Cuando llegó la hora del descanso la morena se convirtió en la guía de Marinette, enseñándole todos los lugares que tenían en el instituto, como las albergas, el campus, los diferentes salones para que no se perdiera y por último la Cafetería. Marinette agradecía mentalmente a la morena de que le mostrara el lugar, de lo contrario, nunca habría podido aprenderse la ubicación exacta de los salones, ni poder ir rumbo a la cafetería por un bocadillo.

Finalmente luego del recorrido ambas chicas se sentaron a descansar en una de las mesas afuera de la cafetería, más preciso, en el patio. Se habían detenido para comprar su almuerzo antes de sentarse.

—Entonces ¿Tú mamá es la Chef de un hotel cinco estrellas? — preguntó Marinette sorprendida por el relato de su nueva amiga.

—Sip, y tengo tres hermanas — reveló — yo soy la de en medio — se señaló así misma — Nora es la mayor, es luchadora profesional — comentó como si nada.

—¡Wow! Que fascinante, nadie debe meterse contigo en el instituto — señaló la azabache divertida. Causando la risa de Alya.

—Bueno, no es como si necesitara a mi hermana en estos casos — levantó los puños y se los enseñó a la azabache — con estos muchachos tengo la vida resuelta, si alguien me hace enfadar, lo apalearé hasta que me sangren los puños — demandó orgullosa.

La pelinegra admiro una vez más la tenacidad con la que hablaba su compañera, solo la conocía hace un par de horas, pero hablando con ella descubrió que era en verdad sorprendente. Su mamá era Chef en uno de los hoteles más lujosos de París, razón por la cual la chica podía costearse su estadía aquí y como olvidar lo del blogg, una página creada por ella misma donde reportaría a menudo las noticias y chismes que la Universidad tenía para ofrecer.

—Luego están mis hermanas menores Ella y Etta, son encantadoras hasta cierto punto — recalcó rodando los ojos.

Marinette ladeó la cabeza confundida.

—¿A que te refieres?

—A que mis hermanas pueden ser peor que un torbellino cuando se lo proponen — explicó — ¡Agh! Todavía puedo recordar lo del parque — se lamentó tomándose la cabeza.

—¿Que pasó en el parque? — preguntó con curiosidad la azabache.

—Una vez mamá y yo le habíamos prometido a las gemelas ir al parque de diversiones si sacaban sobresaliente en su examen de matemáticas — relató — todo iba excelente, estábamos esperando nuestro turno para la montaña rusa cuando ambas desaparecieron como por arte de magia de la fila. Mamá y yo estuvimos buscándolas por varias horas, mi mamá estuvo a punto de llamar a la policía — rió la morena al recordar ese momento desesperante donde su madre estaba tan alterada que fácil podía haberle dado un ataque allí mismo — cuando acordamos, las gemelas tenían puestas una máscara de ogro cada una y estaban asustando a la gente... se hacían llamar "Les Sapotis".

Marinette rió levemente por el relato de su amiga, no podía creer que dos dulces niñitas hubieran hecho tal alboroto en un parque de diversiones a plena luz del día.

—Cabe recalcar que cuando las atraparon, no se salvaron de su castigo, ni porque hicieron sus famosos ojitos de cachorrito.

—Tus hermanitas son todo un caso — reconoció la oji-azul riendo con su amiga.

—Si, pero las quiero — admitió — debo reconocer que sin ellas, mi vida sería muy aburrida. Me hacen reír todo el tiempo, aunque me saquen de quicio un par de veces.

Hasta ahora, estaba fascinada por todas las cosas que Alya le había contado de su familia. Incluso sintió algo de envidia. Ella no tenía hermanas o hermanos. Ni siquiera podía contar con una mascota debido a que sus padres eran panaderos y no podían cargar con las responsabilidades de tener un animalillo en casa, por cuestión de higiene.

—Y dime Mari... ¿Ya has pensado en unirte a algún club? — preguntó Alya mordiendo una de sus papas fritas.

—¿Club?

—Si, un club — repitió — las reglas de la Universidad es que al menos debes unirte a un club, como una tarea extracurricular. — le hizo saber.

—¿Eh? Bueno... — la franco-china lo pensó por unos instantes y luego regresó su mirada a la morocha — ¿Hay algún club de costura? — preguntó ilusionada.

Alya sonrió ladeadamente recargándose en su asiento y asintió.

