El Françoise Dupont, una de las Universidades más reconocidas en el ámbito académico. Su estructura era tal y como la de un castillo modernizado y los salones y cafeterías estaban bien equipados. Extensos campos de áreas para ejercitarse, albergas y los preciosos jardines que rodeaban a la edificación en si, era un lujo que solo los que lograban ingresar tenían el placer de contemplar y estrenar. Una universidad prestigiada donde muchos de los estudiantes pertenecían a familias poderosas o eran de padres famosos. El sueño de cualquier adolescente que estuviera en sus cabales.
Entrar a esa Universidad era casi tan imposible como encontrar árboles de algodón de azúcar. No estoy exagerando.
Cada alumno era minuciosamente inspeccionado por el director en persona. Estaba en sus manos decidir si entrabas o no a la dichosa institución. Si le caías bien, bienvenido seas; si no, gracias por tu tiempo. Si no es que te mandaba sacando de una patada.
Claro que, el sobornarlo con unos cuantos billetes por parte de los padres de familia, era suficiente para que incluso besara el suelo que pisabas. Sin embargo, aquello solo lo practicaban las familias que tenían un rango tan alto en la sociedad, que era muy raro que no te aceptaran. Muchos tenían comprado al director. Y por hecho esa escuela tenía toda clase de estudiantes, ya sean delincuentes, samaritanos, hippies, cristianos, libertinos. Un centro de estudio bastante variado, para ser justos.
Por eso, cuando una hermosa chica de rasgos asiáticos recibió un correo electrónico con la frase Aceptada en color verde en una página de sugerencias a Universidades. Esta misma, quedó en Shock.
—Me aceptaron... — musitó sin poder creer lo que leía — ¡Me aceptaron! — repitió ahora con la euforia recorriéndole las venas — ¡Me aceptaron! ¡Me aceptaron! — sin esperar más agarro su tableta electrónica y bajó corriendo hasta donde estaban sus padres para enseñarles el mensaje con su carta de aceptación a digital.
Una amorosa pareja de esposos ajenos al arranque emocional de su hija, estaban en su local preparando más de la deliciosa bollería que se serviría ese día en la panadería. La que ellos manejaban y que era todo un éxito. Nada los preparó para el grito de euforia que pegó su hija, bajando a tiempo record las escaleras y estampándose frente a sus padres con una enorme sonrisa y el artilugio en sus manos.
—¡Me aceptaron! — vociferó la pelinegra.
Los padres casi habían tirado los platos debido a la impresión de ver a su hija tan ilusionada. Dejaron todo lo que estaba en sus manos asentado en una mesa por si acaso y miraron con asombro a su niña, quien a penas podía quedarse quieta debido a la emoción que la invadía.
—¡Wow! Cariño, tranquilízate. Danos un respiro, ¿Que pasó? — logró preguntar el señor Dupain intentando comprender bien las palabras de su hija, la cual les entrego la tablet que había estado sosteniendo entre sus manos presa de la excitación.
La señora Sabine, quien estaba un poco más calmada que los dos, tomó la tablet y comenzó a leer en voz alta el mensaje que ponía allí.
— Estimado(a) Marinette Dupain-Cheng, a través de la presente la Universidad Nacional Françoice Dupont, le informa que su solicitud de ingreso ha sido aceptada por los directivos de esta honorable institución.
Reciba la mas cordial de nuestras felicitaciones por la aceptación para formar parte del alumnado de nuestra Universidad y por lo cual, le solicitamos se presente en nuestras oficinas el día 3 de Septiembre de este año en curso para comenzar los tramites de inscripción.
Para cualquier duda o aclaración, quedo a sus ordenes.
Gracias por su atención.
ATENTAMENTE
Bustier Caline
Coordinadora de Admisiones
Cuando ambos terminaron de leer no pudieron evitar sentir la misma emoción que desprendía su hija, llegando rápidamente a su lado a abrazarla entre los dos.
—Oh cariño ¡Felicidades! Estuviste trabajando muy duro este año, te lo mereces. Es una institución muy codiciada, da lo mejor de ti — animó su madre abrazándola y dándole un amoroso beso en su mejilla.
La pelinegra correspondió el abrazo de su progenitora y cerró los ojos entusiasmada.
—Gracias mamá — apenas terminó de decir esas palabras, su padre la apartó de su madre y la jaló sorpresivamente para si mismo dándole un muy fuerte abrazo que superó el de su madre en cuestión de fuerza.
