Del futbol y otros amores
Disclaimer:
Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.
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Advertencias:
Puede haber algo de OCC.
Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.
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Capítulo 21
Yo te protegeré
Aoba Yayoi
Él era su príncipe.
Yayoi no podía recordar exactamente cuántas veces se lo había dicho.
Jun solía avergonzarse ante sus palabras y a ella le parecía lindo.
«Mi príncipe del campo».
—Tú me has dado calidez, Yayoi…
Una típica frase que él repetía, para enfatizar que ya no tenía un corazón de Cristal, como solía ser conocido.
Ella, que lo conocía tan bien, sabía que por más que el chico lo expresara de esa forma, todavía tenía un miedo carcomiéndolo.
«Yo… lo siento tanto… jamás podré decirte algo como eso…».
Yayoi no era egoísta. Había renunciado a un gran sueño por el bienestar de su amado y lo haría mil veces.
No necesitaba nada más que estar junto a él, el tiempo que la vida les diera.
Renunciar a algo tan banal, no era más que un pequeño asunto en comparación al dolor que sufría Jun siempre.
«Si tú no puedes decir tales palabras, yo las diré por ti…».
Pero Yayoi estaba determinada a seguir a su lado por siempre y eso nadie se lo iba a impedir.
Ni siquiera las firmes intenciones de Jun para permanecer en la ambigüedad.
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El partido estaba empatado, todavía no habían tenido la oportunidad de acercarse a la meta contraria.
El primer tiempo estaba por concluir y el equipo enemigo estaba atacando ferozmente.
Jun sabía que no debía dejar pasar a nadie, tenía que guiar a los demás para que no permitieran ninguna oportunidad al otro equipo.
Una abertura bastó para darles una oportunidad.
Jun no debía de permitir que avanzaran.
Corrió para detener el ataque. O eso quiso hacer…
Un dolor punzante en su pecho lo detuvo. El dolor aumentó, presionando, haciendo que se le imposibilitara respirar…
Cayó al suelo sin poder hacer nada, mirando como todos corrían en su ayuda.
Viendo a la distancia la cara preocupada de Yayoi.
«Lo siento…», pensó, «te dejaré antes…».
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Misugi Jun
Despertó exaltado por décima vez esa semana. El tiempo de su operación estaba cerca. Las probabilidades de fallecer en esa operación eran altas.
Salió de la cama y se alistó para ir a correr. Apenas eran las cinco de la mañana. Con todo el sigilo del mundo salió de su casa, necesitaba despejarse.
Lo que más le asustaba no era la muerte en sí.
Corrió hasta quedar exhausto y se detuvo frente a una casa muy conocida para él.
Lo que más le asustaba era no poder estar con ella…
«No quiero dejarte sola… no quiero dejar solos a mis seres queridos…».
—Yayoi… —susurró al viento.
Se encontraba frente a su casa.
«No quiero dejarte antes». Pensó.
Su historia ni siquiera había comenzado, porque él no podía aceptar lo que guardaba en su corazón. ¿Cuándo habían cambiado sus sentimientos?
No lo podía aceptar, menos viviendo con esta enfermedad. Todavía eran unos niños, pronto cumpliría 14 años, no había siquiera una promesa que pudiera cumplir.
Su relación estaba bien tal cual, y no la cambiaría, menos al saber que podría no salir vivo del quirófano.
Suspiró mientras regresaba trotando a su casa.
«Lo primero es sobrevivir a este tratamiento…».
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Habían pasado ya tres años desde aquella operación.
Los primeros dos años, ella estuvo pacientemente ayudándolo en su recuperación y sus sentimientos por ella se profundizaron hasta que por fin pudo expresarlos en voz alta. Debería agradecerle a ese amigo de Yayoi por darle ese impulso que necesitaba, pues fue la mejor decisión que tomó en ese tiempo…
El último año, ella lo había acompañado como su igual, paso a paso. Habían compartido sus sueños y esperanzas.
Pero por miedo a futuras recaídas alguna vez le dijo palabras duras…
«—Yo… lo siento tanto… jamás podré decirte algo como eso…»
«—¿A qué te refieres…? —». Preguntó Yayoi obviamente confundida.
Acababan de salir del cine, donde la escena final de la película fue una boda.
Ese pequeño instante en la pantalla fue suficiente para causarle un dolor grande en su corazón.
Él jamás podía prometerle estar a su lado siempre.
En cualquier momento podría romper esa promesa.
Podría dejarla sola.
«—Te protegeré toda mi vida—», recitó con tono apagado, «—jamás podré decir tales palabras debido a mi enfermedad del corazón… no puedo prometer algo que seguramente no podré cumplir…».
