Buenos días, tardes o noches... dependiendo a que hora lean esta historias, si es que aún haya lectores después del tiempo que transcurre entre cada capítulo, pido disculpas por la espera larga, pero desgraciadamente no puedo controlar mi imaginación e inspiración, pero sin embargo siempre que termino un capítulo lo publico ese mismo día. Terminando esta ligera presentación y aviso...

Sin más preámbulos, comencemos...


Capítulo 3: Temas de conversación

A partir de la clase de educación física la escuela tomó un ritmo acelerado; faltaba una hora para que el timbre de salida sonara, pero lo diferente en esa hora es que decidirían a que club entrarían. Observaban con detenimiento cada folleto que estaba en la pizarra: cada uno contenía la descripción al igual que las materias que manejaría cada club.

—¿En qué club se inscribirán ustedes? —preguntó Eddy tratando de fundamentar su decisión en la de sus amigos.

—Yo en el de futbol —respondió rápidamente Ed y colocando su nombre en la lista de inscripción.

—Típico —dijeron al unísono Doble D y Eddy.

—Pues yo me inscribiré en el de lucha —comentó Lee a sus espaldas asustándolos un poco.

—Pero mi amor, ¿qué no es únicamente para varones? —preguntó Eddy desconcertado ante tal elección.

—¿Y? —cuestionó un poco molesta por el ligero machismo de su novio —, estamos en un país libre, en dónde las mujeres ya pueden practicar y desempeñar los trabajos que durante mucho tiempo eran exclusivamente de los hombres —terminando de decir eso firmó el último renglón, era la única mujer —, no puedo creer que te moleste eso Eddy, a veces eres un verdadero patán.

—No amorcito es solo que… —trató de explicarse pero Lee lo silenció con una besó desatando la mofa de Ed y Doble D.

—A veces tu intensidad me hace vibrar —Eddy no pudo evitar sonrojarse por ello —, voy a ir a tu casa a las seis de la tarde —sólo alcanzó a asentir. Lee se alejó del lugar dejándolos solos.

—¿Qué le viste? —preguntó Ed de forma inocente.

—En ocasiones suelo preguntarme lo mismo —respondió algo monótono.

—Pero yo digo que igual te gusta que sea así —mencionó Doble D burlándose —, porque si no desde el verano la hubieras cortado, ¿o no? —Eddy tragó grueso.

—Es complicado —sus amigos arrugaron el entrecejo por esa respuesta —, pero ya olvídense de mí, volvamos a lo que vinimos, ya sabemos que Ed se meterá a futbol, ¿tú dónde entrarás Doble D?

—No tengo idea Eddy, ¿y tú?

—Ya, me meteré a baseball —y firmó la hoja —, sólo quedas tú —Doble D asintió.

—No me lo tomen a mal, ¿pueden dejarme sólo para poder reflexionar bien? —Eddy lo miró con extrañeza pero le concedió el favor retirándose junto con Ed.

—¿Qué le sucede? —preguntó Ed a la lejanía mientras Eddy lo empujaba.

A su lado se posicionó May, tenía la boca abierta, parecía pensativa, Doble D la miró con algo de sorpresa, mantenía un comportamiento algo callado, jugaba con sus dedos, es obvio que estaba nerviosa.

—Doble D —habló un poco insegura —, ¿en qué club entrarás? —Doble D exhaló con pesadez, se estaba hartando de esa pregunta, ¿no podían ver su frustración de tomar la decisión?, pero no tenía que molestarse con ella, pues no tenía la culpa de que los idiotas de sus amigos lo bombardearan con esa pregunta cada minuto de ese día.

—Aún no lo sé May —respondió con cortesía —, es difícil escoger, pues todos me resultan interesantes, cada uno representa un mundo y retos muy distin…

—¿En cuál entró Ed? —preguntó interrumpiendo la explicación que apenas había formado.

—En el de fútbol —la sonrisa de ella se ensanchó a más no poder, vio uno de los folletos y firmó —, ¿puedes entregarle este recado a Ed? —sacó un papel de su mochila y se lo extendió.

—Pero…

—Gracias Doble D —le dio un pequeño besó en la mejilla, lo cual lo desorientó, ella se fue de ahí contoneando las caderas de una manera sensual, él sacudió su cabeza ante dicho comentario.

