Mil gracias a Altariel de Valinor.

Cualquier error es mío.

Ausente

Capítulo 6

La primera vez que recobró la conciencia apenas pudo abrir los ojos, el cuerpo le pesaba y había una sensación que identificó como dolor latiendo en sitios que no pudo nombrar. Estaba rodeada de penumbra y un sonido constante de monitores. Se dejó arrastrar por el sueño y fugazmente pensó que no le importaría no despertar.

La segunda vez que despertó fue más consciente de su cuerpo. El ojo derecho debía de estar hinchado por la falta de visión y la tirantez que sentía de la piel en la mejilla. El brazo en alto le entumecía el hombro, y respirar dejaba pequeños espasmos de dolor en el pecho y el abdomen. La habitación estaba iluminada con la luz del día que entraba por la ventana, y aunque había una silla para visitas con un abrigo encima, estaba sola. Tenía la boca seca y la sensación de no poder pensar con claridad. Estaba claramente en un hospital, conectada al monitor de pulso y una vía intravenosa. Al otro lado de la puerta era capaz de escuchar una conversación, y aunque intentó hablar, su garganta protestó negándose a no hacer más ruido que un gemido lastimero. Pasaron un par de minutos eternos hasta que la puerta se abrió y entró un enfermero, lo seguía su hermano con una expresión de alivio que hizo que los ojos de Sally se llenaran de lágrimas.

Pasaron otras dieciocho horas hasta que Sally estuvo en condiciones de hablar con alguien más que no fuese el personal médico o su familiar, y cuando lo hizo, fue Hopkins la que se sentó junto a su cama, con una grabadora para tomarle declaración mientras el hermano de Sally se apoyaba en la pared con los brazos cruzados y haciendo esfuerzos por mostrar una calma que no sentía. No fue hasta tres horas más tarde, bien entrada la tarde, cuando Hopkins puso un vaso de café en las manos de Lestrade, que fumaba en la puerta de la cafetería del hospital donde lo había citado para darle las novedades.

-Parece que llevas días sin pasar por casa –dijo ella aceptando el paquete de cigallos y torciendo el gesto ante las ropas arrugadas y la barba de días del D.I.-.

-Estoy en casa de mi hermano y aún no he desecho la maleta –dijo encogiéndose de hombros-. Tampoco tengo mucha vida social que digamos en estos momentos. ¿Qué puedes decirme?

-Tenías razón con los narcóticos. Las pruebas que se hicieron encontraron rastro de GHB.

-Mierda

-Sí, la memoria de Donovan no es fiable. Por lo que pudimos averiguar siguiendo sus pasos, salió con Wilson de la central al Pub de Harry. Él los recuerda y hay además varios compañeros que los vieron allí, pero Sally parecía mareada poco después de llegar, creemos que ahí ya la habían drogado. Wilson se ofreció a llevarla a casa, a nadie le pareció raro ya que habían llegado juntos, y es a partir de ahí que les perdemos la pista durante casi una hora. Hay imágenes de los dos caminando hacia Charing Cross, después de eso no sabemos nada hasta la llamada que alertó de los disparos. Está confirmado que la persona que salió corriendo de la escena cuando llegó la ambulancia le salvó la vida al hacer la RCP hasta que llegaron… El ADN de las uñas de Sally es de Wilson y de otro tipo que han identificado como Rob Haines, un ex convicto de Dover, y Wilson tiene el ADN de Haines bajo las uñas y el de Sally. Las pocas abrasiones que presentan las manos de Wilson no son defensivas, sino compatibles con los golpes que presenta la sargento Donovan. En su ropa y zapatos hay sangre y fluidos de ella… -Hopkins se calló, y Lestrade vio como sus dedos temblaban cuando se llevaba el cigarro a los labios-. Parece que ese cabrón y su compinche la estaban matando a golpes….

-Hopkins, no puedes culparte, no la ayudará.

-La animé, Greg –le dijo aplastando la colilla con más fuerza de la necesaria–. Debí advertirle que se alejara de cualquiera que hubiese pisado la comisaria de Tooting. Si se iba a meter en esa investigación sólo debía ponerme al corriente de los indicios para que hubiésemos hecho la petición a Asuntos Internos, no intentar sacarle información a un policía sospechoso de ser traficante de armas.

