Nuevo capítulo. Algunas respuestas y nuevas preguntas.

Mil gracias a Altariel de Valinor, cualquier error que persista es mio.

Capítulo 2

Al abrir la puerta, Lestrade se encontró frente al rostro demacrado de Molly junto al agente Wilson. Después de que el D.I. le entregara su arma y su placa a Donovan, Wilson se había ofrecido a permanecer al otro lado de la puerta del pequeño despacho hasta que Dimmock se hiciese cargo de la situación. Aún no sabía cómo la noticia del suicidio de Sherlock estaba ya en las noticias y las redes sociales, y en el mismo hospital un par de periodistas habían sido expulsados cuando intentaban colarse en la morgue. Había sido una bendición poder mantenerse alejado y evitarle a John el circo que se estaba desplegando en las afueras del hospital. Aunque, para ser sinceros, dudaba mucho que el compañero de Sherlock fuese muy consciente de lo que ocurría a su alrededor. El sedante que le había administrado Mike Stanford lo mantenía aletargado y lo único que había logrado sacarle Lestrade eran algunas frases incoherentes mientras revisaba con manos torpes a cada pocos minutos su móvil, como si estuviese esperando un mensaje de alguien que ya no podía mandarlo.

-Doctora Hooper…

-Inspector -Molly mantenía sus manos fuertemente agarradas bajo el pecho, los labios apretados y una mirada acuosa y enrojecida que apenas se mantenía fija y buscaba detrás la figura aún encogida de John –. Yo… creo que… le gustaría saber que tengo los permisos para la… el examen forense de… -Molly se mordió los labios, incapaz de encontrar las palabras para sustituir autopsia.

-¿Por qué tú? –la pregunta salió de los labios de Lestrade antes de haberlo pensado.

-La prensa… -la muchacha miró a Wilson que hacía intentos por parecer ajeno. Como si encontrase valor, avanzó hasta entrar al pequeño despacho y cerró la puerta – Sabe que Sherlock tiene… -se puso la mano en la boca como si hubiese cometido un terrible error. Lestrade la comprendió ya que él mismo era incapaz de pensar que Sherlock ya no estaría nuevamente entre ellos- … tenía… -rectificó conteniendo un sollozo- algunas aficiones poco saludables. No me gustaría verlo en un titular… esos… buitres… han intentado entrar... hacerle fotos…

-¿Dónde está? –Los dos se volvieron al oír la voz de John, viendo como se ponía en pie apoyándose pesadamente en la pared-. Quiero verlo ¿Dónde está?

-No –murmuró Molly mirando aterrada a Lestrade -, no puede, todavía no…

-He estado… en una maldita guerra,… puedo ver al… idiota… de mi amigo… puedo… -John hablaba con los dientes apretados, cogiendo aire para cada palabra que pronunciaba. Al levantar la cabeza hacia la pareja junto a la puerta, ambos pudieron ver la mirada oscura del médico-. ¿Dónde está?

El instinto de Lestrade le dijo que no sería nada bueno permitir que John se acercarse en ese momento a la morgue. Nunca había entrado a considerar en profundidad la relación que había entre Sherlock y John, aunque había bromeado, al igual que el resto del personal del Yard, con que esos dos eran una pareja en todos los sentidos. A pesar de no haber tenido nunca una evidencia, era muy consciente de que Sherlock, desde que había comenzado su asociación con el doctor, había mostrado cierto afecto y consideración por alguien más que él mismo, y aunque había deseado que el detective hubiese encontrado por fin alguien para compartir su vida, es ese momento rogaba por estar equivocado y que esos dos no hubiesen sido nada más que buenos amigos por el bien del doctor.

-John, no creo que sea buena idea –dijo con suavidad, apretando la mano de Molly en un intento de calmarla.

-No te pongas en medio, Inspector… -dijo, con voz oscura.

-Veinte minutos –dijo Molly al fin-, por favor John, dame veinte minutos, para… que no sea tan malo. –La patóloga se mordió los labios, agarrando con demasiada fuerza la muñeca de Lestrade, los ojos fijos en él –. No puedes verlo ahora –murmuró-, déjeme prepararlo.