Con curiosidad leyó las listas tratando de encontrar el nombre de May Cruel y lo encontró en el de las porristas del equipo, él negó con la cabeza sonriendo, era obvio que le gustaba Ed, pero su amigo era algo bruto en esas situaciones, guardó el recado en su bolsillo izquierdo y siguió contemplando la pizarra.

—Veo que todavía no tomas una decisión clara Doble D —habló Marie sobresaltándolo.

—¡Marie!, ¿cuándo?... ¿dónde?...¿cómo? —no podía completar ninguna pregunta debido a su evidente nerviosismo, Marie reía divertida por la reacción.

—Primer respira, y luego termina alguna de tus preguntas —Doble D tragó grueso, era una especie de don en ella, lograba ponerlo nervioso en situaciones demasiadas cotidianas.

—¿Tú en que entrarás? —era irónico que ahora él formulara dicha pregunta.

—Basquetbol —y firmó la hoja en menos de un segundo —, espero no se te olvide asistir a la pizzería —Doble D negó rápidamente con la cabeza.

—No, claro que no… digo, ¿por qué se me olvidaría? —sin notarlo, sus mejillas adoptaron un color rosa —, no es que me des miedo o algo… es solo qué… —su boca fue silenciada con el dedo índice de ella.

—Detente, no te vayas a quedar sin aire —dijo riendo otra vez —, sólo espero que tengas buenos temas de conversación… recuerda Doble D: la primera cita es crucial en la relación de dos personas —los ojos de Doble D se expandieron cómo si fuesen dos bolas de boliche —, así que quiero que estés presentable y no me des pena ajena —él asintió más rojo que al principio, Marie despegó su dedo de su boca y se lo metió en la boca lamiéndolo un poco, Doble D no supo que decir ante ello, ella le guiñó el ojo y se fue de ahí dejándolo muy confundido.

Por instinto volteó de nuevo a ver la pizarra y entonces vio algo que hizo que su interés se desbocara: Club Olímpico de Judo, él sonrió victorioso, ya había elegido.

—Excelente —firmó y se fue de ahí a buscar a sus amigos dónde sea que estuviesen.

1

Leyó el recado, su rostro se enrojeció a más no poder, sus amigos se limitaban a reírse por la situación, Ed tragó grueso, después del incidente en los vestidores ya no podría verla de la misma manera.

—¿Pero no se suponía que ibas a almorzar con ella en el receso? —preguntó confundido Eddy.

—Sí, y traté de ir por ella, pero me aterré demasiado y al final me fui con ustedes —Eddy y Doble D se golpearon la cara frustrados por la actitud de su amigo.

—Ed, ahora sí, vas a ir y no hay excusa —sentenció Doble D —, si vuelves a hacer lo mismo quedarás cómo un patán, y tú no eres así.

—Pero…

—Nada Ed, ¿dime por qué no quieres? —la imagen del torso de May regresó a su mente, sus mejillas se enrojecieron, sus amigos estallaron a carcajadas.

—Es que no creo que me guste cómo yo a ella —ante eso dejaron de reírse y reflexionaron sobre ese punto.

—Eso es un buen punto, pero al ir hoy podrás responderte de una vez por todas… así que irás —dijo Eddy.

—Está bien —aceptó Ed a regañadientes.

—Pero hazlo, no quiero enterarme que de nuevo le huiste —advirtió Doble D —. Bueno, nos vemos mañana —e despidió cortando camino hacia su casa.

—Igual —dijeron los dos al unísono yendo para donde mismo.

2

Sólo espero que tengas buenos temas de conversación… recuerda Doble D: la primera cita es crucial en la relación de dos personas

Esa oración resonaba mucho en su cabeza, no podía hacer la tarea en paz, no se concentraba, debía resolver primero ese asunto antes de hacer alguna otra cosa. Llegó a su puerta, esta tenía un recado:

Edd, fuimos al centro por la despensa y artículos varios, en la mesa está tu comida lista, si quieres calentarla eres libre de hacerlo.

Atte.

Tus padres

Retiró el recado y entró para poder comer, estaba acostumbrado a la ausencia de sus padres, desde niño siempre había sido así.

Se recostó, miró hacia el techo, recapitulaba los sucesos de esos dos días, la actitud que ella mostraba hacia él, su belleza, su humor picante, estaba perdido… ¿qué temas hablaría con ella?

