Hey, he vuelto después de un tiempo, pues mi imaginación (si esa maldita perra que llega cuando se le da la reverenda gana) me dijo que era momento de escribir, entonces cuando terminé decidí publicarlo. Espero que les guste cómo yo disfrute al escribirlo...

Sin más preámbulos comencemos...


Capítulo 5: Pesadez

Se despertó más temprano que de costumbre, algo andaba mal con él, no podía dejar de pensar en una sola cosa, o más bien persona: May Cruel, ¿qué le ocurría?, ella era una de las chicas que lo atormentaban junto a sus amigos cuando eran unos niños, incluso llegaron a traumarlos con su acoso… pero ahora él no podía evitar desear estar con ella: conversar, ver su hermosa sonrisa, recorrer su cuerpo, poder sentir el tamaño de su trasero y pechos… ¡no!, estaba pensando de manera lasciva otra vez, eso no era sano, tenía que hallar una solución rápida a su problema.

Se puso una pantalonera, una sudadera, bajó a la cocina, llenó un termo con agua y lo guardó en su mochila junto con sus guantes, salió de su casa dispuesto a relajarse un poco. Miró su reloj: 6:00 A.M, caminó por la banqueta mientras miraba el cielo aún estrellado, algunos vecinos salían de sus casas, regularmente eran aquellos que trabajaban cómo obreros en fábricas. Un camión: de color rojo con líneas azules pasó por el vecindario, era el que recogía a los obreros.

Siguió su andanza, inhalaba y exhalaba con tranquilidad, logrando paz y quietud.

—Hola amigo Ed —saludó amigablemente Rolf quién regaba su cultivo de maíz y daba de comer a su cabra.

—Qué hay Rolf —correspondió de la misma manera.

—Es una sorpresa mirarte por aquí a estas horas —mencionó él —, ¿a qué se debe?

—No he podido dormir bien últimamente —eso le extrañó un poco a Rolf.

—¿Y por qué? —preguntó otra vez en un intento de ayudarlo.

—Es que… —entonces recordó que fue uno de los que lo hizo subirse a ver a May en el vestidor —, por tu culpa puñetas —dijo algo molesto.

—¿Y qué hice? —interrogo algo confundido.

—Porque desde que vi a May en los vestidores no he dejado de pensar en ella —Rolf se echó a reír, Ed arqueó una ceja confundido por esa acción —, ¿qué te parece divertido?

—Que para ser muy grande —dijo recuperando un poco la respiración, sobándose un poco el abdomen debido a la risa —, sigues siendo un niño en esos aspectos.

—¿En cuáles? —cuestionó un poco harto de la situación.

—En los amorosos, en los de índole sexual —mencionó con mucha calma —, te haré una pregunta personal… ¿me permites? —lo dudó durante unos segundos.

—Sí —respondió un poco preocupado por la pregunta.

—¿Eres virgen? —su piel cambió radicalmente de color, adoptando un rojizo a tal grado que parecía un tomate, Rolf volvió a reírse, pero recuperando la compostura al comprobar que era verdad —. Ahora entiendo porque te impactó tanto eso.

—Pues sí —dijo desviando un poco la mirada.

—Mira amigo Ed, no es malo, pero debes entender que es algo natural, no tienes por qué espantarte… o al menos… que estés enamorado de ella —indagó, escarbando ligeramente para dar con el meollo del asunto.

—Este… no… lo que…

—Ya basta Ed —dijo interrumpiéndolo —, ahora que te dije un punto que quizás es cierto, debes comprobarlo y tal vez así ya no te tortures más —Ed lo pensó un poco y al final asintió agradeciéndole por escucharle y ayudarle. Retomó su andanza hacia el parque para practicar.

1

Su fogosa energía, sus ganas de triunfar dentro de su pasión, los grandes reflejos los cuales tiene muy bien desarrollados, su velocidad a la hora de defender la portería, eso es lo que logra captar mi atención, eso sin mencionar su cuerpo tonificado que hace babear a cualquiera de las perras de voleibol que no dejan de verlo cuando entrena… ¡malditas putas!... pero tengo un punto a mi favor, he hecho que se distraiga con mis movimientos en el entrenamiento de la otra vez, eso me da una gran ventaja sobre todas las demás zorras hambrientas… pero dejando eso de lado… sí, estoy loca por él, más loca que de costumbre, no puedo evitarlo, su corazón es muy sincero, es tierno, algo tonto en ocasiones, me recuerda a un niño pequeño, pero bueno… tendré que hacer que se rinda ante mis tácticas, aplicaré mis conocimientos y encantos…

—¡May ven y ayúdame a cocinar! —el grito de Marie la desorientó, cerró el cuaderno, el cual tenía inscrito "Diario", se levantó de su cama y bajó hacia la cocina.