Como policía, Lestrade había visto más cuerpos de los que deseaba y sabía cómo podía ser el aspecto de alguien que se había precipitado al vacío. Comprendiendo, asintió, consciente de las náuseas que volvían a hacerse cargo de su estómago al pensar en Sherlock destrozado. Dejó ir a Molly, interponiéndose en el camino de John, quien pareció perder de nuevo las fuerzas al quedarse solos. Lestrade lo vio apoyarse nuevamente contra la pared, cerrando los ojos.

-Ni un minuto más, Greg –murmuró, apretando la mano contra los ojos-, tengo de ver a ese idiota… -un sollozo cortó las palabras de John, quien apretó los ojos e intentó controlar su respiración.

-John –Lestrade se acercó, poniendo tentativamente una mano sobre su hombro- ciento mucho todo esto –murmuró-. No creí… que pasaría esto.

-Lo conoces… lo conocías… y lo arrestaste…

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Molly Hooper entró en su sala de autopsias apretando en la mano el móvil de prepago que le habían entregado horas antes. Se sobresaltó al ver la alta figura vestida pulcramente con un traje de tres piezas delante de la losa donde descansaba el cuerpo. Tenía la sábana levantada, mirando el rostro del cadáver.

-¿Señor Holmes? –Ella se acercó al hermano de Sherlock Holmes, al que había conocido la navidad pasada cuando encontraron el supuesto cuerpo de Irene Adler.

-¿Está preparada para esto, doctora Hooper? –Mycroft dejó caer la sabana cubriendo el rostro y dejando a la vista los rizos negros, enfrentando a la patóloga. El rostro del mayor de los Holmes era una máscara fría en la que sólo los ojos mostraban cierta emoción. La estudió por unos momentos de la punta del pie a la cabeza, consciente de que no eran muchos los que soportaban el escrutinio con calma-. Tiene firmada toda la documentación necesaria, una vez que haga su autopsia, el cuerpo será recogido por el personal que se hará cargo de preparar el funeral. ¿Estimo que serán suficiente cuatro horas?

-John quiere verlo, en diez minutos -Molly ignoró lo que había dicho el Cargo Menor del Gobierno, acercándose hasta quedar a unos escasos dos metros- El D.I. Lestrade está con él, y creo que tambien querrá… verlo.

-Bien, entonces –Mycroft sacó su móvil, enviando un escueto mensaje antes de volver a prestar atención a Molly.- ¿Cómo describiría el estado de ánimo del doctor?

-Alterado, el calmante que Mike le dio se está yendo.

-Es importante, doctora Hooper, que mantenga la calma cuando el doctor Watson llegue aquí, no intente detenerlo.

-Pero… señor Holmes…

-Mantenga la calma, doctora –Mycroft tiró de los bajos del chaleco y acomodó su corbata-, las reacciones del doctor Watson siempre son predecibles.

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-¿Estás seguro, John?

Greg mantuvo la mano sobre la puerta de la morgue, la mirada fija en el rostro ceniciento de su amigo. El agente Wilson había caminado tras ellos sin pronunciar una palabra, haciendo una señal a Lestrade de que estaría allí, del mismo modo que en la puerta de la sala de espera, para evitar curiosos. John tenía los hombros encorvados y la cabeza gacha, mirando a la puerta como su temiese que le saltase encima, con las manos en puños y la respiración temblorosa. Con un asentimiento militar respondió a Greg, quien empujó la puerta sin atreverse a tocarlo. Los ojos de los hombres se dirigieron a Molly, quien estaba de pie ante una de las losas, en las que era vivibles los rizos negros de Sherlock bajo la sábana.

Lestrade contuvo el aliento, sujetando a John cuando su equilibrio vaciló. Dieron un paso en dirección a Molly cuando la figura de Mycroft hizo su aparición al lado de la patóloga.