Se levantó y fue a la repisa dónde se encontraban libros de diversos temas, tal vez alguno de ellos le ayudaría. Desde filosofía hasta arte contemporánea, incluso había de política.

—Interesante, de aquí hay un montón de temas entretenidos para poder elaborar una conversación —sacó de su escritorio unas tarjetas pequeñas y un marcador, con el cual empezó a escribir los títulos de los temas que había leído en los libros: Comunismo, El mundo de las ideas de Platón, La alegoría de la caverna, el movimiento impresionista… en total más de cien temas para la noche, las tarjetas eran un auxiliar por si no se le ocurría nada.

—Doble D —habló su padre viéndolo a los ojos —, las mujeres siempre quieren ser escuchadas, así que cuando quieras entablar una conversación con alguna recuerda esto: entre menos hables más éxito tendrás —eso lo confundió.

—Pero, ¿por qué?

—Nadie lo sabe, pero siempre funciona —respondió su padre sonriéndole.

—Gracias papá —lo abrazó, era de las pocas veces que convivían, pero eran momentos muy prometedores.

Ese recuerdo lo tenía enterrado junto con otros más, era en su época de secundaria, pero el consejo era contundente, aunque cabía la posibilidad de que no funcionara con Marie, ya que ella era "diferente" a las demás, o eso es lo que creía.

—Me las llevaré por si acaso, digo, más vale prevenir que lamentar —las guardó en su cartera y se dispuso a terminar la tarea y sus deberes del hogar.

3

Eddy pateaba el balón directo a la portería, pero cómo era de esperarse, no anotaba ningún gol, y el causante de ello era Ed, el cuál no daba tregua a pesar de ser muy amigos.

—Déjame ver, ¿está es tú forma de quitarte el estrés que te ocasionan las situaciones de tipo romántico? —preguntó Eddy volviendo a patear el balón directo al ángulo izquierdo, pero Ed se impulsó con un increíble resorte atajándolo y cayendo sobre la tierra, puesto que esas canchas eran públicas y se encontraban en mal estado debido a su continúo uso, también al hecho de que la oficina encargada de mantener esos lugares impecables les valía un carajo, pero a los amantes del deporte les importaba el doble que a los de dicha oficina, con que todavía se pudiese jugar en ellas.

—Algo así —respondió sacudiéndose ligeramente el polvo del uniforme.

—¿Pero sí irás? —Ed giró los ojos con cierta molestia.

—Ya te dije por milésima vez… Sí —Eddy asintió orgulloso de sí.

—¿Y a dónde irán? —Ed sacó de su bolsillo el recado.

—A la Pizzería Tirp —leyó esa parte del recado para que la duda de Eddy se despejara.

—¿A qué horas? —preguntó con curiosidad.

—A las 8:30 —respondió con serenidad.

—Excelente Ed —recogió el balón y se adelantó para dárselo —, te daré un consejo para que no quedes cómo un completo idiota.

—¿A qué te refieres?

—Ya sabes… no tienes experiencia… y siempre la primera cita resulta crucial en la relación de dos personas —Ed asintió con una ligera transpiración —. El consejo es… las chicas cuando te digan que quieren que platiques no es cierto… —Ed arqueó una ceja confundido.

—¿Cómo?

—Ellas dicen eso para no quedar mal, pero lo que en realidad buscan es que las escuchen, solamente eso —Ed miró hacia el suelo analizando cada palabra que salía de Eddy —, así que cuando te diga, platícame de ti pregúntale algo relacionado a su vida, si ella responde y empieza a platicar una anécdota, ¡éxito!, ese movimiento te ahorrará los silencios incómodos y las estupideces que puedas platicar.

—Oh, bueno, gracias Eddy —guardó los guantes en su mochila y tomó su balón —. Nos vemos mañana.

—Hasta mañana —y ambos dividieron sus caminos de regreso a su casa.

4

La puerta sonó con fuerza, se levantó de su sillón directo a abrirla; ahí estaba frente a él, sonrió cómplice y ladino. Ella vestía unos mayones negros, una blusa amarilla transparente y tacones, sus risos color ladrillo brillaban con una intensidad abrumadora a la luz del atardecer.

—Hola Lee —saludó con algo de soberbia —, ¿qué se te ofrece?