—Mi dulce pequeña, yo sabía que lograrías entrar, eres tan inteligente mi niñita — la azabache al principio y como pudo abrazo devuelta a su padre pero cuando quiso zafarse, esta misma luchó dando unas pequeñas palmadas a su padre para que la soltara.
—Ehm... papá, ya no... respiro — articuló esperando a que su progenitor la liberara de ese mortal abrazo.
—Tom, la estas asfixiando — regañó divertida su madre, el panadero por fin cedió a las súplicas de la joven y la liberó de su abrazo colocando a la muchacha que intentaba recuperar el aire frente a él.
—Perdón cariño, ya sabes como es tu padre.
—No importa mamá, esta emocionado, ¡Al igual que yo! ¡No puedo creer que me hayan aceptado en una de las mejores Universidades del país! ¿E-Esto no es un sueño verdad? — tartamudeó la chica tomando su frente agitada — ¡Tiene que serlo! P-Porque si lo es entonces será mejor que alguien me pellizque para estar segur... ¡Ay!
Ella gritó a la vez que veía sorprendida como su madre se había tomado la molestia de darle un pequeño pellizco en su brazo, causando que esta misma saltara y se llevara la mano a la zona dañada.
—¿Ves? No es un sueño — informó la mujer asiática con una enorme sonrisa dirigida a su hija. Claramente estaba divertida por su comportamiento tirado a dramático.
—¡Mamá! No lo decía en serio — reclamó Marinette acariciando la zona afectada haciendo un mohín.
El señor Tom rió ante la pequeña pelea de madre e hija y las agazapó a ambas en un cálido y amoroso abrazo.
—No más gritos en esta casa, salvo en la cena para celebrar el ingreso de Marinette a la Universidad — ordenó Tom.
La señora Sabine juntó sus manos y expresó una cálida respuesta para su esposo.
—¡Tienes razón amor! Esto hay que celebrarlo, iré a preparar algo acorde a la ocasión.
Tanto padre e hija siguieron a Sabine al departamento, no sin antes poner el letrero de cerrado, por hoy los habitantes de París tendrían que privarse de los deliciosos postres que esta ofrecía, hoy era un motivo de celebración muy especial.
...
Marinette estaba nerviosa, pero aún así consiguió despertar antes de que el despertador sonara. Los rayos del sol dieron de lleno a su rostro por el tragaluz y por periodos cortos de tiempo bostezó un par de veces por el cansancio. Anoche de la emoción no durmió casi nada. Pensó que podría controlar los nervios pero claramente no fue así.
Sería una nueva etapa de su vida. La Universidad era muy diferente a la preparatoria, nuevos compañeros, nuevos profesores, había tantas cosas nuevas que tenía que vivir en esa Universidad. Tenía que dar lo mejor de si.
—Solo tienes que ser tu misma — le murmuró a su reflejo.
La Universidad le quedaba unos quince minutos de camino. Si se apresuraba a cambiarse, podría llegar a tiempo para que alguien le mostrase las instalaciones o le indicara su salón de clases .
Sin más preámbulos, decidió ponerse una de sus prendas hecha a mano, por ella misma. La chica era una verdadera genio en el arte de la costura. Alguien con un talento nato. Sus prendas acariciaron la tersa piel de la joven adolescente hasta quedar completamente vestida, tomó su bolsa y como último toque final colgó un pequeño adorno de una catarina de peluche que llevaba consigo a todas partes, que era , como ella lo decía, su amuleto de la buena suerte. Termino de colocar a "Tikki" en un lado de su bolsa bajando los escalones hasta llegar con sus padres a la panadería.
Estos le desearon suerte y antes de que su retoño se marchara, le entregaron una caja con varios macarrones para compartir con los amigos que se acercaran a ella. "Nada como un buen macarrón para formar una amistad". Muy sabias palabras de sus padres.
Tomo alegremente la caja y abrazó a sus padres cerrando los ojos.
—Los quiero mucho — murmuró suavemente alejándose después con una mirada nostálgica y tomando cuidadosamente la caja en sus manos que contenía los dulces. — nos vemos en la tarde — gritó mientras se alejaba del local de sus padres rumbo a la Universidad.
Empezó a caminar varias calles sin detenerse en lo absoluto. Logró llegar antes de que el portero cerrara las puertas.
—Gracias — susurró en un jadeo gratamente al hombre que simplemente asintió y la dejó ingresar sin musitar palabra. Se había demorado más de lo que había pensado. Ahora tenía que hallar la forma de encontrar su salón de clases sin ayuda.