«—Jun…».
«—Pero, aun así, sigo siendo demasiado egoísta como para dejarte ir, lo siento…—», le dio una sonrisa, pero al contrario de lo que quería mostrar la desesperanza fue visible a los ojos de Yayoi.
«—No necesito una promesa como esa, mientras pueda estar, así como en este momento contigo, no importa nada más Jun».
Él sonrió levemente y la abrazó.
Era tan egoísta que no podía dejarla atrás.
No quería verla en los brazos de otro, pensarlo era insoportable. Pero tampoco quería verla sufrir tras su partida de este mundo.
¿Y si no vivo lo suficiente?
¿Qué promesa de amor eterno le podía dejar?
«—Solo quiero estar contigo en este momento…». Las palabras de su novia calmaron esa inquietud.
«—Yo también Yayoi… yo también…».
La abrazó con más fuerza. Viviría por ella lo que quedara de su vida. Después de todo, tenía 16 años.
Esperaba vivir un poco más de tiempo
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El equipo no había caído en la desesperación.
A pesar de ir un gol abajo, mantenían el mismo ánimo de siempre y buscaban cualquier oportunidad de gol.
Fue en una de esas jugadas, que Jun aprovechó para ayudar a anotar: con una espléndida chilena, había derrotado al portero.
La afición festejaba el glorioso momento.
Y en las tribunas, las chicas no se quedaban atrás.
—¡VIVA! ¡JUN HA ANOTADO! —Gritaba Yayoi con todas sus fuerzas.
—Sí—, reconocía Yoshiko —en esta jugada el pase de Tsubasa a Misugi ha sido genial, ¿no? —Analizó la chica.
—Sí, aunque el origen de este gol se lo debemos al disparo de media distancia de Matsuyama—. Secundó Yayoi.
—Sí—. Reconoció Yoshiko sonriendo con orgullo a Matsuyama.
—Me hubiera alegrado que Sanae pudiera venir aquí con nosotras—. Se quejó Aoba recordando por un instante a su amiga.
Celebrar tales hazañas siempre era mejor entre todos.
—No podía evitarlo. Al nacer los bebés de Tsubasa en Japón, era una tarea complicada para Sanae—. Trató de hacerle entender Fujisawa.
—Claro—. Yayoi le restó importancia al cruzarse otro tema en su mente, uno que por supuesto, no pudo dejar pasar—. Por cierto, Yoshiko, ¿ya se te ha ocurrido hablar de matrimonio?
Sanae ya estaba cazada y a punto de dar a luz. Lógicamente los siguientes en dar el paso deberían de ser este par de tórtolos de las «tierras del norte», como le gustaba decirles.
—Sí… pero hablaremos de ello cuando termine la universidad… —contestó la aludida con una mentalidad ya preparada para ese tipo de preguntas.
—¡Qué bien! Después de Tsubasa y Sanae… ¿Matsuyama y Yoshiko también? Sus deducciones siempre eran casi correctas, no pudo callarse esta vez.
—¿Y tú Yayoi? Con Misugi… —pero parecía que la chica del norte también tenía curiosidad sobre ella, no la culpaba.
Era hora de ser sincera con alguien.
—¿Eh? Quizás Jun no me pida matrimonio… —sonrió levemente y se explicó —aunque está totalmente curado de su enfermedad del corazón, todavía está preocupado. Un día me dijo que, por culpa de su enfermedad, sería incapaz de decirme: «te protegeré toda mi vida»—. Sonrió ante tal recuerdo—. Hoy todo está bien. Todo está bien porque protejo a Jun.
—Yayoi… —Yoshiko se había quedado sin palabras ante tal revelación.
No la culpaba. Esa verdad era una que nadie conocía, pero estaba bien porque ella jamás mentía.
Protegería a Jun sin importar el costo.
—Por cierto, ¿lo sabías? —Decidió cambiar de tema para no quedar en silencio incómodo—. La novia de Hyuga también ha venido…
—¿De verdad?
—Como sea, ella forma parte de la selección de softball, ambos han prometido que conseguirán la medalla de oro en estos juegos olímpicos.
—¿Eh? ¿La novia de Hyuga?
Todos se preguntaban como siempre averiguaba ese tipo de cosas.
Era el tipo de noticias que más le encantaba explicar.
—Es verdad.
—Es tan sorpresivo como que Ishizaki también tenga novia… —bromeó Fujisawa intentando asimilar la información.
—Pero Yukari es una buena persona, y es una excelente amiga. ¡Mira que quedarse en Japón para cuidar a Sanae durante este periodo!
—¡Es cierto! Ishizaki se sacó la lotería.
