¡Hey!, he regresado ha publicar un nuevo capítulo de esta historia, que debo comentar que fue con el que mi insparación devolada desencadenó, pero que por los estudios no pude terminar y publicar antes, pero la idea no desapareció, y cuando vi la oportunidad (un tiempo libre) lo terminé.
Aclararé un cosa, yo odio el reggaeton, pero me he visto en la necesidad de oír ritmos urbanos (rap, reggae y el antes mencionado) para poder desarrollar una atmosfera de urbanidad, pero no es un gusto escuchar eso, pero desgracidamente es la única forma de describir estos ambientes.
La canción es:
Gipsy Kings - A tu vera
Sin más preámbulos, comencemos.
Capítulo 4: Chantaje
Sacudían las caderas al compás de la música electrónica, movían y giraban los pompones adornando el baile que estaban efectuando, portaban el uniforme correspondiente al club de porristas, el cual tenía plasmado la mascota de la preparatoria, la que era un oso grizzli, mientras resaltaba por la combinación de colores amarillo con rojo con líneas blancas de forma diagonal hacia la derecha, sus siluetas eran perfectamente dibujadas ocasionando miradas lascivas de la mayoría de los estudiantes que pasaban por la cancha.
No podía dejar de ver a la capitana del club, que no era nada más y nada menos que May, pues tenía una gran flexibilidad y muy buen equilibrio, al mismo tiempo que habilidad en el baile, algo que él desconocía. Se puso los guantes con dificultad, pues no estaba viendo otra cosa que no fuera las animadoras, las cuales practicaban en la otra mitad de la cancha mientras el equipo de fútbol practicaba tiros libres, penales y centros. Se colocó en la portería con la intención de concentrarse en el entrenamiento.
El trasero de May, el cual sobresalía de todas las porristas, lograba verse debido a que la falda era muy corta para ella debido a su tamaño exquisito… sacudió su mente ante eso y miró el balón, friccionó sus manos, tronándose en poco el cuello, el jugador tiró hacia el ángulo derecho, Ed saltó con un impresionante resorte y lo atajó con facilidad.
—Bien hecho Ed —felicitó el entrenador: de cuarenta años de edad, pero que tenía una condición física envidiable, una poderosa y grave voz que muchos hombres querían tener para imponerse sobre los demás —. ¡Siguiente! —era el turno de Kevin, él sonrió con altanería, Ed arqueó una ceja con seguridad retadora.
Kevin tiró hacia la izquierda, Ed saltó, pero el balón desvió hacia abajo cual meteorito en picada a la Tierra, pero Ed interpuso su pie cuales reflejos de gato, deteniendo su avance y cayendo sobre el balón, Kevin no podía creerlo, ni siquiera el entrenador, no había duda que Ed era un muy buen elemento para el equipo.
Pasó el siguiente en la fila, era un joven de estatura mediana, más delgado que Kevin y de tez aperlada, se tronó los dedos, estaba listo para atajar otro tiro más. De la nada su vista se posó en los redondos y grandes pechos de May los cuales rebotaban debido a un paso que estaban realizando; el cuál consistía en saltar y formar tres filas en ese lapso, varios estudiantes de grados superiores les chiflaban, pero más específicamente a ella, eso le molestó por algún extraño motivo.
—¡Ed! —gritó el entrenador despertándolo de su trance, miró hacia adelante sin reaccionar al impacto del balón en su cara tumbándolo y entrando a la portería.
—¿Qué te paso Ed? —gritó Kevin acercándose a su amigo tratando de auxiliarlo, las porristas se detuvieron debido al incidente, Ed reaccionó en menos de un segundo, no había pasado nada grave.
—Señor Ed, le pido que se concentre, ¡después podrá ver a las porristas! —ellas rieron un poco, mientras se sonrojaban por el comentario del entrenador, May sonreía contenta por eso. Ed sacudió su cabeza despejándose e ignorando toda distracción de ahora en adelante.