—Pues… lo de cada martes y jueves —él le ofreció su casa, y la cerró con llave.

—Entonces empieza por favor —se quitó la blusa dejando al descubierto su sostén blanco —. ¿Cómo sabías que el blanco es mi segundo color favorito?, claro abajo del amarillo, pero eso ya lo utilizaste —ella sonrió, se besaron apasionadamente tumbándose sobre el sofá.

Él se retiró su playera amarilla, dejando a entre ver que debajo de su estatura baja escondía un físico decente, aunque con menos volumen que el de Ed.

—Estas sesiones me encantan Eddy —dijo entrecortando los besos.

—¿Vas a dormir hoy aquí? —ella asintió para no dejar de besarlo.

—Por suerte tienes unos cambios aquí desde el jueves —él se separó un momento para hacer memoria.

—¡Oh sí!, qué bueno que los lavé —terminando de aclarar eso la tomó de la mano y se fueron a su habitación.

5

Las luces neón adornaban el nombre de la pizzería, era grande, la ventana transparente dejaba en claro lo popular que era, mucha gente se podía observar dentro; entraban y salían. Era un sitio familiar, romántico, etc. En toda categoría cabía.

Revisaba su reloj cada diez segundos, su nerviosismo crecía al ritmo de la aguja que indicaba los segundos. Usaba unos pantalones de mezclilla con un cinturón, tennis deportivos negros, vestía una playera de manga larga negra fajada y una chaqueta delgada de color ocre, en su cabeza portaba su gorro que desde la infancia usaba, eso para recordar los viejos tiempos. Había cuidado hasta el mínimo detalle relacionado a su apariencia.

Una que otra chica que pasaba y captaba el olor de su perfume lo saludaba al mismo tiempo que le lanzaban miradas algo seductoras, su enrojecimiento era muy evidente, pero trataba de no sudar, puesto que quedaría cómo un cerdo. En su mano derecha cargaba una rosa que pretendía regalarle cómo formalidad y atención hacia ella.

De la nada su vista se oscureció, alguien le había tapado la cara con su gorro, se lo quitó y dio la vuelta para toparse con Marie que sonría cómplice; vestía un pantalón café, una playera de manga larga morada y portaba su boina vasca negra caída hacia un lado, con su fleco caí a la izquierda tapaba su ojo. Él le extendió la rosa, ella lo miró raro pero aun así la tomó y olió su perfume.

—Esto es muy dulce de tu parte Doble D —dijo sonriéndole, un calor extraño comenzó a invadirla, pero lo apagó en seco recobrando un poco la compostura.

—Adelante señorita —dijo abriéndole la puerta y cediéndole el paso, ella sonrió ladina.

—Eres muy caballeroso, pero en exceso eso termina pareciendo muy marica Doble D —él negó con la cabeza por la actitud de niña ruda que quería proyectar.

Si por fuera parecía grande, por dentro era enorme, el vitro piso similar a los cuadros de ajedrez daba un toque de simetría y orden, los meseros portaban su uniforme, el cual constaba de un mandil amarillo con una gorra con forma de rebanada de pizza.

Vieron una mesa pegada a la ventana, justo en la esquina superior derecha del lado oeste, la cual daba una vista a la feria y la calle por dónde cada rastro de urbanidad podía contemplarse, era el lugar ideal para ellos. Se sentaron a esperar que el mesero llegara para tomar su orden.

—Bueno, ¿qué pizza vas a pedir? —preguntó Doble D.

—¿Vas? —cuestionó arqueando su ceja derecha —, ¿acaso vengo sola?, ¿o tú eres mi padre para cumplirle a su niñita el capricho? —Doble D se estiró el cuello un poco nervioso,

—No, es que… —no podía juntar palabras en una oración.

—¿Qué pizza van a querer? —preguntó un mesero salvando a Doble D.

—Una pizza mediana —el mesero apuntó —, ¿se pueden combinar ingredientes?

—Por supuesto —Doble D no sabía que decir, estaba apenas asimilando la situación.

—Pone la mitad italiana y la otra mitad mexicana.

—En cuarenta minutos se la traemos, ¿van a querer de beber algo?

—Sí, a mí una soda de cola —dijo Marie.

—¿Y usted? —preguntó a Doble D.

—Eh, bue…bueno, yo…yo —el mesero se extrañó por su tartamudeo—, un jugo de uva —dijo casi sofocado.