-¿Qué te ha contado ella? –Lestrade desvió la atención de Hopkins, él mismo se sentía culpable por no haber detectado una manzana podrida en su equipo-. ¿Recuerda algo que pueda ayudar?

-Apenas nada, imágenes sin sentido. Sí sabe que Wilson la atacó sin mediar palabra, recuerda haber forcejeado por el arma, pero ella no disparó, no había restos de pólvora. Tiene los dedos marcados en el cuello, el medico dice que llegó a perder la conciencia, puede que incluso dejara de respirar durante unos segundos… aparte de eso, no recuerda mucho más –Hopkins lo miró-, aunque hay algo que no me está diciendo, por eso quería verte antes de que subieras. Si puedes hacerla hablar…. No será oficial, pero me dará una opción para seguir. Hay tan poco de lo que me ha contado que servirá para presentarlo como prueba que me agarraré a los que puedas decirme. Ella confiará en ti, esa llamada que te hizo… quizá se había dado cuenta de algo e intentaba hacértelo saber, de todas formas lo único que podemos hacer es esperar a que una vez que se recupere sea capaz de recordar algo más.

Greg se deshizo del vaso de café sin haberlo tocado apenas, sintiendo que tampoco hoy era un día para recuperar el apetito. Desde que había entrado en el hospital para encontrar a Donovan en aquella cama, apenas había salido de allí más que para una ducha rápida y un cambio de ropa, aunque arrugada, para volver a hacer compañía al hermano de Sally, o permanecer cuando él mismo se marchaba a descansar unas horas. Habían sido tres días agotadores, en los que no había dejado de castigarse por no haber escuchado la llamada que la sargento le hizo aquella noche y acudir en su ayuda. Le habían advertido de que Wilson era peligroso y él no había compartido esa información con la persona que más confiaba de su equipo. En las horas hasta que llegó el hermano de Donovan, Lestrade había temido perder nuevamente a un amigo en pocas semanas. Aún resentía la participación indirecta que había tenido en el suicidio de Sherlock, y la culpa por no haber acudido en la ayuda Donovan no ayudaba a tranquilizarlo.

-Intentaré que hable conmigo –dijo al fin, metiendo las mano os en los bolsillos. El paquete de cigarros seguía en manos de Hopkins y no hizo intento de recuperarlos.- Te llamaré si hay alguna novedad.

-No la presiones, está viva de milagro y necesita tiempo.

Sally Donovan siempre había sido consciente de que había optado por un trabajo potencialmente peligroso. Cuando era una simple agente que patrullaba a pie se puso como meta entrar en uno de los equipos de delitos mayores, trabajar sin un uniforme, ayudar a encontrar a los culpables… Quería un trabajo del que sentirse orgullosa, un trabajo donde las personas como las que la habían dejado sin padres fuesen ante la justicia y pagasen por sus delitos. Sally quería mirarse al espejo por las mañanas y sentir que era una de los buenos… hasta que Sherlock saltó.

-¡Eh, Donovan! ¿Cómo estás?

Con dificultad por el letargo de la morfina, Sally fijó los ojos en Lestrade.

-Jefe…

-Déjalo en Greg, -con cuidado, Lestrade apartó los rizos que caían sobre la frente de Sally. Le resultaba doloroso ver el rostro de la mujer amoratado e hinchado e hizo su mejor esfuerzo por mantener una expresión neutral, incluso intentó una pequeña sonrisa-. He enviado a tu hermano a dormir un rato mientras te hago compañía, ¿está bien?

-¿Está enfadado?

-¿Tu hermano? No –esta vez la sonrisa de Lestrade fue genuina, el hermano de Donovan era para ella la única persona que respetaba sin reservas-, estuvo asustado, pero todo está saliendo bien. Debes descansar y recuperarte para que pueda reñirte en serio. –No tuvo mucho éxito con su torpe intento de broma, acercando la silla para centrarse al alcance de su campo de visión.

-¿Hopkins te ha dicho?