—Esta el club de arte, ahí puedes crear lo que quieras, ya sea música, coreografías, pinturas, entre otras cosas — le dijo comenzando a enumerar.

La azabache se ilusionó por un momento al escuchar eso. Su día estaba poniéndose cada vez mejor, en cuanto terminaran las clases, iría directo a inscribirse a ese club. Había recorrido con Alya la mayor parte de las instalaciones del instituto, se maravillo de como todos los salones que estaban equipados para la unión de los clubs, contaban con más de mil cosas con las que podría dar rienda suelta a su imaginación. Fantaseaba con ello a cada momento haciendo reír a su nueva amiga.

—Por la cara de ilusión que pones debes de ser una genio con el hilo y la aguja ¿no? — inquirió — tendrás que enseñarme uno de tus diseños si o si — comentó la castaña dándole una enorme mordida a su hamburguesa.

—C-Claro, aunque no soy muy buena, es decir... he hecho algunos diseños pero, aún estoy aprendiendo unos cuantos trucos — argumentó tomando una pequeña porción de su pizza — de hecho, la ropa que traigo puesta, la hice yo — confesó tímidamente jugando con el vaso descartable de su refresco.

La bloguera abrió los ojos enormemente detrás de sus gafas abriendo levemente la boca pasmada.

—¿Me tomas el pelo? — preguntó asombrada.

—N-No... e-es verdad, el diseño y la moda es mi vida, he diseñado desde que era muy pequeña y m-me gustaría poder ser una famosa diseñadora de modas en un futuro no muy lejano — dijo encantada.

—Pues déjame decirte que si los diseños que haces son como ese conjunto — señalo su ropa —triunfarás mas pronto de lo que te imaginas.

—¿L-Lo crees?

—Chica, yo sé de lo que hablo — se jactó — ¡Es más! Para el primer contenido de mi blogg, ¡Le haré saber al instituto lo talentosa que eres! "Diseños y Bordados con Marinette Dupain-Cheng" un prodigio en las artes de la costura.

—A-Alya, pero si ni siquiera has visto mis otros diseños — replicó algo alarmada.

—¡Que más da! — dijo restándole importancia — no necesito verlos para saber que son Fa-bu-lo-sos — expresó extendiendo ambas manos enérgicamente devorando su última papa y tomando un sorbo de su refresco.

La azabache rió encantada por la actitud entusiasta y enérgica de su amiga y continuó picoteando algo de su almuerzo, Alya pronto permaneció algo tensa y su mirada se afiló llegando hacia el campus.

—¿A-Alya? ¿Qué ocurre? — preguntó Marinette divisando a una rubia avanzar hasta su mesa junto a una chica pelirroja de cabellos cortos y con anteojos. No era de las que juzgaban rápidamente a las personas, pero una sensación desagradable surgió de sus entrañas al verlas. Y no era la comida que había ingerido momentos atrás.

Se detuvieron unos pasos frente a la mesa y las observaron de manera despectiva. Esas insignificantes alumnas, estaban sentadas en su sitio.

—Vaya, mira esto Sabina, otra imsulsa con pésimo sentido de la moda — insinuó mirando a Marinette como si solo fuera parte de la silla donde estaba sentada — al parecer, debemos aclarar un par de cosas aquí — continuó — Vamos, piérdanse — ordenó asqueada — esos son nuestros lugares de descanso — dijo manteniendo su tono altivo.

Alya enarcó una ceja entre burlona y molesta confrontando a la rubia oxigenada frente a ella. Que para su desgracia, conocía muy bien.

—¡Oh, lo sentimos mucho Chloe! — exclamó de forma dramática — no lo sabíamos — se excusó — es que, mira... la verdad, no veo tu nombre por ningún lado — concluyó Alya en una risita burlona que hizo que la rubia frunciera el ceño.

—¿Te estas burlando de mi?

—Ya decía yo que las rubias eran tontas por naturaleza — murmuró — ¿Acaso quieres que lo repita para ti?

—¿¡Cómo te atreves a hablarme en ese tono!?

—¿Qué? ¿Te duele que te digan tus verdades a la cara? — repitió la morena en su mismo tono burlón.

Chloe gruñó y la atacó también.

—Lo dice la perdedora que realizó un blogg de anticuados súper héroes en la preparatoria, no puedes ser más ridícula — mencionó con burla — sigues siendo la misma patética Friki que siempre has sido.