—Muy bien —y se retiró dejándolos solos nuevamente.

Doble D la miró con confusión, ella sonreía con mofa una vez más, conseguía desorientarlo y hacerlo parecer un completo imbécil, y todo por su diversión.

—¿Qué? —preguntó ella aún sonriente.

—¿Cómo lo haces? —ella volvió a arquear una ceja.

—¿Qué? —era algo tonto responder preguntas con preguntas, pero a veces era necesario para aclarar algunas dudas.

—Eso, confundirme, ponerme nervioso y hacerme parecer cómo un estúpido —ella rio por eso.

—Es algo sencillo, una maniobra que todas las mujeres podemos efectuar, y aunque te lo contara nunca podrías adivinarlo cuando una mujer lo hace —Doble D colocó su codo derecho en la mesa y apoyo la barbilla en su mano para tratar de concentrarse.

—Me interesa conocerlo, ¿puedes explicarme? —ella dudó un poco pero luego relajó su cara.

—Está bien, si eso deseas.

—Gracias —el consejo que su padre le había dado años atrás estaba funcionando a la perfección, a final de cuentas Marie no se salía del estándar femenino.

6

Estaba muy nervioso, en su mente parecía nadar en su propio sudor, caminaba en círculo tratando de evadir la situación, pero ya no podía hacerlo de nuevo. Un penetrante olor a perfume y crema lo sacó de su cabeza, volteó a ver a su derecha; estaba casi llegando, tragó grueso: vestía una blusa aqua manga corta de cuello "V" que resaltaba un poco sus pechos, un pantalón de mezclilla corto que le llegaba a las rodillas y unas zapatillas negras.

—Hola Ed —saludó con una sonrisa de oreja a oreja.

—Ho… hola May —correspondió tartamudeando, una pequeña gota de sudor resbaló de su frente —, te ves muy bonita —ella se sonrojó ligeramente.

—Gracias Ed, hoy estás muy guapo —Ed se rascó en un intento de disimular su vergüenza.

—Bueno, pasemos —abrió la puerta cediéndole el paso.

—Gracias Ed, eres muy caballeroso —él sonrió con pena.

Vieron de forma momentánea el panorama buscando alguna mesa.

—Ahí —señaló al lado este, justo una mesa pegada a la pared frente a un cuadro óleo de París.

—Muy bien —y fueron a sentarse al lugar indicado.

Ed daba ligeros golpecitos a la mesa con el dedo, era una muestra de ansiedad por que le mesero llegase para no tener que hablar mucho y poder ordenar.

—Y dime Ed —Ed volteó a verla con seriedad —, ¿entraste al club de fútbol?

—Sí —respondió algo cortante, los ojos de ella decayeron.

—Ah… muy bien —dijo algo desanimada.

—Muy buenas noches, ¿qué van a querer? —preguntó una mesera, era un año mayor que ellos, Ed al verla sonrió de forma boba, May frunció el ceño.

—Una pizza de peperoni y salami grande y un refresco de un litro y medio —la mesera apuntó todo eso.

—En cuarenta minutos les traigo su pedido —y se retiró dejándolo solos nuevamente.

—¿Qué te ocurre? —preguntó ahora Ed desconcertado por esa actitud.

—No soy invisible, ¿te das cuenta? —dijo ligeramente molesta.

—Sí, pero…

—Parece como si no quisieras venir, cómo si me odiarás, no sé —Ed agachó la mirada, reflexionando un poco la situación.

Era cierto que no quería ir, pero eso se debía a que le daba vergüenza, nunca tuvo novia, nunca tuvo citas, y siendo la primera, a la cuál fue invitado por una chica, era muy difícil de asimilar.

—Perdón, pero no es por eso —May poco a poco relajó la mirada.

—¿Entonces? —él la miró a los ojos.

—Te seré sincero, es mi primera cita —ella desencajó la mandíbula.

—No lo creo —dijo saliendo un poco de su impresión,

—Es cierto —aclaró riéndose levemente.

—Pero tienes un físico que atrae demasiado cómo para que nunca hayas tenido una cita.

—No se te olvide que de niños yo estaba robusto, y en la secundaria engordé —ella recordó un poco de esa mención y era cierto —, no se te olvide también que tus hermanas y tú nos daban miedo a mis amigos y yo —ella se carcajeó por eso.