Desde hacía cinco años su padre se ocupó de comprarles una casa para que las tres pudiesen vivir ahí, esto con el motivo de que dejaran de hostigarlo con caprichos infantiles y evitar la responsabilidad de hacerse cargo de ellas, fue una maniobra inteligente. No era una gran casa, pero se defendía, tenía un jardín, una cocina, cuatro habitaciones con baño integrado, un baño general para las visitas, una sala de estar con una alfombra roja, cuatro sillones, que eran muy cómodos, un sótano, un gran televisor y cable.

—¿Qué pretendes hacer de comer? —preguntó May sacando unas ollas, sartenes y cuchillos.

—Estaba pensando en unas hamburguesas —dijo ella con seriedad.

—¿No crees que ya has comido muchas hamburguesas esta semana? —mencionó ella un poco preocupada por ese impulso de su hermana.

—¿No te gustan las hamburguesas? —cuestionó con una tétrica voz que helaba la sangre.

—Sí pero…

—Entonces no se hable más y comienza a preparar la masa.

Ella asintió y sacó carne molida, jamón, queso, lechuga, tomate y cebolla del refrigerador, después agarró huevos y todos los ingredientes faltantes.

Marie por su parte comenzó a cortar los vegetales con una fiereza y energía impresionante, May se preocupó, detuvo su acción y preguntó:

—¿Te ocurre algo Marie? —Marie volteó a verla con seriedad.

—No —respondió de forma cortante.

—Pero se ve que tienes algo, dime, puedo ayudarte…

—¡Que no!, ¡caso cerrado! —gritó espantándola un poco, entonces regresó a seguir preparando la masa de carne.

—¿Qué le pasa? —se preguntó mientras presionaba la masa.

2

Pintaba un pasaje encima del techo, era un panorama de la ciudad, pero la cualidad que estaba impregnándole era que la creaba a estilo impresionista: concentrándose más en la luz y utilizando únicamente los colores primarios: rojo, amarillo y azul, con sus consecuentes secundarios: violeta, verde y naranja.

Su imaginación estaba volando a mil por hora, no podía evitarlo, era inconsciente, cómo si un mecanismo se hubiera activado después de algún tiempo, tenía una sonrisa de oreja a oreja, parecía un loco… con cada pincelada los recuerdos revivían:

Su cara de felicidad, la satisfacción con cada empuje, sus manos se deslizaban por todo el contorno de su cuerpo; sus anchas caderas, sus pequeños pechos copa B… besaba sus labios, sus lenguas jugueteaban, ella de vez en cuando lamía su cuello logrando que su calor interno se incrementara.

Terminaron agotados, ¿cuánto duraron?, revisó su reloj, ¡habían pasado veinticuatro minutos exactamente!, era todo un récord para un virgen cómo él, miró a Marie, quién yacía recostada en el asiento, se veía agotada pero con una sonrisa de oreja a oreja, él miró hacia el horizonte, contemplando las miles de luces que proyectaba la ciudad, acarició la cabeza de ella y por reflejo se acurrucó a él, Doble D exhaló cansado. Condujo hasta su casa, metió el auto a la cochera y durmieron ahí.

Bueno, fue interesante —dijo ella poniéndose la blusa, se estiró despabilándose, él sonrió sonrojándose un poco.

Gracias —ella se rio por eso, le dio un beso en la mejilla, bajó del auto y se dirigió a la salida, Doble D salió —. ¡Oye! —ella volteó por eso —, ¿volveremos a salir? —ella volvió a sonreírle.

Claro, un día de estos —y salió de su casa.

Desde esa ocasión pasó un mes, algo dentro de él le decía que fuera a buscarla; ultimadamente ella no iba a clases o si iba no le dirigía la palabra, incluso parecía evitarlo, no daba con la respuesta de ese repentino cambio de actitud, entonces las palabras de su padre resonaron:

"Doble D, no debes entender a las mujeres, sólo quiérelas"

Regresó a su pintura, después de una hora firmó, la bajó del caballete, lo desarmó y guardó en una mochila, tomó la pintura y bajó de la azotea.

3

El parque era grande, pero la razón por la muchos deportistas iban era por la cancha de fútbol rápido que estaba ubicada al extremo este: hecha de concreto, un ovalo encerraba a los jugadores, una maya metálica cubría más haya de cinco metros protegiendo las gradas dónde a veces se sentaban algunas personas que presenciaban los juegos. Las porterías medían dos metros de largo y tres metros de alto, estaban construidas hacia adentro, dejando un hueco para que el balón rebotara.

Tiró y una vez más lo atajó con una elasticidad y velocidad impresionante lanzándose al izquierdo, la gente que pasaba se quedaba un rato mirándolo cómo defendía la portería.

—Ed ya van más de dos horas que estamos aquí —se quejó Eddy —, deberíamos irnos ya, estoy agotado.

—No, debo seguir mejorando, no puedo descuidarme Eddy —mencionó con decisión.

—¿Pero porque carajos me trajiste a mí? —cuestionó con molestia.