1
El pitcher lanzó la pelota con una gran fuerza, esperaba que el cátcher la atrapara… los de la banca sólo contemplaban la trayectoria de la pelota, pero la batearon, impulsándola a varios metros de largo, corrió lo más rápido que pudo haciendo otra carrera, los del equipo lo felicitaban. A pesar de ser el más bajo del club, tenía una precisión y fuerza admirables, lo cual ocasionaba la ovación de todo aquel que lo viera batear.
—Muy buena Eddy, ya van siete, todo un récord —lo felicitó el maestro titular encargado del club: tenía a lo mucho cincuenta años, portaba una gorra, pantalonera azul y una playera negra, un silbato colgando en su cuello.
—Gracias maestro, pero no es nada —dijo con una modestia muy fingida y algo cínica.
—Te daré un consejo, siempre debes tenerlo presente, pues esto te garantizara seguridad y paz —Eddy prestó atención ante las palabras del maestro —, siempre ignora las malas críticas, las cuales sólo buscaran destruirte, las buenas críticas no las creas del todo, sino que tómalas cómo una responsabilidad de seguir mejorando día a día y no estancarte, y las críticas constructivas agárralas como el mejor consejo que existe, pero sobre todo siempre sé humilde, porque puede que haya mejores que tú y los hay —Eddy bajó la mirada reflexionando.
—Sí maestro —el maestro sonrió contento por la atención prestada.
—Muy bien, ahora continúa practicando —indicó, Eddy asintió y se devolvió a la cancha.
2
Se colocaron al centro de los tatamis, los demás estudiantes estaban a su alrededor formando un cuadrado, se encontraban sentados en seiza, todos portaban el judogi con el cinturón blanco amarrado en la cintura anudado en el centro.
Se situó delante del otro compañero, lo superaba por diez centímetros de altura, se reverenciaron, luego se tomaron de la solapa y manga respectivamente, en cualquier momento, al instante que el entrenador diera el inicio del combate, harían alguna técnica que derribara al otro.
El entrenador estaba frente al espejo, portaba su cinturón negro, pero este estaba desgastado, algo despintado, pues tenía unas cuantas manchas blancas, eso era muestra de su experiencia y uso, pero lo que lo sorprendió el primer día que entrenó fue que el encargado era el maestro de filosofía: Vicente Canizales.
—Ahora —indicó.
Doble D con una presa fundamental a la derecha rompió el equilibrio del otro hacia delante a la derecha con la presa, colocó el pie derecho centrado respecto a los pies del compañero, Manteniendo la tracción poniendo su brazo derecho bajo la axila derecha rotando el pie izquierdo hacia atrás. Y con esa sencillez en cuestión de segundos lo elevó utilizando las piernas y aplicando una tracción continuando con el hombro derecho hacia su pie izquierdo, proyectándolo e inmovilizándolo en el acto, todos se reverenciaron, a pesar de su aspecto débil casi cómo un enclenque, era un buen artista marcial.
—Bien hecho señor Edd —lo felicitó reverenciándose.
—Gracias maestro —igualmente se reverenció.
—¿Había practicado antes artes marciales? —preguntó con curiosidad.
—¿Por qué lo pregunta? —respondió un poco nervioso.
—Es que maneja muy bien el equilibrio, incluso le veo nociones de algunos movimientos que usted ya tiene mecanizados —explicó sorprendiéndolo.
—Pues verá…
—Bueno, si no quiere responder no hay problema, sólo era mera curiosidad, no se estrese —dijo riendo un poco.
—Está bien maestro.
—¿Alguien más quiere combatir con Edd? —preguntó, todos se miraron entre sí dudando un poco.
—Yo —dijo una voz entre toda la multitud, ese timbre especial lo reconocía muy bien, tragó grueso.
—Bueno señorita Marie, colóquense —indicó, así lo hicieron.