—Cierto, muy pocas veces recuerdo las travesuras y bromas que les jugábamos a ustedes cuando éramos una chicuelas —él asintió sintiéndose más en confianza.

—Ahora comprendes por qué estoy nervioso —ella sonrió con ternura.

—Sí.

7

Ella estaba hipnotizada con la plática, realmente el tema de conversación era muy interesante, Doble D escogió bien, debía admitir que era algo jugoso digno de oír.

—Y es por eso que Van Gogh se cortó la oreja —finalizó el relato con gloria.

—Vaya —dijo asombrada —, yo había leído que lo hizo por una prostituta, que la oreja simbolizaba una parte de él que la acompañaría siempre —Doble D negó con la cabeza refutando esa información.

—No, Gauguin siempre fue un ojete de primera —ella asintió dándole la razón —, lo triste de la historia es que Van Gogh era muy noble y si lastimaba a otros su conciencia no lo dejaría tranquilo al menos que resarciera el daño, pero bueno, así son algunos artistas.

—¿Entonces tú eres un Van Gogh moderno? —preguntó pícaramente, Doble D sonrió divertido.

—No soy cómo él, ni siquiera puedo compararme, él hacía cosas grandiosas, cada cosa que veía la convertía en arte, hasta lo más simple, por ejemplo: su cuarto, unos zapatos, un vaso con agua y flores.

—Eres muy modesto Doble D —comentó sonriente.

—No es por eso, es porque Van Gogh tenía algo que yo carezco y que deseo en lo más profundo de mí ser —Marie frunció el ceño curiosa por esa mención.

—No tenía dinero, ni una mujer, que ustedes los artistas nombran cómo musa, ¿o me equivoco? —Doble D negó con la cabeza —, nunca lo quisieron en los museos importantes y sólo llegó a vender un cuadro en su vida, ahora pregunto, ¿qué cosa tenía que tú anhelas?

—Libertad —eso la sorprendió —, el pintaba cuando quería, iba a dónde quería, se levantaba cuando quería y no se estresaba de las absurdas cosas cotidianas…

—Sólo que hay un punto —comentó interrumpiéndolo.

—¿Cuál?

—Él estaba loco y era mantenido por su hermano menor —era un buen punto, pero igual sonrió.

—Sí, pero eso no importa —ella se sorprendió.

—Doble D, ¿entonces eres un anarquista que busca la libertad de todo lo que la sociedad ha establecido para mantener un orden? —Doble D negó con la cabeza.

—Sólo quiero ser feliz y vivir de lo que me agrada.

—Me sorprende que con tu inteligencia esa es tu mayor aspiración, estás loco —Doble D rio con cierto cinismo.

—Pues ya vez —el mesero trajo la pizza y los refrescos cortando de tajo el momento.

—Que lo disfruten —y se retiró dejándolos solos, Doble D tomó una rebanada y se la dio, ella la tomó y dio un pequeño mordisco.

8

—Y es así el por qué el fútbol tiene esas reglas —Ed sonrió, ella conocía cosas dentro de su deporte preferido que él ni siquiera había oído antes.

—Increíble —silbó impresionado —, ¿cómo sabes tantas cosas de fútbol?

—Leo, esa es la respuesta —dijo victoriosa con una sonrisa de oreja a oreja.

—Fíjate, yo no sabía que antes el portero podía atajar tiros desde la mitad de su cancha, eso hubiera sido bueno que lo dejaran así —ella rio un poco sintiendo ternura por su actitud.

—Su pizza está lista —dijo la mesera entregándola y dándoles el refresco con vasos.

—Gracias agradeció May —la mesera sonrió por ello.

—Que la disfruten —y se retiró de ahí dejándolos cenar a gusto.

—Se ve deliciosa —dijo Ed sin resistirse arrancando un pedazo y comiendo, May solo sonreía viendo cómo comía, parecía un niño grande al cual lo han llevado a comer por primera vez,

Ed vio cómo May lo miraba se sonrojó y tragó.

—Perdón —se disculpó avergonzándose por su frenética forma de comer.

—¿Por qué te disculpas? —preguntó confundida.

—Por mi manera de comer —ella sonrió exclamando un "aww" por la actitud de él.

—No te disculpes Ed, no me molesta en lo más mínimo —dijo ella haciendo que Ed se sintiera más cómodo.