Ambas se rieron y siguieron mirando el partido.
Porque esperaban lo mejor.
Siempre lo mejor.
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Había llegado con más potencia después de 3 años de no jugar futbol en la preparatoria. El médico había dicho que ahora podría jugar en el mundial juvenil.
Los largos y cansados tratamientos y rehabilitación. Los esfuerzos por curarse y la paciencia para no hacer lo que más le apasionaba por fin dieron frutos.
Podría jugar en el mundial juvenil de Japón.
Y así lo hizo.
Dedicó tanto esfuerzo, dedicó tanto tiempo…
Y pudieron vencer.
Yayoi lo había felicitado ese día. Pero para sorpresa de ella, él también le dedicó la victoria.
Porque ella le había regalado esa pequeña felicidad.
—Si no fuera por ti, nunca lo hubiera logrado—. Le dijo.
Las lágrimas acumuladas en los ojos de su amada, le dieron una punzada en su corazón, una que no tenía nada que ver con su enfermedad.
Ese efímero momento de felicidad…
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La ceremonia de celebración duró lo justo.
Y al final, la noticia de la boda de Tsubasa y Sanae impactó a todos.
«Impactó», porque realmente era algo que todos esperaban, aunque fue más rápido de lo que llegaron a imaginar, eso sí.
Esa noticia al principio le causó un sentimiento de dolor.
Aunque estaba recuperado en un 70%, todavía no podía decir esas palabras.
La promesa de estar juntos por toda la vida.
Porque él mismo no sabía cuánto duraría su propia vida.
Con 19 años ya había superado la expectativa médica, y no era para menos. En el pasado se arriesgó lo suficiente en aquellas operaciones de las que casi no sale con vida…
Quería aferrarse a la idea de que podría vivir como los demás y que podría en algún momento dedicarle toda su vida a Yayoi.
Pero no podía.
¿Cuánto tiempo más le quedaba?
¿Viviría lo suficiente para darle una familia a Yayoi, tal como ella lo merecía?
¿Ella estaría bien si él la dejara algún día?
La opresión en su pecho creció.
Debería dejarla ir ahora, pero…
¿Sería lo suficientemente capaz de dejarla ir por su propio bien?
NO.
Ya era demasiado tarde, su lazo era demasiado fuerte como para dejarla ir.
Era imposible.
¡Qué dilema!
—¿Por qué estás preocupado, Misugi-kun? —Escuchó la voz de su compañera Sei, otra estudiante de medicina.
—No-no es nada —forzó una sonrisa.
—Si tú lo dices… —la escuchó murmurar, luego, como si nada pasara le comentó otra vez —escuché que tu amigo Ozora Tsubasa se casará pronto, todo mundo habla de eso…
—Oh, sí… será en un par de semanas… —dijo sin mucho ánimo.
—¡Qué envidia! Todos quisiéramos asistir, ¿y quién no quisiera conocer a los chicos de la selección juvenil? ¡Todo un sueño! —Suspiró la chica y luego hizo ademán de recordar algo—, pero me conformo con que mi buen amigo Misugi me invite a su boda —le sonrió juguetonamente.
Al escuchar sus palabras, él cambió su semblante automáticamente.
—…
No contestó, pero Sei se dio cuenta al instante.
Ella admiraba a Jun. Cuando había escuchado la historia del chico, quedó impactada. No había nadie en la facultad que no supiera la relación que él llevaba con Aoba de la división de enfermería.
Eran la pareja ideal. Esto no era nada pasajero, se notaba a leguas. Entonces, ¿qué le podía preocupar al príncipe?
—Lo importante de la vida es vivirla, ¿qué importancia tiene celebrar grandes eventos? Lo único que uno necesita es estar al lado de la persona que ama, aprovechar ese tiempo, lo demás sale sobrando —se encongió de hombros mientras guardaba su material de prácticas.
La clase tenía poco de haber terminado. La sala de prácticas se estaba vaciando.
—Aprovechar el tiempo, ¿eh? —repitió el príncipe del campo—, si supiéramos cuánto tiempo… —confesó con desgano.
La mirada inquisitiva de la chica no lo dejó.
—El tiempo es relativo… —agregó Sei y él la miró estupefacto —bastan cinco minutos para imaginar escenarios fríos y desolados, para soñar toda una vida, para ser pesimistas, realistas o simplemente vivir al máximo… ¿te suena la frase?* —Agregó con una sonrisa juguetona.
—Así de relativo es el tiempo… —terminó Jun citando al autor, pero aún sin comprender del todo la intención de la chica.
