmnez, agatali12, tessa22, Ren-chan91, seilornyan y todos aquellos fans de estos dos personajes.


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Sip, he vuelto con un capítulo más (el más largo, por cierto). Y como es de manera rápida, no me dio tiempo de revisarlo como se debe, así que si hay algún error de redacción ustedes sabrán disculpar.

¿Qué tal?

Estos meses he andado todavía algo desanimada, y adaptándome a los cambios, espero no perderme tanto esta vez (no prometo nada u.u)

¡Gracias a quienes todavía siguen la historia!

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jbadillodavila: gracias por tus palabras, ¡espero te guste también este capítulo!

Lety: gracias amiga, tus palabras siempre halagadoras. ¡cuánto tiempo ha pasado! ¡Te he echado de menos! espero estés bien, tienes razón, aunque es difícil, nos sobreponemos a las pruebas de la vida, en esas andamos. Gracias por tomarte el tiempo de comentar y darme palabras de aliento. Genzo es mi personaje favorito, así que era inevitable para mí el hacerlo partícipe de algún capítulo:3 Espero te guste este capítulo, que es el que (originalmente) hace tiempo pensé en dedicarte (te lo había comentado varios capítulos atrás, no sé si te acuerdas), espero saber pronto de ti. ¡Dios te bendiga! ¡Ánimo y fuerzas! Cuídate, nos leeremos pronto, eso estoy esperando. ¡Un saludo, besos y abrazos!:*

Guest: ¡gracias por leer y comentar! Lo mismo pensé cuando hice el capítulo: se han de acordar si han visto aquella historia jajaja Me gustaría que dejaras tu nombre a la próxima para poder agradecerte como se debe. ¡Gracias por tus palabras! Espero te guste la actualización.

John R. Branwen: gracias por tomarte la molestia de leer mi fic. Tomaré en cuenta tu recomendación, gracias. Espero te guste este capítulo.

seilornyan: ¡mil gracias por tus palabras! Lamento la tardanza, gracias a tu comentario me puse las pilas para actualizar jaja. Espero te guste esta actualización, déjame saber más adelante tu opinión. ¡Saludos!

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¡Ah! ¡Ya los extrañaba!

¡Espero no tardar tanto para el próximo capítulo!

¡Saludos!

Ja-ne!

ShelenyPrice.