-No tienes que hablar de eso ahora, Sally –se atrevió a tomar la mano sana de Donovan acariciando el pulgar por los nudillos-. Tiene por el momento base para continuar con la investigación. Cuando estés lista puedes volver a hablar con ella e intentar recordar algo más.

-Creí que lo haya jodido todo y se terminaba allí… –cerró los ojos y una lagrima resbaló por la destrozada mejilla-.

-Hey, Sally, basta de eso ¿me oyes?, no tienes la culpa de nada. Esos mal nacidos son los culpables. Wilson esta muerto. Hopkins no sabe si actuó por su cuenta o hiciste saltar alguna alarma, pero hasta que todos los que estaban con él no den con sus huesos en la cárcel, no va a parar, y estarás vigilada hasta que se cierre el caso. Nadie intentará hacerte daño de nuevo.

-¿Y el otro? ¿Has visto el archivo? ¿Su foto?

Greg frunció el ceño.

-No, sólo me dijo el nombre.

Lestrade la vio cerrar los ojos y fruncir el ceño, buscando en su memoria.

-Cuando salí de la central, Wilson me invitó a tomar algo. No era la primera vez que lo hacía, no tenía nada de malo, un lugar donde solemos ir a veces. Pensé… un poco de conversación, interesarme por sus compañeros de la comisaria, las anécdotas… un comienzo para escuchar nombres que poder investigar… -guardó silencio, tragando audiblemente antes de hablar un minuto después-. Tuve la sensación de que alguien nos seguía, no vi nada, no hubo sombras… pero me sentía observada. No fue hasta que llegamos al pub que creí ver… -los ojos de Sally se posaron en los de Lestrade atemorizados-. Soy una mujer adulta, una policía que está acostumbrada a ver, observar y reconocer a las personas… y aunque sé que es imposible, creí ver a Holmes.

-¡Sally!

-No digo que fuera él –se apresuró a decir-, sé que está muerto, sólo… sólo digo que si yo creí verlo… una cría de siete años aterrorizada no reaccionaria muy bien ante alguien tan parecido a la persona que la secuestró…

Lestrade entendió un poco más la llamada que esa noche había recibido de la sargento, estaba comenzando a unir piezas de lo ocurrido en las últimas horas antes del suicidio de Sherlock y dudar de lo que ella había propiciado. La ira y la culpa se levantaron por igual en el pecho de Greg, soltando la mano de Sally y desviando la mirada a los monitores.

-La teoría de alguien más secuestrando a esos niños para incriminar a Sherlock –Sally cerró los ojos a las palabras del hombre que había apoyado esa teoría-. ¿Es ese Haines, de quien me ha hablado Hopkins, el tipo que creíste ver?

-En una descripción verbal serían idénticos –murmuró Dónovan.

-Estoy suspendido…

-Estás revisando los casos particulares de Holmes, bien puedes añadir el nombre de Haines a tu investigación. Sé que tienes a alguien que te da información… ese hermano suyo… desde que lo conociste has tenido algo así como acceso a información privilegiada…

-Mycroft Holmes sólo quería saber en que andaba Sherlock, controlarlo un poco a través de mí. No se llevaban bien, ya viste como apenas apareció en St. Bart'S. –Greg volvió a poner su mano en la de Sally, regresando sus ojos a los de ella-. Eres una buena policía Sally, tenías pruebas y las seguiste. Creo firmemente que alguien fabricó un escenario ideal para que Sherlock pareciera culpable, te enamoraste de la idea y actuaste como se esperaba. Te equivocaras o no, este no es el momento en que debas preocuparte.

Se hizo una vez más el silencio, Lestrade dejando que sus pensamientos se fueran una vez más a ese último día, en el que deseaba haber hecho las cosas de forma diferente.

-No lo odiaba –la voz de Sally lo trajo de vuelta, había nuevamente lagrimas que corrían por sus mejillas, apretando suavemente los dedos de Greg-. Quería exponerlo, dejarlo en evidencia del mismo modo que él se burlaba del trabajo que hacemos. No tenía derecho a dejarnos en ridículo solo porque era más inteligente… -un sollozo la sacudió y Lestrade en un impulso acarició su frente, dejándole un beso allí como si fuese una niña-.