—Porque Kevin no se encontraba en su casa y tú nunca abandonas a un amigo —ese punto era verdad, exhaló con pesadez y continuó tirando.

Cinco tipos de su edad se acercaron, Ed y Eddy se miraron fugazmente presintiendo algo malo.

—Oigan, ¿dicen aquellos sujetos que si nos aventamos una cascarita? —dijo el líder: era igual de alto que Ed, vestía unos pescadores verde militar y una playera roja, tenía una argolla dorada en la oreja derecha. Los demás eran de una estatura media.

—¿Quiénes? —preguntó Ed.

—Aquellos —miró al otro extremo de la cancha: tipos de estatura y edades diferentes, pero entre ellos resaltaba uno por su baja estatura: parecida a la de Eddy, tez aperlada, cabello negro y corto, vestía una pantalonera de portero roja, una playera de manga corta de distintos colores y muy holgada, no portaba guantes y estaba posicionado en la meta, era más que obvio que era el guardameta.

—¿Qué dices Eddy? —preguntó Ed, Eddy asintió, Ed sonrió, se ajustó sus guantes desgastados y se colocó en la portería.

La gente empezó a sentarse en las gradas de afuera para poder presenciar la pequeña cascarita que se había formado. El líder de playera roja sacó pasando el balón a otro de los suyos que vestía una playera de blanca de rayas azul marino y un short bermudas de color rojo; se adelantó burlándose a tres jugadores del equipo contrario. Estando cerca del portero disparó, fue un cañonazo, se podía percibir el zumbido que producía al ir por el aire, pero el portero de estatura baja con su mano derecha frenó de tajo el tiro, todos se sorprendieron, el balón cayo revelando su mano roja por el impacto, pero se alcanzaban a apreciar los callos que tenía en dicha mano. Ed se sorprendió debido a que ni siquiera se inmutó sin usar los guantes, él tomó el baló y lo lanzó hasta el centro de la cancha, el contrincante disparó hacia el ángulo izquierdo, Ed no dudo en aventarse y atajarlo sin problemas.

Deslizó el balón por el suelo y de nueva cuenta el líder se acercó hacia la media, lo pasó al de rayas azules y este volvió a tirar, pero un defensa detuvo el avance lanzándolo hacia arriba, estaba a tres metros de altura, pero el portero saltó con un impresionante resorte inconcebible para su estatura y lo atrapó pasándolo a uno de los medios, quienes se acercaron lo más que pudieron a la meta, Eddy corrió a uno de ellos tratando de arrebatárselo, pero lo burlaron y tiraron, Ed lo detuvo en su abdomen, volvió a pasarlo, el líder se hartó y corrió burlando a todos. Llegando a la meta, de una maniobra confusa hizo que el portero saltara hacia el extremo derecho, aprovechó esa distracción y tiró hacia el izquierdo. El arquero no dudó ni un segundo en la maniobra que efectuaría, saltó y apoyándose del poste se empujó hacia el ángulo izquierdo logrando, para sorpresa de todos y más de Ed, atraparlo, él sonreía con algo de altanería. Bajó el balón y se dispuso a salir de su área, los delanteros trataron de detenerlo, pero él fue más rápido y ágil, burlándolos con facilidad, Eddy tampoco pudo detenerlo, ahora era un combate arquero contra arquero, Ed se dispuso a salir, pero de repente pareció ver a May caminando por la barda de la cancha: contoneaba sus caderas con gracia y de la nada se dio la vuelta y le sonrió, él por inconsciencia correspondió esa muestra.

—¡Ed! —gritó Eddy despertándolo de su trance.

El arquero tiró hacia la derecha, Ed saltó para atajarlo, pero el tiro entró en la portería, marcando así un gol. En el suelo Ed yacía furioso consigo mismo, golpeando el piso.

Se levantó, recogió su balón y salió de la cancha seguido de Eddy quien no abandonaría a su amigo.

—¿Qué ocurrió Ed? —preguntó tratando de ayudarlo.

—No puedo evitarlo —dijo molesto.

—¿Qué? —exigió saber Eddy.

—¡Dejar de pensar en ella! —exclamó al fin quitándose un gran peso de encima.


¿Qué hará ahora el gran Ed para solucionar la problemática?, ¿quién será ese aqrquero que pudo anotarle un gol a Ed?, ¿Doble D logrará poner en orden la relación con Marie?, esperemos esas dudas sean resueltas con el pasar de los capítulos.

Bueno, sé que es corto, pero en ocasiones las buenas ideas no son las más largas, grandes o muy definidas, sino aquellas que con el simple concepto logran perdurar y permanecer en el tiempo. Agradezco de antemano todos los comentarios que dejan en esta historia, los invito a los demás lectores que siguen esta historia que lo dejen, se aceptan críticas constructivas, opiniones, recomendaciones, etc.

Nos vemos en el siguiente capítulo, se despide su amigo y escritor:

CARPINTERO IMPERIAL