«Fantástico, acabo de llegar y ya lo eché todo a perder»
Sintió un nudo en el estómago antes de recorrer con la mirada el desolado pasillo para buscar a alguien que viniera a socorrerla.
Un gran alivio se instaló en su cuerpo cuando una mujer alta y de cabello color ceniza con gafas, cruzo el pasillo con un par de carpetas en mano. Al parecer era profesora de alguna clase. Ella podría ayudarla.
—D-Disculpe...
La hermosa mujer le dio un vistazo a la pelinegra antes de arquear una ceja confusa bajando un poco las gafas de su sitio habitual dejando ver un par de hermosos ojos color jade.
Al ver esto todas las barreras del control de nervios de Marinette se desmoronaron como una baraja de naipes, dándole paso a un tenso silencio de su parte.
—¿No debería estar en clase en estos momentos, señorita? — inquirió la mujer extrañada con un acento inglés.
—¡S-Si! L-Lo siento es que... soy, soy nueva y no encuentro mi salón de clases, es que este edificio es tan grande que...
—¿Que salón le tocó? — volvió a preguntar sin darle tiempo a que Marinette terminara la frase.
Marinette con rapidez sacó el papel donde tenía anotado el nombre de su salón y su profesor.
—E-Estoy en la clase 3-B con la profesora Caline Bustier — indicó.
—Sígueme.
Marinette algo cohibida la siguió y apretó la caja de macarrones contra su pecho ansiosa. La mujer la guío por un extenso pasillo donde había una vitrina con varios trofeos de toda clase de deportes. Casi se quedo a contemplarlos de no ser porque la mujer carraspeó y le indico con un movimiento de su cabeza que continuaran.
Con las mejillas arrebolatadas corrió a donde permanecía la institutriz y caminaron una vez más hasta llegar al salón de la azabache.
—Aquí es — indicó — salón 3-B a cargo de Madmoiselle Bustier. ¿Necesitas otra cosa?
—No. G-Gracias por traerme, siento haber sido una molestia. — se disculpó apenada.
—Fue un placer haberla guiado a su área de estudio. Mi nombre es Miss Kassandra, mentora de idiomas y consejera escolar. Cualquier cosa que necesites puedes acudir a mi. Mi oficina esta en el piso dos a la izquierda — informó con una sutil sonrisa.
Marinette abrió la boca y en seguida le dio nuevamente las gracias. La mujer abandonó a la chica frente a la puerta de su salón para retirarse al suyo haciendo solamente ruido con los tacones al caminar.
Ahora con el miedo instalado en sus venas, Marinette alzó la mano envuelta en un puño para dar ligeros toques a la puerta.
Unos instantes, abrió una mujer casi de la misma estatura que Miss Kassandra le abrió. Su cabello rojizo estaba recogido en un chongo y su mirada color turquesa era cálida. Se veía simpática. Con una sonrisa permitió que la chica diera paso al salón y esta ingresó con la mirada fija en el suelo.
Cuando cerraron la puerta detrás de ella se encogió tratando por todos los medios de pasar desapercibido. Más eso no estuvo en los planes de la maestra.
—Chicos presten atención. — vociferó la maestra captando la atención de varios de sus estudiantes al instante. Al ver esto, sonrió y acercó a la azabache hasta el pizarrón para que sus alumnos la conocieron — alguien nuevo a ingresado a nuestra clase, quiero que por favor la traten con cordialidad. Háganle saber el porque esta Universidad es la mejor de todas. Preséntate linda.
Marinette tragó saliva mirando vagamente al frente, donde yacían sentados los que serían sus compañeros de clase. Tomo aire y procuro de que su voz no saliera chillona como otras veces.
—B-Buenos días, mi nombre es Marinette Dupain-Cheng y... y yo... he... — su mente se quedó en blanco por unos segundos y por un breve instante se había olvidado de como respirar. La profesora noto el nerviosismo de su nueva alumna y decidió que era tiempo de intervenir. Tocó su hombro con delicadeza y con una mirada cómplice dijo.
—Entonces, Marinette. Bienvenida al Françoice Dupont, puedes sentarte al lado de Alya. Gracias por tu presentación, esperamos que te adaptes pronto a este instituto. Allá es tu asiento. Alya, levántate por favor... — ordenó la maestra Caline.
La oji-azul siguió la extremidad de su mentora y visualizó el asiento penúltimo de la derecha, donde yacía parada una chica morena con largos cabellos entre castaño y rojizo.
—H-Hola, me llamo Marinette.