—Puedes perder el tiempo que te queda de vida pensando en que no despertarás al siguiente día, o puedes aprovechar cada segundo para cumplir tus metas, tus anhelos, para estar con tus seres queridos, haciendo lo más feliz que puedas a tu persona amada… —Jun abrió mucho los ojos ante esto último.
Liu Sei, sonrió con confianza. Había dado en el clavo. Podía ver ahora por completo cuáles eran las preocupaciones del chico.
—No es hora de vivir reservado, tú y tu novia merecen ser felices todo el tiempo que puedan…
—¿Qué pasa si fallezco? ¿La dejaré viuda y abandonada sólo por haberla querido tener a mi lado? —Espetó el jugador, quitando las apariencias.
La chica ensanchó su sonrisa.
—¿Y si eso nunca pasa? ¿Vivirán por los próximos 60 años con un noviazgo lejano? Si tanto te preocupa el hecho de dejarla viuda y que ella no pueda encontrar el amor después, ¿por qué no la dejas de una vez?
—¡No puedo! —Explotó Jun —¡Ni siquiera puedo pensar en la idea! Y vaya que lo he intentado… imaginarla en los brazos de otro es más doloroso… —terminó con voz apagada.
No podía dejarla ir, pero tampoco tenía nada que ofrecerle.
Era egoísta.
El día que la dejara sola en el mundo, ella tendría que rehacer su vida, podría conocer a alguien y tener la familia que merece, alguien que le podría prometer: «te cuidaré por el resto de mi vida», sin que fuera una mentira.
Pero no podía, porque él…
—No eres egoísta—, le aseguró la chica cortando sus hilos de pensamiento—, eres estúpido—. Agregó con algo de gracia.
Jun frunció el ceño.
—La joven Aoba-san no te culpará si no quieres casarte, ella debe ser la que más entiende tus sentimientos. Podrán vivir en unión libre, muy seguramente lo acabarán haciendo, porque es imposible para ambos estar lejos el uno del otro… y no está mal…
Ella hizo una pausa, pero Jun no la interrumpió.
—Lo que está mal es que te estés privando de muchas cosas que realmente quieres hacer solo por imaginar los peores escenarios—. Afirmó ella satisfecha de haber encontrado las palabras adecuadas.
—¿Un año? ¿Cinco años? ¿Unos cuantos meses? No tengo más que ofrecerle…
—Te olvidas que la frase es: «hasta que la muerte nos separe», nunca habla del tiempo, pero sí promete dar lo mejor en ese lapso, que es lo que puedes hacer en lugar de andar pensando lo peor…
—Aún así… no puedo evitarlo… —el dilema de Jun era grande.
¿Casarse algún día con Yayoi? ¡Por supuesto que quería! Hacerla la mujer más feliz, dar todo por ella, tener una familia estable, jugar futbol toda la vida y cuidar de sus pacientes…
Una vida ideal.
—Lo único que te detiene, eres tú mismo. Aoba-san te esperará y respetará todo lo que decidas, pero mientras sigas estancado, nunca sabrán lo que les depara el futuro. Lo dijiste antes, el tiempo es relativo.
Sei se encogió de hombros mientras procedía a levantarse de su asiento para retirarse a la siguiente clase.
—Yo mismo—, reflexionó jun.
—Sea como sea, trata de ser feliz, como decimos en mi país: sólo vives una vez, si la vida NO te da una oportunidad, créate diez… —la chica sonrió con descaro mientras comenzaba a avanzar hacia la puerta.
Jun le devolvió la sonrisa.
—¿De verdad ese es un dicho americano? —Preguntó haciendo que ella se detuviera en el lumbral.
—Por supuesto que no, me gusta exagerar todo, pero la esencia siempre es la misma… —le guiñó un ojo a manera de complicidad y salió sin más.
Jun se carcajeó con desgano.
—Crear diez…
Unas simples palabras sin sentido, pero con un alivio para su cansado corazón.
«Sé feliz…».
Ah, si las cosas realmente se dieran, alguien cumpliría su sueño de conocer a los jugadores de la selección japonesa.
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—No tienes que forzarte, ¿lo sabías?
—¿A qué te refieres, Yayoi? —Preguntó su novio muy intrigado.
Ambos se encontraban en el departamento de él.
—Solamente quería decir algo como eso… —le restó importancia la chica.
Jun la analizó con cuidado.
—De acuerdo —dijo después de un momento —no haré nada como eso.
—Perfecto —respondió instantáneamente Yayoi, sin abandonar su sonrisa.
Se observaron un rato tratando de leer al otro.
Y, sin más, Yayoi se abalanzó a abrazarlo.
—¿Yayoi…? —Jun sabía que las muestras de cariño eran seguidas, pero por alguna razón ésta le parecía algo extraña.