—¿¡Cómo me llamaste, rubia oxigenada!?

—Hey, chicas por favor, basta — quiso intervenir Marinette al ver que la situación se estaba saliendo de las manos.

—Uhh, esta enfadada Sabrina, ¿Y que harás Cesaire? ¿Mandar al gorila que tienes por hermana a golpearme? — se mofó ignorando a Marinette y observando sus uñas como si estuviera buscando alguna imperfección, que obvio jamás encontraría.

Alya se levantó como un resorte de su asiento mirándola como si quisiera arrancarle la cabeza.

—¡No te atrevas a hablar así de mi hermana! Y para que te lo sepas, no necesito de ella para partirte la cara — gruñó molestándose.

—A-Alya, tranquila — murmuró la azabache algo asustada y casi deteniendo a la morena. En lo poco que llevaba de conocerla, sabía que era capaz de eso y más. Y aunque la chica de adelante se lo mereciera, no consideraba satisfactorio que su nueva amiga tuviese una sanción por esto.

Chloe jadeó ofendida y se cruzó de brazos.

—¿Acaso no sabes con quien hablas Césaire? Yo soy Chloe Bourgeois y soy la hija de...

—Si, si eres la hija del Alcalde — expresó con voz cansada la morena — nos hartaste diciéndonos la misma frasecita en la secundaria — dijo mordazmente.

—¡Hmp!... me han hecho perder parte de mi valioso tiempo discutiendo, así que se los diré por última vez ¡Sálganse de mí asiento! — dijo en modo de berrinche.

Alya se cruzó de brazos volviéndose a sentarse y la miró con altivez y arrastró sus palabras.

—Quiero ver que nos saques de aquí... — la retó con la mirada.

El rostro Chloe Bourgeois se distorsionó en una mueca de repelús y extendió el brazo hacia una muy callada Sabrina.

—¡Sabrina!

—S-Si, Chloe — dijo sabiendo lo que tenía que hacer.

Sin vacilar, la pelirroja le quitó el plato de comida a un chico que estaba sentado a unas mesas más adelante, entregándole el plato a Chloe como si se tratara de un artículo muy valioso agachando la cabeza.

La rubia miró asqueada la porción de puré de patatas y pollo a la brasa que sostenía y miró hacia las chicas que habían osado retarla de esa manera.

—Si no van a salir por las buenas... — se preparó para lanzarlo — lo harán por las malas — el plato fue en una trayectoria hacia el rostro de la morena, que ágilmente se agacho y haciendo que el plato cayera detrás de ella hacia un chico que tuvo la mala suerte de cruzar, y que miró para nada contento al grupo de chicas, apretando los dientes hacia una pálida y temblorosa Chloe al identificar de quién se trataba.

—A-Adri-cho, l-lo siento mucho yo no quería... ¡E-Es que estaba...!

—¡Cállate! — la interrumpió mordazmente con una mirada que congelaba hasta los huesos.

Caminó hasta la mesa donde estaban ambas jóvenes y les lanzó una mirada venenosa con Chloe detrás de él mirándolas de brazos cruzados.

Marinette quedó hipnotizada detallando el bello rostro del varón de gemas esmeralda, que aún con su ceño fruncido y su cabellera dorada embarrada de puré de patatas, lucía realmente atractivo a sus ojos.

Terminó su escaneo abruptamente cuando fue bañada en un frío líquido negruzco que la hizo levantarse de inmediato jadeando por lo fría que estaba la bebida y el como la tela que portaba se adhería a su piel pegajosa.

El chico había tomado lo que quedaba de el refresco de Alya, y lo había dejado caer sobre la cabeza de la pelinegra molesto. Para sorpresa de la morocha y de la diseñadora. Quien no podía creer la acción de aquel chico.

—¿¡Pero que rayos te pasa!? — se quejó la muchacha de ojos azules mirándolo con fuego en los ojos y los labios apretados.

El rubio ni siquiera se inmutó.

—¿No querías jugar a lanzarse comida? Bueno, pues ahí tenéis vuestro jueguecito — murmuró despectivamente tirando el envase sin mirarlo.

Marinette sintió una ira enfermiza recorriendo sus venas y calentándole las mejillas en una expresión furiosa.

—¡Yo no tengo la culpa! ¡Fue ella la que empezó todo! — señaló a Chloe.