—Lo sé, recién te has presentado ¿recuerdas?
Marinette mordió su labio inferior fuertemente presa de la vergüenza ante su torpe intento de presentación y se sentó decaída en la banca de madera, colocando sus brazos en la mesa y arrasando con la caja que portaba hasta su pecho como a modo de consolación.
La chica a su lado la observó con ojo crítico, inspeccionándola hasta que finalmente volvió a hablar.
—Eres becada ¿no es así?
La chica giró su cabeza tan rápido que bien pudo romperse el cuello.
—¿C-Como lo has sabido? — preguntó sorprendida a la espera de la respuesta de su compañera de asiento.
—Sencillo — se jactó la morena — teniendo en cuenta que las clases comenzaron hace ya varios días, me basé en que solo los becados entran después del ingreso académico de los que se han inscrito voluntariamente.
—Oh... — Marinette no pudo evitar sentirse pequeña ante tal revelación, si no es por decir, insignificante. Era obvio que tarde o temprano se darían cuenta de ello, que no era alguien de su misma clase social.
—Aparte, jamás había escuchado tu apellido por aquí, la mayoría de los estudiantes son hijos de padres muy reconocidos. Dime... — la castaña se acercó aún más a la franco-china casi intimidándola por su cercanía. — tu no serás de esas chicas que se le suben los humos solo por estudiar aquí... ¿Cierto?
La pelinegra pestañó repetidamente ante lo dicho por la morena y casi con miedo respondió.
—Amm ¿No?
La de mirada ámbar entrecerró los ojos como si aún desconfiara y esbozó una radiante sonrisa extendiéndole la mano a la recién llegada.
—Oh, pues siendo así, gusto en conocerte, me llamo Alya Cèsaire.
Marinette tomó la mano de la chica estrechándola y sintiéndose algo aliviada de conocer a alguien de su misma edad.
—Un gusto Alya, ya me conociste — rió mas relajada — Me llamo Marinette, pero si gustas puedes decirme Mari. Mi familia me llama de ese modo. — agregó.
Alya asintió y se recargó en su asiento dispuesta a entablar una conversación con la nueva.
—Disculpa el interrogatorio de hace rato, estudio para ser reportera — explicó — y mis instintos están alerta en todo momento.
—Pierde cuidado — dijo Marinette restándole importancia — es normal teniendo en cuenta que soy nueva aquí — expresó.
—Aún así te ofrezco una disculpa, fue muy descortés de mi parte — trató de redimirse.
—Descuida, en serio — Marinette abrió la caja que contenía los macarrones y saco uno perfecto y delicioso de color naranja — toma, sin resentimientos — alegó Marinette extendiéndole el delicioso bocadillo.
Alya lo tomó de manera precauciona y masticó un pedazo casi sintiéndose en el cielo.
—¡Wow! ¡Es de lo mejor que he probado! — argumentó devorando con ansias el manjar en sus manos hasta solo dejar las migajas y gimiendo extasiada cuando la azabache le ofreció más de aquella caja.
—Chica, te acabas de ganar una amiga en este mismo momento — dijo con dificultad debido a que sus mejillas estaban repletas de macarrón.
Cuando Alya se terminó toda la caja, la azabache le pasó una servilleta para que se limpiara los restos del dulce y con una sonrisa de ambas, enfocaron sus miradas en la breve explicación de la maestra.
Marinette sintió como si todo el peso de sus hombros desapareciera, había echo su primer amiga en la Universidad y parecía alguien bastante genial. Cosa que no creía posible, de parte de los que estudiaban aquí, todos parecían venir de familias adineradas. Eso se notaba por las prendas de vestir que utilizaban, o de los artilugios que portaban, la mayoría de último modelo o de marcas que ella ni siquiera sabía que existían.
Pensó que no sería para nada sencillo encajar, pero nada que ella con su carisma y amable personalidad no pudieran resolver.
Tomó notas de lo que la maestra escribía en el pizarrón y continúo escuchando la clase con normalidad. Estaba viviendo el sueño de su vida al ingresar a esta Universidad. Debía dejar las preocupaciones de lado y disfrutar de haber tenido la suerte de poder estudiar en una de las mejores Universidades del País.
«Todo estará bien»
...
¡Hello!
Como han podido leer, aquí esta el prólogo de esta historia, espero y les agrade.
Si es así háganmelo saber en los comentarios.
Un beso enorme a mis queridos y fieles lectores. Lorena, te amo Ma bella.
¡Bye! ¡Bye!