-Mycroft…

Greg fue incapaz de decir nada más antes de que John se soltase de su agarre y en dos pasos alcanzara a Mycroft. A pesar de la diferencia de alturas, John no tuvo dificultad para conectar un puñetazo en la cara del mayor de los Holmes, haciéndolo caer. Se subió sobre él, cerrado las manos alrededor de su garganta mientras gruñía

-¡Lo vendiste, hijo de puta! ¡Lo vendiste!

Lestrade se lanzó a sujetarlo, pero fue incapaz de hacer que lo soltara. Wilson entró en la morgue, seguido de dos enfermeros que se lanzaron contra John intentando que soltase a Mycroft, cuyo rostro se enrojecía por la falta de aire.

-¡Suéltalo, John! –gritaba, sorprendido de la fuerza del médico.

Un tercer enfermero entró en la sala de la morgue con una jeringa en las manos. Sujetando la cabeza de John, clavó la aguja en el cuello y vació su contenido. En pocos segundos la consciencia de John se escapó, aflojado su agarre sobre Mycfoft. Con cuidado los enfermeros apartaron al inconsciente médico dejándolo en el suelo, mientras el recién llegado atendía al político que tosía y respiraba afanosamente.

Molly se mantenía ante la losa donde descansaba el cuerpo, con las manos en la boca y el rostro cubierto de las lágrimas.

Mycroft fue ayudado a ponerse en pie, pasando los ojos por las personas que estaban en la sala. Greg lo estaba mirando cuando sus ojos pasaron de él a Wilson, donde se detuvieron durante un segundo antes de volver a mirar al inconsciente John.

-Entiendo… -graznó, tosiendo para intentar suavizar la voz, sin conseguir una gran mejoría. Había un fino hilo de sangre que manchaba su labio. –Entiendo que el buen doctor está afectado por la muerte de mi hermano. No voy a presentar cargos, Inspector.

-¿Qué quería decir con que lo vendiste?

-Tenemos que sacarlo de aquí –uno de los enfermeros acercaba una camilla a donde se encontraba John-, estará fuera entr horas, será mejor llevarlo a observación.

-Debe prestar declaración –se aventuró a decir Wilson, apartándose para dejar a los enfermeros haberse cargo del cuerpo inconsciente.

-Sí –Lestrade se pasó las manos por los ojos y la frente, suspirando con fuerza-. Avisa a Dimmock, debe estar aún con los testigos en el lugar de la caída, dile lo que ha ocurrido, que envíe a alguien más para custodiarlo, yo me quedaré con él.

-Bien, señor –Wilson se marchó, no sin antes echar un vistazo detrás de Molly.

En un minuto, las únicas personas que quedaron en la morgue fueron Greg, Molly y un maltrecho Mycroft. Había algo que el D.I. no acababa por entender, algo estaba mal, terriblemente mal. Mycroft se limpiaba la sangre con un pañuelo, manteniendo la mirada de Lestrade.

-He oído que lo han suspendido, Inspector, lamento oírlo. Si puedo ser de alguna ayuda, dígamelo.

-¿Qué está pasando, Mycroft?

-Dígamelo usted, ha sido el que arrestó a mi hermano con teorías poco sustentadas de una sargento envidiosa.

Lestrade miró a los ojos de Mycroft, él conocía a ambos hermanos desde hacía años, sabía con certeza que el mayor de los Holmes cuidaba y se preocupaba profundamente por Sherlock. La máscara fría e insensible era para el resto del mundo, Lestrade sabía mejor que nadie que Mycroft debía de estar afectado por lo ocurrido. Como una inspiración, se acercó a la losa y sus dedos rozaron la sábana que cubría el cuerpo, una mano de hierro de cerró sobre su muñeca deteniéndolo.

-No, Inspector -susurró Mycroft mirándolo fijamente sin soltar su mano-, prefiero que conserve la imagen de mi hermano como el hombre que fue, y no como un muñeco roto. Despídase en el funeral.

Lestrade dió un paso atrás sin romper el contacto visual. Algo estaba mal, algo estaba muy mal…