Doble De la miraba incrédulo, su cerebro no procesaba la situación… ¿no estaba ella en baloncesto?... se reverenciaron.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Doble D en un tono muy bajo que sólo ella pudo oírlo.
—Pues…
Había terminado su entrenamiento de baloncesto, se limpiaba el sudor de su frente con una toalla, pasó por el lugar dónde entrenaban judo, escuchó azotes, su curiosidad le ganó y por morbo quiso contemplar el entrenamiento… miró a todos con los trajes típicos de esas artes marciales, pero lo que nunca pensó en encontrarse ahí fue a Doble D, aquel delgado estudiante y algo sonso entrenaba en ese club, rio queriendo ver cómo lo proyectaban, era malicioso pero aun así quería presenciarlo.
Pero para su sorpresa Doble D combatió cinco veces y en las cinco nunca fue proyectado, era muy impresionante, silbó impresionada, entonces una idea cruzó por su mente y comenzó a llevar ese plan a la realidad.
—¿Y por qué? —preguntó el en el mismo tono.
—Quiero probar tu fuerza y resistencia —dijo ella con tono ladino.
—Estás loca —ella sonrió asintiendo.
—Vamos.
Marie lo tomó de la solapa y el brazo con la intención de romper su equilibrio y proyectarlo, adelantando su pierna derecha, pero Doble D, tomando su manga debajo de su brazo izquierdo y por encima del derecho, desplazó su propio peso sobre el pie derecho y levantando la pierna izquierda, evitando la segada pierna derecha de ella. Ella quedó desequilibrada él aprovechando su pérdida con un empuje en rotación con su presa hacia adelante proyectándola, pero cuidando en todo momento que no cayera mal para evitar que se lastimara.
—Eres muy bueno —dijo ella susurrante al mismo tiempo que se levantaba, él sonrió con un poco de nerviosismo —, pero te propongo algo.
—¿Qué? —preguntó el confundido.
—Si te dejas derrotar por mí, saldremos hoy —esa oferta fue muy directa, y quedó congelado.
En eso Marie llevó el pie derecho hacia adelante, agachándose y sujetando con la mano izquierda la pierna derecha de él, lo sujetó fuertemente con los dos brazos y separando las piernas lo levantó, ayudándose al hacer esfuerzo con el abdomen. Con la presa sobre la solapa, giró hacia abajo y a la derecha con la pierna hacia arriba y la izquierda proyectándolo sobre la espalda en el tatami.
Todos aplaudieron sorprendidos por haber sido la única chica (y la única que había en el club) que logró proyectarlo y vencerle su defensa.
—Muy buena demostración señorita Marie, con esto termina el entrenamiento por hoy, nos vemos la siguiente semana, que tengan un buen fin de semana —les deseó retirándose.
—Igualmente maestro —correspondieron todos al unísono.
Marie le extendió la mano para levantarlo del tatami, Doble D sonrió impresionado por la buena técnica que poseía Marie.
—Eres buena —aceptó él con humildad y sinceridad.
—Gracias Doble D, significa mucho para mí que lo diga un maestro.
—No soy un maestro, ni siquiera paso de cinta blanca —respondió aunque ella lo dijera con sarcasmo —. ¿Entonces a dónde iremos ahora? —ella lo miró recordando la propuesta.
—Pues te dejo la tarea a ti, tú escoge, pero la hora la elijo yo, a las ocho de la noche— ella le dio un beso en la mejilla, él asintió sonriente retirándose de ahí.
4
Se encontraba hundido en sus pensamientos, llevaba una hora meneando los macarrones con queso que compró, inconscientemente sorbía su jugo, a pesar de que ya se lo había terminado, sus amigos se preocuparon.
—¿Ed? —habló Eddy.
—No me distraeré entrenador, mi vista se posa sobre el balón —Eddy sonrió con malicia.