—Gracias May —agradeció sonriéndole, esa muestra era sincera y apreciaba su tacto.

May cogió otra rebanada y la saboreó con placer, su hambre la consumía y tenía que saciarla de cualquier modo.

9

Miles de colores combinados en un mismo ambiente, los diferentes olores que inundaban el lugar, las miles de emociones y sensaciones que podía percibir de la gente: alegría, amor, tranquilidad, etc. Eso era lo que la feria ocasionaba en las personas, era interesante analizarlo desde un punto de vista distinto a sólo ir y divertirte.

Marie sólo miraba a todos lados tratando de encontrar un significado a ello, tenía la flor en sus manos, cuidándola con algo de recelo. Doble D sonrió por ello, una idea cruzó por su mente, la tomó de la mano sin previo aviso sorprendiéndola y sin decir nada la arrastró consigo a un destino desconocido.

—¿A dónde me llevas? —preguntó algo divertida, él guardó silencio tratando de no arruinar la idea.

Estaba confundida a dónde la había llevado: era uno de los puestos dónde jugabas para ganar un premio, pero este era de unas canastas de básquet, las cuales estaban formadas en fila horizontal, eran cinco. Los premios se encontraban alrededor de ellas: desde peluches, lámparas, alcancías, etc.

—Un dólar por tres tiros joven —habló el dueño; un señor de cuarenta años vestido con una pantalonera, una playera roja de manga larga y un silbato.

—Deme seis —dijo Doble D pagando el juego eso la desorientó.

—¿Qué pretendes Doble D? —interrogó algo confundida, el señor le extendió dos balones, Doble D le entregó uno.

—Tú te inscribiste en el club de básquetbol, veamos qué tan buena eres tirando —dijo sonriendo con malicia, la estaba retando y era algo que ella tendría que demostrarle, le pidió al dueño que le detuviera la rosa.

—Vamos a ver que tienes pintor anarquista —dijo con aires de superioridad.

El dueño silbó para que lanzaran.

10

Quedaban tres rebanadas de pizza, pero ya estaban muy llenos, un mordisco a una de ellas y vomitarían. Ni siquiera Ed con su poderoso apetito podía comerlas, su límite finalmente fue descubierto: tres rebanadas grandes de pizza de peperoni y salami.

Ed por inconsciencia eructó.

—Perdón —dijo rápidamente sintiéndose muy avergonzado, pero para su sorpresa ella también lo hizo generando caras de desagrado de los demás comensales, Ed ante eso se carcajeó —. Me ganaste.

—No sé si deba considerarlo un alago o un insulto.

—¿Y si no lo tomas cómo ninguno de los dos? —sugirió Ed de forma sabia.

—Buen consejo —dijo ella sonriéndole.

—La cuenta —dijo la mesera apareciendo.

—Demonios solo tengo cinco dólares —habló Ed al ver la cuenta.

—Descuida Ed, yo pagaré el resto —mencionó quitándole ese peso de encima.

—Gracias May —ella sólo sonrió pagando la cuenta y levantándose de la mesa para retirarse —. Sabes que, vamos a la feria —eso la sorprendió realmente.

—Pero Ed…

—Vamos, no nos hará daño —la tomó de la mano haciendo que se sonrojara y salieron del restaurante.

11

Una gran montaña de premios estaba a un lado de ellos, las personas a su alrededor no concebían el suceso, ni siquiera los niños llegaban a tal grado de competitividad infantil e inmadura.

—Bueno, ya se llevaron todo —habló el dueño del puesto con una gran sonrisa —, muchas gracias y que tengan una buena noche —colocó encima de la estructura una gran lona negra y entró para poder dormir.

Doble D y Marie se vieron mutuamente para luego ver la montaña que habían formado, sonrieron con gracia rompiendo en carcajadas y espantando un poco a la gente.

—Somos unos niños —dijo Doble D, Marie asintió —, ¿y qué haremos con todo esto?

—Quedémonos dos premios y los demás regalémoslos a esta gente —Doble D asintió sonriendo.

—Muy buena idea Marie —él tomó un collar del ying y el yang y Marie tomó un oso de peluche morado; de diseño simple y compacto —. Vámonos entonces —y se retiraron dejando a que la gente escogiesen los artículos.