—Sigamos siendo felices como hasta ahora… —dijo ella al sentir como su príncipe le devolvía el abrazo.
—Felices, ¿eh…? —Susurró Jun en su oído.
—Sin preocupaciones innecesarias ni malentendidos, sigamos siendo la pareja número uno, aquella que no pierde ante nadie—, razonó Yayoi.
—Por supuesto… —Jun la apretó más, recordando las palabras que ella le dijo alguna vez.
«¡Ya hasta nos han ganado!».
En aquella ocasión ella habló de la boda de Tsubasa y Sanae
«Bueno, cada quien avanza de diferente manera… ya llegará nuestro momento», había comentado casualmente él.
Pero Yayoi en aquel tiempo no se refería a la boda, sino a un avance profundo en la relación. Él lo sabía.
El «no perder ante nadie», era el equivalente a vivir cada momento juntos, amándose más que nadie.
«si la vida NO te da una oportunidad, créate diez…».
Recordó de pronto las palabras de su amiga.
—¿Qué pasa, Jun? —Preguntó Yayoi.
—Sólo se vive una vez, si no aprovechamos en tiempo se irá volando, ¿no lo crees? —Dijo casualmente mientras la apretaba más contra su cuerpo—. Siempre seremos los mejores…
Yayoi no sabía exactamente qué fue lo que le hizo decir tales afirmaciones, pero estaba muy feliz.
—¡Y no perderemos ante nadie! —Afirmó mientras devolvía con fuerza el abrazo.
Porque si Jun no podía prometer nada, Yayoi lo entendía.
Ella sabía en su corazón los sentimientos del chico y eso le bastaba.
Porque no importaba el futuro, mientras pudieran estar juntos.
Vencerían todas las adversidades que se cruzaran en su camino.
«Porque yo te protegeré, Misugi Jun».
La promesa que hizo en su corazón y que nunca le confirmaría en voz alta.
«Yo te protegeré…».
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*: Sí, aquí definitivamente hace referencia a la frase célebre de Mario Benedetti, «así de relativo es el tiempo».
¡Pero miren quién volvió!
Ejmmm, sí, después de más de año y medio, volví.
Me disculpo como siempre primeramente por las fallas gramaticales que pude tener, ya no me detengo a revisarlo o jamás lo subiré jeje
No sé con qué cara venir a presentarme luego de tanto tiempo de abandono jajaja pido miles de disculpas a todos los lectores que estuvieron siempre pendientes de la historia...
u_u
Este último año, al igual que toda mi vida he andado corriendo con todo lo que hago, y la depresión que estaba siendo tratada creció sin que pudiera hacer algo al respecto... ha sido un año de pérdidas de seres queridos, cambios grandes en trabajo y vivienda... y cuando creí que las cosas se estaban estabilizando, viene esta pandemia que se ha llevado la vida de amigos, conocidos y varios colegas, ha sido un gran pesar para mí estar de pie, pero gracias al apoyo incondicional de mucha gente, sigo aquí, y por lo mismo, quiero retomar todo aquello que he abandonado hace un tiempo.
Gracias mil a aquellas hermosas personas que tuvieron la amabilidad de comentar en el cap pasado, en todo este tiempo sus palabras de aliento me han ayudado.
jbadillodavila, PrincesaLirio, Genevieve Wundt, seilornyan, Lety Jimnez, La Chica del Oceano Silente, Nina, Fati chan, y todos, todos, muchas gracias por sus comentarios y su apoyo, ¡son los mejores!
Si es que todavía queda alguien aquí agradecería también saber de ustedes, la próxima actualización dependerá del tiempo disponible entre mi trabajo, pero aquí seguiremos...
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Un pequeño edit: este capítulo literalmente lo tenía comenzado desde antes de subir el anterior, sí mas de año y medio. Lo escribí pensando en el príncipe del campo, en los sentimientos que pesan en su corazón.
Hace unos meses, leyendo los spoilers de Rising Sun, me sorprendió que lo que escribí aquí como un sueño de Jun se hiciera realidad, lloré al ver la vida de Misugi yéndose, literal, lloré. Un gran troll del autor, a decir verdad. Pero yo adoro los finales felices jajaja ¿qué puedo decir? Soñadora por naturaleza ¯\(ツ)/¯
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Cuídense mucho chicos y chicas, no salgan de casa de no ser necesario y usen todas las medidas de seguridad, que este virus no es un juego u.u
Espero todos se encuentren bien, en buena salud, les mando un gran abrazo hasta donde estén.
¡Nos estaremos leyendo pronto, es una promesa!
Ja-ne!