—¿Entonces por qué el balón va hacia el ángulo derecho? —Ed extendió el brazo tratando de atajar un tiro que no existió.
Doble D no pudo contener la risa por eso, pero Ed despertó de su trance.
—¿Qué ocurrió? —preguntó desorientado.
—Eso mismo queremos preguntarte a ti, sólo estabas viendo al vacío.
—No sé lo que me ocurre hoy, me metieron un gol en el entrenamiento y recibí un balonazo por haberme distraído —eso les sorprendió a ambos.
—¿Por qué? —preguntó Doble D.
—No tengo la más mínima idea.
—¿Recuerdas que viste antes del balonazo? —interrogó Eddy.
Su gran trasero imponía sobre las demás, sus pechos rebotaban cuales pelotas de playa, el baile que efectuaba podía fácilmente bajar la guardia del soldado más disciplinado y sobre todo…
—Vuelve…
No podía evitarlo, era inconsciente de que la estaba mirando, nada parecía existir mientras su miraba se clavaba sobre ella.
—¡Vuelve Ed! —exclamó Eddy sacándolo de su trance.
—Demonios —dijo frustrado por la situación.
—Ni como ayudarte —comentó Doble D.
5
Miraba al techo sin poder responderse a sí mismo que era lo que le ocurría, pasó sus manos sobre su cara, se impacientaba con cada segundo que pasaba. Era realmente estresante no obtener respuesta, pero tal vez la respuesta se ocultaba en…
—¡Ed! —lo desconcentró un grito proveniente de la cocina, el cual pertenecía a su hermana menor, la intimidante y castrante adolescente de catorce años —, ¡te dicho más de mil veces que no dejes tus calcetas y tachones en la sala!, ¡apestan peor que tú!
—¡Ya voy! —exclamó para levantarse e ir a recoger sus cosas, otro día volvería a analizar la situación para poder dar con la respuesta.
6
El cielo estaba tupido de estrellas, ninguna nube a la vista, eso era muy bello, se encontraban recostados en el pasto, no decían nada, sólo miraban hacia arriba. Era muy incómodo, Doble D empezaba a cuestionarse su elección.
—Qué paz, ¿cierto? —fue lo primero que se le ocurrió para tratar de romper el hielo.
—Mmm… sí —dijo ella no muy convencida y algo desesperada por hacer otra cosa, Doble D se levantó harto.
—¡Está bien!, ¡soy pésimo en escoger lugares! —Marie lo miró con un poco de lastima, entonces le sobó un poco la espalda para tratar de calmarlo.
—El lugar en sí no es malo Doble D, el problema es que no tienes imaginación para idear que una noche sea divertida —él la miró poniendo atención en sus palabras —. La vez de la pizza acertaste debido a que te adentraste en la dinámica que alguien más te propuso, pero solo, no eres más que un bloque de hielo en estas cosas —Doble D bajó su cabeza decepcionado de sí.
—Pero soy buena gente, te voy a enseñar cómo divertirte enserio, vamos, conduce niño —subieron al auto de los padres de Doble D, al cual se lo habían prestado para esa noche.
7
Casi quería arrancarse los pelos, era una locura siquiera pensarlo, no podía, era muy precipitado.
—Ya te había avisado desde hace dos meses —dijo ella reafirmando su decisión.
—Pero no estoy listo para presentarme con tu padre, ¿qué tal si me odia y trata de matarme? —cuestionó él imaginando el peor de los escenarios.
—No, debo aclararte que a mi padre le gusta también el beisbol, por eso te digo que se llevaran bien, aparte de que también May nos acompañará —, porque si no lo haces, olvídate de las sesiones a la semana —amenazó dejándolo pensativo.
—¡Chantaje! —exclamó —, ¡puro chantaje! —ella asintió sonriendo con malicia.
—Por mí no hay problema en no hacer sesiones, para eso tengo manos y venden un montón de consoladores —él tensó la mandíbula.