12

Era relajante ir, ver los diferentes puestos, juegos mecánicos, dónde podías conseguir un premio, etc.

Pero ahora estaban en juego los únicos dos dólares que le quedaban después de haber perdido cinco veces, ella seguía admirada y algo halagada por el "sacrificio" que estaba realizando Ed por ella. Tenía que tumbar cinco cubos de madera apilados enfrente de una portería pequeña de un solo tiro con el pie.

—Bueno chico, está es la última oportunidad, si no lo logras suerte para la próxima —sonó su silbato indicando que tirara, en su mente se creó un gran cálculo, recordando algunos tipos de tiro que podía tumbar algo así, aunque tuviera una trampa el dichoso juego, pero se lo debía May quien pagó la cena.

Tiró, ni siquiera lo pensó, se desvió, la sonrisa de May se desvaneció debido a ese error, pero de la nada el baló chocó contra el poste izquierdo y rebotó tumbando todos los cubos desencajando la mandíbula no solo de May y el dueño del puesto, sino también de la gente que estuvo observando el "espectáculo".

—Puede tomar el que más le guste —dijo con una voz monótona debido a que no lo creía, nadie había logrado derribar todos los cubos, él era el primero, su sonrisa se dibujaba de oreja a oreja, tomó un peluche en forma de perrito dálmata y se lo regaló a May.

—Gracias Ed —dijo muy emocionada y abrazándolo sonrojándolo.

—De nada, es algo mísero a comparación de lo que tú hiciste en el restaurante.

—Esto es más que suficiente Ed, no digas eso —él suspiró un poco por el contacto.

—Bueno, es hora de ir a casa —dijo rompiendo el abrazo —, que mañana hay escuela y no quiero dormirme en las clases —May rio ligeramente por esa mención.

Mantenía el peluche abrazado a su pecho, su sonrisa de oreja a oreja era imposible ocultarla o siquiera opacarla; buena cena, tema de conversación adecuado, muy bueno, ganar algo y obsequiárselo, ¿el resultado?: una excelente noche según lo poco que había experimentado antes.

Llegaron a su puerta, todo estaba oscuro, sólo las lámparas iluminaban la entrada.

—Bueno May, debo decir que me divertí mucho está noche —dijo Ed ya más seguro y con confianza, ella sonrió feliz por el resultado.

—Igual yo Ed, si deseas podemos repetirlo otra noche —Ed desvió un poco la mirada reflexionándolo.

—Sabes qué, sí, estaría muy bien repetirlo, te dejo a ti la responsabilidad de elegir el día.

—Ya quedó entonces Ed, es una promesa —él asintió, ella le dio un beso en la mejilla —, que tengas dulces sueños, nos vemos mañana —entró y cerró la puerta tras de sí, Ed se tocó la mejilla y miró la puerta durante diez segundos antes de emprender el rumbo a su casa.

14

El regreso fue mucho más rápido de lo previsto, la noche agotadora, un buen sabor de boca se dejó impregnado en cada uno, la diversión sería imborrable, la sensación de compañía inigualable. Se detuvieron frente a la puerta.

—Debo decir que eres mucho más divertido de lo que pensaba Doble D —habló ella con el mismo tono sardónico que la caracterizaba —, no eres tan ñoño cómo cuando niño.

—Se te agradece el cumplido Marie —dijo siguiendo el mismo tono que ella —, y tú ya no haces que los chicos se vuelvan idiotas —ella frunció el ceño "molesta".

—¿Qué estás insinuando?...

—Nada, gracias por haber propuesto este escape, no me imagino que habría sido de esta noche si no me hubieses invitado a hacer esto —ella sonrió con tranquilidad.

—Hasta mañana —le dio un beso en su mejilla para sorpresa de ella y se retiró directo a su casa, aún quedaba mucho camino por recorrer.

Ella se quedó viendo el vacío, su corazón latía con más fuerza y sus mejillas se sentían calientes, entró, cerró la puerta, se pegó de espalda a ella, olió la rosa y sonrió.


Espero que les haya gustado, los invito a que dejen sus comentarios que me alientan a mejorar mi narrativa, también los invito a que se den una vuelta por mis otras historias, se que les gustaran.

Nos vemos hasta el próximo capítulo (que espero no tarde mucho en que lo escriba). Se despide su amigo y escritor:

CARPINTERO IMPERIAL