-Todo está bien, Sally –murmuró-. Ahora lo ves todo por el lado malo, pero en unos días volverás a sentirte como tú misma, y te enfadarás y gritarás porque no te dejan volver al trabajo. Eres una de los buenos, y pronto volverás a estar pateando culos –ella se rio haciendo un desastre de lágrimas e hipo-. Te gusta ser la sargento patea culos, poner esa cara de "no le hago favores a nadie" y asustar a los novatos, –se rieron juntos de nuevo, volviendo Lestrade a besar la frente de Donovan antes de erguirse y ayudarla a limpiarse la cara-. En serio, no tienes que preocuparte por nada hasta que vuelvas al trabajo, sólo debes cuidarte.

-Tu mujer es una idiota por dejarte escapar, eres uno de los mejores hombres que conozco, jefe,…

-Sí, bueno… es… creo que es lo mejor, ella quiere algo que no puedo darle, así que mejor seguimos cada uno por nuestro camino.

Volvieron a quedarse en silencio, Lestrade sentado en la silla de las visitas, sin soltar la mano de Sally mientras la veía entrar y salir de un sueño ligero, interrumpido a intervalos por la ronda de enfermeras que la monitoreaban. Eran las diez de la noche cuando el hermano de Sally regresó descansado y duchado, agradeciendo a Lestrade las horas que lo había sustituido.

Cuando Lestrade salió del hospital con la intención de volver a casa de su hermano y dejarse caer en la cama hasta el día siguiente, había un coche negro de cristales tintados aparcado al otro lado de la calle, y apoyado contra él estaba Mycroft Holmes, con su sempiterno paraguas ¿fumando? Se acercó a él, frunciendo el ceño al no tener idea de la razón por la que estaba allí.

-Detective Inspector… -saludó el Cargo Menor del Gobierno exhalando el humo.

-Sólo Greg, estoy suspendido ¿recuerdas?

-Ah sí, burocracia. Pronto se solucionará ese punto.

-Preferiría que se siguieran los pasos habituales –Greg se apoyó contra el coche junto a Mycroft sacando su propio paquete de cigarrillos-. A los policías no nos sientan bien las intervenciones de arriba no solicitadas. ¿Vienes a interesarte por la sargento Dónovan?

-Sé todo lo necesario de su estado de salud, estoy aquí para invitarte a cenar, tengo algunos archivos de los casos de Sherlock que se quedaron atrás y podría verlos contigo.

-Puedes hacérmelos llegar del mismo modo que los otros, -Lestrade lo miró fijamente por un momento-, a menos que no pueda tenerlos en casa.

-Sería conveniente que no salieran de mi despacho. Hay… algunos nombres a los que podrías hacer un seguimiento por los canales oficiales de la policía, imagino que alguien habrá que te haga ese favor después de tantos años. – Sacó lo que parecía ser un cenicero portátil del bolsillo donde desechó los restos del cigarro y lo pasó a Lestrade-. Cuando esos nombres entren en el sistema se pondrán en marcha algunos engranajes que tendrán como resultado detenciones bastante sonadas que darán al Yard algo de prestigio y te pondrán en el camino de tu reincorporación. Habrá que coordinarlo con la INTERPOL, pero eso caerá en otras manos.

-¿Y cómo justifico el conocimiento de esos nombres?

-Un caso de mi hermano, de hace poco más de dos años, en Surrey. La policía local siguió hasta donde podía hacerlo. Se detuvo al culpable de un asesinato y el caso se dio por cerrado, un Inspector suspendido del Yard verá conexiones que llevan a peces más importantes, casos abiertos de tráfico humano, extorsión, desfalco… a Sherlock le resultó aburrido, para ti puede ser un incentivo saber que es el mismo caso del que la sargento Donovan ha comenzado a tirar los hilos. Tómalo como tu pequeña venganza.

-Creo que no voy a aceptar, Mycroft, ya tengo bastante atención sobre mí, y me temo que esto tendrá un costo que quizá no pueda pagar.

Mycroft lo miró, sonriendo.

-Mi hermano siempre ha dicho que eres el mejor de los Yaders. Desde tu última revisión médica ¿ha surgido algún problema cardíaco digno de mención, Inspector?