—Siempre es a tu manera —exhaló pesadamente —. Parece ser que soy un masoquista.
—Y con mi cuerpo un egoísta, pues solo lo quieres para ti —se besaron dejándose llevar por el momento, aumentando el ritmo a cada momento.
8
Fueron a los videojuegos, gastándose cómo diez dólares, eran imparables en la máquina de baile, a Doble D se le facilitaba debido a su entrenamiento de judo.
—Ahora vamos a un pequeño lugar de reunión secreta dónde tú nunca has oído hablar —eso le interesó por el misterio que había en su voz.
—¿Dónde queda? —preguntó él.
—En los sitios más recónditos de la ciudad, sólo los "intelectuales", artistas y demás personas: todos aquellos que están fuera de los estándares de la sociedad lo conocen —salieron de los videojuegos, subieron de nuevo al auto y fueron en dirección por donde Marie le indicaba.
El callejón era obscuro, sólo se notaban cuatro lámparas a lo lejos, aunque no lo pareciera estaba temblando, tenía miedo de que les pasara algo, sin embargo Marie tenía una quietud enfermiza.
—Falta una cuadra —dijo ella sacándolo de sus pensamientos.
Hasta que vio unas luces que se apagaban y prendían.
—¿Es ahí? —preguntó, ella asintió.
Se estacionó, contempló el lugar, era cómo una especie de almacén, el letrero brillaba con intensidad; "Cínicos", era su nombre, bajaron y procedieron a entrar.
Los recibió un hombre de dos metros de altura, tenía tatuado un dragón rojo en el brazo derecho, poseía mucha musculatura, rapado de la cabeza y vestía completamente de negro.
—Bienvenidos al club Cínicos, anótense, su nombre, expresión artística o algo que los distinga de los demás —les extendió una tabla con dos plumas y una hoja, podían leerse varios nombres.
Se anotaron y entraron, Doble D no entendía cuál era la razón de ese lugar.
—Ahorita descubrirás lo que es divertirse cómo un verdadero loco —dijo ella sin dejar de sonreír.
Al entrar se pudo percatar de que el lugar era más grande de lo que parecía por fuera: había tres niveles, en cada uno mesas redondas dónde cabían hasta diez personas. Los que se encontraban ahí vestían con ropas extravagantes: peinados alocados, de colores, ropa holgada o demasiado corta y pegada, era una mezcla muy particular. Una gran pista, que se supone era de baile… ritmo muy intenso, los bongos, congas y sacudidores formaban una mezcla tremenda, las guitarras armonizaban y hechizaban, el teclado adornaba la música, el bajo eléctrico dirigía la línea, siendo la batería la que encausaba toda esa euforia musical por un solo objetivo. Era una banda de… ¿flamenco?... era extraño, un género nunca antes oído por ahí. Todos eran jóvenes; podían verse edades desde diecisiete a veinticuatro años.
A tu vera
A tu vera siempre la verita tuya
A tu vera siempre la verita tuya
Aï que no muera la pena
—¿Acaso eso que mis oídos oyen es flamenco? —preguntó fingiendo un tono español.
—Sí, creo que mañana traerán un grupo de salsa —mencionó haciendo que sus expectativas se acrecentaran —, este lugar es para aquellos que odian la monotonía que la sociedad impone, mira, vamos a aquella mesa —señaló la esquina superior derecha.
A tu vera
A tu vera siempre la verita tuya
A tu vera siempre la verita tuya
Aï que no muera la pena a li aï li aï a li aï
A li aï li aï a li aï li aï a li aï li aï a li aï li aï
Se sentaron, de inmediato llegó un mesero.
—¿Qué se les apetece? —preguntó.
—¿Qué hay? —dijo Doble D ignorante.
—Rebanadas de pastel, de pay, cóctel de frutas, soda, vino, agua fresca, piña colada.