—¡Me vale quien haya empezado esta mierda! Solo eres una... — de inmediato la azabache se atrevió a dejarse llevar por sus impulsos y le estrelló su propio plato de comida en la cara de ese descarado.

El Agreste retiró rápidamente los restos de comida de su cabellera y la miró con un claro desprecio apretando los dientes acribillándola con la mirada.

—¡Guerra de Comida! — gritó alguien más atrás de ellos, armando el desorden.

Todos lanzaban comida de aquí para allá, obligando a los demás a refugiarse detrás de las mesas y las bandejas de comida.

La chica se ocultó junto con Alya detrás de su propia mesa, que trataba con todas sus fuerzas atinarle a la cabeza hueca de Chloe, que ponía a Sabrina como escudo chillando y protegiendo entre sus brazos su nuevo bolso Channel.

El escándalo prosiguió por varios minutos hasta que una voz iracunda se dejo oír por todo el campus.

—¿¡Pero que rayos pasa aquí!? — gritó una voz femenina parando el duelo de comida.

Alya escondió el puñado de patatas fritas tras su espalda que estaba dispuesta a lanzar y miró con pavor a la maestra. Al igual que todos.

—¿Quién es el responsable de este alboroto? — rugió la profesora Mendeleive a todos en el campus, que señalaron a Adrien Agreste y a la chica nueva como los culpables.

«Esto no puede estar pasándome»

—Sinceramente, la actitud de ambos es inaceptable — dijo el director con reproche mirando seriamente a ambos jóvenes que no estaban para nada contentos de estar ahí. Se podía notar a millas el ambiente tenso y mordaz que expedían el rubio y la azabache.

Ambos lanzándose miradas fulminantes de desprecio y odio desmedido.

El director suspiró.

—Y usted, señorita Cheng... la consideraba una alumna decente y respetuosa, digna de estar en esta prestigiosa Universidad, no como alguien busca problemas... esperaba más de usted.

Marinette bajo el rostro apenada evitando la mirada decepcionada del director.

—Comprenderán que lo que hicieron es una falta grave a las reglas de esta institución, por lo que deberé hacer un reporte a sus padres y estarán expulsados por tres días.

El color se fue del rostro de Marinette al escuchar sobre la expulsión.

¿¡Tres días!? ¡Ni siquiera había tenido la oportunidad de conocer bien su instituto!

El director comenzó a hacer los reportes para horror de Marinette y mencionando mientras los hacía que una vez que se los entregaran, ya podían marcharse. Haciendo que la azabache casi soltara un sollozo claro, delante de todos los presentes en ese despacho.

El Agreste se levantó de su asiento y fulminó a la azabache arranchándole con su mano libre la nota de las manos del director y zafándose con fastidio de las garras de Chloe, quien a pesar de ese brusco movimiento lo siguió como perrito faldero con Sabrina detrás de ella.

La diseñadora quedó solo con Alya tomando la misma nota que el director le había dado al zagal, permaneciendo con un semblante de miedo y decepción de ella misma.

«No puedo creer que mi primer día haya resultado así»

Sintió ganas de llorar de frustración. Las lágrimas se agolparon en sus ojos mientras que Alya le dió un abrazo reconfortante tratando de consolarla y acompañándola a la puerta fuera del despacho del director. Su día perfecto se había transformado en un grotesca pesadilla, no tenía ganas de ver los rostros de sus padres al decirles sobre el reporte que le habían dado ese día. Solo quería tirarse de un barranco... si es que pudiera.

¡Todo era culpa de ese cretino! ¡¿Cómo es posible que exista alguien tan desagradable?! Tenía ganas de tomar esa hermosa cara de ángel y estrellarla contra la pared una y otra vez hasta convertirlo en el feo mounstruo que en realidad era, pero no aparentaba.

Y pensar que le pareció lindo.

...

¡Hola, hola! ¿A poco pensaron que abandonaría esta historia? UwU.

¡Para nada! Jaja no se librarán de mi tan fácilmente w. Sé que estoy algo lenta, pero mejor eso a no actualizar nunca ¿no?

En serio espero que les haya gustado este capi, puesto que trabajé mucho en el, y solo preguntaré.

¿Que piensan a cerca de este Adrien?

Como siempre me despido de ustedes deseandoles lo mejor, y que por supuesto nos leeremos en otro capítulo de esta historia y de mis otros proyectos.

¡Los amo mucho! y les mando un beso a todos! :"3

¡Bye, bye!