—A mí deme una rebanada de pay de zarzamora con una soda de cola —dijo Marie.
—Yo un cóctel de frutas.
—Que sano Doble D —mencionó con mofa.
—En un momento se los traemos.
—¿Y qué más hay aquí? —preguntó él interesado.
—Hay algo que hace de este lugar especial y es…
—¡Chicos y chicas!, ¡damas y caballeros! —habló alguien por un megáfono, la música paró en seco —, ¡es momento de presenciar el acto que ha perdurado por años!
—¿Qué es? —preguntó de nuevo Doble D, pero Marie lo calló indicándole que siguiese escuchando.
—¡Pintar a la musa desnuda! —eso le extrañó.
—¿Cómo? —una chica alta, con una bata roja hizo acto de presencia, tomó una silla la colocó al centro de la pista, se quitó la bata revelando sus encantos femeninos, una figura excepcional, Doble D tragó grueso, sus pechos eran copa C, sus caderas eran prominentes, podía excitarse pero se contuvo. Alguien lo jaló del brazo desorientándolo, sin que Marie se diera cuenta.
—Los elegidos son las siguientes personas —cuatro personas aparecieron en la pista; un hombre de a lo mucho veinticinco años, con pelo largo, puntas californianas, vestía un pantalón de color rosa fosforo, una blusa corta azul cielo, era obvio que era homosexual; una mujer que vestía un suéter de hippie y pantalones de mezclilla entubados; un joven de dieciocho años, vestía unos bermudas de camuflaje azul marino, una playera de manga larga con cuello de color rojo y líneas blancas diagonales, de cabello rubio y alto, casi cómo el guardia y por último Doble D para sorpresa de Marie y el mismo —. Estos individuos escogieron un coctel de frutas y ese era el requisito para participar el día de hoy, espero que sepan pintar porque si no mejor retírense ahora.
Nadie se retiró, dando a entender que eran pintores, Doble D estaba nervioso, Marie fue hasta dónde se encontraba él.
Cuatro sujetos trajeron caballetes, lienzos, pinturas, pinceles y demás materiales para que pintaran.
—El reto es que en una hora logren proyectar de manera artística a la modelo, y el premio serán, mil dólares en efectivo —todos pronunciaron un "oh" por lo interesante del reto. Marie se encontraba estupefacta por ello.
—Demonios —murmuró Doble D para sí mismo.
—¡Comiencen! —indicó el sujeto del megáfono.
Los músicos retomaron su actividad ambientando la atmosfera.
Aï que ya acaba de serte
Aï que yo me voy comprendo
Aï que acaba de ser te
Que me enamore que me enamore
Todos tomaron un lápiz y empezaron a dibujar la silueta, los detalles más importantes y por último; un fondo, un ambiente o lugar de su gusto. Doble D estaba paralizado, no sabía por dónde empezar, por alguna razón se bloqueó.
Marie negó con la cabeza, y entonces una idea, muy extraña y alocada, cruzó por su mente para poder hacer que Doble D despertara.
—Doble D —habló desconcertándolo un poco, volteó a verla —. Sí ganas —dijo ella —, podrás —su mano se deslizó por su pecho y le guiñó el ojo, él se puso cómo un tomate.
—¿Me estás chantajeando? —preguntó sorprendido.
—Si esa es la única forma de hacer que ganes, pues sí —dijo ella muy confiada de la táctica.
—No creo que funcione —dijo algo desanimado por el concurso.
De manera discreta, se quitó su sostén mostrándoselo, era de color purpura, Doble D tragó grueso, miró el lienzo y de manera inconsciente empezó a pintar.
Manchas de pintura saltaban por doquier, el piso estaba adoptando un tinte multicolor, pero eso no desviaba la atención de los cuatro participantes, quienes imponían con la mímica que realizaban al plasmar en el lienzo lo que su imaginación les ordenaba.
Aï que ya acaba de serte
Aï que yo me voy comprendo
Aï que acaba de serte
Que me enamore que me enamore
A li aï li aï a li aï li aï a li aï li aï a li aï li aï
La hora terminó, los participantes firmaron sus cuadros y dejaron sus pinceles en las mesas.
—Es momento de que muestren sus obras, y la que sea más elogiada será la ganadora —sentenció el hombre.
El primero en mostrarlo fue la mujer, el cual representaba a la modelo en medio de la playa casi a punto de ser derribada por las olas; todos aplaudieron elogiando el uso de las luces y sombras. El segundo era el homosexual, el cual sólo tomo de base la pose de la modelo y la suplantó por un hombre musculoso que tenía tapado su pene con una hoja de palma, lo que parecía representar lo largo que era, y de fondo un campo de flores multicolores a la vista de un atardecer; el público de nuevo aplaudió asombrado por la bien definida anatomía, el delineado de la figura así como el contorno del fondo.
El tercero sólo se limitó a pintar la escena tal cual la miró, pero de una manera hiperrealista; lo que daba la impresión de ser una fotografía del lugar, el público alabó de nuevo. Y por último Doble D, tragó grueso y dio vuelta su obra para que todos la viesen: desencajaron sus mandíbulas, incluso la modelo lo hizo; la había pintado con un cabello de tonalidad morada, en la mano izquierda tenía un sostén purpura, la esencia podía sentirse con solo mirar los colores que plasmó para representar la piel de la susodicha, incluso podía sentirse con vida, como si existiera realmente, pero lo que más captó la atención fueron los ojos, la coloración que adoptó fue suficientemente acertada para que la gente llorara con solo mirarlos, y de fondo sólo había manchas multicolor que hacían resaltar la modelo más que las otras obras.
El homosexual empezó a aplaudir aprobando la obra, después le siguió la chica y al último el rubio para que después le continuaran la gente.
—Bueno gente, creo que hay un ganador —Marie lo abrazó sonrojándolo al mismo tiempo que le entregaban su premio.
Después de eso se retiraron del lugar, había sido algo increíble, nunca hubiese imaginado que ganaría un premio y menos en una competencia así.
Regresaron a la colina, esto por petición de Marie, se estacionó en la orilla, ella se quitó su cinturón de seguridad y también el de él. A gatas se acercó de manera sensual, Doble D contempló cómo sus pechos colgaban, tragó grueso mientras adoptaba una coloración rojiza por la vergüenza.
—¿Qué estás haciendo Marie? —preguntó muy nervioso, mientras retrocedía para quedar pegado a la puerta.
—Cumpliendo lo que prometí —los ojos de él se expandieron cómo platos.
—¿Qué no era sólo un chantaje? —preguntó de nuevo sudando a mares.
—Al principio sí, pero después de ver esa tremenda obra de arte y debido a que ganaste —acercó sus labios a su oreja izquierda —, me excitaste, y deseo que utilices esos dedos en mi —esto último en un tono muy seductor.
—Pero, no tengo condones y… —trató de explicar, pero ella lo interrumpió.
—Yo tengo en mi cartera —eso le sorprendió, ahora no podía escapar, y si lo hacía su orgullo de hombre se vería dañado y sería la burla de todos —. Vamos Doble D, no muerdo, bueno o tal vez sí —y sin más unió sus labios con los de él, Doble D inconscientemente deslizó sus manos por el cuerpo de ella, delineando sus pechos y glúteos.
Espero que les haya agradado el capítulo, vuelvoa recalcar el lenguaje utilizado en este fic es para adolescentes de dieciseis años y jóvenes mayor de 18 a 24, que fueron todos aquellos que alcanzamos a ver esta fantástica serie. Bueno, los invito a que dejen sus comentarios y que se den una vuelta por mis otras historias.
Nos vemos en el siguiente capítulo, se despide su amigo y escritor:
CARPINTERO IMPERIAL
